AVISO: Aquí hay partes lemon, quedan avisados.
Mood: Seven senses- Saint Seiya OST
[~Seline~]
Otro día de mierda. Me levanté e hice todas las tareas de la Casa antes de cumplir con la cita de Selket en la Fuente de Athena. Al principio me había negado, excusándome con mucho entrenamiento y tareas, pero ¿a quién iba a engañar? No había salido del Templo de Piscis en más de dos semanas más que para hacer las compras. Supongo que todo el mundo dentro del Santuario lo había notado. A decir verdad, me sentía bastante amargada y no quería ver a nadie. No debía ser muy agradable tenerme cerca si el mismo Afrodita ya estaba harto de mi actitud y él era básicamente pura actitud.
Llegué a la Fuente y ella ya se encontraba allí, acostada en el borde, jugando con el agua entre los dedos de su mano. En cuando notó mi presencia se levantó hasta quedar sentada.
-¿Cómo va todo, Pecesito?- me preguntó.
Me encogí de hombros y me senté a su lado. Me abrazó y me recosté en su hombro sin decir nada. Ella tampoco dijo nada, supongo que intuía que estaba teniendo una temporada de merda. Luego de un rato, se decidió a hablarme.
-Oye, necesito hablarte de algo- me dijo, ahora clavándome esos oscuros ojos azules como zafiros.
-Pues, hazlo- dije con desgano.
-¿Cómo va tu relación con Aioria?- me soltó a quemarropa.
Directo al grano. Y precisamente al grano que no quería llegar. Aioria era un tema que había estado evadiendo por semanas. No lo había visto más de tres veces en estas últimas semanas, exactamente desde el incidente del hielo. Desde aquel día no había pasado la noche con él en su Templo ni una sola vez.
-Bien… supongo- dije sin nada de ánimo.
Ella me miró con algo de pesar y frunció el ceño. No habia sonado para nada convincente.
-Si tienes algo que decir, házlo de una vez, Ket. No estoy de humor para jugar al gato y al ratón con este tema- le dije con sinceridad.
Ella asintió y lo meditó un poco.
-Tengo algo que decirte y no sé si…- se detuvo y me miró con ojos de cachorro.
Volteé los ojos y puse cara seria.
-Está bien, seré directa: hace dos días, en la fiesta de Julián Solo conocí a una chica de Asgard que acompañaba a Hilda de Polaris y a su hermana Flare- asentí para que continuara. -Ella me entregó un dije para que a mi regreso se lo diera a Aioria.
-¿Crees que… esa chica y Aioria…?- evitaba ponerlo en palabras, pero tenía que preguntar.
-No lo sé, Seline. En verdad no lo sé, pero parecía bastante ilusionada de darle ese regalo.
-Entiendo, gracias por contármelo- le dije, intentando cerrar el tema.
Ella asintió y se levantó.
-Tengo que entregárselo ya. Me adelantaré- me dijo con pesar. -Estaré en Escorpio si me necesitas, no importa la hora.
Emprendió camino a las Doce Casas y yo me quedé un rato más, intentando ordenar mis pensamientos. ¿Estaba molesta porque una chica del pasado de Aioria regresaba con un regalo para él? No sabría decir exactamente qué sentía, pero extrañamente, no estaba molesta. En realidad sentía algo de alivio. Y eso era precisamente lo que me decía qué era lo siguiente que tenía que hacer. Esperé un momento y luego alcancé la Calzada. Entré en Leo sin mucho sigilo y divisé las dos siluetas a la salida del Templo, junto a las escaleras de Virgo. Selket se fue sin decir palabra y yo me quede con Aioria en el salón de Leo.
-Creo que ambos sabemos cómo termina esto, ¿no?- dije con un hilo de voz.
Él no me respondió nada y apretó el amuleto en su mano. Sentí una punzada de dolor en mi pecho y muchísima vergüenza, aunque no sabía bien por qué. Me sentía estúpida y humillada. Todo este tiempo que había pensado que no pertenecía aquí me daba por fin la razón: estaba viviendo una vida que no era la mía.
