A pillar

Valerie y Prince se levantaron, salieron de la bañera y fueron hasta su dormitorio.

-Está como lo dejamos, con la cama sin hacer – dijo ella.

-Ya… qué desastre.

-No te importe, aprovechamos bien el tiempo – satisfecha.

-¿Cambió el recuerdo de tu Patronus de pajarito?

-Sí… cambió… – ilusionada.

-Ahora, de nuevo no lo tenemos en común.

-Claro, tú no te fuiste.

-Pero aun así lo disfruté mucho.

-Yo tampoco me fui en aquel desayuno ni cuando me lo hiciste con la boca y el mío sí que cambió. Podemos probar.

-Vale, probamos.

Probaron el recuerdo de la mañana del jueves. Emergió la alondra de Valerie, a Prince le salió un incorpóreo.

-Bueno, por lo menos es un incorpóreo – dijo Valerie.

-Sí, ya te digo que lo disfruté mucho.

-No importa, seguro que con lo que hagamos hoy volveremos a tenerlo en común.

-Seguro.

-¡Vamos a hacerlos juntos! – de viva voz.

-Claro, cariño – vinculado.

Conjuraron a un tiempo los Patronus, las alondras revolotearon por todo el dormitorio.

-¡Qué lindas…! Bésame, anda.

Valerie se volvió hacia Prince, lo tomó con fuerza por la cabeza y lo besó muy profunda y apasionadamente, él también la aferró a ella. Dejaron caer las varitas al suelo. Valerie le decía:

-Wooow… por fin te tengo para mí. Nunca llegarás a comprender cómo te amo, cómo te deseo, lo profundo que es mi sentimiento. Nunca antes había sentido nada tan intensamente. Siento que me arde el pecho, que me consumo en lo que siento por ti.

("Wooow…")

-Vaya, Valerie… me estás haciendo que sienta lo mismo…

Ella comenzó a desnudarlo con ansia y él a ella, al tiempo que no dejaban de magrearse por encima de la ropa.

-Buaaah… Valerie… si seguimos así, éste va a ser muy corto, me siento a punto de estallar.

-Eso quería, mi amor… volverte completamente loco, como yo lo estoy por ti… No te apures, vas a irte ya mismo, para que el de verdad nos lo tomemos más relajados.

Se arrodilló ante él, le bajó la ropa, lo introdujo en su boca.

-Muéveme tú – le ordenó – Con las dos manos. Domíname.

Él lo hizo y se fue a los veinte segundos. Estalló golpeando su garganta, gritando, la sintió tragar repetidas veces.

-Buaaah… Valerie… El recuerdo de mi Patronus acaba de cambiar...

-Eso pretendía, que el tuyo cambie tantas veces como el mío. Anda, túmbate en la cama y descansa. Ha sido muy fuerte, ¿verdad?

-Ya te digo…

-Ya lo he sentido. Qué potencia tienes, cómo me pone. Estoy caliente de imaginarte yéndote dentro de mí, contigo llegaría a la vez.

Prince se tumbó en la cama de costado y cerró los ojos. Valerie lo desvistió de cintura para abajo.

-¿Cuántas veces te fuiste ayer?

-Dos, y una esta mañana.

-Wooow… ¿quién lo diría? Ya te digo que puedes con cuatro, cinco mujeres y las que se te pongan por delante. No te duermas, ¿eh?

-No, Valerie, tranquila. Sólo estoy descansando, ha sido muy fuerte. Te deseo mucho, mucho. Me vuelves completamente loco.

-¿Tienes frío? Se te ha puesto la piel de gallina.

-Sí, tengo un poco. Hoy hace fresco y me he quedado destemplado. He debido ponerme ropa más abrigada.

-Métete en la cama.

-No, no, que me dormiré.

-No pasa nada, duerme un ratito si quieres.

Lo cubrió con la ropa de cama. ("Como cuida de mí. Es perfecta, amante y madre a la vez, será una madre maravillosa, merece tener tantos hijos como desea.") Ella también se desvistió y se metió en la cama, lo abrazó por detrás, acoplando todo su cuerpo al suyo y estrechándolo con el brazo contra sí, que Prince estrechó a su vez contra su corazón.

-La cucharita, para darte calor – dijo ella.

-¿Qué es eso?

-Esta postura para dormir se llama la cucharita, porque estamos acoplados como dos cucharitas.

Rieron.

