La historia es una adaptación del libro de Vi Keeland y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
31
POV Bella
Puse mi alarma a las seis, aun cuando realmente no había decidido si iba a ir o no. Después de una ducha rápida, agarré mi teléfono desde el cargador y leí nuestros mensajes de texto de anoche de nuevo.
Emmett: Nada bien.
Bella: Lo siento. ¿Algo que pueda hacer?
Emmett: Una fotografía desnuda podría ayudar…
Bella: LOL. Me alegra ver que suenas como tú mismo ahora. Esta tarde cuando hablamos, no hubo ninguna insinuación sexual. Estaba preocupada.
Emmett: Yo también.
Bella: ¿Te quedas en el hospital esta noche?
Recordé escribir el último mensaje y luego editar una sola palabra. El texto inicial decía: ¿Te quedas solo en el hospital esta noche? Pero inmediatamente después me sentí egoísta y estaba contenta de no haberlo enviado. Estaba pasando por un momento horrible, y mis celos no tenían lugar.
Emmett: No. De regreso a Regency pronto. Volveré en horas de visita en la mañana a las nueve.
Bella: Está bien. Espero que duermas un poco.
Emmett: Llámame en la mañana. Voy a poner la alarma a las siete y media así puedes hablarme sucio antes de bañarme.
Mi mente estaba ocupada debatiendo si debería o no mientras me secaba el cabello y conseguía alistar mi ropa. Me puse un costoso sujetador y bragas a juego en los que había despilfarrado la semana pasada, me di cuenta que mi cabeza estaba engañándose a sí misma. ¿A quién estaba engañando? Había afeitado mis piernas y puesto sexy ropa interior nueva. Mentalmente ya había decidido que iba a sorprender a Emmett con un servicio de despertador personal, incluso antes de admitirlo a mí misma.
Afortunadamente para mí, el uniformado operador del elevador recordaba verme con Emmett. Entonces cuando le expliqué con un rubor que quería sorprender a mi novio, metió la llave en la ranura con una sonrisa maliciosa. Eso fue algo bueno, porque había olvidado por completo que el acceso al piso del penthouse requería una llave especial.
Realmente no había razón para que estuviera nerviosa, sin embargo, allí estaba yo, parada frente a la suite de Emmett, una bolsa de sus muffins de calabaza con especias favoritos en una mano y cafés en un transportador de cartón en la otra, y ansiosa por tocar sin ser anunciada.
Respiré profundamente, levanté mis nudillos y toqué la puerta marcada como PH2.
Ninguna respuesta.
Sacando mi teléfono, miré la hora, siete treinta y tres. Tal vez todavía estaba durmiendo, o en la ducha… o había decidido salir temprano.
Toqué una vez más. La segunda vez más fuerte que la primera.
Acababa de empezar a darme la vuelta cuando escuché el sonido de pies caminando hacia la puerta.
Emmett respondió, vistiendo solo un ajustado bóxer negro. Tenía un cepillo de dientes en su boca, y su cabello era un sexy desastre. Su boca con espuma se convirtió en una sonrisa.
Levanté la bolsa de muffins.
―Te traje el desayuno.
Sus ojos me recorrieron de pies a cabeza, haciéndome sentir deliciosamente violada.
―Ciertamente lo hiciste.
Estaba muy contenta de haber cambiado mi atuendo cuatro veces y decidido por algo un poco más en el lado sexy.
Se hizo a un lado, sosteniendo su brazo hacia fuera para que yo entrara.
―Las damas primero.
Le di los cafés al pasar.
―Las damas primero es solo la forma en que Emmett Mccarty dice: "Déjame ver tu culo".
―Ya lo sabes. ―Se carcajeó y desapareció en el cuarto de baño, regresando después de haber terminado de lavar sus dientes.
―Pensé que tal vez podrías necesitar un feliz servicio de despertador y algo de comer.
Emmett tomó la bolsa de mi mano y la arrojó por encima de su hombro antes de envolver sus brazos alrededor de mi cintura y tirar de mí más cerca.
―Eso es perfecto. Estoy jodidamente muriendo de hambre.
―¿Qué estás haciendo? ―Me llevó hacia atrás hasta que la parte posterior de mis rodillas golpearon el sofá.
―Voy a comer. ―Me dio un suave pero firme empujón hacia atrás, haciéndome aterrizar en el sofá. Miré hacia él, mis ojos contemplando su hermoso rostro, pero me distraje rápidamente siguiendo hacia abajo, a sus anchos hombros, a través de sus musculosos pectorales y abdominales, mi mirada se posó en su gloriosa y esculpida V. Esa marca podría en serio hacerme olvidar mi nombre― Tú también luces hambrienta. ―Sonrió, atrapándome comiéndomelo con los ojos.
―Dios, despiertas luciendo así. Tu cuerpo realmente es ridículamente increíble.
Frotó su abultada erección a través de su ajustada ropa interior. Verlo tocarse me hizo apretar mis muslos juntos.
―Me alegro que te guste. Pero quiero ver más de ti. Levanta esa falda.
