[Título inspirado en el lema del Partido. Libro 1984. Por George Orwell.]
91. Tobi: La ignorancia es poder.
—Me quedaré con esto. —comentó Tobi, guardando el ojo de Shisui en un frasco repleto de celsior. Itachi dio un paso al frente, queriendo evitarlo, no obstante, al ver que Tobi desviaba por algunos segundos los ojos a Sasuke, se detuvo. No le quedaba suficiente chakra para pelear. Detrás de la máscara, Tobi sonrió burlón. Ese niño tonto era la única debilidad del que quizás fuera el único que pudiera derrotarlo.
— ¿Madara? —con ayuda de Karin, Sasuke se puso de pie. — ¿Él es Madara?
— ¿No es espectacular? —Tobi lo ignoró a posta, mirando la completa destrucción de la villa de la hoja. —Todo esto lo ha hecho una sola persona. La venganza, el odio, pueden destruir al mundo. Sorprendente, ¿no? Mientras que el amor, la esperanza, solo lo hunden cada vez más.
Como un niño pequeño, se balanceo entre la orilla de la tierra que daba al vacío.
— ¿Debería acabarlo de una vez por todas? —y extendió sus manos a los lados, para después juntarlos y dar una palmada. Al momento en que sus manos hicieron el eco, Tobi hizo el sonido de una explosión con su boca. — ¡Todo ardería! Incluso las vidas que se lograron proteger, morirían una por una y todos conocerían el poder de Akatsuki al terminar con una gran villa, todos me temerían.
—Entonces, ¿los matarás a todos?
—Oh, no. —Tobi se quitó del borde, regresando sobre sus pasos hasta el cuerpo de Danzo. —Todavía no es el momento correcto.
— ¿Qué te hace creer que no estaremos preparado para cuando vuelvas? —jadeó Sasuke, arrugando el entrecejo.
—Probablemente lo estarán, probablemente no. —Tobi se encogió de hombros, restándole importancia. —Atacaré mañana o al anochecer, atacaré en un mes o quizás en un año cuando esto haya quedado en el olvido. Puedo atacar cuando sus defensas estén bajas o altas y no habría ninguna diferencia, perecerán.
Karin miró a Sasuke e Itachi, parecían querer detenerlo en ese momento, aunque ambos sabían que solo sería un suicidio.
— ¿Cómo podrían detenerme? —se burló Tobi. —Si tienen a sus soldados alertas todo el tiempo llegara un momento donde estén exhaustos. Y, al mismo tiempo, si no los alertan, no esperarán el ataque. Oh, justo como ahora. —y señaló a Konoha. —Más que una villa de ninjas, yo solo vi a un montón de idiotas dejarle toda la carga a un niño.
Supuso entonces que se refería a Naruto.
—Debes estar tranquilo, Sasuke. —se dirigió a él, causando malestar en los contrarios. —A comparación de todos tus enemigos, yo no caeré en trucos tan bajos para traer conmigo a Sakura-chan. —y en su voz había cierto tono que se asemejaba al cariño.
— ¿Qué?
—Puedo deshacerme de todos ustedes sin la necesidad de martirizar otra vez a esa chica. —aseguró.
Itachi volvió a darse cuenta entonces que el movimiento corporal de Tobi al hablar de Sakura le traía recuerdos gratos, aunque no precisamente de ella. Sakura parecía ser relacionada con su pasado, lo cual aún el genio Uchiha no podía comprender del todo. Al ver la mirada agria de los contrarios, Tobi bufó.
—Deberías estar contento. —reclamó.
—La Alianza te cazará. —dijo Itachi. Tobi ladeó la cabeza, esperando que le explicara. —Sabiendo todo esto, mandarán a cientos de ninjas a rastrearte. Te matarán antes de poder hacer algo.
— ¿Así como han dado con Kabuto? —contestó Tobi, riendo. — ¿O como dieron con los demás Akatsuki? ¿Cómo dieron contigo y Sasori? Tú mejor que nadie sabes que no podrán hacerlo, Itachi. Y, para cuando tú te recuperes y quieras ayudar de nuevo a tu preciosa villa, será tarde.
