Capítulo 47

Creo en ti y eso es todo lo que necesito

-Ale- algo en la voz de Maggie me dice que será mejor que ponga mi mejor cara de inocente o que salga corriendo, por desgracia para mí la segunda opción no es viable porque para cuando me giro ella ya me está mirando desde la puerta de la sala. –Tú.- Me señala con el dedo acusador.

-¿Qué pasa?- Sonrío levantándome del taburete frente al piano que estaba tocando.

-Ah no, ni se te ocurra pensar por un segundo que vas a salir de esta sonriendo de manera encantadora.- Trago saliva nervioso deseando ser una croqueta para salir rodando de esta conversación.

-¿De qué sonrisa hablas? ¿Estás bien? ¿Quieres un masaje relajante? ¿Un té? Sé que es un cliché muy inglés pero si a ellos les funcionaba por algo sería.-

-Ni,- da un paso en mi dirección, -se,- otro paso más, -te,- me pesca de la oreja antes de que pueda esquivarla, -ocurra.-

-Ay, ya, yai, que me haces daño- me quejo.

-Que lastima, ven conmigo.- Me arrastra con ella y yo voy manso como un corderito, de verdad, la gente no sabe apreciar el arte ni en el fin del mundo, -¿qué es eso?- Me pregunta señalando la puerta del Tanatorio.

-Pues una puerta, ¿no?- No creí que lo viese hasta mañana, que ojo tiene la amiga.

-Me doy cuenta Ale,- dice con un tono de voz demasiado encantador que se contradice con el tirón que me da en la oreja, Carol, Gin y Karen con Judith es brazos salen a ver que es lo que pasa al oír nuestras voces pero ninguna me defiende. –Lo que quiero saber es lo que hay dibujado en la puerta.-

-Ah, ¿eso?- Otro tirón, al final me la arranca la tía, que maneras.

-Sí Ale, eso.-

-A mí me parece que es un unicornio.- Digo con toda la ingenuidad que soy capaz de reunir en mi voz.

Al escucharme Gin se cae al suelo de la risa sin poder aguantarse ya más, Carol niega con la cabeza y Karen reprime una carcajada a duras penas.

-Uno muy mal pintado por cierto, pero lo que quiero saber es porque está ahí.- Me reclama Maggie soltándome al fin, en cuanto me encuentro libre me refugio detrás de Gin para que me escude de la ira de la señora Rhee, lo que a mi lanza cuchillos la hace reír todavía más.

-A mí me gusta.- Me defiende mi niña, menos mal que la tengo a ella para apoyarme, que sino, solo ante el peligro me encontraría.

-No te lo repito más.- Me advierte Maggie cruzándose de brazos.

-Es que me pareció que sería una señal inofensiva, si la ven los nuestros sabrán que pueden llamar sin preocuparse, y para el resto no será más que un dibujo estúpido.-

Maggie parpadea sorprendida, -eso es bastante inteligente de hecho.- Dice pasando su mirada de mí hacia la puerta como si no creyera que la idea se me hubiera ocurrido a mí solito, de verdad que fama más inmerecida tengo.

-Bien hecho nene.- Karen besa mi mejilla y Gin al ver que ya no la necesito vuelve adentro.

-A buenas horas, que esa salvaje casi me arranca la oreja y no me has defendido.- Digo poniendo morritos de niño pequeño.

-Es que estabas muy gracioso así retorcido para que ella pudiera cogerte bien.- Me dice entregándome a Judith al ver mis intenciones de darle un lametón en la cara por decir que estaba dejando que Maggie abusara de mi a propósito, que es cierto, pero si llego a saber que me iba a enganchar así de fuerte no dejo que me coja ni de los pelillos de la nuca.

-Lo que a mí me gustaría saber.- Dice Carol mientras volvemos adentro. –Es de dónde has sacado las pinturas para hacerlo.-

-Pues de donde preparaban a los muertos, allí hay un montón de cosas, sí alguna quiere un rímel nuevo o un bisturí afilado esta es su oportunidad.- Digo levantando a Judith por encima de mi cabeza, lo que la provoca unos gorgoritos muy graciosos.