Aioria ni siquiera podía mirarme a la cara, lo cual me dolía profundamente. Decidí hacer uso de aquel impulso de valentía que me invadía gracias a la adrenalina y lo usé para salir de la Casa de Leo haciendo acopio de toda mi fuerza de voluntad. No tenía caso seguir allí.
-Adiós, Aioria de Leo- le dije con pesadez, saliendo de su Templo sin mirar atrás.
Él no me detuvo. No me siguió. Y entonces yo era nuevamente libre. Volvía a ser la Marina cuyos días en el Santuario estaban contados.
[~Selket~]
Milo me había llevado al risco al filo del amanecer, siendo el primer día que regresaba luego de un mes de ausencia, como su aprendiza. Había pasado un mes entero bajo la tutela del León Dorado y había cumplido mi cometido: ahora tenía un poderoso Cosmos eléctrico que podia
-¿Me extrañaste, maestro?- le pregunté, sonriendo traviesa.
-Es bueno tenerte de vuelta- dijo, exhalando y acomodándose las vendas.
Reí por lo bajo y seguí acomodando mis protectores. Volvía a la acción de siempre, sin tener que luchar por mi vida con la marea de Cabo Sunión. Además, tenía claro ya que tenía que hacer con mi Aguijón. Jamás pensé que terminaría agradeciéndole a Kanon de Géminis por algo, pero ciertamente tenía razón.
-Estuve hablando con Kanon- me dijo.
-Vaya, vaya… Milo tiene un nuevo bestie- exclamé con sorna.
Volteó los ojos.
-Aioria me comentó lo adorable que fue tenerte bajo su tutela todo el mes, por cierto. Kanon también se deshizo en halagos- me dijo con la misma sorna.
-Soy una glikia- dije con fingida inocencia, levantando los hombros.
-O un gusto adquirido- me dijo con una mirada traviesa.
Le lancé una pequeña descarga eléctrica, como si fuera un piquete de abeja y comenzó a sobarse el brazo impactado, con cara de disgusto.
-Dime algo: ¿Qué te divierte tanto de sacar de quicio a tus maestros?- me preguntó, algo malhumorado.
-¿Qué te puedo decir? Este Santuario aburre mucho, necesito mi dosis de diversión- le dije, encogiéndome de hombros y dejando escapar una risa.
-Ven, calentemos antes de que suba la temperatura, Glikia mou- me dijo, volteando los ojos y dirigiéndose hacia un punto despejado para entrenar con comodidad.
El entrenamiento siguió con normalidad hasta que los rayos del sol comenzaron a enrojecer las montañas. Ya era hora de terminar el ejercicio y acabé con un buen golpe directo a su pecho. Lo detuvo con su mano y se me lanzó encima, forcejeando un rato, jugando. Cuando me tuvo inmovilizada por las muñecas se acercó y me dio un largo y suave beso, conteniéndose. Sabía que se estaba aguantando, pues su respiración me indicaba que estaba listo para tomarme en cualquier momento. Aquel escenario con la puesta de sol de fondo y los forcejeos en combate cuerpo a cuerpo comenzaban a darme la sensación de Déja Vu de la primera vez que Milo me besó, justo aquí mismo hacía ya año y medio. Era increíble pensar en todo lo que había pasado desde entonces y ver en la guerrera que me estaba convirtiendo, a punto de entrar a la Orden.
Algo más cambió mi hilo de pensamiento: Estaba completamente empapado de sudor, con aquellos músculos increíblemente definidos y dorados por el sol. Las gotas bajaban por su pecho lentamente, iluminando a su paso todo con los últimos rayos del sol. Era una figura griega de ensueño y yo estaba babeando de solo jugar con él en mi mente. No podría hacerlo hasta que llegaríamos a Escorpio en la noche, pues seguíamos entrenando y ahí era mi maestro y nada más. Había funcionado distanciar una cosa de la otra, pero ahora no estaba tan segura… quería arrancarle la poca ropa que lo cubría y deshacerme de ese impulso febril que me estaba dominando. Él notó que llevaba rato mirándolo pérdida y se acercó, poniendo su brazo en el mío. Temblé con el roce cálido de su piel y mi respiración se entrecortó. Me mordí el labio y cerré los ojos mientras él me miraba consternado.
