EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ

"La primera impresión es la que cuenta, recuerda que nunca tendrás una segunda oportunidad de volver a causar una primera buena impresión".

PRESENTACIÓN

CAPITULO XXXVI

Anthony observaba como su esposa caminaba muy lentamente de la mano de su primogénito, el pequeño estaba ansioso por empezar a caminar y traía a todos vueltos locos caminando de un lado para otro para poder desplazarse en total libertad por todos lados.

Se encontraban en el jardín de Lakewood, mientras Candy observaba a lo lejos a su esposo que la miraba enamorado, ella correspondió a su mirada con un gesto coqueto que lo dejó con poco aire en sus pulmones.

-Eres tan hermosa Candy, te ves tan bella con nuestro hijo a tu lado. – Pensaba el rubio con amor al ver a su esposa dedicarle aquella mirada coqueta que lo volvía loco, sobre todo por las noches cuando todo estaba en silencio y era hora de compartir su amor.

-¿En qué piensas? – Preguntó la escultural rubia que de pronto estaba frente a él quien no había caído en cuenta que conforme la miraba poco a poco ella se iba acercando hacia él.

-En lo mucho que me tienes loco. – Le dijo acercándose a ella para tomarla por la cintura y robarle un dulce beso. -¿Y Alexander? – Preguntó después de haberla besado con ternura y pasión.

-Dorothy lo llevó a caminar. – Dijo Candy quien había sido relevada un rato por su amiga. – Es muy curioso y quiere explorar el mundo. – Le dijo a su esposo mientras lo abrazaba por el cuello y él afirmaba su agarre por la cintura.

-Debo decir que se parece a su madre. – Le dijo sonriente.

-Y también a su padre. – Le dijo ella con una risa traviesa, y era verdad Alexander era exactamente igual a su madre, pero los gestos eran los de su padre y aunque no era tan intranquilo como Candy, era un niño muy inteligente y observador, le gustaba explorar el mundo y observar cómo funcionaban las cosas, analizándolas con mucho cuidado con sus bellos ojos verdes.

Dorothy se dirigía a ellos tomando de la mano al pequeño, quien caminaba algo inseguro, pero sin soltar la mano de Dorothy quien lo tomaba con mucho cuidado. El pequeño abrió sus grandes ojos al ver a sus padres enfrente de él, quienes lo esperaban para que se uniera a ellos, ambos abrazados le dedicaban una sonrisa a su pequeño heredero.

Alexander pegó un grito de júbilo al ver a su padre, tenía una conexión especial con él, siempre había sido la persona que lo calmaba con solo escuchar su voz, sus inquietudes o temores.

-¡Papá! – Gritó el pequeño emocionado al ver al rubio junto a su madre, soltándose de pronto de Dorothy para comenzar a caminar apresurado a encontrarse con aquel que tanto adoraba. Candy y Anthony lo observaban emocionados avanzar, así como Dorothy que estaba detrás de él muy cerca para cuidar que no cayera en su primer intento por caminar solo. Candy sintió el impulso por correr a su lado para que no cayera y se lastimara, sin embargo Anthony la detuvo para que lo dejara avanzar por su propia cuenta. Alexander de pronto se detuvo al ver que su padre se agacho en cuclillas para observarlo y al mismo tiempo extendía sus brazos para recibirlo.

-Alexander. – Dijo Anthony. – Ven pequeño. – Le decía con cariño, con una voz firme y confiada, como siempre le hablaba para transmitir confianza en su hijo, el pequeño lo observó al darse cuenta que estaba completamente solo, dudó en avanzar, observando que su madre le dedicaba una tierna sonrisa para también animarlo.

-Ven Alexander. – Dijo Candy bajándose a la misma altura que su esposo para que el pequeño se animara a dar de nuevo esos primeros pasos. – Tú puedes amor. – Le decía con cariño, sin embargo el miedo de ver caer a su pequeño le aterraba, no quería verlo lastimarse como una y mil veces lo había hecho ella en el hogar de Ponny.

-Vamos campeón. – Le decía Anthony. – Puedes hacerlo. – Le dijo concentrándose en los ojos de su hijo, el pequeño observó la mirada de su padre y se fundió en ella, sus hermosos ojitos verdes se penetraron en el azul de su padre y comenzó a avanzar levantando sus manitas hacia arriba para tomar equilibrio, poco a poco fue avanzando más rápido hasta que llegó a los brazos de su padre quien lo atrapó con gusto y lo levantó en el aire para celebrar juntos otro más de sus logros en la vida.

-¡Muy bien mi amor! – Le decía Candy uniéndose a la celebración del inicio de los primeros pasos que daba su pequeño por cuenta propia. Dorothy los veía desde atrás feliz de ver a su amiga y al joven patrón felices con su retoño, ella se retiró de ahí dándoles la privacidad que como pareja necesitaban.

-¡Lo hiciste muy bien hijo! ¡Estoy orgulloso de ti! – le decía Anthony sin bajar a su hijo del aire, mientras el pequeño celebraba con ellos con risas y pequeños gritos de emoción al reconocer el festejo que le hacían sus padres por su logro, sintiéndose el pequeño seguro y protegido en los brazos de su padre.

-¡Mamá! – Dijo el pequeño Alexander al ver a su madre, Anthony lo acercó a ella para que lo abrazara también.

