What if cards don't go my way?

Then it's sure to spoil my day,

but in voices loud and clear,

you say to me it's only superstition...

It's only your imagination...

It's only all of the things that you fear,

and the things from which you can't escape...

"Only superstition" (Coldplay)


Como si no mandara en su propio cuerpo, Sherlock se vio sorprendido a sí mismo cuando sus labios chocaron suavemente con los de John. No sabía en qué momento lo había decidido, simplemente lo había besado y no sintió ser correspondido hasta dos segundos después, cuando John hizo un poco más de presión abriendo ligeramente los labios.

¿Qué significaba todo eso? ¿Qué se supone que pasaría después? Sherlock podía tener todas esas dudas creciendo dentro de él, pero todas se esfumaron cuando la mano de John se hizo camino desde la su cintura hasta su rostro donde el rubio lo tomó para hacer de ese beso, uno apasionado y deseoso.

Horas antes

Una última y profunda calada a su cigarrillo y estaba listo. Sherlock no había salido de ese maldito callejón en todo el día. Dormir rodeado de vagabundos era mucho mejor que hacerlo en el asqueroso y ruidoso departamento de uno de los chicos de la banda. Sherlock amaba esas fiestas con ellos, adoraba simplemente perderse entre excesos, pero a veces solo quería acurrucarse un rato en medio del silencio y cerrar sus ojos, por eso se había tomado todo el día para permanecer escondido ahí, encima de una especie de colchón sucio.

Hacerse "amigo" de uno de los vagabundos había sido buena idea, porque al menos ese día podía dormir en algo más suave que cartones y con una manta para abrigarse (la suya que tenía la había perdido en algún momento y no tenía idea de cómo).

Se levantó pesadamente sabiendo que esa noche tenía una presentación y tenía que ir, aunque no quisiera. Salió sintiendo el frío penetrarle los huesos, la nieve cubría las calles y él lo odiaba, lo detestaba, nunca antes la nieve había significado algo tan molesto para él, puesto que, teniendo una casa, una habitación y una cómoda cama, el frío nunca había sido un problema para él. Ahora no, ya no tenía un techo, así que la nieve se había vuelto una total y completa mierda.

Le tomó exactamente diez minutos en bus para llegar con casi media hora de tardanza, los chicos estaban ahí con todo listo y hablando entre sí de manera muy animada. Cuando lo vieron, el rizado recibió una oleada de llamadas entusiastas para que se una a la conversación.

—Pendejo, ¿dónde mierda estabas? Creíamos que no vendrías—

— ¿Qué pasó? — preguntó él de manera despreocupada

—Nos han dicho que hay unos tipos que están buscando bandas. Esta noche debemos tocar lo mejor que tenemos—

Sherlock asintió con la cabeza mientras se acercaba a las botellas de cerveza en el piso, pero cuando estuvo a punto de tomar una, el líder de la banda lo jaló del brazo. El rizado no pudo evitar sentir eso como una especie de agresión.

—Hablamos en serio, Sherlock, sé que te importa una mierda, pero nosotros queremos esto más que a nada, ¿entiendes? —

Observó el rostro de su compañero con atención y sonrió de lado.

A menos que los productores presentes quieran el mismo sonido y la misma mierda de siempre, la oportunidad de esta banda es jodidamente pequeña. Con integrantes tan jodidos en adicciones, nadie perdería el tiempo con nosotros.

—Me importa— respondió Sherlock —Necesito el maldito dinero—

Se miraron en silencio por unos segundos, ninguno de los dos se quitó la mirada.

—Si van a decirse sus mierdas, lo harán luego de tocar, ya debemos empezar— dijo el bajista

Sherlock no estaba interesado en esa oportunidad, pero tampoco echaría a perder la presentación, además, él tocaba mejor que todos ellos juntos, así que esa noche no tendría que ser diferente.

—La hacemos esta noche, ¿qué dices, Sherlock? — le preguntó el baterista al pasar por su lado

—Yo toco de puta madre— contestó Sherlock mientras se colocaba la guitarra —ustedes son los que cagan todo—

El chico rió ante el comentario, aunque no notó que el rizado no había sido para nada sarcástico.

—Tocaremos lo que ensayamos, pero arrancamos con Unknow—

El rizado y el resto de la banda asintió en silencio y se colocaron en sus respectivos lugares para empezar a tocar. Eran los últimos en presentarse esa noche, así que las bandas anteriores pudieron haber hecho un buen trabajo en el escenario, eso hacía que los chicos estén algo nerviosos. A Sherlock eso no le importaba mucho, él solo quería tocar y desconectarse de todo por las horas que tenían.

Era fácil para él desaparecer y sentir la música, se movía en su espacio siempre agachado y casi siempre con los ojos cerrados. Se acercaba al baterista de vez en cuando para sentir la música en todo su cuerpo. Amaba sentir su pecho vibrar ante los fuertes sonidos a su alrededor. Era muy liberador para él.

Recibió una botella de cerveza cuando tomaron un pequeño break antes de continuar y afinó la guitarra para la siguiente canción, mientras que los demás chicos comentaban que no podían evitar sentirse nerviosos por saber de la presencia de productores esa noche. Sherlock no se preocupó en participar de la conversación, a esas alturas, él ni siquiera estaba seguro de qué querer hacer más adelante con su vida.

—Tengo una de calidad, Sherlock, no desaparezcas cuando terminemos—

El baterista se había acercado a él para susurrarle durante su pequeño break.

— ¿Qué es? — preguntó el rizado

—Coca. De las buenas. La probé ayer—

— ¿Para aspirar? —

Sherlock recibió un asentimiento muy entusiasta, lo que le hizo sonreír inmediatamente. Esa idea le gustaba, no estaría mal otra noche de excesos.

—Después pueden culear, idiotas, tenemos que seguir tocando—

La voz del cantante y líder de la banda los interrumpió para luego volver a sus lugares en el escenario.

Entonces así pasaron las horas de brillo, las dichosas horas para impresionar a los o el productor presente esa noche. Sherlock sabía que los productores no perderían su tiempo invirtiendo en chicos que, claramente, estaban en adicciones; sin embargo, se recordaba a sí mismo que abrir la boca significaría que lo echen de la banda y, joder, en serio necesitaba el maldito dinero.

