TODO O NADA


Un nuevo día ¡un nuevo día! Su mente le gritó que ya era hora de levantarse, hoy sería un gran día y eso ella lo sabía en gran medida. Abrió por fin sus ojos, estaba sola...

Al parecer la habían dejado dormir hasta tarde, se levantó y abrió las cortinas para bañarse con los rayos del sol.

-¡Cielos, ya pasa de medio día!.-Exclamó.

Hoy llegaría su familia para pasar las últimas vísperas de invierno con ellos, claro la idea no le había gustado mucho al Lord.

-¡ya hay suficiente escándalo con Mitsuki!

Parecía más un reproche de niño, creo que él no estaba muy acostumbrado a ello, pero bueno, ya hablaría con él.

Tomó un hermoso Homongi de colores amarillos pastel con decorados en flores rosas y un obi de color negro y detalles dorados. Se acomodó el cabello y salió en busca de su familia que se había levantado temprano. Un panorama la sacó de su intenciones de seguir caminando ¡nieve! La nieve cubría todos los jardines, era completamente hermoso, un espectáculo que todos los años siempre la maravillaban.

Su cuerpo no había cambiado, seguía teniendo 20 años físicamente, a pesar de que pronto cumpliría 31 años.

Corrió por los pasillos cual niña hasta que se topó con Oyuki.

-¡Buenos días Oyuki!

-Muy buenos días pequeña.-Le dijo con una reverencia.

-¿Aún no han llegado cierto?

-No, aún no. Pero el amo está de un humor... ¡Uff, está como agua para chocolate!

Rin soltó una risa nerviosa. Ella sabía que se estaba aprovechando del amor que su esposo le profesaba, tal vez después se disculparía de algún modo. Con una sonrisa en su rostro continuó por los pasillos llegando hasta la planta baja. Observó a su alrededor buscando un rostro familiar cuando de pronto sintió detrás de ella una presencia, se giró enseguida.

Nada...

Entrecerró los ojos y aguardó un poco, se quedó quieta como un felino y en eso volvió a escuchar los leves pasos de algo que se acercaba tras de ella. Sus ojos se volvieron azules y dando un giro rápido estiró su mano haciendo que una fuerte ráfaga de aire saliera de tan solo un movimiento. Una sábana salió volando.

-¡Mamá quería asustarte!

Rin encaró una ceja mientras sus ojos volvían a la normalidad, durante los 10 años que habían pasado siguió entrenando esta vez con su esposo que la ayudaba a entrenar en un sentido más espiritual, no tanto en la fuerza bruta. Sesshomaru podría ser un demonio que lucharía con uñas y dientes (literalmente) pero no eres un combatiente completo si no usas el cerebro. Rin había logrado distintas nuevas habilidades como controlar ráfagas de viento y agua, además de poder mover objetos con la mente (aunque esto último no le gustaba ya que le dejaba un dolor de cabeza) y por último materializar su youi en esferas de energía. Sin embargo, estás tenían que regresar a ella, sino perdía cierta energía que tardaba en regenerar.

-¿Cómo querías asustarme con una simple sábana?.-Le dijo sonriente mientras le besaba la mejilla, a pesar de que Mitsuki contaba ya con 10 años, había tomado de su padre la gran altura, ya le llegaba a los hombros a Rin.

Mitsuki la abrazó..

-Mi papá te está esperando en el ala norte, creo que prefiere tomar el té contigo.

-¿Lo has hecho enfadar de nuevo?.-Preguntó su mamá.

-No, ya amaneció de mal humor. ¿Qué raro, no?.-Decía con sarcasmo.

-Mitsuki, no te expreses así de tu padre. Mira que te tiene mucha paciencia por ser su princesa.

Eso último le iluminó el rostro a la joven.

-Lo sé, iré a jugar con Ah-Un.-Antes de poder despedirse, la niña emprendió carrera a los establos mientras Rin la observaba irse.

Negó con la cabeza con ternura y continuó su camino hacia donde estaba el gran amo. El cual se mantenía sentado con ambos ojos cerrados, parecía meditar. Movió una de sus alargadas orejas.

-Buenos días.-Dijo la humana con una sonrisa típica.

El no la miró simplemente guardó silencio. Rin se sentó del otro lado de la mesa y contempló el mismo paisaje que el Lord, era un pequeño jardín con un riachuelo que ya se había congelado.