-¿Te pasa algo?- negué con la cabeza, apretando aún más los labios.
-¿Segura?- parecía pillarse lo que mi sucia mente estaba haciendo con él.
-Mjm, sí maestro- dije,aguantándome sin abrir la boca siquiera.
Subió las cejas con sorpresa. Sabía que yo solo lo llamaba "maestro" delante del Patriarca o en algún caso oficial. Haber hecho énfasis en su rango lo puso alerta.
-Ok, hemos terminado por hoy el entrenamiento. Puedes decírmelo con tranquilidad- me dijo, bajando los brazos.
Tranquilidad mis petacas… Lo jalé sutilmente de la pretina del pantalón y supo de inmediato a qué debía el cambio en mi respiración. Me siguió, bajando de un salto del risco y llegando al bosque, cerca de la gran cascada. Avanzamos unos pasos hasta que estuvimos dentro de la cascada. Lejos de todo y resguardados por el sonido de la precipitación pluvial al lado. Me le abalancé besándolo con fiereza y clavando mis uñas en su espalda, lo que lo despertó de inmediato, haciéndolo arquear y respondiendo a mis impulsos con el mismo fuego y pasión. Le quité los pantalones y sentí su virilidad en sintonía, haciéndome humedecer de inmediato. Lo estrelle contra una pared con fuerza, haciendo retumbar el lugar, luego me volteó sin dejar de recorrerme con sus manos e hizo lo mismo. Ya en otras ocasiones nos había regañado Dohko por "entrenar" dentro del Templo, haciendo retumbar las columnas. Para evitar problemas por nuestros rudos encuentros nos conteníamos, pero ahora había encontrado el sitio perfecto para hacer todo el ruido que quisiéramos.
Me había quitado los leggins dejando solo la blusa que me llegaba escasamente a los muslos. Estaba jugando con él sin darle entrada hasta que no aguantara más, pero él tenía los mismos planes de venganza. Con un rápido movimiento me tendió en el suelo sobre mi espalda y me recorrió el abdomen con su lengua bajando y quedándose ahí por unos minutos que se me antojaron interminables. Quería gritar, clavar mis uñas en su espalda, moverme, temblar,... Todo al tiempo y el solo me miraba de vez en cuando perdido en mis muslos, con aquella mirada penetrante y fogosa que me encendía aún más.
Ya no podía contenerme, lo deseaba, lo necesitaba conmigo, así que lo vale suavemente del pelo y le pasé mis uñas por los brazos, hablándolo hacia mi pecho. Él me hizo caso y probé su boca nuevamente mientras se clavaba en mí, moviéndose suavemente conmigo, guiando mis caderas con sus fuertes brazos y subiendo la intensidad hasta que ambos estuvimos gimiendo con el frenesí de sensaciones. Un universo estallando en el interior para luego dejarnos recuperar el aliento, todavía sobre mí, besándome tiernamente.