-¡Mi vida, eres maravilloso! – Le decía Candy completamente enamorada de su hijo. – Eres igual que tu padre. – Le decía enamorada al ver a su esposo, el brillo con el que él le correspondía en su mirada lo decía todo, su amor era muy fuerte. Anthony se acercó a besar a aquella mujer que tanto admiraba y la cual lo admiraba a él, sin embargo su intento se vio frustrado cuando el pequeño que estaba en brazos se puso entre ambos dando el beso en las mejillas del pequeño provocando en los tres una risa que los hacía ver adorables a los tres rubios al mismo tiempo.

-Qué bonita familia. – Dijo un cuarto rubio que se unía a ellos.

-¡Albert! – Dijo Candy emocionada al ver a su antiguo salvador.

-¡Tío! Ya era hora que llegaras. – Le dijo el rubio a quien ya se le hacía raro que el motivo de reunión en aquella mansión no hubiese llegado aún.

-Tenía algunos detalles que arreglar, pero ya estoy aquí. – Dijo Con una maravillosa sonrisa dedicada a su hija, su sobrino y su nieto. - ¿Dónde está el niño más bello? – Preguntó a su pequeño "nieto" quien al verlo soltó un grito de alegría.

-Anda, ve con tu abuelo. – Le dijo Anthony con una risita traviesa, mientras se lo entregaba y abrazaba a su esposa.

-Abu. – Dijo el pequeño, quien ya comenzaba a decir una que otra palabra.

-¿Cómo que abuelo? Soy su padrino, no su abuelo. – Decía mientras Candy comenzaba a reír con ganas por los gestos que hacía Albert al sentirse amenazado con ser un abuelo.

-Legalmente eres su abuelo. – Dijo Candy sin dejar de reír.

-Shhh que no lo sepa o me seguirá diciendo abuelo y eso sería muy extraño. – Dijo Albert riendo con ellos.

-¿Pero por qué extraño? – Preguntó Anthony con duda, sabía que su tío se traía algo entre manos, sin embargo aún no podía descifrarlo.

-Es extraño que tenga un nieto a mi edad. – Dijo excusándose. Todos rieron por sus ocurrencias. Sin embargo su rostro cambió poco a poco a uno más serio. -¿Dónde están los demás? – Preguntó.

-Stear está adentro con Patty y Andrea y Archie salió con Annie y Allison a visitar a su suegra. – Dijo Anthony como respuesta.

-Bien. – Dijo Albert. - ¿Y la tía abuela? – Preguntó preocupado.

-Está adentro, por el momento está bien. – Dijo Candy un poco afligida porque la salud de la tía abuela iba minando poco a poco con el paso del tiempo.

-Bien, iré a verla. – Dijo dirigiéndose al interior de la mansión para ver a aquella mujer, que si bien les había hecho mucho daño también lo había querido como la madre que hacía mucho tiempo había perdido.

Candy y Anthony se miraron inquietos, estaban seguros que le quedaba muy poco tiempo a la vieja Elroy, pero no sabían que tanto, cómo podían ser días, podían ser meses, después de haber pasado todo lo pasó con el destierro de su hija y el escándalo en el que se vieron envueltos a pesar de haber estado un poco más cerca de ellos no había sido suficiente para levantarle el ánimo, su hija estaba desterrada y por consiguiente no quería saber nada de ella, ya que de todas las cartas enviadas ninguna había obtenido respuesta, su yerno seguía en la cárcel e iba para rato su condena y su nieto al salir de la misma y cumplir su servicio comunitario se había casado e ido de ahí alegando que necesitaba cambiar de aires y salir adelante por él mismo, de vez en cuando le escribía, sin embargo Elisa era la única que estaba al pendiente de ella cuando iba a visitarla más seguido.

-Buenos días, tía abuela. – Le dijo Albert a la vieja Elroy quien estaba sentada como siempre en el salón junto a la ventana observando el jardín desde adentro, había estado observando a los Brower desde lejos, manteniendo aquella sonrisa que parecería fría para los demás, pero para el que la conociera sabía que era la única muestra de felicidad que ella les mostraría.

-Alexander ya comenzó a caminar. – Fue la respuesta que le dio al rubio. Albert le sonrió emocionado.

-¿De verdad? No me tocó verlo. – Le dijo con una sonrisa, al ver que estaba al pendiente de su "nieto".

-Se parece a Candy, pero tiene la valentía y el arrojo de su padre. – Decía orgullosa sin despegar la vista de ellos.

-¿Cómo te sientes? – Pregunto Albert.

-Orgullosa. – Le dijo solo por respuesta, volteando a ver sus ojos al saber que su sobrino estaría confundido. – Me siento plena. – Le dijo con una sonrisa de lado. – A pesar de todo siento que he tenido una vida justa y a pesar de mis errores y de que cambiaría algunas cosas, debo reconocer que no cambiaría a ninguno de los Andrew.

-¿Incluyendo a Candy? – Preguntó para saber su opinión de la rubia.

-Incluyendo a Candy. – Dijo con una sonrisa sincera. – Sin ella no tendría a ese maravilloso niño que me llena de alegría cuando me dice "abu" – Dijo sin borrar esa mueca que era su sonrisa.