-Me encantan estos hermosos lugares, no importa que los años pasen, siguen sorprendiéndome.-Se dijo para si misma. Sesshomaru abrió sus ojos y miró con desdén el lugar que su mujer admiraba con afán.

Rin observó como él simplemente volvía a cerrar los ojos. Si, efectivamente, el amo estaba de mal humor. Entendía que era por la familia de su medio hermano y compañía. En realidad Rin sabía que no los odiaba, no, eso quedó descartado aún cuando Naraku vivía. Más bien era el hecho de que su orgullo estaba cambiando, Sesshomaru no estaba acostumbrado a que tuviese alguien le profesase amor, cariño e incluso preocupación y cuidados. Para él era difícil recibir amor.

Sesshomaru tendría tal vez unos 850 o más años sino es que ya llegaba a los 1000 años, para él las estaciones se le iban como un parpadeo, el crecer de su físico era distinto, simplemente un cambio drástico tendría que tener para él mínimo unos 200 años. Sin embargo, su vida había dado un giro inesperado ¿no esperaba que de un día para otro se dejase querer, o sí? Esto Rin lo sabía a la perfección.

En alguna ocasión ella se lo dijo, y él pareció comprender; comprender que para Rin era necesario que su tiempo siguiera corriendo como el de un humano común a pesar de que las pruebas con su suegra le hayan otorgado longevidad.

Aunque bueno, parece que ella solía pasarse de la raya de vez en cuando ¿qué? ¡nadie es perfecto!

-¿En verdad te molesta mucho esto?

No tenía que decirle a que se refería, Rin había aprendido a conocer el carácter de su amo, aún antes de llegar a vivir en el palacio cuando todavía viajaban tras Naraku. El no respondió.

-No me gusta que te quedes callado, te saldrán canas verdes de los corajes que haces y te guardas.

-Hmpt...

Lo observó como hacía una mueca pero a los pocos segundos volvía a su rostro templado. Bueno, esto ya estaba comenzando a disgustar a la joven quien solo hizo a un lado el rostro.

-No entiendo qué te molesta si ni siquiera te he dicho algo.-Le dijo Sesshomaru con un cierto toque de arrogancia.

-¡Pues claro! Eso es lo que me molesta, ¡te quedas callado! No tengo una bola de cristal para adivinarte el pensamiento.-Le respondió con un tono de voz que no era dulce pero tampoco uno alterado.

-Sabes qué opino sobre que tu familia venga...

Rin sintió que estaba tocando de nuevo un tema que ya se había cerrado en varias discusiones atrás.

-No entiendo por qué.

-Invaden mi espacio personal.-Masculló.

Esto fue algo que si bien no fue un comentario pesado hizo molestar a Rin de sobremanera.

-¡Tu espacio personal!.-Exclamó ya muy enojada.

-¿Y qué hay de mí? ¿No puedo yo ni Mitsuki tener contacto con ellos, sólo porque te acostumbraste a ser un huraño?

Sesshomaru abrió los ojos, la miró duramente.

-¿Acaso nosotras también invadimos tu "espacio personal"?

-Ese es un caso distinto. Ustedes son mi familia.-Le respondió intentando calmarse.

-¡Y ellos son mi familia y la de Mitsuki también!

-¡Deja de meterla en esto!.-Le gruñó.

-¡No te atrevas a gruñirme! Esto también es de su incumbencia porque a ella también debes tenerle consideración. Mitsuki muy apenas y convive con lo niños de las afueras, que su primo favorito venga es algo que la emociona mucho ¿quieres privarla de esa convivencia?.

-Lo haría su pudiera...-Mintió.

Esto pareció más que nada una herida para Rin.

-¿Por qué rayos tienes que ser un orgulloso que tiene que mentir para mantener esa faceta de dureza?

Eso fue un golpe bajo, se llevó la mano a su boca sabiendo que había dicho algo que no debía. Era cierto, pero no es algo que se daba encarar. Sesshomaru la miró con una mirada retadora, ella había atacado su orgullo y eso era algo que ya últimamente estaba muy endeble para el demonio.

-Anda, dime que más me aconsejas mocosa, para tu información ¡crecí por siglos completamente solo! Tú apenas llevas en este mundo menos de 50 años, algo que además ¡yo permití!, no me trates como un niño inmaduro.

La discusión había subido de tono y el ceño fruncido del Daiyoukai era notorio. Rin le mantenía la mirada con la misma furia dibujada en su rostro.

