When the music is done and all the lights are low
I will remember the times when love would really glow,
I could dream ahead before my world turn blue
and the light inside would only shine for you...

"Turn blue" (The Black Kyes)


Sherlock tocaba como un maldito experto, se movía en el escenario con una actitud despreocupada, su cabeza siempre agachada y con los rizos alborotados tapando su rostro. Constantemente se acercaba a la batería y se movía al ritmo de la música y saltaba cuando daban las últimas notas de la canción.

John jamás lo había visto así, no sabía que podía tocar un instrumento, ni siquiera sabía que estaba en una banda. El rubio no podía evitar sentir que se había perdido tanto de Sherlock… ¿qué más no sabía? ¿qué más cosas le faltaba saber de Sherlock Holmes?

Sintió miedo de ser visto, estaba nervioso, aunque se supone que debería seguir enojado, es más, no tenía por qué estar ahí. Querer saber la verdad no valía que se rebaje a buscarlo. Ese era Sherlock, el chico que lo había utilizado, el que le había mentido ¿por qué tendría que estar ahí para buscarlo?...

Aún lo amo, no puedo dejar de hacerlo. No importa cuánto lo intente, mi corazón siempre latirá por él.

Había pasado tanto tiempo observando al rizado, concentrado en él, pensando en él y admirando la magia y la elegancia del chico, que se sorprendió al verlo quitarse la guitarra y bajar del escenario con el resto de la banda. La presentación había terminado y no se había dado cuenta.

John se obligó a moverse, aunque tuviera nervios.

Había salido de casa esa noche para hacer compras, pero sus pies lo llevaron para allá. Tenía que hablar con Sherlock esa noche o no lo haría jamás.

Una hora antes

Ahora sí Londres estaba cubierto de nieve, las calles se veían blancas y las luces de Navidad adornaban de manera maravillosa toda la ciudad. Todo parecía ser tan cálido y alegre, nada comparado con el corazón de John Watson.

Cada día que pasaba se sentía más miserable. Cada día que pasaba, era un día desperdiciado por no ver a Sherlock. Dios, se moría por buscarlo, que le aclare todas las dudas, necesitaba escuchar de los labios de Sherlock que jamás le había mentido, que todo tenía una explicación, aunque no lo pareciera. John necesitaba desesperadamente que Sherlock le dijera que nunca lo había engañado.

James había dejado de insistir, seguía siendo comprensivo con él y eso no hacía nada más que atar a John a una relación que ahora había cambiado gracias a la presencia del rizado. Habían planeado hace ya varias semanas pasar las fiestas en casa de James, no eran pareja en ese tiempo, pero John pensaba en una relación estable con él en aquellos días, ir a su casa por primera vez y presentarse como un amigo no era mala idea, sería más sencillo que presentarse como el novio de James en un futuro inmediato, por lo que aceptar no había sido complicado; sin embargo, ahora no estaba seguro de querer continuar con la relación.

John no se había atrevido a ir a buscar a Sherlock, quería hacerlo, pero James ahora se veía algo deprimido, hablaba constantemente en tener miedo de no volverlo a ver, de no regresar y eso hacía sentir mal al rubio. No quería hacerle daño, no podía terminar la relación sabiendo la situación de su novio, no podía hacerle eso, no se lo merecía.

John Watson volvía a pensar en otra persona ignorándose a él mismo.

Su celular sonó advirtiendo una llamada, él estaba terminando un trabajo de la universidad intentando recordar la clase de ese día, así le sería más fácil cuando tendría que estudiar y, Dios, de veras necesitaba exámenes aprobados o reprobaría la materia.

—Hey— la voz de James se escuchó al otro lado

—Oh, hola, ¿estás llegando? —

—Eh… lo lamento, John, no podré ir esta noche—

John subió la mirada sorprendido.

— ¿Ocurrió algo? —

—Al parecer, mi día libre se vio opacada por la orden de mi general. No sé qué rayos quiere, pero debo presentarme en una hora—

— ¿Siempre te llaman así a último momento? —

—No, bueno, ha ocurrido, pero no es tan común—

—De acuerdo, te veo después—

—Está bien, y John… —

—Dime—

—Te amo—

John sonrió divertido —No te despidas como si no me volvieras a ver—

John pudo escuchar la tierna risa de James al otro lado del teléfono y luego de un último adiós, la llamada finalmente había terminado.

