Finalmente, después de una jornada laboral agotadora, Matsuri podía tener su franco al día siguiente.

Estaba tan exhausta y con su mente dispersa en su amiga, que había olvidado un pequeño detalle.

Recostada en su cama, revoloteaba y pensaba. Jugaba con sus piernas, subiéndolas y bajándolas.

—Espero que esto sirva para que vuelvas más fuerte, Tem—susurró y extendió sus brazos hacia los costados.

La cama de la castaña era de dos plazas. Amaba dormir cómoda y en cualquier posición.

Sin embargo, la soledad era tan grande como su lecho.

Cerró un instante los ojos, tratando de recordar aquello que estaba olvidando.

Hasta que sonó el timbre y se sentó en la orilla de la cama.

Fregó sus ojos y trató de pensar quién podría ir a su casa en plena madrugada.

Descalza y con el cabello revuelto, abrió la puerta.

Absorta y frustrada por haber olvidado lo que tenía que hacer, dejó pasar a su visitante.

—Supuse que estarías por dormir y por eso vine, Matsu—el pelirrojo trajo un bello ramo de rosas blancas y se lo dio a su flamante novia.

Ella, avergonzada, lo recibió y se perdió en el perfume que tanto amaba.

—No debiste molestarte… —musitó y llevó las flores hacia la sala. Allí las colocó en el florero y fue hacia la cocina en busca de agua.

Gaara sonrió y esperó a que Matsuri regresara para abrazarla desde atrás y apoyar su mentón en el hombro.

La castaña, sorprendida, arrimó su cabeza a la del pelirrojo y suspiró.

—Te extraño demasiado, Matsu. Todas las noches siento la necesidad de verte dormir y saber que estas allí, a mi lado—murmuró, ruborizando a la chica.

—Creeme cuando digo que me siento igual. Más ahora que Tem se fue y mis días serán completamente aburridos—Gaara la soltó y se ubicó frente a ella—. Me siento muy sola, de verdad…

Las lágrimas de Matsuri eran el motivo principal por el que Gaara quería estar a su lado. Él conocía la soledad de la que hablaba Matsuri y no soportaba la distancia. Habían pasado muchos años separados y no quería continuar de ese modo.

—Matsu… —el pelirrojo tomó las manos de su novia y desvió la vista para ocultar su pena—Yo…

La castaña no comprendía lo que le sucedía a su novio, pero estaba nerviosa por aquello que él quería decirle.

—Digo, lo que quiero preguntarte es… —resopló. Necesitaba armarse de valor para dejar salir aquello que tanto anhelaba decir— ¿Te gustaría que viviéramos juntos? —rascó su mentón y suspiró.

Matsuri estaba absorta, jamás creyó que escucharía esa propuesta por parte de Gaara.

—¡No te preocupes! Si no querés, podés decirme que no y listo, no me molestaría esperar a nuestra boda y… —Gaara se mantuvo en silencio cuando vio los ojos acuosos de su novia.

Matsuri era demasiado sensible respecto a esos temas y sólo escuchar a Gaara proponiéndole una vida juntos, la emocionaba.

—¿Cómo podrías pensar que me negaría? —exclamó mientras secaba sus lágrimas—Es lo que siempre soñé, desde que me enamoré de vos, Gaara—sonrió.

Él no sabía cómo reaccionar. Sonreía y miraba hacia todos lados. Quería correr, gritar…

Sus emociones estaban a flor de piel.

La castaña se lanzó a los brazos de su novio y lo besó con ternura.

Su felicidad estaba alcanzando su máximo esplendor y realmente creía estar viviendo un cuento de hadas.

Gaara la sostuvo de la cintura y la apegó a él, intensificando su beso. La mano libre del pelirrojo acariciaba el sedoso cabello castaño de su novia, estremeciéndola. Ella, por su parte, sostenía el rostro del Sabaku No y caminaban lentamente en dirección al sofá.

Se separaron un instante al chocar contra él y rieron. Gaara estaba nervioso y Matsuri comenzó a sospechar de su actitud.

Ambos se sentaron, uno al lado del otro y la castaña lo miraba fijo, esperando que él hablara antes que ella preguntara.

Al no obtener ninguna palabra de su parte, decidió hablar ella primero:

—Gaara… —enredó sus dedos en la cabellera de su novio y desvió la mirada—Por un buen tiempo me he estado preguntando si vos…

El pelirrojo, confundido, trató de imaginar qué era aquello que la tenía tan curiosa.