-No me interesa para nada el tener que cambiar de manera abrupta para mezclarme con seres distintos.-Masculló molesto.

Ese último comentario hizo que las lágrimas de rabia se asomaran por los ojos de Rin, ella se levantó bruscamente mirándolo.

-No tendré tu experiencia en años eso es cierto, que estoy viva gracias a ti, ¡también!, pero...-Sollozó y esto desconcertó al demonio que aunque no relajo la mirada internamente se preocupó.

-Yo pasé parte de mi infancia completamente sola... pero yo SÍ decidí cambiar de abrupta para estar con otros seres... ¡Contigo!

¡Basta de recriminaciones! Pensó él, se levantó como un rayo y se plantó frente a la mujer, enceguecido por el enojo.

-¡PUES NADIE TE OBLIGÓ! ¡YO SIEMPRE TE DEJÉ EN CLARO QUE HICIERAS LO QUE SE TE DIERA LA GANA!

Rin ya no fruncía el ceño, le dolía haber comenzado a esa conversación. Se regañó mentalmente, relajó los hombros y bajo la cabeza.

-Moo ii (Es suficiente).-Susurró.

Un par de lágrimas cayeron en el suelo y rápidamente salió de la habitación dejando a un iracundo Sesshomaru quien no apartaba la vista del lugar donde había estado Rin de pie. Observó las dos gotas que habían impactado en el suelo.

-Hmpt.-En eso propinó un puñetazo al aire en dirección al jardín. Unos segundos después un árbol que estaba en la trayectoria hizo un crujido y enseguida se partió en dos. Era una pelea marital... Ningún matrimonio feliz puede decir que no hayan tenido de vez en cuando una discusión, aunque esta vez fue una muy fuerte, y eso lo sabía Sesshomaru. Ambos se habían dicho cosas que lastimaban muy en el fondo, ya vería después como se las arreglaba para contentarse con la mujer o sino:

Ya se le pasará.- Pensó aunque no muy convencido.

Rin salió del baño después de remojarse la cara, no quería que su familia llegase y la viese con semejante pinta. Enseguida le llamó la atención la risa de su hija que estaba jugando con Jaken.

-Las trae señor Jaken ¡Alcánceme!.-Decía mientras echaba a correr, pero eso era una gran desventaja para el viejo demonio que no tenía piernas tan largas.

-Niña no te alcanzaré nunca, eres una tramposa.-Le decía mientras le faltaba el aire.

Su mamá sonrió a lo lejos pero...

-¡PUES NADIE TE OBLIGÓ!

Torció la boca y sacudió su cabeza intentando deshacerse de esos pensamientos. En realidad, no quería ver ni pensar siquiera en el demonio. En eso un gran llamado la hizo respingar.

-¡Madre, madre! ¡YA LLEGARON!

Enseguida tenía a su hija delante de ella que le jalaba de la mano haciéndola caminar hacia la gran puerta principal. Un cosquilleó llegó a su corazón; se sentía más que feliz de ver a su familia otra vez reunida.

Oyuki ya había llegado con algunos sirvientes a la entrada.

-¡Pero que cuadro tan hermoso, señora Kagome!.-Decía Oyuki que abrazaba la meiko.

-No me llames señora Oyuki, me haces sentir más vieja.-Decía con risas. Los sirvientes hicieron una reverencia y se encargaron de recoger sus pertenencias para llevarlas a las habitaciones de invitados.

-Estaba buscando a mi pequeña prima y me encuentro con una inmensa muchacha.-Decía Inutenshi y Mitsuki se sonrojó mientras lo abrazaba.

Rin se acercó a recibir a Sango y a Miroku.

-Me alegra tanto verlos, señorita Sango tengo tantas cosas que mostrarle de mis técnicas.

-Espero hayas mejorado.-Le decía Sango con un abrazo.

-Veo que los años simplemente no pasan Rin, sigues igual de preciosa.-Le decía Miroku regalándome un fuerte abrazo paternal.

-Excelencia, usted siempre de coqueto. Gracias.

Los invitados pasaron y una mesa fue dispuesta en el salón del cuarto piso con un hermoso paisaje nevado.

-...Y entonces se rompió y ahora tengo esta venda en mi pierna.-Decía Mitsuki que le relataba con una sonrisa a su primo sobre una nueva caída desde un árbol

-¿Dónde está el amargado de Sesshomaru?.-Le preguntó Inuyasha a Rin, pero esta ensombreció la mirada e hizo una mueca.

