--Entonces, Gabriel Agreste es Lepidóptero, más allá de cualquier duda razonable --resumió Chat noir.

--Más allá de toda duda --asintió Viperion con gravedad--. Lo siento --añadió en voz baja, sorprendiéndolo. ¿Acaso conocería su propio secreto también?

--Y crees que desplegará su próximo ataque tras la actuación de Kitty Section, durante su propio desfile --continuó, tras tragar saliva con dificultad.

--Así es. Pero nosotros nos adelantaremos a sus pasos para tratar de detenerlo sin apenas lucha.

--¿Y cómo haremos tal cosa?

--Con el multipoder.

Ladybug asintió, mordiéndose internamente las mejillas para que su expresión no dejara ver lo que sentía.

--Estamos viviendo una segunda oportunidad, ¿verdad? --preguntó, tras intercambiar un discreto gesto con Fionna.

--Así es --confirmó Viperion, escondiendo la mirada. Sin embargo, todos pudieron percibir el intenso dolor tras sus pupilas reptilianas.

Ladybug expulsó el aire de golpe, y se volvió hacia Chat noir.

--Tenemos a nuestra disposición un nuevo potenciador que nos permitirá usar dos veces nuestro poder especial --le explicó a su compañero--. Estos bombones rellenos son los que lo contienen.

Mientras hablaba, sacó la cajita con los tres chocolates y se la mostró.

--Huelen bien --dijo el chico, olisqueando el aire--. Y, sin duda, nos proporcionarán una ventaja muy interesante durante la lucha.

--El caso es que solo contamos con tres para los cuatro. ¿Quiénes los deberían usar? --dudó la guardiana.

Su plan inicial había sido entregar los otros dos a Fionna y a Chat noir, pues en ese momento no sabía qué efecto concreto causaría el potenciador en el poder de Viperion; pero, al final, había sido precisamente el multipoder de la segunda oportunidad el que los había salvado del desastre.

--Vosotros tres --repuso Viperion con seguridad--. Pero este no --dijo, desechando uno de los chocolates y sustituyéndolo por el que traía--: este es el correcto.

--Lo que tú digas; yo los veo todos iguales --dijo Chat, encogiéndose de hombros.

Viperion le dirigió una breve mirada de soslayo, como si se estuviera mordiendo la lengua, antes de continuar.

--Justo al terminar el concierto, un akuma atacará. Vosotras dos os ocuparéis de él --les dedicó sendas inclinaciones de cabeza, y ellas asintieron--. Chat noir, no uses tu cataclysm hasta que no veas llegar a Lepidóptero, o, mejor dicho, a Shadow Moth; cuando se muestre, te liberas del sentimonstruo y vas a por él. No dudes, pues él no lo hará. Si flaqueas, estás muerto. Y ella --señaló a Ladybug-- también.

Sentía ser tan duro, pero mejor escucharlo en sus palabras, aunque dolieran, que vivirlo en sus propias carnes.

--Tú conoces a Adrien Agreste, ¿verdad? Por favor, habla con él: dile que tenga cuidado, y que no estará solo --añadió Fionna con voz suave.

Chat noir asintió con un cabeceo, y Viperion colocó la mano sobre su hombro y sostuvo su mirada.

--Sé que será duro para él. Pero no creo que esté en peligro real hasta que todo se desate, y todos lo estemos. Mientras tanto, debe resistir sin levantar sospechas. Dile que no dude en apoyarse en sus amigos... Y en ella --añadió en un susurro.

En ella. El rubio tuvo la certeza de que se refería a Marinette. Sin embargo, realmente se alegraba de no haber llegado a enviarle aquel mensaje, pues no sentía que fuera el momento de dar paso alguno en esa dirección.

Si tenía que enfrentarse a que su propio padre fuera el hombre que llevaba tanto tiempo aterrorizando París, y a la responsabilidad de ser él mismo quien se ocupara de poner fin a sus andanzas, simplemente no podía cargar con más peso sobre su corazón. Porque puede que confesar sus sentimientos a Marinette supusiera un alivio, pero también lo colocaba en una encrucijada complicada, tanto si lo rechazaba --lo que le parecía lo más probable--, como si le correspondía; pues no podía perder de vista que ella, por el momento, salía con Luka, y que él era su amigo también. Y, en todo caso, si las cosas iban a ponerse tan feas para la familia Agreste, tenía muy claro que se esforzaría por no arrastrar a ninguno de ellos en su caída.

