30. Da la Vuelta y Vete Ya
Ataviada con el impresionante vestido, Hinata se miraba en el espejo sin creer aún que aquella fuera ella. En ese momento llamaron a la puerta. Eran Izumi y Mei, que al verla se quedaron sin palabras.
—Cuqui, estás hipermegaideal.
—Me superencantaaaaaaaaaaaaa —afirmó Izumi y, al ver el colgante de la llave que llevaba al cuello, añadió, tocando el suyo—: Yo también la tengo.
—Yo nunca la tuve. Shisui no se preocupó de reclamársela a su primera mujer para dármela a mí. Él es así de imbécil.
Por suerte, Mei había superado todo lo ocurrido con Shisui.
—¿Tan malo fue? —Preguntó Hinata.
Mei resopló.
—¿Tú sabes lo que es pillar a tu marido, a ese hombre que adoras, que quieres, que amas locamente, sobre la mesa de su despacho follándose como un mandril a su secretaria? —Hinata abrió los ojos mientras Izumi asentía—. Yo tenía más cornamenta que el padre de Bambi, que en paz descanse.
Hinata y Izumi terminaron riendo, y Mei, con cierto resquemor al recordar, se colocó el escote del vestido y concluyó: —Yo no necesito silicona para conseguir mis propósitos. Y además he aprendido a manejarme sola, sin necesidad de que un Uchiha, por muy guapo que sea, me solucione la vida.
—Esta es mi chica —exclamó Izumi, dándole un beso.
—Ah… y que sepáis que me ha llamado Orlando Bloom. Estará en la cena y he quedado con él. Por lo tanto, ¡no me hincharé a carbohidratos!
—¿Orlando Bloom? ¿El actor de Piratas del Caribe? —preguntó Hinata sorprendida.
—Síiiii —Aplaudió Mei—. ¿A que es mono?
Hinata asintió.
¿Orlando Bloom iba a estar en la cena de Fugaku?
Izumi la miró divertida.
—No te imaginas cuánto me recuerdas a mí cuando entré en esta familia. La primera vez que vi a varios famosos y cantantes que yo adoraba, apenas pude comer. Pero tranquila, te acostumbrarás y, con el tiempo, muchos de esos a los que admiras se convertirán en tus amigos, como por ejemplo lo soy yo de Alejandro Sanz.
Hinata la miró boquiabierta.
—Recuerda, Hinata, aunque suene mal, mi consejo es: ¡relájate y disfruta!
Tras un rato más de charla, llegó la hora de bajar al vestíbulo, donde los Uchiha las esperaban.
Nerviosa, Hinata cogió el bolso que hacía conjunto con el vestido y se puso los zapatos. Y, dispuesta a deslumbrar al hombre que amaba, recorrió con sus dos amigas el pasillo del hotel. Cuando entraron en el ascensor, Izumi sacó su móvil.
—Vamos a hacernos un selfie. Luego lo colgaré.
Entre risas, las tres se fotografiaron en distintas posturas cómicas, pero cuando el ascensor se paró en la planta baja, volvieron a ser las tres mujeres sofisticadas que eran y salieron al hall.
Hinata vio a Sasuke antes que él a ella. Hablaba con su padre y sus hermanos y estaba guapísimo, con un traje oscuro y camisa blanca. Se le acercó con decisión y cuando él, avisado por su hermano Itachi, miró en su dirección, Hinata no pudo evitar sonreír al leer en sus labios «Ay, Diosito» .
Incrédulo, Sasuke sonrió sin poder apartar la mirada de ella. Estaba preciosa, fascinante, increíble. Era la primera vez que la veía con un vestido de noche y estaba maravillosa. No obstante, lo que realmente le llamó la atención fue ver que tenía el pelo de un solo color: ¡Negro Azulado!
