Yuri on ice no me pertenece es de Kubo, esta obra esta hecha por una fan para fans con el fin de entretener.
Capitulo 47. VOLVIENDO A CASA
Decirle a papá la verdad fue más fácil de lo que pensaba. Él no es de los que interrumpen con preguntas innecesarias ni hace comentarios fuera de lugar. Escuchó atentamente mis razones y aunque no le di detalles entendió por qué fue que busqué a Viktor.
— ¿Entonces ya no va a llevar el apellido Katsuki?— es todo lo que preguntó.
—No lo sé. No le puedo negar ese derecho a su padre.
—Bueno tampoco puedo culparlo ni obligarlo a nada y eso me hace sentir extraño. Ya eres mayor Yuuri, decide qué es lo mejor para... ¿Evi? y para ti. Pero no olvides que siempre estaré allí para ustedes— me sonrió.
—Gracias papá, claro que no lo olvido.
Dos días después, una mañana...
—Buenos días, traigo buenas noticias— Viktor entró en mi habitación sonriente. —Evi está lista para irse a casa.
— ¿En serio? ¿Podemos irnos al fin?— me alegré mucho.
—Sí. Todo está en orden. Escribí una larga y extensa lista de cuidados que debes tener— me alcanzó una carpeta. Y como cada vez que entraba, fue directo hacia mi bebita y la tomó en sus brazos. —Hola princesa, te vas a ir a casa. Y me vas a dejar triste pero no por mucho— sonrió. No entendí a qué se refería, yo no quiero regresar para nada al hospital, salvo a sus controles.
—No tengo todo lo necesario— le dije al leer una de las anotaciones. "Revisar a diario su frecuencia cardíaca, temperatura y mucosas"
—No te preocupes eso corre por mi cuenta— sonrió. —Ya hablé con... tu papá.
—No entiendo.
— ¡Evi! Acá, mira— empezó con uno de sus juegos. Con su mano hacía ruido a fin de que la nuestra hija siguiera con su mirada la mano que se movía. — ¡Eso es! Qué buenos reflejos tienes— yo no entiendo lo que hace pero Viktor siempre dice que es muy rápida.
Se había llevado varias veces a su hija con él. Me decía que la bañaría, le cambiaría el pañal, le haría masajes, en fin. Ya me estaba acostumbrando a echarme unas buenas siestas en su ausencia, con la plena confianza que su padre la cuidaría.
Aquí me traen el desayuno, el almuerzo y la cena puntualmente. Yurio trajo mucha ropita cuando vio que la que tenía ya estaba sucia. Pero en casa voy a tener que trabajar el triple. Allá no tengo quien me cocine o cuide a mi hija. Creo que voy a pasarlo difícil hasta que me acostumbre a la rutina.
Después del almuerzo Kenjirou y Seung-Gil pasarían por mí. Papá tenía una capacitación y no iba a poder vernos sino hasta la noche. Me sorprendí al ver que Viktor venía a preparar a Evi para irnos.
—Déjamela unos minutos. Mis padres han venido a conocerla— me sonrió. Tragué saliva. ¿Ellos aquí? ¿El señor Sergei y la señora Galya? Y obviamente han pedido ver a su nieta sin la molesta de su madre... o sea yo.
—Si claro. Me alistaré y pasaré a buscarla a tu oficina— sonreí, aunque eso no me hacía feliz. Bueno, al menos eso es mejor que sus padres me ignoren o vengan a recriminarme el haber tenido un hijo de Viktor.
Seung-Gil y Kenjirou llegaron cuando ya estaba listo. Me coloqué la nueva faja que Chris me había regalado, me dijo que es necesario para que mi barriguita, todavía hinchada, regrese a su forma normal.
— ¿Y la bebé?— preguntó Kenjirou.
—Se la llevó Viktor.
—Se le está haciendo costumbre ¿No?— preguntó mi amigo.
—Es su padre, vas a tener que acostumbrarte Minami. Tu nada más vas a ser el padrino así que calladito te ves más bonito— bromeó Seung-Gil con su siempre semblante serio.
