"Más problemas; un festival envuelto en llamas"

_Flashback_

-Kalula.- le llamó débilmente mientras se le acercaba.

-Hola Tayel…- le dedicó lo más cercano a una sonrisa.

La sonrisa del joven se borró de su rostro casi de inmediato.

-Uuuhhhh qué cara, ¿Qué te pasó?- observó.

Ella se sobó su brazo derecho, con una expresión ligeramente triste en el rostro.

-Es que... Hace poco terminé con mis lecciones y estoy un poco cansada.- le explicó brevemente.

Se puso a pensar unos momentos.

-Pues, se me ocurre algo que seguramente te levantará el ánimo.- le aseguro con una sonrisa de suficiencia.

-¿Ah sí?

Minutos después…

-Alteza, joven Tayel: Ya está lista la comida –Anunció Sayen, que con ayuda de Ailín, pasaban los platos.

-Ven, toma asiento kalula.- Invitó Tayel, corriendo la silla.

-No, no te molestes Tayel. Yo…

-No seas modesta, anda.- insistió pese a la sonrisa de la joven, lograba percibir la tristeza que escondía.

-Esta bien...- aceptó rendida.

Una vez sentados, las sirvientas se encargaron de atenderlos de la mejor manera posible; servían platos suculentos y bebidas bien seleccionadas. Todo estaba delicioso pero al cabo de un rato, la cena se estaba tornando silenciosa y eso no podía ser buena señal.

Él la miraba con algo de pena disimulada mientras comía; pensaba que a lo mejor había tenido un mal día, probablemente había discutido con la instructora por haber hecho algo indebido y simplemente se alimentaba por cortesía, no parecía tener hambre en realidad.

-Lo siento —Musitó al cabo de un rato.

-¿Qué dices?- confundido

-… Por ponerte en esta posición. —Dijo, apartando la mirada.

-¿Eh? ¡No! ¡No te preocupes por eso!- se apresuró a decir.

Ella suspiró, apoyando el codo en la mesa y tomándose la frente con la mano.

-Disculpame, pero no estoy muy bien.

Notó que el estado de Kalula estaba decayendo cada vez más y no le gustaba

-¿Qué te pasa?

Él parpadeó mirándola con preocupación; desde que se habían visto, no habían tenido tiempo de conversar de algún tema en particular y tal vez era lo que ella necesitaba: descargarse. Esta noche parecía ser la indicada.

-¿Podrías decirme?

No estaba segura si contarle o no, así que cerró sus ojos tardando un poco en responder.

-La verdad es... Que no sé si podré con esta responsabilidad. —Susurró, triste y con cierta preocupación

-¿Qué quieres decir?- la miró atento.

—Me refiero… ¿Qué tal si solo fue un error?

-No hables así.- colocó su copa sobre la mesa.- Ser princesa no es una tarea fácil, lo sé, pero yo creo que vas a hacer un gran trabajo. —La animó, con una sonrisa sincera.

Ella no se inmutó demasiado, aún tenía sus dudas por lo que Tayel intentó…

-Esta bien, entiendo; sé que no recibiste ningún tipo de formación ni nada parecido y entiendo que te cueste trabajo adaptarte a tu nuevo entorno.

-No tienes idea…- ella comenzó a dibujar círculos en su plato.

-Pero yo veo algo que tú no; tu manera de pensar y ver las cosas es lo que nos hace falta.

Alzó la vista, aún con desánimo.

-¿En serio?

-¡Claro! Mira, yo sé que tu actitud molesta al Consejo pero no por eso debes escuchar lo que dicen.

-Ojala fuese tan sencillo Tayel...- sonrió de lado con ligera amargura.

-¿Por qué lo dices?- no comprendía.

Ella bajó los cubiertos y volvió a bajar la mirada.

-Porque, se supone que debo ser una persona de carácter ejemplar, un modelo. Seguir un código de comportamiento pero… pero...

-Asi no eres tú.- se le adelantó él.

Ésta lo miró con ligera sorpresa.

-Recuerdo cuando recién habías empezado con las prácticas: me dijiste una vez que no dejarías que nadie te diga como debes ser y que no cambiarias para complacer a los demás. Harías todo a tu manera.

Continuaba mirándolo aún sin poder creérselo. ¿Aún lo recordaba?

-Siempre fuiste…

-¿Terca?- escupió ella de repente.

-Independiente.- continuó como si nada.- y creo que lo estás haciendo, está muy bien.- le sonrió él.

—Pues gracias...- le dedicó una tierna sonrisa

Continuaron la cena conversando sobre temas cotidianos. Ella no paraba de hacerle preguntas sobre etherion, sus pasatiempos y viceversa.

Aquel clima que al principio había sido silencioso y tenso, ahora era cálido y entretenido.

-¿Gustas un postre, kalula?- pregunto él después de un rato.

-Oh no, gracias Tayel. Ya fueron suficientes proteínas por hoy.- bromeó llevando una mano al estómago.- debo irme, tengo que organizar el festival y va a ser un día pesado.- le aseguró.

-Será para la próxima entonces.- respondió con calma.

Ella afirmó con la cabeza mientras le daba un abrazo en forma de agradecimiento y dirigió una última sonrisa antes de salir del comedor.

-…¡Ajá! –Exclamó alto Ailin, con una mirada perspicaz, cuando la princesa se había alejado lo suficiente.

-¿Qué?- extrañado.

-Le gusta.

-…Tonterías.- se levantó de su asiento y se dirigió a ellas.- Fue una magnífica cena señoritas, hasta mañana.- dicho eso, se retiró.

Sayen y Ailin intercambiaron una mirada de complicidad.

_Fin flashback_

Todo estaba en perfecto orden y paz; el piar de las aves exóticas, el viento que soplaba con suavidad y el arrullo del río se podían apreciar.