Cuando su presentación finalmente terminó, los chicos (excepto el cantante, quien fue el que se encargó de averiguar si la presentación había sido bien recibida) dejaron los instrumentos y bajaron del escenario para luego dirigirse a esa especie de camerino improvisado que tenían para las bandas que tocaban en el local.

El baterista no demoró en repartir la droga, al final de cuentas, era un momento para celebrar.

—Cuando cobre mi primer cheque, yo mismo empezaré a fabricar esta mierda—

— ¿Te vas a dedicar a vender drogas? —

— No, imbécil, fabricarlas para mí, ¿para qué mierda las voy a vender si puedo tenerlas para mí? —

La conversación entre los chicos empezó mientras cada uno iba probando su pequeña porción de aquel polvo blanco. Sherlock sonreía de lado divertido ante las estupideces de sus compañeros, estaba algo ebrio, tal vez por eso los toleraba más de lo normal. El cantante se unió a ellos al poco rato, Sherlock no le prestó atención a lo que decía, solo permanecía en silencio esperando a que sea su turno para aspirar, no había apuro, tenía toda la noche.

—Vamos, Sherlock, tú se lo calentabas a Jim Moriarty, de seguro que te daba de las buenas y gratis, así que me dirás si esta de verdad es pura—

—De acuerdo— dijo Sherlock para luego agacharse a aspirar

Sherlock ya había probado esa droga antes, aunque la prefería consumir inyectándosela, era mucho más cómodo que aspirarla, porque luego tenía que soportar la irritación en su nariz.

Efectivamente, era pura, de las buenas, la pudo sentir de inmediato cuando levantó la cabeza.

—Mierda... — susurró Sherlock con una sonrisa

—No siento... no siento la mitad de mi cara—

Dijo el bajista con una expresión que rozaba entre la sorpresa y el pánico, por lo que todos empezaron a reír.

—Esta mierda es... —

— ¿Y este quién es? — Sherlock fue interrumpido

Sherlock volteó de inmediato y entonces sintió un bajón que fue casi doloroso. Ahí estaba John Watson mirándolo directamente a los ojos.

Sintió vergüenza, sintió molestia, sintió de todo en esos momentos. Si quería ser sincero, John era la última persona que quería ver mientras se encontraba drogado. Los recuerdos vinieron a él de inmediato, esa maldita noche en la que John lo había golpeado y rechazado como un maldito perro.

Sherlock no se olvidaría de eso nunca.

—Yo... quiero hablar con Sherlock—

— ¿Quién es? — le preguntó el cantante

—Soy... —

—Nadie importante— Sherlock interrumpió a John

Un silencio incómodo se hizo presente, pero uno que no duró mucho...

—No siento la cara—

—Esta mierda es pura—

Dos chicos de la banda no prestaron tanta atención a la situación, especialmente porque los efectos de las drogas ya estaban haciendo un efecto más fuerte en ellos.

—Sherlock, quiero hablar a solas contigo— John insistió

—Lárgate de aquí, no me jodas—

Sherlock no estaba humor para John en esos momentos, no quería escuchar más mentiras y no quería deprimirse con drogas, esa era una combinación jodidamente peligrosa para él.

Volteó y empezó a acomodar un poco de polvo en la mesa con la intención de hacer otra jalada.

—Sherlock... será solo un minuto—

Escuchó la voz de John, pero no hizo caso, el vocalista también lo ignoraba, incluso se acercó un poco para comentarle que esa droga era de un tipo que había trabajado para Moriarty y había podido guardar algo de Cocaína para venderlas por su cuenta. Ambos ignoraban a John.

—Al final de cuentas, que atraparan al hijo de puta resultó beneficioso para algunos—

Sherlock asintió con la cabeza con una sonrisa divertida.

—Sherlock, quiero hablar contigo—

La voz de John esta vez resonó en el lugar y ciertamente resultó molesta. Sherlock prefirió seguir ignorándolo, pero su compañero no estaba dispuesto a hacerlo ni tolerarlo.

— ¿Buscas problemas? — dijo uno de los chicos

—No es tu problema, solo quiero hablar con él un segundo— respondió John

—Te dijo que te largaras y por tu bien te digo que lo hagas—

— ¿Me estás amenazando? —

Todos voltearon a verlo, menos Sherlock, él prefirió seguir dándole la espalda a John, pero no podía evitar tensarse sabiendo que los chicos de la banda podrían darle una buena paliza al idiota de John Watson por ser tan insistente y malditamente molesto.

—Estás en el lugar equivocado, amigo, con tu abrigo y tu ridícula bufanda solo das ganas de molerte a golpes—

— ¿En serio? ¿Por qué no lo intentas? —

Entonces Sherlock se alarmó, ¿de verdad John estaba pensando en pelear?, volteó de inmediato y John lo miró por un par de segundos para luego volver a mirar a su compañero quien se levantó de inmediato. "Te lo advertí" dijo amenazante y Sherlock sabía lo que eso significaba. Esa no sería una pelea de puño a puño, su compañero tenía una navaja y sabía perfectamente cómo usarla.

—De acuerdo, basta— Sherlock se levantó de repente —Nos costó mucho conseguir las malditas presentaciones aquí, ¿en serio piensas joderlo con una pelea? —

Esa era una buena excusa para detener la pelea.

—No me tomaría tanto tiempo abrirle el cuello a este imbécil—

—Claro, ¿y luego qué, idiota? — intervino el baterista —Deja que Sherlock se encargue, es su maldito problema—

Bien, que alguien lo apoyara hizo que el vocalista se detenga y lo considerara por un segundo, segundo que Sherlock aprovechó para sacar al rubio de ahí. Él mismo debía mandarlo al demonio.

—Ven— le dijo cuando pasó por su lado

Escuchó las amenazantes palabras de su compañero, pero no hizo caso, mientras que John no siga el juego, podría sacarlo de ahí sin problemas. Escuchaba los pasos de John seguirlo hasta que salieron por la puerta y la música, ahora de los parlantes del lugar, los rodearon por completo.

Salió fuera del local y caminó hasta la esquina de la calle donde finalmente volteó para encararlo.

— ¿Qué estás haciendo aquí? — preguntó

—Creo que... creo que es algo obvio, ¿verdad? —

Sherlock lo observó... claro que era obvio, pero el rizado no le daría explicación al hijo de puta que se burló de él.

