Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor

Hay OOC


CAPITULO VEINTISIETE


Al día siguiente por la tarde, Naruto se plantó delante de la casa de los Hyuga con un paquete en cada mano. Miró fijamente la puerta principal; tenía el estómago revuelto y el corazón en un puño. Todo lo que quería estaba dentro de aquella casa, cosas que no sabía que quería hasta que las había experimentado y luego las había perdido. Tras la reprimenda que le había soltado Sakura, se había dado cuenta de que tenía que ir allí, aunque sólo fuera porque le debía a Hinata una explicación de por qué le había mentido y una disculpa por las cosas tan horribles que le había dicho en el jardín de Sasuke. Si ella le seguía odiando después de hablar con él, se lo tenía bien merecido. Pero, en su fuero interno, él esperaba y rogaba a Dios un desenlace diferente.

Recolocándose los paquetes envueltos con colores alegres, llamó a la puerta. Al cabo de un rato, la puerta se abrió de par en par. Killer B estaba de pie en el umbral, con los ojos entornados.

—¿Sí? ¿Quién es? —preguntó el hombre, tocándose nerviosamente la chaqueta y frunciendo el ceño—. ¡Rayos y centellas! ¿Dónde diablos he puesto las gafas?.

—Las lleva en la cabeza, Killer B —dijo Naruto, incapaz de contener una sonrisa. «Dios, cómo me gusta estar de vuelta.»

Killer B se palpó la cabeza, encontró las gafas y se las puso sobre la nariz. Cuando vio a Naruto, su rostro se desencajó en una expresión que sólo podía describirse como de repugnancia. Abrió la boca para hablar, pero le acalló un vozarrón que retumbó en los oídos de Naruto.

—¿Quién diablos es y qué diablos quiere? —"A" se asomó al umbral y sus ojos se achinaron hasta convertirse en meras ranuras en cuanto vio a Naruto—. ¡Que me saquen del nido del cuervo y me tiren como carnaza a los peces! ¿No es su asquerosa y santísima señoría?.

Naruto notó que se estaba sonrojando ante las duras miradas de ambos sirvientes. Parecía como si todo el mundo con quien se topaba tuviera que darle un fuerte rapapolvo.

—¿Cómo está, Killer B? ¿Y usted, "A"?

—Estábamos bastante bien hasta que le hemos visto ahí de pie —dijo Killer B con evidente desdén.

—¿Por qué ha venido? —preguntó "A"—. ¿No le ha hecho ya suficiente daño a la pobre?

A pesar de que Naruto entendía su enfado, no tenía ninguna intención de hablar sobre sus errores allí fuera.

—¿Puedo entrar?

Killer B frunció los labios como si acabara de probar algo ácido.

—Lo cierto es que no puede. Estamos preparando una fiesta que está a punto de empezar y todo el mundo está muy ocupado. —Empezó a cerrar la puerta.

Naruto introdujo el pie en la abertura.

—Tengo muchas faltas que expiar y no creo que pueda hacerlo si me obligan a quedarme aquí fuera.

Killer B resopló.—¿Ha dicho «expiar»?

"A" cruzó sus musculosos brazos llenos de tatuajes sobre el pecho.

—Me gustaría ver cómo lo intenta.

—A mí también me gustaría —dijo Naruto sin alterarse—. ¿Me dejan entrar? —Naruto estaba dispuesto a abrirse paso a empujones si era necesario, pero esperaba fervientemente que eso no fuera necesario. Dudaba mucho que pudiera esquivar a ambos hombres y "A" le miraba como si tuviera ganas de masticarlo vivo, escupirlo y enterrarlo en un profundo hoyo.

—No, no puede entrar —dijo Killer B echando chispas por los ojos—. La señorita Hinata por fin ha dejado de llorar. Ella cree que nadie se ha enterado de lo mal que lo ha pasado, pero la conozco desde hace mucho. Ella salvó su despreciable vida, no una, sino dos veces. Le ofreció todo cuanto tenía, pero a usted no le bastaba, ¿verdad? —Los labios de Killer B se deformaron en una mueca de repugnancia—. Pues bien, ahora tiene un pretendiente como Dios manda. No permitiré que vuelva a hacerla sufrir.

—No tengo ninguna intención de hacerla sufrir —dijo Naruto intentando mantener la calma y haciendo un esfuerzo por ignorar la alusión a «un pretendiente como Dios manda»—. Sólo quiero hablar con ella.