-¿Estás seguro de lo que dices? Aún hay cosas que resolver y es un poco precipitado sacar conclusiones.- volvió a insistir aún dudoso.

-No puede ser coincidencia; desde que apareció las cosas se han tornado diferentes.- declaró, no había una pizca de duda en su voz.

Dirigió su mirada hacia la ciudad de Adabat, el sol era cubierto por unas cuantas nubes rosadas.

-¿Crees que aparecerá?- pregunto sin mirarlo.

-No sólo va a aparecer.- avanzó unos pasos y se detuvo.- sino que estará muy bien custodiado.

-¿Qué harás entonces? Si ese es el caso, no podrás acercarte ni un solo centímetro.- lo miro por fin.

-Solo tendré que acercarme a su objetivo.- sentenció cruzándose de brazos.

El viento soplaba levemente meciendo las copas de los árboles más grandes; el día parecía comprometedor.


Goten y Trunks llevaban un buen rato sobrevolando el relieve montañoso; el sol era cubierto por unas cuantas nubes, el viento soplaba levemente entre las copas de los árboles más grandes y las aves volaban libremente.

-Oye Trunks, ¿Por qué nos dirigimos hacia las montañas? Dijimos que íbamos a entrenar en tu casa.- le preguntó Goten con algo de confusión mientras volaba a la par suyo

-Ya te lo dije Goten, ví algo en la computadora y no puede ser bueno.- le explicó brevemente.

-¿Algo? ¿Algo cómo qué?- preguntó ahora intrigado.

-No lo sé, tú sigue volando.- dicho eso, aceleraron el paso.

Minutos después aterrizaron en un bosque de formación vegetal subtropical formada por una gran variedad de árboles que conservaban un follaje gracias a la alta humedad y a las suaves temperaturas.

-Veamos... Debe estar por aquí...- decía Trunks observando los alrededores con detenimiento.

-Trunks, ¿Qué hacemos aquí? Ni siquiera sabemos lo que estamos buscando.- preguntó su amigo desconcertado, ya no entendía nada.

-Mira Goten, en la computadora de mi mamá apareció algo y llamó mucho mi atención.- le explicaba sin mirarlo.

-Aahhh...- exclamó como entendido- ¿Y qué aspecto tenía?- volvió a preguntar rascándose la cabeza.

Él volteo a verlo y se llevó una mano al mentón.

-Pues...- se puso a pensar unos momentos.- en realidad no tengo idea, apareció como una especie de mancha oscura sobre la tierra...- respondió algo dubitativo.

-¿Hm? ¿Una mancha?- volvió a repetir parpadeando un par de veces.- no entiendo ¿Qué tiene eso de interesante?

-¿Acaso no te das cuenta?- le replicó éste.- no es común ver ese tipo de fenómeno.

-¿Y por qué no se lo dijiste a tu mamá desde el principio? Ella habría buscado una explicación.

-¡L-lo único que sé es que debemos encontrarla para avisarle a mi mamá! ¡Andando Goten!

-¡De acuerdo!

Decidieron dividirse para cubrir más terreno; buscaron por todas partes desde las montañas más altas y rústicas, las cuevas más oscuras y profundas cruzándose con algunos animales salvajes hasta las zanjas más pequeñas y lodosas pero al cabo de un par de horas...

-¡Trunks, ya vámonos! ¡Llevamos aquí más de tres horas y no encontramos nada!- se quejó su amigo fastidiado

-¡Espera Goten! ¡No nos demos por vencidos, debemos estar cerca!- refutó éste

-¡Dices eso desde hace más de una hora y estamos aquí dando vueltas!- se volvió a quejar.

-¡No te desquites conmigo!- le replicó

-¡Yo quería entrenar!- declaró haciendo un puchero

-¡Oye, para empezar nunca dije que ésto sería fácil y en segundo lugar TÚ estuviste de acuerdo en acompañarme! ¿o no?- le recordó con el ceño levemente fruncido.

-¡Ya lo sé!- se expresó abiertamente molesto.- ¡Es solo que ésto es muy aburrido!

El peli violeta suspiró hondamente juntando paciencia.

-Te propongo algo; si me ayudas con ésto, te prometo que cuando regresemos te regalaré uno de mis juguetes favoritos ¿Qué me dices?

-¿¡Qué!? ¿¡Lo dices en serio!?- preguntó con una carita llena de emoción

-¡Claro, claro! Pero ayúdame con ésto, ¿De acuerdo?

-¡Si!

Al final del bosque la cual la separaba un barranco, los niños hallaron una cantera abandonada; una explotación minera de gran tamaño y de aspecto árido, con enormes máquinas de exploración pero en mal estado, algunas de ellas estaban rotas, oxidadas y otras totalmente viejas e inservibles.

-¡Mira Trunks, qué grande es!- señaló su amigo

-Si, pero muy descuidado.- señaló con desaprobación y ligero asco.- se ve que nadie lo ha pisado en años.

-Vayamos a explorar; quizá encontremos algo interesante.- le propuso

-No lo sé Goten...- vaciló él no muy convencido.- las coordenadas no decían nada sobre una mina abandonada y...

Inesperadamente un trozo de tierra se desprendió justo donde Goten estaba parado y éste no pudo evitar la caída, rodando cuerpo abajo en el trayecto como un balón, seguido de un pequeño grito.

Continuó rodando hasta que sintió el impacto de un objeto contundente contra su espalda, eso lo había detenido.

-Ay, ay, ay... Eso dolió...- se oyó que se quejaba, sobándose la parte baja de su espalda. Luego alzó la vista con ligera sorpresa- ¿Hm.? ¿Y eso...?

