Capítulo Treinta y dos

El fotógrafo oficial buscaba tomar el mejor ángulo, porque llevaba examinando el paisaje durante más de diez minutos. Finalmente, cuando logró ver su cuadro, comenzaron los numerosos clicks. A él se sumaron cerca de diez personas más. En cuanto terminó la multitud de ráfagas, dejó de sonreír y entregó la niña a su padre.

El que le dijeran que sonriera, mientras sostenía a la criatura era algo casi extraño para él. Silver agradeció al hombre, mientras Rutherford atendía a sus invitados para la fiesta del té en el espléndido jardín. Juraba que si no fueran hermanos y él no fuera el padrino, tal vez sólo hubiese mandado el regalo con una tarjeta de felicitación.

—Voy a ayudar a Rutherford—pronunció la rubia, besando su sien.

—Adelante, madrina—le dijo él con una sonrisa petulante.

Eso le dio toda la libertad de ir a la barra. Aunque sólo había ligeros cócteles, nada fuerte considerando que era a penas la una de la tarde de un día viernes.

—Te queda bien el marfil—se burló Silver, acercándose con su hija en brazos.

Una indumentaria muy similar a la que llevaba él. Mientras las mujeres protagonistas eran portadoras de un inmaculado blanco. Cosa de mujeres, que querían tener todo en perfecto orden. Era natural que Rutherford no obviara ni el más mínimo detalle en el bautizo de su hija.

—¿No es cansado estar cargándola todo el tiempo? No gasté una fortuna en esa carriola antigua para que no la uses.

—Rutherford ama ese cochecito sofisticado. Sale con sus amigas al parque con la bebé ahí—dijo acunando a Alumi en sus brazos—También me gusta, pero en este momento, prefiero cargar a mi hija.

Suspiró, regresando su vista al mojito en su mano.

—Por cierto, qué obsesión de las mujeres de gastar tanto en estas cosas, no es como si la niña se acordara del evento—dijo al verla casi durmiendo—Globos, comida, té, pastelillos… y ni siquiera es la fiesta principal.

Ésa sería casi al atardecer, en un salón refinado, donde se llevaría a cabo una cena con más invitados. Como una presentación casi oficial ante la sociedad, porque eso era más o menos lo que figuraba con ese tipo de eventualidades.

—Me resulta increíble verte, vernos, siendo partícipes de todo esto—añadió Hao— Cuatro años antes, íbamos de fiesta. Navegábamos de puerto en puerto, alcoholizados.

Silver rió por todo ese recuento.

—Cómo olvidarlo—dijo besando la frente de su hija—Pero esos tiempos ya pasaron, incluso para ti, que eres soltero, ya no te veo tan seguido en esas reuniones.

No estaba tan errado, incluso antes de conocer a Anna, ya no le llenaba nada de eso.

—Sabes que yo pienso como tú—le dijo Silver—Pero hacer todo esto en realidad no me molesta, a ella le hace feliz y es algo que ella deseaba hacer especial para Alumi—regresó su vista a su esposa, sonriendo—Cuando ames a alguien lo entenderás, entenderás que ceder un poco no es tan malo. Es hasta satisfactorio verla sonreír.

Volvió a suspirar, tomando de su bebida.

—¿Pero a costa de qué? —defendió el castaño—¿De fingir y ser parte del circo o de lo que piensan las personas que debemos hacer? ¿Por qué debemos ceder a los deseos de las mujeres y jugar a esta clase de comportamiento impuesto desde hace años? ¿Por qué no simplemente vivir con mayor libertad? ¿Por qué tengo que cambiar para acoplarme al modo en que quiere vivir ella?

Incluso Alumi abrió los ojos al oirlo tan sobresaltado.

—Creo que Anna te tiene muy mal—dijo con una pequeña sonrisa—¿No conseguiste llegar a un acuerdo?

—No—negó tomando su rostro molesto—Es una necia, le digo que lo intentemos y de inmediato me viene con las condiciones. Le dije que fuéramos lento, como la otra vez… ¿Sabes qué me dijo?

De sólo recordarlo, lo ponía en ese estado alterado. Iban tan bien en el trayecto a Londres, escuchando música tranquila, como lo hacían antes. Hasta que volvieron a tocar el tema de la relación.

—Sobre lo que dijiste anoche…—mencionó la rubia—¿Lo decías en serio?

