—Pero… —miró cada rincón del salón, como si buscara sus palabras—. Pero… ustedes dijeron… Beka dijo que solo eran amigos —murmuró colocando sus ojos confundidos sobre el asiático.

La confesión de Katsuki había hecho un caos en su mente que no sabía qué pensar al respecto. Con todo revuelto en su cabeza recordaba con algo de dificultad el momento donde Otabek le decía que Yuuri era un viejo amigo y nada más que eso. Pensó de forma rápida las veces que los había visto juntos a ellos dos y como siempre se veían muy cómplices con solo verse. Todo era extraño, ¿acaso Otabek le había mentido?, ¿él no era el primero hombre que le atraía? Sentía un fuerte puñal en su pecho que dolía a cada segundo más.

Exhalando aire se preguntó cuál era la verdadera historia entre Otabek y Katsuki.

—Sí —Yuuri habló al verse liberado del agarre en su cuello, el color de su piel había regresado—. Somos solo amigos, Yuri. Entre él y yo nunca paso nada más que amistad.

Esas palabras lo hicieron confundirse mucho más, ¿qué rayos estaba pasando? De un segundo a otro sintió como la rabia volvía a apoderarse de su pequeño ser y se fue por su boca. Odiaba sentirse perdido, sin entender nada.

—Entonces, ¿qué mierda estás diciendo, estúpido Katsudon? ¿ah? —preguntó empuñando su mano izquierda sobre la mesa—. Dices que se besaron con Otabek pero que son solo amigos, ¿acaso tratas de decir que Otabek es de esos tipos que anda besando a todos? —preguntó con ironía en la voz ignorando el malestar en su pecho al recordar que él mismo seguía siendo amigo del kazajo.

—N-No, no quiero decir eso —respondió Yuuri rápidamente moviendo las manos frente al ruso—. No pienses mal de Otabek, él no tiene la culpa de esto; de hecho él ni siquiera sabe de este beso… —finalizó con las mejillas rojas y portando la vergüenza junto a la culpa en sus expresiones.

Miró a su compañero de manera dudosa, cada palabra que salía de su boca era más extraña que la anterior. Yuri viendo que se le haría imposible comprender sin que su contrario soltara la lengua, decidió tratar de tranquilizarse para no decir ni cometer ninguna estupidez por sus arrebatos. No podía negar que estaba muriendo de celos y de malestar, pero tenía que contenerse para no lamentar las cosas antes de tiempo.

—Habla —demandó cruzándose de brazos sin apartar ni por un segundo sus ojos verdes del más alto.

Yuuri asintió juntando sus manos para terminar jugando de forma nerviosa con sus dedos.

—Esto pasó hace ya un tiempo… —comenzó a hablar el asiático—. Él y yo aún no te conocíamos. Hum, no es algo de lo cual me sienta orgulloso pero necesitaba hacerlo antes de que él se fuera a su país...

—Deja de hablar de forma tan extraña —soltó Yuri ya hartándose—. Ve al grano, ¡al grano!

—S-Sí —Katsuki asintió mostrándose un poco asustado por la insistencia del rubio—. Con Otabek desde aquella vez que me salvó de mis acosadores nos volvimos muy buenos amigos. A pesar de la diferencia de edad entre nosotros nos llevábamos muy bien, nos juntábamos casi todos los días y él me enseñaba a defenderme y a sacar más personalidad. Entre todas esas semanas que estuvimos juntos yo… yo me sentí confundido con él ya que lo admiraba demasiado, era como un superhéroe para mí, Otabek por ese tiempo me había comenzado a gustar… —desvió la mirada muy cohibido.

Yuri sin decir nada permaneció escuchándolo a la vez que apretaba más su puño. Debía calmarse, no tenía derecho alguno de reclamar si ya sabía que aquel suceso fue antes de que se conocieran.

—Huh, un día estuvo hasta más tarde en mi casa y durmió una siesta en mi habitación —prosiguió Katsuki—, yo como estaba confundido con lo que sentía por él… le… le di un beso mientras dormía y él entre sueños me correspondió sin abrir los ojos… pe-pero eso fue todo lo que ocurrió, te lo juro. Solo fue un pequeño beso que no tuvo que haber sido. Cuando Otabek despertó se fue a su casa sin decir nada y me trató como siempre, por eso creo que él no sabe nada de este beso… No pienses mal de Otabek, él no tiene la culpa de nada… él siempre me vio como a un amigo, yo soy el culpable aquí.