Al notar que su amigo no aparecía, bajó de unos cuantos brincos el barranco.

-¡Goten! ¿Dónde estás?- empezó a buscarlo con la mirada.

-¡Trunks! ¡Ven a ver ésto!- le llamó desde el interior de la entrada.

A pesar de la oscuridad, éste se adentró encontrándose con un túnel alto y algo angosto que era débilmente iluminada por unas antorchas que colgaban de las paredes, al final del túnel se topó con una cueva de gran cantidad de aljez, piedra del yeso, y depósitos amarillo-limón de sulfuro; había gran variedad de raros depósitos minerales, así como metros de candelabros de yeso, de formaciones con apariencia de pelos y barbas.

Se trataba de algo único y bastante inusual a la vez.

-Vaya... Qué lugar más extraño...- murmuró el peli violeta con algo de asombro, observando los detalles de la cueva.

Al poco tiempo, encontró a su amigo de pie quien parecía no haberse percatado de su presencia y se acercó a él.

-Ah, con que aquí estabas Goten.

-¡Trunks, mira!- le señaló sin mirarlo.

Sus ojos se abrieron más de lo habitual; delante de ellos, en el centro de la cueva, había una estructura de piedra con una base central en forma de círculo donde se podía descender por una escalera, en su alrededor había un pozo medianamente profundo con un líquido más o menos espeso en lo que parecía ser sangre y en la base, había una especie de capullo de gran tamaño cubierto de lianas con espinas.

-¿¡Pero qué rayos es eso!?


En una selva subtropical bastante espesa donde abundaba gran vegetación con árboles de gran tamaño y un suelo algo lodoso, se estaba llevando a cabo un enfrentamiento.

Todo estaba en calma; el piar de las aves exóticas y el viento que soplaba entre las copas de los árboles de gran altura se podían apreciar, hasta que unas cuantas ráfagas de ki aparecieron de manera rápida y simultánea provocando explosiones.

Aparecieron al mismo tiempo y se abalanzaron contra el otro chocando sus puños, pronto comenzaron a darse patadas y puñetazos de manera frenética.

-¡Sigue así, Shaitán!- le animó Kalula a lo que él solo sonrió.

Estaba sorprendida, no podía negarlo; habían estado entrenando desde la mañana y Shaitán no se veía agotado, estaba peleando a su mismo nivel y le seguía el paso sin ningún tipo de dificultad.

Se separó de ella y empezó a tomar aire inflando sus pulmones y cerrando sus ojos lentamente, algo que desconcertó a la princesa y cuando los abrió de golpe, escupió fuego rojizo de su boca tomándola por sorpresa. Ella esquivó su ataque flameante como pudo, logrando quemar una parte de su vestido.

-Cielos...- murmuró con sorpresa al percatarse del estado de su ropa, su vestido se había estropeado.

Éste sonrió de lado y repitió el mismo procedimiento varias veces; Kalula comenzó a volar tratando de alejarse pero él la siguió por detrás.

Aquel fuego caía sobre la tierra lodosa como meteoritos del espacio y cada vez estaba más cerca de tocarla, tenía que buscar la manera de contraatacar.

Una bola de fuego la detuvo, interrumpiendo su trayecto y ella volteó a verlo, se encontraba a varios metros de altura.

-¿Qué sucede princesa? ¿El fuego es demasiado para usted?- le preguntó con cierta mofa.

Ella no le respondió, comenzó a echar un vistazo breve el lugar donde estaban; un arroyo.

-"¿Un arroyo?"- pensó por unos momentos y después comprendió.

El darkathan volvió a usar su técnica de fuego pero antes que pudiera tocarla, Kalula apuntó con su mano hacia el arroyo una onda de ki provocando una ola que le sirvió como escudo.

-¿Qué?- se sorprendió él.

Sin darse cuenta, aquella ola tan grande como un tsunami, había logrado mojarlo y con eso, hilos de vapor salían de su boca y nariz.

-Si que me sorprendiste Shaitán, no esperaba que tuvieras esa técnica.- voló hasta quedar en su altura.

-Je... y que usted utilizara el agua, fue muy ingenioso.- reconoció, escurriendo el exceso de agua de su cabello.

Antes de que el combate tomara su cause, pronto empezaron a sonar trompetas y tambores.

-¿Qué es eso?- preguntó el darkathan con extrañeza.

-Creo que tendremos que dejar el entrenamiento por hoy.- le informó ella, desarmando su postura de combate

-¿Qué? ¿Por qué?- protestó él.

-El festival, parece que ya terminaron con los preparativos.

-¡Y justo en el momento más interesante de la pelea!- volvió a protestar con notable molestia.

-Ya tendremos tiempo para terminarla.- respondió ella con calma.

-¿De verdad tiene que ir?- insistió él.

Ella asintió con la cabeza con los ojos cerrados.

-¿Y no puede suspenderla? ¡Es hasta que terminemos la pelea!

-Shaitán, ya lo hice anteriormente y conoces la razón...-repuso con voz seria mientras se le acercaba.

Él no le contestó, se cruzó de brazos desviando la mirada y frunciendo un poco el ceño.

-No hay que complicar más las cosas ¿Está bien?- le colocó una mano en su hombro

-De acuerdo...- aceptó, soltando un pequeño suspiro.

-Vamos, hay que ir.- le dijo y partieron.

Mientras iban volando en dirección a la ciudad de Adabat, Shaitán miraba disimuladamente a Kalula de reojo; quería hablarle y no por el simple hecho de querer romper el hielo sino también… por preguntarle algo que había estado insistiendo en su cabeza desde que habían empezado a pelear hace un par de horas atrás.

-Princesa Kalula...- le llamó Shaitán. Ella lo miró atenta.-¿Puedo hacerle una pregunta?

-Por supuesto.

