La guerra ha terminado y un nuevo gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatió un favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregan de manera pacífica, pueden integrarse normalmente a la nueva sociedad.

Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, qué guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla ...

Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto II: Adolescencia (Infierno)

Escena 29: Horas Laborales (cuando un viejo dragón conoce a otro más joven en su misma condición)

Fue una tarde de invierno, cuando el día era demasiado frío y oscuro para diferenciarse de la noche, que en aquel restaurante entró una pequeña figura elegantemente abrigada.

El bajo mundo, el lado sangriento y grotesco del mar y sus marineros, era un lugar que recibía abiertamente a cualquier que fuese a hacer algún trato o quisiera conseguir uno, siempre y cuando cumpliese con ciertos requisitos, entre ellos: la capacidad económica, el poder, la falta de escrúpulos y respetar la máxima regla de todas: lo que ocurría en aquel lugar, se quedaba en dicho lugar.

Marines y piratas entraban por igual. Cazarecompensas, reyes, asesinos, entre otros. Todos mezclados en la mierda más baja para negociar, que solo podía ser descrita de una forma: Corrupción.

Aquella Isla donde la nieve era casi hielo concreto, era un nexo para llegar a otra donde se llevaban a cabo ciertas actividades de dicho mundo, sin embargo, no se encontraba sometido a los criterios del mismo. Por tal razón, una pequeña figura abrigada con un traje negro de cuero, largo y estilizado, atravesó la puerta. La gorra, los guantes y los lentes también eran oscuros, así como las botas, todo en su vestimenta excepto un detalle, un símbolo rojo en uno de los bolsillos a la altura del pecho del traje, uno que las personas de ese mundo conocían bien.

Un hombre miró con interés aquella escena, curioso por la falta de vergüenza o tacto de su protagonista para aparecer pisando fuerte, gritando con su apariencia que quien sea que causara su aparición, debía correr. Se dio cuenta que era una chica de sonrisa peculiar escondida tras las solapas del uniforme de los miembros del Cipher Pol, quién se había posicionado tras un hombre. El conocía al tipo, pero no a ella.

- Es la Princesa Dragón- le comento alguien, no sabía cuál de sus acompañantes, pero también tenía la vista clavada en la chica.

Una niña. Sus rasgos no le permitían colocarle una edad que superase la pubertad, sin embargo, tenía un toque terriblemente inmoral, erótico, sensual-algo totalmente fuera de lugar con su apariencia joven- y unos ojos que solo aquellos que vivían en el cielo podían poseer -como el mismo, que solía esconderlo también tras lentes- pero aquella asesina desvergonzada e imprudente caminaba con botas negras sobre la tierra.

Doflamingo mostró un interés aún más grande en ella, por lo que permaneció con la vista clavada en cada uno de sus movimientos, y sin saberlo, vio reflejado su sonrisa en la de ella.

- ¿Puedo sentarme aquí?- la voz dulce y femenina no atrajo la atención del hombre que comía tranquilamente en una mesa de aquel restaurante, si no, el que aquella pregunta fuese hecha en su idioma natal.

Un idioma poco conocido, utilizado en islas remotas del otro lado del mundo. El nunca había encontrado a alguien que lo hablase allí.

Doflamingo, a lo lejos, se sentó con aún más comodidad para escuchar y ver a aquellos dos. El se encontraba en la planta de arriba, un lugar escondido y privado desde donde podía ver, pero no ser visto. Era para clientes especiales del bajo mundo, como el. Tenía también la capacidad para escuchar, a través de micrófonos, las conversaciones de los demás comensales.

-¿ Disculpa? - preguntó el hombre, volteandose hacia la chica mientras ella se sacaba las gafas. El también hizo la pregunta en su idioma.

Aún sorprendido por aquel detalle, le fue imposible recuperarse al ver sus ojos.

- Si no le molesta, me gustaría sentarme aquí- indicó ella con una leve reverencia como señal de respeto, e inmediatamente, sin esperar respuesta, tomó una silla y la halo para sentarse en ella.

Los ojos del hombre se abrieron con confusión, miró a su alrededor observando como el lugar estaba prácticamente vacío a excepción de unas cuantas personas.