—No tengo que explicarte nada— respondió —No me interesó aclarárselo a los medios, menos lo haría contigo—

Vio a John sonreír divertido y luego bajar la mirada por unos segundos.

—Tendrás que olvidar tu orgullo conmigo, Sherlock, yo no soy cualquier persona. Sabes que más que nadie merezco una explicación—

Sherlock no pudo evitar responder de la misma manera, era indignante que John se sintiera en el derecho de exigirle explicaciones cuando había sido el mismo John quien le pidió que se aleje.

—Solo fui tu maldito revolcón homosexual ¿qué tan importante tiene eso ahora para que me pidas explicaciones? —

—Mira, Sherlock, todo lo que dije esa noche... —

Oh, no, esa actitud le decía que John estaba preparando una larga conversación con él y definitivamente no estaba dispuesto a escucharlo. Mierda, sería capaz de golpearlo si comenzaba con algún sermón.

—No me hagas perder el tiempo, ¿qué es lo que quieres? — interrumpió el rizado

Tuvo la mirada de John por unos segundos, parecía una mirada de reproche y molestia.

— ¿Perder tu tiempo? Estabas aspirando cocaína cuando te interrumpí, creo que estabas perdiendo el tiempo de igual manera—

Sonrió, Sherlock no pudo evitar divertirse con las ridículas palabras de John.

—Pensaba inyectarme heroína luego, así que sí, estás haciéndome perder el tiempo— dijo de manera sarcástica

— ¿Es así como funciona? ¿Tu maravillosa mente no tiene mejor idea que drogarse cuando las cosas no salen como lo planeas? —

Sherlock lo miró a los ojos seriamente, "cuando las cosas no salen como lo planeas", Sherlock sabía exactamente a qué se refería. John no podría ser más basura tocando el tema de manera tan fácil, como si no fuese ya lo suficientemente doloroso.

— ¿Y cuál se supone que era mi plan? — Sherlock se acercó de manera amenazante, en serio lo golpearía, la droga en sus venas lo ayudarían a no tener remordimiento de eso si lo hacía

—Eso deberías respondérmelo tú, ¿a qué jugabas conmigo? —

—Tal vez no el mismo juego que el tuyo, John Watson, es claro que teníamos ideas totalmente diferentes sobre nosotros—

—Mentí—

Sherlock frunció el ceño levemente no entendiendo a qué se refería su ex novio.

—Mentí en la mayoría de cosas que dije esa noche y no, yo no jugaba a nada contigo—

Un haz de luz atravesó su pecho al escuchar eso... pero entonces, así como de pronto lo sintió, también desapareció.

John mentía, estaba seguro que podría estar burlándose de él otra vez.

—Yo... yo lo único que hice fue protegerme. Tú me habías mentido y yo me sentía ridículo, imbécil y no quería demostrarte eso, solo quería que... — John respiró hondo y cerró los ojos —solo quería que pensaras que, a pesar de haberme engañado, yo no me sentía herido por eso—

John abrió sus ojos lo miró esperando una respuesta. Sherlock no dejó que sus sentimientos volvieran a reinar en él, no quería volver a caer en eso.

Su cabeza empezó a trabajar y fue tan sencillo concluir que John mentía, otra maldita mentira, una tan obvia... Sherlock lo había visto con su novio, era claro que nada de lo sucedido le había afectado, puesto que no tuvo problemas en reemplazado con otro maldito marica.

—Entonces supongo que debo felicitarte— contestó serio

— ¿Qué? —

—Te engañé, sufriste, te defendiste y lo superaste—

—Yo lo superé, pero no de la manera... —

—Tu relación se ve muy bien, John, espero que tu práctica conmigo haya sido de ayuda—

John quiso responder, pero empezó a balbucear sonidos inteligibles, Sherlock sintió una punzada de dolor al reconfirmar que había pillado la mentira de John y ahora el rubio no sabía cómo defenderse. Maldita sea, ¿qué era lo que quería de él? ¿por qué no lo dejaba en paz de una vez?

Sherlock no quería que los sentimientos se apoderaban de él, pero en esos momentos, una oleada de indignación y dolor lo invadió. Apretó los labios y sintió su corazón acelerarse en un segundo. Si John quería explicaciones, pues bien, le daría una explicación para que se vaya a la puta mierda de una vez y lo deje esta vez para siempre.

—Fuiste todo para mí, John Watson, formé algo especial y verdadero contigo, algo de lo cual no tenía ningún maldito conocimiento, pero lo hice, lo intenté. No me importó nada más, me sentía bien solo contigo, todo tenía un maldito sentido cuando creía que lo que tú sentías era igual de verdadero que el mío, pero a lo primero que viste saliste huyendo como un cobarde, y ahora aquí estás, exigiéndome explicaciones— Sherlock sonrió sintiendo lástima de él mismo por ser tan ingenuo — ¿No fui lo que tú esperabas?, pues bien, estamos a mano, tú tampoco lo fuiste para mí después de todo. Si mentiste o no aquella noche, eso ya no es importante para mi ahora, así que puedes irte a la mierda, no tengo ningún puto interés en lo que tengas que decirme—

Sherlock volteó dispuesto a irse, volvería con los chicos de la banda después, necesitaba estar solo en ese momento, solo hasta que su cuerpo le pida otra dosis porque estaba seguro que necesitaría más para no pensar en ese encuentro con John.

Pero cuando dio el segundo paso, sintió la mano de John tomarlo por el brazo para detenerlo... ese toque lo paralizó, no supo por qué, pero no se atrevía a voltear a ver aquellos ojos azules.

—Aún me amas— dijo John —Lo vi en tu mirada esa noche cuando te atropellaron—

Sherlock cerró los ojos, sí, aún lo amaba, aún sentía que moría por él a pesar de todo lo que había pasado.

—Yo te amo y me importa una mierda que no me creas, aún lo hago. Si tengo una relación ahora es porque estaba desesperado por sacarte de mi cabeza—

El rizado abrió los ojos cuando sintió ser jalado para que se mirasen frente a frente, Sherlock apretó ligeramente los labios obligándose a no delatar ni un tipo de emoción en él.