-Qué gracioso. También sirve para hacerlo, con el chico detrás, por detrás.

-Cierto.

-Las lecciones teóricas de Deborah, del Kama Sutra.

-Ya me ha hablado de él.

-Lo tengo en casa. La próxima vez que estemos allí lo vemos juntos.

-Genial. Eres maravilloso, no sabes cuántas veces he soñado tenerte así. Te amo, te amo con todo mi ser.

-Tú sí que lo eres, Valerie. Me haces sentir tan bien, tan querido, digno, deseado, aceptado y arropado, y tenemos tantas cosas en común, que sé que podría quedarme sólo contigo y no me faltaría de nada, y dudo que pueda decir lo mismo de cualquier otro de mis amores.

-Vaya, Prince… increíble…

-Lo que te decía el otro día, de escaparnos solos a un país anarquista y dedicarnos a la música, lo decía muy en serio, renunciaría incluso a la magia. Ahora ya no soy indispensable para nadie, ni siquiera para Lily. Piénsalo, por favor, y nos escapamos.

-Prince, no digas tonterías, hablas así por lo a gusto que te has quedado.

-En absoluto, Valerie, llevo pensándolo toda la semana.

-No hay países anarquistas, mi amor.

-Pues a cualquier parte donde nadie nos encuentre, lejos de la guerra mágica. A un país en paz, a España, por ejemplo. Hacer el 'Camino de las Estrellas' y conocer a los libertarios de allí, que han sobrevivido a cuarenta años de dictadura. Deben ser gente excepcional, muy curtida, nos aceptarían entre ellos.

-No creas que no me veo tentada de hacerlo, mi amor.

-Por supuesto, Valerie, lo que me dijiste, hay muchas maneras de luchar, también para ti. Hagámoslo, por favor.

-Pero yo quiero mucho a mi familia, a mis padres, mi hermana pequeña, mis abuelos, mis tíos y primos y también a Andrew. Sufriría mucho no viéndolos.

Ya lloraban ambos.

-Siempre podrías viajar hasta aquí con un traslador. Piénsalo, por favor.

-Lo haré, mi amor. Pero… ¿de qué viviríamos?

-Yo convoco joyas, metales y minerales preciosos.

-¿Qué dices? – muy sorprendida - ¿Eso se puede?

-Lo estuve investigando, y en teoría, no. No aparece en los libros de Transformaciones.

-¿Es un nuevo poder?

-No lo sé, porque nadie que conozca lo ha adquirido. Tengo mi propia teoría al respecto.

Le habló del crisol del alquimista.

-Vaya… asombroso. Eres capaz de convocar oro porque has transmutado tu alma. Ya sabía que eres único, pero cada vez me lo pareces más. Desde luego que voy a pensar lo de escaparnos, a mí también me llegaría con estar sólo contigo.

-Entiendo que te cueste, Valerie. Tú también eres de muchos amores, como yo, en eso también nos parecemos. Al menos hemos soñado un rato, y ya sabes que mientras yo viva no te faltará de nada, podrás tener esa familia numerosa que deseas. Además, ya has visto que mi deseo en el espejo es permanecer con todos vosotros, formar una gran familia. Eso ansía verdaderamente mi corazón.

Dormitaron un ratito, por fin habló Prince, animoso:

-¿Qué? ¿Nos ponemos a la faena? ¿Cómo andas de ganas?

-Bueno… contigo siempre tengo, mi amor. ¿Te has recuperado?

-Desde luego – satisfecho – Estoy en plena forma.

-Eres espectacular.

-¿Has puesto la señal a Deborah en la ventana?

-Sí, sí.

-Espero que no se caiga con el viento.

-No se caerá, la he enganchado bien.

-Sal de la cama – le ordenó.

Ella lo hizo, llevaba el salto de cama negro.

-Wooow… Valerie. Esto no se lo digas a Deborah, pero a ti te queda mucho mejor.

-Por supuesto – con suficiencia – Es mi talla, no la suya.

-No sólo por eso. Eres una hembra espectacular, ya te lo dije, la mejor de mis amantes. No sé si hoy va a resistir entero, creo que voy a romperlo.

-Buaaah… no me digas eso, ya estoy a cien…

-Y yo, mírame.

Apartó la ropa de cama de encima de sí.

-Eres espectacular. Cinco veces en veinticuatro horas. Nunca tuve noticia de algo así.

