CAPÍTULO 29
Edward llegó al hospital en pocos minutos. Daba gracias al cielo de no haberse cruzado con ningún policía, pues estaba seguro de que a la velocidad que había conducido tenía que haberse saltado algunas cuantas normas de tráfico.
En cuanto leyó el mensaje de Alice sintió como su corazón latía queriendo salir del pecho. Su padre intentó tranquilizarlo sin éxito. Llamó un par de veces a Alice, pero esta vez fue ella quien no respondió.
Estacionó la moto en el parking del hospital y entró corriendo en busca de Alice. Llegó a la sala de urgencias y la buscó entre la gente, pues estaba abarrotado. Consiguió localizarla al fondo de la sala, abrazada a Jasper que conversaba con un oficial de policía.
—¡Alice! ¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde está Bella? ¿Está bien?
—¡Bendito sea el cielo! ¿Ahora te preocupas por ella? —Le reprochó con los ojos anegados de lágrimas.
—¡Basta, Alice! Puede que no haya sido el mejor de los novios en los últimos días, per ola amo. ¡Estoy preocupado por ella!
—¡Dios, Esto es culpa mía! —Sollozó abrazada a Jasper.
—Tranquila, cielo. No es culpa de nadie. Ella se pondrá bien.
—¿Puede decirme alguien que ha ocurrido? ¿Cómo está Bella? —Preguntó Edward alzando la voz.
—¡Cálmese, señor! Recuerde que esto es un hospital. —Intervino el oficial.
—Lo siento, yo solo necesito saber que Bella está bien.
—Aún no sabemos nada. —Intervino Jasper—. Llegó una ambulancia y la trasladó directamente al hospital.
—Pero ¿Qué ocurrió?
—Atracaron la tienda. Un delincuente, al que afortunadamente han atrapado, la asaltó a punta de pistola.
—¿Le han disparado? —Preguntó alarmado.
—No lo sabemos. Nosotros llegamos cuando la subían a la ambulancia. Sólo. Vimos la sangre allí.
—Si no la hubiese dejado sola. —Se lamentó Alice.
—Pues en ese caso os habría atracado a las dos. Bella fue valiente, se las ingenió para activar la alarma y que la policía llegase a tiempo.
—¡Dios mío! —Se lamentó Edward tapándose el rostro con ambas manos.
—¿Familiares de la señorita Swan? —La voz de un hombre llamó su atención. Rondaría los cincuenta y estaba ataviado con un pijama sanitario verde.
—¡Nosotros! —Exclamó Alice.
—¿Ustedes son...? —Preguntó el doctor mientras se quitaba el gorro de la cabeza.
—Yo soy su novio, y ellos unos amigos. —Aclaró Edward.
—Lo siento, solo puedo informar de su estado a familiares directos.
—Pero... Sus padres están fuera de la ciudad. Nosotros somos su familia aquí. Yo... Soy el padre del bebé que está esperando. —Intentó explicar.
—Está bien. —Aceptó conmovido por la angustia que reflejaban sus ojos—. Acompáñenme. —Pidió apartándose un poco de la gente para obtener algo de intimidad.
—¿Cómo se encuentra? ¿Está bien? —Preguntó Edward.
—Ahora mismo están terminando de prepararla para trasladarla a una habitación, tendrá que permanecer ingresada un par de días. La señorita Swan ingresó por un cuadro de estrés post traumático derivado del desagradable incidente en el que se vio envuelta, el cual, provocó una hemorragia uterina que actualmente hemos podido controlar.
—Pero... ¿Ella está bien? ¿El bebé...? —Edward no era médico, pero las palabras del doctor no presagiaban nada bueno.
—Hemos tenido que practicarle un legrado, Lo siento.
—¿Ha perdido el bebé? —Sollozó Alice.
—Lamentablemente, sí. No pudimos hacer nada por salvarle. Afortunadamente hemos conseguido salvar el útero y los ovarios, por lo que la señorita Swan podrá volver a concebir en un futuro sin problemas, aunque es aconsejable esperar unos meses.
