Disclaimer: Los personajes de este fanfic le pertenecen a J.K Rowling, las situaciones en las que los enredo son mías.

Hola queridos lectores: Estoy viendo modern family y hay una escena donde Manny le dice a su ma que la leche de chocolate sabe mejor si le agregas sal, escépticamente su ma la prueba y pues sabe delicioso, no lo he probado, pero me parece curioso, a todo esto, muchas gracias a Yoe por betear estos dos capítulos, la sal de mi leche de chocolate jeje. Doble actualización, este es 2 de 2. Y cuqui. luna es muy lindo que comentes en cada capítulo, me hace muy feliz que lo hagas, gracias. Darla Minami bienvenida al fic, gracias por comentar. Estos dos capítulos me gustaron mucho, espero que a ustedes también, tuve ayuda extra de Yoe con la escena hot del final del cap 25, es todo, ¡Besos!

OoOoO

Capuchino

Entender el funcionamiento de la cafetera fue bastante sencillo, la principal razón de ello fue que Draco demostró ser un excelente profesor y, una vez que se te quita el miedo a quemarte con el vapor de agua que salía de la lanceta, el resto no era complicado. Aprendí a hacer un espresso bastante decente y el americano tampoco me salía mal, el problema comenzaba cuando tenía que utilizar la leche.

Estaba intentando hacer un capuchino, lo cual era un tremendo reto para mí; tenía la jarra de acero inoxidable en la mano izquierda, la espita de vapor estaba justo en medio de esta, apenas tocando la superficie del líquido blanco y solo hacía falta dar vuelta a la válvula para comenzar a hacer la espuma.

—Se tiene que escuchar un sonido de raspado, después bajas la jarra poco a poco —instruyó Draco que estaba a mis espaldas, recargado en la barra de salado junto a Pansy.

Hice lo que me dijo, abrí la válvula y bajé la jarra poco a poco.

—¡Mas rápido Harry o te va a hervir la leche! —presionó la morena.

Intenté hacerlo más rápido; todavía podía recordar cuando a Ron le hirvió la leche y se quemó debido a eso, pero, tal vez, me lo tome demasiado literal porque comenzaron a formarse grandes burbujas de aire, cerré la válvula y suspiré.

—No está funcionando. —Fue toda mi queja volteándome hacia ellos.

—Te ves muy tenso, relájate, Harry, ¿sigues nervioso por aquel cliente? —preguntó Pansy.

—Es que parecía un brabucón, me daban ganas de soltarle un puñetazo —dije gruñendo.

Pansy soltó una risita y dijo:

—Estás exagerando.

Ambos bebieron los cafés que preparé para practicar, Parkinson tomaba tranquilamente su americano; Draco le daba el último sorbo a su espresso, una vez que lo hubo terminado se acercó a mí.

—No dejes que te afecte, personas así hay en todas partes —dijo el rubio.

—Me parece tan raro que seas tu quien lo diga —comenté impresionado.

—¿Y eso? —preguntó el gerente cambiando el contenido de la jarra, si la leche se calienta ya no se puede espumar, pero una vez que vuelve a estar fría se utiliza nuevamente, no hay desperdicio.

—Por tu orgullo —contesté con simpleza.

—No se trata de eso, yo elijo mis batallas y en esta ocasión terminar el trabajo era más importante que una discusión —explicó tranquilamente Draco—. Aunque el tipo se lo mereciera…

Levante las cejas impresionado, él podía pensar con la cabeza fría a pesar de la situación, todo lo contrario a mí.

—Es que a veces soy impulsivo —repliqué.

—Me doy cuenta —señaló Malfoy, luego agregó—. Intentémoslo de nuevo.

En esa ocasión él estaba detrás de mí, con una mano sobre la mía sosteniendo la jarra, abrí la válvula y Draco me ayudo a bajar la jarra poco a poco, podía sentir su respiración en mi cuello haciéndome cosquillas; me puse nervioso al instante, a pesar de eso, en esta ocasión la espuma quedo muy bien.