-¿Pelearon?.-Añadió Kagome.

-Agh... Si, pero no quiero pensar en eso.-Decía mientras le daba otro sorbo a su taza.

-Tu sabrás mi joven Rin, para las peleas de ese estilo no hay nada mejor que un buen masaje por la noche.-Decía Miroku con una mirada filosófica, enseguida Sango se sonrojó y le dio codazo.

-Compórtese...-Sentenció.

En eso entró Oyuki a unirse a la fiesta aunque con una mueca de desagrado.

-¿Qué sucede Oyuki?.-Preguntó Inuyasha.

-Pues, que Ryuji había avisado que vendría también pero... Parece que no vendrá.-Dijo con un toque de tristeza.

-Tal vez ocurrió algo con su bebé, ya ves lo protector que es.-Decía Rin recordando el rostro de todos cuando había llevado la noticia hasta puertas del palacio, todos rieron y comieron pero en realidad...

.:HORAS ATRÁS:.

-¡Con un demonio, malditas nevadas, creo que he perdido el camino del río!.-Decía un hombre de ojos púrpuras mientras sobrevolaba intentado ver el paisaje pero que había sido tergiversado por la incesante nieve.

Estaba bastante abrigado y tras en su pecho llevaba una gran valija con regalos para una pequeña. Sonrió imaginando la dicha que le daría ver de nuevo el rostro de Mitsuki.

-¡Ah! Esa niña si que es toda una roba corazones.-Decía embelesado.

Se sentía un poco preocupado por haber dejado a su mujer e hijo en casa, pero su esposa le había dicho que tenía una deuda con el Lord por haberlo dejado retirarse de la milicia para dedicarse a su familia así que lo que menos podía hacer era ir a festejar con la princesa.

En eso fue sacado de sus pensamientos cuando escuchó algo en el aire.

-¿Qué ha sido eso?.-Se preguntó y descendió un poco. Cerca alcanzó a escuchar un grito aterrador que incluso lo hizo respingar, de su costado sacó una larga espada.

Llegó a tierra mientras buscaba la procedencia que aquél lamento tan tormentoso. Alcanzó a escuchar a lo lejos un llanto, se trataba de una mujer, había mucha niebla. Parecía que estaba pasando por un pantano o algo así. Agudizó su vista y vio que alguien estaba hincado en el suelo con una gran capa color verde, le daba la espalda.

-Hola ¿te encuentras bien?.-Preguntó guardando su arma, pero la mujer no le respondió.

-No te haré daño, ¿estas sola aquí?.-Preguntó de nuevo sin recibir respuesta, la mujer misteriosa seguía llorando. Logró llegar hasta ella y se preguntó que haría una mujer en medio de ese lugar tan desolado.

-Oye ¿estas bien?.-Colocó una mano sobre su hombro y la rodeó para ver su rostro pero su capa que era muy larga aún lo cubría. Con cuidado intentó levantar la capucha...

Su piel escamosa se erizó, seis ojos rojos lo miraron mientras hacía un ruido como el de un gato molesto. Lo último que recordó fue como algo se impactó contra su rostro prohibiéndole ver...

-Un pequeño anzuelo ha caído en mi telaraña.-Decía la mujer mientras se reía con maldad.

.:DE REGRESO AL PALACIO:.

-...Y mi pequeña se fue con Kohaku para hacerse una exterminadora.-Decía Sango que parecía que se pondría a llorar.

-¡Oh, pero estoy segura que ella es muy hábil! Será una excelente exterminadora, aunque suene raro que yo lo diga.-Decía Oyuki. Aún era extraño comentar sobre la decisión de alguien para exterminar demonios como ella.

-Losé, pero es que uno se hace tan apegados a los hijos que se hace duro verlos partir.

Oyuki abrazó a Sango tratando de consolarla, Miroku veía la escena enternecido.

-Mi mujer parece que se hace más sensible con los años.-Decía.

-Es normal. Para ninguna de nosotras es fácil ver a los niños crecer y un día irse del nido. Sí de por si, Inutenshi se la pasa fuera de la aldea con Miroku hijo, sino es exorcizando es de parranda. Me alegra que haya venido a ver a Mitsuki-Decía Kagome.

-Pero sabemos que ese par no son tan locos como nosotros para cometer tonterías.-Añadió Inuyasha sonriente mientras veía a su hijo correr con Mitsuki por el jardín.