Edward escuchaba lejana la voz del médico. Había perdido el bebé, su bebé. El bebé que tanto trabajo le había costado aceptar, el bebé que hasta hace unas horas no se dio cuenta de que era hijo suyo, un hijo que ya no estaba. Otro hijo que había perdido. Uno al que ni siquiera a había llegado a conocer. El aire estaba comenzando a faltarle, por lo que tuvo que apoyarse en la pared para no caerse.
—¿Cuándo podré interrogarla? —Intervino el oficial de policía.
—Mañana por la mañana, ahora está sedada y debe descansar.
El oficial asintió y se dirigió a Edward, Jasper y Alice antes de marcharse. Lo siento, espero que se reponga.
Edward ni siquiera le respondió. Aún no podía asimilar la noticia, no podía creer que estuviese ocurriendo todo aquello. La imagen de Bella acudió a su mente y le hizo salir del trance.
—¡Doctor! ¿Cómo está Bella? ¿Puedo verla?
—La paciente está ahora mismo sedada. Ha sufrido una pequeña crisis nerviosa al conocer la noticia. Está siendo trasladada a su habitación. En unos minutos podrán visitarla, aunque les aconsejo que sean breves, debe descansar.
—Gracias.
El medico asintió y se marchó dejándolos allí, en la sala de urgencias
—Edward, ¿Estás bien? —Preguntó Jasper.
—No, no lo estoy. Esto... ¡Esto es una mierda! —Rompió a llorar golpeando con furia la pared haciendo que algunas personas volteasen a mirarlos.
—Lo sé, pero lo importante es que ella esté bien, más adelante podréis volver a intentarlo. —Intentó consolarlo.
En ese momento sus ojos se cruzaron con la mirada furiosa de Alice.
—No me mires así, Alice.
—¿Y cómo quieres que lo haga? ¡Te has comportado como un imbécil con Bella y ahora...! ¿Debo creerme que todo esto te afecta?
—¡Alice! —La reprendió Jasper que no conocía parte de la historia.
—No te atrevas a dudarlo. Claro que me afecta, ¡Es Bella! ¡Era mi bebé! ¡La amo! ¿Cómo puedes dudarlo?
—Más vale que te hubieses dado cuenta antes. —Le reprochó—. Si ella no quiere verte espero que lo entiendas, porque créeme si a ti te está doliendo, imagínate como puede estar ella.
Edward acogió las palabras de Alice como una puñalada en el corazón. Se le estremecía el alma de pensar en el sufrimiento de Bella. ¡Ojalá pudiese cambiarse por ella! ¡Ojalá nada de eso hubiera pasado!
La enfermera llegó minutos después para conducirles hasta la habitación.
—Podrán entrar solo unos segundos. Está dormida y es aconsejable que descanse.
Edward abrió la puerta y se acercó hasta la cama donde se encontraba Bella. Pálida y con un gotero en la muñeca, permanecía dormida en un profundo sueño.
—Mañana vendré a visitarla. Es mejor dejarla descansar. —Intervino Alice que se despidió acariciando la mano de su amiga.
—Yo voy a quedarme aquí. Pasaré la noche por si necesita algo.
—Deberías avisar a su compañera de piso, para que no se preocupe y quizás a sus padres. —Aconsejó Jasper.
—Ahora la llamaré.
—Si necesitas cualquier cosa no dudes en avisarme.
—Gracias. ¡Hasta mañana!
—¡Adiós!
Edward observó como Alice y Jasper abandonaban la habitación. Se acercó hasta la cama y se sentó al lado de ella, apartando un mechón de pelo que cubría su frente y acariciándola.
—Lo siento. Lo siento, Bella. Siento no haber estado para ti. Te he fallado, pero te juro que superaremos esto juntos. —Prometió besando suavemente sus labios y apartándose para llamar a Jessica.