[~Seline~]
Casi tres semanas después haber salido del Templo de Leo por última vez, había tomado la decisión de confesarle mis problemas al sabio maestro Dohko. Le había contado lo que nadie más sabía: no lograba encender mi Cosmos por mucho que lo intentara. Era como si fuera una caja de fósforos mojados, no importaba lo mucho que lo intentara, no pasaba nada. Estaba bloqueada y frustrada. Ahora ni siquiera servía como guerrera. Mi maestro había tenido varias reuniones, así que durante estas semanas no había tenido mucho que entrenar. Daba igual, realmente: seguíamos sin noticias de Atlantis, así que nuestros pequeño Limbo respecto a las pruebas no parecía tener pinta de mejorar pronto. Era, en cierto modo, un alivio: si me tocara pelear en estos momentos, ni siquiera podría hacerle frente a un aprendiz novato. Incluso los guardias rasos podrían vencerme sin mayor dificultad si el combate se limitaba a la fuerza física. Selket era mi mejor amiga, pero estaba muy cerca de Milo, así que no había querido tocar el tema de Aioria con ellos. Sin embargo, estaba segura que ella lo sabía. No me había dicho nada seguramente para no mortificarme, pero seguro había notado mi premura por pasar como una exhalación por la Quinta Casa. Sin contar con el asunto del dije. No habíamos hablado desde eso, la había estado evitando todo el tiempo. Lexie constantemente estaba ocupada con Kanon, así que no la veía mucho y, bueno, para ser sincera, no tenía muchos amigos aquí. Ser una Marina de Poseidón no era precisamente un atributo para romper el hielo con facilidad. Envidiaba la relación que tenía Selket con Mu. Incluso con Camus, lo cual me parecía el misterio más increíble del Santuario. Mi amigo más cercano había sido Raido, pero siendo el aprendiz de Aioria, no podía involucrarlo mucho. Me sentía sola. Así que busqué a la primera persona con quien tuve contacto en el Santuario, el más viejo y sabio de entre los ochenta y ocho Caballeros de Athena: la Balanza de la Justicia, Libra. ¿Quién podría ser objetivo y ayudarme? Quizás era una atribución tonta, pero era mi último recurso. Así que ahí estaba yo, luego de una larga charla, el maestro me había convencido de probar la meditación con su ayuda. Para no hacerlo tan dramático y específico, incluyó a Selket y a Lexie.
-Maestro Dohko, hemos hecho esto todos los días por horas- me quejé.
-¿Creen que estuve 243 años sentado en la cascada de Rozán quejándome todo el tiempo?- nos sermoneó el maestro Dohko.
-No, maestro- respondimos las tres al unísono.
-No, claro que no- repuso él.
-No debió tener a nadie con quién quejarse, ¿cierto?- exclamó Selket con sorna.
-Qué graciosa eres, espero que cuando Milo me pregunte por tus avances tengas ese mismo humor. Lo mismo tú, Seline.
-¿Yo qué hice?- respondí, indignada.
-Vamos, maestro Dohko, era una broma- intervino Selket.
Se me hacía una tortura meditar y dejar fluir mi Cosmos por todo mi cuerpo. A veces sentía que iba a enloquecerme ahí sentada, con todos mis pensamientos atiborrados en mi cabeza. Casi no podía relajarme y sentía una especie de rechazo, como un choque en todo el cuerpo que rompía mi concentración cada dos minutos. No dije nada y acabamos la sesión. Las chicas parecían tranquilas y bastante satisfechas. Nos levantamos para ir a descansar y regresar a nuestros respectivos Templos.
-Seline, espera- me llamó el maestro Dohko.
Las chicas se detuvieron a esperarme, pero les hice un gesto para que se adelantaran. Yo me temía ya para dónde iba esta conversación.
-¿Estás bien, Seline? ¿Estás durmiendo y alimentándote correctamente?- preguntó con algo de preocupación en su voz.
No supe qué contestar al principio. Era obvio que había sentido mi Cosmoenergía fluctuar de manera errática y entrecortada, como si fuera un cable sin polo a tierra. Llevaba algunos días meditando con Dohko frente a la cascada en las afueras del Santuario y no sentía que había mejorado mi condición. Por el contrario, parecía tener menor control que antes de empezar.
Todo había empeorado desde aquel estúpido entrenamiento con Camus en el que me había congelado casi por completo mis brazos yo misma, en un intento desesperado por no ser vilmente ignorada y subestimada por él. Y si era sincera, no sólo eso: haber terminado mi relación con Aioria no había hecho más que empeorar mis problemas emocionales y mentales. No sabía qué hacer para que mi Cosmos volviera a ser el mismo, sentía que era una vela en medio de un huracán y me sentía totalmente perdida y desprotegida.
-Pequeña, necesito que seas sincero conmigo para poder ayudarte, ¿está bien?- me dijo con voz dulce.
Asentí y mis ojos se llenaron de lágrimas. La verdad es que yo lloraba con facilidad, lo cual odiaba. Agaché la cabeza para que no me viera y tomé aire bruscamente. Aquella bocanada de aire fresco me devolvió algo de compostura y entonces comencé a hablar.