Dejó el teléfono en el pequeño escritorio y se estiró para relajar su cuerpo de la posición que había estado las dos últimas horas. Y de pronto, Sherlock vino a su mente, John no pudo evitar suspirar al recordar la mirada que había visto en él la última vez, ¿qué estaría haciendo el rizado en esos momentos? ¿qué haría si lo viera nuevamente? ¿Huiría como aquella vez? John sintió otra vez esa necesidad de salir, no importaba que hiciera un frío increíble, él saldría.

Pero cuando sentía que lo estaba considerando lo suficiente, James volvía a invadir su mente y lo desanimaba rápidamente. Era fastidioso sentir que la felicidad de alguien dependía de él, sentía que tenía un peso encima, uno que no debería estar cargando. Pero se sentía comprometido, demasiado como para atreverse a dañar algo tan bonito como el amor que le tenía James.

John se había enamorado, o mejor dicho, aún lo estaba y sabía lo que se sentía la decepción y no quería provocarle ese dolor a James.

Los siguientes minutos fueron utilizados para acabar el tedioso trabajo, luego era hora de comprar para la cena, casi siempre solía hacerlo con James y este era mucho mejor en eso que él, pero ahora le tocaba ir solo.

Veinte minutos después, John salía a la calle con abrigo y bufanda. El aire frío le golpeó haciendo que se encoja en hombros. Caminó a paso rápido por varias cuadras hasta llegar a la zona comercial llena de luces y gente caminando. Caminar le hacía bien para entrar en calor mientras frotaba sus manos para también calentarlas.

Un golpe en el hombro lo sorprendió, alguien que venía en sentido contrario lo había empujado, "te perdono", dijo molesto cuando volteó a ver al imprudente; sin embargo, este le sonreía y señalaba su bolsillo. John frunció el ceño inmediatamente, bajó la mirada y vio un pequeño sobre blanco en su bolsillo, cuando levantó la mirada, aquella persona ya no estaba. Sacó aquel misterioso sobre y la abrió, había una tarjeta del mismo color donde tenía escrito en una elegante letra (que reconoció inmediatamente de quién era): "Intentaré hacerte feliz, ¿me dejas hacerlo?"

John sonrió divertido, James tramaba algo, estaba seguro de eso. Empezó a mirar a su alrededor hasta que, al otro lado de la acera, vio a su novio con esa hermosa y blanca sonrisa.

— ¿No se supone que deberías…? —

John no pudo continuar, otro golpe más en su hombro hizo que se desviara su atención, otra persona lo había empujado, pero esta vez, no había recibido una tarjeta en su bolsillo, sino un pequeño regalo en sus manos. John lo siguió con la mirada bastante extrañado, pero esa persona no se detuvo. Bajó su mirada y vio el pequeño regalo, cabía en la palma de su mano y estaba envuelto en un hermoso papel de regalo de color rojo y un pequeño moño de color verde lo adornaba.

El rubio sabía lo detallista que era su novio, así que no se sorprendía del todo, ya se había acostumbrado a recibir desayunos en las mañanas, meriendas que él no recordaba haber colocado en su mochila, entre otras cosas.

Cuando volvió su mirada para ver a su novio, este ya no estaba, al mirar por la calle pudo verlo justo al voltear la esquina. Bueno, sabía que ahora debía seguir el juego, así que no le quedó de otra que seguirlo. Caminó a paso rápido para poder alcanzarlo, volteó la esquina y al hacerlo, encontró a James frente a él, tenía una mano en su espalda. John se detuvo de inmediato sintiéndose abrumado por no entender lo que estaba pasando.

—Oye… ¿qué…? ¿qué es lo que…? —

—John— lo interrumpió —Sé que no te gusta que haga estos clichés contigo, pero… — John vio una rosa en la mano de su novio cuando este sacó la mano escondida —creo que justificarás que el momento lo requería—

Muy bien, John no era idiota y mucho menos inocente, una alerta se encendió dentro de él al momento de empezar a hacer una teoría sobre lo que estaba ocurriendo en esos momentos.