—Cuando todas las villas sepan tus planes, no habrá lugar donde esconderte. —comentó Karin. —Acabaran con tus planes en un instante.
— ¿Segura? —preguntó sin mucha importancia. Karin pasó saliva, sin poder reafirmar su idea.
El sonido de un ave comenzando a llegar a ellos, hizo que Tobi volviera la vista al cielo. Sakura iba llegando, montada sobre Cuervo, en compañía de Lee, Anko y Yamato. El hombre de la máscara sintió una cierta satisfacción al ver a la chica, a pesar de que su rostro estaba sucio, cubierto de hollín, barro y sangre, la ropa que traía hecha girones, excepto quizás el chaleco protector que le proporcionó Lee, y que su expresión era de cansancio, desesperación y un cierto alivio de ver a Sasuke bien.
Le recordaba tanto a aquella persona tan especial.
—Sea como sea, les he dado dos opciones. El dar a conocer a todos mis planes o dejarlos en la bendita ignorancia. —Tobi comenzó a deformar de nuevo la realidad, perdiéndose en el pequeño agujero negro que el sharingan creó. —El tiempo comienza a correr… ¿cuál escogerán?
Con esa pregunta en el aire, desapareció, llevándose el cuerpo de Danzo consigo.
Sakura llegó con los demás unos segundos después de haber desaparecido. Yamato comenzó a examinar el lugar, esperando encontrar algún rastro del Akatsuki. Cuervo en automático se desvaneció, pues Itachi dejó de suministrarle el chakra necesario al ver a la chica a salvo.
—Sakura.
Sasuke notó la incomodidad formada al instante en que su hermano y Sakura se encontraron. Sakura hizo una mueca confundida de no saber qué hacer, si correr a él, si darle las gracias o llenarlo de preguntas. No obstante, los ojos verdes de la chica miraron más allá de Itachi, a donde Sasuke se encontraba, siendo sostenido por Karin.
— ¡Idiota! —Anko se le adelantó, dándole un golpe. Karin la observó sorprendida y molesta por tal reacción. — ¿¡Cómo has pensado en luchar solo contra Danzo!?
Sasuke se agarró el estómago, escupiendo algo de saliva.
— ¡No golpees a un malherido! —reprochó Karin.
— ¡Bah! —la mujer la repelió con un gesto desdeñoso. — ¡Es un idiota! ¡Suerte has tenido que tu hermano haya venido por ti! ¿Qué hubieras hecho si no? ¡Los tres años de entrenamiento que desperdicie contigo no me serán devueltos!
—Anko, ¿estás preocupada por eso? —masculló Yamato.
Sakura se acercó con pasos tensos a Itachi, parecía estar marchando, por lo que una sonrisa comprensiva, en el fondo era de burla, se formó en el mayor de los Uchiha, quien seguía escuchando los regaños de fondo a su hermano menor.
— ¿Estás herido, Itachi-san? —preguntó, nerviosa.
—No, Sakura. Karin me ha ayudado. —admitió. Aun así la chica de cabello rosa, comenzó a examinarlo, sabiendo que Anko no le permitiría acercarse a Sasuke por el momento. Al estar satisfecha con su revisión, Sakura contempló a Itachi, esperando a que él hablara. —Iba a salvarte, pero veo que lo has logrado sola.
— ¿Sola? —reclamó Anko, volviéndose a ellos. —No ha hecho nada más que aceptar la muerte y montarse todo un drama con tu hermano.
Ambos jóvenes se ruborizaron automáticamente. Karin se agarró el brazo, sintiéndose como una intrusa entre todos ellos.
— ¿Es así?
— ¡C-Claro que no! —gritó Sakura, poniéndose de pie.
Anko negó con la cabeza, molesta de la mentira contraria. Sasuke frunció la boca, pasando de largo a su maestra y volviendo a donde Sakura e Itachi.