-Y las que me quedan por delante. Para que veas cómo me pones. Voy por ti.

Salió de la cama por el lado que estaba ella y Valerie huyó al otro lado de la cama, carcajeándose.

-¿Ahora quieres jugar a pillar? – amenazante – Pues no te dejes pillar, porque cuando te pille te vas a enterar de lo que es bueno.

Rodeó la cama y Valerie se subió a ella para pasar al otro lado. ("Me subo a la cama y la cazo desde arriba, la ventaja de estar más elevado.") Así lo hizo, se subió a la cama, Valerie vaciló, él saltó hacia donde adivinó que se iba a mover y la cazó de frente, por las caderas.

-¡Te tengo! - de viva voz – Ahora te vas a enterar de que conmigo no se juega.

Ella intentaba zafarse, él la aferró muy bruscamente.

-¡Quieta! – profundamente autoritario - ¡Aquí mando yo!

La hizo darse la vuelta, con la misma brusquedad, ella gritó. ("Está caliente a tope.")

-Grita, grita, aquí no va a venir nadie a rescatarte. ¿No querías quedarte sola conmigo? Ahora estás a mi merced.

La aferraba sin miramientos por las caderas, clavándose contra su trasero, moviéndose arriba y abajo, al tiempo que le mordía la nuca.

-Te he engañado, no voy a mirar por ti, hoy todo lo que hagamos va a ser para mí. Es por tu culpa, siempre te prestas a que te use, a que haga lo que quiera contigo, y eso me pone mucho, mucho.

Continuó así un rato, clavándole bien los dedos, le decía:

Voy a dejarte marcada, mañana vas a tener moratones. Te está doliendo, ¿verdad?

-Sí…

-Y te gusta.

-Sí…

-A mí también me gusta que te duela.

Cuando comenzaba a aburrirse le palpó la ropa interior. ("Empapada.") Comenzó a hacérselo con la mano derecha apretándola contra sí, con la izquierda atacaba sus pechos.

-No te vayas hasta que te lo mande yo.

-No…

A los tres minutos ella le dijo:

-Me falta poco...

Paró de golpe.

-Voy a dejarte a medias.

-No…

-Sí. Por resistirte.

Se separó de ella, se quitó la camiseta, la hizo darse la vuelta, se la subió a la cintura cogiéndola por los muslos, la llevó hasta la mesa y la sentó. ("Perfecto, justo a mi altura.") Desgarró el salto de cama de arriba abajo y también la ropa interior. Ella gritó en cada movimiento.

La abrazó por debajo de los jirones de ropa como había aprendido de Sirius, ella se aproximó al borde de la mesa y lo rodeó con brazos y piernas, uniéndose estrechamente a él. Él le dijo muy dulcemente:

-Vamos a cantar, preciosa, dos veces. Da la entrada.

Cantaron el Vínculo como Pareja. ("Buaaah… qué sensación. Me ama tanto que desde que supo de mí vive para mí y a través de mí. Está en su plenitud, pues ha obtenido el objeto de su amor profundo y ha resultado que soy tal y como a ella le gusta, cada cosa que descubre en mí la hace enamorarse más y más. Y para ella, el amor es lo más importante, está muy por encima, con diferencia, de todo lo demás, por lo que es profundamente dichosa de estar a mi lado y de hacerme feliz también a mí.")

Prince se habría quedado sintiéndolo, pero Valerie se separó de él para besarlo con pasión, aferrándolo por la cabeza, como al entrar en la habitación, y ambos se volvieron locos. Se movió arriba y abajo contra ella, agarrándola por el trasero. Ella llegó al poco tiempo gritando, y cuando acabó él aceleró el ritmo y lo hizo poco después.

-Jo… - dijo él, volviendo a abrazarla, apenado – No hemos llegado a la vez…

-¿Qué importa eso, cariño? - ella le besaba el cuello - No tiene ninguna importancia. ¿No te ha gustado?

-Claro que me ha gustado, mi amor, me ha encantado.

-He llegado antes que tú porque me has puesto muy caliente, estaba más caliente que tú, y porque tú ya te habías ido hace un rato.

-Claro…

-Mejor así que si tú te hubieras ido antes que yo o hubieras tenido que contenerte, ¿no crees?

-Desde luego, cariño. Ha sido perfecto.

-Tienes que quitarle importancia a eso de llegar a la vez o llegar el mismo número de veces. Los números no cuentan en el amor.