Escuchó como Yuuri dejaba ir de forma pausada el aire en sus pulmones. Un silencio incómodo se formó. Yuri seguía sintiendo el malestar en su pecho que lo hacía enojar, pero la frustración era más grande al saber que no podía reclamar, llegaría a ser un jodido inmaduro si protestaba por algo que no le incumbía, Otabek y él no se conocían, cada uno tenían sus vidas separadas en ese entonces por lo tanto tenía las manos atadas y solo le quedaba escuchar lo sucedido, aunque eso no quitaba que las palabras de Katsuki le brindaran sentimientos muy extraños que no sabía cómo expresarlos.

—Así que… —Yuri se aclaró la garganta—. ¿Fuiste tú el que lo besó? —preguntó necesitando que Yuuri volviera a confirmarlo.

—S-Sí —el japonés muy avergonzado bajó la mirada.

Yuri soltó un bufido al notar que todo su enojo debía a quedarse dentro de él, no podía desquitarse con Yuuri por algo que pasó hace años.

—Ah, lo hubieras dicho desde el principio, jodido cerdo —escupió rascándose la cabeza tratando de dejar ir su malestar—. Sabía que Beka no podría fijarse en un tipo como tú —añadió con maldad sin poder evitarlo, de alguna forma quería traspasar su malestar a él aunque fuera una pequeña porción.

Su contrario asintió con una pequeña sonrisa nerviosa, en ese instante Yuri se sintió mal por sus palabras, Yuuri seguía siendo tan sumiso que nunca se defendía de las cosas que le decían, eso le molestaba.

—¿Estás seguro que él no sabe de ese beso? —preguntó no queriendo seguir con el ataque a Katsuki.

—S-Sí… estoy seguro. Al menos él no dijo nada.

—Hum, pero no estás cien por ciento seguro —recalcó con una mueca—. Quizás Beka se percató pero para no hacerte sentir mal no dijo nada y lo dejó pasar —comentó algo muy probable.

Vio como Katsuki se tensaba con eso, debía ser difícil para él.

—¿Ya no sientes nada por Beka? —preguntó Yuri directamente. Aquella duda la tenía muy metida en su pecho, no sabría qué hacer si resultaba que su amigo aún tenía sentimientos por Otabek, lo que menos quería era perder su amistad por culpa de sentimientos mutuos.

—No… Ya no siento nada más que amistad por Otabek —juró Yuuri—. Él fue mi primer amor por eso le guardo mucho cariño, pero actualmente solo lo veo como amigo. Además ustedes dos deben estar completamente enamorados, yo solo quiero que ambos sean felices.

Yuri se sonrojó al instante al escucharlo. La rabia y el malestar quedaron en segundo plano y la vergüenza consumió por completo su cuerpo, de un segundo a otro se volvió tímido que no supo dónde esconderse para pasar el momento. ¿Cómo decía algo así tan tranquilamente? Sentía su cara arder tanto que temía que se quemara.

—Ya… —sin poder enfrentar más la situación Yuri caminó hasta la salida—. Vamos a clases que se hará tarde…

—Yuri —lo llamó Katsuki. El ruso con el corazón en la garganta se detuvo en la puerta—. N-No te enojes con Otabek… Esto ya paso hace tiempo y… te pido que no le digas nada, si él no sabe nada de esto prefiero que siga así, no quiero que se enoje conmigo por una tontería que hice en el pasado.

"¿Tontería?", se preguntó Yuri, sinceramente él comprendía un poco a Katsuki y no encontraba que eso fuera una tontería, él también había muerto por besar a aquel kazajo que ponía al revés su mundo con solo su presencia. Pero por supuesto eso no lo iba a decir.

—Está bien, Katsudon, no te preocupes —murmuró volviendo a emprender su andar. Necesitaba aire, calmar su agitado corazón junto a sus alocados pensamientos.

—¿No estás molesto por esto?—preguntó Katsuki llegando a su lado pero manteniendo una distancia preventiva—. No tenía planeado decírtelo, después de todo fue algo sin importancia… lo siento.