— ¿Estás bien, Sasuke? —preguntó Sakura. Estaba igual o más sucio que ella quizás. Su ropa también estaba destrozada, descubierto del pecho y sus pantalones quedaron por arriba de la rodilla. Se veía muy gracioso a decir verdad.
—Sí. ¿Qué hay de ti?
—Nada que no pudiera resolverse. —sonrió Sakura, alzando un pulgar.
Sasuke entonces pensó en la primera vez que se percató de su presencia, más allá de ser "el secuaz de Ino y luego el de Naruto", en la academia ninja, al dar a conocer los equipos, dando una risita por lo bajo que hasta el día de hoy no comprendía del todo. El pequeño chico que le llamaba príncipe idiota, por no ver más allá de sí mismo. Pensó en todas las veces que quiso darle la espalda y que al final nunca pudo, Sakura le hacía tragarse todas sus palabras y darse cuenta de lo estúpido que podía ser delante de ella.
Sakura hizo una mueca de confusión, destrozando el corazón de Sasuke.
A ojos de cualquiera, Sakura estaba hecha un asco. Su piel blanca contenía cortadas, cicatrices de la batalla anterior, su rostro estaba manchado de sangre seca. El hedor de esta misma, al igual que con todos, sobresalía de ella, combinado con el sudor. Su cabello había perdido dos escalas de color debido al polvo, algunas piedritas se colaban entre toda la maraña enredada. Pero, a pesar de todo eso, de que no se pareciera en nada a las bellas doncellas que habitaban en los castillos feudales, Sasuke sintió que nunca la había visto tan hermosa como ese día.
Se dejó caer de rodillas frente a ella y, sin importarle que los demás estuvieran viendo casi estupefactos la escena, la atrajo contra su pecho, enrollándola entre sus brazos y hundiendo su barbilla entre su cuello. Sakura sintió que los colores subieron a su cara, sin saber que hacer quiso enfocar la mirada en los demás, pero ni siquiera Lee los estaba mirando, de echo él se mostraba ruborizado de las orejas por la cantidad de amor que desprendió ese pequeño gesto.
—Sasuke…
La garganta de Sasuke comenzó a quemar debido a todas las palabras acumuladas, aglomerándose una encima de otra, queriendo salir de su boca. Sasuke aspiró aire, y cuando estaba a punto de decirle todo lo que su pecho tenía acumulado, sintió a Sakura corresponder su abrazo, recargando su frente en el hombro de Sasuke, avergonzada. Fue entonces cuando todos los sentimientos se fundieron en uno solo.
—Te amo. —soltó Sasuke.
Sakura, con la mirada oculta entre el pecho de Sasuke, dio un brinquito al escuchar tal declaración. El agarre se hizo mucho más fuerte en la espalda del chico y de la misma forma, Sasuke la apretó más contra sí, si es que todavía se podía. Queriendo que se convirtieran en uno solo.
Ni siquiera Anko se mostró capaz de interrumpir ese momento.
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Naruto observó el libro de Jiraya en sus manos, había escuchado sin interrumpir la historia de Nagato, Yahiko y Konan. Los destrozos de las guerras a naciones pequeñas. Y comprendía que el sueño de Jiraya, donde todos pudieran llevarse bien, donde no hubiera odio en el mundo, sonaba lejano e incluso irrealista. Sin embargo, al mismo tiempo, la esperanza se albergaba en el pecho de Naruto.
— ¿Vas a matarme? —preguntó Nagato, observando a Naruto.
—No. —dijo Naruto, mirándolo fijamente. —Pero tampoco significa que vaya a perdonarte. —confesó. —Voy a creer en lo que Ero-sennin me ha dicho, aceptaré la confianza que me ha otorgado y al mismo tiempo, a partir de esto, seré un mejor Hokage.
—Aún no entiendes el significado de paz.
—Dijiste que hay una probabilidad de uno en diez. —recordó Naruto. —De tener un líder que se preocupe por sus ciudadanos, que busque la paz antes que la guerra. Se lo dijiste a Hinata, a la líder del clan Hyuga.