—Fui un maldito cobarde, siempre salgo huyendo, como esa vez que me besaste, ¿recuerdas? Pero esta vez no lo estoy siendo, Sherlock, esta vez quiero enfrentarme a lo que temí de ti y si tanto... mierda—John respiró hondo —Si tanto gritas tu inocencia, entonces dime que lo me mostraron tiene una explicación, que lo que vi... —

—No tengo porqué demostrarte mi... —

— ¡Lo harás, maldita sea! Si no lo haces, Sherlock... por Dios, si no lo haces, me voy a volver loco—

—Me importa una puta mierda como te sientas, es claro que es fácil engañarte con cualquier estupidez que se te presente— respondió casi sin pensarlo

Sherlock fue sorprendido por John cuando este lo tomó de la chaqueta fuertemente y lo atrajo a él rápidamente, el rizado le tomó las manos queriendo liberarse, pero no lo hizo, solo se quedó ahí mirando esos ojos a esa corta distancia.

—Las malditas pruebas son reales, lo que vi fue real y si fueron manipuladas me vas a explicar por qué— susurró entre dientes el rubio

¿Cuáles habían sido aquellas dichosas pruebas que Jim Moriarty había fabricado como para lograr convencer a John que lo había engañado?... si habían sido lo suficientemente "reales" para engañar a John y a la policía, ¿eso quería decir que John realmente lo... amaba?

Su mente estaba dando vueltas, las ideas revoloteaban violentamente en su cabeza, tan rápido que le era imposible analizarlas, no podía obtener una conclusión. No podía, maldita sea, la sola idea de que John lo amara lo estaba desmoronando, lo emocionaba, pero a la vez lo aterraba, le daba miedo volver a caer en otra mentira y si eso ocurría él no podría soportarlo otra vez.

— ¡Sherlock! —

Una voz se escuchó a unos metros interrumpiéndolos de repente, los chicos de la banda habían salido y al ver a John sosteniéndolo así, era claro que se acercarían para darle una paliza, por lo que Sherlock reaccionó al instante empujando al rubio justo cuando los chicos se acercaban a ellos.

—No vuelvas a buscarme o te devolveré los golpes de esa noche—

Dijo el rizado de manera amenazante, para luego acercarse a sus compañeros.

—Vámonos, no quiero saber más de ese hijo de puta esta noche— dijo él

—Si te golpeó, podemos... —

—No seas estúpido, es un maldito enano, le partiría la cara de una bofetada y él nunca podría hacer algo para defenderse. Vámonos—

Los chicos no protestaron, solo miraron por última vez a John y empezaron a seguirlo.

— ¡Calle Caldwell, Sherlock! ¡Caldwell 426! —

Sherlock escuchó gritar a John y le tomó un segundo comprenderlo. Sabía que John ya no vivía en casa de sus padres, así que era más que seguro que le había dado su dirección actual.

Él no volteó, solo metió sus manos a los bolsillos para protegerlos del frío y siguió caminando entre los comentarios amenazadores de sus compañeros para con John.


Calle Caldwell 426. John necesita una explicación. ¿Qué clase pruebas? ¿cuáles? ¿cuáles? ¿cuáles? Aún me ama, aún lo hace... Caldwell 426, Caldwell 426, calle Caldwell 426...

Su cabeza estaba por estallar, drogarse y tomar no había ayudado; lo había empeorado todo. Sherlock golpea su frente contra la pared apropósito para apoyarse e intentar calmar el remolino de pensamientos, ideas y voces dentro de su cabeza.

Traía una botella de cerveza en la mano y había estado caminando por las calles por un buen rato, mientras constantemente perdía el equilibrio. Tenía un rumbo, una dirección en mente e iba a pie como para darse tiempo de arrepentirse en el camino.

Se había prometido que todo había acabado, pero sus sentimientos eran tan fuertes y demandantes que era fácil sentir que cambiaba de opinión cuando había una pequeña esperanza de arreglar todo el problema con John Watson. Por eso, cuando un taxi apareció en el camino, su mano se alzó para detenerlo y en treinta minutos, Sherlock bajaba una calle antes de la dirección que le había dado John.

Caminó despacio y se arrepintió de no haber comprado otra botella antes de subir al taxi, pues la que tenía la había consumido durante el camino. Cuando estaba a unos metros, lograba ver por la ventana que la luz estaba encendida y se juró a sí mismo que si el hijo de puta del novio de John estaba ahí, se encargaría de volarle todos los dientes a puros puñetes.

Oh, sí, de seguro que estaba ahí y sería un buen momento para entrar a dar unos buenos golpes.

— ¡John! — Gritó mientras golpeaba con furia la puerta — ¡Abre la puerta! ¡Abre, John! ¡Ahora! —

Pasaron un par de segundos que al rizado le parecieron eternos. Así que, cuando la puerta se abrió, sin perder el tiempo, entró casi atropellando al rubio en el camino.

— ¿Dónde está? ¿Dónde está ese hijo de las mil putas? —

— ¿Sherlock?... ¿estás ebrio? —

El rizado frunció el ceño enojado, oh, no estaba de humor para aguantar las estupideces de la gente.

— ¿Qué no me ves? ¿Por qué mierda preguntas algo obvio? ¡¿Por qué los idiotas tienen que preguntar lo obvio?! —

Miró a su al rededor rápidamente, no quería que el imbécil del novio de John se escapase de repente.

— ¿Dónde está? —

— ¿Dónde está quién, Sherlock? —

Sherlock lo miró directamente a los ojos, o al menos eso intentaba.

—Tu novio, ¿dónde está ese mal nacido? No lo escondas, John, porque juro que le irá peor—

— ¿Qué...? ¿Por qué lo estás...? Sherlock, joder, te vas a caer, siéntate ¿de acuerdo? —

El rizado sintió ser tomado del brazo, por lo que no dudó en zafarse del agarre jalando su brazo con fuerza, pero estaba ebrio y medir sus movimientos no era lo mejor que podía hacer en ese momento, así que su torpe reacción hizo que John recibiera un sonoro y fuerte golpe en el rostro, como si fuese una cachetada.

Sherlock se tardó un segundo en entender lo que pasó, pero al hacerlo, no pudo evitar sonreír divertido ante eso.

