Capítulo 46

Estiró la mano todo lo que pudo hasta sentir que se le desencajaba por completo, pero no le importaba, tan sólo quería llegar hasta su compañero aún sabiendo que era demasiado tarde.

Cayó al suelo, reabriendo la herida de su brazo recién tratada, pero no sentía dolor.

La agonía que sentía era equiparable a cuando vio a Mjosgard morir. Otra muerte delante de sus ojos, sin que pudiese hacer nada para solucionarlo.

Sintió que se ahogaba con las lágrimas que salían por sus ojos, como si le ardiesen.

El sonido de la explosión retumbaba en sus oídos todavía. Escuchaba todavía un leve pitido agudo en sus tímpanos.

Se arrodilló y se doblo, dejando caer su cabeza encima del suelo. Cerró los ojos.

"Otra vez.. otra vez ha pasado".

Apretó los dientes con rabia. Sentía que el cuerpo entero le temblaba.

-No... - se repetía a sí misma en voz alta una y otra vez, intentando negar lo que acababa de pasar.

Recordó las últimas palabras de su compañero.

"Os dejo el resto".

-Ah, es cierto - dijo en voz alta para sí misma. No puede venirse abajo ahora, porque si lo hace entonces habrá muerto en vano.

Levantó la vista y buscó a Sabo, el cual estaba en completo shock, como el día que se enteró de la muerte de su hermano Ace en los periódicos.

Observó la sangre que caía sin parar de su brazo y cerró los ojos. Ignoró el ardor que aún sentía en la garganta por intentar aguantarse el llano.

Caminó a duras penas hasta llegar al rubio.

Le dio una bofetada tan fuerte que provocó que éste volviese en sí.

El rubio miró aturdido a su compañera.

-Si te vienes abajo ahora entonces su sacrificio será en vano.

Sabo miró a Mina. Sus ojos estaban rojos por llorar, y temblaba por el enorme sufrimiento de ver a su amigo explotarse a sí mismo ante sus ojos. El lugar donde debería estar su brazo derecho dejaba caer sangre por culpa de que se había abierto de nuevo.

Pensó que debía doler mucho.

Sin embargo ahí estaba, de pie delante de él, mirándolo a los ojos con una tristeza extrema disimulada en ese rostro inexpresivo, pero aún perceptible.

La admiraba ¿Cómo podía mantener la cabeza tan fría aún sabiendo lo que acababa de pasar delante de sus ojos?

-Todo es mi culpa, no soy lo suficiente fuerte - dijo con la mirada completamente muerta - No merezco ser el jefe de staff, ni siquiera soy capaz de defender a mis compañeros.

Mina agarró la mejilla del rubio y lo obligó a mirarla a los ojos.

-Eso no es cierto, y lo sabes.

Sabo la miró fijamente, sin saber qué decir.

-No vamos a perder - le dijo ésta - No permitiremos que el sacrificio de miles de vidas durante 800 años sea en vano. No vamos a desperdiciar la oportunidad que Kota nos ha dado.

-Pero...yo... - intentó hablar, pero el dolor le impedía hablar.

-Pase lo que pase, debemos acabar lo que empezamos. Juntos.

Mina sonrió a Sabo mientras se levantaba de nuevo y miraba a la persona que estaba delante de ellos dos.

-Im.

Era él. Ese monstruo que los había atacado era él ¿Qué clase de poder era ese? ¿Era realmente el Arma Ancestral o una Fruta del Diablo?

-Pero qué idiotas tan adorables - contestó el hombre de los ojos con espirales - ¿No va siendo hora de que aprendáis que es mejor rendirse?

Mina volvió a su rostro inexpresivo habitual.

-Oh vamos, no me mires así - dijo éste con alegría - Sois dos nobles. Dos personas nacidas en lo más alto de la cumbre, sobre todo tú querida. Sabéis por qué hago esto.

Law miró a la pelirrosa confundido ¿Era de la realeza? Si ese era el caso, muchas cosas entonces tenían sentido, pero...

-Somos revolucionarios, todo lo demás quedó atrás hace mucho tiempo.

Im se rió.

-Puedes ser lo que te dé la gana niña, pero no puedes negar tu propia sangre - se acercó a ella - ¿Niegas que eres uno de los nuestros porque desterraron a tu familia y luego ella te negó?

Mina no contestó.

-Vaya, ver qué tan bajo ha caído la familia Donquixote hace que sienta pena incluso, eráis la Casa más noble de todas, incluso recibisteis mi favor durante siglos. Y mírate ahora - se rió - No sois más que un chiste del pasado.

El pirata se quedó paralizado.

-Tú eres... ¿Tú tienes algo que ver con él? - preguntó impactado, aún sabiendo que la respuesta no le iba a gustar.