-En eso tienes razón. – Dijo viendo la perspectiva de la anciana, que si bien no era la mejor ya era algo de avance.

-Solo me falta algo para irme en paz. – Dijo viendo a los ojos a su sobrino, el cual pareció entender a lo que se refería.

-Creo que es algo en lo que no puedo ayudarte. – Le dijo serio, sin embargo se sentía mal por no poder complacerla.

-No es eso William. –Dijo la anciana comprendiendo lo que él creía que deseaba. – Está claro que mi hija me odia, y ya no tengo fuerzas para hacer algo al respecto, solo me quedan ustedes y mis bisnietos.

-¿Has sabido algo de Neal? – Preguntó curioso. Elroy asintió.

-Está trabajando. – Dijo simplemente sin revelar el paradero del moreno. – Se casó y formó una familia, sin embargo no quiere mi dinero. – Dijo con pesar. – Dice que quiere salir adelante solo, al parecer la chica con la que se casó lo ha hecho cambiar.

-¡Vaya! Eso sí que es algo bueno. – Dijo Albert sin creer lo dicho por su tía abuela. – Vamos a ver cuánto le dura. – Dijo ante la mirada retadora de Elroy.

-¿Y tú? – Preguntó con su mirada puesta en él. - ¿Cuándo vas a sentar cabeza? Hasta Neal está casado y el único que me falta eres tú. - Dijo revelando lo que le hacía falta. – Necesito irme tranquila, a sabiendas que tú estarás bien al lado una buena mujer. – Dijo volviendo su mirada hacia la ventana, mientras veía como Alexander seguía practicando sus pasos y como Candy y Anthony lo seguían de un lado a otro para que no se lastimara, sonriendo para sus adentros.

-Todavía te falta mucho para eso tía abuela. – Le dijo tratando de darle ánimos, sin embargo él sabía que no era así, lo revelaban sus ojos que cada vez reflejaban menos brillo, lo revelaban sus manos que cada vez temblaban más, lo revelaban sus piernas que ya no la sostenían como antes.

-Sabes bien que no es así William, sin embargo si tengo fuerzas para lo de mañana. – Dijo tranquila. Albert asintió.

-Yo sé que sí tía abuela. - Le dijo tomando su mano y besándola con cariño. – También yo estoy listo para mañana. – Le dijo seguro de sus palabras, ya que pronto sería anunciado como la cabeza de los Andrew y sería oficialmente anunciado como William Albert Andrew el patriarca oficial de la familia y el que tomaría el cargo completo de ahora en adelante.

Albert se retiró dejando a la tía abuela con sus memorias, observando la dama como se reunía su familia en el jardín, que ganas de salir con ellos y acompañarlos en aquella tarde tan soleada, que ganas de ver reír a sus nietos y bisnietos mientras la agobiaban con sus risas y sus anécdotas nuevas.

-Albert. – Dijo Archie una vez que había llegado de la visita con su suegra. - ¿Hace mucho que llegaste? – Preguntó al saludar.

-Hace rato, ¿Cómo están? – Preguntó a los recién llegados.

-Bien, solo salimos a visitar a los padres de Annie. – Albert saludaba a Annie y le hacía caras graciosas a la pequeña Allison, que era la primogénita de Annie y Archie, la pequeña era una copia de su madre con los ojos tan azules como los de ella, adornándolos con una enormes pestañas, el carácter era tan divertido como el de su padre, siempre estaba feliz y no era en absoluto tímida, era una niña que fácilmente compraba a las personas que la rodeaban, comenzó a reír con los gestos de su tío abuelo y le extendía los brazos.

-¿Están listos para mañana? - Preguntó Albert a los Cornwell-Britter.

-Sí ya están listos al igual que nosotros. – Contestó Archie.

-¿Anthony, cuando llega Tom? – Preguntó Albert.

-Tom llega más tarde, estaba un poco ansioso por el estado de Elisa, pero me dijo que llegarían más tarde. – Dijo Anthony quien estaba un poco asoleado de corretear a Alexander, quien al ver a Allison se había alborotado más que de costumbre.

-Bien. – Dijo el futuro patriarca.

Stear se acercaba a su familia que parecía se habían reunido en ese lugar.

-¡Hola familia! – Saludó con su hermosa sonrisa, tan feliz como siempre, acompañado esta vez de su hermosa Patricia y su pequeña Andrea Cornwell-O'Brian, era la más pequeña de todos, Alexander era el primero tenía un año dos meses, después seguía el niño de Tom y Elisa, Steve le habían puesto el nombre de su abuelo paterno el cual tenía un año un mes, después seguía la hija de Archie quien tenía cerca de nueve meses y por último Andrea de siete meses, ella era una niña con los cabellos castaños como su madre, pero tan blanca como su padre, era Stear con el cabello de su madre. -¿Cómo están? – Decía mientras tenía a su pequeña en brazos.

-¡Vaya! Hasta que salen. – Les dijo Archie con una sonrisa.

-Andrea estaba dormida. – Dijo Patty en respuesta. Desde que había nacido la pequeña que Stear y Patty casi no salían ambos estaban muy atareados aprendiendo a ser padres, sin embargo ya deseaban volver a retomar la convivencia con la familia.

-¿Cómo sigue la tía abuela? – Preguntó Archie.