—Sherlock...— el rizado pudo reconocer la molestia de John en su tono de voz — ¿Puedes sentarte de una vez? —

—No, no, yo... ¿dónde está...? —

—No está aquí, Sherlock— lo interrumpió el rubio

Sherlock frunció el ceño dándole una nueva mirada al pequeño departamento, tal vez era por el alcohol, pero no creía en las palabras de John.

—No me mientas, él está aquí, ¿verdad? — se acercó unos pasos —Voy a golpear a ese hijo de puta, aunque lo defiendas—

Cuando John se cruzó de brazos y lo miró en silencio por unos segundos, Sherlock pudo darse cuenta de que sus palabras no estaban siendo tomadas en serio.

— ¿Y por qué se supone que lo golpearás? —

—Eso a ti no te importa— respondió Sherlock con molestia

—Oh, claro que me interesa. Has venido a mi departamento a destrozar todo—

Sherlock emitió una burlona risa ante esas palabras.

— ¿A esto le llamas departamento? Yo duermo en la calle todas las malditas noches y es mejor que esto—

Sherlock sintió un mareo repentino que le obligó a cerrar los ojos y su estómago empezó a quejarse.

— ¿Sherlock? —

Sherlock sintió que John lo tomó suavemente de los brazos, como para asegurarse de que no se cayera, a lo que el rizado no dudó en reaccionar agresivamente otra vez, pero esta vez sí fue consciente de sus actos y empujó a John con la suficiente fuerza como para alejarlo casi un metro de distancia.

— ¡No me toques! — dijo molesto —No soy el mismo imbécil que conociste—

—El imbécil que conocí me prometió no volver a drogarse—

El rizado no pudo evitar sonreír divertido, las palabras de John le parecían tan estúpidas. Después de haberle mentido ¿cómo era capaz de reclamarle por no cumplir su promesa?

—Consumo cocaína, heroína y otras mierdas más, además amo la marihuana, ¿tienes algún problema con eso? —

—Crees que esto es un juego, ¿verdad? Crees que las drogas no te harán daño, que serás un maldito rebelde sobreviviente cuando cumplas 50 años—

Ver la expresión de indignación en el rostro de John le hizo recordar a aquellas veces en las que seducirlo significaba una hermosa mirada enojada por parte del rubio... pero no dejó que sus sentimientos lo invadieran nuevamente, no quería volver a ser débil con él otra vez.

—No hables idioteces, con todo lo que consumo no pasaré de esta Navidad— Sherlock sonrió de sus propias palabras —Así que vengo a sacarle la mierda al hijo de la gran puta de tu novio por haberse acostado contigo—

Sherlock no era bueno leyendo los significados de las expresiones en los rostros de las personas, mucho menos estando en ese estado, así que no supo exactamente qué pensar cuando los ojos de John evitaron los suyos.

Sin embargo, no pudo evitar pensar que era simple vergüenza. John se había acostado con su novio y le daba vergüenza admitirlo.

—Eres patético, John— dijo sintiendo todo el recelo acumulado envolverlo de repente —Eres tan... imbécil—

La mirada de John se volvió dura, o al menos eso podía apreciar, el alcohol no lo dejaba ver bien del todo.

—Mide tus palabras, Sherlock—

— ¿Te ofendo, John? — el rizado dio un paso más hasta que su rostro quedó muy cerca del rubio —Sigues siendo la maldita niñita cobarde que conocí, ¿verdad? Deberías advertirle a ese imbécil que tiene a un cobarde como novio, que ni siquiera le dará el culo por miedo—

Sherlock realmente odiaba que sus emociones se juntaran en él, realmente despreciaba sentirse abrumado por eso, pero en ese momento se dejó llevar por todo porque sentía que debía hacerlo. Porque sentía que explotaría si no decía absolutamente todo lo que pensaba en ese instante.

Odiaba tanto a John por hacerle daño, lo odiaba tanto por traicionarlo y, especialmente, por seguir amándolo.

—Ojalá nunca hubiese subido a ese bus— susurró entre dientes —Ojalá nunca te hubieses cruzado en mi maldito camino, John Watson. Solo resultaste una maldita mierda en mi vida, una maldita porquería que me... —

— ¡Basta! —

John lo interrumpió con un grito, Sherlock sintió su cabeza retumbar cuando la fuerte voz del rubio se escuchó. Luego, sin que el rizado pudiese reaccionar, John lo tomaba de la chaqueta y lo empujaba contra la pared haciendo que su cabeza se golpease con ella.

—El único hijo de puta aquí eres tú, Sherlock— le dijo de manera agresiva —Ya olvidaste quién acosó a quién cuando te enteraste que estábamos en la misma universidad, ¿verdad? —

Sherlock intentó zafarse del agarre, pero solo hacía que John hiciera más presión sobre él y sus puños.

—Tú me enamoraste y ahora me echas la culpa de esta relación fallida. Dime, Sherlock... — el rizado sintió tan cerca el rostro de John, que sintió su aliento a café chocando en su rostro — ¿Quién es el maldito que cometió todos esos errores que ahora lo atormentan? ¿Quién es el hijo de puta que se droga para olvidar todas esas mierdas que lo persiguen? —

Sherlock sintió una punzada de culpa con esas palabras, Víctor Trevor vino a su mente en ese instante.

—Cállate, mierda— respondió de manera agresiva, luchando contra sí mismo para no llorar

— ¡No me voy a callar! — gritó John —Viniste aquí a joderme la noche, Sherlock, así que te la voy a arruinar yo también—

El rizado no supo cómo, pero de repente, se vio cayendo al suelo sin que pudiera evitarlo. Cuando intentó pararse, sintió los fuertes brazos de John rodear su cuerpo por debajo de los brazos y ser arrastrado sin esfuerzo. Sherlock intentó zafarse, pero debía admitir que la falta de comida en él había disminuido su fuerza hace ya bastante tiempo.

— ¡Suéltame! — gritó con furia

No obtuvo respuesta, más que volver a ser alzado con fuerza nuevamente para, claramente, ser introducido a la tina apenas habían entrado al baño. Alzó sus brazos intentando dar puños que solo dieron al aire. Fue cuando su pie resbaló y cayó de rodilla en la tina, llevándose consigo la cortina.

— ¡Quédate quieto, maldita sea! —

Sherlock sintió desesperarse, la cortina lo había rodeado y él en su intento de quitarla, parecía enredarla más.

