Capítulo 29

Conectada.

Rachel Berry está conectada.

Perfecto, pensó Quinn.

Llevaba casi media hora sentada frente a su ordenador, y la notificación de conexión de la morena en el chat de la página del Glee Club, consiguió que su estado anímico mejorase tras la cena con su familia.

Hacía casi 5 horas que habían regresado del campamento en un viaje tranquilo en el que Quinn pasó parte del recorrido completamente dormida, tratando de erradicar la maldita resaca que la acosaba desde que despertó por la mañana. Pero la llegada a su casa no fue igual de tranquilo.

Tras despedirse de Rachel y el resto de compañeros del curso, se encontró con la visita de su hermana Frannie, su marido y el pequeño Scott. Una autentica tortura para para ella, ya que no mantenía buenas relaciones con su hermana mayor, y menos aún con su cuñado.

Solo el pequeño lograba sacar su sonrisa, y conseguía que el suplicio de tener que soportar las continuas críticas de su hermana mayor, quedasen en un segundo plano. Y es que, a pesar de verlo en contadas ocasiones, la conexión entre ellos era total. Al pequeño le fascinaba que su tía favorita le regalase divertidas muecas mientras su madre protestaba por todo. Y a Quinn le llenaba de orgullo que su único sobrino, buscara desesperadamente su atención cada vez que la veía. Sobre todo, cuando las reuniones o las cenas se convertían en una tortura para ella.

Aquella no lo fue menos. Quinn no tardó en buscar el refugio de su habitación tras dar por finalizada la misma, excusándose en el cansancio provocado por el viaje.

La había echado de menos. Sobre todo, a su cama, más aún después de haber estado durmiendo en un colchón hinchable. Pero no pudo evitar sentir la nostalgia de saber que, aunque su cama era muchísimo más cómoda y firme, aquella noche ya no volvería a lamentarse por el continuo movimiento que provocaba Rachel a su lado, o como rozaba su espalda, mientras trataba de evitar que la lona de la tienda de campaña siguiera golpeando su cabeza. Algo que estuvo sucediendo durante las 6 noches que compartieron hogar, a pesar de tensar los cables cada mañana. Incluso iba a anhelar su famosa cuenta regresiva, esa que cada noche emprendía mentalmente, y terminaba llegado a susurrar sin ser plenamente consciente. Contagiándola a ella también.

No. Allí en su habitación no iba a estar Rachel, y eso también propició que la cena con su familia, fuese de todo menos agradable.

Sin embargo, la opción que le ofrecía el chat de la página del Glee Club, podría al menos aliviar esa necesidad que empezaba a acusarla por hablar con ella. Aunque fueran un par de minutos antes de dormir.

Lo que no sabía, era que ni siquiera iba a tener que ser ella quien diese el primer paso. De hecho, el sonido de la notificación en la pantalla de su ordenador, la pilló colocándose el pijama.

Rachel dice:

¿Quinn? ¿Estás? 22:12 pm

Quinn dice:

Si, estoy… ¿Qué tal? 22:14 pm

Rachel dice:

¿No estás dormida aún? 22:14 pm

Quinn dice:

Eh…no, estoy hablando contigo . 22:15 pm

Rachel dice:

Tienes razón, no sé lo que digo. 22:16 pm

Quinn dice:

¿Qué te ocurre? 22: 17 pm

Rachel dice:

Te has dejado una camiseta en mi maleta. Has debido colocarla ahí por error. 22:18 pm.

Quinn dice:

¿Una camiseta? ¿Mi pijama? 22: 19 pm

Rachel dice:

Si. La de las ovejitas. 22:20 pm.

