Harry como en un retroceso a 28 días antes estaba junto a la ventana mordiéndose la piel sobrante alrededor de sus uñas.

Y como haciendo el mismo papel de su parte, Draco estaba en la cama leyendo.

Salvo que esa distancia no se debía a la cuarentena, no del todo, quizás.

Se debía a que estar demasiado tiempo "pegados" se estaba haciendo duro, muy duro.

Solo eran dos días, podían esperar dos días.

Harry había sido el que lo había propuesto, pero también eran incapaces de no abrazarse cada rato.

Estaba bien, estaba muy bien, pero a Harry se le estaba empezando a hacer cuesta arriba que no estuviera mucho mejor.

Estaban tan cerca que no arrimarse un poco más y besar a Draco era como una condena, una condena larga y caliente que él mismo se había autoimpuesto.

Ahora le costaba desdecirse, habían estado hablando, sobre lo que cada uno entendía como una relación. Y sorprendentemente, aunque quizás no tanto, ambos pensaban lo mismo.

Horas de charlas sobre aspectos tan íntimos que Harry, en realidad, nunca los había hablado con nadie. Draco le aseguró que él tampoco había tenido la oportunidad de hacerlo, porque sus relaciones no habían sido así.

Ver al siempre seguro, irónico y mordaz rubio mirarlo incluso con un cierto rastro de timidez a Harry le ponía muy tonto, y muy blando, y muy caliente.

Y por eso, él se había despertado y autoimpuesto una sana distancia para evitar lanzarse encima y pasarse sus promesas por el forro.

Para lamerle ese cuello tan largo y tan blanco que tenía. La clavícula, ¡Merlín bendito! No había visto una clavícula tan sexy en su vida.

Gimió de dolor al arrancarse más piel de la cuenta, dejando un feo cerco rosa donde había tirado en su dedo.

Draco levantó la vista, pero no le dijo nada, tenía una sonrisa que decía muchas cosas, y en el cerebro calenturiento de Harry todas decían lo mismo.

Y no ayudaba la imagen de Draco entrando en la ducha de días antes, en su momento le había molestado por todo lo que significaba.

Pero ahora, ahora, era una maldita obsesión. Que podría estar asombrado, y mucho, pero no se perdió el más mínimo detalle de la polla de Draco. Alzada e hinchada, y toda bella como él maldito parecía ser en todo su ser.

Té, debería tomar té, pero con hielo.

¿Dos días? Dos y medio, porque aún le quedaban demasiadas horas por delante. ¿Cuántas horas eran esas? Veintucuatro por dos, más doce, quizás once.

Bufó, no le daba el cerebro para algo más que pensar en sexo.

Ni de adolescente había estado tan cachondo.

De nuevo Draco le miró.

—¿Problemas?—le dijo con media sonrisa, y bajando su vista hacia abajo.

Harry lucía la misma erección que tenía constantemente en su cabeza.

—59 horas, 3540 minutos, demasiados segundo—le retó Harry, y Draco se rió dejando el libro a un lado.

—Yo no se lo diré a nadie si tú tampoco lo haces—le ofreció empezando a levantarse lentamente de la cama.

—Yo lo sabré—gritó Harry—¡Quédate ahí sentado!

—Lo que tú quieras—dijo sin perder la sonrisa—, pero o entras tú o al baño o lo haré yo, decídete.

Harry imaginó demasiado bien la escena, y lo tubo claro.

—Iré yo primero—sentía vergüenza en su voz, porque mientras él aliviaba su problema, Draco sabría lo que estaba haciendo.

A veces odiaba hacerse estúpidas promesas a sí mismo.

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Os juro que no tenía ni idea de qué iba a escribir hoy, un buen rato delante de la pantalla en blanco, a ver, a ver, qué les hacemos hacer a estos dos hoy.

Ya me saturé de drama, aunque en cierto modo tienen un nuevo drama, todo tendrá que ver con el aguante que tenga Harry para contenerse a sí mismo XD

Ay, chicas, que nos quedan dos capitulitos, ¿qué voy a hacer yo después sin vosotros todos los días?

Hasta mañana.

Besos.