Yuri quiso decirle que sí estaba molesto, muy molesto por eso, sin embargo decir aquello sería una mentira. No podía estar enojado por algo que pasó antes que él.

—No, no lo estoy —aclaró mirando fijamente al frente, Yuuri pareció aliviado—. Y ya no sigas hablando de esto o de verdad me voy a enojar —dijo solo para aliviar la tensión entre ellos.

Quedando en las buenas caminaron por los largos pasillos de la escuela para ir a dejar sus cosas a la sala y después marchar a los vestuarios para prepararse para gimnasia.

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—Tienes una cara horrible —observó Mila con una sonrisa burlesca.

Yuri que recién entraba al club y soltaba maldiciones por el jodido transporte público donde casi muere aplastado, le dio una fulminante mirada a la chica que quería reírse de sus desgracias. Era tan molesta que aún no entendía cómo no la habían fusilado ya en alguna parte del mundo durante sus viajes.

—Pensé que Otabek te traía al club, ¿ya no se vienen juntos? —preguntó ella bloqueando el paso para los vestuarios.

Notando que su pecho se oprimía levemente por esa pregunta apretó sus manos en las correas de su mochila. A pesar de que estaban aclarados con Otabek, Yuri aún persistía con la idea de irse solo al club ya que sentía que las cosas así estaban bien. No podía negar que odiaba con su alma el metro, pero prefería irse apretujado a que ir junto a Otabek sobre su moto sintiendo miles de emociones que no debían ser expresadas, ya que según la sociedad estaban mal.

—No es de tu incumbencia —soltó Yuri moviéndose a la derecha e izquierda para ingresar a los vestuarios, sin embargo Mila lo imitó bloqueándole todo sus movimientos como si estuvieran bailando un vals—. Ach, ya déjame pasar, vieja bruja —rugió cansado. No quería pelear y menos con ella, pues Mila, para su pesar sabía mucho más de lo permitido y era seguro que tocaría aquel tema. Aún no podía superar que Mila supiera sus sentimientos y su situación con Otabek.

—Oh —ella pareció asombrada—. ¿Entonces ya no vienen juntos? En ese caso le pediré a Beka que me venga a dejar para así poder venir abrazada a él y… —Mila no alcanzó a terminar ya que Yuri le había dado un pisotón en su pie—. ¡Ay!

—¡Él no te ira a buscar ni nada! —gritó sin importarle que los demás escucharan. Mila lo hacía enojar de forma tan rápida que hasta él mismo se sorprendía.

—¿Tú crees? —inquirió ella con una sonrisa haciendo hervir más la sangre a Yuri para luego lanzar una carcajada que lo molestó más—. Ay, Yuri, a pesar de lo que ya te dije en la fiesta sigues poniéndote celoso —río más ella avergonzando a Yuri—. Eres un lindo gatito celoso.

—N-No te rías, bruja —reclamó dándose cuenta del lugar por lo que bajó la voz, lo que menos deseaba era que más personas se enteraran de lo que pasaba con Otabek—. Y no me llames así… ¡Ah! Ya déjame pasar.

Mila asintió pero no se movió ningún centímetro de la puerta encolerizándolo más.

—¿Qué? —preguntó Yuri frunciendo más el ceño, temiendo que ella fuera a decir algo indebido y los que estaban cerca llegaran a escucharla.

—Que no se te olvide lo que te dije, Yuri —mencionó ella dejándolo algo confundido; Mila, quizás viendo que el niño era muy lento sonrió levemente y luego prosiguió—. Puedes contar conmigo, yo te puedo ayudar de muchas formas con él… después de todo tengo mucha experiencia en estos temas del corazón.

Se volvió a sonrojar al recordar esas palabras y al ver el tema mencionado, ya no podía más, necesitaba alejarse de ella o le daría ahí mismo un ataque de nervios. Él no estaba para nada acostumbrado a recibir ayuda, menos de una mujer que solía enojarlo con tan solo su presencia. Yuri no la necesitaba y jamás lo haría, ya se había convencido de aquel hecho.

—No quiero nada de ti —aclaró Yuri cruzándose de brazos.

—Hum —ella lo observó detenidamente—. Eso ya lo veremos —le guiñó un ojo y se retiró de la puerta a paso seguro.