—Pero yo he estado más tiempo con Yuuri. Me pasé todo el embarazo ayudándolo— se quejó mi amigo.
—La sangre es la sangre. Y técnicamente Viktor ha estado más cerca de Yuuri para hacer a esa niña— Seung-Gil sonrió con sarcasmo y yo ruborizado me agaché a recoger mi bolsa.
— ¿Y a qué hora la trae?— volvió a preguntar Kenjirou.
—Yo pasaré por ella a su oficina.
Salimos lentamente, mientras bromeábamos sobre mi parto, la comida, las cosas que nos habían pasado, llegamos la pequeña sala de espera, casi a la salida del hospital. Presenté los papeles de mi alta y los de mi hija. Ya todo estaba cancelado. Viktor no me permitió pagar nada por los gastos que Evi había generado.
—Voy por ella— les dije a ambos y caminé hacia la oficina de Viktor.
Llamé a la puerta, Yurio me abrió. Como siempre me miró con una sonrisa socarrona.
— ¡Yuuri! Evgenia está aquí— dijo apartándose. Un precioso portabebés estaba sobre el escritorio de Viktor. Me fijé que había más gente dentro, mi corazón se aceleró. Mi hija estaba en brazos de Mila, quien le sonreía y acariciaba su cabecita. A su lado, serio como siempre se encontraba Georgi quien también miraba a mi bebita. Chris conversaba con el señor Sergei y la señora Galya. Había alguien desconocido ocupando el sillón de Viktor, un alfa serio y de porte imponente que conversaba con el padre de mi hija mientras buscaban algo en la computadora.
Parecían la familia perfecta. Salvo porque al lado de la pequeña biblioteca estaba Anya.
Al notar mi presencia muchos ojos recayeron en mí, me sentí terriblemente intimidado. Viktor se acercó rápidamente.
—Ya está lista. Permíteme llevarla a tu auto— sonrió. La señora Galya no dejaba de mirarme, Anya se acercó a hacerle conversación a Chris y al señor Sergei. Mila me miró sin dejar de sonreír y me saludó con la mano. Yurio se colocó junto a mi hombro dándome valor.
—Yo también iré hasta tu auto. ¿Puedes dejar que vaya a verla todos los días?— preguntó.
—Claro que sí— le sonreí.
Viktor tomó a nuestra hija de brazos de Mila y la acomodó en su porta bebé. Luego lo tomó del asa y se acercó a mí.
—Está lista— me dijo. Avancé con ellos a mis espaldas. El primer impacto había pasado. Al menos nadie había sido desagradable conmigo.
—Me iré en el auto de Kenjirou— les dije volviéndome. El rostro de Viktor cambió.
— ¿No va a venir tu papá por ustedes?— preguntó.
—No puede— Intenté tomar el porta bebés pero Viktor no me lo cedió.
— ¿Ya están listas?— llegó Kenjirou hasta nosotros. —Nikiforov— saludó.
— ¿Qué modelo es tu auto?— le preguntó.
—Bueno, en realidad no he traído mi auto. Tiene mal la caja de cambios. Vine en esa camioneta—señaló hacia fuera.
— ¿Esa cosa camina?— preguntó Viktor.
— Sí camina, yo mismo la he reparado muchas veces, es el recambio del taller donde trabajo— Minami parecía ofendido.
—Pero no tiene asiento trasero. Evgenia no puede ir en el asiento del copiloto— protestó Viktor.
—Tranquilo, manejaré muy despacio. Como a veinte kilómetros por hora— sonrió mi amigo rubio.
—No. Mi hija no puede viajar así— dijo tajantemente. ¡Pero qué pesado! Yo soy la madre y yo decido en que nos vamos.
—Mi hija irá conmigo, en dónde yo vaya— le repliqué.
—Ese auto no es seguro. Tu papá estaría de acuerdo conmigo— insistió. Seung-Gil llegó en ese momento.
— ¿Qué pasa?— preguntó.
—Nikiforov no quiere que la bebé de Yuuri viaje en la camioneta— dijo Kenjirou evidentemente molesto.
