Para cuando comenzó la fiesta de cumpleaños de Julia el incidente de la tablet había quedado atrás. Los tres Poldarks habían sido regañados, Julia por no querer prestarsela a su hermano, Jeremy por llorar por algo que no era de suyo y Ross por haber sido el culpable de causar toda la escena. Demelza había guardado el aparato sobre la heladera y le había dicho a Julia que no iba a jugar con ella en el día de su cumpleaños, debía jugar con sus amigos. Jeremy la pidió entonces y su madre le dijo que había sido un regalo para su hermana, Ross entonces la había interrumpido diciendo que le compraría una para el también, pero cerró la boca cuando Demelza lo miró y torció la cabeza señalando que se callara. Jeremy tendría que pedírsela prestada de buena manera a su hermana y ella se la prestaría, nada de ponerse a llorar. Después llegó el turno de Ross. ¿Cómo se le había ocurrido comprarle algo tan caro a una niña de 9 años? A lo que él respondió que muchos niños tenían una.
"Se supone que debemos estar de acuerdo en este tipo de cosas." Había dicho. Tenía razón. – "¿Tiene control parental?" No tenía idea. Ross había pasado un rato con la tablet en la cocina instalando todos los filtros para niños posibles. Luego había pasado el resto de la tarde ayudando a inflar globos, colgar guirnaldas, recolectar sillas de todos los rincones de la casa y bañar a Jeremy. Mientras le ataba las zapatillas Verity entró en el cuarto de su hijo.
"Ross." Dijo sorprendida de verlo allí. El hijo de su prima, que ha bía estado juagando en la habitación mientras Ross se ocupaba de Jeremy, corrió a saludarla. "¿Papá está aquí?" – "Si mi querido, está conversando a tu tía." – "Iré a saludarlo. ¡Vamos Jer!"
Andrew Jr. Tomó de la mano a Jeremy y juntos se fueron a saludar a Andrew Padre dejándolos solos. Ross se puso de pie y comenzó a recoger la ropa y toallas que habían quedado tiradas, no había hablado con Verity en meses, no se había atrevido.
"Puede que Andy necesite un baño también, estuvieron jugando a la pelota toda la tarde. ¿Cómo estás Ver?" Ella suspiró.
"Yo estoy bien. Con mucho trabajo ahora que debo hacerme cargo de la compañía y la Fundación yo sola." Ross doblaba la ropa sobre la cama sin poder mirarla.
"Lo siento, Verity."
"¿De verdad? Ross… ¿Cómo has podido hacer semejante cosa?" Ross miró al techo por un segundo, respiró profundo y se sentó con pesadez en el borde del colchón. Esto es lo que temía. Después de Demelza, sabía que Verity sería la que estaría más molesta con él. Ella era más una hermana que una prima y siempre había estado junto él, siempre lo había apoyado aún cuando todos decían que lo único que hacía era manchar el nombre de su familia. Verity siempre había estado allí, a una llamada de distancia, siempre dispuesta a hablar con él, a regañarlo cuando hiciera falta. El hecho de que no lo hubiera llamado en todo este tiempo era más que contundente.
"Verity… por favor." Pero ella lo seguía mirando con ojos inexcrutables. – "¡No lo sé! No sé como pasó ni porqué pasó. Fue, fue un momento de locura. Elizabeth… Elizabeth había estado coquete… habíamos pasado mucho tiempo juntos últimamente. Yo me dejé llevar, no sabía lo que hacía y esa mañana… mira, sé que Demelza te debe haber contado lo que sucedió, pero sí, esa mañana tuve un ataque de celos y Elizabeth y yo habíamos estado a punto de hacerlo antes y en ese momento, no sé, dejé de pensar…"
"Me suena a que estabas pensando con el cerebro que está entre tus piernas, Ross." Dijo cortante.
"No quise lastimar a Demelza."
"Eso fue exactamente lo que quisiste hacer. Sólo buscaste una excusa."
"No. Te lo juro, Verity. Nunca quise lastimarla, nunca quise que se enterara…"
"¿Escuchas lo que dices Ross?"