-Mientras estábamos entrenando, me preguntaba ¿Hace mucho que practica artes marciales?

Ella parpadeó un poco pero luego sonrió débilmente.

-Es herencia de familia; mi padre nos enseñaba artes marciales todos los días a mí y a mis hermanos.

-¿En serio?

-Si, fue un gran peleador.

-¡Entonces debió ser muy fuerte!

-Era serio y algo estricto, pero sus lecciones sirvieron de mucho.

-¡Me hubiera encantado conocerlo!- pronunció con seguridad en la voz.

Ella se rió un poco, su entusiasmo le resultaba estremecedor.

-Oiga, ¿y alguna vez ha tenido un discípulo?- preguntó con curiosidad.

Ella bajó un poco la mirada, tardando un poco en responder.

-Si... Algo así...

-¿Algo así?- repitió ligeramente extrañado.- ¿Qué quiere decir?

-Pues...

-Dejeme adivinar; el muy cobarde se dió media vuelta y decidió renunciar.- espeto él interrumpiendola.

-Te equivocas.- ella lo miró seria.- él tenía buenas aptitudes y parecía muy experimentado en los combates como tú.

-Si no renunció, entonces ¿Qué pasó? ¿Por qué no es su alumno?- preguntó algo confundido

La mirada de Kalula se apagó un poco pero igualmente respondió...

-Porque tuve que cumplir con mis obligaciones y dejar todo atrás...

Pronto empezó a surgir una tensión en el ambiente, un pequeño silencio se apoderó entre ellos y la verdad, no ayudaba.

Shaitán no se atrevió a hacer otra pregunta, sentía que de alguna forma había tocado un tema delicado; podía apreciarlo en sus ojos, lucian tristes. Se maldijo mentalmente por aquello, no fue su intención hacerla sentir mal o reabrir una vieja herida pero si curiosidad pudo más que él y no midió la magnitud de sus palabras.

Ella lo miró de reojo y notó como jugaba con su cinturón con los dedos, tal vez no le gustaba estar en silencio y eso lo ponía incómodo.

-La verdad es que...- empezó ella después de un rato.- yo tenía una vida antes de regresar a Etherion.

-¿Como dice?- Le devolvió la mirada curioso, no esperaba que le hablase.- ¿Tenía una vida antes de regresar a aquí?

-Si.

Ella lo miró por fin y le sonrió, el darkathan la miraba de forma atenta.

-Antes de asumir como princesa, vivía en un planeta llamado Tierra; tenía un hogar, un trabajo, amigos y...- tragó un poco de saliva.- alguien muy especial para mí...

Sin siquiera pensarlo, la acompañó volando a un par de centímetros de ella.

-¿Podría decirme qué pasó?

Lo miró encontrándose con unos ojos rojos que la miraban de forma curiosa y, tal vez, un poco suplicante. Parecía estar interesado.

No sabía qué era aquello, desde su llegada no se había mostrado muy interesado en saber sobre la vida o experiencia de otras personas (salvo en los entrenamientos y su clara molestia a ser discriminado por ser un Darkathan) y naturalmente, no podía evitar preguntarse a dónde quería llegar con sus preguntas ¿Por qué de repente ese interés?

Tenía una cierta dualidad, una parte de ella le decía que no revelara nada del pasado que quería enterrar pero ciertamente era mucho más fuerte la otra, la que le decía que (aunque no podía asegurarlo del todo) estaba bien y que no debía preocuparse.

Tenía cierta renuencia a revelarle sobre ella misma, estaba confundida por las circunstancias y parte de ella quería evitarlo, pero aún así... su mente accedió a abrirle la entrada, hablar acerca de aquello que le causaba dolor.

-Todo empezó con la llegada de un mensaje...


Por otra parte, un par de etherianos se encontraban caminando lentamente por una fila de cipreses cilíndricos y dividido en dos por dos estrechos estanques, cuyos centros de éstos eran decorados por fuentes.

-¿Ya está todo listo?- preguntó Tayel al par de sirvientas.

-Así es joven Tayel, hasta el más mínimo detalle.- respondió Sayen con una pequeña sonrisa.

-Estoy segura de que la princesa quedará encantada.- prometió la otra sirvienta.

-Fue muy considerado de su parte pensar en la decoración del festival.

-Así lo creo; eso hará que todos se sientan más familiarizados con el ambiente.- dirigió su mirada a unos arbustos, los cuales tenían rosas.

Ellas no respondieron y solo intercambiaron miradas.

-¿Sucede algo?- les preguntó con un poco de recelo.

-No es nada señor.- negó la peli naranja con calma.

-Con permiso, ya debemos irnos.- dijo la otra y con una reverencia, se retiraron.

Las observó retirarse ingresando al palacio, aquellas miradas no pasaron por alto para él; ¿Qué estaban insinuando aquel par?

-Bien, creo que ya está todo. ¿Estás listo tío?- volteó a verlo sonriente.

El vizconde puso los ojos en blanco y se dirigió a uno de los estanques del jardín. Tayel resopló y fue tras él.

-Tío, ¿Es en serio? De todos los etherianos, eres el único que lo detesta. ¿Por qué?- protestó el músico.

-Querido sobrino, además de vizconde soy servidor público; tengo la obligación de asistir pero no lo disfruto un segundo.- comenzó a caminar alrededor del estanque.- la música, la comida, esos trajes llamativos; la escoria de los etherianos todos entremezclados en un superficial y vacío estupor.- declaró con voz despectiva.

Tayel frunció levemente el ceño y se detuvo.

-Lamento disgustarte, pero no tiene nada de malo reuniones como éstas.- dijo cruzándose de brazos.

Aukan se dió media vuelta y sonrió de lado.