"¿Qué sabes tú del liderazgo?" Nagato recordó las palabras al enfrentarse con la chica. Como ella sonrió. "Nada. Pero estoy aprendiendo."
—Entonces, contra toda probabilidad, seré ese uno del que has hablado. —contratacó Naruto. — ¡Me convertiré en un espléndido Hokage!
"Las malas acciones se contagian… pero… las buenas… también."
—No puedo prometer que no habrá más guerras, —admitió Naruto. —pero puedo prometerte que haré todo lo posible para pararlas. Tampoco puedo decir que no habrá más maldad en el mundo, sería imposible tener bien sin mal y viceversa, sin embargo, buscaré crear un mundo donde todos puedan entenderse. — luego recordó las palabras de Shikamaru. —Y traspasaré eso a las nuevas generaciones.
—Ya veo. —Nagato se recordó de más joven, conviviendo con su familia y con Jiraya, Nagato y Konan. —Parecen sueños muy lejanos todavía.
—Estoy seguro de que puedo hacerlos realidad. —afirmó Naruto. —Te has topado con el lado más cruel del mundo, Nagato. Y mentiría si dijera que yo no lo he hecho. —Naruto agachó la cabeza, recordando el rechazo del pasado por tener el kyubi dentro. —Pero… he encontrado también buenas personas en mi vida. Personas importantes que me han dado una sonrisa cuando más lo necesitaba, —pensó en Iruka y Shikamaru— maestros que me han enseñado a se mejor persona como Ero-sennin y Kakashi, y… —Naruto desvió la mirada a Konan. —amigos que comprenden el sufrimiento que he pasado. Con los cuales puedo identificarme.
— ¿Y no sientes miedo a perderlos?
Naruto pensó en Sakura y Sasuke, en como lo dejaron para buscar protegerlo.
—Sí. —contestó, formando una sonrisa. —Pero si pienso en ello, un mundo donde puedo morir a su lado está bien para mí. No obstante, si puedo construir un mundo donde pueda vivir a su lado es mucho mejor.
—Intenté buscar la respuesta por mí mismo y esto fue a lo que llegue. Tu propones algo mucho más descabellado de lo que yo he hecho. —admitió Nagato. —Sin embargo, sé que tus fundamentos se basan en las enseñanzas de Jiraya-sensei… probaré creer en ellas por última vez.
—Nagato…
—Mi tiempo de vida es nulo. —masculló Nagato. —No pasaré de esta noche.
Konan miró a Naruto, implorándole con la mirada.
—Haz quitado tantas vidas…—susurró Naruto. —Espero que el perdón de las personas que has matado hoy, te alcancen algún día, Nagato.
Konan se acercó a Naruto, haciéndole un ramillete de flores de papel. Naruto las tomó con cuidando, sabiendo a quién iban dirigidas.
—Eres nuestra esperanza, Naruto. —dijo Konan. —Siempre que necesites ayuda, Amegakure estará para ti. Te doy mi palabra.
Naruto tomó el ramo, dándole una sonrisa a Konan. Ella volvió a donde Nagato, Naruto no pudo evitar sentir lastima por ella, estaría esperando la muerte de su amigo en completa soledad. No obstante, un ave de hojas pareció llevar cargando algo consigo, traspasando la barrera creada. Era el cuerpo de Yahiko.
— ¿Te quedarás aquí sola? —preguntó Naruto.
—Volveré a Amegakure. —contestó Konan. —Si quieres encarcelarme o tomar mi vida, estaré esperando pagar por mis pecados desde mi villa.
—Konan- —Nagato tosió sangre.
—Konan…—murmuró Naruto, sintiéndose avergonzado de pronto. Ella lo miró confundida. — ¿puedo… puedo ir hablar de mi sensei contigo alguna vez?
Ella profirió un quejido que apenas fue escuchado por ambos. Konan miró a Nagato, tenía los ojos cerrados con una diminuta sonrisa en su rostro, dejándole la respuesta a ella. Konan apretó los labios, asintiendo con la cabeza en dirección a Naruto.
—Estaré esperando ansiosa tu visita. —contestó.