Rebobinando, había dicho hasta de más. Pero técnicamente sí, a eso quería llegar.

—¿O sólo lo decías para poder entrar a mi recámara como loco?

—Escuché ruido, me preocupé, eso es todo—dijo tan seguro como pudo—Sobre lo otro… retomar la relación. Sabes que siempre ha sido mi intención.

—¿Pero…?

—Pero no porque salgamos te tienes que ilusionar conmigo, ¿de acuerdo? Tener sexo es maravilloso, tú eres maravillosa y eres una pareja perfecta para cualquier hombre. De verdad eres maravillosa, pero… sigo pensando que no quiero casarme ni quiero tener hijos. Sin embargo, te quiero a ti.

Ella calló durante varios minutos.

—¿Es porque no sientes nada por mí?

—No es porque no sienta nada por ti, por supuesto que siento algo por ti—aclaró él—Es sólo que yo jamás me he enamorado más de unos meses y menos así de rápido. En relaciones formales he tardado hasta un año o más en poder hacer lo que tú hiciste el otro día.

Ya, por fin, lo había dicho.

—¿Entonces…. Es porque yo voy muy rápido?

—Tuve una novia con la que duré dos años, ni siquiera conocí a sus padres—le explicó con una sonrisa irónica—Tú me invitaste a conocerlos a las semanas que llevábamos saliendo. Y no me lo tomes a mal, tu familia me agrada, todos en general son buenas personas, ya lo hablamos el otro día. Es sólo que conocer a la familia de alguien es algo que sólo deberías hacer si consideras que esa persona es especial para eso.

A esas alturas, tanto Silver como Alumi lo miraban entretenidos. Él, levantando una mano para hacer una pausa en el relato.

—¿Sólo quiero saber…. Cómo es que no te sacó volando del coche? —preguntó con gracia su amigo.

Enarcó la ceja, viéndolo feo.

—No entiendo a qué viene tu pregunta.

—Pues van saliendo de su granja, te quedaste en su casa sin una invitación previa, con la excusa barata de hacer negocios. ¿Y todavía le dices que se precipito a presentarte con su familia?

—Emmm sí, qué tiene.

—Pues… le estás diciendo que es una urgida.

Él abrió los ojos sorprendido.

—Es justamente lo que dijo—dijo el castaño.

Era inolvidable para él, ver su rostro molesto apenas conteniéndose.

—Son cosas muy diferentes, ¡nosotros apenas teníamos como tres meses saliendo!

—¿Y por qué no te molestas por estar teniendo relaciones antes de conocernos? Según tú, porque no había nada qué conocer más—lo señaló con dureza—¡Hasta me dijiste que no había nada que deberíamos saber del otro para empezar ese tipo de trato entre nosotros!

—¿Crees que estoy ciego? —preguntó irritado—Tú querías tener sexo conmigo desde el primer momento en que entraste a mi despacho.

—Pero tú no querías tener una relación seria conmigo—completó Anna.

—¡Ni siquiera me diste tiempo de analizarlo! ¡Semanas después ya estabas embarazada!

Sabía que eso se estaba saliendo de control, pero desde entonces habían puntos que no se habían atrevido a tocar. Ése era uno de ellos. Pensó que el tiempo haría que la plática fuera más relajada, ocurrió todo lo contrario.

—¡Jamás fue mi intención quedar embarazada!

—Permíteme dudarlo, señorita Kyoyama, porque según tú, querías conservar el producto. No te molestaba tener un bebé. ¡Un bebé! ¡Ni siquiera me conoces tan bien como para andar revolviendo tu genética con la mía!

Ella lo miró con marcado resentimiento.

—Sí, ya veo que me faltaba conocer esta parte de ti. Los detalles, las cenas, los viajes… cosas que cualquier hombre puede hacer—dijo irritada— Llegan los problemas y a la primera oportunidad, sales corriendo.

—¿Salgo corriendo? —ironizó parándose a un costado de la carretera—Estuve pendiente de ti todo el tiempo, ¿crees que haría eso por cualquier chica?

—¡Pues qué fortuna la de las otras chicas!

Tomó aire, tratando de oxigenar en algo su cerebro.

—No entiendo por qué te molestas, desde el aborto todo, absolutamente TODO te molesta—se quejó el castaño—Y no, no te estoy diciendo que eres una desesperada, es que mientras tú piensas en bebés y una casa, yo pienso en ratos agradables para pasar.