—Hola Viktor— saludó Seung—Gil. Él contestó al saludo con una sonrisa de compromiso, las cosas se estaban poniendo tensas por aquí. —¿Si no pasó tus estándares de calidad nos prestas tu auto entonces?— le preguntó a Viktor.
— ¿Yurio, puedes llevarlos en mi auto?— preguntó el padre de mi hija.
—Claro— sonrió el delgado omega. —Será un placer llevarlos... ¿A todos?— miró a Kenjirou como si fuera un trapo viejo.
—Bueno Minami, nos toca ir en la cafetera. Andando— Seung-Gil le dio un empujón a Kenjirou para que se apure.
Viktor se adelantó con mi hija en el portabebés y yo seguí a Yurio sin decir nada. No era lugar ni momento para armar escenas desagradables pero Viktor va a escuchar una o dos palabras para dejarle en claro que quien manda en mi vida soy yo. Y también quien decide sobre Evgenia.
Con cuidado, Viktor depositó a nuestra bebé en el asiento trasero y aseguró las correas. No estuvo conforme hasta que quedó bien sujeta. Mientras tanto yo me subí por el otro lado del auto. Yurio se acomodó al volante.
—Lo siento. Siempre quise hacer esto— me sonrió cuando hubo terminado de colocar las correas de seguridad. Parte del mal rato se me olvidó al verlo tan dedicado.
— ¿Arreglar un portabebés en el auto?— pregunté.
—En el hospital donde trabajaba, en San Petersburgo, era costumbre atender a los recién nacidos desde que salían de sus madres hasta que abandonaban el hospital. Acompañé muchas veces a los felices padres hasta su auto y los despedí. Siempre vi que demoraban en asegurar esas pequeñas sillitas al auto y me preguntaba si era tan difícil— sonrió.
—Practicaré de ahora en adelante— dije mirando lo bien sujeta que estaba mi bebita.
—No voy a dejarte— dijo él muy seguro de sí mismo. No quise ahondar el tema, me despedí de él con una sonrisa incómoda.
El viaje fue tan lento como Yurio pudo manejar. Dos veces puso el altavoz para contestarle a su primo que no dejaba de aconsejarle.
Miré mi casa desde el auto y me sentí mucho mejor. En la calidez de mi habitación, mi pequeña y yo estaremos bien. Al bajar, Yurio me siguió con el portabebés
—Gracias por todo Yurio— le dije en la entrada. —Puedes venir cuando quieras— sonreí ampliamente antes de tomar a mi hija.
—Créeme que te tomaré la palabra— me respondió antes de irse.
—Bienvenidos a casa— dijo Kenjirou al vernos llegar a la puerta, ellos ya habían llegado y nos estaban esperando.
Abrí la puerta con una sonrisa que se me congeló en cuanto vi en el interior varios arreglos florales y peluches. Alguien ha estado aquí hoy. ¿Pero quién o quiénes? No le di importancia y entramos.
— Yo la llevo a tu habitación— se ofreció Kenjirou. Mientras Seung-Gil no soportó la curiosidad y se acercó a ver las flores.
—No he tenido tiempo de acondicionar mi habitación y seguramente hay polvo porque hace días nadie pasa por allí—murmuré pensando en todo lo que tengo que limpiar y ordenar ahora que mi pequeña Evi está en casa, dejé mi bolso en un sofá.
—Qué bonitos lirios— exclamó Seung-Gil tocando uno de los ramos.
— ¿Lirios?— mi corazón se aceleró. Los lirios eran una de las flores favoritas de Viktor.
— Son de los señores Nikiforov— comentó mirando la tarjeta.
—¿En serio?— me acerqué rápidamente a mirar porque no lo creía.
"Un hijo es un regalo de la vida. La esperanza del futuro que se abre paso. Felicidades Yuuri.
Galya y Sergei Nikiforov"
Me quedé con la boca abierta. Seguí con el siguiente, era un arreglo multicolor grande.
"Las flores tienen un color especial, el sol brilla con nueva fuerza y las estrellas sonríen con un nuevo bebé.
Felicidades puerquito, Mila Babicheva"
Sonreí al leer el nombre con el que Mila me había bautizado hace años.