-Maestro Dohko, yo… no sé qué me pasa y me siento totalmente perdida- confesé.
-¿Tiene esto que ver con haber terminado con Aioria?- aventuró a decir el viejo maestro.
Palidecí con la imagen mental. Sentía la garganta seca y ningún sonido salió de mi garganta, aunque intenté hablar. Asentí como último recurso, totalmente apenada. ¿Qué caso había en intentar ocultarle algo al Viejo Maestro?
-No enteramente, pero tampoco me ha ayudado. No importa que yo haya tomado la decisión y crea que estoy haciendo lo correcto. Duele. Duele demasiado y yo… No sé qué más hacer- sollocé.
-No será fácil, pequeña, pero tampoco imposible. Lo superarás, con tiempo y dedicación. Deberemos trabajar en tu ánimo y en el dominio de tu Cosmos, así que te espero aquí mañana al amanecer. Ya veremos cuánto tardaremos, yo me encargaré de hablar con tu maestro.
-Maestro Dohko, ¿dejaré de sentirme así?- exclamé sin pensarlo, tapándome la cara con las manos.
-Eventualmente, Seline- me contestó con pesar.
-Maestro… ¿alguna vez usted se ha… enamorado?- supe que había cometido un gran atrevimiento en cuanto las palabras salieron de mi boca.
Él me miró sorprendido y pareció meditarlo. ¡Mierda! La había cagado al preguntarle algo tan privado a nada menos que el Santo en servicio más antiguo de la Orden. Trágame tierra y escúpeme en el Pilar del Antártico.
-Sí… Claro que sí, Seline- me respondió con sencillez.
¡Dioses del Olimpo! El maestro Dohko se había enamorado en algún punto de sus más de doscientos cuarenta años.
-Por eso sé de primera mano que el dolor pasará y volverás a sonreír. Además eres muy joven- me revolvió el cabello y me dio un beso en la frente, mientras yo secaba mis lágrimas con el dorso de mi mano.
Le agradecía mucho el haberme desahogado un poco, pero debía volver a Piscis a llorar un rato más y dormir. No se equivocaba con eso de no haber estado durmiendo bien, pues solía dormirme de madrugada luego de llorar hasta quedarme sin lágrimas.
Al filo del amanecer desperté sin necesidad de ninguna ayuda externa. Mis ojos se abrieron automáticamente con los primeros destellos de luz, haciéndome salir de la cama como un resorte. Me vestí y me acomodé el cabello en la usual media cola con moña y me dirigí a la cocina a beber algo de té. No quería comer nada, así que dejé que la infusión de toronjil hiciera efecto y luego me dirigí a Libra para encontrarme con el maestro Dohko. Llegué sin hacer ruido y lo encontré en el salón recostado en un sofá como si estuviera tomando el sol. Me aclaré la garganta suavemente y me indicó que me acercara.
-Buenos días, maestro Dohko- lo saludé, poniéndome frente a él.
Se levantó y me devolvió el saludo, haciéndome un gesto para que lo siguiera. Salimos fuera de Libra y llegamos a la playa, cerca a Cabo Sunión. El día estaba un poco nublado, así que los rayos del sol no quemaban, el agua estaba fría y el viento soplaba suavemente. Era una mañana ideal para entrenar al aire libre. Me quité las sandalias y entramos al agua, cubriéndonos hasta la cintura. El suave oleaje nos mecía ligeramente y la brisa salina revolvía mi cabello. Nos sentamos en una roca en posición de burmese y comenzó a guiarme con su voz en la meditación.
-Seline, de ahora en adelante no podrás consumir ciertos alimentos. Seguiremos algunas pautas de la medicina china para acondicionar tu cuerpo para lo que se viene con tu Cosmos. Eso se refiere principalmente a equilibrar tu alimentación así que haremos un plan y luego…
-¿Luego qué, maestro?- pregunté, pues no creía que sólo con eso se fueran a solucionar mis problemas.
-Luego irás a meditar un tiempo con Shaka en la Casa de Virgo- me contestó con la mayor naturalidad.