—Sí, supongo que eso me pone en tu lista negra de chicas con quién salir—ironizó ella, cruzándose de brazos.

—¡No tengo una lista negra de mujeres!

—Pues deberías tener una, y agregarme ahí—sugirió Anna—Porque si dices que todo me molesta es porque en realidad a ti todo te molesta de lo que digo. Mi opinión cuenta muy poco para ti y la infravaloras diciendo que son tonterías de niña ilusa y que todo es producto de la fantasía, como si no tuviera un gramo de inteligencia para diferencia entre realidad o fantasía.

—¡No te estoy diciendo tonta!

Alumi lo veía con curiosidad por el modo en que se tomaba del cabello con evidente frustración.

—¿Discutieron todo el camino a casa? —preguntó el chico de los cócteles.

Ambos lo miraron extrañados por la pregunta, mientras él limpiaba una de las copas, encogiéndose de hombros.

—Son gajes del oficio, todo lo que queda en la barra es confidencial.

—Sí, ya…—dijo con fastidio el castaño—Sí, casi todo el camino, de hecho me ignoró un buen rato después de eso.

—¿Y no se le ocurrió que simplemente empezaran de ceros?

Silver lo miró con una sonrisa, mientras Hao se quedaba sin habla, totalmente confundido.

—¿Por qué ustedes la leen tan bien?

Alumi balbuceó algo inentendible.

—¿Tal vez… por que no la estás escuchando? —sugirió Silver por su hija.

Bufó agotado de todo ese debate mental, retornando al momento en que quiso volver a dirigirle la palabra. Estaban hechos un mar de suspiros. Jamás se hablan de esa manera, sólo bastaba traer a colación el tema del aborto para ponerse a la defensiva. Una vez que se detuvo en su casa, la miró con pesar.

—Siento haberte gritado—dijo él.

—Sí, igual yo—respondió ella—Creo que debemos superar lo que pasó. Al final, el aborto no fue una mala idea.

—¿Lo ves? —dijo con una pequeña sonrisa.

—Sin embargo, eso no quiere decir que yo deba aceptar lo que quieres, sólo porque sabes que tengo sentimientos por ti.

—Yo también tengo sentimientos por ti—confesó él—Y te juro que no son tan insignificantes como para dejarte atrás tan fácil.

Anna desabrochó el cinturón y lo miró de lado, pensativa.

—Entonces por qué no simplemente empiezas como algo normal—dijo ella—Si quieres estar conmigo, ten una relación conmigo. Y vamos paso a paso.

—Eso es lo que estoy sugiriendo —respondió el castaño, tomando su mejilla—Vamos paso a paso.

—Paso a paso, sin expectativas—dictaminó Anna— Sin sexo

Hasta ahí todo le sonaba bien. Después volvió la discusión. De por qué pasar fases innecesarias, no es como si recién se conocieran. Entonces lo veía nada de sentido a la propuesta y se lo hizo saber con lujo de detalles.

—¡Eso es un retroceso!

—A como yo lo veo, el único retroceso que tenemos es estar discutiendo sobre las cosas que queremos y que no vamos a ceder—dijo analítica —Además, tampoco es como si tuviera en la mente que te vas a casar conmigo o algo así. La relación va a durar lo que tenga que durar, con anillos o sin él. Con hijos o sin ellos.

—Pero no quieres una relación que no termine en final feliz.

—¿Tú no quieres un contrato que termine mal o sí? ¿Firmas un contrato a sabiendas que terminará mal? ¿Qué no es lo que todos quieren? ¿Qué las cosas salgan bien?

—Si esto fuera un negocio, tú tendrías que ceder en algunos puntos y no lo estás haciendo, quieres que me someta a lo que tú deseas.

Ella roló los ojos, alejándose de él. No comprendía por qué estaba tan ofuscado con el tema, ni porque siempre le sacaba ese tipo de coartadas.

—¿En qué quieres que ceda? ¿En el sexo? —preguntó ella—Puedo hacerlo, tú y yo podemos hacerlo todo el tiempo que quieras, podemos hacerlo. Pero en este momento, en este preciso momento, prefiero tener una pareja en quien confiar, no sólo alguien que le parezca atractivo mi cuerpo.

—Lo dices como si yo no valorara otras cosas de ti—dijo con dureza él.

