Capítulo 47
Había soltado ese discurso inspirador delante de todos para que Sabo levantara su maldito trasero del suelo y comenzara a pelear enserio.
"Pero lo cierto es que yo estoy jodida" pensó para sus adentro, maldiciendo la vida entera.
Su hemorragia estaba abierta de nuevo, y era increíblemente dolorosa. Ya no podía volver a que Law la curase, porque tenía a Im justo delante de sus narices, y estaba muy enfadado. No había escapatoria de aquella desafortunada situación.
Sabía de sobra que no tendría más que un par de minutos antes de morir desangrada.
"Ahhh, maldición" pensó suspirando "Creo que hablé de más".
Apretó su espada con todas sus fuerzas. Si iba a morir, al menos lo haría luchando.
Im comenzó a mutar en aquella horrible criatura. Su estómago se abría y dejaba ver una enorme boca llena de dientes. Era como una pesadilla ¿Qué demonios era aquello? Y encima podía cambiar de tamaño.
Im se lanzó hacia ella y comenzaron a luchar.
Mina no era zurda, así que estaba siendo un problema importante.
"¿Por qué diablos no te comiste el izquierdo?"
Ella era fuerte físicamente, y rápida. Pero reconocía que su defensa era mala, menos mal que su agilidad podía hacerla esquivar varios golpes.
Im la azotó contra el suelo, y la chica pensó que se le escapaba el alma. Aquello era muy doloroso, la había lanzado con demasiada fuerza contra el suelo.
Se levantó una vez más.
"No puedo morir aún, debo herirlo de alguna manera, o no podrán con él"
Además, empezaba a marearse por la pérdida de sangre. Sus ojos ya no enfocaban bien y sentía un cosquilleo por todo el cuerpo, tenía los minutos contados.
Pero Im se defendía bien de sus ataques, conseguía ver a través de sus acciones y conseguía bloquearlos.
"No eres tan rápido como Kaito"
Su compañero podía ver el futuro, lo cual era un indicio de un haki de visión de maestro. Pero lo que lo diferenciaba del resto, es que podía ver diferentes versiones de ese futuro. Por eso se podía volver loco sin la venda.
El peligris le enseñó a luchar contra gente como él. Ella no tenía un haki de visión tan avanzado, así que lo único que podía hacer era ser más rápida.
"No importa si alguien puede ver el futuro, si reacciona lento a él no sirve de nada" esas fueron sus palabras.
Aumentó la velocidad de sus ataques hasta que prácticamente su cuerpo se movía solo. Ya no sentía nada.
Finalmente lo vio. Una apertura.
-Voy a ser lo último que veas ¿No te hace feliz pensarlo?
Le clavó el filo de su katana hasta el fondo del ojo derecho, provocando que éste chillase de agonía.
Mantuvo la espada dentro, esperando que el dolor lo aturdiese.
-¡AHORA!
Sabo supo que debía moverse rápido.
-¡Esto es por Kota, y por todas las personas a las que condenaste a la miseria!
Vio cómo Im lanzaba por los aires a su compañera. Quería ir a por ella, necesitaba salvarla.
Escuchó un disparo.
Kaito, que a penas podía mantenerse en pie, había atravesado el cráneo de Im, pero éste no murió.
-¡HAZLO YA!
Es cierto, no podía distraerse. Era ahora o nunca.
Empleó toda la fuerza que tenía para crear la llamarada más grande que la Mera Mera No Mi le permitió. La potencia fue tal que su propio cuerpo comenzó a arder.
Sentía que se iba a convertir en cenizas a sí mismo.
"¿Me estaré quemando vivo?"
¿Se podía quemar a sí mismo incluso siendo él un hombre de fuego?
Pero ya no le importaba, sabía que ese era su deber.
-¡Terminaré lo que se empezó hace 800 años!
"Me muero"
"Me estoy muriendo de verdad"
Había sido lanzada contra un muro de piedra con tanta fuerza que sabía que se había partido la cabeza como mínimo.
Sentía que tenía todas las costillas rotas, porque podía ver cómo su pecho estaba hundido y le costaba respirar.
"No puedo morir" pensó con furia "Necesito verlo muerto. Necesito saber que está muerto"
No, no iba a morir sin saber el desenlace de aquella pelea. Necesitaba saber que esa escoria estaba muerta, que la iba a acompañar al infierno.
Ya no sentía nada, ni frío ni calor. Tampoco dolor. No sentía ni siquiera su propio cuerpo.
Ordenó a su cerebro levantar su brazo izquierdo,a pesar de tampoco sentirlo. Miró fijamente a aquel monstruo que luchaba contra Sabo y Luffy, el cual se acababa de añadir a la batalla junto a su hermano.