Vacilé por un breve instante. Acababa de entrar por la puerta, y la luz del día brillaba a través de las ventanas de la sala. Pero vine aquí con la esperanza de traerle un poco de felicidad en medio de un par de días difíciles. Además... mira esa V.
Llegué a la parte inferior de mi falda y la recogí, dejándola en un montón alrededor de mis caderas. Parecería un lío arrugado en la oficina más tarde, pero sabía que cuando Emmett terminara conmigo, no me iba a importar en lo más mínimo.
―Estos están en medio. ―Se estiró y, con un rápido tirón arrancó mis bragas nuevas.
Antes de que pudiera replicar que las había roto, se dejó caer de rodillas y hundió su rostro entre mis piernas.
Oh Dios.
Me devoró. Lamiendo y chupando, sus manos agarrando mis caderas para mantenerme en el lugar cuando empecé a contonearme.
Necesito moverme.
Pero cuanto más me resistía, más fuerte me aprisionaba y más agresivamente su lengua me atacaba. Era frustrante, necesitaba girar mis caderas para encontrar su ritmo. Al darme cuenta que no iba a llegar a ninguna parte mientras estuviera bajo su dominio, hundí mis dedos en su cabello, tratando de tomar un poco de control de nuevo.
Se rió cuando jalé su cabello para mover su cabeza ligeramente hacia arriba, pero captó la indirecta y cambió su concentración hacia mi adolorido clítoris. Alternando entre ondear y chupar, me llevó al orgasmo. Había estado dentro de su apartamento menos de diez minutos.
Me llevó a la cama después de eso, y tuvimos sexo.
Buen sexo.
No. Sexo buenísimo.
Del tipo donde buscó mi rostro mientras se deslizaba dentro y fuera de mi cuerpo con movimientos suaves y luego, cuando mis ojos se abrieron, nuestras miradas se encontraron y me sonrió. Sin aliento y hermoso.
Después apartó el cabello fuera de mi rostro, mientras ambos nos tumbamos sobre nuestros lados el uno frente al otro.
―Gracias por darme eso.
Sonreí.
―Gracias a ti por darme eso.
Se echó a reír.
―Sabes a lo que me refería. Por dejarme perderme en ti por algún tiempo. Y no quejarte cuando básicamente te ataqué cuando entraste por la puerta.
¿Quejarme? ¿Estaba loco?
―Puedo pensar en maneras peores de ser recibida.
Besó mis labios suavemente.
―Hoy va a ser horrible.
Apoyé mi cabeza en mi codo para escuchar.
―Nos van a aconsejar remover todos los tubos y dejarla ir en paz. Solo lo sé.
―Lo siento mucho. Esa es una decisión muy difícil de tomar para ti.
―No soy quien va a tener que hacerlo.
―Pensé que eras su tutor legal.
―Lo soy. Pero firmó un poder para nombrar un apoderado médico hace años. Antes que comenzara a mostrar algún signo de demencia.
―Oh. ¿Quién toma sus decisiones de atención médica, entonces?
―Rosalie.
Eso tenía sentido.
―¿Ha estado manejando bien las cosas?
―Está enojada. Pero está controlándose por el momento. No estoy seguro que pudiera regresar de esto si desaparece dejando a Maggie ahora.
Asentí.
―¿Cuánto tiempo ha estado limpia?
―Dice que once meses.
―¿Le crees?
―Creo que sí. Se parece más a la Rosalie que conocí hace mucho tiempo.
Una sensación de inquietud se apoderó de mí. La Rosalie que él conocía era la Rosalie de la que se enamoró. Si Jacob no hubiera muerto y volviera a mi vida mañana, ¿qué haría con una segunda oportunidad?
Nos quedamos en la cama un poco más de tiempo. Empujé cualquier cosa de celos inmaduros que tenía hacia un lado.
―Cuéntame sobre ella.
―¿Maggie? Ella es dura como una roca y suave al mismo tiempo. Hacía cosas buenas por la gente, pero nunca quería que supieran que las hacía.
―Mi padre solía decir que el altruismo estaba mal escrito, que se escribía a-n-o-n-i-m-o.
―Así es como vivía Maggie. Cuando Rosalie estaba en una de sus borracheras, solía frecuentar esas guaridas de ocupantes ilegales en Bushwick. Era un verdadero agujero del infierno, sin calefacción ni agua potable, sin embargo, un puñado de adictos lo llamaba casa. Un enero nevado Maggie insistió en venir conmigo a buscar a Rosalie. Cuando entramos, el lugar estaba congelado. La mayoría de las personas que estaban desplomados tenían periódicos apilados encima de ellos en busca de calor. Llevamos a Rosalie a casa, y unos días más tarde regresé para llevarla a casa de nuevo, otra vez. Fui sin decirle a Maggie la segunda vez. Cuando entré, todos tenían un abrigo encima, todos llevaban abrigos de Maggie. Había vuelto al día siguiente sin decírmelo y regalado todos sus abrigos.
―Vaya. Suena como una hermosa persona.
―Lo es. También la mataba ir a esos lugares. Tuvo que ver a su nieta seguir los pasos de su hija. Me alegra que pudiera ver a Rosalie sobria durante algunas semanas antes de que esto sucediera.