La compañera de piso de su chica no se mostró muy feliz de hablar con él, pero en cuanto escuchó las noticias, hizo a un lado su enfado y se interesó por el estado de su amiga. Edward le insistió para que no fuese al hospital, pues Jessica insistía en ir a visitarla. Él pasaría la noche allí y Bella necesitaba tranquilidad. A regañadientes, Jessica aceptó, aunque le prometió ir al día siguiente. Así mismo, fue ella quien le aconsejó no avisar a los padres de Bella hasta ver si era lo que ella quería. Esa decisión tenía que tomarla la propia Bella y no ellos.
Edward pasó toda la noche en un ligero duermevela. En un par de ocasiones Bella se removió inquieta, abrió los ojos unos segundos y murmuró su nombre, pero los efectos de la sedación la hicieron seguir durmiendo. Al amanecer, aprovechó que aún seguía dormida para bajar a por un café. Sin embargo, cuando volvió a la habitación, observó que se había despertado. Permanecía tumbada de lado, con las manos debajo de su cabeza y con la mirada fija en la ventana.
—Bella, ¿Te has despertado? ¿Cómo te encuentras? —Preguntó acercándose hasta ella.
Tomó asiento al lado de su cama, en el lugar en el que había permanecido toda la noche, observó la expresión triste de su rostro, no le había respondido, pero no hacía falta poner en palabras como se encontraba, bastaba mirarla para saber que estaba rota.
Una lagrima escapó de sus ojos y Edward corrió a limpiarla.
—Bella, por favor, ¡No llores! Me parte el alma verte así.
Isabella rehusó su contacto girando se de nuevo en la cama hasta quedar tumbada boca arriba. Al hacerlo no pudo disimular una mueca de dolor.
—¿Estás bien? ¿Necesitas que llame al médico?
—Lo que necesito es que me dejes sola. —Respondió Bella con voz ahogada.
—Bella, mi amor...—Edward intentó acercarse de nuevo a ella, pero de nuevo se apartó de su contacto.
—¡Vete! ¡Vete, Edward! ¡Lárgate, no te quiero aquí!
—Bella, por favor, no me alejes de ti. Déjame cuidarte.
—¿Qué no te aleje? ¿Qué te dejé cuidarme? —Estalló llorando— Tú sólito te has alejado, por decisión propia. Desapareciste en cuanto te enteraste de que estaba embarazada. No has querido saber nada. Y ahora que todo se ha acabado, ¿Pretendes volver? ¿Cómo ya no existe este bebé quieres que todo siga como si nada?
—¿De qué estás hablando? ¿Cómo puedes pensar eso?
—¡Sólo me remito a los hechos, Edward! Llevas semanas desaparecido y ahora... Cuando ya no... —Isabella no pudo terminar la frase, aun le costaba asimilar la noticia—. ¿Ahora vuelves?
—Vine en cuanto Alice me llamo. Incluso antes de eso tenía pensado hablar contigo.
—¡Oh vaya! ¿Ya pensabas hablar conmigo? Y claro, yo debía estar esperando como si nada. ¡Esperando a que a ti te diese la gana de venir a mí!, de hablarlo cuanto a ti te pareciese el momento oportuno.
—Bella, reaccioné mal y entiendo que estés enfadada, pero no es el momento. No estás bien y...
—¡Claro que no estoy bien, Edward!¡He perdido a mi hijo y aunque para ti eso suponga un alivio, para mi es el golpe más duro que he recibido en mi vida!
—No es un alivio, no digas eso.
—¿No lo es? —Ironizó—¡No te mientas, Edward!, ¡Ni me mientas a mí! Desde el minuto uno no sentiste ni una pizca de alegría por mi embarazo, así que no intentes hacerme creer que esto no supone quitarte un peso de encima.
—No lo tomé bien, en eso llevas razón, ¡Pero te juro que no lo odie! Me costó comprender que ese bebé era una nueva oportunidad para mí, para los dos, pero en cuanto lo acepté...
—¿Lo aceptaste? ¿Y qué pasa si esa cabeza tuya no lo hubiese aceptado? ¿Me habrías dejado sola? ¡Ah, no que sola ya estaba porque te largaste!