-Tayel, alguna vez yo también fui joven y también hice... un par de modificaciones en secreto...- se dirigió a un arbusto.

-¿Modificaciones?- repitió, no parecía entender

-Siempre le ha gustado mucho las flores. Es algo que yo recuerdo... Con nitidez...- siseó cortando una flor blanca y olió su aroma.

Tayel solo desvió la mirada, un poco incómodo por la observación de su tío.

Él sonrió con satisfacción, sabía que había tocado una fibra sensible; qué ingenuo, aunque había estado a una distancia considerable había escuchado la conversación que tuvo con las sirvientas.

Pronto se empezó a escuchar los aplausos y exclamaciones de la gente; parecían ansiosos por el evento.

-El deber...- murmuró con desgano, luego se dirigió a él.- ¿Has presenciado un festival campesino Tayel?

-Recientemente no, tío.- respondió sin mirarlo.

-Será toda una experiencia. Sigueme; reservé un lugar exclusivamente para ti y te agradará la vista.- le aseguró manteniendo una sonrisa confiada.


La ciudad entera se vestía de colores brillantes, llamativos y llenos de vida; las calles estaban repletas de carpas de distintas formas, colores y tamaños, los postes de luz estaban decorados con guirnaldas de papel, se escuchaba una música alegre y pegajosa, había abundante comida y los ciudadanos de distintas zonas estaban reunidos disfrutando de dicho evento.

Cada zona contribuía para el festival; la zona Norte sacaba a relucir la fabricación de artesanías e instrumentos, como tambores, y de alpargatas hechas de viejos neumáticos y las mujeres, su gran habilidad al tejido de hamacas para dormir, las cuales llevaban grabado algún nombre de su ancestro o una familia a la que pertenecían, sus carteras con dibujos de distintos significados y mantas de colores que resaltaban una gran belleza.

La zona Sur levantaban un altar doméstico con ofrendas en homenaje a los que ya no estaban en éste mundo; en él ponían alimentos, bebidas, ropas, objetos valiosos, adornos, calaveras, flores, frutas, inciensos (funcionan como guía olfativa) juguetes y las personas pintadas con forma de calaveras en sus rostros.

La zona Oeste mostraban sus carros alegóricos, una samba bastante rítmica con instrumentos como el banjo y el tantán e incluso un estilo de pelea algo extraño pero llamativo que combinaba facetas de danza, música y acrobacias, así como expresión corporal.

Y la zona Este mostraba una gran multitud de trajes, máscaras y sombreros, había un grupo de bailarines infantiles que ofrecian un espectáculo aparte, con coordinadas y elaboradas coreografías mientras interpretaban bombos, trombones, trompetas y platillos, entre otros instrumentos.

La princesa llevaba puesto un vestido de color blanco y violeta finamente bordado con pedrería brillante y una delicada capa rosada transparente sin hombros cayendo sobre su espalda; guantes y zapatos blancos, pendientes dorados, un peinado que consistía en una trenza tipo mariposa y una diadema dorada de hojas adornando su cabeza.

Estaba sentada en su trono junto a sus hermanos (los cuales disfrutaban dicho festival) en una tarima con vallas de madera y en ellas, había macetas con gran variedad de flores de las cuales eran las siguientes: Ceibo*, Patujú*, ipé amarillo*, copihue*, orquídea colombiana*, guaria morada*, mariposa*, chuquiragua*, izote*, monja blanca*, flamboyan*, orquídea de la virgen*, dalia*, sacuanjoche*, flor del espíritu Santo*, mburucuyá*, cantuta*, rosa de Bayahíbe*, flor de mayo* y flor de maga*.

-¡Vaya! ¡Ésto es emocionante!- decía una extasiada princesa desde su asiento.

-¡Si, la vista no está nada mal!- le acompañó el judoca igualmente entusiasmado.

La expresión de Kalula cambió a una sonrisa más dulce tras observar a los niños bailar.

-Owww... Miren esos rostros sonrientes... ¿No es de lo más adorable?- declaró con un ligero toque violáceo en sus mejillas.

Uno de ellos no pudo evitar reírse, pero lejos de ser una burlona más bien pareció ser tierna.

-¿De qué te ries koji?- ella no comprendió.

-No, no es nada; recordé algo gracioso. Es todo.- explicó brevemente agitando la mano para quitarle importancia.

Se encogió de hombros y continuó viendo el espectáculo; no tenía intenciones de perdérselo, tenía un gran atractivo visual. Él la continuó observando con un pensamiento en mente.

-"Te acabas de escuchar igual a mamá..."- pensó para sus adentros.

-Kaila.- le llamó el arquero, ella lo miró atenta.- ¿Por qué Shaitán no asistió al festival?

-Dijo que estaba un poco cansado y me preguntó si podía faltar para poder dormir un poco; ahora está descansando en una habitación del palacio.- le explicó con calma.

-¿Está descansando?- repitió Kim un poco extrañado.

-Si.- asintió con la cabeza, luego dirigió su mirada al evento.- creo que el entrenamiento de hoy lo agotó.

-Espera ¿Qué?- se sorprendió él

-¿Dijiste entrenamiento?- secundó el judoca con algo de sorpresa, ella asintió.- Pero ¿Cómo te las ingeniaste?

-Si, se supone que no tienes permitido hacer eso.- puntualizó el boxeador.

-Es cierto, no lo tengo...- bajó la mirada un poco brevemente para luego añadir con una diminuta sonrisa.- por eso Sayen y Ailín me cubrieron para que Shaitán y yo pudiéramos entrenar hoy.

-¿Sayen y Ailín? ¿Hablas de tus sirvientas?- preguntó el esgrimista.