Ella ignoró las palabras del moreno. No tenía el tiempo ni las ganas de contestar a esa pregunta.

-Doflamingo cayó, el idiota de Mjosgard también - la miró con una sonrisa retorcida - Sólo quedas tú ¿No sería mejor que desaparecieras de una vez por todas?

Aquellas palabras retumbaron en su mente. El sonido de esa voz inundó sus pensamientos.

"¿No sería mejor que desaparecieses?"

Ella ya se lo había estado preguntando a sí misma muchas veces. Eran una familia destinada a la miseria, eso lo sabía.

Agradecía no poder tener hijos, porque de lo contrario ese niño también estaría destinado a la desgracia. Mientras esa sangre continuase pasando de generación en generación, la tragedia continuaría.

"Tal vez por eso Doffy no tuvo hijos" pensó sonriendo.

Miró a Im con una sonrisa decidida.

-No te preocupes, tengo pensado acabar con esto, yo seré la última persona que lleve el apellido.

-Es una pena~ - intentó molestarla - Sois personas atractivas, me habría gustado que alguna de vosotras hubiese sido mi esposa. Nuestros hijos hubiesen sido los reyes del mundo. Habrían gobernado sobre cada ser vivo de los cuatro mares. Habrían conseguido el secreto de la inmortalidad.

Algo conectó en la cabeza de la revolucionaria. Recordó todos aquellos retratos de mujeres iguales a ella en la mansión de los Donquixote en Marijoa. Todas ellas, aún siendo Tenryubitos, murieron de maneras lamentables y misteriosas, siempre rodeadas por Im-sama por algún motivo.

-Tú...¿Qué diablos te pasa con mi familia? - preguntó impactada.

-¿Hm? Oh, supongo que te refieres a todas ellas - sonrió - Ella debía ser mía ¿Sabes? - cambió su sonrisa a una mueca completamente aterradora - Pero ella jamás lo entendió.

¿Se refería a la primera de todas? Escuchó de Mjosgard que fue un miembro de su familia la que provocó indirectamente que estallara la guerra de hace 800 años, pero pensó que algo así era estúpido.

-Todo...¿fue por una mujer? - no se podía creer que un simple desamor pudiese desatar una dictadura de 800 años. Era simplemente patético.

-No tienes por qué entenderlo, eres igual a todas las anteriores - suspiró enfadado - Pensé que alguna de vosotras sería más inteligente, pero todas acabasteis siendo la misma mujer patética. Todas escogisteis al mismo tipo de hombre que os llevó a la ruina.

¿Acaso ese enfermo intentaba encontrar aquel amor no correspondido en las descendientes de aquella mujer que fue su predecesora? ¿Obligó a un linaje entero a cometer incesto durante 800 largo años para que los genes le dieran a una mujer parecida?

Mina sonrió.

Y después comenzó a reír de manera siniestra.

Todos se quedaron mirándola, Im incluido.

-Todo esto - señaló una enorme pila de cadáveres - ¿Es por una mujer... que te rechazó?

-Ella er...

-Ah, ¡ya veo! - sonrió, pero con la mirada perdida - ¡Millones de muertes fueron causadas porque un hombre fue abandonado! ¡Qué patético!

El hombre empezó a enfurecer.

-Pequeña perra - la miró con odio.

-Las asesinaste a todas pensando que alguna como ella te amaría ¡Pero todas te rechazaron! - le sonrió con una mueca retorcida, parecida a la de su tío - Pero qué hombre más lamentable...rechazado durante 800 años por la misma cara fufufu ¿No ha sido ya suficientemente humillante?

Im intentó golpearla, pero ella bloqueó el ataque con su espada.

-A mi no me menosprecies - continuó con su sonrisa retorcida - Yo no soy como esas mujeres nacidas con una cuchara de oro en la boca. Yo sé defenderme.

-¡Tú caerás por mí como todas ellas! ¡No eres diferente!

-Te equivocas - apoyó la punta de la espada contra el suelo y lo miró con superioridad - Yo nací para ser la emperatriz de una nación militarizada, no como un bonito jarrón para decorar tu estantería - lo miró desafiante - Y desde luego seré yo misma quien decida cómo moriré y dónde lo haré.

Law y Sabo miraron a la pelirrosa.

"Alguien así... ha sido mi compañera..." pensó el rubio.

Law sonrió.

Y ambos se preguntaron al mismo tiempo si alguna vez habían visto a alguien brillar con tanta intensidad.

Había pasado toda una vida luchando por causas ajenas. Por gente desconocida, por batallas de terceros.

Pero no iba a continuar así. Desde el día que Sabo le extendió la mano en aquel campo de girasoles supo que empezaría a vivir para sí misma. Esta vez lucharía por y para su propio beneficio.

Y viviría como ella quisiera.

-Y te aseguro que moriré siendo libre.