- ¿Quién eres?- regresando su vista a la chica, que había estirado su brazo para tomar un tenedor para enrollarlo en la pasta que el estaba comiendo, se sintió aún más incómodo. Y como si pudiese incrementar aquella sensación, la chica continuó su acción y comió de su platillo descaradamente, con sus ojos fijos en los de el al saborear.

Inmensamente atractiva, pero oscura, imaginó las razones por las que aquella niña uniformada podía estarle siguiendo.

Y porque a pesar de la juventud y la situación en la que estaba, se sentía tan excitado por ello. Había un destello mágico, nada sano o positivo, que le atraía. Desordaba sexualidad desde cada uno de los poros de su cuerpo, de sus ojos únicos y la malicia en el acento de su tierra natal.

- Tu peor pesadilla- informo ella con indiferencia al masticar por completo los fideos, luego con un rostro alegre, prosiguió- estan buenísimos, ¿Te importa si como más?- el hombre retrocedió un poco cuando ella volvió a inclinarse y en lugar de tomar otro poco, le arrebató el platillo con una sonrisa dulce- vaya, es una lastima que no hayas pedido licor. Necesito una buena cantidad para relajarme.

-Dejame en paz- la voz le salió quebrada, temerosa, con la duda inmensa de porque aquello le estaba ocurriendo precisamente a el. El descaro de la sensual niña y su indiferencia aparente despertaron en el sus alarmas.

Los anteriores habían ido disfrazados, lo habían esperado escondidos, habían tratado de disimular y evitar el máximo posible llamar la atención.

Ella estaba haciendo todo lo contrario. Se había mostrado en todo su esplendor como su verdugo.

- Mátame o déjame en paz de una vez.

La joven parpadeó, como si estuviese ofendida, incluso se llevó una mano al pecho mientras no dejaba de comer.

Por dentro, suspiraba, harta.

No se sentía orgullosa de tener tales dotes como actriz, pero era su trabajo jugar con su presa.

Su forma de proceder era totalmente distinta a los silenciosos de sus compañeros. Solía pensar que era mas justo para sus objetivos el que supiesen que iba tras de ellos a acabar con su vida por sorpresa, así, sentía que tenían la oportunidad de escapar o hacer su última voluntad, aunque en ni una sola de las ocasiones pasadas lo habían hecho.

Ler siempre tenía éxito.

Con el tiempo se dio cuenta que era incluso peor. Los asesinos de su escuadrón eran silenciosos y letales, pero aquello era preferible a la presión psicológica, la agonía y el miedo que el conocimiento de su existencia y su presencia causaba en las personas. La psicosis de sentirse como un juguete en manos de la asesina.

Ler era una...

-Asesina del Cipher Pol.- siguió informando uno de los acompañantes de Doflamingo- le gusta intimidar a sus víctimas antes de acabar con ellas. Es famosa por eso.

Al darse cuenta de la naturaleza macabra de sus acciones, aún siendo una niña, decidió que debía acabar con ellas. Sin embargo, las órdenes fueron claras:

"-Mantén tu reputación, nadie va a respetar a una niña. Menos con una apariencia como la tuya."

La joven siguió comiendo, ignorando la respiración agitada y el sudor en la frente del hombre que la miraba entre molesto y exaltado, expectante. Sus ojos gritaban "suficiente", ella respondía sonriendo y disfrutando inmensamente de su comida.

- Le ofrezco mis disculpas por la interrupción y por...- aparentando encontrarse pensativa, miró al techo con una mueca, moviendo el cubierto en su mano izquierda, mientras que la derecha se posicionaba en su barbilla- por esto, he estado ocupada últimamente y no he tenido demasiado tiempo para comer. Claro, eso a usted no le importa, pero, debido a que le dio demasiados problemas a mis compañeros huyendo una y otra vez tuve que venir sin comer nada, ya van...¿Tres días?...- siguió hablando, entre suspiros y sonrisas- ah, estoy tan cansada, ¿Porque tenía que correr tanto? Además, odio las islas de invierno.

- Por favor, pare y acabe ya- pidió el hombre en voz baja, notando que la amabilidad e inocencia de la chica parecía demasiado real, chocando de forma brutal con su aura oscura y su uniforme de asesina- le suplico que pare.