-Cierto.

-Tengo que aprender a decirte cosas para ponerte más caliente cuando lo hagas para mí, como hacéis tú y Deborah, porque tu ritmo es más rápido.

-No es necesario que aprendas a decir nada, Valerie, eres perfecta como eres, no quiero que te parezcas a nadie. Si a ti te da igual acabar a la vez, a mí también, yo siempre puedo irme después que tú. Al contrario es más complicado, porque a mí me baja.

-Pero tampoco tendría ninguna importancia, me lo haces con la mano o la boca y ya está, o me lo hago yo mientras tú me dices o me haces cosas de las tuyas. Prefiero que no tengas que contenerte nunca. No quiero repetir nunca más el desastre del primer día.

Rieron.

-No fue un desastre, cariño, nos valió para conocernos mejor. ¿Quieres que te lleve a la cama?

-Sí, por favor, me ha encantado que me cogieras aúpa – muy ilusionada - Qué fuerte eres, porque peso más que tú.

La llevó a la cama y se metieron dentro mientras hablaban.

-Por eso te he sentado en la mesa, porque no sabía si aguantaría suficiente tiempo contigo aúpa hasta que nos fuéramos. Cuando acabe de crecer y sea tan alto como tú te lo haré en pie, con Deborah ya lo he hecho así dos veces.

-¿En serio? – asombrada.

-Claro.

-Buaaah… estás como un toro, ¿eh? – admirada – Andrew es más alto que yo y nunca me coge aúpa, dice que peso mucho.

-Qué bobo. Pues yo te cojo aúpa siempre que quieras, te subes a mi espalda, más fácil. Mañana te saco así del Comedor.

-¡Vale! – de viva voz.

-Porque me da mucha vergüenza cuando me enlazas para salir, eres más alta que yo.

-¡Qué bobo…! – de viva voz, riendo.

-Pues sí, porque me encanta que seas tan alta, cuando yo crezca seremos de la misma altura.

-Claro.

-Y quedaremos a la misma altura para hacer cositas de pie.

-Eso, eso.

Rieron.

-Ya verás qué interesante el Kama Sutra. Ayer estrené una postura con Lily.

-¿Y cómo era?

Se lo explicó.

-Como hemos hecho ahora pero sentados – dijo Valerie.

-Eso. Pero se movía ella.

-Claro, ella lo tenía más fácil para moverse, estando tú sentado y teniendo ella las piernas apoyadas en el colchón.

-Eso.

-¿Y la que hemos hecho ahora no venía?

-No. No venía nada en una mesa. La he inventado yo.

Rieron.

-Lo que decías ayer, inventas todo, eres genial.

-Y he tenido suerte, porque quedabas justo a mi altura.

-Ya. Cuando crezcas le alargaremos las patas. Me ha gustado mucho, me ha hecho mucha gracia, nunca me lo había hecho sentada en una mesa.

Rieron.

-Yo tampoco. Me alegro de que haya sido la primera vez para los dos.

-Y nunca lo olvidaremos.

-Pues no, es genial. Jo… te he roto el salto de cama tan bonito.

-Pues sí, porque me hacía mucha ilusión llevarlo también para Deborah.

-Vaya… perdona.

-No importa, en el momento me ha encantado y me ha puesto muy caliente, ha merecido la pena. No te preocupes, en verano me compro otro igual.

-Te lo compro yo.

-Vale, cuando vayamos de compras a Londres.

-Claro, lo vamos a pasar genial.

-¿Te gusta ir a comprar ropa? – extrañada.

-Me encanta. Sólo he ido una vez en mi vida.

-Claro… por eso… A ningún chico le gusta.

-Pues a mí sí.

-Hasta para eso eres genial. ¿Tienes algún defecto? – riendo.

-Pienso que me tienes idealizado.

-En absoluto. Eres perfecto para mí.

-¿He hecho o dicho algo que te haya molestado?

-No. Si lo hubieras hecho te habría avisado.

-Tú también eres perfecta para mí.

-¿Y yo? ¿Te ha molestado que intentara escaparme?

-Para nada, me ha encantado, me ha puesto a cien y me has dado la excusa perfecta para dominarte.

-Lo sabía, que sepas que lo he hecho por eso, si no quiero no me pillas. A la próxima te hago perseguirme por toda la casa.

-Vale, y te lo hago donde te pille. Aquí te pillo, aquí te mato.

Se carcajearon.