—¿Alguna vez, vos…? —Matsuri se ruborizó y escondió su rostro en el pecho de su novio.

Gaara entendió aquella pregunta indirecta y comenzó a reír de inmediato. Acarició su cabellera y suspiró.

—No, Matsu. Siempre quise que fuera con vos. Me daba mucha pena asumirlo, pero es la verdad… —confesó Gaara y esbozó una sonrisa tan tierna que Matsuri pudo guardar en su mente.

Asombrada por aquello, la castaña se sintió feliz. Al fin y al cabo, él siempre esperó por ella.

—Yo también quería que mi primera vez fuera con vos, Gaara. Aunque eso me costase una vida virgen, no me arrepentiría porque es lo que más deseaba—expresó con seguridad y miró directamente a los ojos del Sabaku No.

En aquel momento, después de expresar sus secretos, ninguno sabía cómo continuar. Se sentían torpes, pero la castaña decidió que era momento de tomar las riendas del asunto.

Se abalanzó sobre su novio y se volvieron a fundir en un profundo beso. Tan intenso como candente, despertando aquellos sentimientos internos que sólo podían dejarlos salir en el momento adecuado.

Matsuri comenzó a deslizar una mano por encima de la ropa de Gaara, acariciando su abdomen. Separaban sus labios y se regalaban miradas cargadas de pasión, deseando que nada saliera mal.

Gaara sentía miedo. Él no estaba acostumbrado a ello y temía por Matsuri. Se había informado al respecto y estaba preparado por sí alguna vez sucedía. Sólo que no creía que fuera ese día y eso aún lo tenía bastante nervioso.

—¿Estás segura de querer continuar con esto? —besó la mejilla de su novia con ternura.

Ella sonrió y se levantó del sofá. Estrechó su mano y lo invitó a que la siguiera.

Él asintió y ambos se dirigieron a su habitación.

La soledad era claramente visible en sus paredes y su corazón, colmado de amor y pasión, deseaba que aquellas se tiñeran de un color rojo como su cabello, asociándolo directamente con la lujuria que yacía dormida en ambos cuerpos.

Antes de continuar, Matsuri se acercó a su oído y susurró:

—Estoy lista…

Gaara cerró sus ojos y suspiró. De inmediato, cedió al estado apasionado de un hombre enamorado, atrayendo a su gran y único amor al plano del placer.

Ambos quitaron sus ropas con cierta delicadeza. Los dos sentían pudor, pero su cuerpo estaba sediento del otro.

Por años, tanto Gaara como Matsuri imaginaron cómo se vería su amor al desnudo. Sus atributos se ajustaban a la perfección, siendo completamente compatibles en todo sentido.

Como el pelirrojo suponía que aquello podía suceder en cualquier momento, estaba preparado para cuidarse.

En su pantalón guardaba la protección necesaria y la dejó a unos metros cerca de ambos.

Matsuri vio ese detalle y sonrió. Aunque tenía miedo porque había leído que, probablemente, la primera vez podría dolerle, realmente deseaba que él fuera ese hombre.

Su encuentro fue maravillosamente romántico, colmado de caricias y besos que hacían delirar a la castaña.

Gaara siempre se comportó como un caballero romántico y en ese momento pudo comprobarlo por completo.

Con paciencia y delicadeza, ambos querían fundirse en uno solo, tomando los recaudos correspondientes.

Matsuri dejó caer unas lágrimas y Gaara se preocupó por ello. Sin embargo, su novia sonrió y demostró que era de felicidad.

El Sabaku No estaba nervioso y su cuerpo temblaba. Temía por su accionar y que aquel encuentro acabara en un fracaso, manchando ese primer recuerdo.

—Tranquilo, todo estará bien—susurró la joven y Gaara prosiguió al acto más complicado para dos personas que aún no habían tenido anteriores experiencias sexuales.

Con lentitud y sutileza, el Sabaku No logró llevar a cabo su labor, experimentando un sinfín de sensaciones realmente magníficas. Sus cuerpos ardían y suplicaban la prontitud de sus movimientos.

No obstante, Gaara no cayó en aquella tentación y prefirió proceder con cautela, procurando que Matsuri se sintiera cómoda.