Un arreglo hermoso con un oso de peluche grande traía una tarjeta en tonos rosados...
"Un bebé, hace el amor más fuerte, los días más cortos, las noches más largas y el hogar más feliz
Con cariño, Yuri y Otabek"
Estaba por tomar la tarjeta del cuarto arreglo cuando Kenjirou regresó con mi hija..
—Yuuri ¿Qué le ha pasado a tu habitación?— preguntó sorprendido.
— ¿Qué? ¿Mi habitación? ¿Tan sucia está? Ese día dejé todo revuelto...
Tomé la tarjeta donde no había nada escrito, solo la impresión que decía "Felicidades por el nuevo bebe" le di la vuelta y detrás estaba la firma de Georgi.
—Mira yo no sé pero algo le hicieron a tu pieza— dejó el portabebés en el sofá.
Caminé hacia la cocina por agua, luego decidí hacer caso a mi amigo e ir a ver mi habitación pues aquellos arreglos florales me dejaron desconcertado. ¿Por qué eran tan amables conmigo? Pensé que todos ellos apoyaban a Anya, que estarían enojados y no querrían ni verme. Bueno, tengo que aceptar que siempre me trataron bien, salvo Yurio al inicio, todos ellos luego del incidente de mi primer celo, eran amables.
El señor Sergei y la señora Galya solían bromear recordando anécdotas de Viktor, nunca les molestó nuestra relación. Solo aquella vez que me pidieron que me alejara para que Viktor acepte la beca, fue la única oportunidad en que se mostraron serios. Y no fueron descorteces simplemente me hicieron entender que quería algo mejor para su hijo.
Cuando abrí la puerta de mi habitación quedé sorprendido. Nada estaba como yo lo había dejado. La cama, el escritorio y la mesita de noche no se encontraban. Habían sido reemplazados por otros muebles, las puertas de mi closet tenían otro color al igual que las paredes y el techo. Los pisos fueron cambiados, la iluminación era distinta, había una lámpara de pie muy hermosa.
Y la cama... esa no es mi cama. ¿Qué es? Me la quedé mirando por la forma tan extraña que tenía. Si, era una cama pero adherida a ella tenía otra cama pequeña, una especie de cuna. Creo que he visto algo parecido en internet cuando estaba buscando cunas.
Respiré hondo, papá no pudo hacer algo como esto, alguien que se dedicó a cambiar la habitación para que quede como un cuarto de hospital. Puedo oler rastros de desinfectante en el ambiente.
Y sólo conozco a una persona que puede ser el culpable de haber transformado mi habitación común y corriente en una tan limpia y pulcra como la del hospital de Hasetsu.
Suspiré dándome por vencido.
—Oye que lugar tan genial— Seung-Gil entró y depositó mi maletín en el piso inmaculado. —Mira tiene cambiador y un lavadero con agua caliente— se acercó a un lado, yo aún no había divisado esa parte.
—Sí parece que pensó en todo— dije con una mezcla de sentimientos.
— ¿Quién pensó en todo?— escuché la voz de Kenjirou detrás de mí.
— ¿Quién te parece?— volví a suspirar.
—Nikiforov—masculló él a mis espaldas. Y tenía que darle la razón a mi amigo, Viktor es el único que puede dar este tipo de sopresas y ser tan detallista.
Dejé de darle vueltas sobre cómo el padre de mi hija hizo todos estos cambios en tan poco tiempo. Me volví, busqué el portabebés y lo llevé a mi nueva y remodelada habitación.
—Bienvenida a casa pequeña— dije antes de acomodarla sobre la cama.
—Aquí tienes todo lo que necesitas Yuuri, estarás muy bien— me sonrió Seung-Gil. — ¿Quieres que nos quedemos un rato contigo?— preguntó amablemente.
—Quisiera dormir un poco estoy cansado— les dije sonriendo.
—Cómo gustes, nos vemos luego— se despidió con un fuerte abrazo. — ¿Te quedas Minami?— le preguntó a Kenjirou, él sólo asintió sin decir palabra.
Cuando Seung-Gil se marchó unos ojos castaños me taladraron.