"A" frunció todavía más el ceño.

—¡Sobre mi cadáver! Si hace falta, le sacaré las tripas con mis propias manos. De hecho...

—Ella me quiere —le interrumpió Naruto, esperando que sus tripas no acabaran en las manos de "A".

—Lo superará.

—Y yo la quiero a ella.

Killer B contestó a aquella declaración con un elocuente resoplido.

—Tiene una forma de lo más extraña de demostrarlo, mi señoría.

—Espero poder remediarlo.

—¿Cómo?

De algún modo, Naruto consiguió mantener la paciencia.

—Eso es privado, Killer B.

—Usted lo ha querido. —La puerta empezó a cerrarse de nuevo.

—Está bien. Si deben saberlo, tengo pensado pedirle a Hinata que se case conmigo.

Killer B parecía sorprendido, pero "A" se mostró aún más sorprendido.

—¿Qué ha dicho?

—Que quiero casarme con ella.

Era evidente que ninguno de los dos hombres esperaba aquel giro de los acontecimientos.

"A" se rascó la cabeza y preguntó:—¿Porqué?

—Por que la quiero. Estoy enamorado de ella.

—La ha tratado como a un trapo sucio.

—Lo sé. —Cuando Naruto vio que los ojos de "A" se ensombrecían todavía más, añadió—: Pero estaba equivocado, terriblemente equivocado. Y lo siento mucho. —Miró a los dos sirvientes, que estaban de pie como dos centinelas vigilando la puerta—. Les admiro a ambos por su lealtad. Déjenme hablar con ella. Si Hinata me pide que me vaya, les prometo que lo haré sin tardanza.

"A" maldijo para sí y empujó a Killer B a un lado. Estuvieron susurrando durante un rato y luego volvieron a dirigirse a Naruto. Killer B carraspeó. —Hemos decidido que, si realmente la quiere, y la señorita Hinata tiene un corazón tan grande que es capaz de perdonarle, no nos interpondremos en su camino. Ella debe tomar sus propias decisiones.

—Pero, si vuelve a hacerla sufrir —le avisó "A"—, ataré su noble culo al ancla y luego la tiraré al mar.

Dieron un paso atrás y le indicaron con un gesto que podía entrar.

—Gracias. Tienen mi palabra de que no se arrepentirán de haberme dejado entrar.

—Ella se merece lo mejor —dijo "A" en tono malhumorado.

—Tendrá todo cuanto esté en mi poder darle —prometió Naruto solemnemente—. Toda la familia lo tendrá, ustedes dos incluidos.

Los dos hombres parecieron sorprenderse ante aquellas palabras.

—Lo único que queremos es verla feliz —refunfuñó "A".

Permanecieron un rato de pie en el vestíbulo, mirándose fijamente entre sí. Luego, en una muestra de camaradería que Naruto nunca antes habría considerado tener con un sirviente, tendió la mano primero a Killer B y luego a "A".

Tras estrecharles la mano, Naruto soltó un sonoro suspiro de alivio.

—¿Dónde está Hinata?

—Todo el mundo está en el lago —contestó Killer B—. Esperamos que estén de vuelta dentro de una hora.

"A" se disculpó, diciendo que tenía cosas que hacer, y Killer B condujo a Naruto hasta la biblioteca.

—Usted puede esperarles aquí—dijo Killer B—. Ya le avisaré cuando lleguen.

—Gracias. Dígame una cosa, Killer B, ¿está el resto de la familia igual de enfadado conmigo?

Killer B se rascó la barbilla.

—Los niños no lo están, pero ellos no saben que usted le partió el corazón a la señorita Hinata. No puedo hablar por tía Koharu, pero yo no esperaría una cálida bienvenida de la señorita Hanabi y, a menos que tenga ganas de que le peguen una patada en sus nobles nalgas o con una cacerola en su cabeza de chorlito, le aconsejo que evite a Pierre.

Naruto disimuló su sorpresa ante las directas palabras del lacayo.

—Entiendo.

Killer B se dio la vuelta para irse, pero se detuvo en el umbral de la puerta.

—Supongo que nuestras formas poco convencionales debían de ser un tanto violentas para un aristócrata de su nivel.

—Créame, Killer B, toda la «violencia» que he recibido de manos de los Hyuga ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida.

La mirada gélida y reticente se esfumó del rostro de Killer B.