Hinata llevaba la melena suelta y, al andar, se le balanceaba un poco, por lo que por unos instantes se sintió como una modelo caminando por la pasarela. Todo el mundo las miraba a las tres. Todo el mundo sonreía. Pero Hinata solo quería hechizar al morocho de mirada penetrante que la observaba boquiabierto.
—Lo hemos conseguido —Susurró Izumi, al ver el gesto de sus cuñados y su marido.
—Babea, mandril… y mira lo que te has perdido —Masculló Mei, al ver el gesto extasiado de Shisui al contemplarla.
Cuando las tres chicas llegaron al lado de los Uchiha, Fugaku, que las había admirado tanto como sus hijos, sonrió.
—Sois tres reinas. A cuál más bella. Una castaña, una peliazul y una pelirroja, ¡qué peligro de mujeres! —Y, sonriéndole a Hinata, añadió—: Estás preciosa con tu color de pelo, chica arcoiris.
—Gracias —contestó ella, sonriéndole también—. ¿Estoy a la altura de una fiesta de los Uchiha? —Preguntó coqueta a Sasuke.
Loco de amor por ella, y sin importarle que su padre los mirara, él la asió por la cintura y la besó en los labios.
—Estás muy por encima de una fiesta de los Uchiha —Murmuró sobre sus labios.
Encantada con su respuesta, se sintió segura de sí misma y, cuando salieron del hotel en dirección a la fiesta, supo que lo pasaría bien. Nada más llegar la limusina a la puerta del local donde se celebraría el evento, cientos de fotógrafos los esperaban. Y mientras los demás iban saliendo del coche y sonreían, Hinata cogió a Sasuke de la mano.
—No puedo salir —Le dijo.
—¿Por qué?
—Porque no quiero que me fotografíen —Respondió nerviosa.
—Pero ¿por qué, cariño, si estás preciosa?
—Tengo miedo. Alguien me puede reconocer y…
Sasuke, al entender de lo que hablaba, la cortó con un beso y, cuando se separó de ella sonrió.
—Nadie, absolutamente nadie, os hará daño ni a ti ni a los niños.
—Sasuke…
Itachi, al ver que no salían, se acercó de nuevo a la limusina.
—¿Qué ocurre? —Les preguntó. Sasuke no respondió y su hermano, que conocía el pasado de Hinata, la miró y dijo: —Nosotros te protegeremos. Sal del coche, Hinata, porque no va a pasar nada.
Ella suspiró y cerró los ojos. Finalmente, al ver lo ridículo de la situación, se decidió a salir. Si era la novia de Sasuke Uchiha, tarde o temprano la iban a fotografiar.
Una vez dentro del local, posaron en el photocall. Primero en grupo y luego por parejas. Mei lo hizo encantada con Fugaku, para rabia de Shisui, mientras que Orlando la esperaba en la fiesta.
Cientos de flashes descargaban ante ellos y Sasuke, sin soltar a Hinata de la mano ni un instante, respondía a las preguntas que los periodistas le hacían, aunque la más repetida era quién era la joven que lo acompañaba, a lo que él contestaba una y otra vez que su novia. Su prometida.
Después entraron en la fiesta y Hinata se tranquilizó un poco. Aunque alucinó cuando vio a la gente que la rodeaba. Cientos de músicos, actores, presentadores y cantantes los saludaban y ella no podía creer lo que veían sus ojos. Extasiada, saludó a Alejandro Sanz, a Beyoncé, a Marc Anthony, a Cristina Aguilera, a Luis Miguel y a infinidad de personalidades más. Y cuando Mei llegó del brazo de Orlando Bloom, el actor le pareció todavía más guapo en persona que en el cine.
Una vez se sentaron a cenar, a Hinata ya se le había pasado el susto. El ambiente era relajado y agradable y no se sintió fuera de lugar. Todo estaba saliendo la mar de bien.
Durante la cena, los conocidos de Sasuke, que estaban sentados a otra mesa, se acercaron a saludar, y en especial a conocer a Hinata. Antes de acabar la cena, Izumi, que no había parado de prodigarse muestras de cariño con su marido Itachi, se levantó y se marchó. Hinata sabía adónde iba y, emocionada, esperó oírla cantar en el escenario.