—James… — su voz tembló

—Abre tu regalo, John—

John bajó su mirada y observó la pequeña cajita, sabía de sobra su contenido ahora y no, definitivamente no quería que eso continuara.

—No, James, yo… —

—Por favor, amor, por favor—

Con nervios y rogando en secreto que no sea lo que estaba creyendo, rasgo el papel de regalo mostrando, para su desdicha, una cajita roja.

—Ábrelo—

John lo miró, no podía hacerlo, no quería, no sería justo para James.

—James… —

—Ábrelo, John—

Lo hizo, abrió la cajita viendo el anillo en él…

—John Watson, ¿te casa-…? —

—No— respondió John de inmediato, cerró la cajita rápidamente

— ¿Qué?... — James no parecía entenderlo de inmediato

Un par de personas empezaron a acercarse, John pudo reconocer a algunos amigos de James entre ellos.

Maldita sea, habían conocidos presenciando todo.

—Toma— John le entregó la pequeña cajita a James —No puedo hacer esto, James, yo… lo lamento—

—John… —

John lo volvía a hacer, volvía a hacerle daño a la persona que lo amaba. Estaba partiéndole el corazón a alguien por segunda vez.

Si quiso disculparse, hablar o si quiera pedir perdón, John no lo pudo hacer, él dio media vuelta y se alejó a paso rápido, casi corriendo. No podía aceptarlo, no podía hacerlo, era más fácil llevar la relación cuando solo eran novios, pero estar comprometidos era simplemente demasiado.

Era una pesadilla, no podía creer que siempre que tenía la oportunidad de tener a la persona correcta a su lado, a alguien que lo quiera de verdad, tenía que arruinarse de alguna manera. No quería herir a James, pero al final lo hizo y delante de otras personas. Se sentía como un maldito monstruo.

Es mi culpa, fue demasiado pronto y lo entiendo, pero hablemos, John, por favor.

El mensaje de James fue otro golpe para él. No había manera de decepcionar a ese hombre para que lo abandone, James era demasiado comprensivo con él, demasiado paciente, era el maldito novio perfecto ¡pero John no lo quería! ¡Su maldito corazón solo pensaba en Sherlock!

El tipo que había hecho una desgracia su vida desde que lo había conocido, el culpable de que esté como esté en esos momentos, el único maldito ser humano que lo dañó y el único a quien amaba. John pateó con fuerza un gran bote de basura en su desesperación, algunas personas lo quedaron mirando, pero a él no le importó, estaba en su límite.

Tomó aire intentando tranquilizarse, esa situación ya se estaba saliendo de sus manos, ya no podía controlar más sus emociones, necesitaba acabar con todo de una vez. Sus dudas no resueltas, sus sentimientos, su rencor, sus miedos, todo se resumía en Sherlock Holmes.

—Bien— susurró para sí mismo —Estoy harto—

Entonces ahí estaba, una hora después de decidir acabar con todo, esa misma noche, John había llegado al lugar indicado por Irene y había hecho una búsqueda de veinte minutos hasta que alguien le dio el paradero exacto de Sherlock.

Si al llegar se sentía decidido a lo que se enfrentaría o a lo que Sherlock le diría, ahora, al momento de verlo ahí, frente a él en el escenario, fue como si su cuerpo de repente perdiera la voluntad.

Solo se quedó ahí, observándolo, admirando una fase desconocida para él. Y lo amaba, mierda, lo seguía amando tanto como antes.

Cuando la banda bajó del escenario y desapareció detrás de una puerta, John sintió su corazón acelerarse, solo debía ir, tocar y preguntar por Sherlock. Solo eso lo separaba de él.

Tocó la gran puerta sintiendo cierto temor y nerviosismo.