-Y tú Rin... ¿Alguien a atentado con robarse a tu pequeña?.-Le preguntó Kagome mientras la mencionada soltaba una corta risa.

-El papá no se lo permite, aunque sé de buena fuente que había estado observando a un muchacho hijo de un herrero de la ciudad. Un par de años más grande que ella, pero muy trabajador. Aunque Mitsuki es algo especial, a penas ve un defecto en alguien y lo descarta.

Esto lo decía susurrante, las paredes tenían orejas y sería mala idea que el amo se enterara.

-Como el padre.-Decía Inuyasha rechinando las quijadas.

Kagome rió nerviosa.

-Ehmm...Oye Rin hace mucho que no te escuchamos cantar.

-¡es cierto!

-¡Complacenos!

-¡Si, por favor!

De pronto se encontró con la petición de cantar, Mitsuki y su primo alcanzaron a escuchar.

-¿Vas a cantar mamá? ¡Yo te quiero escuchar! Siempre me ha gustado como me cantas por las noches.-Decía Mitsuki que se acercaba emocionada, su madre se sonrojó.

-¿Aún le cantas esa canción tan bonita?.-Preguntó Sango.

-Si, todas las noches me lo pide.

-¡Si, no puedo dormir si no escucho antes a mi mamá cantar!

Rin volvió a sonrojarse y ante la insistencia de todos no le quedó otra más que aceptar. Entraron de nuevo al salón y movieron las sillas para poder tener en primera fila a la mujer.

-Que emoción.-Susurraba Kagome a Inuyasha.

-Después de todo los embrollos que pasaban cuando cantabas pequeña es agradable saber que ahora podemos deleitarnos con tu voz sin ser manipulados.-Decía Oyuki en broma. Rin se rió ante el comentario recordando las pruebas extrañas de su suegra, aunque por dentro aún tenía la espinita de su discusión con su marido. Sin embargo, no haría que eso cambiase su humor, pero siendo ese un insistente tema dentro de ella decidió cantar una canción dedicándosela. Rin no era tonta, sabía que Sesshomaru estaría escuchándola.

(N/A: Si quieren sentirse más realistas busquen en you tube "For Fruitrs Basket - Ritsuko Okazaki" me pareció una melodía encantadora, escúchenla mientras leen la letra)

Rin se puso justo en medio del salón... Cerró sus ojos y como cada noche, dejó que sus sentimientos salieran por su voz:

Estaba tan feliz yo, cuando vi que sonreíste.
Una sonrisa que lo derrite todo.

Yo sé que la primavera está dentro de la fría tierra.
He esperado por el momento en que florezca.

Coro:

¡Que importa si hoy todo está lleno de dolor!

Y el ayer te ha dejado cicatrices.
Con el poder de la confianza en el corazón no hay que temer.

Pensando que no podrías renacer de nuevo
las cosas han continuando, te has transformado.
Quedémonos juntos, para siempre. (Let's stay together, itsumo)

Una sonrisa que es sólo para mi, el roce dulce de tu dedo
y mis esperanzas por un futuro que viene.

Mi único deseo, es no tener más arrepentimientos
¡deja que todo se lo lleve el mar del olvido!

¡Que importa si hoy todo está lleno de dolor!
Algún día será un cálido recuerdo.
Una vez que dejes salir todo lo que llevas dentro de tu corazón.

Me he dado cuenta de lo que es vivir
es la dicha de haber nacido para ser feliz.
Quedémonos juntos, para siempre. (Let's stay together, itsumo)

¡Que importa si hoy todo está lleno de dolor!
Algún día será un cálido recuerdo.
Una vez que dejes salir todo lo que llevas dentro de tu corazón.

Me he dado cuenta de lo que es vivir
es la dicha de haber nacido para ser feliz.
Quedémonos juntos, para siempre. (Let's stay together, itsumo...)

A las afueras del salón se paseaba por los aires un daiyoukai que veía la luna resplandeciente.

-Itsumo...-Susurró.

Se sintió avergonzado de lo que había dicho, ¿será que está enfermo? Cerró sus ojos y el inquebrantable silencio se rompió. Los aplausos se hicieron presentes en toda la sala. Todos se levantaron de sus asientos para llenarla de cumplidos incluso el amargado de Jaken aplaudía. Mitsuki se paró encima de la silla.

-Esto es un verdadero aplauso...

