Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.


Desayunos en familia, no existía nada que hiciera más feliz a Han y Leia.

Sus tres amados hijos sentados junto a ellos hablando sobre las tareas, trabajo, deberes.

Ambos disfrutaban de la presencia de los tres chicos a su alrededor.

Han por su impetuosa necesidad de acercarse mucho más a Kylo. Y Leia, por su parte, atesoraba cada momento que pasaba al lado de su adorada hija.

Dos familia que en muy pocos meses se convertirían en una sola.

—Pensaba que quizás quieras ir a ver vestidos conmigo ¿Qué te parece, Rey?— Leia dirigía una mirada alentadora a su hija.

—Claro mamá.— Respondió ella despreocupada recogiendo los platos de la mesa.

—Tengo la cita hoy a las tres, y después podemos ver las invitaciones.

Rey sonreía al observar lo radiante que lucía Leia sólo de pensar en compartir esos momentos tan especiales al lado de ella.

Casi, por muy poco, podría sentirse culpable del secreto que ella y Ben han guardado tan celosamente desde hace semanas.

Leia y su hija salieron media hora antes de su cita, con la determinación de la madre por llegar puntuales.

Por lo regular, Rey, los fines de semana los pasaba al lado de Ben. Buscando algo en que entretenerse, era como su día de citas secretas; viendo películas en la sala o simplemente compartiendo un bocadillo. Pero no podía rayar en la obviedad negándose a salir con su madre por pasar el rato con Ben.

Así que por primera vez en día los hermanos volvían a estar realmente solos, con la compañía del uno con el otro.

—Detesto esas malditas pláticas con la psicóloga. — Arremetió Kylo cerrando la puerta detrás de ellos.

—No quiero saber la razón. — Respondió Ben dejándose caer sobre su cama tomando uno de sus cuadernos de la escuela.

—Según tu padre tengo un apego insano sobre mi hermano. ¿Lo crees?

—A mí me dijo lo mismo.

—Y por qué no estás en terapia tú también.

—Supongo que sólo puede reparar a uno de los dos.

Kylo suspiró cansado sentándose al lado de Ben. Observando fijamente el suelo.

—Y el lunes me pidió que llevara a Han y a ella. — Mencionó a la última con cierto desdén.

—¿Leia?

—Si... —Dejó salir la palabra en un respiro corto. Un gruñido casi feroz.

Ben podía ver en el rostro de su hermano lo incómodo que le resultaba todo eso.

Pero también sabía que si Kylo no accedía a estas sesiones con la psicóloga terminarían por enviarlo a una academia lejos de él.

Prefería tenerlo molesto y enfurruñado pero aun a su lado, que perderlo lejos en una academia militar.

—¿Ya le dijiste? — Preguntó Ben buscando la mirada de su hermano.

—Tú crees... la psicóloga se lo pidió directamente a Han, como si yo no existiera.

—Cómo si supiera que no ibas a decirle nada.

—Bueno, tú de qué lado estás. — Kylo sonrió por primera vez en días, así como Ben estaba acostumbrado a verlo.

Kylo tomó un libro de su mochila y aún sentado al lado de su hermano comenzó a hojearlo.

—Tranquilízate, Kylo... Sobrelleva la situación, ya pasará. — Agregó Ben colocando su mano sobre la espalda de su hermano. Brindándole, en silencio, su completo y total apoyo.

—¿Puedes ayudarme con esta maldita tarea de álgebra?... No entiendo nada. —Kylo cambió de tema en medio segundo, dando por terminada la discusión de la psicóloga.

—Rey es un genio en las matemáticas ¿Quieres que la esperemos?

—¡No! — Se apresuró a responder. —Además no está. Salió con su madre.


—Ese es hermoso. — Alentaba Rey con los ojos brillando al observar a su madre tan radiante.

—¿No es demasiado? — Preguntó avergonzada.

—Ay, por favor. Te luce increíble.

—No lo sé, a mi edad con algo así...

—Hablas como si tuvieras sesenta años...— Rey giró sus ojos al afirmarlo.

Leia era una madre recatada y una mujer en extremo pulcra. Quería inculcar la mejor de las imágenes en su hija.

Y al verse en el espejo, con un vestido tan hermoso. No coincidía la imagen que veía con la de una madre de una adolescente.

—Su hermana tiene razón, el vestido es perfecto para usted. — Alentaba la vendedora parada a su lado. Regalando la más dulce de sus sonrisas disponibles.

—Gracias. —Respondió Leia de inmediato. —Y es mi hija.— Agregó al observar a Rey conteniendo la risa.

—Disculpe, es que usted es... Lo lamento.