Anna suspiró y se inclinó a él para besar su mejilla.

—No es que sienta que no valoras lo demás, pero es obvio que el aspecto físico entre nosotros siempre predominó primero—dijo acariciando su rostro—La pasión y el amor es diferente.

—No si te aman apasionadamente—refutó él tomando su mano.

—¿Y me amas apasionadamente?

Miró a los tres, que escuchaban atentos su relato. Incluso la mocosa lo veía con curiosidad, sin parpadear siquiera.

—¿Y qué le dijiste? —preguntó Silver.

—Nada—respondió con un suspiro.

—¿Y ella ya no dijo más? —interrogó el chico de las bebidas.

Volvió a suspirar en forma profunda, recordando cómo cada uno permaneció en su asiento varios minutos en silencio.

—Dame tiempo—le pidió el castaño—No me digas que es cosa de un segundo a otro, llevaba tiempo, a mí me cuesta mucho trabajo.

—Lo sé y entiendo—afirmó tomando su bolso—Pero no es algo por lo que debas sentirte presionado de sentir.

—Si solo no hubiera pasado lo del bebé—comentó, golpeando el volante—El bebé lo arruinó todo.

—Quizá….

Notó su sonrisa triste, mientras acomodaba sus cabellos.

—De cualquier forma, sabes que el cariño que te tengo es sincero y que eso no nos impide ser amigos—dijo ella.

—Amigos….—repitió él—Siento más que amistad por ti.

—Lo sé, pero en tu punto, es más fácil bajar la intensidad de lo que sientes, que aumentarla—dijo en concreto—Soy lo que soy, Hao. Me has visto arreglada, en mis mejores días. Me has visto contenta, en mi lado más travieso. También has visto mis lágrimas, has visto mis peores fachas en la mañana. Tal vez te parezca idiota, pero sí, era una niña que soñaba con un príncipe. Quizá porque era la más pequeña de mis hermanos, o porque mi madre y hermana dicen que soy demasiado femenina. No lo sé. No me puedes culpar por desear que un hombre me quiera sólo a mí, sé que no es imposible—dijo con cierta melancolía— Independientemente de lo que pase, quiero que sepas que mi amistad hacia ti, sigue en pie. Si tú me necesitas, te apoyaré.

Pero no era lo que quería de ella.

—No creo que pueda ser tu amigo, Anna. Yo… de verdad no quiero que seas mi amiga, quiero que seas mi pareja.

—Nada es eterno, señor Asakura—dijo abriendo la puerta—Ni el amor lo es. Ni el deseo, mucho menos la pasión.

Abrió los ojos, tomando el tercer mojito del día, mientras sus espectadores le observaban con pena.

—Desde entonces, hemos estado en comunicación únicamente para lo de la fiesta, ni siquiera me ha pedido que nos reunamos para vernos—dijo pensativo—Nos tenemos que reunir, pero yo la verdad no sé qué decirle ni cómo actuar.

—Pues… eso es fácil, reconquístela—dijo el chico.

—Niño, ¿qué no escuchaste que esas tonterías no me van? —preguntó casi con ironía—Si le dije que no al romance netamente cursi, fue porque no iba a estar en su puerta con un ramo de cincuenta rosas cada vez que la visite.

—¿Por qué no? —cuestionó Silver—Dinero te sobra, puedes hacerlo.

Volvió a suspirar con pesadez, pensaba contestar con otro sarcasmo, hasta que sintió un peluche golpearlo en la cabeza.

—¡Arg! Eres un idiota, Hao Asakura—dijo Rutherford, arrojándole el pony en la cara—Toda la semana me estuviste molestando para que le dijera al reverendo que bautizarías a mi hija con Anna, y mira con lo que me sales—dijo mirando a la chica rubia bronceada del fondo—¡Una desconocida! ¡Una desconocida! ¿Cómo crees que me vi con el reverendo pidiéndole que cambiara los nombres ahí mismo? El acta de mi hija salió rayada por tu culpa. Y todavía te atreves a sonreírme, cínico—dijo amenazándolo— ¿Y todo para qué? ¿Para que me traigas a tu última conquista? ¿Cuándo la conociste, anoche? ¿Ya dejaste de estar de imbécil molestando a Anna?

Eso último le borró la sonrisa.