Shisui, que se había mantenido bastante callado durante la cena, dijo ahora, mirando a Mei : —Estás muy bonita esta noche.
Su voz, su cercanía y su mirada acaloraron a Mei.
—Gracias. Tú tampoco estás mal. —Respondió y luego, miró de nuevo a Orlando y siguió hablando con él.
Shisui observó al actor y se calló. Sin duda, pensaba que intentar competir con él era imposible y suspiró. Pero al ver la mano de Mei, algo le llamó la atención.
—¿Ese anillo de zafiros es nuevo? —Preguntó.
Ella se miró la mano, encantada.
—Es mi anillo de compromiso —Dijo moviéndose hacía él.
—¡¿Qué?!
Satisfecha por su gesto y su cara de desconcierto, decidió continuar.
—Yahiko me ha pedido que me case con él, ¿te lo puedes creer?
A Shisui se le demudó el semblante e, intentando disimular el malestar que sentía, apartó la mirada.
—¿Y qué le has respondido?
—Por supuesto, le he dicho que sí. Sería tonta si no me quisiera casar con el hombre más sexy del planeta —Respondió sonriendo.
Shisui asintió sin decir nada, cogió su copa de vino y bebió.
Instantes después, Izumi apareció en el escenario y, tras decir unas palabras, animó a todo el mundo a cantarle el «Cumpleaños feliz» a Fugaku, mientras él también subía al escenario para soplar las velas de una enorme tarta.
Todos los asistentes aplaudieron y él, emocionado, cogió el micrófono y dijo unas palabras. Izumi, al ver que se le llenaban los ojos de lágrimas en el momento en que mencionó a sus hijos y a su difunta mujer, le apretó la mano para darle fuerza y valor. Cuando terminó de hablar, Fugaku le cedió de nuevo el micrófono a Izumi.
—Querido suegro, esta canción que sé que te gusta y que sientes como muy especial, te la dedico solo… solo… ¡a ti!
Cuando los músicos comenzaron a tocar los primeros acordes de Lamento borincano, Izumi miró a Fugaku.
—Ya sabes, luego bailas conmigo para que todos vean lo estupendo que estás y el ritmazo que tienes —Le susurró.
Y se arrancó a cantar aquella bonita canción, mientras su marido la observaba sentado a la mesa con el resto de su familia. Estaba orgulloso de ella. A pesar de los grandes tropiezos que ambas partes habían sufrido al principio, su relación era maravillosa, ¡perfecta! Adoraba a su mujer por encima de todas las cosas y no había un solo día que no se lo recordara. Sin ella, ya nada sería igual.
Izumi, desde el escenario, tras guiñarle un ojo a su guapo marido al ver cómo la miraba, sonrió, y en varias ocasiones se acercó a Fugaku y lo animó a cantar con ella. Él rio e hizo que todos rieran también mientras Izumi entonaba:
Oh, Borinquen, la tierra del Edén,
la que al cantar, el gran Gauthier,
llamó la perla de los mares.
Ahora que tú te mueres con tus pesares,
déjame que te cante yo también,
Borinquen mi amor.
La gente coreaba la canción. Era muy popular, casi un himno.
—Vamos, Uchiha. Demostrémosles a todos lo bien que bailas salsa.
Fugaku aceptó su reto, divertido. La cogió de la mano y comenzó a bailar con ella. Todo el mundo prorrumpió en aplausos, mientras Fugaku, disfrutaba con su nuera y la canción.
—Qué buena es Yanira cantando. Y tu padre baila fenomenal —dijo Hinata maravillada.
Sasuke sonrió.
—Prepárate, cariño, porque esta noche vas a bailar más salsa que en toda tu vida.