-Igual. – Contestó Albert. – Ella dice que está bien, pero yo la veo cada vez más desmejorada.

-Yo también. – Dijo Anthony enfocando sus azules hacia la ventana del salón, aquella en la que últimamente se la pasaba observando el jardín, divisando la silueta de la tía abuela quien los veía desde ese lugar. Todos la saludaron con alegría y ella correspondió al saludo de la misma manera, un suspiro se escapó de la mujer, uno en el que lanzaba todas sus esperanzas de seguir viviendo.

La noche de la presentación llegaba, todos estaban listos para recibir a los invitados, Candy, Annie, Elisa y Patty habían dejado a sus herederos al cuidado de las nanas que tenían y Dorothy las supervisaría para que todos estuvieran tranquilos esa noche.

Candy terminaba de arreglarse en su habitación mientras Anthony la esperaba sentado en la cama observándola detenidamente, el vestido rojo que llevaba resaltaba la blancura de su piel, quedando él maravillado con su figura.

-¿Qué sucede amor? – Le preguntó traviesa, sabía bien que estaba admirando detenidamente su figura, sin embargo se divertía viendo cómo se perdía su mirada en ella.

-Nada, solo observo a la mujer más hermosa del mundo. – Le dijo con una sonrisa cautivadora. Candy lo miró por el reflejo del espejo.

-Entonces yo estoy viendo al hombre más guapo del mundo. – Le contesto con el mismo fuego en su mirada.

-¿Crees que tendremos un poco de tiempo? – Le preguntó acercándose por su espalda para comenzar a besar su cuello, erizando su piel al contacto, cerrando los ojos mientras disfrutaba el recorrido de sus labios por la suavidad de su piel.

-No sé. – Contestó Candy, dejándose envolver por sus brazos mientras se recargaba en su torso para sentir más su contacto. Anthony la giró para posicionarla frente a él y poder atrapar sus labios con desespero, le había fascinado verla vestida de esa manera, sus hombros descubiertos, su cabello recogido y la caída natural del vestido que revelaba su bien formado cuerpo que lo invitaban a quedarse en aquella habitación más tiempo, comenzó a recorrer su cuerpo con sus manos provocando que el calor subiera en el cuerpo de la rubia, dejando escapar un suspiro de su labios el cual fue atrapado nuevamente por su príncipe.

-Candy, Anthony ¿Ya están listos? – Preguntó desde afuera Stear.

-¿Por qué será que no me sorprende? – Dijo Anthony con su respiración aún agitada y su rostro completamente ruborizado por el calor que experimentaba. - Ya vamos Stear. – Dijo solamente Anthony viendo a su esposa con picardía. – En cuanto podamos escaparnos lo haremos. – Le dijo guiñándole un ojo como promesa de que así sería. Candy le sonrió estando de acuerdo con él.

El salón estaba lleno de gente, desde autoridades importantes, hasta la familia más lejana de los Andrew, muchos habían venido de Escocia e Inglaterra y otros más eran de la misma América, llenando aquel gran salón con una infinidad de personas. La señora Elroy estaba de pie ante todos fuerte y gallarda como siempre mostrando su temple, sus canas no reflejaban lo cansada y acabada que verdaderamente estaba, todos sabían que ya era muy grande y delicada de salud, sin embargo aquella noche la antigua Elroy salió a flote, demostrando ante todos el por qué había sido tantos años la matriarca del Clan.

-Bienvenidos familiares y amigos de los Andrew. – Decía desde lo alto de la escalera, a su lado se encontraban de un lado Anthony y Candy, Stear y Patty y del otro lado se encontraban Elisa y Tom y Archie y Annie. Los invitados ponían atención al grupo de jóvenes que acompañaban a la matriarca quien anunciaría su retiro como tal. - Me honra estar una vez más con ustedes, solo que esta vez es para anunciarles mi retiro como matriarca del Clan Andrew. – La gente comenzó a hablar entre murmullos, sabían que iban a presentar al nuevo patriarca, sin embargo no podían dejar de comenzar a hablar. – A partir de este momento, mi sobrino William Albert Andrew tomará el poder absoluto del Clan, ha demostrado los últimos años que es capaz de tan alto cargo y a partir de hoy todo será regido bajo su mando. – La tía abuela se hacía un lado junto a sus nietos, para dar paso al nuevo patriarca, la gente comenzó a aplaudir y las chicas más jóvenes y una que otra viuda se admiraba de la juventud y galanura del famoso William Andrew.

-¡Es muy guapo!

-¡Es muy joven!

-¿Estará soltero? – Se preguntaban unas y otras. Albert agradeció a la tía abuela la presentación y se dedicó a hablar sobre el cargo que portaría de ahora en adelante, los presentes lo escuchaban tranquilos, sin embargo el barullo que se armaba entre las féminas era muy perceptible.

Albert se abría paso entre los invitados no pudiendo identificar a todos ya que no lo dejaban avanzar mucho, sin embargo una chica de cabellos rubios y ojos tan azules como los zafiros se acercó a él por su espalda.

-Vaya, veo que tiene muchas admiradoras señor William. – Le dijo con un tono coqueto.