Una vez extraída aquella espinita que llevaba clavada siendo sincero con el músico, aunque hubiera sido a través de un simple mensaje de texto, prefería seguir apoyándose en la amistad de ambos que arriesgar el todo por el todo en un momento tan difícil.

--Adrien tiene mucha suerte de contar con tan buenos amigos --musitó--. A pesar de la manera tan egoísta en la que se ha comportado últimamente.

--¿Egoísta? --se extrañó Ladybug--. ¿Seguro que estamos hablando de la misma persona?

Chat noir rio por lo bajo.

--Créeme, lo ha sido. Menos mal que se ha dado cuenta a tiempo para no llegar a estropear más las cosas --dijo, mirando con fijeza a Viperion, quien, por una vez, pareció desconcertado.

Discutieron los detalles del plan durante largo rato, aunque el único que guardaba memoria de la anterior oportunidad prefirió guardar silencio sobre los detalles más duros y seguir cargando con aquel peso en solitario. Sin embargo, bastaba con los destellos de angustia que cruzaban su mirada al recordar para que el resto entendieran que la experiencia vivida debía de haber sido realmente traumática. Sin necesidad de hablar de más, todos se conjuraron para no fallar esa vez.

Cuando se despidieron, Viperion partió primero, y Ladybug lo siguió enseguida. Fue tras él de tejado en tejado, hasta que lo encontró aguardándola en uno de los que mejores vistas al río ofrecían.

--¿Querías hablar conmigo? --preguntó el chico con cautela, esforzándose en mantener todas las barreras en alto.

--Necesito hablar contigo a solas, sí.

--Te escucho.

Ella dio un paso hacia adelante, acercándose hasta posar la mano sobre su muñeca, y lo miró directamente a los ojos.

--No fue culpa tuya --afirmó--. Sé que fue duro, y que lo pasaste mal; pero no ocurrió por tu culpa. Y no olvides que fuiste tú quien nos salvaste al final.

Viperion sostuvo a duras penas su mirada, tratando de no derrumbarse. Aquellas palabras habían tocado su alma, aligerándola, pero no lograba terminárselo de creer.

--Gracias. Pero tú... --su voz se rompió--. Tú no sabes lo que vi.

--Lo siento. Siento haber cargado un peso tan terrible sobre tu espalda. Sé que tiene que haber sido muy duro para ti; pero no ocurrió por tu culpa --repitió, sus palabras extendiéndose como un bálsamo sobre su castigada conciencia.

Ladybug abrió los brazos, y él se resguardó contra su pecho como un niño necesitado de consuelo, su cuerpo fuerte, firme y musculoso contenido en el acogedor regazo de la chica a la que amaba con desesperación.

--No soy capaz de desprenderme del miedo --sollozó--. No me atrevo a abrir la puerta a nuevas visiones, y solo cuento con un recuerdo atroz, que estremece mi alma cada vez que lo revivo.

--No solo cuentas con eso --replicó la heroína--. Tienes algo más: tienes a muchas personas a las que les importas, y, en especial, a alguien que te quiere con todas sus fuerzas, que comprende tu miedo, y que no te va a abandonar --susurró, apretando el abrazo--. Por favor, Luka, déjame estar. Te prometo que no te presionaré; pero necesito que al menos me permitas estar a tu lado.

Él estalló en un llanto callado, acomodándose en el hueco de su cuello mientras las manos enguantadas de la chica recorrían su cabello una y otra vez.

--Tranquilo, cariño. Todo saldrá bien --lo arrulló ella con voz suave--. Esta vez todo saldrá bien.

Probablemente, a ambos les habría sorprendido saber que, no demasiado lejos, en ese mismo momento se desarrollaba una escena similar con diferentes protagonistas.

--No estás solo, Adrien. Todo saldrá bien --consolaba Fionna a Chat noir en lo alto de la torre Eiffel.


Los días transcurrieron en medio de una calma relativa. Tanto Luka como Marinette se esforzaron en cumplir lo que habían pactado: él dejó de evitarla, y ella se ajustó escrupulosamente al ritmo pausado que el chico necesitaba mantener.