— ¿Le dejarás que se meta tanto en tu vida?— pregunto visiblemente ofuscado.
—No está metiéndose en mi vida Kenjirou. Lo hace en la de Evi. Y tiene derecho, yo no puedo reprochárselo.
—Entonces le dejarás que le ponga su apellido...
—Evi es su hija, tiene derecho al apellido Nikiforov.
—No puedo creer lo que dices Yuuri. Él era un extraño hasta hace poco. ¿Y ahora tiene derecho a meterse en tu casa, cambiar lo que quiera, decirte cómo debes viajar y cómo debes criarla?
—No es un extraño, es Viktor... y es su padre, no quiero discutir sobre eso. Necesito descansar, por favor— dije agotado.
—Está bien. Me quedaré en rato, descansa. Prepararé algo de comer para cuando despiertes— me sonrió removiendo mis cabellos. Avanzó hacia mí y me abrazó.
Me cambié la ropa por una cómoda bata, saqué casi todo de mi maletín y lo deposité en el cesto de ropa sucia. Había uno grande y otro pequeño. Sonreí y eché la ropa de Evi en el de color rosa. Coloqué a mi hija en la pequeña cuna para luego deslizarme dentro de las cobijas. Recosté mi cabeza en la almohada y al instante mi subconsciente echó a un lado los pensamientos, las preguntas y la dudas. Estiré mi mano hasta alcanzar la de mi Evi y cerré los ojos para descansar.
El sonido ahogado de unas voces me despertó, mi bebita estaba jugando con sus manitas, ya había oscurecido. Apenas me llegaba la luz suave de una lámpara de pie. Me senté para agudizar mi oído. Pude distinguir dos voces. Viktor y Kenjirou parecían discutir en voz baja desde la sala. Me levanté, mis pies hicieron contacto con una alfombra que antes no vi. Y al lado había unas pantuflas blancas. Me quedé mirándolas no porque me interesaran mucho sino porque las atenciones de Viktor me tenían abrumado.
Era mucho más fácil cuando no estaba en nuestras vidas. Deseché ese pensamiento al instante, si él no hubiera estado mi hija quizás no habría sobrevivido.
Sin embargo sus cuidados y la manera cómo de pronto está presente en todo, me desconcierta. Sé que ama a su hija, lo veo, lo siento pero yo... me confunde. Me hace daño.
No puedo negar que cuando él sonríe siento en mi interior la necesidad de devolverle un poco de la alegría que transmite. Me quedo mirando sin querer cómo juega con Evi. Lo dedicado que es con ella. Y siento una punzada de tristeza que me asalta.
Me levanté cuando escuché a Kenjirou elevar un poco más la voz.
— ¿Puedes madurar? No tenemos 15 años— fue lo primero que oí claramente. Era Viktor que susurraba.
—Puedes decidir sobre tu hija pero no sobre Yuuri— le respondió mi amigo.
— ¿Decidir qué?— pregunté.
Viktor me sonrió, no sé si Kenjirou también yo solo me quedé observando cómo algo parecía divertir al padre de mi hija.
—Minami no soporta mis críticas sobre su comida— se cruzó de brazos sin dejar de sonreír. Miré a Kenjirou.
—Dice que no puedes comer Katsudon porque lo condimenté demasiado— Kenjirou parecía a punto de reventar. No pude evitar soltar una carcajada por los gestos infantiles que hacía.
—Pero puedo probarlo— le dije acercándome y pasando mi mano sobre su brazo intentando que se relaje.
— ¿Mi hija está despierta?— preguntó Viktor.
—Sí— le sonreí. Me guiñó un ojo y caminó hacia la habitación.
—No podrás comerlo, el "doctor" no lo aprueba— dijo Kenjirou haciendo énfasis en el título de Viktor.
— ¿Qué tiene de malo?— pregunté tirando de él hacia la cocina.
—Pimienta. Dice que necesitas una comida baja en sal y sin condimentos ni grasas— se quejó.
Busqué en el cajón de cubiertos y saqué mis palillos, destapé la olla y probé un poco del katsudon que me había cocinado.