-Te mataré - consiguió decir a duras penas mientras la sangre brotaba de su boca.
Las explosiones por fuego se escuchaban y se veían desde todas partes.
-Te mataré...te mataré...te mataré...
Pero finalmente, parte de la metralla de las explosiones salió disparada hacia ella.
Una larga tubería la atravesó como una lanza, dejándola finalmente sin respiración.
"Ahhh... es la misma sensación..."
Su cerebro finalmente se estaba apagando. ¿Realmente iba a morir de una forma tan patética? ¿Por un trozo de metralla?
Era igual que aquel día en el Reverie cuando la mina explotó con ella y los niños esclavos dentro.
Ese día tuvo la misma sensación. Sabes que te vas a morir cuando algo comienza a apagarse de golpe.
Lo último que sus ojos pudieron ver fue a Sabo caer sobre sus propias rodillas, totalmente envuelto en sus propias llamas. Y a un enorme cuerpo convertirse en cenizas.
Lo habían conseguido.
Lo habían matado.
Fue feliz de conocer a alguien como él. Si era para ayudarlo, tal vez no había sido una forma tan mala de morir.
"Sabo..."
De pronto, todo se oscureció.
Blanco.
Despertó de golpe. Todo era de color blanco a su alrededor.
-Acaso...¿no estaba muerta?
-Lo estás y no lo estás - le respondió una voz de repente.
Se volteó.
Su padre. O al menos eso creía.
No recordaba mucho de él, pero esos ojos iguales a los suyos lo hacían obvio.
Estaba tal y como ella lo recordaba vagamente, vestido con su uniforme de la Marina.
-¿Has estado bien, Mina?
Ella lo miró una vez más, atónita.
-¿Eres... real?
El rubio se rió.
-Quién sabe.
Mina se volteó para ver su alrededor.
Era un vacío de color blanco, infinito, sin nada en él. Sólo ellos dos.
-¿Por qué estoy aquí?
-Porque alguien está estirando tu alma al mundo de los vivos y no te deja pasar al otro lado.
Mina reaccionó.
-¿Law?
-Ese niño tiene más de un truco bajo la manga ¿no crees? - dijo con una sonrisa - Soy feliz de que os hayáis encontrado.
Ella suspiró.
-Preferiría que no lo hiciese.
-¿Y eso?
Se sentó.
-Vivir es demasiado agotador - cerró los ojos - He estado toda mi corta existencia luchando por sobrevivir, pero finalmente he perdido esa batalla.
-¿Y por eso mismo no deberías querer volver?
Ella sonrió.
-Se siente bien. Saber que nadie me podrá hacer daño, que jamás volveré a sentir dolor... es agradable...
Rocinante miró a la niña con pena.
-Has pasado por mucho ¿no?
-He vivido. Ya he cumplido.
Ambos se mantuvieron en silencio.
-Lo lamento - dijo el marine finalmente - Te lancé a un mundo tan horrible sola.
-Tuve a Doffy - contestó Mina con calma
-Fue mejor padre de lo que pensaba - dijo riéndose Rocinante - Siempre tuve la sensación que Doffy tenía buena mano con los niños... desgraciadamente.
-¿Mjosgard... está contigo?
Él la miró con sorpresa, luego sonrió.
-Sí ¿Quieres verlo?
-No... no lo sé.
-Lo hiciste lo mejor que supiste.
-Y aún así no fue suficiente.
Él negó con la cabeza.
-Sabes que eso no es cierto - se acercó a ella y la miró a los ojos - Lo hiciste mejor que ninguno de nosotros.
Detrás de ellos, de pronto pudo ver a todas esas mujeres con la misma cara que ella. Sin embargo, no eran del todo iguales. Diferentes cabellos (aunque todos rubios platinos), diferentes miradas...
Todas le sonreían.
-Fuiste la primera en luchar - dijo una de ellas, la más hermosa de todas - Hiciste lo que ninguna de nosotras pudo.
La reconocía, ella era la primera Donquixote que vivió en Marijoa. La supuesta causante de la locura de Im.
-Tú... ¿Quién eres?
-Alguien que vivió hace mucho tiempo.
-¿Por qué Im se obsesionó tanto contigo?
-Estábamos prometidos desde la infancia, pero escogí a otro hombre - su cara puso una sonrisa triste - Y como era un D, la chispa del odio se encendió. Aunque no fue el motivo definitivo, simplemente la gota que colmó el vaso.
-¿Y las demás?
-Tal vez tenemos la misma apariencia, pero tú y cada una de ellas sois personas distintas. Ancestros y descendientes que comparten la misma sangre, pero no el mismo destino.
-Pero leí que todas fueron acusadas de adulterio...