Yuri viendo como ella se marchaba soltó un resoplido fuerte y luego se dio unas palmaditas en sus mejillas sulfuradas para tratar de relajarse. Sentía que el día iba como la mierda y ya deseaba meterse bajo las mantas de su cama para olvidarse de todo. Con muchas cosas en la mente abrió la puerta de los vestuarios y se encontró con Leo, en ese momento le dio un revoltijo de nervios en el estómago y caminó tal cual como un robot hacia las bancas. Yuri a pesar de que normalmente era lento para darse cuenta de las cosas, tenía el fuerte presentimiento de que Leo estaba al tanto de todo lo que pasaba; aquella mirada que le brindó cuando Jean interrumpió su beso con Otabek le había dicho todo… además al recordar como el latino los había visto a él y a Otabek en la cama la mañana del domingo su presentimiento crecía.

Leo debía saber todo y eso lo avergonzaba más.

—Hola —lo saludó Leo con su típica expresión amable.

—Hola —saludó Yuri sin verlo mientras trataba de abrir sus pertenencias para no tener que enfrentarlo. Estaba casi seguro que él también, al igual que Mila, iba a decirle algo al respecto, sin embargo se sorprendió mucho cuando Leo después de guardar algo en su casillero salió del cuarto muy relajado dejándolo con el alma en la garganta.

Se quedó pensando en eso, era casi indudable que Leo iba a tocar aquel tema diciéndole que también podía contar con él y todo ese lio, sin embargo se había ido por su camino sin decir nada… ¿Qué le pasaba?, ¿acaso se había equivocado y él no estaba enterado de nada?, ¿Otabek no le había dicho nada? Aquello era extraño ya que Leo era el mejor amigo del kazajo y sin duda se decían muchas cosas. Yuri viendo que estaba comiéndose la cabeza por algo que no sabía muy bien, cerró los ojos por unos instantes no queriendo pensar sobre aquello. De forma lenta estaba aprendiendo a llevar las cosas con más calma, aunque a veces la ansiedad comenzaba a comerlo por completo.

Se cambió de ropa y al acabar se preguntó dónde se encontraba Otabek, no lo había visto al llegar ni en los vestuarios, por eso, después de darse una vuelta por el club, tomó su teléfono y marcó a su amigo para saber dónde estaba, aunque aquella acción duró poco ya que a los segundos tuvo que cortar la llamada al ver al kazajo entrar por la puerta principal de lugar sacando su móvil de su chaqueta. Cuando sus ojos se cruzaron Yuri maldijo a su corazón por lo emocionado que se puso, pues por eso todo su cuerpo se atontaba y sus mejillas se sonrojaban sin poder controlarlo.

—Perdón por la demora, Yura —dijo Otabek parándose frente a él revolviéndole de inmediato el cabello. El ruso sintió como sus latidos aumentaban con ese toque y como su estómago daba un vuelco—. Tuve que pasar a una bencinera ya que se me había olvidado llenar el tanque de la moto, había una larga fila.

—Está bien —respondió Yuri abriendo sus ojos en el momento que Otabek retiró la mano de su cabeza—. Ya estás aquí.

Se sintió más pequeñito al ver que Otabek le regalaba una pequeña sonrisa por sus palabras, le dieron ganas de abrazarlo y acurrucarse entre esos espectaculares brazos que admiraba, pero se contuvo al recordar que estaban en el club y habían muchos otros miembros entrenando. Odió el no poder abrazarlo como anhelaba.

—¿Pasa algo? —preguntó Otabek al ver el drástico cambio de expresión en el menor, Yuri no queriendo incomodar a Otabek solo negó con la cabeza.

—Apúrate en cambiarte. Ya quiero entrenar —dijo notando que toda su espalda estaba muy tensa. Requería hacer ejercicio para liberarse y para mantener ocupada su confusa mente.

Otabek, quizás no muy convencido por su respuesta le tocó el hombro y luego se fue a los vestuarios prometiendo no demorarse nada. Yuri al verse solo nuevamente se mordió el labio y se regañó por no poderse sacar de la mente la conversación con Katsuki, aquel tema, aquel beso de años, del cual no debía sentir nada, seguía clavado en su cerebro y parecía no querer salir con nada. Realmente odiaba sentirse tan impotente por eso, lo encontraba inmaduro y muy tonto pero a pesar de que se repetía una y mil veces en que debía olvidarlo, no podía. Sentía la fuerte necesidad de preguntarle a Otabek, quería saber sí él estaba al tanto de todo, porque sí resultaba que sí sabía del beso que le dio Katsuki en ese tiempo, quería comprender por qué Otabek al confesarse le había dicho que él era su primer hombre.