-Así que te escapas de tus lecciones para que puedas entrenar a escondidas...- siseó, fingiendo sonar serio y molesto para después declarar con una media sonrisa.- esas dos ya me caen bien.- se cruzó de brazos.

El arquero no dijo nada, observó el festival por breves minutos y luego dirigió su mirada hacia un balcón privado; frunció un poco el ceño, había dos figuras en el.

Mientras el festival estaba en pleno apogeo, la música se apagó repentinamente provocando que el baile se interrumpiera y la multitud comenzara a inquietarse e incluso a quejarse.

-¿Qué sucede?- preguntó Kalula seriamente levantándose de su asiento al tiempo que sus hermanos.

Pronto se escuchó una explosión y unas extrañas criaturas, como si fueran sombras de aspecto similar a un lobizon de color morado oscuro, altos, fornidos y con brillantes ojos malva aparecieron acompañados por unos monstruos con aspecto reptiliceas de piel verdusca y escamosa, ojos grandes y saltones de color rojo, cabeza ovalada, largas y filosas garras que parecían navajas y con cola medianamente larga con púas.

-"¡Esas criaturas son...!"

Uno de esos reptiles profirió un bufido algo sonoro y comenzó una ola de ataques: la gente huía despavorida buscando refugio y algunos tropezando en el proceso de escapatoria, aquellos lobizones empezaron a quemar todas las guirnaldas y las carpas junto con las mercancías carbonizandolas y reduciendolas a cenizas mientras que los reptiles estaban atacando al resto de las personas.

-¿¡De dónde salieron esos monstruos!?- se preguntó ella con horror

-¡Vamos, hay que salvar a las personas!- ordenó Kojiro bajando de la tarima corriendo.

Todos bajaron rápidamente de la tarima para tener un mejor panorama; los gritos y el bullicio de terror de las personas era acompañada por la ola de destrucción y el fuego que caía del cielo como meteoritos, quemando todo a su paso.

-¡Separense; koji, tu y Kim ayuden a las personas a escapar! ¡Kun, quédate con Kalula, protegela!- ordenó Kentaro y los demás obedecieron sin quejarse.

-¡Espera Kenta, ¿Tú qué harás?!- le preguntó ella teniéndolo del brazo

-¡Voy a enfrentarme a ellos!- dijo observando a los monstruos.

-¡Son demasiados, no podrás tu solo!- se negó ella.

Al poco tiempo se volvió a escuchar otra explosión, pero a diferencia de la primera, ésta fue de mayor impacto y estruendo provocando un gran cráter sobre la tierra y una cortina espesa de humo.

-¡Andando muchachos!- les volvió a decir el arquero y se separaron rápidamente.

-¡Aguarden, yo también quiero ir!- ella intentó detenerlos pero fue inútil, se habían ido.

-¡Kalula, vamos; no hay tiempo que perder!- dijo el judoca tomándola de la mano.

-¡Pero...!

-¡Estarán bien, confía en ellos!- pese a sus protestas y desacuerdo, la sacó a rastras del festival.

Éste sabía que la obstinación de su hermana le impediría huir así que sin perder más tiempo emprendió vuelo de inmediato, consiguiendo así alejarse varios metros del lugar de la catástrofe. Tenía que asegurarse de protegerla y mantenerla a salvo.

A medida que se alejaban, la peli verde observó sobre su hombro derecho la ciudad de Adabat; el eco de los gritos de las personas, el fuego destructor, chispeante y humeante y las cenizas que bailaban al compás del viento eran lo único que se podían apreciar... No pudo evitar sentirse culpable al respecto.

Aterrizaron en una selva más o menos espesa que se encontraba a algunos kilómetros de la ciudad y se ocultaron detrás de unos matorrales.

-Aquí estaremos a salvo, al menos por ahora...- dijo el judoca dando un vistazo al cielo.

Pasó por su lado en silencio y se sentó sobre las raíces sobresalientes de un árbol con la mirada gacha.

-Kaila, ¿Qué tienes?

Ella bajó la mirada un poco más, tardando en responder.

-No debimos haber huido...- respondió con tono bajo pero ligeramente triste.

Él comprendió de inmediato ese gesto y se le acercó.

-Hey...- le llamó con una voz suave y se arrodilló quedando a su altura.- Sé lo que estás pensando y nada de lo que pasó fue tu culpa.

Kalula no le respondió, no se atrevía a mirarlo siquiera.

-Nada de lo que pasó...- repitió serio tomándola del mentón, obligándola a prestarle atención.- fue tu culpa. ¿Entendiste?

Ella parpadeó un poco aún con las cejas curvadas de tristeza pero pronto entendió; de alguna forma estaba tratando de levantarle el ánimo.

-Además mira el lado positivo; el ki de los muchachos siguen intactos. ¿Lo notaste?

Abrió un poco más los ojos y pronto sonrió un poco de lado, la verdad no se había fijado en ese detalle.

-Si... Tienes razón...- concedió ella.

Él sonrió satisfecho y se puso de pie; no sabía si había podido levantarle el ánimo pero al menos la había tranquilizado.

Comenzó a observar por los alrededores.

-No he visto días como éstos...- comentó con un poco de sarcasmo, luego se dirigió a su hermana.- Kalula, quédate aquí.

-¿Quedarme?- repitió ella, poniéndose lentamente de pie.- pero ¿Qué piensas hacer Kun?

-Iré a echar un vistazo por los alrededores; tengo que asegurarme de que esas "lagartijas" no nos hayan seguido hasta aquí.

-¿No crees que lo mejor será que regresemos al palacio?

Él negó con la cabeza, rápidamente.

-Debo proteger a la princesa, además no creo que ahora quieras lidiar con el Consejo ¿O sí?

Ella desvió ligeramente la mirada, torció sus labios y frotó su mano derecha sobre su brazo izquierdo.