-Bueno, siempre hay constantes y variables.
-¿Constantes y variables?
La mujer sonrió.
-Creo que tú ya sabes a qué me refiero.
Pensó en Law. ¿Por qué le había venido a la mente?
-¿Estás segura de que no quieres volver? - le preguntó Rocinante - Hay gente ahí que espera que lo hagas.
Se mantuvo en silencio unos segundos. ¿Quería volver? ¿O tal vez quedarse ir rendirse? Ya no le quedaba nada por luchar, dado que Im finalmente estaba muerto.
-¿Puedo hacerlo siquiera?
-Bueno, se ha cometido un tabú. No se puede resucitar a los muertos, así que será muy doloroso volver.
-Estoy acostumbrada.
-No - negó el rubio con la cabeza - Te espera otro tipo de dolor.
Le señaló el corazón.
De pronto, sintió que algo la llamaba. Seguido de un dolor extremo en el pecho.
-¿Qué está pasando?
-Ten cuidado de no romperte, Mina. Será un camino duro, pero debes encontrar el modo de salir.
-¿Salir de dónde? - preguntó nerviosa - ¿¡Papá!?
El hombre sonrió con ternura.
-Y saluda al enano de mi parte.
-Hace 800 años-
-¡Es el día de tu boda! ¿No es emocionante? ¡Finalmente las tensiones entre ambos bandos se solucionarán gracias a vuestra unión!
-¿Por qué diablos estás tú más emocionado que yo, Joy Boy?
El chico del sombrero de paja sonrió como siempre.
Tras un par de horas, finalmente iban a casarse. Había sido por amor, pero que la paz se estabilizara era esencial al mismo tiempo.
Todo el mundo presenciaba el acto con alegría.
...
Nadie esperaba que la novia fuese asesinada de un disparo en pleno acto.
-¡No puedes morir! - exclamó el hombre con lágrimas en los ojos - ¡No me hagas esto, por favor!
La mujer sonrió al que iba a ser su marido.
-El mundo... va a cambiar por culpa de esto, perdón.
Una disputa enorme surgió en ese momento. El bando de los gobiernos aliados culpó a los D del asesinato de la mujer de los suyos, mientras que los D acusaron a los otros de intentar acusarles de un asesinato que no habían cometido.
No fue el detonante definitivo, pero sí la chispa que avivó las llamas.
-Sé que has sido tú - dijo el chico de los D mientras temblaba de ira - Tú la amabas ¿¡Por qué diablos la mataste!?
-Esto no es más que el principio - contestó Im sonriendo - Esto es el principio de vuestro fin.
...
Era ella de nuevo. Había pasado un siglo desde la batalla que cambió el mundo. Había hecho bien en obligarlos a reproducirse entre ellos, ya que finalmente alguien había heredado el mismo aspecto.
Sabía que no era ella, pero le bastaba con que se pareciese físicamente.
La nueva mujer aceptó sus sentimientos, así que Im era feliz.
Hasta el día que apareció ese hombre.
¿Era coincidencia? Imposible. Y de serlo, era una de las bromas de más mal gusto de la historia.
Era un tutor de la mujer Tenryubito. Im pensó que era imposible que ella, que había sido educada con el orgullo de los Tenryubito, se fijase en alguien de tan bajo nivel, pero se equivocó por completo.
No pudo aguantar la ira que sintió cuando los vio juntos de nuevo ¿Otra vez había preferido a un ser tan mundano por encima de él mismo? La ira lo inundó y la ahogó con sus propias manos delante del bastardo, al que después mandó a cortar la cabeza.
...
La siguiente vez pasaron dos siglos.
Apareció otra cría igual, con el mismo aspecto.
Esta vez la puso a su lado desde que era una niña, y no permitió que ningún hombre se acercase a ella.
Pero fue aún peor, porque esta vez el hombre apareció con forma de uno de los esclavos de ella.
Lo engañó con un esclavo ¡Con un simple esclavo!
Una vez más, la furia se apoderó de él y mandó a ahorcar a la mujer, mientras le cortó las manos al esclavo y dejó que se desangrara al lado del cadáver colgado de ella.
...
Otros dos siglos más, y volvió a nacer otra niña con el mismo aspecto.
La mujer era mucho más irascible que todas las demás, así que se escapó de Marijoa tras un berrinche familiar.
Por el camino, conoció a un leñador que vivía alejado del mundo.
Y de nuevo era ese puñetero D. ¿Se estaban riendo de él?
Im los mandó a cazar y ambos murieron asesinados por la jauría de perros que lanzó contra ellos.
...
Pasó un siglo, y de nuevo nació ella.