—Eres un tonto, tonto, Plisetsky… —se reprendió en voz alta al sentirse tan idiota por su inseguridad.

No entendía que pasaba. Él siempre había sido muy seguro respecto a sus decisiones o su pensar, pero ahora encontraba que siempre andaba dudando todo sintiéndose muy ajeno a él mismo.

Viendo como a la distancia Emil junto a Michele hacían un sparring fuera del ring, se movió a su sector designado y se sentó en el suelo esperando al kazajo intentando mantener su mente en blanco.

Fue un entrenamiento normal. Yuri con eso verificó que Otabek era muy bueno para separar las cosas ya que se comportó con completa seriedad y profesionalidad al entrenarlo, aquello lo agradeció porque gracias a eso pudo mantener su mente ocupada haciendo los ejercicios y así relajarse. Sin embargo cuando terminaron de entrenar, aquellas dudas que lo carcomían volvieron a su consciencia. Sentándose en el suelo con la espalda apoyada en la pared tomó un poco de agua de su botella y luego miró a Otabek que se encontraba a su lado hidratándose con la respiración agitada por el entrenamiento.

—¿Algún día me dejaras golpear un saco de box? —preguntó Yuri queriendo desviar su mente de sus tontas dudas. No podía preguntarle a Otabek sobre el beso de Katsuki, le había prometido a su compañero que no lo haría.

—Hum —Otabek quedó viendo el pesado saco verde a la distancia que estaba siendo golpeado por Mila con el apoyo de Michele.

Yuri siguió el patrón de su mirada y se sorprendió al ver la fuerza de la mujer que lo hacía enojar, se sintió algo frustrado al ver que ella estuviera más avanzada que él, por eso ansió una respuesta.

—Quizás mañana —contestó su amigo haciendo recaer sus ojos oscuros sobre él, cosa que lo hizo estremecer por lo que persistió mirando a Mila tratando con eso espantar su cohibimiento.

Encontraba increíble que ahora se pusiera tan tímido de forma tan fácil, solo lo estaba mirando pero era como si lo estuviera abrazando o besando.

"besando" pensó obteniendo que sus mejillas se acaloraran. No importaba cuanto lo intentara, no podía sacarse de la mente los besos que se dio con Otabek y el supuesto beso que Yuuri le dio a este mismo. Necesitaba preguntar o de otro modo tendría esa opresión en su pecho por siempre.

Notó que Otabek dejaba de verlo y que volvía a beber agua. Yuri lo miró de reojo y despegó los labios para preguntar, no obstante de inmediato los cerró desviando la mirada. Se maldijo por ser un tonto cobarde. Suspiró y luego volvió a verlo queriendo nuevamente hablar, pero al igual que antes terminó desviando sus ojos y regañando su espíritu.

"Solo pregúntale y ya…"

Tragó fuertemente y ubicó sus ojos azules en el kazajo, ya estaba decidido, preguntaría su duda y con eso la mataría, sin embargo no logró sacar voz alguna de su garganta. Insistió con la mirada hasta que Otabek puso sus ojos sobre él. Yuri sintiéndose nervioso apartó la vista.

—¿Por qué me ves tanto?, ¿quieres decirme algo o no? —preguntó el kazajo de forma tranquila.

Se mordió el labio inferior. Odiaba sentirse tan cobarde. Él no era así, debía hablar de una vez. Tomando aire para llenarse de valor, Yuri volvió a ver a Otabek con la mirada más decidida.

—Beka —habló sintiendo su nerviosismo asomarse por cada poro, ignorando su agitado corazón apretado, prosiguió—. ¿Yo… Yo soy el primer hombre al que has besado?, ¿verdad?

La expresión de Otabek tomó la tonalidad de la preocupación junto a una leve sorpresa.

—¿Por qué me preguntas eso? —inquirió bajando su voz.