—Oye, ¿qué haces? —

John volteó sorprendido, un tipo mucho más alto que él y con esos jeans exageradamente rotos lo miraba de pies a cabeza

—Abre la maldita puerta—

El rubio no tuvo tiempo de responder, aquel muchacho se adelantó a él prácticamente empujándolo y abrió la puerta mostrando un pequeño pasillo con algunas personas en él. John entró dejando que la puerta se cierre detrás de él. Las personas presentes lo quedaron mirando, el rubio no entendió por qué los primeros segundos, pero luego fue consciente de que, andar con abrigo y bufanda en ese lugar, no era exactamente la manera de pasar desapercibido.

Se quitó la bufanda y se abrió el abrigo disimulando su ligera vergüenza.

De todas las personas presentes, una chica parecía la más amigable.

—Disculpa, ¿dónde está la banda? Necesito hablar con uno de ellos—

— ¿Mucho frío? — preguntó ella con una sonrisa burlona

—Sí, yo… — aclaró la garganta —Estoy buscando a Sherlock Holmes, necesito hablar con él—

Ella no respondió con palabras, solo señaló una de las puertas del pasillo, John sonrió forzosamente como agradecimiento. Caminó hasta la puerta y sintiéndose nervioso, se obligó a sí mismo a hacerlo, levantó la mano para tocar la puerta.

Por Dios, John, no seas estúpido, aquí nadie toca las puertas.

Bajó la mano y esperó unos segundos… hasta que finalmente la abrió.

Sus ojos cayeron directamente a los chicos que estaban sentados alrededor de una pequeña mesa, aquel polvo blanco en la mesa fue suficiente para saber que, después de todo, hubiera sido mejor haber tocado ante de entrar.

Eso fue algo incómodo para él, no se asustó, claro está, pero ver drogarse a alguien no era algo que le gustaba presenciar, así que estuvo a punto de dar media vuelta cuando entonces, el que estaba inclinado sobre la mesa y dándole la espalda, levanta la cabeza mientras sobaba su nariz con sus dedos.

John reconoció esos rizos de inmediato.

—No siento… no siento la mitad de mi cara—

Uno de los chicos hizo reír al resto con ese comentario, John lo escuchó, pero su mirada seguía en Sherlock y su corazón dolía por verlo drogarse igual que a todos en ese maldito lugar.

— ¿Y este quién es? —

Todos voltearon hacia él al instante y cuando los ojos de Sherlock lo miraron fue cuando pudo reaccionar.

Pudo reconocer la sorpresa en los ojos de Sherlock, el rizado había volteado con una sonrisa en el rostro, pero cuando lo vio, aquella sonrisa desapareció en un segundo. John se sintió rechazado por alguna razón, sintió que su presencia era molestosa para él.

—Yo… —

Vio otro cambio en el rostro de Sherlock, era como si la sorpresa hubiese sido reemplazada por algo parecido… al odio, al rencor.

—Quiero hablar con Sherlock—

— ¿Quién es? — preguntó uno de los chicos

—Soy… —

—Nadie importante— interrumpió Sherlock

Hubo un silencio incómodo por algunos segundos.

—No siento la cara—

—Esta mierda es pura—

Dos de la banda desviaron su atención sin importarles la presencia de John, el rubio consideró en retirarse, pero no quería hacerlo hasta hablar con Sherlock.

—Sherlock, quiero hablar a solas contigo—

—Lárgate de aquí, no me jodas—

John mentiría si negara que no le dolió aquella indiferencia.

—Sherlock… será solo un minuto—

Pudo ver al chico al lado de Sherlock hablarle al rizado y este asintiendo ante ello. John estaba siendo ignorado y ese no era el plan de esa noche.

—Sherlock, quiero hablar contigo—

John utilizó una voz más firme intentando ser más convincente; sin embargo, el rizado ni siquiera volteó, pero sí lo hizo quien le había hablado hace unos segundos.

— ¿Buscas problemas? —

A John no le gustó la intromisión de aquel idiota.

—No es tu problema, solo quiero hablar con él un segundo— respondió

—Te dijo que te largarás y por tu bien te digo que lo hagas—

Muy bien, John no era un debilucho y tampoco tenía miedo cuando debía agarrarse a golpes con alguien, dejó sus nervios de lado y dejó que el enojo lo conquistara por si era necesario partirle la cara a aquel imbécil.