Pasaban largos ratos juntos, hablando de asuntos cotidianos, o bien cada uno ocupado en sus propias tareas, simplemente disfrutando de la mutua compañía.

Poco a poco, la música volvió a ser una opción, así que Luka tocaba la guitarra mientras Marinette, armada con su cuaderno de bocetos, dibujaba nuevas propuestas para los disfraces de Kitty Section, retocaba distintas versiones del cuello para un vestido de fiesta o trataba de diseñar una línea de bisutería basada en motivos vegetales.

Los besos se mantenían suaves, fugaces, contenidos. Los abrazos, sin embargo, se alargaban hasta el infinito: unos cálidos y apretados, otros suaves y salpicados de caricias, los dedos entrelazados o enredados entre los mechones de cabello, el pulgar dibujando círculos tranquilizadores en la espalda del contrario.

A veces, incluso se dejaban pequeños mensajes cariñosos, él entre las páginas del cuaderno, ella en las partituras del músico, anotados furtivamente para que el otro los encontrara después.

Sin embargo, ninguno de los dos se decidió a escribir "te quiero", como tampoco se habían atrevido a decirlo, por más que esas palabras colgaran entre ellos continuamente, solo esperando a ser atrapadas y pronunciadas, antes de que fuera demasiado tarde.

Adrien no volvió a insistir en su intención de aclarar las cosas con la azabache. Entre todos parecían haber logrado establecer una dinámica en la que se sentían cómodos, o, por lo menos, una en la que no había roces ni malentendidos a pesar de todos los sentimientos que había implicados en aquella compleja relación amistosa.

Poder pasar tiempo con Fionna, con la que no era necesario guardar secretos, con la que podía desahogarse y hablar sin tapujos de todo lo que estaban viviendo, también estaba ayudando al rubio a sobrellevar la situación. Además, la irlandesa sabía dar unos abrazos realmente mágicos, que le permitían olvidarse por un instante de todas las preocupaciones.

Y, entonces, quizás demasiado pronto, el margen de espera terminó. El día de la verdad amaneció al fin, y fue desgranando inexorablemente sus horas, tan lleno de amenazas como de esperanzas. La segunda oportunidad se desplegaba ante ellos, y no podían permitirse volver a fallar.

Mientras Luka, Marinette, y el resto de Kitty Section preparaban todo lo necesario para dirigirse al lugar del evento, Adrien tomaba un baño relajante antes de acudir también dispuesto a desfilar. Todos se esforzaban en mantener la calma, concentrados en los pequeños detalles que estaba en su mano controlar hasta que comenzara la batalla; sin embargo, inevitablemente, los nervios se reflejaban en sus semblantes.

Lograron hacer un buen trabajo de cara al público, haciendo honor a la clásica premisa: "el espectáculo debe continuar". Adrien desplegó todo su encanto y profesionalidad sobre la pasarela, y la música de Kitty Section volvió a levantar a los espectadores de sus asientos.

Cuando comenzaron las explosiones, otra incógnita se desveló: efectivamente, el tiempo discurría por el sendero marcado, repitiendo fielmente el patrón conocido, salvo por los detalles que ellos mismos modificaran. Y eso, contando con la experiencia anterior, era sin duda una ventaja, que las chicas hicieron valer para deshacerse de God talent con una solvencia que rayó en la humillación.

Viperion hizo un guiño a Chat noir al verlo llegar, y activó su poder para contar con un punto seguro de retorno.

Habían hablado muchas veces de la necesidad de que el rubio se mantuviera firme en el momento en que debiera enfrentarse a Shadow Moth, pero pensar en lo que el héroe gatuno tendría que hacer siempre encogía el corazón al portador de la serpiente. Activar el poder destructor, y posar la mano sobre el pecho de su padre: simplemente, no podía imaginar lo que se sentiría teniendo que afrontar algo así.

Lo único que le tranquilizaba era que en la ocasión anterior Chat noir había sido capaz de atacarlo sin que, al parecer, le temblara el pulso. Quizás había logrado abstraerse del hecho de que era Gabriel Agreste quien se escondía tras la máscara; o, tal vez, hubiera optado por canalizar la rabia que debía de inflamar su corazón al pensar que su propio padre lo hubiera puesto tantas veces en peligro: a él, a la chica a la que amaba, y a toda la ciudad. También suponía que el portador de la destrucción confiaba lo suficiente en su capacidad para controlar su poder como para limitarse a aturdir al villano sin llegar a poner en peligro su vida.