Quinn dice:

Ok. La estaba buscando antes. 22:21 pm

Rachel dice:

¿Los necesitas ahora? Si quieres voy a llevártela. 22: 22 pm

Quinn dice:

No es necesario. Tengo más pijamas. 22: 23 pm

Rachel dice:

No me importa llevártela, ¿eh? 22: 24 pm

Quinn dice:

Es tarde. Ya me la devuelves mañana. 22: 25 pm

Rachel dice:

Ok, mañana te lo llevo al curso 22: 26 pm

Quinn dice:

Perfecto, pero procura dármela antes de entrar. No quiero que todos vean mi pijama ;) 22:27 pm

Rachel dice:

Todo el campamento te ha visto en pijama. No se van a sorprender ahora, pero seré buena. Te la entrego antes. Por cierto, ¿cómo está tu cabeza? 22:28 pm

Quinn dice:

No muy bien, llegar a casa y encontrarme con mi hermana y su marido no ha sido buen remedio para que deje de dolerme. 22:29 pm

Rachel dice:

Había olvidado que estaban en tu casa, ¿fue mal? 22:30 pm

Quinn dice:

¿Mal? No, peor. Mi hermana no para de recriminarme cosas y su marido duplica su intensidad. Menos mal que Scott aún es pequeño y solo sonríe. 22: 31 pm

Rachel dice:

¿Tiene la misma sonrisa que su tía? 22: 32 pm

Quinn dice:

No, es mejor aún. 22: 33 pm

Rachel dice:

Guau, eso quiero verlo. 22: 34 pm

Quinn dice:

Bueno, si quieres puedes venir cualquier día de esta semana y lo conoces. Te vas a enamorar de él sin duda. 22:34 pm

Rachel dice:

Eso es lo que me faltaba, enamorarme de tu sobrino. 22:35 pm

Quinn dice:

Es un riesgo importante, la verdad. 😊 22: 36 pm

Rachel dice:

Lo sé. 22: 37 pm

Quinn dice:

Hablando de sobrinos lindos, creo que Dave está haciendo algo con él en el pasillo, ¿me esperas? 22: 38 pm

Rachel dice:

Claro, espero… 22:38 pm

¿Como no iba a esperar? Pensó. Era la primera vez que mantenía una conversación con ella por esa vía, ya que la única vez que le habló fue la noche que se encontraron en el bar con las demás chicas y apenas cruzaron varias frases. Ahora, sin embargo, era Quinn quien le pedía que le esperase allí para seguir hablando, a pesar de la hora, a pesar de tener visita en casa y de mantener el dolor de cabeza que venía aquejándola durante todo el día.

Encontrar su camiseta de pijama dentro de su maleta, fue la mejor de las excusas para ponerse en contacto con ella antes de dormir, algo a lo que casi se había acostumbrado en aquellos últimos días en el campamento.

Ya no estaba la tienda, ni estaban los árboles ni la fogata. En su habitación todo seguía en orden, como siempre lo había estado, pero no iba a permitir que Quinn no estuviese ahí, al menos de manera virtual.

Trató de llamarla en varias ocasiones, pero le resultaba imposible hacerlo. Sobre todo, sabiendo que al día siguiente iban a volver a verse en el curso. Verla conectarse en la web fue lo mejor para evitar darle vueltas al asunto.

—¿Qué hacéis? —preguntaba al tiempo que abría la puerta de la habitación y se encontraba a Dave con el pequeño Scott entre sus brazos, con una mueca traviesa en el rostro de ambos.

—Nada. ¿Verdad, campeón? Solo jugábamos.

—¿Jugar? Debería estar durmiendo. ¿Qué haces con él? ¿Sabe Frannie que está despierto?

—Sí. Lo sabe. De hecho, yo estoy tratando de dormirlo antes de que tú nos interrumpieras…

—Ya, claro…

—¿Y tú? ¿Qué haces aún despierta? ¿No decías que estabas muy cansada? — preguntó adentrándose en la habitación con el pequeño entre sus brazos.

—Sí, pero estaba revisando mi correo —se excusó al tiempo que volvía a tomar asiento frente al escritorio.

—¿Estás hablando con Rachel? —cuestionó curioso al ver la pequeña pantalla de chat.

—Sí, he olvidado varias cosas en su maleta, y me lo estaba diciendo —respondía al tiempo que cerraba la pantalla, tratando de evitar que pudiese leer nada más.

