La historia es una adaptación del libro de Tijan y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.

Epilogo

—Isabella.

Caminé hacia la oficina de Zafrina y me senté en la misma silla que había estado usando por los últimos diez meses. No quería hacer estas sesiones. Ni siquiera quería admitir que las estaba haciendo, pero aquí estaba. Les había prometido seis sesiones a mis padres, y esta era la décima. Viva yo. Pongan una estrella en mi archivo.

Asentí en modo de saludo, cruzando mis brazos en mis piernas.

Zafrina se tomó un segundo, probablemente evaluando mi postura, y se apartó de su asiento.

—¿Qué está pasando?

Sabía a qué se refería, pero aun así me hice la tonta. No sabía por qué. No podía ganar una estrella dorada en eso de las tácticas.

—¿A qué te refieres?

Ella sonrió momentáneamente, asintiendo.

—Tú sabes.

Esa era nuestra relación, justo así. Ella sabía que yo sabía. Yo sabía que ella sabía que yo sabía, y aun así jugaba el juego. Y ella simplemente me lo decía.

Nunca quería estas sesiones, pero había bajado mis paredes lentamente en los últimos diez meses, incluso yendo cuando no tenía. Pero hoy era el día. Sería el día en que finalmente diría qué estaba sucediendo conmigo, porque hasta este día, había sido otra táctica oculta mía.

—Está bien. —Dejó escapar un suspiro, recargándose en su asiento—. En verdad, ¿qué sucede contigo?

Nunca quería hablar sobre Irina.

Ella había sido la razón por la que mis padres querían que hiciera estas cosas, porque había entrado y encontrado su cuerpo primero. No había sabido que ella se sentía así. Existían señales de advertencia, pero no sabía cómo leerlas. Sabía eso, pero no era lo mismo para todos. Sabía eso también.

Tosí, aclarando mi garganta.

—Ella tenía cambios de humor.

Zafrina se movió hacia adelante.

—Esa es una de las señales, ¿verdad? —Aparté la mirada.

—Sí. —La vi asintiendo por el rabillo del ojo—. ¿Buscaste las señales, o solo estás adivinando?

No tenía que adivinar.

—Ella iría en esas direcciones, solo molesta por todo. Pensé que era porque nos estábamos mudando.

—Sí. Puedo ver porqué estarías confundida.

Pero no había terminado.

—Ella también se apartó de todos.

—Sí. Mencionaste eso una vez.

—Ella y Mike terminaron, pero pensé que también era porque nos habíamos mudado. Más tarde, Serena me dijo que también le había dejado de hablar.

—Serena era de Irina…

—Su mejor amiga —agregué—. No sabía eso, pero Serena me dijo cuando vino hace unos meses.

—Cierto. Mencionaste su visita.

Quería reírme de ello, pero ningún sonido salió de mí. Nunca le dije a Zafrina sobre la noche con Maria Witts, no porque se lo estaba ocultando, sino porque no era algo que necesitara procesar. Maria Witts nunca me lastimó. Ella en realidad me ayudó, y no quería pensar más en ella.

—Ella también estaba durmiendo demasiado, y luego algunas noches… —Algunas noches ella estaría ejercitándose. Algunas noches ella dormía dos horas, y otros días dormía doce horas.

—¿Algunas noches?

Negué.

—Pensé que tenía un desorden alimenticio. No sabía que era suicida. Ella nunca… —Mi garganta estaba quemando de nuevo—. Sintiéndose desamparada, pensando en querer morir, sintiéndose atrapada, sintiéndose como una carga, un dolor insoportable…

Seguí enlistando los síntomas. La lista que se había quedado grabada en mi memoria desde el trece de junio, el verano pasado.

—Solo pensé que tenía un desorden alimenticio, y no lo tomé en serio. Pensé que ellos la ayudarían. Solo pensé…

¿Cómo haces esto? ¿Cómo hablas sobre cómo perder a una persona, pero no debió de ser para la otra?

Zafrina se movió más hacia adelante, inclinándose para que sus brazos descansaran sobre sus piernas.

—Isabella, estoy confundida. —Su voz era tranquila. Siempre era tan tranquila. Se detuvo como si estuviera insegura de qué decir, pero sabía que no podía ser verdad. Los consejeros saben qué decir. Ellos entienden cosas que el resto de nosotros no. Nos entienden cuando no podemos entendernos a nosotros mismos.

¿Verdad?

Luego Zafrina volvió a hablar, su voz todavía suave y delicada, como si estuviera tratando de engañarme a abrirme con ella.