Cuando la actuación de Izumi acabó, todos volvieron a aplaudir y Fugaku, sonriente, tras abrazarla y darle dos besos, bajó del escenario acompañado de su pelicastaña preferida.
Una vez terminaron el postre, todos los comensales pasaron a otro comedor al aire libre, decorado con antorchas, donde, nada más entrar, el sonido de la salsa ya hizo que tuvieran ganas de moverse.
Hinata, sin creer todavía que se hallara en medio de todo aquello, con artistas y actores de primera clase, rio encantada. No muy lejos de ella, Sasuke observaba cómo varios hombres se le acercaban seductores y tenía intención de dejar muy claro que era su novia. Su prometida.
Itachi, que se había percatado de la situación, se acercó a él y le entregó una cerveza bien fría.
—¡Se casa! Mei se casa con el muñequito ruso —Murmuró molestó Shisui cuando se les acerco.
Sasuke e Itachi lo miraron.
—Ya lo sabemos —Dijo Itachi dando un trago a su cerveza.
—¿Lo sabéis? —Preguntó Shisui, alzando la voz.
—Baja la voz y no la líes —Susurró Sasuke—. Es el cumpleaños de papá.
Shisui maldijo.
—Le ha regalado un zafiro. ¡Ese no sabe lo que le gusta tanto como yo!
La noticia le había caído como un jarro de agua a Itachi.
—Estoy convencido de que ese la hará muy feliz—Replicó Itachi molesto.
Shisui sonrió molesto.
—Venga, hermano, ¡no me jodas! Ese muñequito no puede hacerla feliz.
—¿Por qué? —Preguntó Sasuke interesado—. ¿Por qué crees eso?
—Porque lo sé y punto. A Mei siempre le ha gustado otro tipo de hombre y…
—Sí, claro —Lo interrumpió Sasuke—, le gustabas tú. Un hombre fiel, amable, cariñoso con ella y terriblemente atento a sus necesidades, ¿verdad?
Shisui no contestó.
—Asúmelo, hermano. Te has buscado lo que tienes y has perdido la batalla.
—Yo más bien diría que has perdido la guerra —Apostilló Itachi.
—Disfrutáis con ello —Se quejo él al escucharlos.
Itachi sonrió poniéndole una mano en el hombro a Shisui.
—Disfrutaría más si hicieras algo positivo por y para ti.
Shisui no respondió. Con gesto ceñudo, se dio la vuelta y se marchó. No quería escucharlos. Cuando se alejó, Sasuke y Itahi se miraron.
—Lo está pasando fatal con lo de Mei. Nunca imaginé que se quedaría tan desconcertado. Me preocupa de verdad, Sasuke —Dijo Itachi.
Sasuke asistió mirando a Hinata bailar.
—Él se lo ha buscado. Quien no cuida lo que tiene, luego no tiene derecho a quejarse por haberlo perdido. Y, por cierto, ¿no crees que el amigo de papá se está arrimando demasiado a Hinata?
Itachi se rió.
—Como diría Izumi, tranquilo, Uchiha. Todos saben que ha venido contigo.
Sasuke dio un trago a su cerveza.
—Eso espero. No quiero líos, ni aquí ni fuera de aquí.
Estaba claro que los Uchiha no se andaban con tonterías en lo que se refería a sus mujeres.
.
En otro lado de la fiesta, Mei se divertía bailando con Fugaku. Ella había aprendido a bailar salsa porque Shisui, en sus dulces comienzos, la enseñó. Su suegro y ella siguieron hasta que la pieza acabó y luego, entre risas, fueron a una de las barras cercanas para pedir algo de beber.
—¿Bailas conmigo? —Le preguntó entonces Shisui, apareciendo a su lado y tendiéndole la mano.
Sorprendida, Mei parpadeó. Shisui llevaba años sin bailar con ella, ni salsa ni nada, y se sorprendió más cuando él le sonrió cuando los acordes de una nueva canción sonó..
—Si mal no recuerdo, esta pieza siempre te ha gustado —le dijo.