—Ok. Oye. Me han escrito unos amigos de Chicago proponiéndome un plan para la semana que viene.

—Pues muy bien. Me alegro por ti —respondió con ironía justo cuando Dave decidía entregarle al pequeño.

—¿Por qué me atacas así?

—No te ataco. Solo te digo que me parece bien que tengas planes…

—Ya, pero lo dices con sarcasmo o ironía, y no está bien, querida prima…

—No vuelvas a llamarme así. Todavía trato de asimilar que le hayas hecho creer a Rachel que somos primos.

—Como si lo fuéramos. Ok. No me distraigas —le ordenó justo cuando Quinn iba a replicarle—. Si te he dicho lo de Chicago, es porque igual te interesa acompañarme.

—¿Qué? ¿Y qué pinto yo en Chicago contigo?

—Festival de música en Wheaton. ¿Qué dices?

—¿Qué digo de qué? —cuestionó mientras jugueteaba con el pequeño.

—¿Qué si te vienes conmigo?

—¿Yo? ¿Qué hago yo en un festival de música?

—Vamos Quinn, ¿no te quejabas de lo aburrido que era tu verano? Pues te estoy ofreciendo pasar un par de semanas en Chicago, escuchando buena música en directo, y por supuesto sin profesores que nos vigilen.

—No voy a ir a Chicago. Estoy bien aquí. Además, no quiero dejar el curso.

—Miller dijo que la semana siguiente era de vacaciones. No tienes excusa.

Sí, sí que la tenía, pero no quería decirla, porque Rachel era la culpable.

Ahora que todo parecía ir bien entre ellas, que las clases particulares de dibujo iban a seguir sucediendo y, probablemente, alguna que otra salida los fines de semana, no tenía esa necesidad de distraerse para no pasar el verano completamente a solas. Era cierto que el plan que ofrecía Dave, a pesar de ser algo que ella jamás había hecho ni vivido, le resultaba bastante tentador. Pero no tenía intención alguna de aceptarlo.

—¿Por qué no llevas a Mel? ¿No querías ir a Cleveland?

—No, no creo que vuelva a verla mucho más.

—¿Cómo? ¿Por qué?

—No tenemos demasiadas cosas en común. Es buena chica y está muy bien, pero no, no da para mucho más.

—O sea que te has acostado con ella y ya no te interesa.

—No digas eso, suena muy mal.

—Es lo que me estás diciendo, con otras palabras, pero eso, al fin y al cabo.

—Bueno, pues será así. Pero lo cierto es que ella tampoco es que se moleste mucho. Lo pasamos bien y ya.

—¿Sabes? Algún día lo vas a pasar mal. Algún día te vas a enamorar de alguien que te termine utilizando, como tú lo haces con las chicas, y te vas a dar cuenta de lo que puede llegar a doler algo así.

—Hey, que yo no utilizo a nadie —la interrumpió—. De hecho, fue Mel la que se lanzó en la tienda. Y tú será mejor que calles, porque eres exactamente igual que yo.

—¿Yo? ¿Qué dices?

—Tú has hecho que Rachel se te lance, así que no vayas de digna y fardando de moralidad.

—¿Qué? Yo no he hecho que…

—¿Crees que no sé qué entre tú y ella ha habido fiesta? —la interrumpió de nuevo— Y no solo una vez. Has ido a por todas con ella, y no me lo puedes negar. Te vi besándola en el lago ayer, y en la tienda de campaña, Mel…

—Lárgate de aquí, Dave —masculló tratando de evitar aquel tema de conversación.

—¿Qué pasa? ¿Me lo vas a negar? Yo he reconocido que Rachel ha caído en tu trampa, pero tú no me puedes negar que has hecho todo lo que podías hacer para conseguirlo. Y cuando me digo todo, me refiero a…

—Que te calles —le recriminó molesta—. Vete…

—¿Qué ocurre? ¿Por qué te molesta tanto reconocerlo? Oh, espera… No será que has jugado con fuego, y al final tú te estás quemando, ¿no?