—No había querido hablar sobre la nota de suicidio de tu hermana, pero sé que la leíste. Tus padres me dijeron. Estaba junto a ella cuando ella, cuando tú… —Otra tos incómoda—. Cuando la encontraste. Tu madre me dijo que estaba en tus manos, pero no hablarías de ello ni lo reconocerás. Creo que…

Sí, Zafrina. Dime qué es lo que piensas. Dime cómo se supone que tengo que procesar la perdida, y más importante, dime cómo se supone que diga la verdad sobre el peor día de mi vida. Dime, por favor.

Me enfurecí con ella en mi cabeza, pero ninguna de esas palabras salió de mis labios. Era una estatua, mi cabeza hacia otro lado, mi expresión de piedra usual firmemente en su lugar.

Sí, había grietas. Sí, había unas cortadas que sanar. Sí, tenía una nueva capa en el exterior. Mi vida había cambiado. No era exactamente mejor. No existía mundo donde pudiera decir que estoy mejor sin mi hermana, pero era diferente.

Existían días en los que me sentía bien. Había días donde estaba convencida que ya tenía mi felices por siempre. Había días en los que me sentía más fuerte que nunca. Pero luego estaban estos días donde extrañaba tanto a Irina que solo quería hacerme bolita y llorar. Había días donde todo mi interior dolía tanto que estaba convencida en que perdería un pulmón o mi hígado, o la mitad de mi corazón. Esos días eran en los que entendía lo insoportable que había sido su dolor.

Pero todavía existía algo que nadie más sabia. Solo Irina.

Era algo que me engañaba a veces, a pensar en un universo alterno. Si pensaba en ello, la grieta en mi interior se abriría por completo, y todo caería. Y no sabía cómo sobreviviría si eso sucediera, pero tenía que hablar de ello hoy.

Diez meses de terapia. Casi un año desde la muerte de Irina.

Había sanado. Me había vuelto más fuerte. Había perseverado, pero esta cosa todavía me perseguía. ¿Quizás es la verdadera razón por lo que Irina me perseguía? Ella ya no estaba tanto alrededor, pero todavía la sentía, y siempre supe que ella quería que dijera la verdad, pero me aterraba.

Mi voz me dejaría, literalmente, en estas ocasiones. Era como si estuviera demasiado asustada de hablar al respecto, porque estaba demasiado avergonzada.

—¿Isabella? —Zafrina había acercado su silla mucho más—. ¿Qué te sucede? —Su mano tocó la mía—. Estás temblando.

—Estoy mejorando.

—Sé que lo estás haciendo. —Escuché el orgullo en su voz. Su mano apretando la mía—. ¿Jasper y tú están bien?

Asentí.

—¿Fueron al baile juntos? Vi las fotos en el periódico local. No me había dado cuenta que hicieran eso, pero supongo que cuando es Jasper Jensen, todo pasa, ¿verdad?

—Él fue el rey del baile.

Ella levantó su mano y se sentó. Se estaba sintiendo cómoda de nuevo.

—¿Fuiste la reina del baile?

Negué.

—Alice fue.

—¿Y te sentiste feliz por ella?

Moví la cabeza en la otra dirección, arriba y abajo en esta ocasión.

—Sí. Se lo merecía. Ella es ahora una de las chicas más populares.

—Si recuerdo correctamente, tú tuviste algo que ver en ello, ¿no es verdad? La tomaste bajo tu ala, como Irina lo hizo contigo. ¿Estoy en lo correcto?

Dios. Mi garganta estaba ardiendo.

Nunca se iría. Me di cuenta entonces.

La miré, encontrándome con su mirada, y las palabras me ahogaron.

—Nunca voy a sanar por completo, ¿verdad?

La tristeza en sus ojos me respondió, pero ella dijo:

—Perder a un gemelo es como perder a una madre, o a un padre, o a tu alma gemela. Solo puedo imaginar que sería mucho, pero de cierta manera. Así que no, Isabella. Creo que es un hoyo que sentirás el resto de tu vida. —Sus labios se juntaron, y se volvió a acercar, lo suficiente para tocar mis rodillas—. No creo que este año fuera para que sanaras o superar la muerte de Irina. Creo que fue para aprender cómo poder seguir, y creo que hiciste un trabajo remarcable.

Pero ella no sabía.

Nadie sabía.

Excepto Irina.

—¿Querías hablar sobre la nota de suicidio de Irina?

Sus ojos se abrieron en sorpresa. Yo lo había mencionado, no ella. Esto no era cómo funcionaban las cosas.

—Sí. Quería hablar de eso contigo en las últimas sesiones, pero parecías mucho mejor cuando entrabas, así que no saqué el tema. —Su cabeza se inclinó—. ¿Quieres hablar de eso hoy?