— ¡Te voy a sacar la mierda, John Watson! — gritó furioso

Pero cuando intentó ponerse de pie para sacarse esa maldita cortina de encima y aventarse a John a puño limpio, el agua fría lo sorprendió de repente haciendo que su cuerpo se estremeciera. Respiró hondo por el repentino frío e instintivamente intentó salir de la tina.

— ¡Ahh! — Sherlock gritó desesperado

— ¡No te muevas! ¡No te muevas, Sherlock o te irá peor! —

— ¡Déjame! ¡No...! ¡Ahhh! —

El agua estaba jodidamente fría y John se encargaba de mantenerlo bajo ella sin importarle nada.

— ¡John! — gritó finalmente cuando pudo sacarse la cortina de encima — ¡Está fría! ¡Déjame...! —

John lo volvió a empujar metiendo su cabeza debajo del agua malditamente helada.

— ¡No...! ¡Basta! —

Entonces pudo tomar la ropa de John fuertemente y lo jaló hacia él inmediatamente, el rubio hizo contrapeso por lo que de esa manera pudo salir de debajo del chorro de agua helada. Su cuerpo temblaba y sus fuerzas quedaron reducidas a lo suficiente como para sostenerlo tal y cual como había quedado: de pie, pero recostado en el pecho de John, respirando rápidamente tratando de recuperarse mientras traía los ojos cerrados.

Unos momentos después, Sherlock no estuvo seguro cuánto, el agua volvió a escucharse y él se espantó de inmediato intentando salir de la ducha, pero nuevamente los brazos de John se lo impidieron.

— ¡Es agua tibia, Sherlock, tranquilo! —

Dijo John al mismo tiempo que lo empujaba con su cuerpo hacia el agua.

Sí, estaba tibia y Sherlock sintió su cuerpo relajarse de manera inmediata ante esa sensación de calidez rodeando su cuerpo. Cerró los ojos disfrutando del momento, no había sentido eso en tanto tiempo.

Sintió ser tomado de los brazos y gentilmente empujado con la intención de sentarlo en la tina, Sherlock no supo exactamente porqué, pero se asustó e intentó tomar a John como intentando defenderse.

— ¡Shh! Tranquilo, tranquilo—

La voz del rubio se escuchó reconfortante, Sherlock casi no podía verlo de manera nítida debido a su estado, pero distinguía un gesto pacífico el rostro de John.

Finalmente se sentó en la tina y John cerró la llave, Sherlock ya no se sentía de ánimos para seguir con la discusión inicial, además, sus fuerzas ya no le responderían como debe ser si lo intentase.

—Vamos a quitarte esto—

Sherlock fue desojado de su chaqueta de cuero y él solo se dejaba hacer. Un ligero sueño ya empezaba a apoderarse de él.

—Te voy a dar un baño de agua tibia, ¿de acuerdo? —

Vio el rostro de John por unos segundos y su mente se puso en blanco, no supo qué responder siquiera, lo único que sabía era de que ya era hora de bajar la guardia, el enojo, el resentimiento y todas las malditas mierdas restantes. Quería echarse en una cama y dormir, estando con John sabía que haría eso.

Su camiseta fue sacada fácilmente, pero necesitó la ayuda de John para poder volver a pararse y así dejar que el mismo rubio le quitase tanto el pantalón como la ropa interior. Claro, se encargó de quitarle sus sucias zapatillas antes de eso. Luego, John tapó la tina y volvió a abrir la llave, el agua caliente empezó a caer sobre Sherlock nuevamente.

Respiró hondo al sentir el suave masaje de los dedos de John cuando este hacía espuma en sus rizos con el shampoo. Después, la esponja pasaba suavemente sobre la piel de su espalda, sus brazos, sus piernas. Sherlock estuvo casi todo el tiempo con los ojos cerrados, solo los mantuvo abiertos cuando John le alzó el rostro suavemente para pasar la esponja por su cuello.

El rizado veía borroso, pero podía apreciar muy bien la pequeña sonrisa del rubio, no pronunció ninguna palabra, ni siquiera cuando John se acercó y le dio un beso en la comisura de sus labios. Ese momento se sentía tan bien y tan íntimo, que prácticamente olvidó cómo había terminado en una tina de baño en primer lugar.

—Toma, encárgate de eso tú—

Vio a John cerrar la llave, la tina ya estaba con suficiente agua, luego recibió el jabón en sus manos. No lo entendió al principio, pero después de darse cuenta que lo único que faltaba lavar eran sus genitales, Sherlock sintió sonrojarse un poco (un poco tonto dado a que ya habían estado juntos antes).

—Pondré agua a hervir para que tomes algo caliente—

Dicho eso, John se levantó, se secó las manos, tomó la ropa y salió del baño —No te levantes, espérame— dijo justo antes de cerrar la puerta, dejándolo solo por un rato.

Miró alrededor del baño por unos segundos hasta que sus ojos se toparon con los embaces encima de la tina. No pudo distinguir bien los detalles, pero apreció dos tipos de shampoo y otro jabón más... no tardó en entender que el novio de John pasaba bastante tiempo en ese departamento. Le dolió saberlo, no podía negarlo, pero decidió ignorarlo y terminar de asearse solo.

Cuando terminó estiró sus largas piernas mientras se hundía en el agua hasta el cuello, el agua tibia se sentía tan bien, no sabía lo mucho que había extrañado eso, pues luego de vivir en la calle por tanto tiempo, estar ahí era prácticamente un lujo. Cerró los ojos y respiró hondo sintiendo cada uno de sus músculos relajarse con mucho agradecimiento.

Así estuvo en silencio hasta que John volvió a entrar, traía una toalla en el brazo, algunas prendas más y se había cambiado de camiseta. Sherlock se volvió a sentar.

—No te hundas en el agua, está muy sucia. Ven, párate—

John lo tomó de sus brazos y así pudo pararse sin tropezarse.

—Mira lo sucio que estabas, el agua está oscura, Sherlock—

Sherlock se sintió algo avergonzado por eso, así que no respondió y dejó que John enjuagara su cuerpo con el agua tibia luego de que este destapara la tina para dejar correr el agua sucia. Las manos de John pasaban gentilmente por su cuerpo, sobando su piel con esmero mientras él sentía un calor en su pecho que lo hacía sentir tan bien, seguro y querido.