-Eso creí...- le dedicó una sonrisa simplona.

Comenzó a caminar unos cuantos pasos hacia adelante y se detuvo, mirándola sobre su hombro izquierdo.

-Quédate aquí ¿Entendido? No tardaré.- dicho eso, se fue volando.

La intromisión de su familia le había dado un pequeño respiro pero ahora, que se encontraba sola nuevamente, volvió a sentir el peso de los acontecimientos recientes sobre sus hombros. La realidad volvía poco a poco a ella.

Se volvió a sentar sobre las raíces quitándose esos molestos zapatos de sus adoloridos pies, se dió un pequeño masaje para calmar el dolor y apretó sus labios, se abrazó así misma con una mirada ensombrecida, arrugó un poco la tela de su vestido roto; sus manos temblaban y no era por el frío.

Sentía una gran culpa por lo sucedido pero más que nada impotencia y... Frustración.

Sentía enfado pero no por el hecho de que esos monstruos habían invadido el palacio y habían arruinado el festival sino porque se vio en la penosa y forzosa necesidad de escapar mientras que el resto había hecho frente al peligro poniendo en riesgo la vida, protección y seguridad de los ciudadanos...

Había actuado como una cobarde, así no era ella desde hacía un tiempo y eso... no era lo que había aprendido en el planeta Tierra...

Levantó la mirada y se dió cuenta de que no estaba sola, se levantó como un resorte y volteó bruscamente; ahí estaban, aquellos lobizones morados y de ojos brillantes gruñían con espuma en el hocico.

Se puso en posición de combate y notó que cada vez había más de ellos, cerrando sus vías de escape: la tenían rodeada en un círculo.

Uno de ellos corrió hacia ella e intentó morderla en dirección a su brazo izquierdo pero ésta se defendió de una fuerte patada, logrando derribarlo sin lastimarlo.

Los mordiscos y zarpazos del resto de la manada no se hicieron esperar y llegaron como una lluvia interminable hacía la princesa que se defendía formidablemente de sus ataques hasta que uno de ellos logró morder la capa de su vestido y lo rompió de un gran tirón.

Por consiguiente, no pudo evitar su caída al suelo por la brusquedad del tirón y sintió un fuerte dolor en su tobillo derecho, gritando en el proceso; podía sentir como sus colmillos afilados atravesaban su piel y su carne.

-¡SUÉLTAME!

Lo atacó con una bola de energia, eliminándolo al instante. Notó como su sangre teñía el suelo de morado.

Se levantó con un poco de dificultad, unos quejidos de dolor escaparon de su garganta involuntariamente y aquellos lobizones se abalanzaron contra ella una vez más; estaban dispuestos a acabar con su presa.

Antes de que esos animales pudieran tocarla, Kalula lanzó una pequeña esfera de energía contra el suelo levantando una cortina de humo y así lograr despistarlos por unos momentos.

Aprovechando aquella distracción, emprendió vuelo con rapidez y se alejó volando a gran velocidad hacia el interior de la selva.

Después de varios metros recorridos, sintió un dolor punzante en su tobillo y se detuvo unos momentos; se sentó en el suelo húmedo y le echó un vistazo a su herida, la mordida resultó ser mas profunda de lo que creía, brotaba sangre y su piel estaba empezando a cambiar a un color grisáceo.

-"No... No puede ser... ¿¡Acaso es... veneno!?"- pensó con algo de espanto. ¿De verdad había sido envenenada?

No estaba segura de lo que le había hecho ese espectro pero de lo que sí era que tenía que detener la hemorragia de alguna forma; se arrancó las telas que estaban sueltas de su vestido y empezó a limpiar la sangre que brotaba de su lesión, dolía pero de todos modos siguió y vendó su tobillo por fin.

Intentó ponerse de pie nuevamente pero sintió un dolor punzante y la obligó a sentarse de golpe; la ponzonia parecía ser potente y se estaba esparciendo por su cuerpo, luego notó que su pie había cambiado de color.

-Maldición... ¡Esto no puede estar pasando!- golpeó el suelo con un puño cerrado, con notable enfado.

Lo mejor que podía hacer era quedarse quieta, ya que si hacía algún movimiento brusco la toxina se esparciría más rápido.

Mientras que los minutos iban transcurriendo, su respiración empezó a volverse ligeramente más acelerada y profunda, su cabeza le dolía y gotas de sudor se asomaban por su frente y cien; estaba levantando temperatura.

Hacia su mejor esfuerzo para no perder la conciencia, sabía que no debía quedarse ahí por mucho tiempo así que, como pudo, comenzó a arrastrarse en sus cuatro extremidades consiguiendo avanzar unos escasos centímetros.

Inmediatamente unos gruñidos llegaron a sus oídos y pese a que su visión la tenía algo borrosa, se detuvo y los observó sobre su hombro pudiendo distinguirlos a la perfección; la habían alcanzado y peor aún, la tenían totalmente acorralada.

-No...

Aquella criatura se acercó sigilosamente y se lanzó a ella veloz y con ferocidad; Kalula cerró los ojos por reflejo... Y se escuchó una explosión...

Volvió a abrir los ojos lentamente y se percató que alguien estaba peleando contra esa manada... Y ese alguien había venido en su auxilio.

Estaba cansada, había sido un dia largo y lleno de emociones: Lo siguiente que veía era imágenes algo borrosas, luego sombras, escuchó murmullos incoherentes y por ultimo, todo se tornó oscuro.


Cuando volvió a abrir los ojos, inexplicablemente se encontraba dentro de una habitación, recostada en una cama. Se levantó lentamente hasta quedar sentado y miró con curiosidad hacia la ventana: Era de noche.

-¿Ya anocheció?- se dijo para sí incrédula, ¿Había estado inconsciente tanto tiempo?