—Si mueves la mano a la velocidad correcta la leche sale perfecta —susurró Draco en mi oído con la voz ligeramente ronca, sensual en toda su expresión.

—¿Y solo hay una velocidad correcta? —cuestioné en el mismo tono que empleo el rubio, incliné un poco mi cabeza hacia él, lo suficiente para poder ver su reacción por el rabillo del ojo.

—Supongo que depende de cómo te acomodes, yo prefiero hacerlo un poco más rápido, pero para eso necesitas más experiencia. —Sus ojos brillaron seductores, y su sonrisa se inclinó hacia un lado.

Giré mi rostro nuevamente hacia la preparación, vacié la leche en la taza para capuchino y me pregunté si seguíamos hablando de la preparación del café, solo para asegurarme dije:

—Creo que mi problema es que no la sostengo con firmeza.

—Es que sigues teniendo miedo de quemarte —dijo Draco en un tono de voz tan sedoso que me erizó toda la piel.

—Bueno eso es normal, es mi primera vez en esta área —contesté con voz temblorosa.

—Entonces tienes que practicar mucho y yo puedo ayudarte con eso —replicó pegándose un poco más a mí, sin embargo el movimiento fue casi imperceptible.

—Me parece que debo hacerlo solo.

Me volteé para mirarlo, él tenía una sonrisita maliciosa en los labios, sus ojos ardían con intensidad.

—Adelante, yo estaré aquí observándote —murmuró, tuvo el descaro de mojar sus labios con la lengua, para luego ocultarla tras sus dientes.

Sentí un tirón en el estómago, me mordisque el labio inferior, quería besarlo hasta el cansancio, pero eso era imposible ahí debido a las cámaras de seguridad y la presencia de la morena, de la cual no me había olvidado, aunque no lo parecía. Le lancé una mirada a Pansy por sobre el hombro de Draco que en esos momentos nos veía intentando ocultar una sonrisa divertida con su taza de cerámica, daba gracias al cielo de que el mandil ocultara cierta parte de mi anatomía, o la burla de la chica podría haber sido peor.

—¿Y bien? —preguntó Malfoy arqueando una ceja.

Me aclaré la garganta.

—Mejor ve hacia atrás, me pones nervioso —contesté.

El rubio se encogió de hombros y regresó al lado de Pansy; era mejor así, si seguíamos cerca yo podría abalanzarme sobre él sin importarme nada.

—Tengo curiosidad sobre algo, ¿Por qué trabajas aquí, Draco? —pregunté intentando distraerme del calor que sentía en todo mi cuerpo.

—Es una forma de entrenar al futuro heredero del negocio familiar —contestó el rubio con un toque de amargura en la voz. Tal vez no debí de haber preguntado.

—Entiendo, ¿Y tú, Pansy?

—Mis padres están en contra de que toque en una banda, así que con mi salario me pago las clases de música y las reparaciones de mi instrumento —contestó la morena.

—¿Desde cuándo tocas?

—Desde los 6 años, irónicamente fueron mis padres los que me instaron a tocar el piano, ahora odian cuando practico en casa con el teclado. Por eso casi siempre estoy en La Casa de los gritos, Sirius me deja practicar ahí.

—Sí, claro, solo por eso —dijo el rubio burlón.

De alguna manera sentí que me estaba perdiendo una parte de la conversación, pero lo dejé pasar; en cambio seguí con mi tarea de moler el café para después sacar la carga en la cafetera.

—Me gusta estar ahí, ¿ok? Es rarísimo poder hablar con alguien a quien admiras mucho.

—¿Hablas de Sirius?

—Enserio, Harry, no puedo creer que siendo hijo de James Potter y ahijado de Sirius Black, no te interese su música, yo en tu lugar lo aprovecharía para hablar sobre sus conciertos y procesos creativos todo el tiempo

—¡Wow! Enserio te gustan mucho.

—Deberías ir a su habitación algún día, parece un santuario de Los Merodeadores —dijo Draco.