No obstante, no pudo evitar contener la respiración cuando el momento llegó. Retuvo el aire mientras Chat noir se liberaba del sentimonstruo, lo siguió aguantando cuando avanzó con decisión hacia Shadow Moth, lo soltó de golpe cuando el segundo cataclysm revisitió su mano de energía destructiva, y se quedó boquiabierto cuando comprobó que el objetivo del chico no había sido el pecho de su padre, sino su prodigio.

El broche de la mariposa quedó inutilizado, y el poder que otorgaba a su portador se desvaneció. Sin embargo, al villano le quedaba otra joya mágica activa, por lo que el resplandor morado no reveló a Gabriel Agreste, sino a una muy cabreada versión masculina de Mayura.

Chat noir retrocedió un paso, alarmado, y miró hacia todos lados como si no supiera bien qué hacer. Pero el ahora portador del pavo real no le dio demasiado margen para reflexionar: espoleado por la rabia, se lanzó a por el chico, emitiendo un bramido amenazador.

El abanico que blandía apenas recordaba a la versión adornada con bellas plumas que solía utilizar la Mayura original: este era un tessen, una auténtica arma de combate con diez afiladas costillas de hierro plegables, capaz tanto de defender como de atacar, y potencialmente mortal en las distancias cortas.

Además, ahora que la ameba monstruosa tenía la atención íntegra de su creador, pareció fortalecerse más que nunca. Ladybug soltó un exabrupto cuando la vela producto de su segundo Lucky charm fue violentamente arrancada de sus manos por un tentáculo que restalló como un látigo; Fionna parecía paralizada por la ansiedad, los labios entreabiertos, las pupilas dilatadas, el pecho subiendo y bajando en agitada respiración mientras el pseudópodo se aferraba con fuerza a su cintura; Viperion se debatía con desesperación, pero una gruesa masa de gelatina trepó por su cuerpo hasta englobar sus brazos, impidiéndole apelar a la segunda oportunidad. Un gemido de angustia brotó de su garganta al verse atrapado, convertido una vez más en mero testigo de la escena crucial.

La pelea entre Chat y le Paon ganaba intensidad por momentos. Bastón contra tessen, adolescente contra adulto, garras contra puños cuando la lucha se ensuciaba tanto que todo valía en un cuerpo a cuerpo brutal.

La terrible incertidumbre, la sensación de haber perdido de nuevo el control, la impotencia de no poder moverse, el recuerdo de la pesadilla vivida y el miedo cerval a otro fracaso amenazaban con llevar a Viperion al borde de un ataque de pánico. Escuchaba las voces de sus compañeros, las amenazas de le Paon y el resonar metálico de las armas al entrechocar como si estuviera en medio de un mal sueño, lejanas, distorsionadas, mientras se aferraba con toda la fuerza de su voluntad a la fuente de energía que dejaba abierta la posibilidad de retornar al punto seguro en cuanto pudiera accionar su brazalete.

La culpa, omnipresente, comenzó a asomar. Lo había intentado con todas sus fuerzas: había intentado no amarla, pero no sabía siquiera respirar sin hacerlo. Había intentado que ella no lo amara; pero Marinette se había obstinado en permanecer pacientemente a su lado. Ambos habían relegado sus sentimientos a un segundo plano, pero estos habían continuado presentes por más que se hubieran esforzado en silenciarlos. ¿Acaso su sacrificio no habría sido suficiente? ¿Los volvería a castigar cruelmente el destino por ello, a pesar de haber acallado su amor?

Tuvo que cerrar los ojos con todas sus fuerzas cuando el arma de le Paon rozó la mejilla de Chat noir, haciéndolo sangrar. La gota, de un vivo carmesí, se deslizó por el rostro del chico hasta impactar en el suelo.

"No, otra vez no. Por favor... --rogó Viperion para sí--. Otra vez no."

Continuará...


Solo nos queda un último capítulo para dar por concluida esta historia, así que... Sí, me temo que nos toca sufrir hasta el mismísimo final.

Intentaré publicarlo lo antes posible.

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