— ¿Me estás amenazando? —

Su pregunta hizo que todos, excepto Sherlock, voltearan a verlo.

—Estás en el lugar equivocado, amigo, con tu abrigo y tu ridícula bufanda solo das ganas de molerte a golpes—

— ¿En serio? ¿Por qué no lo intentas? —

John no le quitó la mirada desafiante, solo cuando Sherlock por fin volteó a verlo fue cuando lo hizo. Quizás el rizado se había sorprendido de su actitud.

Su mirada volvió a su inminente rival cuando este se levantó.

—Te lo advertí—

El rubio lo golpearía por entrometido, pero ver al muchacho sacar una navaja de su chaqueta, le hizo considerarlo un poco.

—De acuerdo, basta— Sherlock se levantó de repente —Nos costó mucho conseguir las malditas presentaciones aquí, ¿en serio piensas joderlo con una pelea? —

John no estaba seguro de que esa sería la verdadera razón para que Sherlock detuviera la pelea, no podía evitar pensar que aún le importaba al rizado, al menos un poco.

—No me tomaría tanto tiempo abrirle el cuello a este imbécil—

—Claro, ¿y luego qué, idiota? — intervino el baterista —Deja que Sherlock se encargue, es su maldito problema—

El rubio vio a Sherlock acercarse a él mirándolo directo a los ojos, sintió su cuerpo estremecerse un poco, pero pudo mantenerse lo más serio posible, se supone que estaba enojado con él, sería estúpido mostrarse como realmente se sentía: desesperado por una explicación… o tal vez por un beso, un abrazo, algo que le muestre que estuvo equivocado todo ese tiempo.

—Ven—

La voz de Sherlock sonó casi en un susurro cuando este pasó por su lado. John sintió su cuerpo obedecer de manera automática, volteó para seguirlo mientras ignoraba las palabras del tipo con la navaja.

Después de todo este tiempo sin verlo, ahora era casi surreal tenerlo tan cerca de él. Observaba su espalda mientras lo seguía entre la gente, pudo darse cuenta que ya había olvidado lo tan alto que era y lo mucho que le gustaba ver sus rizos moverse al ritmo de sus pasos.

Fue guiado hasta afuera del local en total silencio y no tuvo la mirada de Sherlock hasta que este se detuvo justo en la esquina de la calle.

— ¿Qué estás haciendo aquí? —

Preguntó Sherlock de manera fría y seria, con su cuerpo inclinado ligeramente hacia John.

—Creo que… creo que es algo obvio, ¿verdad? —

John pudo ver ese escaneo innato en los ojos de Sherlock, esa observación clínica que hacía cuando quería obtener una respuesta.

—No tengo que explicarte nada. No me interesó aclarárselo a los medios, menos lo haría contigo—

John sonrió divertido, bajó la mirada por unos segundos pensando en el orgullo casi infantil de Sherlock.

—Tendrás que olvidar tu orgullo conmigo, Sherlock, yo no soy cualquier persona. Sabes que más que nadie merezco una explicación—

Su respuesta causó una reacción inmediata en el más alto, quien sonrió entre divertido e indignado.

—Solo fui tu maldito revolcón homosexual ¿qué tan importante tiene eso ahora para que me pidas explicaciones? —

John había olvidado el detalle de todo lo que había dicho aquella noche, pero no estaba seguro de sentirse culpable, si bien sus palabras fueron dolorosas para él mismo, Sherlock se las merecía… si es que resultaba culpable después de todo.

—Mira, Sherlock, todo lo que dije esa noche… —

—No me hagas perder el tiempo, ¿qué es lo que quieres? — interrumpió el rizado

John quedó mirando a Sherlock por unos segundos mientras recordaba las circunstancias en las que lo había encontrado momentos atrás.

— ¿Perder tu tiempo? Estabas aspirando cocaína cuando te interrumpí, creo que estabas perdiendo el tiempo de igual manera—

El rubio vio una sonrisa burlona en el pálido rostro del rizado.

—Pensaba inyectarme heroína luego, así que sí, estás haciéndome perder el tiempo—

Definitivamente no fue de su agrado escuchar eso, culpable o no, sabía lo que Sherlock valía con el intelecto que manejaba. Era insultante que destruyera todo eso con aquellas malditas sustancias.