Aquello me tomó por sorpresa, pero sabía que el maestro Dohko con suma sabiduría me estaba guiando de la mejor forma para que yo por fin despertara el anhelado Séptimo Sentido. Estaba desesperada y dispuesta a probar todo, y si aquello significaba pasar una temporada con el Caballero más cercano a Dios, pues eso sería lo que haría.
Lo seguí hasta acomodarnos en un lugar cercano al Coliseo, rodeado de rocas y arena, en donde nos sentamos. El maestro Dohko estaba a punto de darme una lección magistral sobre hábitos alimenticios.
-Bueno, la medicina tradicional china no sólo difiere de la medicina occidental en los métodos, sino en el concepto y en la percepción de la salud. Fundamentada en la filosofía Tao, la medicina china considera el cuerpo humano como una entidad total, en lugar de un conjunto de partes separadas de nuestro 'mecanismo', y reconoce la importancia del equilibrio entre los seres humanos y el medioambiente- comenzó.
-La raíz de toda la vida es el yin y el yang, ¿sabes qué son?- me preguntó.
Negué con la cabeza. La medicina china era algo que no se utilizaba en Atlantis. Allí predominaba la medicina occidental y, debido a la escasez de plantas y elementos de la superficie, la herbolaria se limitaba a algas, nácar y demás elementos del lecho marino. Salmacis se encargaba de ello y yo había aprendido un poco. El maestro Dohko continuó su lección.
-El yin y el yang son dos fuerzas complementarias que se transforman en las Cinco Actividades Elementales: madera, fuego, tierra, metal y agua, y en dos fuerzas de energía, o qi: yin, simboliza la oscuridad y es femenina y yang qi simboliza la luz y es masculina. Lo cual destaca la interdependencia de los factores externos e internos; es decir, no podemos separar las emociones, los estados mentales, o la salud, de las variables geográficas, climáticas o temporales.
-¿Así que podré separar mis emociones de mi Cosmos? ¿Podría, maestro Dohko?- le interrumpí, emocionada.
Dohko sonrió al ver mi entusiasmo.
-A eso vamos, chiquilla impaciente. Alinearemos tu Cosmoenergía con tu cuerpo de nuevo. Ahora fíjate bien en lo que estoy diciendo: El yin y el yang también se clasifican según la intensidad de la qi en Cuatro Energías: Cuando éstas energías se liberan en el organismo humano, la qi yin es calmante y refresca los órganos mientras la qi yang es estimulante y genera calor. Según ilustra el símbolo del yin y yang, dentro de cada fuerza de energía (yin qi femenina y yang qi masculina), hay una semilla de la otra que proporciona la potencia de crecer y transformarse en su fuerza complementaria. Por lo tanto, nos enseña que las combinaciones de energía no son fijas, sino intercambiables, igual como nuestros estados internos, y para mantener buena salud y bienestar es necesario equilibrar y armonizar las energías, ¿comprendes eso, Seline?
Asentí, meditándolo. Era mucha información, pero hacía lo mejor que podía por seguirle el ritmo. Me pregunto si el Caballero Dragón también había tenido estas mismas lecciones. El maestro Dohko hablaba muy bien de su juicioso y tranquilo alumno, al que todavía no había conocido. Hasta ahora de aquellos famosos Santos de Bronce sólo había visitado el Santuario (desde que yo había llegado, claro) el Caballero del Cisne, quien era alumno de Camus y amigo de Selket; y el Caballero de Andrómeda, a quien sólo vi en la fiesta de navidad por un momento. Ambos me agradaron, no eran petulantes y, por el contrario, eran cálidos y respetuosos. De ellos el único que permaneció en el Santuario fue Hyoga, ahora con su pequeño alumno Yakov, traído por Camus y Selket en su viaje a Siberia.
-¿Seline? ¿Estás poniendo atención?- me llamó el maestro Dohko.
-Claro, maestro- dije de inmediato, aterrizando mis pensamientos.
-Ven, iremos a Libra- me dijo, poniéndose de pie.