—No es mi última conquista—quiso sonar desinteresado—Nos conocemos desde hace cinco años, salimos un rato, pero ella tiene prioridades de crecimiento laboral. La conocí siendo modelo—dijo divertido, al ver su tono rojo—Pero ya creció, ahora es directiva comercial de Victoria Secret en Londres, compró acciones, le di consejos y solita se hizo de un buen lugar. Además, es de las pocas mujeres que no tienen ilusión cada que le hablo, somos buenos amigos. Así que no menosprecies a la madrina que le conseguí a tu hija, porque es un plus, le da más estatus a la niña—dijo tendiéndole los brazos a Alumi, que se dejó ir con él—Imagínate, preciosa, lencería gratis para toda tu vida.

El enojo en su madre fue peor, que ya no dudó ni tantito en quitarle a la niña. El resto prefirió quedarse callado.

—¿En qué estaba pensando yo para designarte como padrino de mi hija?

—Seguro en lo bien que me veo en la foto—dijo sonriéndole con alevosía.

—Sí, en lo bien que te verías siendo padre—aludió ella, cerrándole la boca—Y ya dejen de estar de borrachos aquí, es una fiesta de té, los cocteles son para después de los bocadillos. ¡Vamos, nena, tienes que atender a tus invitados! —luego le dirigió una mirada mucho más gélida—Puedo perdonarte lo que hiciste ahora, pero si me vuelves a dejar en ridículo en la fiesta de la noche, no te lo perdonaré jamás.

—Le das mucha importancia a esta clase de eventos sin sentido.

—Para ti tal vez no tengan sentido, yo siempre soñé con tener bonitas fiestas para mis hijos.

Hao de inmediato volteó a ver a Silver, aludiendo que era precisamente a eso a lo que se refería con todas esas opiniones banales incrustadas desde niñas. Pero él solo se limitó a encogerse de hombros, cuando sintió el beso de Alumi en la mejilla.

—¡Iugh! Baba de bebé —dijo limpiándose de inmediato—Cómo te gusta recalcarme esto de la paternidad.

—Es un placer, cariño—dijo caminando de regreso a todas las mesitas con sombrilla—¡Hora de atender a los invitados, Alumi!

Los dos hombres sonrieron ante su cara de martirio. Como si aquello menguara en algo su pesar.

—¿Y bien? —preguntó a Silver.

—¿Por qué no la invitas a la fiesta en la tarde? —sugirió él—Sería un principio, bailar, comer, tus amistades.

—¿Cómo, no conoce a sus amistades? —preguntó el chico.

—Apenas estábamos saliendo, no llevamos ni medio año—alegó el Asakura—Pero… no lo sé, qué va a decir, primero la invité a que fuera la madrina de Alumi conmigo.

—¿Entonces sí le dijiste? —cuestionó Silver.

—Pues sí le dije—afirmó pensativo—Pero ya después no se lo volví a decir, porque supuestamente quedamos como amigos.

—¿Y qué no dice que la chica de Victoria Secret también es su amiga? —dijo el joven.

No tuvo contemplaciones para mirarlo mal. Ese tipo se estaba ganando su odio.

—Seguramente me dirá que no.

—Pues nunca sabrás si no le preguntas…. Por algo se empieza.

Continuará


Hola! Hola! He taído un capítulo nuevo. Quzá se pregunten cuantos capítulos para el final si dije que ya lo iba a poner, pero es que casi casi del punto del aborto hasta qui es como si fuera una secuela en el mismo fic. O al menos así lo siento, porque creo que la idea era que Hao se redimiera ahí, pero la verdad es que ni le vi justificación al libro de que lo hiciera así. De modo que estos capítulos extensivos es para darle mayor soporte argumental a la trmaa y bueno, Anna ya le pintó a Hao como son las cosas. Aquí volvi a poner sus puntos de vista en conflicto y como podían resolverlo, pero igual, no siento que Hao esté preparado para eso. Y de hecho, ya hasta me cuestionaría si lo podría estar algun día. Estas cosas del amor siempre son complicadas. Pero si soy honesta, me agrada que defienda sus puntos de vista.

Gracias por todos sus reviews! De verdad los tengo en mucha estima cada que me pongo a escribir. Este capitulo va para ustedes, Annasak2, Win4ever, Allie Mcclure, anna1967castillo1967, Pamela Lemon, Clau Asakura K y todos los invitados que comentan a menudo, muchas gracias.