—Solo responde… —rogó Yuri imitando su disminución de tono.

Otabek miró para el frente y luego volvió a verlo. Yuri estaba que moría por la respuesta.

—Eres el primero, Yura —aseguró Otabek muy seriamente, que no dejaba paso a dudas.

Yuri quiso sonreír al sentirse más seguro por ello, sin embargo se contuvo para seguir.

—¿Y… Y nunca otro hombre te ha besado? —preguntó con la voz más pequeñita.

Su amigo volvió a poner un rostro de confusión, aunque se dispuso a hablar de forma inmediata.

—No, no he dado ni recibido beso de otro hombre. Solo has sido tú.

Se sonrojó más por la respuesta y sin aguantar más bajó la mirada al suelo. Se sentía realmente aliviado, Otabek no sabía del beso que le dio Katsuki y realmente pensaba que las cosas estaban mejores así. ¿Para qué seguir escarbando en el pasado? Ahora solo importaba el presente. Ya no quería seguir carcomiéndose la cabeza por algo ya borrado. Estaba feliz de que Otabek no le hubiera mentido y quería que las cosas se quedarán así, que Otabek fuera ignorante del hecho sucedido con Yuuri y así todo seguiría tranquilo.

—¿Por qué, Yura? —preguntó Otabek.

Negó con la cabeza sin verlo. En ese instante recordó las palabras de Yuuri donde le decía que Otabek había sido su primer amor. No podía culparlo, el kazajo era alguien espectacular que sin duda enamoraría a cualquiera. Sintió un poco de miedo e inseguridad al no saber aún como proseguir con lo que tenían.

¿Qué pasaba si Otabek aburrido de él llegaba a gustarle otra persona? Cerró sus ojos no queriendo pensar en la respuesta. Él ya no soportaría no tener a Otabek a su lado.

—¿Yura? —Otabek le buscó la mirada. El nombrado tragándose su incertidumbre subió la vista y encontró la de Otabek.

—Realmente me gustas mucho —soltó Yuri anhelando que esas palabras calaran por completo el interior de Otabek.

—Yura —dijo el kazajo aparentemente muy sorprendido.

El ruso saliendo de su trance se dio cuenta de lo dicho y se sonrojó de inmediato.

—Ah… —respiró profundo con el corazón alterado—. Cre-Creo que ya es tiempo de irnos —se levantó apoyándose en la pared y comenzó a caminar poseyendo una risa nerviosa.

A veces de verdad odiaba su torpe lengua.

Alterado, como si estuviera cerca de un ataque al corazón, vio sobre su hombro como Otabek se levantaba y lo seguía a los vestuarios. Estaba feliz como asustado, eran miles de sensaciones la que se apoderaban de su cuerpo y solo podía culpar a Otabek por provocárselas.

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Esa semana pasó tan rápido como un torbellino. Yuri tuvo días muy tranquilos y de lo único que se preocupaba realmente era sobre qué hacer sobre sus sentimientos. Estaba completamente seguro que Otabek le gustaba, ya no había ninguna duda en eso, el problema era que no encontraba la manera para expresar esos sentimientos sin que el mundo se le viniera encima. Para ser sinceros él de verdad, y aunque no quisiera admitirlo, estaba muerto de miedo por las posibles reacciones de los demás al saber la verdad. No quería ni pensar como se le vendrían las cosas si sus compañeros de clase —los cuales siempre lo molestaban— se enteraban de su verdad, sin duda el bullying que viviría de ahí en adelante sería peor y le recalcarían aún más su molesta apariencia de mujer. "Pero sin duda los golpearía a todos", se decía siempre que terminaba hundido en aquellos pesimistas pensamientos.

Otra de sus mayores dudas, y se podría decir que la más importante de todas era: La reacción de su abuelo. Nikolai sin dudas era un hombre muy amable, comprensible y atento, pero eso no significaba que él pudiera aceptar su posible relación con Otabek al enterarse. Yuri tenía muy presente que su familiar tenía la mentalidad de otra época y amaba demasiado a su país. Lo que menos quería era decepcionarlo y así perderlo para siempre. Quería confiar en él, muchas veces estuvo a punto de contarle pero jamás llegaba a atreverse. En esos momentos donde el mayor le preguntaba que le ocurría, Yuri se sentía realmente asustado y siempre tenía ganas de llorar como un pequeño. Las dudas por las que pasaba ahora eran peores que cuando estaba recién aceptando su amor por Otabek.