Las tres me miran escépticas pero van a echar un ojo para ver si encuentran algo que sea útil para defenderse, aunque espero que no se acerquen a los productos químicos para embalsamar, no sé hasta que punto pueden ser peligrosos en contacto con la piel.

-¿Estás bien tío Ale?- Me pregunta Gin al notar que me he quedado serio, al instante sonrío solo para ella.

-Claro que sí, estoy contigo, con la gamberrilla- digo volviendo a levantar a Judith sobre mi cabeza. –Con Karen, estoy bien.-

-Pero echas de menos a Cassidy, ¿no?- Escuchar ese nombre me hace daño pero trato de evitar que se me note demasiado.

-Me gustaría que estuviera aquí,- admito, Gin es demasiado lista como para engañarla. –Pero eso no significa que no me sienta afortunado por estar con vosotras, ni mucho menos ¿vale?-

-No pasa nada, yo echo de menos al memo de Carl,- se sienta en un féretro cerrado y mira sus pies con atención, recordándome a mí cuando intento pensar en algo para esquivar un tema. –También me alegro de estar contigo- me dice, -pero aunque sea egoísta desearía que él estuviera aquí.-

-Ey peque,- me siento a su lado dejando a Judith en el suelo, quien se pone a gatear como la gamberrilla que es. –No, eso no es egoísta para nada, no pienses así.- Rodeo sus hombros con mi brazo y ella me mira atenta. –¿Quién sabe? Es muy posible que llegue en cualquier momento para que discutáis sobre quien es el mejor joven titán.- Digo tratando de animarla al recordar que literalmente Carl y ella podían pasar horas hablando solo de eso.

Gin resopla, -es obvio que la mejor es Raven, pero Carl no ve más allá de Nightwing.- Asiento entendiéndola.

-El equipo Batman es como una secta, de ahí no le sacarás, tanto cochazo de lujo y tanto batarang provocan adicción te lo digo yo.-

-¿Cuál es tu superhéroe favorito?- Me pregunta de repente algo más animada.

-Me temo que voy a decepcionarte, no es de DC.- Le advierto volviendo al piano para tocar algo y así mantener mis manos ocupadas, lejos de la escopolamina que he encontrado escondida en el baño.

Me puse a buscar droga de manera inconsciente y la encontré, ahora mi cuerpo está tan tirante como la cuerda de un violín ante la necesidad de tomar un poco, solo un poco para olvidar por unas horas a las personas que he perdido.

-Bueno, aunque prefieras Marvel yo te quiero igual, ¿quién es tu prefe?- Insiste Gin salvándome de mí mismo sin siquiera sospecharlo.

-Spiderman y Shuri, la princesa de Wakanda.-

-Tienes que elegir a uno.- Se queja ella un poco indignada, haciendo ese gesto con la cabeza que tantas veces vi en Kate cuando discutíamos.

-¿Por qué? No hay ninguna ley que me obligue a tener un solo favorito.- Digo relajado dejándome llevar por la melodía que estoy tocando, una canción que a Rainbow le encantaba, podía escucharla una y otra vez sin cansarse jamás.

-No lo había pensado de ese modo.- Dice asintiendo como si la idea le gustase, estoy a punto de decir algo más sobre el tema cuando escuchamos que llaman a la puerta con tres toques rápidos. Enseguida Gin saca dos de sus cuchillos antes de que yo tenga tiempo de reaccionar. –Sea quien sea está vivo, ha esquivado las trampas que colocó Maggie alrededor del edificio.-

-Cuida de Judith,- le digo cogiendo el fusil que tenía apoyado al lado del piano, ella no replica, guarda sus cuchillos y se coloca sobre el pecho el portabebés de Judith, yo le paso a la pequeña que había llegado al otro extremo de la habitación tan rápido como puedo. –Sabes lo que tienes que hacer, confío en ti.- Digo dándole un beso en la frente.