-Le dije que así era señorita Watson. – Le dijo al mismo tiempo que besaba su mano y se inclinaba ante ella en una reverencia. – ¿Ya ve que no son palabrerías mías nada más? – Preguntó con el mismo tono que ella había usado. Ella lo miraba embelesada admirando su rostro impecable y radiante. -¿Se encuentra celosa? – Preguntó con una sonrisa victoriosa.

-Si le veo coqueteando con alguna podrá enterarse. – Le dijo acercándose a él para besar su mejilla, Albert la tomó por la cintura y la acercó a su cuerpo.

-Te estaba buscando. – Le dijo más relajado.

-También yo. – Dijo ella más tranquila. – No me habías dicho que tienes sobrinos tan guapos. – Le dijo observando de lejos a la familia de su novio. Albert fue ahora el que torcía el gesto.

-Te recuerdo que todos están casados y que tanto sus esposas como yo somos muy celosos de lo que es nuestro. – Le dijo en el oído muy tranquilamente, mientras ella sonreía complacida por la reacción del rubio.

-Tranquilo, que no soy asaltacunas. – Le dijo con una sonrisa traviesa.

-¿Quién es la chica que esta con Albert? – Preguntó Candy curiosa cuando veía que la tenía muy bien abrazada.

-No lo sé amor, tal vez es la misteriosa chica que lo ha hecho sonreír como bobo estos últimos meses. – Dijo Anthony riendo los demás por el comentario.

-Es verdad. – Dijo Archie. - Tiene la misma sonrisa de bobo enamorado que Anthony cuando ve a Candy. –Dijo riendo junto a Stear y Tom. Anthony los dejaba ser, él sabía que era cierto.

-La misma mirada que ponen ustedes al ver a su esposa. – Les dijo Candy quien era la que no le parecía que se rieran a costas de su príncipe.

-Vamos a importunarlo. – Dijo Stear quien era el más travieso de todos. - Buenas noches tío Albert. – Dijo Stear al llegar junto a su mayor. - ¿No nos presentas a nuestra tía? – Dijo ante el asombro de todos y pequeño codazo que recibía de Patty. Albert sonrió un poco nervioso, era la primera vez que llevaba a una chica ante su familia y la verdad no sabía cómo reaccionar.

-Claro que si sobrino. – Le dijo mirándolo con un poco de incomodidad por el comentario. – Ellos son mis sobrinos, Anthony y su esposa Candy.

-Tu hija. – Dijo Stear de nuevo, mientras Patty seguía con los codazos a su esposo, sin embargo él se estaba divirtiendo con los comentarios que hacía.

-Cierto, mi hija. – Dijo ya sin más, mientras Candy y Anthony se aguantaban la risa por lo nervioso que comenzaba a ponerse Albert. La chica los observaba divertida también al ver que eran unos chicos muy unidos a su tío.

-Él es Stear y su esposa Patty, Archie y Annie y ellos son Elisa y Tom. – Dijo Albert por fin terminando de presentar a cada uno de ellos.

-Mucho gusto. – Dijeron todos esperando escuchar el nombre de la suertuda que había logrado conquistar el corazón del patriarca.

-Chicos ella es Isabella. – Dijo Albert viendo como todos lo miraban con cara de travesura esperando que especificara si era su novia o solo otra "amiga" como siempre las presentaba. – Mi novia. – Dijo por fin el patriarca respirando un poco más tranquilo después de decirlo.

-Mucho gusto. – Dijo la chica con una sonrisa dedicada a los jóvenes viendo como su rubio estaba algo nervioso. - ¡Vaya! Veo que eso te ha costado decirlo. – Le dijo a Albert y fue cuando todos dejaron de aguantar la risa que los estaba ahogando, riendo con ganas por el comentario de la chica quien se mostraba de lo más divertida con ellos también.

-Veo que se han puesto de acuerdo. – Decía Albert ya un poco más relajado, uniéndose a las risas de su familia y de su novia. Después de presentársela a ellos se dirigió para presentársela a la tía abuela la cual la estudió de pies a cabeza como buscando dar su autorización a la chica, ella ni se inmutó por el escrutinio de la anciana, al contario demostraba lo segura que era y sobre todo el carácter que tenía para representar a la familia, eso agradó a la tía abuela.

La noche pasó muy entretenida, entre baile, risa y convivencia, la familia estaba encantada por la aparición de la nueva generación de los Andrew y Elory los miraba a lo lejos a cada uno de ellos estudiando su comportamiento y reacciones ante las situaciones.

-¿Dónde está Candy y Anthony? – Preguntó Stear a su hermano y Tom.

-No lo sé, hace rato que no los veo. – Dijo Archie. -¿Por qué? – Stear le señalo hacia la entrada y el gatito se le subieron los colores al rostro, poniéndose morado al ver como Albert se dirigía a la entrada junto a Isabella para recibir a aquel idiota que tanto le disgustaba que iba entrando a la mansión.

-¿Qué hace ese imbécil aquí? – Preguntó indignado. – Stear trató de calmarlo, lo mismo que Tom.

-Tranquilo Archie, sabes que es amigo de Albert. – Dijo Stear.

-¡Lo sé! Pero Albert debe saber que no es correcto que él venga estando Candy y Anthony. – Decía con ganas de sacarlo de su larga melena.