— ¿Es así como funciona? — preguntó John — ¿Tu maravillosa mente no tiene mejor idea que drogarse cuando las cosas no salen como lo planeas? —

Resistió la mirada penetrante de Sherlock por unos segundos.

— ¿Y cuál se supone que era mi plan? — Sherlock se acercó unos centímetros más a él

John no se intimidó, no le quitó la mirada ni un segundo.

—Eso deberías respondérmelo tú, ¿a qué jugabas conmigo? —

—Tal vez no el mismo juego que el tuyo, John Watson. Es claro que teníamos ideas totalmente diferentes sobre nosotros—

Era doloroso pensar en la poca empatía que podría tener Sherlock con él. Hasta ahora todo indicaba que John había sido el engañado, pero como volvía a tener esa pequeña esperanza, de verdad, quería saber si estaba equivocado. Si Sherlock estaba tan dolido como aparentaba, entonces tenía que explicarle la verdad de todo.

—Mentí—

John se decidió. Se arriesgaría, apostaría su dignidad solo por esa corazonada.

—Mentí en la mayoría de cosas que dije esa noche y no, yo no jugaba a nada contigo—

Vio en el rostro de Sherlock un pequeño y fugaz gesto de sorpresa, uno tan sutil que no estuvo seguro de haberlo imaginado.

—Yo… yo lo único que hice fue protegerme. Tú me habías mentido y yo me sentía ridículo, imbécil y no quería demostrarte eso, solo quería que… — John respiró hondo y cerró los ojos, sentía miedo de volver a ser engañado —solo quería que pensaras que, a pesar de haberme engañado, yo no me sentía herido por eso—

Cuando abrió sus ojos, vio una fría y analítica mirada en Sherlock, las cejas levemente fruncidas, sin ningún gesto en su rostro. John sintió haberse confesado con una pared de hielo.

—Entonces supongo que debo felicitarte—

John frunció el ceño sin entender la respuesta — ¿Qué? —

—Te engañé, sufriste, te defendiste y lo superaste—

—Yo lo superé, pero no de la manera… —

—Tu relación se ve muy bien, John, espero que tu práctica conmigo haya sido de ayuda—

No supo cómo, pero de pronto John sintió que todo se venía abajo.

Intentó hablar, pero las palabras no se armaban para una respuesta correcta.

—Fuiste todo para mí, John Watson, formé algo especial y verdadero contigo, algo de lo cual no tenía ningún maldito conocimiento, pero lo hice, lo intenté. No me importó nada más, me sentía bien solo contigo. Todo tenía un maldito sentido cuando creía que lo que tú sentías era igual de verdadero que el mío, pero a lo primero que viste saliste huyendo como un cobarde, y ahora aquí estás, exigiéndome explicaciones— Sherlock sonrió, pero no precisamente por diversión — ¿No fui lo que tú esperabas?, pues bien, estamos a mano, tú tampoco lo fuiste para mí después de todo—

John había tenido muchas conversaciones difíciles, hirientes y reveladoras durante su vida, todo ser humano pasaba por ese tormento en su vida; sin embargo, John sentía que, si sobrevivía a ese dolor esa noche, nada más podría dañarlo tan profundo en el alma.

—Si mentiste o no aquella noche, eso ya no es importante para mi ahora, así que puedes irte a la mierda, no tengo ningún puto interés en lo que tengas que decirme—

Sherlock volteó dando por terminada la conversación.

John se sentía devastado, sí, pero también aliviado. ¿Es que acaso esas palabras demostraban que Sherlock era inocente? Si así era, entonces el amor de su vida no era ese monstruo que temió que fuera; sin embargo, también demostraba algo devastador: Lo había traicionado y lo había… perdido.

Casi sin pensarlo, John tomó del brazo a Sherlock para evitar que se fuera, a esas alturas y con todas esas emociones inundándolo, a John ya no le importaba apostar todo lo que tenía solo por intentar arreglar sus malas decisiones.

