Hoy es el día esperado, hemos decidido que ya es hora de volver a Hogwarts y seguir con la segunda parte del plan.

-Te echaré de menos.- Oigo a Tom decirme al oído mientras me abraza en la estación de tren.

-Todo saldrá bien.

Me separo de él y con una señal de cabeza hacia Lucius me despido hasta la próxima festividad, Navidad. Camino con Draco hasta un vagón vacío donde nos sentamos y procedemos a hablar de diferentes cosas; Se oyen murmullos de dos voces ligeramente parecidas afuera de nuestro vagón y sonrío sabiendo quienes son.

-¿Podemos...- Empieza George.

-...pasar?- Acaba Fred con una sonrisa.

-Sí.- El rostro de Draco comienza a ponerse de un color rosado pasando a escarlata por la rapidez en la que a contestado a los gemelos.

-Podéis.- Sonrío mirando a los tres.

George y Fred se sientan a cada lado de Draco poniéndole más sonrojado de lo que ya estaba en un principio.- Y, ¿Como han sido...

-...Tus vacaciones?

-Digo...

-...Vuestras.- Se corrigen tartamudeando. Los tres sabemos que lo han preguntado por el dragón, pero haré como que no me he dado cuenta.

-Bien.- Contesto rápido.

-Nosotros queríamos saber si es verdad lo que se habla por ahí.

-¿El qué?

-Qué Dumbledore dejó que abusaran de ti.

-Sí, es cierto.- Cierro los ojos recordando todos los abusos, todos los golpes, todos los insultos y las negligencias. Sin notarlo algo impacta contra mi cuerpo.

Pienso en cómo dejé que me hicieran tanto daño sin decir no hacer nada al respecto, como un estúpido ignorante; dejé que me utilizaran pensando que me lo merecía, enfrascándose en mi propia culpa. ¿Cómo dejé que me hicieran tanto daño? ¿Cómo dejé que me destruyeran? ¿Cómo dejé que me utilizaran a su antojo? Abro los ojos y seguidamente los vuelvo a cerrar haciendo acopio de mi memoria obligándome a vivir los mismos recuerdos una y otra vez sin poderlo parar, encerrado en mi propia mente viviendo mi pequeño letargo, frente a mis ojos veo pasar cómo llegamos a Hogwarts y vemos la nueva selección, no noto como Draco intenta qué coma, no noto como me llevan a mi habitación y me acuestan en mi propia cama. La noción del tiempo es nula, veo pasar los momentos pero no puedo intervenir, como si mi mente y mi cuerpo tuvieran una lucha constante y disfuncional sobre quien mantiene el control de las acciones dejando un vacío de estas mismas.

No hablo, lo único que hago es parpadear cuando mis ojos empiezan a lagrimear.

Vernon llamándome fenómeno.

Petunia encerrándome en la alacena.

Vernon dándome una cachetada.

Vernon dándome un puñetazo.

Vernon tocándome.

Vernon dándome una patada.

Duddley empujándome.

Duddley dándome un puñetazo.

Petunia dejándome sin comer.

Recuerdos una y otra vez pasan por mis ojos y no me da tiempo para asimilarlo todo.

En el exterior Draco intenta hacerme reaccionar y camina de un lado a otro, veo como agarra un pergamino y una pluma comenzando a escribir rápido para después llamar a una lechuza.

Pestañeo un par de veces y como hechizado me levanto de mi cama saliendo de la habitación sin ser detectado por Draco, me dirijo a la sala común e ignorando a todos salgo paseando por los pasillos de forma rápida, intento parar y mantenerme quieto pero es imposible, en cierta manera frustrante, me muevo en contra de mi voluntad hacia el despacho del director Dumbledore aún con todo lo vivido con mis tíos en mi mente.

Estoy ligeramente confundido pero mis piernas siguen en movimiento, subo las escaleras hasta llegar al despacho en el cual me empotran contra una de las paredes y comienzan a manosearme, sin quererlo me dejo a su merced obligado a gemir y seguir los movimientos que el viejo quiere.

Suéltame. Digo en mi mente.

-Sigue.- Es lo que me escucho decir en un asqueroso gemido.

-No iré a Azkaban sin probar tu hermoso culo.

Me entran ganas de vomitar pero rezo con que Tom venga en mi ayuda porque el hechizo en el que estoy es demasiado poderoso.- Oh Albus.- Tengo arcadas al oír mi propia voz. Escucho un ruido a mi derecha y veo a Snape junto con Minerva, gimo nuevamente pero intento decirle con los ojos que llame a aurores, esto podría ser beneficioso para mí al fin y al cabo.

Retira mi camiseta y comienza a besar mi cuello.- Eres el mejor, tan atractivo. Follame.- Pongo cara de horror y dirijo mi vista a Minerva viendo como me mira con miedo casi interrumpiendo. Niego con la cabeza y siento el miembro duro de Dumbledore a comparación del mío que está flácido.

Me podrás hechizar pero jamás me pondrás duro, maldito viejo. Pienso.

Se oyen ruidos bruscos y llegan los aurores poniendo cara de horror, Dumbledore se separa de mi y yo me quedo ido mirando hacia la nada.

-A sido él, a intentado seducirme.- Se intenta excusar.

-¿Qué le has hecho?- Es la voz de la misma mujer del hospital.

En mi letargo intento hacer que caigan lágrimas de mis ojos consiguiéndolo en el tercer intento.

Ella se acerca a mí y me abraza.- ¿¡Que le has hecho!?- Mis tímpanos están destrozados después de ese grito.

Sigo mirando hacia el horizonte sin reaccionar.- No podréis quitarle el hechizo, deja de respirar muchacho.- Mi respiración se corta sin yo quererlo y comienzo a ponerme rojo. Dumbledore suelta una carcajada ganándose un desmayus de uno de los aurores.

Consigo pestañear por mi cuenta y inhalo bruscamente llenando mis pulmones, comienzo a sollozado abrazando a la mujer.- Qué no se acerque a mi, por favor.- Mi voz suena ronca y llena de dolor.

La mujer comienza a llorar y se pone de rodillas abrazándome más fuerte.- Ese hombre se pudrirá en Azkaban.- Le estrecho contra mi cuerpo sollozando más fuerte.- Quitarlo de mi vista y que no vuelva a ver la luz del día.

Se lo llevan sin notar mi sonrisa satisfecha con un toque de maldad.

Es tu final, Dumblefuck.