A ella se le puso la carne de gallina cuando reconoció Da la vuelta y vete ya, una bonita canción que había bailado con él en otro tiempo feliz. Mientras Marc Anthony comenzaba a cantar.
Que te olvidaste de mí
que se ha escapado el amor
por el portal del hastío
que te dice el corazón
que hallarás en otros brazos
lo que no hallaste en los míos…
Ella miró a Shisui y este, sonriendo, la llevó con suavidad hacia la pista.
—¿Recuerdas cuántas veces bailamos esta canción? —Ella no respondió y él murmuró, agarrándola por la cintura—: Vamos, amor. Baila conmigo otra vez.
Sintiéndose como en una nube de algodón rosa chicle, Mei comenzó a moverse al compás de la música, mientras la mirada de Shisui se clavaba en ella. Aquella canción que un día los enamoró estaba contando su dura separación.
—Nadie posee la suavidad de tu piel —Susurró él, mientras la tenía abrazada.
La música comenzó a coger ritmo y Shisui, separándola de su cuerpo, le dio espacio para que pudiera moverse.
—Sigues bailando muy bien, preciosa —Dijo sonriendo.
—Hay cosas que no se olvidan —Respondió ella, sonriendo también. Y luego, recuperándose de su cercanía y sus palabras, levantó el mentón y, moviendo los hombros, añadió, mientras se dejaba llevar por la música—: Tú tampoco lo haces mal.
Y sin pensar en nada más y olvidándose por unos instantes de todo lo ocurrido entre ellos, Mei bailó con él, sonrió y disfrutó aquella canción como en los viejos tiempos, mientras Marc Anthony seguía cantando a ritmo de salsa:
Da la vuelta y vete ya, hoy te doy la libertad
de volar a donde quieras.
Algún día tú verás, qué es hallar quien te dé su vida entera.
Y mientras tanto, mi amor, yo guardaré mi tristeza.
Que no tiene otro lugar que tu corazón y el mío.
Izumi, que estaba hablando con Hinata, se sorprendió al verlos.
—¡No me lo puedo creer! —Exclamó señalándolos.
—Qué bien bailan —Comentó Hinata.
Izumi sonrió. Nunca los había visto bailar juntos. Shisui, en las fiestas, siempre estaba hablando de negocios, pero sorprendentemente, aquel día no lo estaba haciendo. Y en ese momento vio lo buen bailarín que era, como el resto de los Uchiha, y lo bien que Mei sabía seguirlo.
—Uisss… ¡veo salseo en la cara de Mei! —Cuchicheó Hinata.
Izumi los miró con cuidado.
—Te equivocas, cielo. Por suerte, Mei se desenganchó de él, aunque le tiene un gran cariño. Ella es un alma cándida, pero está loquita por su ruso.
Ajenos a lo que la gente comentaba, Shisui y Mei se movían por la pista con soltura y se entendían a la perfección. Sabían cuándo hacer cambio de pasos, de dirección o de movimientos con una fluidez que hizo que todos los observaran admirados. Incluso Fugaku lo hizo. Satisfecho, se acercó a sus dos hijos.
—La está conquistando como un Uchiha —Comentó orgulloso.
Lo que su padre quería decir era que, delante de todos, Shisui estaba siendo delicado, afectuoso y atento con su exmujer, sin importarle lo que pensaran de ellos. Sin duda, su actitud los estaba sorprendiendo a todos y cuando vieron cómo Shisui sonreía feliz mientras hacía dar vueltas a Mei, pasándola por debajo de sus brazos, Sasuke sonrió con cariño.
—Qué cabronazo es.
—Siempre ha sido el mejor —Comentó Itachi apenado—, pero el muy idiota parece haberlo olvidado.
—Saber rectificar y asumir errores, aunque sea tarde, es de sabios —Contestó Fugaku—. Y en este mismo instante, vuestro hermano lo está siendo.