—¡Esa es una idea genial! Te enseñare a apreciar lo que tienes Harry —contestó ella emocionada.

—No estoy seguro…

—Insisto. ¿El próximo fin de semana?

—Vale —acepté porque sabía lo caprichosa que podía ser la morena cuando una idea se le metía a la cabeza.

—¡Genial! —exclamó Pansy contenta.

Vertí la carga de café en la leche espumeada, el resultado fue un capuchino perfecto, le puse canela y comencé a beberlo. Almorzamos juntos ahí mismo, ya que, si venían clientes, sería difícil que solo dos personas se encargaran de ello, por lo que pudimos seguir charlando tranquilamente. Una vez llegó la hora de cambio de turno, Pansy salió disparada a la salida después de cambiarse de ropa, pues había olvidado que tenía que imprimir su ensayo de historia. Draco y yo nos quedamos rezagados en la sala de descanso.

—No voy a poder dormir por tanto café. —Me quejé.

—Ojalá me pasara lo mismo, a mí ya no me hace efecto —dijo Draco a mi lado, estaba recargado junto a la puerta de mi casillero.

—¿Por? —pregunté al mismo tiempo que sacaba mi mochila del compartimiento y me la colgaba al hombro.

—Tal vez me hice inmune al beberlo con regularidad.

—¿Te gusta mucho?

—Solo si es bueno.

—¿Cómo sabes si es bueno?

Draco cerró la puerta de mi casillero y mantuvo ahí su mano, obligándome a quedar entre su cuerpo y los casilleros, parecía que al rubio le gustaba acorralarme y yo no tenía ningún problema con eso, en cambio sonreí, él se inclinó sobre mí para decir muy cerca de mi oído:

—Debe ser negro como la noche, ardiente como el infierno, fuerte como el pecado y dulce como el amor.

—¿Cómo lo haces? —pregunté aturdido.

—¿Qué cosa?

—Sonar tan sexy.

Me sonrió engreído y dijo:

—Es un don.

No puede soportarlo más, había estado esperando por un momento a solas con él para poder besarlo, puse mis manos sobre sus mejillas para acercarlo a mí y junté mis labios con los suyos. Draco me correspondió al instante, parecía que yo no era el único que lo había estado esperando, pude sentir su desesperación en la forma tan intensa de besarme, deje caer la mochila por mi brazo hasta el suelo, él aprovecho aquello para poder presionar su cuerpo contra el mío, aferrando mi cadera con su mano izquierda, cada beso que compartía con el rubio se sentía como una experiencia nueva y diferente, jamás podría cansarme o aburrirme de esto.

—Draco —jadeé contra su boca.

Yo estaba tan caliente que quería pedirle que nos encerráramos en el baño para hacer todo lo que estaba pasando por mi mente en ese momento. Estaba seguro de que aceptaría, pues podía sentir toda su excitación presionarse contra la mía.

—¿Umm? —preguntó separándose un poco de mí para mirarme a los ojos.

—Enserio necesito liberar presión ahora.

Mi mano viajó hacia la parte baja de su cuerpo, confirmándome que el rubio se sentía de la misma forma que yo, apreté suavemente robándole un sexy jadeo que solo pudo excitarme aún más, lo necesitaba en ese preciso instante o me volvería loco. Mi miembro comenzaba a doler después de ser atacado con tantas dosis de electricidad en muy poco tiempo, quería que Draco me tocara, quería sentirlo también, piel con piel sin esa estorbosa tela separándonos. Mi mano viajó a su cinturón para quitarlo, hace mucho que yo había dejado de pensar con coherencia y solo mis instintos dominaban mi cuerpo.

—¿Deberíamos…? —cuestionó, pero se vio interrumpido por el sonido de pasos aproximándose.

—Baño —sugerí con la boca seca.

El negó con la cabeza y me dio un corto beso para después alejarse de mí.

—Pronto.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo, pero tienes que dejar de fumar.

—Bien.

—Bien.