—¿Qué?

—Ok, ok… Esa cara. Oh dios, Quinn, ¿no me digas que al final te ha conquistado ella a ti?

—Que te vayas, Dave —le amenazó con firmeza—. Vete, o le voy a decir a mi madre que estas tratando de convencerme para llevar a un festival de punkis, y vas a terminar el verano enclaustrado en tu habitación.

—Vamos Scott, vamos a dormir —musitó dándose por vencido, a pesar de que la sonrisa en su rostro seguía fija.

—No, Scott se queda conmigo. Lo voy a dormir yo.

—¿Estás segura? ¿No estabas hablando con tu novia? —bromeó.

—¡Que te vayas, Dave! —exclamó malhumorada— Sal de aquí —añadió justo cuando la puerta volvía a abrirse, y Frannie aparecía tras ella sorprendida por la disputa que mantenían.

—¿Qué diablos hacéis? —cuestionó lanzando una mirada a Dave— ¿No se supone que ibas a dormirlo?

—Ya deberías saber que no es el más indicado para que Scott se relaje —le respondió Quinn justo cuando su hermana se acercaba a ella, y Dave decidía abandonar la habitación para evitar una reprimenda mayor—. Le he dicho que yo me encargo de dormirlo.

—¿Tú? ¿No estabas muy cansada?

—Si, pero no me importa quedarme con él. De hecho, me gustaría que dejases que durmiese aquí conmigo.

—¿Aquí? ¿Estás segura? —dudó dejando una pequeña caricia sobre la cabeza del pequeño, que en ese instante se aferraba aún más a Quinn.

—Si, prometo que va a dormir —sonó sincera—. Además, me gustaría pasar más tiempo con él.

—Ok. Pero si ves que no lo consigues, lo llevas a la habitación de mamá. Tim y yo vamos a salir a visitar a unos amigos.

—Ok.

—Y ten cuidado con él en la cama, se queda dormido, pero se mueve mucho.

—Tranquila, estaré pendiente de él —le dijo justo cuando Frannie besaba a su pequeño, y se despedía de él. Un par de minutos después, cuando ya se aseguraba que ni Dave ni Frannie podían volver a interrumpirla, Quinn regresaba al escritorio, con la esperanza de al menos poder darle las buenas noches a ella.

Quinn dice:

¿Rachel? 23:01pm

Rachel dice:

Dime. 23:01 pm

Quinn dice:

Siento haber tardado tanto. Dave llegó con Scott y no se marchaban. 23:02 pm

Rachel dice:

No te preocupes, estaba viendo los últimos comentarios en mis videos. Cada día son más deprimentes. 23:03 pm.

Quinn dice:

No deberías prestarles demasiada atención a esos comentarios 23:04 pm

Rachel dice:

Lo sé. 23:04 pm.

Quinn dice:

Oye, me temo que voy a tener que dejarte en breve, pero me gustaría mostrarte algo… ¿Puedo hacerte una videollamada? 23:05 pm

Rachel dice:

Claro. ¿Te llamo o me llamas? 23:05 pm.

Quinn dice:

Te llamo. Cierro aquí. 23:06 pm.

Rachel dice:

Perfecto. Te espero 23:05 pm

De nuevo un par de minutos, y la tensión apoderándose de Rachel, que ni siquiera terminó de apagar su ordenador, cuando se adueñaba del teléfono y lo colocaba frente a ella, mientras instintivamente, ordenaba su pelo.

Fue un acto reflejo. A Rachel apenas le dio tiempo a centrarse en su aspecto, cuando el nombre de Quinn apareció en la pantalla de su teléfono, y tras aceptar la llamada, una cara nueva y desconocía, le sorprendía.

—Hey, hola…

—Dile, hola Berry —escuchó mientras el pequeño miraba sorprendido la pantalla.

—¿Scott? —cuestionó Rachel confusa, justo cuando Quinn decidía enfocarse también ella— Hey, hola, Quinn.

—Hola, Rachel… Mira, te presento al más pequeño de los Fabray. Scott.