―A mí también.
Hablamos de Maggie, hasta que se me hizo tarde para el trabajo.
―Tengo que lavarme y llegar a la oficina.
―Toma una ducha conmigo.
―Ya voy a llegar tarde, y tú querías ir al hospital cuando empezaran las horas de visita. Ducharnos juntos definitivamente no es una buena idea.
―Probablemente tengas razón.
―Solo voy a recoger mi cabello y saltar en la ducha para lavarme. Usaré el baño de invitados.
Emmett hizo un mohín.
―Me gustas con mi olor sobre ti.
Tomé una ducha rápida y estaba a punto de salir cuando algo brillante cerca del desagüe llamó mi atención. Al principio, pensé que era una moneda, pero cuando me agaché para recogerlo, me di cuenta que era un collar atrapado alrededor de la rejilla.
Lo desenredé, y cuando lo levanté, un colgante cayó al suelo. Un colgante en forma de la letra R.
Ya estaba vestida cuando Emmett salió de la ducha del baño principal.
―Lo has hecho rápidamente. ―Sonrió―. Y esa no es la primera vez hoy.
Estaba enloqueciendo por dentro, pero de alguna manera logré pronunciar mis palabras calmadamente. Extendiendo mi mano, le ofrecí el collar.
―Esto estaba en la ducha. Casi se va por el drenaje, pero el broche se quedó atrapado en la rejilla.
Frunció su ceño y levantó el collar, la R colgando entre nosotros. Simbólico. Sus ojos se cerraron por un momento y luego levantó la mirada hacia mí.
―Debe ser de Rosalie.
Sostuve su mirada, pero no dije nada.
―Se duchó aquí ayer. Debe haberlo dejado caer.
―¿Estuvo aquí?
―Sí. Pero por su cuenta. Llegué a casa y tomé una ducha, luego, cuando volví al hospital, le di mi llave y le dije que usara mi casa para ducharse. Vive en las afueras de la ciudad, y queríamos estar allí cuando los médicos llegaran.
Asentí. Luego caminé hacia mi bolso y saqué mi teléfono, revisándolo rápidamente por ninguna otra razón que la necesidad enfocarme en otra cosa. Emmett se quedó allí y me miró. Cuando me puse mi abrigo y permanecí callada, habló de nuevo.
―¿Estás molesta conmigo por hacer eso?
―¿Debería estarlo?
Pasó sus dedos a través de su cabello.
―Realmente no pensé en ello. Me pareció que era lo correcto por hacer. Pero ahora que estamos aquí, estoy pensando que tal vez lo no era.
―¿Cómo te sentirías si dejo que Mike Newton se duche en mi casa?
La mandíbula de Emmett apretó.
―Y no te lo mencioné.
―Lo he comprendido.
―Tengo que ir a trabajar.
Emmett extendió su brazo y me detuvo de pasar, jalándome para un abrazo.
―Lo siento ―susurró en mi oído― Perdóname. Debería haber pensado en ello más de lo que lo hice. No quiero que te enojes conmigo.
Eché mi cabeza hacia atrás para mirarlo a los ojos.
―¿Nada más sucedió? ¿Estuvo aquí sola, bañándose?
―Nada. Lo juro.
Pensé en eso durante un minuto.
―Está bien.
Dejó escapar un largo suspiro.
―Gracias a Dios. No creo que pudiera soportar que estuvieras enojada conmigo hoy.
Forcé una sonrisa, recordando lo que los últimos días habían sido para él. Con o sin Rosalie en el panorama, el hombre amaba a Maggie. Esto no podía ser fácil.
―No estoy molesta. Envíame un mensaje desde el hospital. Déjame saber lo que los médicos dicen esta mañana.
―Gracias, nena.
En verdad, no estaba mintiendo. Realmente no estaba enojada. Nerviosa, celosa, asustada, tal vez. Extrañamente, estaba saliendo con un ex jugador que nunca había tratado de ocultar que las relaciones no eran su fuerte, sin embargo, le creí cuando dijo que nada más había sucedido. Lo que me preocupaba era que estuviera abriendo su corazón a Rosalie de nuevo, más que su casa.
Al salir del ascensor, choqué directamente con un hombre que estaba esperando para entrar, ni siquiera lo vi hasta que mi pie estuvo encima del suyo. Maniobró torpemente antes de atrapar el café que estaba sosteniendo, pero no antes que una salpicadura cayera sobre su almidonada camisa de vestir blanca. Me disculpé profusamente y traté de hacer el resto de mi salida al vestíbulo sin incidentes. Casi lo logré, también. Hasta mi colisión con la puerta giratoria de vidrio de la salida, mi rostro de hecho chocó contra el letrero de color amarillo brillante: Fuera de Servicio con una gran flecha apuntando hacia otra puerta. Ese accidente no fue mi culpa, estaba prestando atención mientras caminaba. El problema fue que mi atención estaba en la hermosa mujer sentada en el vestíbulo, mirándome, y no en la puerta eléctrica que no estaba funcionando.
Rosalie.