—Está riquísimo— dije sonriendo e intentando pasar el bocado. Como cocinero, Kenjirou es buen mecánico.
—Yuuri yo... acabo de hacer algo que... bueno ya lo hice— se rascó la cabeza. ¿Por qué está tan nervioso?
—¿Qué hiciste?
—Le conté a Nikiforov la verdad, lo que pasó ese día cerca del lago. Llegó hace como una hora y pensé que era buena idea, después de todo... puedo ver que a pesar del tiempo y de todos sus problemas... tu... tú lo amas ¿Verdad?
No respondí, me preparé un té y me senté a degustarlo. Una cosa es sentirlo y otra muy distinta es expresarlo y creo que no estoy listo para eso. Decirlo en voz alta es como... como volver a sufrir porque ya no podré siquiera aspirar a ese amor.
—Ahora me siento como si yo fuera un extraño aquí— me dijo sentándose a mi lado.
—No eres un extraño, eres mi mejor amigo y serás un excelente padrino para Evi— traté de animarlo.
—No sé si eso sea una buena idea— dijo todavía triste. —No le consultaste a "papa doctor"— sonrió sarcásticamente.
—Vamos, no tengo que consultar todo. Es mi hija Kenjirou, además él se casará y tendrá sus propios hijos— intenté sonreírle pero no me salió.
— Sería un estúpido si lo hiciera— sonrió.
Nos quedamos en silencio, mientras terminaba mi té.
—Yuuri, quisiera mostrarte la manera correcta de bañar a Evi— Viktor me llamó desde la sala.
—Aquí es donde el amigo sale sobrando, hace tiempo que no me sentía así— suspiró Kenjirou. –Buena suerte Yuuri, recuerda que estoy para ti cuando me necesites. Aún soy el padrino— sonrió tomando sus llaves.
Cuando entré a la habitación, Viktor tenía a Evi dentro de la bañera. Me sonrió cuando llegué.
—La temperatura del agua debe estar a su temperatura corporal. Entre 35 y 37 grados centígrados. Tengo un termómetro de baño en el maletín que está en aquella repisa— me indicó. Lo miré maravillado cómo la tomaba con las manos y la movía de un lado al otro mientras ella visiblemente cómoda disfrutaba su baño. Las palabras suaves de su padre parecían relajarla.
—Debes arroparla con una de las toallas que hay en aquel armario— me indicó. Fui por ella. —Segundo cajón— dijo mientras aún jugaba con Evi. —Extiéndela— indicó. Me la entregó y la acurruqué en mis brazos.
—Viktor ¿Por qué hiciste todo esto?— pregunte señalando la habitación cuando estábamos terminado de cambiarla.
—Para que estén cómodos. Yuuri, te recuperas de una cesárea, necesitas un espacio acondicionado y desinfectado. Tu papá me apoyó en esta idea. Tiene todo lo que necesitas, incluyendo esta cama-cuna colecho— miró hacia la cama.
— ¿Colecho?
— ¿Cómo pensabas criar a Evi? ¿Dónde iba a dormir?— preguntó mientras le ponía la ropa a la bebé.
—Al lado de mi cama, en una cunita que le regaló Kenjirou.
— ¿Y cuándo creciera?
—Pensaba comprarle una cuna más grande— confesé algo apenado. En realidad había sacado cálculos y me di cuenta que iba a tener que dormir con mi hija hasta que tenga suficiente para comprarle otra cama.
— ¿Has considerado dormir con ella por un tiempo?— volvió a preguntar.
—En realidad es lo que pensaba hacer— me encogí de hombros.
—Colecho no es sólo compartir la cama con el bebé. Es un modo de crianza, genera apegos y seguridad en el niño. Sé que en muchos lugares aquí te aconsejan que el bebé debe dormir aparte pero en mi experiencia en San Perersburgo vi que era beneficioso. Es más —sonrió— hice mi tesis sobre los beneficios del colecho en los recién nacidos. Y esta cuna adosada es la mejor formada de hacerlo. No hay riesgo de sofocarla. Además los niños que duermen cerca de sus madres lloran menos en las noches y pueden tener un sueño profundo lo que les ayuda en su desarrollo neuronal...