"No me entiendes, no así. En el momento en que la vi en Trenwith, cuando vi el dolor en su rostro, supe que había cometido el peor error de mi vida. Aunque lo del francés hubiera sido cierto." Verity permaneció un momento en silencio, considerando si creerle o no.
"¿Y ahora?" Dijo al fin.
"¿Y ahora? Ahora estoy pagando mi condena ¿No es así? Un extraño en mi propia casa. Nadie me dirige la palabra, mi negocio se fue a pique y tengo que comenzar de nuevo, vivo en un departamento del tamaño de este cuarto, tengo una agenda que debo seguir para ver a mis hijos y lo peor de todo…" Ross se quedó callado.
Verity fue a sentarse a su lado sobre la cama de Jeremy.
"¿Lo peor…?"
"Creo que ella ya no me ama."
No estaba exagerando cuando dijo a Verity que nadie le hablaba. Prudie hasta murmuraba agravios cuando él estaba cerca. Jud había desaparecido en el momento en que hubo que sacar las cosas afuera, Caroline se puso a charlar con su prima mientras vigilaban a Julia y sus amiguitas que corrían por toda la casa. Andrew lo había saludado cordialmente y había conversado con él sobre su último viaje, era el capitán de un buque de transporte aduanero, pero luego había llegado Dwight, quien lo ignoró ostensiblemente y luego Sam había llegado con Rosina y los habían invitado a ir a ver cómo estaban quedando las reformas en la antigua mina. Dwight y Andrew fueron con ellos, pero Ross se había quedado atrás y a nadie pareció importarle. Pasó la mayor parte del cumpleaños jugando con Jeremy y Andrew Jr. a la pelota en el patio trasero hasta que Caroline mandó a llamar a los niños para que comieran algo.
Ross salió por la puerta trasera y caminó hasta uno de los campos laterales. En el pasado todo había estado cubierto de cultivos, los terrenos de los Poldarks, de su padre. Hasta Wheal Leisure en una dirección y Gambler en la otra. Antiguamente las tierras de los Poldarks habían estado unidas, pero su abuelo había tenido que vender terrenos para salvar Trenwith y había dado la porción pequeña a su hijo menor y su padre la había cosechado en su juventud, pero se había rendido rápido y todo había estado cubierto de hierba hasta entonces.
La tarde había pasado volando, se acercaba la hora de cortar el pastel. Julia había decidido no invitar a todos sus compañeritos de clase, solo a sus mejores amigas, pero aún así Demelza se había procurado decorar la casa y preparar una bonita mesa en donde había suficiente comida para que se alimentaran por una semana. Había preparado juegos y Caroline se había encargado de comprar cremas, mascarillas, esmaltes y todo lo necesario para hacer un spa en casa. Las niñas se habían divertido mucho y ellas también, jugando con las pequeñas. Había estado corriendo de aquí para allá la mayor parte de la fiesta pero aún así se había dado cuenta de la actitud de todos los invitados para con Ross. Julia, entretenida como estaba en sus cosas, no había prestado atención a su padre. Demelza lo había visto conversar con Andrew Blamey al comienzo de la tarde, y Verity estaba con ella y Caroline jugando con las nenas, pero en un momento Dwight, Andrew, Sam y Rosina se habían ido y Ross se había quedado sólo jugando con Jeremy y su sobrino. Pero ahora ya todos habían regresado y Ross no.
No tardó mucho en encontrarlo. Por sobre el prado amarillo verdoso advirtió su cabellera negra. Pelo y barba ahora, le estaba dando la espalda. Demelza gritó su nombre desde el jardín, pero él no la escuchó así que se acercó hacia donde estaba.
"¿Ross?"
Él no la había escuchado acercarse. – "Oh."
"¿Qué haces?"
Ella se acercó unos pasos más cruzando los brazos sobre su pecho. En algún momento antes de que llegaran los invitados se había hecho unos rulos en las puntas de sus cabellos, que ahora ondeaban suavemente con la brisa. Ya eran casi las nueve de la noche, pero aún era de día, la luz del sol aún resplandecía en las tardes de verano, al igual que sus labios que se había pintado de rojo carmesí.