-¿Por qué? Candy y Anthony están muy bien. – Dijo de nuevo Stear.

-Yo opino igual que Archie. – Dijo Tom. – No se me hace prudente que esté aquí. - Tom tampoco soportaba al actor.

-¿Lo ves, Stear? – No soy el único que piensa de esa manera.

- De todas formas… - Dijo Stear, sin embargo no alcanzo a hablar que dos más se integraron a la plática, venían muy melosos entre ellos abrazados como si no hubiera un mañana.

-¿Qué sucede? – Preguntó Anthony a sus primos.

-¿Dónde estaban? – Recibió por respuesta el rubio.

-Saludando a los invitados. - Dijo Candy al mismo tiempo que Anthony contestaba.

-Por ahí, platicando. – Dijo Anthony con tranquilidad, mientras Candy no podía evitar poner su rostro de todos colores.

-Ajá. - Dijo Tom con burla.

Mientras los Andrew se dedicaban a observar a los rubios y se debatían entre si debían hablar o no, Terry observaba a la rubia desde lejos, mientras Albert se daba cuenta de a donde se dirigía su mirada.

-Terry, te recuerdo que ella es una señora casada. - Dijo advirtiendo a su amigo.

-Lo sé Albert, no te preocupes. –Dijo sin inmutarse mucho dirigiéndose hacia donde estaban los muchachos.

-Terry te advierto que no te dejaré pasar un escándalo. – Le dijo Albert firme. Terry solamente sonrió de lado.

-Sigo sin entender para qué lo invitaste. – Le dijo Isabella quien sabía la historia de aquel actor por los labios de Albert.

-Nunca creí que viniera, estaba de gira según yo. – Dijo Albert lamentándose demasiado tarde por su metedura de pata. -Vamos tal vez sea mejor que estemos cerca para impedir que haga una tontería. – Le dijo a su novia llevándola detrás del rebelde y su compañía.

Terry no quitaba la vista de Candy observando lo feliz que se veía junto a aquel rubio que se imaginaba era su esposo, ya que no dejaba de abrazarla y hablarle cosas al oído, haciendo que ella se sonrojara una y otra vez.

-¿A qué viene ese imbécil? – Dijo Archie poniéndose pronto a la defensiva, Candy y Anthony así como los demás advirtieron el rostro desencajado de Archie volteando hacia donde tenía puesta su amielada mirada.

-Buenas noches. – Dijo Terry con su sonrisa de medio lado, del brazo de aquella chica que lo acompañaba esa noche.

-Buenas noches. – Anthony fue el primero en saludar a aquel rebelde, al cual identificó rápidamente, sin embargo no mostró ninguna reacción desfavorable a su presencia.

-Buenas noches Terry. – Saludó Candy con amabilidad.

-¿Qué haces aquí? – Preguntó Archie como queriéndose echar encima de él.

-Soy un invitado más, elegante. – Dijo con su particular modo de hablar, viendo sobre el hombro a Archie quien no estaba a gusto con la llegada de aquel actor. Anthony observó que la actitud del recién llegado no era para nada como la de aquel que conoció hacía algún tiempo en la colina de Ponny. – No he venido por ti. – Dijo de nueva cuenta. – Un gusto volver a verte Candy. – Le dijo directamente a la rubia ignorando la presencia de los demás incluso de su propia acompañante, la cual rápidamente aclaró su garganta para ser presentada a los demás. – Cierto, ella es…

-¡Karen! – Dijo Candy al ver quien era realmente la compañera del rebelde sin causa.

-¡Candy! – Dijo la morena emocionada de volver a ver a la rubia. – Que gusto volver a verte.

-¿Se conocen? – Dijo Terry asombrado, no se esperaba que ellas se conocieran y menos que se tuvieran tan alta estima.

-Candy y yo nos conocemos de hace algún tiempo, solo que no habíamos tenido la oportunidad de vernos. – Dijo con una sonrisa dirigida especialmente al rubio, cosa que Candy luego notó.

-Karen, Terry, él es mi esposo Anthony Brower. – Dijo Candy sintiéndose orgullosa por presentar por todo lo alto a su esposo. Los demás que estaban presentes observaban el ambiente que se generaba, mientras Albert estaba atento desde lejos ya que los invitados no lo dejaban avanzar mucho a lo que sucedía, apelaba al buen juicio de Anthony y Stear quienes eran los únicos que podían salvar o no la situación. Terry miraba directamente a los ojos a Anthony quien no le evitaba la mirada al reconocer que era tratado de ser intimidado, recordando muchas veces el nombre de aquel individuo que Candy siempre le mencionaba, cosa que no le funcionó al rebelde, Anthony era una mezcla de Stear y Archie, era amble y conciliador, pero también valiente y arrojado.

-¿Te conozco? – Dijo simplemente Terry. Candy se tensó un poco al creer que Terry haría de las suyas. – Claro eres el primo muerto. – Dijo con descaro, mientras Anthony seguía estudiándolo. - ¿Así que reviviste? – Dijo, pero sentía que lo había visto en otro lado, había recordado su nombre porque tantas veces lo nombró la pecosa, pero sentía que su cara la había visto en algún lugar.

-Larga historia. – Dijo Anthony simplemente con una maravillosa sonrisa de lado.