—Bueno, va a tener que sudar la gota gorda para conseguir lo que desea. El doctor Sarutobi le propuso en matrimonio a la señorita Hinata y tienen pensado casarse dentro de dos meses. Creo que al señor Inuzuka, que me parece que es del tipo impaciente, le gustaría celebrar una boda doble. —Killer B tosió discretamente sobre la mano y dejó a Naruto solo en la biblioteca.

Naruto anduvo hasta la ventana y miró hacia fuera sin ver nada mientras las palabras de Killer B resonaban en su cabeza. «O sea que Inozuoka es un hombre del tipo impaciente, ¿eh? Va a convertirse en un hombre del tipo magullado y sin dientes si se ha atrevido a ponerle las manos encima a mi mujer.»

Una ráfaga de color captó la atención de Naruto, y enfocó la vista en el sendero que llevaba al lago. Tokuma y Kou salieron de la espesura del bosque, seguidos de la pequeña Hima. Winky, Pinky y Stinky, con un aspecto algo menos asqueroso que la última vez que los había visto, corrían a saltos detrás de los chicos. Luego aparecieron Hanabi y el doctor Sarutobi, la mano de Hanabi en el brazo de Konohamaru, quien la miraba con una radiante sonrisa. Incluso desde lejos, Naruto percibió lo felices que parecían. Una sonrisa arqueó sus labios.

Pero la sonrisa se esfumó de su rostro en cuanto vio a Hinata saliendo del bosque, su mano en el pliegue del codo de Kiba Inudiota.

A Naruto le empezó a hervir la sangre cuando vio cómo Kiba estampaba un rápido beso en la sien de Hinata, y el consecuente rubor en las mejillas de ella. «Voy a arrancarle a ese canalla un miembro detrás de otro. Y sus asquerosos labios serán los primeros de la lista. En Halstead le conocerán como Kiba el Sin Labios.» Naruto seguía mirando ferozmente por la ventana, pensando en formas dolorosas de darle su merecido castigo al hombre que había osado tocar lo que era suyo, cuando la puerta de la biblioteca se abrió de par en par.

—¡Ha venido! ¡Ha venido!

Naruto se volvió y vio a Hima cruzar corriendo la habitación. La pequeña se arrojó a sus brazos y él la levantó y la hizo girar a su alrededor.

—¿Cómo me iba a perder la fiesta de cumpleaños de la anfitriona más distinguida de todo Halstead? —le preguntó con absoluta seriedad—. No me perdería una fiesta con galletas y té organizada por ti en un millón de años.

—Volvió a dejar a la pequeña en el suelo y le tiró cariñosamente de un rizo.

—Les dije que usted vendría —susurró entusiasmada—, pero nadie me creyó. Todos decían que estaba demasiado lejos y demasiado ocupado, pero yo sabía que vendría. —Se abrazó a los muslos de Naruto.

—¡Señor Uzumakson! —Kou corrió hasta Naruto con el rostro rojo a causa de la emoción—. Killer B me ha dicho que estaba aquí. ¡Vaya sorpresa!

Naruto despeinó al chico con un gesto cariñoso y le devolvió la sonrisa.

—No se llama señor Uzumakson, idiota —dijo Tokuma en tono mordaz—. Se llama lord Uzumaki. —Se volvió hacia Naruto—. Es un placer volverle a ver, milord.

—El placer es mío —dijo Naruto tendiéndole la mano. Tokuma sonrió y se la estrechó.

Tía Koharu se unió al grupo, sonrojándose intensamente cuando Naruto le besó la mano con galantería.

—¡Santo Dios! —exclamó con el rostro de un rosa subido—. No sólo es apuesto y encantador, sino encima marqués. Creo que necesito sentarme.

El doctor Sarutobi saludó a Naruto cordialmente, pero Hanabi fue mucho más comedida en su saludo, limitándose a inclinar la cabeza ligeramente mientras decía:—Lord Uzumaki.

Kiba fue igual de circunspecto.

—¿Qué le trae de vuelta por Halstead?

—Hima me invitó a su cumpleaños —contestó Naruto, con los ojos fijos en Hinata, que todavía no le había dirigido la mirada ni la palabra. Su atención parecía centrarse en algo fascinante que había en la alfombra.

Kiba enarcó las cejas.

—¿Hima le invitó?

