La reina de tus caprichos

Totalmente paralizada y con la boca de Glory sumergida entre mis pliegues, lamiendo, degustando y devorándome, con la misma destreza que usabas tú, apenas conseguía encontrar la forma de respirar. No deseaba aquello pero mi cuerpo respondía a su propio albedrío, inundándome de intensas oleadas de placer.

Escuchaba la voz de Glory, detallándome cada una de las pequeñas acciones que tanto me habían excitado cuando estaba contigo. Me torturaba descubrir que no pudiera ser realmente dueña de las sensaciones de mi cuerpo, pues estaba constatando que sentía un gran placer y, lo que era peor, ya no deseaba que aquello acabara. Ahora solo deseaba que Glory me llevara por fin al cielo. Si aquello era lo que ella quería, me derretiría en su boca.

- ¡Córrete, Candy! ¡Córrete para mí! ¡Córrete en mi boca! –Empezaba a notar que estaba cerca del alivio final-. ¡Córrete para Albert! ¿No lo ves? ¡Nos está mirando! –Te localicé recostado en la puerta, con oscurecida mirada, lustrando frenéticamente tu miembro, tal como viera aquella vez en la ducha.

- ¡Hazlo, Candy! ¡Hazlo para mí! –me exigías ronco, mientras te acercabas a nosotras, sin dejar de agitarte- ¡Córrete en su boca y yo me correré en la tuya!

Y me corrí. Me corrí con una intensidad mayor a la que lo había hecho hasta el momento contigo. Sentí enloquecer de tanto placer.

- ¡Aaalbert! ¡No puedo más! –Me incorporé de golpe, envuelta entre tus brazos, intentando recuperar mi aliento, totalmente consternada por todo lo que acababa de sentir.

- ¡Shhhhh! ¡Shhhhh! Tranquila, Candy . Ya estoy aquí. Estoy contigo –Me abrazabas, acariciando mi cabeza y besándome con suavidad–. He ido tan deprisa como he podido, me ha costado encontrar la pomada, pero te irá bien para los golpes.

- ¿Qué?... –No acababa de entender, todavía presa de mi reciente orgasmo, abrazándome fuertemente a ti- … ¿Puedo moverme? –Me percaté aún confusa.

- ¿Cómo? ¿No has podido hacerlo en algún momento? –Preocupado te alarmaste.

- No… No sé… Creo, creo que… ¿Lo he soñado?

- ¿Has tenido una pesadilla?

- Algo así –Mentí… Aún podía notar las ligeras oleadas, perecederas, que perduraban del placer. Oteé la habitación para comprobar que no había rastro de Glory y que todavía veía medio borroso, concienciándome, al mismo tiempo, de todo mi adolorido cuerpo. Sí, realmente había sido un sueño. Ya era extraño que no me doliera nada, mi falta de menstruación y todo lo demás en general. Pero el placer, el placer era lo que más me preocupaba. El placer había sido bien real ¿Qué significaba? Acaso yo…

- Bueno, solo he tardado un cuarto de hora y cuando llegué seguías dormida, así que preferí no despertarte para aplicarte la pomada y ahorrarte el dolor, pero parece que me equivoqué y quizás, ¿Eso te causó un mal sueño? -"Si tú supieras", pensé- ¿Quieres explicármelo?

- ¿Eh? No no no –respondí de carrerilla, provocando tu desconcierto–. No, no tengo ganas de recordarlo –Disimulé–. Ya pasó.

- ¿Seguro, pequeña? –Acariciaste con ternura el lado intacto de mi cara–. Sabes que puedes explicarme cualquier cosa ¿Verdad? –Solo asentí tímidamente.

- Sí, lo sé… y tú también –Ya está, tenía que aclarar todo aquello. Ya que parecía venir a colación, aproveché– Albert.
- ¿Sí? –Concentrado, acababas de atender el golpe de mi cadera.

- ¿Puedo preguntarte algo?

- Claro –Repartiste la pomada en los últimos moretones de mis piernas-. ¿Qué quieres saber?

- ¿Qué hubo realmente entre Glory y tú? –Levantaste el rostro desprevenido–. No me digas que nada porque ella ya me comentó que habíais intimado, aunque también me extrañó porque me confesó también su… sus preferencias.

- ¿Eso te dijo? –respondiste pensativo.

- Sí.

- He hablado con el capitán para que nos exima el resto del viaje. Apenas quedan dos días para llegar y en tu estado, es mejor que los aproveches para recuperarte.

- ¡Albert! No me cambies el tema –protesté.

- No te cambio el tema. Lo que quiero decir es que ahora es mejor que descansemos. Además, aún tenemos que acabar de planificar cómo nos moveremos para seguir las pistas que tenemos del posible paradero de Stear. No le veo el caso a hablar de Glory pero si es lo que deseas, nos acostamos y te explico lo que quieras ¿Sí? Tú también podrías hablarme de Terry. Al final, no me comentaste nada –Me sonó a reproche.

Continuará…