Sherlcok odiaba saber que no podía evitar amar todo lo que provenía de John. Por más que se lo haya prohibido, sus sentimientos eran tercos y surgían cuando más necesitaba alejarlos.

El rizado había permanecido con los ojos cerrados casi todo el rato, sentía el sueño apoderarse de él bastante rápido. El agua dejó de correr, Sherlock obligó a sus párpados a abrirse y su mirada coincidió con los ojos azules del rubio, este lo miraba con una pequeña sonrisa por lo que no pudo evitar quitar su mirada. No por vergüenza, sino porque cierta parte de su orgullo se negaba a ceder completamente.

Una toalla fue colocada en su cabeza para luego sobar suavemente sus cabellos, Sherlock sentía que caería dormido en cualquier momento, era como un masaje para él después de tanta tensión acumulada.

—Ven— dijo John —Tengo ropa que puede quedarte—

Sherlock salió de la tina con cuidado, apoyándose y confiando que John lo sostenía con suficiente firmeza por si resbalaba. Su equilibrio no estaba bien del todo todavía. Secó el resto de su cuerpo y luego una camiseta blanca fue colocada en él.

—No te daré ropa interior y de la tuya no quiero hablar ¿de acuerdo? —

Sherlock sonrió de manera divertida, era vergonzoso, pero el tono de voz de John había sonado lo suficientemente gracioso como para no sonrojarse por eso.

— ¿Crees que puedes ponerte el pantalón tú solo? —

Sherlock tomó la prenda entre sus manos y, por supuesto, la talla de ese pantalón no era la de John, era obvio que le pertenecía del idiota de su novio. Por un momento consideró en rechazar la oferta, pero andar sin ropa interior tampoco era algo que quería.

Se apoyó en el lavamanos y empezó a ponérselo en silencio, mientras John secaba el piso. Se sentía casi cotidiano y normal ese pequeño momento que Sherlock pensó que, si un día hubiese vivido con el rubio, tal vez hubiera sido bastante sencillo.

— ¿Estás listo? — John se secaba las manos con una toalla —Ya debió haber hervido el agua, te daré un café bien cargado—

—No... no es necesario— respondió Sherlock aun recostado en el lavamanos

—Oh, claro que sí—

El rizado sintió las fuertes manos de John tomarlo de los brazos para ser guiado hasta la mesa. El departamento en sí (o algo parecido) era tan pequeña que John prácticamente no tenía una sala, solo era un espacio donde la cocina y el dormitorio estaban separados por unos muebles y la pequeña mesa.

—Toma, luego irás a dormir—

¿Cuándo había sido la última vez que había tomado otra cosa que no sea cerveza? Sherlock sintió cierta impaciencia por sentir el sabor del café cuando el olor de la misma le llegó al rostro.

—Imagino que no has estado en una cama decente desde hace tiempo—

La voz de John se sintió suave y las manos del mismo empezaron a acariciar sus rizos aún algo húmedos, Sherlock se sintió tentado de abrazarlo y estrujarlo contra su pecho. John estaba tan cerca de él que podía sentir su calor. Entonces, como si supiera lo que sentía, sintió la mano de John descender por su cuello y terminar en su hombro para así atraerlo hasta su pecho en un pequeño abrazo.

El corazón de Sherlock se regocijó y la tentación creció en él, pero cuando consideró en corresponder el gesto, sus ojos se posaron en, coincidentemente, un uniforme militar cuidadosamente doblado encima de uno de los muebles al lado de la cama. No había probabilidades de que sea de John, no había motivo ni mucho menos alguna excusa en esa época del año para un uniforme militar, así que la conclusión era obvia, el novio de John era un militar en servicio.

Se sintió herido y reaccionó ante ello como lo haría un niño, alejándose del abrazo inmediatamente. Tomó la taza con café y empezó a tomar.

El cuerpo de John siguió cerca de él por un momento más, luego simplemente se alejó en silencio. Sherlock decidió ignorar ese pequeño sentimiento de culpa que sintió en el pecho.

—Supongo que lo único que le impide mudarse aquí es el hecho de este lugar es una ratonera—

El rizado soltó las palabras casi sin pensarlo luego de tomar un poco del café, diría que se sentiría mal por ello, pero dado a las circunstancias y a su afán de ignorar los sentimientos que afloraban en él, Sherlock sentía la necesidad (y en el derecho) de joderle un poco, aunque lo esté ayudando.

— ¿Qué? — preguntó John

Sherlock rodó los ojos y bebió un poco más.

—Parece que hablas estupideces cuando estás ebrio—

—Imbécil— susurró Sherlock, pero no fue lo suficientemente bajo

—Oye, estás sin ropa y afuera está nevando, no te conviene joderme ahora, los sabes ¿verdad? —

—No te atreverías a echarme—

Un sonoro suspiro con clara molestia se escuchó y Sherlock sonrió de lado por ello mientras escondía su rostro detrás de la taza.

—Me sorprende que no hayas recogido perros de la calle—

—Bueno, ya empecé conti... —

—Oh, es verdad— dijo con sarcasmo el rizado e interrumpiendo a John —Sí lo haces y empezaste con el imbécil de tu novio—

No podía ver con claridad los detalles de la mirada de John, pero podía notar el enojo en él y eso, aunque sonara estúpido, era satisfactorio. Lo quería joder, lo quería molestar... porque lo había cambiado por un idiota, un estúpido militar.

—Ya basta, Sherlock— la voz de John sonó firme y grave —Pude haberte devuelto a la calle a patadas, pero... —

—Pero no pudiste contigo mismo— volvió a interrumpir —Me bañaste, me acogiste como a un maldito perro y me diste la maldita camiseta de tu novio. Yo no pedí tu estúpida ayuda en primer lugar— Sherlock golpeó la mesa depositando la taza con ligera fuerza, haciendo que un poco de café se derramara —Necesitas ser gentil y ayudar a los demás porque no pudiste lograrlo en tu casa. Dime John, ¿qué problemas tenía él? ¿no encontraba el amor y llegaste tú y lo ayudaste a conocerse a sí mismo? —

Mycroft tenía razón, sus sentimientos eran intensos y difíciles de manejar y eso le hacía tomar malas decisiones, como en esos momentos, que dejó que nuevamente su rencor aflorara arrojando palabras venenosas que no solo se suponía que hieran a John, sino que también le hicieran daño a él porque, muy por dentro, sentía que lo merecía por ser tan ingenuo y estúpido.