Gin se escabulle por el pasillo a la espera de lo que pueda pasar. Cuando llego a la entrada Maggie, Karen y Carol están listas para matar.

-Yo abriré- susurra Maggie, -Karen, Carol, una a la cocina y otra a la sala del velatorio, tú quédate ahí atrás agachado, sino son amigos dispara aunque yo esté en medio.-

-Tranquila, ni siquiera te rozaré.- Digo poniéndome en posición, listo para hacer lo que sea necesario por lo que queda de mi familia cuando de repente un pensamiento me asalta, -aunque podríamos ser positivos, quizá solo sea un payaso zombie.- Las tres se estremecen y me miran con un odio inmerecido a mi parecer. -¿Qué? ¿Qué he dicho?-

-Tendré pesadillas por tu culpa,- me gruñe Maggie preparándose para una pelea cuerpo a cuerpo, todos contenemos el aliento nerviosos desde nuestras posiciones, y en cuanto abre… Sencillamente se desata el caos.

Porque ella está ahí, viva, con la mano aún levantada para tocar otra vez y una enorme sonrisa de oreja a oreja.

Como si no se supusiera que debería estar muerta.

-Unicornio, te quiero, te amo, te adoro, pero las cosas como son,- me dice con guasa al notar que me he quedado mirándola como Simba a los ñus en la estampida antes de salir corriendo por patas, –lo tuyo no es dibujar.- No dejo que diga ni una palabra más, la cojo en volandas y comienzo a dar vueltas con ella, apretándola tan fuerte contra mi cuerpo como puedo.

Porque mi hermanita está maravillosamente viva, si esto no es un milagro que venga el Papa y me lo cuente.

..

Mi unicornio loco, precioso, encantador y dramático da vueltas conmigo en medio de la noche, igual que aquella vez cuando llegué a su casa en plena madrugada.

Muchas cosas han cambiado desde entonces, entre ellas el mundo entero, pero no el amor que sentimos el uno por el otro, los dos lloramos y reímos de pura felicidad al reencontrarnos.

Bendita suerte la nuestra.

-Vas a asfixiarla,- escucho la voz de Carol algo irritada, -la estoy viendo ponerse azul desde aquí.-

-Puede, pero él está morado- interviene Michonne burlándose al vernos así.

-¿Cómo?- Me pregunta mi unicornio ajeno a los demás dejando de girar pero sin soltarme.

-Salté.- Contesto viendo como las lágrimas no dejan de caer en cascada por sus ojos.

-Saltaste.- Repite maravillado pasando los pulgares por mis mejillas húmedas.

-Sí.- No sé qué decir, todo lo que quiero es abrazarle y no soltarle nunca jamás.

-Que ovarios de superviviente tienes.- Dice echándose a reír de puro nervioso que está.

-Claro que sí, vine al mundo llorando y te aseguro que me iré cantando, eso de desaparecer en silencio no va conmigo.- Digo apretándole los cachetes de la cara como haría una abuelita.

-Cosa bonita,- besa mi nariz, -cosa hermosa,- besa mi frente, -cosa bien hecha mare.- Me abraza con renovadas fuerzas haciéndome sentir plena porque al menos la mayor parte de mi familia está a salvo. –Te como toda.- Me coge estilo princesa y nos acerca al resto. Dispuesto a compartirme después de haberme tenido un ratito para él. Cosa que yo también necesitaba la verdad.

-Bueno, creo que Daryl tendrá algo que decir al respecto de eso.- Salta Rick molesto, pero ni siquiera me digno a mirarle.

-Que te jodan Grimes,- suelta Dixon sorprendiéndome antes de abrazar a mi unicornio, dejándome en medio, recibiendo así doble ración de amor.

-No sé si os lo he dicho alguna vez, pero sois los hombres de mi vida.- Digo disfrutando de tenerlos pegados a mí, dándome igual el motivo por el que Daryl haya sido así de cortante con Rick. –Oh sí, puedo quedarme a vivir aquí entre los dos tranquilamente, que alguien pare el mundo y nos bajamos.- Digo sonriendo más que el gato Cheshire porque hemos conseguido lo imposible, una vez más, nos hemos vuelto a reunir.