—Tenía miedo, miedo de no ser un buen padre, miedo de fallar otra vez.
—¡Y yo estaba aterrada! ¡Pero no hui, no te alejé de mí! En los momentos difíciles las parejas se unen y se apoyan, pero tú volviste a salir corriendo, a crear ese maldito muro de hielo que te rodea.
—Sabes que no lo he pasado bien
—¡Ni yo! ¿Sabes, Edward? Estoy cansada. Cansada de luchar contra tus traumas cuando tú mismo no lo haces. ¿Y sabes por qué? Porque en el fondo te has acostumbrado a regodearte en tu pena. Pero yo no puedo, no puedo luchar ahora contra eso, No tengo fuerzas. No puedo hacerme cargo de tu dolor y tu pasado cuando tú te niegas a seguir hacia delante.
—¿Qué quieres decir?
—Qué no lo has superado. Ni a Ness, ni a Tanya. Siguen contigo, siguen siendo tu presente por más que intentes negarlo. Y hasta que no soluciones eso no podrás seguir hacia delante ni rehacer tu vida.
—No sabes de lo que hablas.
—¡Ves! Ni siquiera quieres escucharlo, porque en el fondo sabes que llevo razón. ¡Y no puedo!, ¡No puedo vivir con dos fantasmas!
—¿De verdad me estás dejando? ¡Acabamos de perder un bebe!¡Por amor de Dios, Bella! —Suplicó acercándose hasta ella— No nos hagas esto. Es un momento difícil, son muchas emociones y... El dolor a veces nos confunde.
—No estoy confundida, Edward. Creo que no he visto nada tan claro en mi vida. Quiero estar con un hombre que me ame.
—Yo te amo.
—Pero no es suficiente. —Habló tristemente— Edward yo quiero a un hombre que no le asuste tener una familia conmigo, que salte de alegría cuando le diga que estoy embarazada y no uno a quien le aterre avanzar un paso tras otro en nuestra relación.
—Bella, sabías que estaba jodido, sabias que necesitaba ir poco a poco. Estamos de acuerdo en eso. Me he abierto contigo como con nadie, te he dado más que a nadie.
—Lo sé, pero creo que nos equivocamos. Ni yo soy tan fuerte como creías ni tú estás preparado. Ambos nos estamos aferrando a esta relación como a un salvavidas.
—Habla por ti, yo sé muy bien lo que siento, Bella. No necesito que me psicoanalices.
—No lo hago.
—Ya..., pues lo parece.
—Edward…
—Anoche, cuando Alice me avisó vine corriendo, creí que te había perdido. He pasado toda la noche velando tu sueño, rezando porque abriese los ojos y me hablases para comprobar que estabas bien. He venido dispuesto a cuidarte, a demostrarte mi arrepentimiento, pero está claro que ya has tomado tu decisión. No me quieres a tu lado.
—Edward, ahora soy yo la que necesita estar sola, ordenar sus ideas...
—Y yo no voy a interferir. Si no me quieres a tu lado lo entiendo. Te dejaré sola si eso es lo que quieres.
—No es lo que quiero, es lo que necesito que es diferente.
—Está bien. Lo acepto, aunque no comparto tu decisión. Pero que sepas Bella, que yo me he dado cuenta de mi error, tarde probablemente, pero aun así he venido dispuesto a luchar por ti, pero tú…tú ni siquiera me has dado opción a pelear. Te quiero, y creo que voy a quererte toda mi vida. No lo olvides.
—Edward... —Lloró Bella al ver como se marchaba.
Abandonó la habitación roto, lo sabía. Pero era mejor así. Ambos tenían que aceptar que habían construido una relación sobre una alfombra de cristales rotos que a cada a paso que daban se clavaba en su piel. Ahora llegaba el momento de sanar y después... El destino decidiría.
¡Hola a todos! ¿Qué tal?
Pues parece que Bella ha tomado una decisión ¿Acertada? Ya lo veremos.
Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.
Espero ansiosa vuestros comentarios.
Saludos.
Nos seguimos leyendo.