—Desperté algo en ti ¿no es así? Ahora no solo buscas mujeres, ahora los maricones están en tu lista, ¿qué tuvo él que tanto te gustó? —

—Sherlock— advirtió John

—Militar y gay, no me digas, inseguro de sí mismo, ocultaba su opción sexual y de pronto llegas tú y le hiciste ver que culear con otro maricón no tenía nada de malo. Qué bonita historia de amor, ¿ya le contaste quién fue el que te enseñó eso primero? —

De todas las probabilidades que Sherlock hubiera podido deducir de cómo sería la respuesta de John ante sus palabras, él nunca (tal vez solo por la cerveza) hubiera podido imaginar una fuerte cachetada que le sacudiera toda su aturdida y confundida cabeza. De hecho, no supo lo que había pasado hasta unos segundos después cuando sintió el dolor en su mejilla derecha y llevó su mano instintivamente para sobar su adolorida piel.

—Tú no tienes ni idea de lo que estás hablando, Sherlock, no tienes ninguna maldita idea de todo lo que he pasado en estos meses, ¡así que cierra tu maldita boca de una vez! —

Sherlock no supo qué decir, aún se sentía aturdido por el fuerte y repentino golpe, quedó mirando a John en silencio mientras su mejilla seguía ardiendo.

El silencio incómodo siguió presente hasta que el pesado suspiro de John lo cortó, el ruido de la ciudad se filtraba como susurro entre ellos.

—Ve a dormir— dijo John con voz de mandato —Te hará bien descansar—

Parte de la personalidad Sherlock era simplemente dar la contra a lo que se le dijera porque... bueno, porque sí y John no sería la excepción. Así que se levantó de inmediato, no dejaría que el imbécil de John Watson le dijera qué hacer, se iría de ahí y se perdería en alguna calle de la ciudad.

— ¿Qué haces? —

—Me largo— respondió él caminando hacia la puerta

— ¿A dónde se supone que irás vestido así? —

Mierda, había olvidado por completo su ropa, moriría congelado si salía con lo que traía puesto.

—Mi ropa, ¿dónde...? —

—La puse a lavar— le interrumpió John —Estaba húmeda, tampoco te la podrías poner de todas maneras—

—Me importa una mierda, Watson, devuélveme mi maldita ropa ahora—

Nuevamente, Sherlock fue tomado por sorpresa por la reacción de John, este lo tomó de la camiseta y, prácticamente arrastrándolo sin problemas, lo tiró en la cama sin decir ni una palabra. La caía fue algo brusca que hizo que su cabeza doliera, pero luego de eso, su cuerpo no dudó en responder ante la suave plataforma, sintió una placentera sensación de por fin estar sobre una superficie perfectamente cómoda.

John lo empujó ligeramente para tomar la sábana y taparlo con ella, el rizado quiso quejarse, ir en contra, pero su cuerpo pedía a gritos que cerrara los ojos de una maldita vez y durmiera como no lo hacía hace tanto tiempo.

Desde ese momento, Sherlock no supo más del mundo, desapareció en un sueño profundo y no despertó hasta ya muy de madrugada, casi amaneciendo. No sabía por qué había abierto los ojos, pero cuando lo hizo, el rostro de John yacía frente a él, casi enterrado en la almohada y la boca ligeramente abierta. Era una imagen tan bella, tan tierna, la luz de la calle que se filtraba por la ventana y hacía que la penumbra no sea total en el pequeño departamento, por lo que observar el rostro de John era más que placentero para él.

Seguía ebrio, eso sentía, aunque no tanto como antes, pero lo estaba y por eso estaba seguro de que todo lo que sentía en esos momentos, serían buenos recuerdos cuando el efecto del alcohol se le pasara.

Entonces, sin que Sherlock lo pensara, su mano se levantaba para acariciar el rostro del rubio. Con mucho cuidado le pasó sus dedos en la mejilla sintiendo la suavidad de la piel. Tal parece que no pudo hacerlo con suficiente delicadeza, pues John empezó a moverse y abrir los ojos lentamente, Sherlock sintió un poco de vergüenza cuando los ojos azules finalmente lo miraron.

— ¿Necesitas algo? — susurró John

Sherlock luchó contra sus ganas de abrazarlo, el calor que irradiaba el cuerpo de John lo llamaban como si ambos fueran dos imanes.

— ¿Qué hora es? —

—John... — dijo Sherlock sin siquiera pensarlo e ignorando la pregunta —yo... lo lamento—

Cuando sus sentimientos reinaban en él, sherlock sabía perfectamente que hacía cosas sin siquiera meditarlas, era como si su cuerpo tuviera voluntad propia o su cerebro simplemente era alguien totalmente ajeno a él que tomaba decisiones propias. Aquella disculpa nunca fue planeada ni siquiera segundos antes, las palabras simplemente habían salido de sus labios.

John sonrió adormilado —Estabas ebrio y cuando... — un no tan inesperado pero inevitable bostezo por parte de John lo hizo sonreír —y cuando estamos ebrios decimos estupideces— terminó su frase

—Sigo ebrio—

—Bueno— John sonrió divertido —Tu disculpa es una excepción—

Sherlock volvió a llevar su mano al rostro de John y cuando este lo detuvo, el rizado sintió una punzada en el corazón creyéndose rechazado; sin embargo, el rubio hizo algo que él no se hubiera esperado, guió su mano hacia su boca y la beso con ternura.

— ¿Te sientes mejor? —

Entonces, nuevamente, como si no mandara en su propio cuerpo, Sherlock se vio sorprendido a sí mismo cuando sus labios chocaron suavemente con los de John. No sabía en qué momento lo había decidido, simplemente lo había besado. No sintió ser correspondido hasta dos segundos después, cuando John hizo un poco más de presión abriendo ligeramente los labios.

¿Qué significaba todo eso? ¿Qué se supone que pasaría después? Sherlock podía tener todas esas dudas creciendo dentro de él, pero todas se esfumaron cuando la mano de John se hizo camino desde la su cintura hasta su rostro donde el rubio lo tomó para hacer de ese beso, uno apasionado y deseoso.