"Nada. Solo miraba los campos ¿Crees que lo podríamos sembrar de nuevo?" Preguntó. Demelza frunció el ceño. "Mi padre se dio por vencido muy pronto…" agregó volviendo la vista a los campos que los rodeaban, hasta que se detuvo en Wheal Leisure. "¿Cómo va la remodelación?"
"¿No fuiste con los demás a verla?"
Él levantó los hombros "No parecían querer que yo fuera."
"Es tú mina Ross." Y esta vez fue él quien hizo una mueca.
"¿Julia se está divirtiendo?" Dijo para cambiar de tema.
"Sí. Para eso venía a buscarte, ya es hora de cortar el pastel."
Ross siguió a Demelza de vuelta a Nampara, ella aún no había descruzado los brazos. ¿Cuántas veces habían caminado por allí tomados de las manos? Pero al menos ahora las cosas habían mejorado un poco y ella no estaba discutiendo con él por todo. Cuando estaban por entrar por la puerta lateral Demelza se dio vuelta de repente.
"Escucha, Ross." – Dijo algo nerviosa. – "Hablaré con Caroline y Dwight. Lo que sucede entre nosotros, pues es entre nosotros y ellos no deberían tratarte así. Son tus amigos también."
Ross levantó una ceja y luego de un momento una de las comisuras de sus labios se curvó en una media sonrisa.
"No eres mi mamá para que obligues a otros niños a jugar conmigo." Dijo.
"¡Nunca haría eso con mis hijos!" Respondió ella intentado disimular su sonrisa también. "Es solo, solo que… no están dando un buen ejemplo a los niños al comportarse de esa manera." – se justificó.
"Déjalos. Ellos eligieron bando, lo entiendo. Vayamos a cortar el pastel."
Ross no supo si Demelza habló con sus amigos o no, pero cuando se iban Dwight se acercó a despedirse y le dijo que quizás podrían ir por unas cervezas uno de esos días. Ross le contestó que con gusto, que le avisara cuando podía. Caroline sólo se limitó a levantar una ceja y a decir "Ross." – a lo que él contestó: "Caroline." E inclinó la cabeza a modo de saludo.
Un par de horas más tarde sólo los integrantes de la casa, más Ross, quedaban en Nampara. Julia había abierto los regalos. Ross hizo un gesto a Demelza cuando abrió el de su madrina y era una cámara de fotos Instax seguramente mucho más cara que la tablet que él le había comprado. Luego él había subido a meter a los niños a la cama y les leyó un cuento. Cuando regresó Demelza estaba en la cocina lavando los platos, había un paquete sobre la isla. Ross se apoyó en el marco de la puerta a observarla.
"Julia y Jer ya están dormidos."
"Oh." Demelza dio un salto, no lo había visto parado allí – "Gracias Ross. Eso es para ti, sobró cantidad de comida." Demelza había envuelto una generosa porción de torta, algunos sándwiches y canapés, muffins y porciones de tarta para que Ross se llevara a su departamento. Él no contestó y ella siguió limpiando platos, sus manos llenas de espuma.
Había sido tan amable con él ese día, y hacía varios días en realidad que su elación se había tranquilizado un poco. Se sentía incluso normal. Una tarde con amigos, los niños durmiendo y ahora ellos solos en el silencio de su casa. Fue casi instintivo. Ross hizo dos pasos, corrió con sus dedos sus cabellos cobrizos y besó su piel, en el lugar donde se encuentran el cuello y su hombro. Demelza se apartó de un brinco.
"¿Qué haces?" La espuma goteaba al piso de sus manos.
"Yo…"
"No puedes hacer eso. No puedes, ¿lo entiendes?" Dijo.
"¿Y cuando entonces? Demelza… Fue sólo una vez. ¿Cuánto tiempo te llevará perdonarme?" suplicó.
"No lo sé, Ross. ¿Estás tan seguro de que lo haré?" Contestó ella.
Fue como si le hubiera echado un balde de agua fría encima. Ross dio media vuelta y se fue con las manos vacías.
"Ross… ¡Ross¡"
NA: Gracias por leer.