—Hola Scott, estoy aquí —musitó la morena completamente sorprendida, mientras el pequeño la miraba embelesado a través de la pantalla—. Tenías razón, Quinn. Es guapísimo.

—Claro que tenía razón. Yo siempre tengo razón.

—Ya veo, ya. Ese chico va a romper muchos corazones. Oye, se parece mucho a ti.

—Ya me gustaría a mí —le respondió observando como el pequeño había empezado a bostezar—. Quería que lo conocieras, pero me temo que este campeón no va a durar mucho tiempo despierto.

—Sí. Ya veo. Es muy tarde para él. Y para ti. En el autobús estabas derrotada. ¿Ya no tienes sueño?

—Estoy muerta —confesó centrándose de nuevo en ella—. He convencido a mi hermana para que lo deje dormir aquí, conmigo. Así que esta noche, vuelvo a tener compañía.

—Para no perder la costumbre.

—Así es.

—Bueno, me temo que Scott es mejor compañía para dormir, que yo. Apuesto a que no me vas a echar de menos.

—Mmm, no creas. Ya me había acostumbrado a salvarte de las garras de tu saco de dormir, y esa cremallera diabólica que tiene.

—Oh dios…

—Y a la lona golpeándote en la cabeza.

—Va, Quinn…

—Y al Bigfoot…

—Ok. Ok, ya —la interrumpió conteniendo la risa—. Ya veo que te has divertido de lo lindo con mis desgracias —añadió provocando también la sonrisa en Quinn.

—¿Ves? Al final sí que te voy a echar de menos —soltó, y de repente, el silencio las invadió. Un silencio convertido en miradas que no lograban esquivarse a través de la pantalla, y una sonrisa compartida que terminó contagiando al pequeño—. Será, será mejor que nos vayamos a dormir. Va a perder el sueño, y luego va a ser más difícil que duerma.

—Cierto. Gracias, gracias por presentármelo.

—Dile adiós, Scott —susurró siendo ella quien sostenía la mano del pequeño para despedirse de la morena.

—Adiós, Scott —replicó Rachel saludando al pequeño—. Te veo mañana, Quinn.

—Sí. Y no te olvides de mi camiseta.

—Tranquila, la tengo junto al bloc de dibujo, no se me olvidará.

—Bien… Por cierto, bonitas gafas.

—Oh, eh… Gracias —balbuceó ruborizándose. Había olvidado por completo que las llevaba puestas.

—Creo que es la primera vez que te veo con gafas. No sabía que las llevases.

—Las, las uso para cuando estoy con el ordenador.

—Te sientan bien.

—¿Sí? ¿Tú crees? Mi padre dice que parezco un poco nerd. Y, sin embargo, él también tiene y dice que está guapo —se quejó provocando una leve sonrisa en Quinn.

—No le hagas caso, te hacen más interesante de lo que ya eres.

—¿Sí?

—Sí, sin duda —fue honesta.

De nuevo aquel silencio, aquel abrumador y extraño silencio roto por algunos sonidos que Scott, ajeno a la conversación, dejaba escapar entre bostezos.

—Ok. Buenas noches, Rachel —reaccionó sabiendo que no podía alargar más aún la conversación, si no quería volver a generar confusión en ella. Porque justamente eso era lo que estaba logrando sin siquiera pretenderlo.

—Descansa, Quinn…

No hubo más palabras. Quinn colgó la llamada en su teléfono, y se trasladó a la cama con la única intención de lograr que el pequeño cayese vencido por el sueño. Algo que no iba a tardar en suceder. Rachel, por su lado, aún permanecía frente al ordenador, asegurándose que la llamada ya había finalizado, y sin poder evitar llevar a cabo una acción, que ni siquiera pensó hacer.

—¿Interesante? —se dijo así misma tras observarse a través de la cámara frontal de su teléfono, y descubrir como, realmente, las gafas que tan poco le gustaban, adquirían un valor especial tras el halago de Quinn—. Igual tiene razón la reina. Berry, eres interesante.