-Mucho gusto. – Dijo Karen para aliviar un poco la tensión que se generaba en ese espacio, le dirigía una mirada especial al rubio. – Nunca pensé que tu esposo fuera tan atractivo Candy. – Le dijo sin quitar la vista de él. Candy hasta ese momento se tensó enderezando su cuerpo en el acto, sintiendo Candy su reacción y la abrazó más hacia él, ella correspondió a ese abrazo aferrándose a la cintura del rubio y con la otra mano se aferraba a la mano de él, demostrándole al rubio que estaba molesta por el comentario.

-Veo que están saliendo juntos. – Dijo Elisa para cambiar la conversación ya que estaba segura que Candy estaba molesta.

-Soy la cita en turno. – Dijo Karen simplemente, volteándola a ver. Todos se sorprendieron por el comentario, sin embargo a la chica parecía no afectarle en lo más mínimo.

-Elisa. – Le dijo Terry volteándola a ver también. – Nunca pensé que te vería del lado de los buenos. – Dijo recalcando lo último, queriendo agregar algo más, sin embargo Tom no se lo permitió.

-Ni lo intentes siquiera actorcito. – Le dijo con una sonrisa de lado viéndolo a los ojos directamente, Terry rió sarcástico, sin embargo no agregó nada más.

-Buenas noches, señora Candy. – Dijo Dorothy. – Alexander está un poco inquieto, creo que sería bueno que vaya a verlo. – Dijo con timidez por haber interrumpido.

-Gracias Dorothy. – Dijo agradeciendo y volteando a ver a Anthony para retirarse a ver a su hijo.

-Te acompaño princesa. – Le dijo sin soltarla. – Con su permiso. – Dijo haciendo una reverencia como señal de respeto a la joven y simplemente con una mirada se despidió de Terry quien lo miraba con una mirada penetrante.

-¿Alexander? – Preguntó Terry a Stear quien era el único que podría responderle ya que se había dado cuenta que ni el esposo de Elisa lo toleraba.

-¡Su hijo, idiota! – Le respondió Archie con una sonrisa triunfante. - ¿Qué creías que solo eran marido y mujer de nombre? – Le dijo con una mueca. Terry se molestó por el comentario y Stear se puso en medio de ellos como siempre, las chicas se estaban poniendo cada vez más nerviosas. Terry no podía creer lo que escuchaba, creía que tenía poco de casada, sin embargo ya tenían un hijo, nunca había visto el anuncio de la boda en los medios, así que creyó que tenía poco de haberse realizado.


-¿Estás bien hermosa? – Preguntó Anthony a Candy cuando regresaban de ver a su hijo, el cual solo quería que su padre lo tranquilizara un poco para dormir a gusto.

-Sí amor, no te preocupes. – Le dijo con una sonrisa y besando sus labios. – Es solo que no me gustó el comentario de Karen. – Dijo siendo honesta. Anthony le cerró el paso en ese momento y se puso frente a ella.

-Sabes que no tienes que temer mi vida, tú eres la única mujer para mí. – Le dijo meloso, jugando con su cabello mientras le hablaba muy cerca de sus labios. – Te lo he demostrado siempre.

-Lo sé. – Dijo correspondiendo a sus mimos. – Te amo Anthony, no quiero que pienses mal por la presencia de Terry. – Dijo un poco apenada.

-¿Pensar mal? No tengo por qué, es un hombre que le gusta el protagonismo nada más, sé quién eres tú y sé quién es él mi vida. – Le dijo sereno.

-Gracias por confiar en mí. – Le dijo de nuevo abrazándose a su cuello. Terminaron de bajar y se dirigieron de la mano en busca de sus primos, a quienes no veían por ningún lado. Albert también los estaba buscando.

-¿Dónde están? – Preguntó Candy a Albert.

-No lo sé, hace unos segundos estaban aquí. – Dijo Albert preocupado, sabía de lo que era capaz Terry, y sabía que tanto Tom como Archie no lo toleraban, eso hacía que no dejara de lamentarse por haberlo invitado.

Los tres se dirigieron hacia el jardín ya que los habían buscado por varios lugares, hasta que se dieron cuenta por los gritos que escucharon de pronto por las damas. Terry y Archie se enfrentaban a espada limpia en el jardín trasero de la mansión. Pero en eso un rápido movimiento de Terry le arrancó la espada a Archie y al mismo tiempo lo hirió en un brazo, sin ser todavía consciente Terry de lo que había hecho amenazó nuevamente a Archie con la punta de la espada, mientras Candy corría a auxiliarlo y Anthony reaccionaba tomando la espada que había sido arrancada a su primo y rápidamente se la puso en su garganta, demostrando su habilidad por aquella arte aprendida en sus años de adolescencia, prohibiéndole dar un paso más.

-¡Creo que ya fue suficiente! – Le dijo con firmeza. Terry lo vio amenazante, sin ápice de miedo, enfrentando la mirada con la que era observado, mientras Karen estaba junto a los demás, muerta de miedo.

-¡Te aprovechas porque estoy en mis cinco sentidos! – Le dijo como reclamo por según él haberlo tomado con la guardia baja.

-¡Yo no me aprovecho de nada, eras tú quien te aprovechabas de un hombre herido! – Le dijo enfrenando su tono de voz.