Ahora, cada vez que Otabek lo iba a dejar a casa después del entrenamiento, Yuri se sentía realmente solo en casa, estaba tan alejado de su abuelo por el miedo que tenía, que pasaba casi todas las tardes en su cuarto junto a Potya, el cual lo consolaba un poco con sus mimos. Yuri se odiaba mucho por su cobardía y por hacer preocupar a su abuelo, pero realmente no podía hacer mucho si estaba muriendo de miedo.

No quería decepcionar o hacer enojar a su abuelo.

—¿Qué debería hacer? —se preguntó una noche de domingo acurrucado junto a Potya en la cama.

Su abuelo ya se había acostado después de cenar juntos. Yuri ya con su pijama miraba el techo como si en él hubiera una respuesta para sus dudas, pero al no encontrarlas se levantó dejando a su gato tranquilo y caminó hasta la ventana para correr las cortinas y mirar al exterior.

—Noche blanca —susurró al ver el cielo de medianoche iluminado como si fuera de mañana. Con todas sus preocupaciones no se había percatado que en San Petersburgo llegó el tiempo de las noches blancas, donde nunca se oscurecía y la noche parecía día.

Apreció lo hermoso del panorama y deseó estar junto a Otabek en ese momento disfrutando de su compañía y seguridad. El kazajo en esos días era el único que lograba calmarlo y espantarle esos estruendosos miedos de su cuerpo y mente, estar a su lado, aunque solo fuera como amigos, era muy reconfortante.

—Quiero estar con él —confesó al exterior teniendo una expresión entristecida. No sabía cuánto más pensar sobre su sentir para volver a hablar con Otabek respecto a ellos.

Debía analizar tantas cosas. Todo lo que se ganaba y se perdía, lo que se arriesgaban y lo que no. Lo único que lo consolaba en esos momentos difíciles es que sabía que Otabek estaba reconsiderando toda su decisión para estar juntos. Había visto durante esos días como Otabek lo veía y como se ponía nervioso al igual que él por lo que sentían. Era mutuo, eso lo hacía sonreír como una chiquilla enamorada, sin embargo al recordar que estaba muy mal visto, casi como si fuera un jodido delito —que antes en su país lo era—, su sonrisa se borraba de inmediato para que solo la incertidumbre se apoderara de él.

Jamás había pensado en enamorarse de su mejor amigo, tampoco que todo sería tan difícil, pero sin dudas no se arrepentía por el lindo sentir que Otabek despertaba en él.

Cansado, corrió las cortinas impidiendo que la luz nocturna entrara por la ventana y se acostó nuevamente queriendo dormir.

—Buenas noches, Potya —dijo hundiendo su cara en el pelaje blanco de su adorada mascota.

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Cuando terminó el entrenamiento del día viernes, tomó sus cosas nuevamente postergando el usar la ducha del club, aún no se sentía preparado para usarla. Con su pelo amarrado en una coleta y teniendo su mochila colgada en su espalda, salió de los vestuarios y se dirigió al cuadrilátero donde Otabek —ya bañado y listo para irse— se encontraba enseñándole unos golpes a Emil, quien había insistido ya que le venía una pelea importante en una semana.

Sonrió admirado cuando escuchó a Otabek darle una orden a Emil mientras le mostraba el golpe. Como no tenía prisa alguna en volver a casa se quedó viendo un poco aquello sin querer molestar a ninguno, los cuales se veían muy concentrados. De manera disimulada se aprendía mentalmente los movimientos de Otabek para realizar el golpe, sabía que debía provechar cada segundo para aprender cosas nuevas de defensa ya que en cualquier momento podría usarlas contra algún pervertido de la calle o compañero molesto de su clase.

—Es más alto, Emil —dijo Otabek criticando el mal combo del nombrado.

—Pero si le doy más alto no te llegará, eres bajito, Ota —comentó Emil con un puchero. Yuri al ver como Otabek tensaba su expresión quiso reír, pero se contuvo o después lo agarraría con él.