Estiró sus manos y en un segundo chocó las palmas. Un estruendo se hizo presente en todo el palacio, incluso jurarían que las paredes temblaron, se quedaron paralizados mirando a Mitsuki.

-Cielos sobrina, que fuerza.-Dijo Inuyasha, en eso Mitsuki viró su cabeza pálida.

-Y-y-yo no fui...

-Algo esta pasando.-Dijo Rin que corrió hacía el balcón y observó hacía las puertas principales del palacio. Observó que se estaban quebrando, mientras varios demonios comenzaban a entrar por los aires ¿un ataque?.

-Están atacando el palacio.-Dijo volviendo a entrar y cerrando las puertas, todos fruncieron el ceño preocupados.

-¡Eso es imposible! Los guardias tienen que haber notado esto, incluso el amo-Dijo Oyuki mientras corría hacía la puerta del salón. Para abrirla se topó con varios demonios que estaban entrando a los dominios por aire siendo contraatacados por incluso varios sirvientes.

Todos salieron.

-Jaken, quédate con Mitsuki.-Ordenó Rin que corrió escaleras arriba. La niña se opuso pero no pudo decir nada más pues las puertas se cerraron y los adultos corrieron para buscar posición de pelea.

Un demonio se interpuso entre su camino.

-¡Kaze no Kizu!.-Fue un simple corte que lo hizo desaparecer.

-Inuyasha cubrenos hasta que lleguemos a nuestras armas.-Dijo Kagome. El asintió y tras un piso y un par de habitaciones lograron tomar en sus manos sus mortíferas herramientas.

-¡Hiraikotsu!

La batalla se llevó acabo, los establos habían sido atacados. Rin cambió el color de sus ojos y emprendió el vuelo hasta llegar al gran establo que estaba en llamas.

-¡Ah - Un!.-Gritó y el demonio salió de su lugar sin ningún rasguño.

-Rápido, ve y ayuda a mis amigos te lo suplico.-Le dijo y el dragón pareció entenderla pues fue al encuentro de los demás que aprovecharon su habilidad de volar para ser más eficaces en la pelea.

Tras ella escuchó un grito de una voz parecida, asustada giró para agudizar su vista y ver en el segundo piso a Oyuki que no peleaba más bien parecía estar asustada, iba a ir hasta donde ella estaba cuando escuchó:

-¡Carionte! ¡DETENTE, POR FAVOR!

¿Carionte? El esposo de oyuki.

En eso miró a su alrededor. No eran enemigos, observó que varios soldados no salían de su asombro y no sabían si atacar o no ¡eran los aldeanos, los súbditos del amo!

-No.-Dijo ella sin poder procesar bien a información.

Ellos jamás harían un botín, eso lo sabía. Algo aquí iba mal... Buscó con la mirada a su señor ¿acaso estaría haciendo caso omiso de lo que estaba aconteciendo?. Subió por los pasillos y se topó con gente que ella conocía, gente trabajadora que vivía en la ciudad, sin cortarlos con sus cuchillas solo los golpeaba dejándolos noqueados, tenía que avisar a sus amigos que no eran enemigos, que aguardaran para hacer un plan.

En eso observó como en el cielo se creaban explosiones simultaneas. Era Sesshomaru peleando con alguien más ¿quién era? Intentó olvidarse de eso y volvió a correr buscando a su hija. Dobló la esquina en donde estaba el salón.

-¡Ryuji!.-Exclamó feliz que salía del salón, pero tenía algo en sus manos.

-¡Señor Jaken!.-Gritó asustada, el demonio sapo cayó inconsciente de las manos del general. En eso ante el grito de la humana el volteo y Rin se horrorizo.

Tenía sus ojos vendados.

-No, esas no son vendas...-Se dijo.

-Ryuji ¿Qué te pasa?.-Le preguntó pero el mencionado parecía no entender, en eso levantó con su otra mano (que no era visible para Rin) un segundo paquete. La furia corrió por la sangre caliente de Rin.

-¡MITSUKI!.-Gritó viendo como la niña gimoteaba intentando liberarse del rudo agarre del dragón. Algo dentro de ella le dijo que ese no podía ser el general, tenía que detenerlo. Preparó sus cuchillas y se abalanzó velozmente.

-¡Déjala!

En un segundo ya se encontraba en el aire extendiendo sus alas reptileanas con la niña en brazos.

-¡Mamá!.-Gritó asustada mientras observaba la imagen de su madre que se alejaba.

Ella desplegó sus azules alas y comenzó a perseguir al hombre dragón que se retiraba del lugar.