-Yo no tengo la culpa de ser tan bueno. – Dijo como retando a Anthony ahora a un duelo, Terry estaba tomado y como siempre no media las consecuencias de lo que decía.

-Creo que acabo de demostrar que no lo eres tanto. – Decía Anthony con una mueca de lado, él había sido el mejor esgrimista de los tres, sin embargo con los torpes movimientos de su adversario cualquiera podía ganarle incluso él que tenía años sin practicarla. – Será mejor que te retires. - Le dijo como una invitación para que se fuera.

-¡Tú no eres nadie para correrme! – Dijo indignado. Anthony iba a replicar cuando en eso Albert decidió intervenir, estando de acuerdo con su sobrino.

-Terry ¿Qué te sucede? – Dijo Albert molesto con su amigo. – Te invité porque creí que eras mi amigo, sin embargo estás demostrando que sigues siendo el mismo chico inmaduro que conocí en Londres. – Eso comentario, hizo que Terry se recompusiera, era verdad, estaba actuando como aquel chico que se escapaba del colegio para buscar problemas. – Déjalo Anthony. –Dijo ordenando a su sobrino. Anthony obedeció a su tío, sin embargo no bajaba la guardia.

-¿Cómo te encuentras Archie? – Preguntó Anthony a su primo. Annie seguía sollozando, Elisa estaba muy nerviosa, en su estado no era bueno alterarse y tanto Tom como Stear estaban al pendiente de las damas.

-Estoy bien Anthony. – Dijo simplemente. – Gracias.

-Ya está controlado amor, no te preocupes. – Dijo Candy quien se encargó de curar la herida con los pañuelos de ellas mismas. Candy miró a Terry con reproche. - ¿Nunca van a madurar? – El regaño fue para los dos, ya que siempre que se veían terminaban en pleito. – Hay damas presentes, están en un evento muy importante. ¡Archie nuestros hijos están arriba! – Dijo Candy obligando a los dos peleoneros a bajar la mirada apenados. – Terry, mi esposo tiene razón lo mejor será que te retires. – Dijo molesta, se acercó a Anthony y se protegió por debajo de su brazo, él la rodeo con delicadeza, era curioso ver su semblante cambiar de un momento a otro, era uno con ella y era un hombre completamente diferente al defender a su familia.

Terry lo miró de nuevo a los ojos, ya no observó a Candy, sabía que ella era feliz, ya se lo había dicho aquella vez en el teatro, no entendía por qué había asistido a aquella invitación si había comprendido que era solo por mera cortesía que le había llegado, dio la media vuelta, Karen se apresuró a alcanzarlo, pero de pronto se regresó sobre sus pasos y se plantó frente a Anthony quien le hizo frente al ver que se acercaba a él. Anthony esperaba que lo enfrentara, sin embargo él no armaría un escándalo frente a su esposa, pero si tenía que defenderla no dudaría en hacerlo, valía más pedirle perdón a su tío.

-Ya sé de donde te conozco. – Le dijo Terry a Anthony. – Tú eres Tonny… - Dijo simplemente, Anthony le sonrió afirmando con ese gesto que realmente era aquel vaquero que lo había conducido al hogar de Ponny. Terry rió con sarcasmo, y así sin más se retiró del lugar, siendo seguido por Albert quien estaba sumamente decepcionado de él.

Archie tuvo que retirarse a su habitación, seguido de Annie, Stear le ayudaba, mientras los demás volvían al salón, nadie se había dado cuenta, ni la tía abuela de tal alboroto, Isabella había ayudado a entretener a la anciana para que no tuviera problemas el nuevo patriarca de no haber podido controlar a uno de los invitados más importantes de la fiesta.

-¿Te encuentras bien amor? – Preguntó Candy ahora a Anthony, quien lo miraba agradecida por haber sabido mantener el control y controlar la situación.

-Yo estoy bien mi vida, no te preocupes. – Le dijo besando su cabeza. Candy lo seguía sintiéndose segura y protegida a su lado, su esposo era un hombre maravilloso y en cada una de sus acciones le demostraba lo seguro que estaba de tenerla a su lado, sonrió con dulzura, ambos habían madurado en esos años juntos, en tan poco tiempo se habían convertido en una pareja sólida ante los ojos de los demás y le daba pena ver que el actor no tenía ni el más mínimo indicio de cambiar un poco. Albert los vio a lo lejos indicando con una mirada que ya todo estaba controlado, Anthony asintió y Candy respiró más tranquila, viendo a los ojos a su esposo y colgándose por su cuello lo invitó a bailar aquella vieja melodía que comenzaba a sonar en aquel salón el cual comenzaron a recorrer libremente, perdiéndose uno a otro con aquella complicidad que habían desarrollado desde que eran unos niños.

Continuará…

Buenos días señoras y señoritas hermosas, aquí reportándome una vez y trayendo ya el penúltimo capítulo de esta historia que agradezco una vez más haya sido tan bien recibida, gracias por tomarse el tiempo de leer y de estar pendiente a las actualizaciones, y una vez más disculpas a la Guest que me quiere esclava de la compu jajajajaja sorry hermosa no se puede, pero te agradezco que estés al pendiente de igual forma. Les mando un abrazo a cada una de ustedes y mis más sinceras bendiciones.

Saludos!