Todos los personajes y la historia pertenecen a Kohei Horikoshi y Masashi Kishimoto

Nos situamos con Bakugo y Choji, antes de que separaran sus caminos

—Llévate ese trasto de mierda. —señaló Bakugo a su gran espada que estaba tirada en la tierra. —Es un peso que no puedo llevar si quiero atrapar a la momia bastarda.—

—¿Vas a ir en su búsqueda? No creo que sea buena idea, estás muy malherido ...—razonó Choji.

—Debo ocuparme de él y de su grupo antes de que vuelva a por Sasuke o alguno de vosotros. Además ...—dijo Bakugo, con cara seria sin desvelarle el otro motivo por el que debía ir a por Dosu. —Es igual. Os veré en la puerta número 12. —

Bakugo emprendió la marcha dejando a Choji ahí con sus rollos y su Kubikiribōchō. Mientras perseguía a Dosu, Bakugo se dio cuenta que el dolor de su hombro no solo no había decrecido, si no que se había acentuado.

—Al final, va a tener razón la momia bastarda al decir que me estaba haciendo un favor cuando estaba a punto de matarme. —pensó Bakugo, intentado concentrarse en su objetivo en lugar del dolor. —El dolor es solo mental ...No hay dolor.. —no funcionó la psicología para calmar el dolor— No hay dolor... —seguía sin funcionar. —NO HAY DOLOR ... —se mordió el labio. —¡JODER COMO ME DUELE EL PUTO HOMBRO DE LOS COJONES, ME CAGO EN TODO LO CAGABLE!—

Dosu le sacaba más de un minuto de ventaja. Pero, por suerte para los fines del rubio ceniza, por cada cinco metros de persecución, Bakugo recortaba uno a Dosu. Y esto se debía a que aunque Bakugo estaba echo una mierda, Dosu cargaba con los cuerpos inconscientes de Zaku y Kin. Además, estaba el hecho de que el no tener que cargar con Kubikiribōchō le hacía mucho más ágil.

—Pronto alcanzaré a ese puta momia bastarda. —pensó Bakugo, con una sonrisa enfermiza.

100 minutos después del inicio de la persecución, Bakugo ya era capaz de ver a Dosu en el horizonte.

—Al fin. —pensó Bakugo, con alivio al ver que ya no quedaba mucho para alcanzarle.

—¡MOMIA BASTARDAAAA! —gritó Bakugo con todas sus fuerzas. Dosu se giró un instante y frunció el ceño, cabreado.

—¡Muérete de una vez! —sin dejar de moverse, Dosu lanzó unos kunais explosivos a Bakugo. El rubio ceniza ni siquiera los esquivó y atravesó el fuego fruto de la explosión.

—¡PÁRATE DE UNA JODIDA VEZ SI NO QUIERES QUE TE EXPLOTE TU CARETO!—gritó Bakugo, rabioso por las miniquemaduras que le ocasionó el abrirse paso por el fuego.

Dosu le ignoró y siguió su huida, esperando que el herido rubio ceniza se cansara antes que él. Estaba claro que no conocía bien la fuerza voluntad de Bakugo.

Al cabo de unos minutos, Dosu estaba empezando a cansarse de llevar de correr y llevar a cuestas a sus compañeros. Así que se detuvo de golpe en la rama de un árbol. Luego, bajó los cuerpos inconscientes de Zaku y Kin y le echó una mirada a Bakugo que se encontraba entre el odio y el asombro.

—No sabes cuando rendirte, ¿verdad?—dijo Dosu mostrando su brazo artificial con agujeros y observando por si había alguien más allí

—Mmmm. —Bakugo se masajeó el hombro buscando un pequeño alivio mientras pensaba un plan de acción.

—Ja. —rió con malicia Dosu.—Y encima no traes refuerzo. Aunque no pueda dañarte tu oído interno, estás en un estado tan lamentable que acabaré contigo en un segundo. —

—Me has quitado las palabras de la boca, momia. —dijo Bakugo con una sonrisa eufórica por la inminente batalla. Pero esa sonrisa se le borró de la cara al ver la cabeza una serpiente de tamaño colosal (incluso más grande de la que mató cuando se separó de Sasuke y Sakura) que reptaba detrás del árbol donde se posaban el trío del sonido.—¡Ey! Yo que tu me daría la vuelta.—le advirtió señalando a la enorme bestia con el dedo.

—Claro, ahora me giro para que me ataques por la espalda.—dijo Dosu con ironía.—¿Te crees que nací ayer, mocoso? ¿Piensas que soy tan estúpido como para caer en una trampa tan obvia?—

Bakugo se quedó un instante petrificado porque no esperaba que no le creyera, pero luego volvió en sí con la cara roja por la ira.

—¡SUBNORMAL! ¡HAZME CASO DE UNA PUTA VEZ SI NO QUIERES QUE UNA BESTIA OS DEVORE A TI Y A LOS IMBÉCILES DE TUS COMPAÑEROS!—gritó Bakugo, perdiendo la paciencia y saltando hacia delante con la intención de salvar a sus enemigos. Pero lo iba a tener muy difícil porque se encontraba muy lejos

De nuevo, Dosu no le creyó y se preparó para lo que creía que iba a ser el ataque del rubio. Sus sentidos se agudizaron y reparó en un siseo que provenía de su espalda. Fue entonces cuando descubrió que Bakugo decía la verdad, pero lo descubrió demasiado tarde. Solo pudo girarse y abrir los ojos como platos sin poder impedir que la gran bestia engullera al trío del sonido y la rama que los sostenía.

—Mierdaaa.—masculló Bakugo.

Él seguía acercándose a la posición donde hasta hace un momento estaban los del sonido, pero no sabía como iba a salvarlos ahora teniendo en cuenta que no tenía su gran espada para abrir a la serpiente en canal. El apetito voraz de la bestia le resolvió su conflicto,ya que abrió de nuevo la boca para comerse al rubio ceniza y çeste y pudo vislumbrar que aún tenía a los ninjas en la garganta sin haber bajado del todo al estómago.

Bakugo se metió de lleno dentro de la boca del reptil y cogió el pie de uno de los ninjas. Antes de que la serpiente pudiera cerrar la boca, Bakugo tiró con fuerza de ese pie y sacó el cuerpo al exterior.

La serpiente cerró la boca con Bakugo y dos genins del sonido aún en el interior. El rubio ceniza se metió aún más profundo para sacar a los otros dos. Al tratar de realizar esa hazaña tuvo una imagen que nunca jamás podría olvidar. Las caras de Zaku y Kin casi cadavéricas con menos de un 10% de piel y músculos del que debían tener. El ácido del interior del reptil los había desfigurado.

Bakugo contuvo las ganas vomitar y comprendió al instante que ya no había nada que hacer por ellos. Inmediatamente después, lanzó una explosión saliendo del interior de la bestia gracias al retroceso que provocó ese estallido. Esa salida poco ortodoxa, hizo que su brazo sano (el izquierdo) sufriera un extenso corte provocado por uno de los colmillos del reptil.

La enorme serpiente gimió de dolor y enfrentó con la mirada a la molestia que se lo había causado. Bakugo no se amilanó, y la miró con fiereza. El reptil a pesar de su gran tamaño, se lo pensó mejor y se marchó de allí con los cadáveres de Kin y Zaku disolviéndose en su interior.

—Uffff. —Bakugo suspiró aliviado, no se sentía con fuerzas para enfrentar a esa bestia.

Luego se centró en Dosu que estaba despierto tumbado en la tierra. Parecía entero salvo por el pequeño detalle que le faltaba medio estómago y estaba a punto de morir desangrado.