..

-Es estupendo veros de una pieza.- Dice Maggie mientras yo trato de apartar mi vista de Cassidy, sintiéndome molesto conmigo por haber dicho eso, no sé ni siquiera porque lo he hecho, al fin y al cabo Ale siempre es así de intenso con ella, pero… Está claro que últimamente no pienso mucho antes de decir las cosas. -¿Rick?-

-Sí, perdona Maggie.- Me disculpo tratando de concentrarme en ella. –También me alegro de veros,- digo dándome cuenta de como Carol observa todo muy seria cruzada de brazos.

-¿Estás bien?- Me pregunta preocupada la última superviviente de los Greene al notarme ido.

-Sí, es solo que no ha sido fácil llegar hasta aquí, creo que lo que necesito es descansar.-

-Por supuesto, entrad.- Noto como mira por su hubiera alguien más a punto de aparecer.

-Me temo que no nos hemos cruzado con Glenn, lo siento.- Digo adivinando sus pensamientos.

-Oh, yo no,- niega dejando de mirar a la oscuridad. –Él me encontrará,- dice convencida, como si simplemente estuviera diciendo algo obvio y no aferrándose a una esperanza desesperada.

-Sí, tienes razón, él lo hará, llegará.- Digo recordando como me salvó la vida, entonces también parecía que el destino estaba fijado, pero él lo cambió todo solo con darme una oportunidad, se la jugó por mí y lo menos que le debo a su mujer es creer que él aún tiene posibilidades de llegar hasta aquí.

-No esta.- Digo apretando mis puños negándome a llorar delante de todos.

La última esperanza de volver a verla muere y no sé qué hacer con el extraño vacío que queda en su lugar.

-¿Carl qué haces?- Me pregunta Mika cuando paso por su lado, quedándome así de espaldas a los demás sin saber que hacer, ni a donde ir.

-Necesito estar solo.- Mika me agarra del hombro con fuerza.

-Te equivocas,- ¿por qué narices dice eso tan contenta?

-Ya bueno, lo que tú digas.- No quiero ser arisco con ella, ¿pero no puede entender que necesito espacio?

-En serio, hazme caso, tienes que darte la vuelta.- Insiste como si eso fuera a solucionar todos mis malditos problemas.

-No me da la gana.- Digo ya frustrado porque no me deje alejarme un poco del resto.

De repente recibo una colleja que me hace girarme con rapidez, -¿ahora resulta que además de memo también eres un borde?- Pregunta Gin como si no nos hubiéramos separado. –Y tú Mika, no dejes que te hable así solo porque lleve un sombrero de sheriff.-

-Mi…- Las palabras se me atascan en la garganta y tengo que luchar con ellas para que salgan. –Tienes a mi hermana.- Digo incapaz de lidiar con la alegría de verlas vivas a las dos.

Es como un milagro, si es que algo tan bueno como eso aún existe en este mundo.

-Karen se bajó del autobús con la gamberrilla para buscarnos, por suerte Maggie y yo las encontramos antes de que se internasen mucho en la prisión, después escapamos hacia el bosque.- Me explica pasándome a Judith, yo la cojo para abrazarla evitando apretarla tan fuerte como en verdad me gustaría hacerlo. –Estaba preocupada porque te metieses en muchos líos sin mí para cubrirte las espaldas.- Dice con ese tono de sobrada que tanto me hace rabiar normalmente, pero que ahora mismo estaría dispuesto a escuchar durante horas.

Y pensar que esto podría no haber sucedido… Que tendría que haber seguido adelante sin ellas.

El pensamiento es insoportable, aunque por suerte simplemente es eso, un pensamiento y no una realidad a la que tenga que hacer frente.

.

Cuando Carl levanta su vista de Judith se me queda mirando raro, haciendo que me ponga nerviosa.