Mei bailaba como sabía que a Shisui le gustaba. Cantaba al tiempo que daba vueltas, se dejaba coger por su exmarido y movía las caderas al compás de él. Sin duda ella quería disfrutar tanto aquel momento como él.
Cuando aquella mágica canción acabó, Shisui la miró. Deseaba decirle mil cosas, disculparse por otras dos mil, pero al ver aquellos ojos que un día lo miraron con amor, ahora vivarachos y sonrientes en vez de tristes, como en su última época, la acercó a él y la besó en los labios con rapidez.
Era ahora de alejarse. De dejarla ser feliz.
—Enhorabuena por tu próximo enlace. Sé feliz, amor. Te lo mereces —Le deseo con sinceridad, aunque le doliera.
Cuando él se alejó, Mei, con la respiración agitada por el baile, se lo quedó mirando pensativa. Por unos minutos habían vuelto a ser los mismos de años atrás y el corazón le aleteó en el pecho.
¿Qué había ocurrido allí?
Pero instantes después, al ver que Shisui comenzaba a hablar con unos hombres sin mirarla, supo que la magia del momento había acabado. Así que se dio la vuelta, buscó a Orlando y siguió divirtiéndose sin sospechar que su exmarido sufría como nunca en su vida, y que se mantenía alejado porque se había dado cuenta de que no era bueno para ella.
Al verlos, Hinata miró a Izumi decidida.
—Te digo yo que aquí hay salseo —Insistió.
Izumi negó divertida.
—Que no, mujer. Si alguien no tiene nada de romántico en esta familia es Shisui. Por cierto, ¿sabías que Fugaku se casó tres veces con Mikoto y que yo ya llevo dos bodas con Itachi?
—¿Me estás diciendo que quien conoce a un Uchiha, no lo puede olvidar? — Preguntó Hinata divertida.
—Exceptuando a Shisui, sí —Rió Izumi.
Hinata soltó una carcajada.
—Lo llamaré ¡La maldición de los Uchiha! —Dijo divertida.
Entre risas, y al ver que Mei sonreía con Orlando tras lo ocurrido, fueron a una barra para pedir algo de beber.
—¿Conoces los chichaítos? —Le preguntó Izumi.
Hinata dijo que no. A pesar de ser camarera, nunca los había preparado y Izumi pidió dos.
Tras beber un trago, ambas murmuraron aquello de «¡Wepaaaaaaa!».
—Debes tener cuidado con ellos. Entran muy bien, pero te coges una cogorza del quince. Te lo digo por experiencia, o si no, pregúntale a Sasuke la que nos pillamos él y yo en Puerto Rico una noche.
—¿Quieres emborrachar a mi novia? —Preguntó el mencionado llegando con Itachi.
Izumi soltó una carcajada y Itachi le quito la bebida de la mano.
—Vamos, caprichosa… baila conmigo.
Comenzó a sonar la canción y Sasuke, animado, tiró también de Hinata.
¡Todos a bailar!
Izumi se quitó rápidamente los zapatos y empezó a mover las caderas al compás que su marido le marcaba, mientras este la miraba encantado, disfrutando de ese baile con ella.
Hinata llegó con Sasuke a la pista y se quedó boquiabierta cuando él comenzó a moverse. Durante varios minutos lo siguió como pudo, hasta que decidió quitarse también los zapatos, como su cuñada, y entonces pudo bailar más a sus anchas. Sasuke y ella se sincronizaron enseguida y bailaron salsa como unos descosidos, mientras reían contentos de lo bien que lo estaban pasando. Cuando la canción acabó, Hinata se tiró a los brazos de su amor.
—Dios mío, pero ¡qué bien bailas! —Exclamó besándolo.
—Soy un Uchiha, ¿qué esperabas, cariño? —Y la besó encantado.
Fue una noche muy bonita para todos, especialmente para Fugaku, que, orgulloso, se divertía y veía a sus tres hijos disfrutar.