Apenada la encargada dio media vuelta para responder la llamada de algún cliente caído del cielo.

—¿De verdad, no crees que es... mucho? — Preguntó insegura Leia después de comerse una risa nerviosa.

—Todavía puedes buscar otro modelo. Pero este me parece perfecto. Es como el que viste en la revista. — Rey recordaba la tarde junto a su madre cuando marcaban modelos en una revista de novias, justo antes de comenzar sus clases.

—Señorita ¿Se pueden hacer cambios sobre el vestido? —Preguntó Leia en voz alta llamando la atención de la apenada encargada.

—Claro que si, si gusta podemos agregarle unas pinzas para ajustarlo a su figura y pueda darse una idea del resultado final.

Leia asintió entusiasmada y, ante la mirada de Rey, la joven encargada de la tienda de novias se dispuso a trabajar sobre ella.

Dando la espalda por completo al espejo las manos de la chica moldeaba la tela para adaptarla a la forma de Leia. Cuando estaba a punto de concluir, se alejó un poco y observó la mirada perdida de su rostro.

—Espere un segundo, le agregaremos un velo.— La mano de la encargada se estiró sobre un perchero que contenía algunos velos, colocó en su cabello los broches necesarios para sostenerlo y la giró para que pudiese ver el resultado en el espejo. —Luce hermosa, su esposo alucinará al verla.

—¿Qué opinas? —Leia dirigió sus ojos a la mirada atónita de su hija.

El velo le daba el acabado perfecto, cayendo delicadamente hasta la mitad de su torso. El vestido era completamente descubierto en la parte trasera, mostrando su impresionante y hermosa espalda. El vestido caía en pliegos asimétricos a todo su alrededor. Era el corte princesa más hermoso que jamás había visto.

—Ese es, mamá. — Murmuró Rey emocionada imaginándose a sí misma dentro de ese mismo vestido.

Después de los vestidos vieron algunas propuestas para las invitaciones y pasaron por algo rápido de comer.

Al regresar a casa subió rápidamente su cuarto buscando deshacerse de la ropa del día y tomar una larga y merecida ducha.

—¿Cómo te fue de compras? — Preguntó repentinamente Ben entrando sin anunciarse por la puerta de su habitación.

—Bien, mi madre eligió un vestido hermoso. — Rey continuó con su rutina mientras Ben caminaba hasta su cama y se sentaba en la orilla observando el ir y venir de su novia.

—¿Buscaste algo para ti?

—Creo que aún es muy pronto, mi vestido no es tan importante como el de ella.

—Quizás más adelante podamos ir... juntos. —Titubeó él con sus ojos fijos en Rey.

—Por supuesto.

Rey se detuvo y colocó algunas de sus cosas en el mueble cerca de la puerta del baño. Caminó de regreso hacia Ben y se dejó caer sobre el suelo, recargando su cabeza en las rodillas del chico quien permanecía en la cama.

—Te extrañé hoy…— Murmuró Ben pasando sus manos sobre el cabello desordenado de Rey.

—No más que yo. —Ronroneó al pasar sus manos sobre los muslos de él.

En silencio ambos se observaban. Rey fue quien se puso lentamente de pie, apoyando sus manos en las rodillas del chico, acercando sus labios a los de él.

Fundiéndose en su impetuosa necesidad casi al instante. Empujó tiernamente al chico para recostarlos sobre su mullido colchón y dejó caer su peso sobre él.

Ben sujetaba la cintura de la chica con una fuerza poco usual. La suficiente para mantenerla prisionera entre sus brazos. Girando hábilmente Rey quedo ahora debajo de él, su pierna se frotó sobre la entrepierna del chico. Casi al instante Rey pudo sentirlo. Fuerte y claro. El cuerpo de Ben la necesitaba tanto como ella lo necesitaba él.

—Rey… Rey. —Alegó Ben en ligeros murmullos intentando alejarse de ella.

—¿Qué? — Preguntó ella asustada. Pero aun ardiendo en deseo por sentir más de él.

—No podemos… no aquí. —Ben de nuevo la tomó por la cintura y se alejó un poco manteniendo a Rey recostada en la cama.

—La puerta está cerrada…— Murmuró estirando sus dedos y frotando el brazo del chico.

—Pero si me buscan y… Kylo también está aquí. Vamos a… me iré a mi cuarto. — Ben se puso de pie y caminó hasta la puerta, sólo para detenerse y girarse de nuevo en dirección a Rey. —Te veo más tarde. — Prometió antes de cerrar la puerta.

Rey suspiró molesta, pero sonrió al entender que esto no era lo último que tendría de Ben este día.