Se quitó el cobertor de encima y abandonó la cama para dirigirse hacía el balcón. Una vez allí, alzó la vista al cielo y una suave brisa mecio las finas cortinas de su habitación.

Todo le resultaba confuso y extraño, no conseguía recordar lo sucedido, solo tenía vagos fragmentos de los hechos; recordaba que se había huido del festival y se había ocultado en la selva, luego que unos monstruos la habían atacado y...

-¡Mi tobillo!- exclamó, su liada cabeza se le despejó de golpe.

Examinó su cuerpo e inexplicablemente estaba de pie y... Sin ninguna herida... ¿Cómo era eso posible?

-Por fin despertó.- habló una voz.

Ella pegó un respingo por la sorpresa, se acercó al barandal y ahí estaba, cruzado de brazos y flotando en el aire.

-Usted...- murmuró, sentía que no podía articular palabra alguna.

Él desarmó su postura y voló hasta aterrizar al balcón, a un par de centímetros de la princesa; ella retrocedió unos pasos como respuesta, llevando un puño cerrado a la altura de su pecho.

-No tema princesa, no le haré daño.

No comprendía la razón pero se sentía intimidada frente a su presencia, sentía que no podía atacarlo... y que él tampoco quería hacerlo.

Avanzó tranquilamente hacia ella, acercando su mano.

-¿Qué hace?

La tomó de su mentón con delicadeza y alzó su rostro para examinarlo. Ella, no sin cierto temor, intentó contemplarlo a través de la máscara: ahora mismo era un blanco fácil.

Aquella mano que sostenía su mentón, se deslizó sobre su mejilla y apartó unos pequeños mechones que cubrían su rostro. Ese tacto no la dejaba indiferente.

-No soy su enemigo, recuerdelo.

Aún tenía muchas dudas al respecto, no sabía si podía confiar en él, no sabía nada de aquel hombre pero de alguna forma, pudo percibir la sinceridad de sus palabras.

-Fuiste tú... ¿Verdad?

Él asintió con la cabeza, en señal de afirmación. Ella sonrió suave y dulcemente.

-Gracias...

No dijo nada, no se movió de su sitio; pronto sus manos se colocaron en sus hombros y las de la etherion buscaron su pecho. Se sentía segura a su lado, protegida…

Cerró sus ojos y sus labios se encontraron.

No tenía idea qué la había impulsado a hacer eso pero simplemente no pudo negarse, no podía; su razón otra vez había perdido fuerza y su cuerpo no obedecía a su mente… Ese enmascarado tenía algo que le atraía.

Era incapaz de ver la expresión de su rostro, la oscuridad se lo impedía pero algo le decía que estaba disfrutando el hecho de tenerla entre sus brazos. Al menos era lo que su intuición le decía.

Se separó unos instantes de ella y tomó su rostro con sus manos.

-Usted es más valiosa de lo cree.

Sin darle tiempo a responder, volvió a unir sus labios con los de ella. Kalula gimió débilmente y correspondió al gesto.

Ninguno de los dos cruzaban palabras; no se oía nada más que una mezcla de gemidos ansiosos y murmullos apagados hasta que las sirenas sonaron: En cuestión de segundos, una gran tropa de soldados se habían reunido.

-Debo irme.

Sin darle tiempo a nada, le dió un fugaz pero tierno beso de despedida y se fue volando.

Ella lo observó marcharse en silencio y miró con curiosidad lo que había a sus pies; era una orquídea blanca. Recogió dicha flor, aspirando su aroma y miró el cielo estrellado; había luna llena.

En una gran montaña, se encontraba una figura femenina, observando con una mirada bastante seria la luna. La suave brisa nocturna mecia sus cabellos y su extraño atuendo.

-Ha comenzado...- murmuró la Deidad.

Glosario:

Ceibo*: flor nacional de Argentina y Uruguay.

Patujú*: flor nacional de Bolivia

Ipe amarillo*: flor nacional de Brasil

Copihue*: flor nacional de Chile

Orquídea colombiana*: flor nacional de Colombia.

Guaria morada*: flor nacional de Costa Rica.

Mariposa*: flor nacional de Cuba.

Chuquiragua*: flor nacional de Ecuador

Izote*: flor nacional de El Salvador.

Monja blanca*: flor nacional de Guatemala.

Flamboyan*: flor nacional de Haití.

Orquídea de la virgen*: flor nacional de Honduras.

Dalia*: flor nacional de México

Sacuanjoche*: flor nacional de Nicaragua.

Flor del espíritu Santo*: flor nacional de Panamá.

Mburucuyá*: flor nacional de Paraguay.

Cantuta*: flor nacional de Perú

Rosa de Bayahíbe*: flor nacional de República Dominicana.

Flor de mayo*: flor nacional de Venezuela.

Flor de maga*: flor nacional de Puerto Rico.

N/A: Hola a todos los lectores, espero que estén bien. Antes que nada quiero agradecer de todo corazon los comentarios que me han llegado y que sepan disculpar mi larga, larga ausencia.

Como ya todos sabrán, el Coronavirus es un tema que nos preocupa a todos y que lamentablemente está creciendo cada vez más, llevándose consigo la vida de muchas personas. No sé si sirve de algo pero aquella persona que es víctima de este virus le doy mi más sentido y humilde pésame y mucha fuerza a toda su familia.

Para éste capítulo me inspiré en un vídeo muy especial que hay en Youtube y que se llama "Argentina es diversidad" y se me ocurrió poner pedacitos de los países latinoamericanos. Espero que ustedes los lectores les haya sido de su agrado y que se hayan sentido identificados, aunque sea solo un poco.

Hasta el próximo capítulo y sus rewiews serán bienvenidos, nos vemos!