Naruto miró puntualmente el rostro de aquel hombre y luego su posesiva mano reposando sobre el codo de Hinata. Si Inubecil no le quitaba la mano de encima a Hinata pronto, iba a aplastar a aquel indeseable.

—Sí. Hima me invitó. —Se volvió hacia Hinata—. Hola, Hinata.

Hinata seguía mirando fijamente la alfombra.

—Buenas tardes, lord Uzumaki.

Hima tomó a Naruto de la mano.

—Venga conmigo. La fiesta está a punto de empezar.

Naruto se dejó guiar por Hima y el resto del grupo los siguió hasta el patio, donde habían preparado una merienda por todo lo alto. Hima presidió la ceremonia, pasando a los invitados bandejas y fuentes de galletas recién salidas del horno y pasteles mientras Hinata servía el té. Naruto le dio a Hima el regalo que le había traído y Hima gritó de alegría cuando abrió el paquete y vio la muñeca que había dentro.

—¡Oh! —exclamó Hima entusiasmada—. ¡Es preciosa! —Abrazó a la muñeca contra su pecho y dio a Naruto un fuerte abrazo—. Gracias, lord Uzumaki. La señorita Josephine y yo la querremos siempre. —Acercó los labios a la oreja de Naruto—. Y yo también le quiero a usted.

A Naruto se le hizo un nudo en la garganta.

—De nada, Hima. —Inclinándose hacia la niña, le susurró al oído—: Yo también te quiero, Hima. —La abrazó con fuerza y le invadió una reconfortante alegría. «Dios mío. ¡Qué sensación tan increíble oír esas palabras, decir esas palabras!»

Se reanudó la conversación, desaparecieron las galletas y el té, y Naruto tuvo la impresión de que todo el mundo estaba hablando al mismo tiempo.

Todo el mundo excepto Hinata.

Ella se limitó a quedarse allí sentada, sin dignarse dirigirle ni siquiera la mirada.

Naruto se unió a la conversación e hizo de tripas corazón para no ponerle mala cara a Inozoka, que parecía no poder quitarle las manos de encima a Hinata.

—Dígame, lord Uzumaki—intervino Kou, mirando a Naruto con admiración—. ¿Cómo es la vida de un marqués ?

Naruto meditó sobre la pregunta.

—De hecho, es una vida muy solitaria. —Naruto se recostó en el respaldo de la silla y fijó la mirada en Hinata, que seguía sin mirarle—. Tengo seis feudos y soy responsable del bienestar de cientos de agricultores. Paso gran parte del tiempo visitando mis distintas propiedades. Mis obligaciones me dejan muy poco tiempo para hacer amistades.

—El señor Uchiha, quiero decir, el duque de Sharingan, es amigo suyo —dijo Tokuma tras dar un mordisco a una galleta.

—Uno de los escasísimos amigos que tengo. Ahora soy muy afortunado, espero, poder contar con tu familia entre mis amigos.

Hima, que estaba sentada a la derecha de Naruto, deslizó su manita en la de él.

—Nunca había tenido un «parqués» como amigo —le confió con una sonrisa.

Kou puso los ojos en blanco en señal de disgusto por el imperdonable error que había cometido su hermana.

—Es un marqués, no un «parqués», Hima.

Naruto apartó puntualmente la mirada de Hinata y sonrió a la encantadora carita de Hima.

—Y yo nunca había tenido una damita tan dulce como amiga. —Luego centró la atención en Hanabi y en el doctor Sarutobi, que estaban sentados delante de él—. Me he enterado de que van a contraer matrimonio. Mis felicitaciones a ambos. —El rubor tiñó las mejillas de Hanabi.

Volvió a dirigir la mirada a Hinata. Estaba contemplando fijamente su plato, y el rostro se le había puesto pálido como la nieve. Naruto deseaba tanto acercarse a ella, tomarla en brazos y sacarla de allí que tuvo que hacer un gran esfuerzo para quedarse sentado. Sin apartar la mirada de Hinata, dijo:—Hablando de matrimonio, he estado pensando bastante en ese tema últimamente.

—¿Y qué ha estado pensando, si puede saberse, lord Uzumaki? —preguntó Hima.

Con los ojos clavados en Hinata, dijo con dulzura:—He decidido casarme.

Hinata palideció y cerró los ojos. Acto seguido se puso en pie bruscamente, murmuró algo sobre un terrible dolor de cabeza y salió corriendo de la terraza.

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Continuará...