Lo seguí sin decir palabra y pronto llegamos a la Séptima Casa del Zodiaco. Había rezado todo el camino por no toparnos con Aioria en Leo, y para mi fortuna, no se encontraba allí. Dohko llamó a la pequeña y menuda vestal de Libra, una joven de origen chino, como él que se llamaba Wen. Le pidió algo en mandarín que por supuesto ni por enterada me dí, y ella regresó con dos tazas de humeante té. El maestro tomó con una cuchara un poco de una sustancia no identificada en polvo y la añadió a una de las tazas, ofreciéndomela. La tomé sin pensarlo y me ahogué con su contenido.
-¡Maestro, está demasiado picante!- chillé y saqué la lengua.
-Bébelo todo- me indicó. -sin renegar, Seline.
Tomé aire y bebí en tres tragos todo el contenido del recipiente. Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos y sentí mi temperatura subir como si tuviera fiebre. Yo seguía sollozando, cada vez más fuerte hasta que terminé llorando a mares sentada en el salón de Libra tomando el té.
-¿Ves? El picante y el calor hicieron que subiera tu energía yang- me dijo con un tono alegre.
-Maestro, siento la lengua entumecida- alcancé a decir, entre lágrimas e hipos.
-Es uno de los efectos de la Pimienta de Sichuan, querida- sonrió.
-Y no puedo dejar de llorar- me quejé.
Lloré sin parar por casi una hora. No importaba que intentara calmarme, en cuanto dejaba de hipar, sentía otra ola de emociones viniendo. El maestro Dohko sólo permanecía a mi lado en silencio. Me dejó llorar con tranquilidad hasta que mis ojos estuvieron rojos e hinchados. Me calmé luego de tomar un vaso de agua a temperatura ambiente y Wen sirvió la cena: arroz. Dohko decía que el arroz, los granos y las semillas eran alimentos con energía equilibrada, así que un plato de arroz con semillas de ajonjolí parecía algo sensato. Comimos en silencio y le agradecí a Wen y a él por toda su ayuda. Realmente me sentía mejor luego de haber llorado, pero el sueño que tenía estaba haciendo que mantener los ojos abiertos resultara todo un desafío. El maestro Dohko me indicó que me fuera a Piscis a descansar y regresara en la mañana para el desayuno. Asentí y me dirigí a Piscis, sabiendo que ahora tenía mejores noticias para Afrodita.
Los días pasaron rápidamente y Dohko me instaba a explorar cada vez más mi Cosmos con su guía. Luego de cuidar juiciosamente mi alimentación y tener sesiones diarias de meditación, me sentía bastante bien a nivel físico y emocional. Comencé con pequeños ejercicios encendiendo mi Cosmos y, a diferencia de los días pasados, ya no parecía en cortocircuito. No era una gran llama, pero poco a poco se alimentaba como una hoguera y, lo más importante, estaba bajo control.
-Creo que ya estás lista, chiquilla- me dijo, terminando su pollo cantonés.
-¿Para qué, maestro Dohko?- repuse, con sorpresa, terminando mi zongzi, unas bolitas de arroz con diferentes rellenos, deliciosas.
-Ya he hablado con Shaka por ti y mañana te espera en su Templo al amanecer. Continúa tu dieta tal como te he enseñado y ven a cenar con Wen y conmigo cuando quieras. Será un placer tenerte por aquí siempre- me dijo, orgulloso.
Me levanté y lo abracé muy fuerte. Él me abrazó de vuelta y dejé escapar algunas lágrimas.
-Muchas gracias, maestro Dohko. Gracias por salvarme- le dije con sinceridad.
Wen recogió los platos y le agradecí por todo, ya que ella preparaba mis alimentos especialmente para mí según las instrucciones del maestro. Sentía algo de pena por no pasar más tiempo con ellos, ya que me había acostumbrado, luego de dos semanas de convivir con ambos.
Desperté una hora antes del amanecer. Organicé las cosas de la cocina y el pequeño taller para Afrodita y desayuné lo que Dohko me había indicado, juiciosa. Salí de Piscis y, extrañamente, la mañana estaba algo fría. El viento rugía, anunciando lluvia quizás en la tarde. Estaba nublado y se respiraba un aire de tranquilidad y quietud que me sentaba de maravilla. Me refresqué con aquella brisa helada y bajé a Virgo.