Sin aviso previo me abraza de lado para evitar que aplastemos a la bebé.

-Lo siento,- dice sorbiéndose la nariz. –Lo siento mucho.- Eso me descoloca, ¿Carl está llorando por mí? No lo entiendo, si no nos hemos peleado ni nada.

-¿Qué es lo que sientes?- Pregunto intentando apartarme para mirarle a los ojos pero no me deja.

-Corriste peligro por mi culpa, bajaste de autobús para ayudarme y…- Se corta.

-Carl, si no hubiésemos bajado ahora todos estaríamos muertos,- digo abrazándole de vuelta para consolarle, -además tú no me obligaste a hacer nada, yo escogí hacer lo correcto aunque fuera peligroso.-

-Ya le he dicho yo todo eso, pero a mí no ha querido escucharme.- Dice Mika mirándonos con una sonrisa cansada. –Supongo que te necesitaba para usar el sentido común.- Eso nos saca a Carl y a mí una risa.

-Cierto Mika, perdona por todo,- se disculpa sin soltarme aún. –Voy a decir algo memo,- me advierte con una sonrisa.

-Adelante, contigo ya estoy curada de espanto.- Me burlo para suavizar el ambiente antes de que termine llorando yo también.

-Gracias por sobrevivir,- eso me pilla desprevenida. –Esto no sería lo mismo sin ti.- Dice soltándome al fin para rascarse la nuca.

-Sin ti tampoco sería lo mismo.- Digo sonriéndole, -¿dúo calavera?- Levanto mi meñique y él entrelaza el suyo con el mío.

-Hasta el final.- Me promete.

-Vamos, os enseñaré esto.- Digo cogiendo de la mano a Mika para incluirla al notar que se ha quedado algo apartada. –Por cierto, también te he echado de menos, no tanto como a este, pero porque tú no me das tantos dolores de cabeza como él.-

-Ey- se queja Carl.

-Es la verdad.- Digo sacándole la lengua, feliz, muy feliz de haber recuperado a mi mejor amigo.

-Oh cállate.-

-Cállate tú.-

-Pesada.-

-Pelmazo.-

-Ya estáis otra vez, buscaos un árbol y besaos debajo de el un rato, ¿queréis?- Se burla Mika y los tres nos echamos a reír, es bueno estar juntos de nuevo sin sentir el acecho constante de la siniestra sombra de mi hermano sobre mí, evaluándome, esperando el momento oportuno para intentar intimidarme o hacerme daño.

Desde luego si puedo sacar algo bueno de todo lo que ha pasado sin duda es el haberme desecho de él, lo único que lamento es no haberle visto morir con mis propios ojos, pero puedo vivir sin ello.

.

-Hablando de bajarnos del mundo, ¿hay algún lugar que podamos usar para estar solos?- Pregunta Daryl de repente consiguiendo que me sonroje.

Enseguida mi unicornio me pasa a los brazos de Dixon con una sonrisa pícara llena de hoyuelos.

-Al final del pasillo principal girad a la izquierda, id hasta el fondo y entrad en la puerta de la derecha, no es precisamente lo más romántico del mundo, pero dudo que nadie os vaya a molestar en un armario.- Nos guiña un ojo. –Pasadlo bien,- luego me señala a mí, -pero no me cuentes los detalles.-

-Vamos,- me meto con él. –A lo mejor aprendías algo nuevo.-

-¿Te cuento yo a ti lo que hacía con Tally?- Eso me hace poner cara de pánico.

-Ignorancia es felicidad,- aseguro convencida de que en este caso es totalmente cierto, saber lo que mi hermano le hacía a la que fue mi mejor amiga sería turbio.

Delante de nosotros entran los niños corriendo entre risas, me alegra ver a Gin de una pieza, eso explica la alegría de mi unicornio, salvo por Merle, su familia ahora está completa.

Ojalá ese bruto malhablado siguiera aquí, nos hará falta a todos para mantenernos cuerdos con su salvajismo cruelmente práctico.