No, no te la llevarás...

Logró alcanzarlo y detener su travesía deteniéndose justo frente a él, estiró su brazo dispuesta a lastimarlo (no de gravedad) pero en eso una voz la llamó.

-Rin.-Era él, era la voz de Ryuji, parecía un susurro, como un llamado de auxilio. Se detuvo en un momento, fue menos de un segundo, pero eso fue suficiente pues el hipnotizado hombre propino una patada que hizo caer a la humana. Se recobró enseguida mientras sentía como brotaba sangre de su frente, no le prestó atención pero se estremeció cuando escuchó una risa femenina en el aire.

Se quedó paralizada al igual que los aldeanos y sirvientes quienes estaban siendo controlados, todos ellos cayeron inconscientes en el suelo y detuvieron el ataque.

-¡Alto!.-Gritó Rin con tal de que nadie lastimase a las personas de la ciudad. Su voz resonó en cada rincón del palacio, su fuerza se había incrementado también en sus cuerdas vocales.

Los soldados se detuvieron ante la imagen de los enemigos que caían; algunos del aire y otros en plena acrobacia. La luna se había vuelto de color sangre y el aire era más gélido, el crudo invierno estaba presente esa noche.

-Veo que no perdieron el tiempo.-Escuchó y apretó los dientes.

En el aire apareció una imagen reconocible para ella, no había cambiado en nada, esa tez pálida al igual que sus cabellos y esos ojos... Rin recordó las pesadillas que hacía 10 años la habían acosado, 6 ojos color sangre que la observaban, era ella...

-Kumone.-Masculló observó también como le faltaba un brazo, un brazo que había perdido la última vez que se vieron las caras.

La mencionada sonrió de medio lado, en un segundo Ryuji apareció y le entregó a la niña.

-¡No te atrevas a tocarla!.-Gruño Sesshomaru que salió como un destello atacando a Kumone, pero en eso una espada detuvo sus garras.

-Bien hecho, general...-Le dijo Kumone que apareció metros alejada.

Rin observó al principal lacayo de Kumone; Ryuji había sido envenenado por esa mujer, lo que tenía cubriendo sus ojos eran las telarañas de esa arpía.

-No molestes perro de casa.-Le escupió la araña.

-Mamá, tengo miedo.-Susurró Mitsuki.

-"Mamá, tengo miedo" bububuuu... Cállate engendro.-Le acercó su rostro y Mitsuki comenzó a llorar.

-¡No le hagas daño!.-Dijo Rin como protesta y Kumone con una sonrisa diabólica sacó su lengua para rozar la mejilla de la niña, al contacto con está su piel comenzó a irritarse, parecía que se estaba quemando, la niña gritó por el dolor. En eso Kumone volvió a desaparecer y en su lugar donde estaba pasó una flecha de soslayo.

-¿Más humanos?.-Preguntó ella observando a la cuadrilla de Inuyasha y compañía que observaban la escena desde el primer piso, Oyuki sostenía en brazos a Carionte y mascullaba groserías.

-Vaya Lord, veo que ahora tiene un fetiche por coleccionar mascotas.-Le susurró.

Sesshomaru gruñó furioso y sus ojos se tornaron rojos, estaba dispuesto a mostrar su forma Yako para destripar a esa mujer.

-¡No!.-Gritó Rin.

-¡Ella no tiene nada que ver en esto! Quienes te hicimos daño en el pasado fuimos nosotros.-Le decía con la mirada retadora.

Kumone encaró una ceja y parecía meditarlo.

-Hagamos un intercambio, yo por mi hija... Yo fui la primera aquí que arruinó tus planes ¿O no?.-Sentenció.

-Espera Ri-.

Kagome fue detenida por Inuyasha.

-Interesante... ACEPTO.-Enseguida la niña cayó y Sesshomaru la alcanzó a atrapar. En eso Kumone tomó del cuello a Rin y la alzó en un segundo.

-¿Y bien... Qué quieres que haga contigo, mascota?-Siseó la mujer que se elevaba en el aire. En realidad el plan simplemente era liberar a la pequeña.

-Kagome, puedes usar una de tus flechas, así no dañarás a Rin.-Susurró Miroku y ante esto la sacerdotisa preparó su arco.

-No tengo tiempo para juegos, meiko.-Decía mientras la veía ferozmente.

-Suéltala.-Le dijo mientras tensaba la flecha, esperando el ángulo perfecto.