—Entiendo Viktor, capto la idea— lo interrumpí. —De hecho me parece muy bien, dormimos tomados de las manos hace un rato y ella se despertó sin llorar.
—Eso me alegra— sonrió. —Estaré pendiente de su crecimiento si no tienes inconvenientes. En realidad estaré bastante pendiente— dijo algo avergonzado.
— ¿Qué tanto?— quería preguntar con qué frecuencia vendría a ver a su hija.
—Me quedaré aquí algunas noches— me miró fijamente. —Ese sofá al fondo es para mí— confesó haciéndome notarlo.
— ¿Qué?— mi voz sonó algo elevada. Evi se quedó quieta y me buscó con la mirada.
—Estás cansado, quisiera estar pendiente de ella unas cuantas noches más— dijo serio.
— ¿Cómo cuántas?
—Sólo un par de semanas. Yuuri, ella se despertará frecuentemente en las madrugadas durante el primer mes. Vas a tener que levantarte a lactar, cambiarle el pañal y pasearla hasta que se duerma. Yo puedo ayudarte con eso— vaciló ante mi mirada furiosa.
—¡No! Creo que hasta aquí puedes llegar Viktor. Tus atenciones médicas acaban cuando el niño abandona el hospital. Soy su madre y creo que puedo hacerme cargo— dije firmemente.
—Está bien. No esperaba que aceptaras tan fácil. Pero hay algo que olvidas, mis atenciones con Evi no acabaron cuando dejó el hospital. Y no van a terminar. Si mi presencia te incomoda yo puedo ajustar mis horarios para estar cuando necesites descanso.
—No necesito descanso— mentí, sé que será difícil pero tenerlo cerca me lastima.
—Estás solo Yuuri, alguien va a tener que ayudarte. Tu alimentación, la de Evi, la ropa, la comida, el aseo. Son cosas en la que necesitarás ayuda.
—No estoy solo, tengo a papá y a Kenjirou.
— ¿Minami te lavará la ropa y te hará de comer?
—Mi vecina me trae de comer y... la lavadora lava mi ropa.
—Necesitas alimentarte bien, un menú promedio no suplirá tus necesidades porque estás criando. Aún no estás totalmente recuperado y además das pecho, esa comida llena de grasa y condimento puede afectarle a mi hija...— no lo dejé terminar. Me llené de sentimientos negativos al escucharlo, estaba inmiscuyéndose demasiado. Eso no es bueno. ¡Ya no lo quiero tan cerca de mí! Va a destrozarme... Aunque sepa lo que Kenjirou le dijo, a pesar de saber que nunca lo engañé, no cambia en nada el hecho de que esté comprometido, tenga novia y vaya a casarse en poco tiempo. ¿A qué está jugando?
—No te necesito Viktor— le sostuve la mirada. Pareció afectarle un poco, bajó sus largas y hermosas pestañas antes de volver a mirarme.
—Sé que me necesitarás. Tienes mi número, también lo anoté en esta libreta junto con el del hospital, el de Yurio, Chris, Mila, Georgie y el de mi casa. Llama para lo que necesites, lo que sea. Volveré mañana para la revisión diaria de Evi— fingió una sonrisa y salió sin decirme nada más.
Ahora yo me siento fatal. No debí decirle eso. Estaba tan contento, habló con Kenjirou y yo salgo con eso de que no lo necesito. En realidad si lo necesito pero...voy a sufrir porque volveré a acostumbrarme a su presencia, a sus atenciones, a su exquisita forma de ser. Me haré nuevamente adicto a su olor, volveré a soñar con él y mi corazón no lo resistirá cuando se vaya... no puedo pasar por lo mismo dos veces...
Además ¿Qué tan difícil puede ser este angelito? Mañana repartiré deberes entre papá, Kenjirou y le pediré también a Seung-Gil que me ayude algunos días por las tardes. Él es una especie de partero, debe saber sobre crianza de un recién nacido. Sé que será duro al principio pero toda madre sale adelante aunque esté solo.