Aquel Templo tenía algo extraño, como una vibra o sensación en cuanto se entraba en él. El aroma en el aire estaba cargado de notas de incienso, mirra, sándalo y otras más que no lograba identificar. El Templo de Virgo era un lugar místico y hermoso, sus dos esculturas de vírgenes adornando la entrada, la hacían parecer aún más intrigante. Las de Leo, al contrario, hacían verla imponente y peligrosa, con sus dos leones acostados a cada lado. Entré con cuidado de no hacer ruido con mis pasos y llegué al gran salón. Cada vez me sentía más extraña, pero ignoré la sensación y llegué a una pequeña sala, de donde salía un ruido, como un murmullo, el eco de un riachuelo, o al menos a eso se me parecía. ¿Comenzaba a perder la cordura? Tal vez, probablemente. A los pocos pasos encontré a Shaka de Virgo sentado en posición de loto, usando un traje de monje. Sus ojos estaban cerrados, como de costumbre. Me quedé frente a él sin saber qué hacer o decir, tal vez notara mi presencia por su propia cuenta y comenzara a interactuar conmigo. O no. Los minutos pasaban y yo comenzaba a sentirme fuera de lugar.
-Eres puntual. Es una buena cualidad- dijo con una voz suave, parecida a la de Mu.
Por un segundo me asusté, pues estaba distraída, pero guardé la compostura y busqué las palabras en mi mente.
-Maestro Shaka, el maestro Dohko debió hablarle de mi-
-Estoy al tanto de tu situación. Desde hace semanas, de hecho. Me preguntaba cuánto tiempo te tomaría buscar ayuda- me interrumpió.
Me quedé con la boca abierta sin saber qué responder. Tampoco me estaba viendo, así que suponía que tenía que decir algo o parecería grosera.
-Lo siento mucho- dije.
Él movió su delicada mano y me indicó que me sentara frente a él, lo cual hice de inmediato. Retomó su posición de meditación y yo cerré los ojos, inhalé muy fuerte todos aquellos aromas orientales de la Sexta Casa del Zodiaco y lo imité. Comenzaría por lo básico y luego ya veríamos. Cruzaría ese puente en cuanto llegara a él.
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Glikia mou: "Mi dulzura" en griego.
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Un capítulo entero sólo de Seline y Dohko 3
De mis relaciones favoritas es esta. Al igual que la de Selket y Camus. Son amistades que van desarrollándose sin pensarlas mucho y se vuelven parte importante de la historia :)
Aquí ya empiezan a haber indicios del pasado de Dohko que quiero escribir enteramente en el marco del universo de The Lost Canvas, que sería la precuela de éste. Si es canon o no, me tiene sin cuidado. TLC es mi spin-off favorito.
Gabriela: El misterio precisamente es ese jajaja ¿Contra quien sera la Guerra Santa? Quién sabe jaja Pero sí, algo así como en las películas de CDZ: cualquier cosa puede pasar. El origen de Selket es una de las claves :p Espero no decepcionar y que no sea "la típica pelea", pero vamos a ver. De la Obertura del Cielo no era lo que nadie esperaba jaja. No he visto a nadie que le guste (ni amigos ni gente X en redes sociales y foros) y es porque no se le dio el manejo que se esperaba. En un principio era la primera de 3 películas que compondrían "la saga del cielo" que se centraba en algunos dioses olímpicos y Zeus como principal. De ahí la "obertura" pero la película no tuvo la acogida esperaba y se canceló el proyecto, dejando en punta a Seiya como un lisiado en silla de ruedas y a los Dorados atrapados en la estatua de piedra, esperando el castigo por enfrentarse a los dioses (esa escena me pareció tan pesada… es maluco verlos ahí a media luz mientras Apolo y los otros dioses les hablan). Lo único bueno fue Touma y Marin.
Guest preguntando por Seline: Justamente en este capítulo ya van pasando cositas… Vamos a ver qué sigue pasando con las aprendizas, comienzan a haber tensiones y las cosas se van a complicar un poquito :D