-Ella aceptó esto, bien pequeña mascota, te tengo un trato, te dejaré libre...

Esto desconcertó a todos, incluso a Sesshomaru.

-Pero mi venganza se llevará acabo de otra manera... Tengo el poder de qué con mi veneno borrar la memoria... Aceptas, olvidarte del estúpido perro engreído...

La sorpresa titiló en los ojos de todos, ¿olvidar a Sesshomaru? Algo le decía a Rin que tenía que decir que no, pero antes de poder hablar Kumone le dijo:

-O... Puedo volver a llamar a mis sirvientes...

En eso los que estaban inconscientes volvieron a levantarse en armas nuevamente siendo manipulados, pero esta vez se quedaron solo en posición de combate. Inuyasha y compañía prepararon las armas, inseguros.

-Y dejar que mueran a manos de los soldados, verás morir a todo tu pueblo...-Espetó.

Rin sintió una corriente helada correr por todo su ser, su corazón parecía que se detendría por la adrenalina y sus ojos chispearon.

Su pueblo; eso era. Recordó los rostros alegres que conoció por primera vez, Ryuji, Oyuki su esposo e hijos, los aldeanos que la habían tratado tan cálidamente cuando creyó que nadie lo hacía y en eso en su mente se coló la imagen de su señor. El ser al que ella le había entregado, su vida, su alma, su cuerpo... Su corazón y habían tenido una hermosa hija. Recordó sus años de felicidad, cuando Mitsuki nació y la tomó por primera vez en brazos, las risas, las miradas, caricias de amor y besos que la noche silenció.

Había un gran embrollo en su cabeza y las lágrimas comenzaron a caer por su rostro. ¿Qué era ese trato tan insensible? El mismo diablo era quien la tenía en esa situación.

-¡DECIDE HUMANA!

Los aldeanos prepararon armas. Rin parecía que iba a explotar, escuchó como todos llamaban su nombre en su cabeza, sus recuerdos, sus momentos de felicidad. Todo... Todo estaba en juego... Todo o nada.

-¡Esta bien!-Gritó y todos se quedaron estáticos.

Sollozaba y gemía de dolor, Kumone aún la mantenía en el aire sujeta por el cuello y ella tenía que hablar.

-Decido... Olvidarme del Lord...

El mencionado abrió los ojos desmesurados. NO, ¡NO! No podía permitirlo. Perder a Rin una vez en el inframundo por su culpa había sido terrible, pero... Perder su amor, su cariño... Era el castigo más tortuoso que se le hubiera podido ocurrir a Kumone.

-¡No!-Gritó Sesshomaru, ya no podía guardarse lo que tenía en su corazón. Sus memorias felices estaban a flor de piel, recordó cuando tuvo por primera vez a Rin entre sus brazos, cuando la revivió, la primera sonrisa que ella le regaló. Sus juegos, sus preguntas, sus cambios. Sus gemidos durante la intimidad, sus regaños, sus reproches. Su rostro cansado cuando le había dado el regalo de una preciosa hija, la melodiosa voz que por las noches podía escuchar para deleite propio, el ver su rostro dormir y su ser entero. ¡Él había sido el culpable de que ella llorara ese día! Y ni siquiera tuvo el tiempo de disculparse o intentar arreglar las cosas, ahora que la estaba a punto de perder, se sentía arrepentido y avergonzado.

-¡No lo hagas Rin!-Le gritaba su marido y la desesperación se hizo ver en la voz masculina.

-No puedo ver correr la sangre de toda esta gente inocente por mis manos...-Susurró.

En eso a pesar de su posición, ella le sonrió aún con lágrimas en los ojos.

-Quedémonos juntos... Por siempre

Itsumo...

En ese momento algo ocurrió, una brisa corrió por los pasillos del lugar, contuvieron la respiración, el corazón se detuvo y una lágrima furtiva corrió por los ojos dorados del demonio. La mujer araña colocó su mano sobre la frente de la humana.

-¡NOOO RIIN!-Gritó Sesshomaru mientras una orbe de energía recorría el cuerpo de la humana y tras esto un destello cegó a todos por unos instantes. Antes de poder recuperar la visibilidad, Ryuji y Kumone desaparecieron tras una risa malévola mientras en el césped una mujer de cabellos negros yacía desmayada.

-¡RIIN!-El rugido más grande del mundo se hizo presente que provenía de la misma garganta del Lord.