El Sabaku No continuó besándola y aferrándose a su cuerpo, moviéndose lentamente y aumentando de forma paulatina, siguiendo la petición de su novia.

Por primera vez, en aquella fría y solitaria habitación, colmada de viejos recuerdos que lastimaban a Matsuri; decoraron sus paredes con sus armoniosos gemidos.

Echaron la soledad y procuraron mantener a la compañía romántica de su pareja de encuentro.

Ambos, sumergidos en un mar de romance teñido de placer, cruzaron el umbral que habían construido.

En ese momento, juntos, alcanzaron la cima de sus más íntimos sueños.

Sudados, jadeantes y con una amplia sonrisa dibujada en sus rostros, separaron sus cuerpos y la castaña se recostó sobre el cálido pecho de su amado.

Su corazón estaba descontrolado, latiendo aún más rápido de lo que conocía.

—Te amo, Matsu—expresó Gaara. La aludida volteó a verlo y notó cómo su rostro se veía igual a cuando lo había conocido.

Ruborizado y con una nueva expresión que sólo ella podría ver de allí en adelante, Matsuri se acercó al rostro de Gaara.

Sus cuerpos desnudos aún compartían el calor que entibiaba sus almas.

—Te amo tanto, Gaara… —nuevamente se fundieron en un apasionado beso.

Finalmente, después de tanto tiempo, dejaron en claro que el primer amor nunca se olvida…

Itachi se encontraba en su nuevo hogar.

Esa noche era fría, pero la lluvia comenzaba a dar tregua.

Estaba extrañamente preocupado, así que decidió servirse una copa de vino y buscó un libro entre los que había llevado.

Al encontrar uno, se dirigió al sofá y dio un sorbo.

Recordó que había comenzado a leerlo, así que continuó desde allí.

"Desde tiempos remotos, los bellos alces corrieron hacia su felicidad. Sabían que, prontamente, su vida estaría en riesgo. No obstante, lo único que más les importaba era vivir como si no existiera un mañana…"

Itachi suspiró y volteó hacia la ventana. Dio un nuevo sorbo a su bebida y dejó el libro sobre la mesa que se encontraba frente a él.

Se levantó y escuchó que su celular sonaba, lo cual le llamaba la atención, dado que nadie se tomaba aquella atribución.

Atendió el llamado y bostezó.

Itachi… —su voz entrecortada alertó de inmediato al Uchiha—Perdón si te desperté.

Tem… —susurró. Carraspeó y resopló para poder concentrarse—No, no estaba durmiendo.

—¿De verdad? No quiero molestarte

—Jamás podría pensarlo.

Itachi podía escuchar que, al otro lado del teléfono, Temari estaba llorando.

Su impotencia crecía. Él no sabía cómo podría consolarla.

Me da gusto que me hayas llamado, aunque puedo suponer que no estás bien.

—Y no te equivocas…

—Sólo quería decirte que estoy en Kumo. El lunes iré a la empresa, tal como acordamos—exclamó con seguridad.

—Tem, no es necesario que…

—Soy responsable y me presentaré a trabajar. Tengo mucho para hacer y este es el comienzo.

—Me parece perfecto—suspiró y calló.

Al otro lado, la Sabaku No también optó por el silencio.

En sus manos aún sostenía el test de embarazo positivo.

Tem, no temas en hablar conmigo si lo necesitas. Estoy a tu disposición y te apoyaré en lo que necesites— mientras oía al Uchiha, las lágrimas volvían a caer.

Su incertidumbre la estaba torturando. Ella debía afrontar una nueva vida, en soledad y sin saber quién podría ser el padre.

Estoy segura de eso, Itachi. Sólo que… —secó sus lágrimas —me bastaba con avisarte de mi estadía.

Tem, si realmente te sentís sola, no dudes en llamarme. Si necesitás compañía, no temas en pedírmelo. Estoy disponible en todo momento.

Gracias, de verdad, gracias.

Ambos estaban sosteniendo sus teléfonos con cierto temor.

Temari, con el secreto que acababa de descubrir. Su bebé sería la salvación de su destino, aportándole vida a su soledad.

Itachi, por otro lado, apostaba a sus sentimientos. Sabía que la meta estaba muy lejos, pero su compañía era suficiente para ser feliz.

Él era el alce dispuesto a vivir a pleno todos los días, apostando lo mejor de su corazón para alcanzar la verdadera felicidad.