Una de las cosas que había aprendido con el tiempo era que Otabek se acomplejaba un poco por su estatura. Bueno, no es como si fuera tan bajo, estaba en un porte adecuado para un hombre, sin embargo seguía siendo más pequeño que muchos del club.

—Ah… solo hazme caso si quieres hacer el golpe bien —dijo escuetamente Otabek teniendo su mirada un poco cargada.

Yuri movió la cabeza aún manteniendo su risa disfrazada en una mueca mientras sacaba su móvil del pantalón para contestar, sin apartar su vista del kazajo que se veía de mal humor —cosa extraña— atendió la llamada dejando escapar una pequeña risa al ver que Emil exageraba con el golpe mandándolo más arriba que Otabek.

—¿Yuri Plisetsky? —una voz muy madura de un hombre le habló de forma sería.

—Sí, con él —en ese momento puso más atención en la llamada al percatarse que le había contestado a un número desconocido.

—Le estamos llamando del hospital municipal. Le pedimos que se presente de forma inmediata ya que su familiar Nikolai Plisetsky ha sido ingresado de urgencia por una descompensación producido por un preinfarto. Por favor acérquese lo antes posible al lugar.

Dejó de escuchar en ese momento. Todos los ruidos del club se enmudecieron y el aire comenzó a pesarle tanto que se sintió muy ahogado, como si estuviera dentro de una heladísima piscina con hielo. ¿Qué había escuchado? ¿Qué su abuelo…? ¿Qué? A los segundos volvió a escuchar la voz del hombre en el teléfono pero no logró hablar. Eso que le decía debía ser una jodida broma de muy mal gusto, era imposible que su sano abuelo estuviera en el hospital… ¿verdad?

—¿Yura? —al escuchar la voz de Otabek a la distancia, elevó su vista y respiró—. ¿Qué pasa, Yuri? —el kazajo dejando a Emil se acercó hasta las cuerdas.

Yuri en ese momento se dio cuenta que sus ojos habían dejado libre un par de lágrimas que hicieron preocupar a Otabek.

—Beka… —habló con la voz rota que apenas se alzó—. Mi abuelo… M-Mi abuelo… —se enmudeció sin ser consiente que Otabek se había bajado del cuadrilátero para ganarse delante de él muy preocupado.

—¿Yuri?, ¿Qué ocurre? —preguntó el kazajo tomándolo de los hombros—. ¿Qué pasa con el señor Nikolai?

Apretó fuertemente sus ojos dejando caer más lágrimas y armó sus palabras desechas. Vio a Otabek sintiéndose tan asustado que ya sentía sus piernas romperse.

—Está en el hospital… —dijo asustado—… Mi abuelito… está…

El kazajo lo miró alarmado.

No logró decir más. Otabek dejando paso al miedo en su rostro, tomó la mano de Yuri y de inmediato comenzaron a caminar hasta la salida sin decir nada a nadie. Yuri lo siguió como si fuera un cuerpo sin alma. No sabía qué hacer, solo se dejó guiar conteniendo sus lágrimas. Estaba aterrado.

—¿En qué hospital es? —preguntó Otabek cuando llegaron a la moto.

Por el shock que vivía, Yuri no logró entenderle. Otabek lo movió un poco por sus hombros para despertarlo.

—Yuri, necesito que me digas donde está él —le pidió el kazajo mientras lo soltaba y le ponía el casco poseyendo las manos temblorosas.

—Hos-Hospital municipal… —respondió Yuri completamente ido.

—Vamos de inmediato, sube —ordenó su contrario ahora colocándose su casco, sin embargo Yuri no reaccionó. Estaba tan hundido en sus miedos aflorados, que no era capaz de nada—. Yura —Otabek lo volvió a atajar por los hombros y se miraron fijamente. Yuri viéndolo a él volvió a sentir los pies en la tierra—. Hay que irnos, soldado. Ya verás que todo irá bien.

Asintió teniendo el corazón apretado para después aceptar la ayuda de Otabek para subir a la moto, sus piernas estaban tan temblorosas que no entendía como había permanecido en pie. Otabek se sentó a los segundos y prendió el motor preocupándose de que el ruso lo abrazará bien para que estuviera seguro.

Yuri ya unido completamente al kazajo, cerró los ojos cuando la moto partió ya así sus miedos crecieron más.

—Abuelito… —susurró angustiado.