El ex- dragón celestial sabía lo que ella intentaba. Estaba intimidando al hombre con su presencia, con sus gestos e intimidad, lo estaba presionando hasta lograr que incluso las lágrimas fuesen visibles en los ojos del hombre, a distancia. Cualquier otro de su clase,habría matado al hombre y ya, pero quizá lo único de niña que tenía ademas de sus años era el gusto por jugar, pensó observándola genuinamente interesado.

- Pero si acabo de empezar...- contestó ella con un puchero increíblemente sensual, divertido, desvergonzado- es su culpa que este aquí. Ya sabe, robarle al Gobierno Mundial es una estupidez pero...¿Interrumpir la comida de un hambriento? Eso sí es un pecado- concluyó riendo con descaro, girando ágilmente el tenedor en sus manos para finalmente dejarlo sobre el plato a medio comer- diablos, ni siquiera tuve tiempo de limpiarme, mire, menos mal este maldito uniforme es negro.

El hombre desvío su mirada a las manos de la chica mientras las desnudaba, revelando manchas de sangre secas. Se sacó la gorra y reveló un cabello largo, negro y brillante, enmarcador de un rostro único y divino, con unos ojos y sonrisa tan bonitos como diabólicos, aterradoramente pícaros y salvajes, malvados.

¿Porque unos ojos café tan comunes como los que tendría cualquier otra persona en el mundo lucian tan diferentes y especiales en ella?

"Pequeña perra" pensó viéndola sonreír, esta vez con una expresión dulce y añiñada.

- Se lo que está pensando, pero yo no soy igual a ellos. A mí no me gusta matar- pronunciar aquellas palabras era la única parte que le gustaba a Ler, sentía que por lo menos en algún momento de su trabajo podía ser sincera aunque fuese con malas intenciones. Sentía que no era mala.- no ponga esa cara, señor, que es en serio.

- Se lo que a lo que has venido. Conozco a tus compañeros.

- Bah, no me compare con esos inútiles desalmados que son incapaces de terminar una misión- dijo ella, apoyando su mejilla en una de sus manos, deseando inmensamente estar en cualquier parte excepto allí, con un corazón tan cercano a explotar, tan acelerado y temeroso como el de el, tan cerca de ella.

Odiaba percibir cosas como esa con demasiada facilidad.

- Solo soy un científico, ni siquiera quería participar en esa investigación...¿Y ahora vienen a matarme por haber sido obligado a trabajar en ella?- sus ojos se encontraban rojos, devastados, pero por alguna razón, contrario a viejas ocasiones con otros miembros del Cipher Pol, no había intentado correr o esconderse.

Permanecía clavado allí, viéndola.

Ler entendía muy bien la razón por lo que decidió darle un poco de libertad.

-Nadie dijo que la vida fuese justa- comentó ella, esta vez bajando su vista al plato- pero yo sí. Pida otro plato de comida para usted, yo pago.

- ¿Acaso está jugando conmigo?- el parecía indignado, sus emociones actiando con mayor amplitud al no tener contacto visual con ella. Incluso apretó sus puños y golpeó la mesa, molesto.-¿le divierte causarme incertidumbre?

- No, pero a mí me van a pagar por acabar con su vida mucho más de lo que yo pagaré por que usted acabe su comida. Le recomiendo que se calme y acepte mi ofrecimiento- dijo poniéndose las gafas nuevamente para mirarlo a través de ellas. Tomó el tenedor y lo balanceó sobre sus dedos.

- ¿Porqué parece que no quieres estar allí?...- preguntó en un susurro el Shichibukai observador, reacio a quedarse únicamente con la fachada indiferente de la menor. Ella, al parecer, era como el.

- ¿Porque no me ha matado? No creo que en verdad le interese que coma, o no se haya aburrido de jugar conmigo, habrá notado que estoy al borde y me he rendido.

- Me agradan los tipos inteligentes, como usted. En este mundo se valora más la fuerza y la capacidad de supervivencia apartir de eso, pero...Yo sé que un cerebro bien equipado es más capaz de sobrevivir que la mayoría...- explicó ella, observándolo disimuladamente mientras regresaba a comer- sabía que de encontrarse con uno de nosotros moriría sin dar si quiera un golpe, por ello uso sus habilidades para evitar el encuentro. Si hubiesen más personas como usted, yo tendría menos trabajo.

- ¿Se supone que eso debe tranquilizarme? - preguntó el apretando los puños, frustrado.