—Aún me amas— dijo John —Lo vi en tu mirada esa noche cuando te atropellaron—

Sherlock no volteaba, se había quedado quieto dándole la espada, ni siquiera intentaba deshacerse de su agarre.

—Yo te amo y me importa una mierda que no me creas, aún lo hago. Si tengo una relación ahora es porque estaba desesperado por sacarte de mi cabeza—

Aprovechando la falta de reacción por parte de Sherlock, John lo jaló para voltearlo haciendo que estuvieran frente a frente nuevamente. Podía ver una fría mirada en el rizado, pero el rubio sentía que tan solo era una máscara para no verse vulnerable.

—Fui un maldito cobarde, siempre salgo huyendo, como esa vez que me besaste, ¿recuerdas? Pero esta vez no lo estoy siendo, Sherlock, esta vez quiero enfrentarme a lo que temí de ti y si tanto… mierda—John respiró hondo para no entrar en desesperación —Si tanto gritas tu inocencia, entonces dime que lo que me mostraron tiene una explicación, que lo que vi… —

—No tengo porqué demostrarte mi… —

— ¡Lo harás, maldita sea! Si no lo haces, Sherlock… por Dios, si no lo haces, me voy a volver loco—

—Me importa una puta mierda como te sientas, es claro que es fácil engañarte con cualquier estupidez que se te presente—

John se dejó llevar por el enojo, o tal vez por la desesperación, así que lo tomó fuertemente de la chaqueta atrayéndolo a él más cerca, Sherlock le tomó las manos para evitar la cercanía lo más que podía.

El rubio pudo percatarse que, a pesar de eso, Sherlock no tenía intención de intentar soltarse.

—Las malditas pruebas son reales, lo que vi fue real y si fueron manipuladas me vas a explicar por qué— susurró entre dientes el rubio

Una silenciosa mirada se hizo presente, John sentía su corazón latir tan rápido que juraría que se saldría de su pecho en cualquier momento. Tenía la mirada de Sherlock en él y la tensión se hacía más pesada a cada segundo que pasaba.

Esos videos, esos malditos videos lo atormentaban porque si Sherlock era realmente inocente, lo que había visto seguiría siendo real y eso simplemente lo destruía por dentro.

— ¡Sherlock! —

Una voz se escuchó a unos metros interrumpiéndolos de repente, los chicos de la banda habían salido y al ver a John sosteniendo así a Sherlock, era claro que se acercarían para darle una paliza.

Entonces John fue empujado con fuerza por el rizado, justo cuando los chicos habían empezado a acercarse a ellos.

—No vuelvas a buscarme o te devolveré los golpes de esa noche—

Dicho esto, Sherlock se alejó llevándose consigo al resto de la banda quienes no dudaron en lanzar amenazantes miradas mientras se iban caminando. John se quedó sin reaccionar por unos segundos, se sentía impotente de no poder hacer ver a Sherlock lo realmente desesperado que estaba por obtener respuestas.

Y por volver a su lado.

— ¡Calle Caldwell, Sherlock! — gritó — ¡Caldwell 426! —

John no estaba seguro de que Sherlock lo hubiese escuchado, él nunca volteó a verlo o algo, simplemente se fue con los demás muchachos sin mirar atrás.

Esa noche no había resultado tan bien como hubiese esperado. Aunque lo hubiese encontrado, John sintió que no había llegado a nada más que a sentirse peor que antes. Pero no se daría por vencido, de eso estaba seguro, convencería a Sherlock de alguna manera, pero para hacerlo debía volver a dejarlo todo, es decir, dejar a James.

John volvía a apostar absolutamente todo lo que tenía por algo que no sabría si funcionaría.

Mierda, James le había pedido matrimonio, ¡lo amaba! ¿por qué tenía que romperle el corazón a alguien como él?

Un profundo suspiro salió de su boca resignándose a esa idea. Si bien la propuesta había sido demasiada apresurada, John veía la razón perfecta de aquella decisión: La guerra. James no sabría siquiera si volvería y estaba enamorado de él, su decisión de comprometerse con él era justificada. Ahora, romperle el corazón, también haría que se rompa el suyo, tal y como pasó con Mary.

John no quería hacerle daño, pero no tenía opción.