Esto ya era un asunto personal, cuestión de orgullo. No iba a correr riesgos.
Casó a la mujer con su primo (al que no amaba) y tuvieron hijos. La tomó a ella como amante a pesar de tener un marido, y, ya que ella lo repudiaba, aceptó de buena gana a Im.
Esta mujer se comportaba bien con él, pero no se iba a confiar, así que la encerró en una habitación, sin más contacto que la de él mismo. Ni siquiera le permitió ver a sus dos hijos.
-¿Por qué no podemos ver a mamá, Im-sama? - preguntó el pequeño Homing.
-Porque es delicada - le respondió con una amabilidad falsa - Si sale, se romperá. Si te quedas aquí, nunca sufrirás, porque serás tratado como el ser superior que eres ¿lo entiendes?
Aquellas palabras siniestras hicieron que el pequeño Homing comenzara a replantearse si realmente era lo mejor permanecer dentro de Marijoa, lo que condujo a todos los eventos de desgracia a su familia.
La mujer únicamente recibía contacto cuando un guardia le entregaba la comida, así que Im pensó que finalmente se había librado de aquel hombre.
Pero aquel hombre era el guardia que le llevaba la comida, y eventualmente se enamoraron.
"Se están burlando de mi" pensó furioso "Se ríen en mi cara"
Esta vez, el hombre sabía luchar, así que intentó defender a su amada. Le dio unos cuantos problemas a Im, pero finalmente consiguió asesinarlos a ambos y colgó sus cuerpos en la entrada de Marijoa como aviso.
Desgraciadamente, Homing exigió salir de Marijoa años después, así que la rama principal de los Donquixote se volvería plebeya. Im no iba a permitir que esa mujer naciese fuera de su control, así que se aseguró de que esa familia muriese en desgracia.
Los hermanos Doflamingo y Rocinante sobrevivieron a la purga, pero el hermano mayor asesinó al pequeño, así que Doflamingo fue el último de aquella familia, y con la personalidad desastrosa que tenía, Im sabía que jamás iba a tener hijos.
"Por fin" pensó aliviado "Finalmente me he deshecho de todos ellos".
Lo que no sabía es que el hermano pequeño tuvo una hija siendo joven, pocos años antes de ser asesinado. Además, Rocinante jamás la registró oficialmente, así que Im no pudo controlar que esa mujer naciese de nuevo.
Pero la encontró de nuevo durante aquel Reverie. Era una adolescente y su cabello ya no era rubio. Se notaba que había sangre de plebeyos en ella.
"¿Doflamingo tuvo una hija? ¿Cuándo?"
Esa niña tenía la peor personalidad de todas ellas. Era salvaje, violenta y tremendamente desconfiada. Además, era un soldado, así que no era dócil ni débil.
Quería a esa niña. Necesitaba a esa niña.
Pero Doflamingo la asesinó antes de que pudiese tenerla. O al menos eso fue lo que creyó.
Años después, la encontró en Marijoa porque había reclamado su puesto como descendiente de la familia, ya que Mjosgard no había dado descendencia.
Ya era adulta, y desde su perspectiva era exactamente igual a la primera. Tenía el mismo fuego en la mirada.
Sin embargo, esta vez ella misma luchó contra él, y reconoce que lo hirió de gravedad. Por culpa de ella, esos dos niñatos, el de fuego y el de goma, habían acabado con él.
Mientras Im sabía que su vida inmortal iba a terminar en ese momento, por culpa del mismo estúpido chaval con sombrero de paja que tanto molestó hace 800 años (¿Joy Boy? ¿Era ese su nombre?) pudo ver como la única mujer a la que amó en su vida moría a pocos metros de él.
"Al menos esta vez nos veremos juntos en el infierno" pensó con cierto alivio "Y sin el bastardo"
Pero de repente, vio a un hombre correr hacia ella.
Era él. Además tenía casi el mismo aspecto que el primero de todos, con los mismos ojos dorados.
Im se rió amargamente.
"Esta vez fue ella la que luchó contra mi, y encima tú renaces como médico"
Vio al moreno dar órdenes a unas cuantas personas, mientras mantenía el cuerpo casi inerte de la joven entre sus brazos.
Law no sabía por qué, pero acabó cruzando miradas con aquel hombre que estaba a punto de ser derrotado por Luffy.
No lo entendía, no lo conocía de nada, pero algo dentro de él le dijo que había ganado.
Ambos hombres se miraron fijamente.
Law no pudo evitarlo, fue como un reflejo. Un espasmo involuntario.
Levantó el dedo corazón y le hizo una peineta a Im.
Im se rió amargamente para sus adentros mientras sentía que su vida inmortal finalmente llegaba al su fin.
-Bastardo.