-Tomelo como usted quiera. Ahora, ¿Comerá?

- Váyase al infierno. Usted y el Gobierno, un día caerán...- la respuesta de él fue directa y contundente, llena de emoción y lágrimas, con el dolor palpitando en cada una de sus facciones y sus palabras.

Ler levantó la cabeza y sonrió de medio lado: - Entiendo. Es una lastima...

La chica se movió a penas un centímetro, provocando una reacción asustada del valiente hombre que había aceptado su muerte. Ella notó con pena como el se echaba hacia atrás y respiraba con dificultad para luego enviarle una mirada de odio y resentimiento cuando estiró una mano hacia el.

Doflamingo se preguntó qué demonios hacía la chica al verla tomando la muñeca del hombre. Le dijo algo que los micrófonos no alcanzaron a trasmitir o grabar, provocando que este se exaltara aún más y al tratar de liberarse , cayese de boca hacia la mesa. Ella sostuvo la cabeza del hombre antes de que tocase el plato, y moviendolo solo un poco, lo colocó con lentitud fuera de él. Las venas principales de su cuerpo y su rostro resaltaban, tomando una tonalidad azul que ella solo observaba atentamente para luego hacer lo mismo con su alrededor.

-Lo siento- susurró mientras introducía su mano en uno de sus bolsillos, encontrando con rapidez la libreta de anotaciones del científico- pero hay cosas que el mundo aún no está listo para conocer.

Tomándolo, se reclinó sobre la silla, suspirando. Jugó con su gorra un poco antes de dejarla sobre su rostro y cerrar lo ojos tratando de tener un poco de tranquilidad aunque sus sentidos estuviesen más alertas que nunca.

No mintió acerca del hecho de que no había comido nada o que estaba muy cansada, pero el hombre se las había ingeniado de tal manera que había burlado a tres de sus compañeros anteriormente, y los altos mandos estaban tan preocupados porque la información que aquel hombre tenía se filtrase, que habían amenzado con limpiar todas las islas que había recorrido en su huida.

Lucci era el adecuado para esa misión, sin embargo, Ler aceptó voluntariamente el trabajo para evitar una masacre injustificada.

"Es lo correcto" se dijo analizando al hombre, que había muerto con los ojos abiertos. Meditó que debía alejarse pronto ya que sus venas no tardarían en explotar debido a la técnica que ella había usado.

"Es lo correcto" se repetía, una y otra vez, apretando la libreta.

Sabia que debíria haberlo torturado para averiguar qué había hecho durante todo ese tiempo, con quién se había comunicado y si había intentado esparcir o liberar información acerca del virus que estaba creando para el Gobierno. Pero también era consiente que aquel hombre había muerto solo por tratar de evitar que esa información cayese en manos equivocadas.

- Lo hiciste bien, amigo, deberías haber aceptado esa comida...Pero te lo prometí, yo me encargaré ahora.

Dichas aquellas palabras, la joven se enderezó, arregló su abrigo y colocó en su lugar la gorra. Se puso de pie y comenzó a caminar hacia la salida.

El Shichibukai sonrió, siguiendo los pasos de ella con interés mientras se alejaba dejando el cuerpo inerte de aquel científico en una mesa, como si nada. Como la muerte que viene por un elegido y se va sin el, asi describiria aquella escena.

Antes de salir, Ler se detuvo, sosteniendo aún la puerta abierta. Volteó levemente su cuerpo, solo lo suficiente para ampliar su campo de visión a una parte específica del lugar, en lo alto.

Doflamingo nunca admitiría la sorpresa que le provocó el sentir la mirada de la niña fija en el. Aterradoramente directa e inexpresiva, parecía como si supiese exactamente dónde y quien estaba detrás de aquel cristal que debía pasar como un espejo. Entonces supo que verdaderamente era especial, más allá de sus genes, más allá de ser como el.

Le sostuvo la mirada unos segundos y puedo jurar que la vio sonreír de lado, pero no era claro, ni siquiera el podía ver demasiado bien a tal distancia aunque ella pareciera hacerlo con total claridad.

Mantuvo aquel gesto apenas un segundo antes de que soltando la puerta, retomara su paso y desapareciera tras de ella.

Ese fue el día en que un viejo Dragón caído conoció a uno más joven en su misma condición.