No. Pero tenía que hacerlo.

—Irina nunca habló sobre sentirse atrapada o desamparada. Ella nunca habló del suicidio, pero esos son algunas de las señales.

—Existen otras, pero sí. La lista que mencionaste antes son señales de advertencia, si las personas la buscan, pero a veces, es realmente difícil ver todo de la manera en que es, o por lo que es. Tus padres estaban preocupados por tu hermana, pero también por ti. Mudarse justo en el último año de la secundaria, puede ser molesto para cualquier adolescente. Pero Isabella, no puedes echarte la culpa por no ver las señales.

Negué.

—Irina nunca hablaba de eso.

—Quizás no, pero era lo que estaba sintiendo. Hablaba sobre sentirse invisible, sentirse poca cosa, no ser capaz de compararse con sus hermanos. Puedo decirte que, aunque no dijera las palabras, estaba sintiendo todas esas cosas.

El tono de Zafrina cambió, y luego frunció el ceño, mirando al suelo por un momento.

—Me siento confundida sobre la dirección de esta conversación. Pareciera como si no creyeras los sentimientos de tu hermana. Todo estaba en la nota de suicidio. —Volvió a tomar mi mano. Había usualmente una política de no contacto con Zafrina. A ella ni siquiera le gustaban los abrazos, que estaba bien conmigo. Me gustaba tocar a Jasper, y me gustaba abrazar a Robbie, pero era todo. No importaba el progreso de un año, todavía me apartaba de mis padres y los demás. No era que no los amara o no me gustaran; era solo yo. Había sido yo desde que murió Irina.

Cambié ese día.

Todo lo que había sido antes del veintinueve de junio fue eliminado. Cuando me recosté junto a Irina, fue como si tomara todo mi dolor; ella se llevó mis cargas.

Lo sentí presionándome. Sabía que lo compartiría, pero antes de que lo hiciera, necesitaba asegurarme que Zafrina lo entendiera.

Volví a murmurar.

—Ella nunca dijo nada. No sobre eso.

Ella se acercó incluso más.

—Pero tú estás hablando. Tú estás diciendo algo.

Sí…

—Estoy bien —le dije.

—No, lo sé…

Ella no lo sabía. Tenía que asegurarme que lo entendiera.

—Irina murió, y yo viví. Yo rio. Yo amo. Yo siento felicidad, pero este año ha sido tan difícil. Quise estar con ella algunas veces, pero no lo hice. No podía. Tengo a Seth dependiendo de mí. Mis padres me necesitan. Y tengo a Jasper. Lo amo, sé que estaremos bien. Seremos felices. Quiero decir, sí, tendremos problemas, y batallaremos. Todos lo hacen. Todas las relaciones tienen altos y bajos, pero estaré bien. Yo estaré bien.

—Lo sé. —Pero todavía tenía el ceño fruncido, luchando para entender lo que le estaba diciendo.

—No voy a discutir contigo sobre lo que Irina sintió. Sé que estaba herida. Solo que no sabía lo mucho que lo hacía, y desearía…

Mi voz se rompió. Regresó a no trabajar, y tuve que esperar un momento. Un respiro, dos, tres, y luego pude volver a hablar.

—Desearía poder haber visto más de lo que vi. Desearía que hubiera hablado con ella, pero estaba tan encerrada conmigo misma. Solo podía ver con lo que estaba lidiando, y nunca pensé…

Mi voz volvió a detenerse. Tuve que esperar mucho más esta vez. Treinta segundos, y luego, lo volví a intentar.

—No se supone que sería ella. No se supone que yo sería la que seguiría y brillaría. Ese siempre fue su papel —lo repetí—. Ella nunca habló. Estoy hablando ahora.

Zafrina se enderezó, una mirada de horror en su rostro, pero tomé sus manos antes que pudiera recargarse de nuevo en su silla, y finalmente le dije lo que había estado escondiendo de todos.

—No sé cómo la encontró. No sé porqué la tenía con ella, pero ella no escribió esa nota. No leí la nota de suicidio de Irina porque no era suya. —Dejé ir las manos de Zafrina y me recargué, finalmente, finalmente sintiendo algo de paz mientras compartiría mi último secreto—. Era mía.


Se vieron venir este epilogo? Porque la primera vez que leí esta historia quede sorprendida. Veran que les deje la carta de la autora, me parecio importante ponerselas.

Quería agradecerles por acompañarme en esta historia, que tanto temor me daba en adaptar. También quería decirles que ya esta publicada la nueva historia que adapte y es un EmxB, se llama The Player.