-¿Queréis algo de comer?- Nos pregunta Carol parándonos en el pasillo, Maggie, Karen y Rick con Judith en brazos, nos miran desde la cocina.

Es entonces cuando me doy cuenta de que Mich se ha quedado fuera hablando con mi unicornio.

-Comeremos algo más tarde.- Dice Daryl amable pero sin ganas de pararse demasiado.

-A lo mejor ella tiene hambre ahora.- Interviene Rick, noto como mi angelito me aprieta más contra él, como si quisiera alejarme de Grimes, pero… ¿por qué querría él hacer eso?

-¿Tienes hambre?- Me pregunta en un susurro ronco.

-De comida ahora mismo no,- digo deseando besarle hasta que se me hinchen los labios.

-Bien.- Sin molestarse en decir nada más ni a Carol, ni a Rick sigue caminando conmigo en brazos hasta dar con el armario que nos dijo mi unicornio.

En cuanto entramos todo es oscuridad, no hay ni quiera una pequeña ventana por la que se cuele un rayo de luna.

-Es pequeño- se queja al chocarse contra algo cuando me deja en el suelo.

-Te lo parece porque eres un tío grande, yo como soy tamaño mini creo que no está mal.- Digo divertida.

-Mini,- se ríe contra la piel de mi cuello pillándome desprevenida ya que no le esperaba así de cerca, por lo que mi corazón se acelera, -sí, es cierto, eres muy pequeña.- Mete sus dedos por dentro de mis bragas hasta rozar mi clítoris mientras muerde mi garganta, reteniendo mi piel entre sus dientes con delicadeza convirtiendo esa molestia en algo placentero y excitante. –Pero a mí me pareces gigante con esa alegría por vivir que tienes.-

-Aaahhh- jadeo moviendo mis caderas al compás de sus dedos en busca de más placer, pero él los aparta para desabrocharme los pantalones. -¿Daryl?- Le llamo entre las sombras al notar como sus manos se separan de mí.

-Estoy aquí,- aun así no me quedo tranquila hasta que no apoyo una de mis palmas en su pecho.

-Te necesito mucho más cerca.- Le digo bajando mi mano por sus abdominales hasta tocar su miembro duro.

En cuanto le rozo me besa haciendo que mi cabeza de vueltas a la vez que me levanta del suelo para que enrede mis piernas en sus caderas, quedando así nuestros sexos deliciosamente cerca.

Araño su cuello para atraerlo más hacia mí al notar que intenta separarse, como respuesta su boca devora la mía como si quisiera prender fuego a mí alma, cosa que consigue sin esfuerzo.

-Daryl,- le llamo desesperada porque me la meta de una vez. El romanticismo no está reñido con el deseo y quien piense lo contrario por mi puede irse con unos caminantes de paseo.

-Dímelo,- me pide con una dulzura que me descoloca ya que no tiene que ver nada con la pasión de sus caricias, -por favor, dímelo.- Me pide de nuevo y yo me siento como una página en blanco.

¿Qué se supone que tengo que decirle?

-Yo no sé qué…- Me quedo sin respiración cuando él pasea su miembro por mi entrada, restregándose a propósito contra mi clítoris, estimulándome, jugando conmigo.

-Por favor Daryl.- Le suplico.

-Dilo,- sigue meciéndose sobre mi sexo, torturándome deliciosamente.

Sabiendo cómo llevarme al extremo, negándome lo que ansío solo por unas palabras que mi mente enturbiada por el deseo no consigue encontrar en el laberinto incendiado de mi mente.

Lame mi cuello cubierto de sudor y vuelve a besarme con esa pasión que nos hace arder en este pequeño armario como si estuviéramos en la mismísima Pompeya sucumbiendo a la ira del monte Vesubio.

-Te quiero,- susurro ida cuando sus labios se alejan de los míos.

Y esas debían ser las palabras mágicas que él me estaba pidiendo, porque en cuento las pronuncio me penetra de una sola estocada que me hace gritar sorprendida.

-Sí, sí, sí,- esto es lo que necesitaba, sentirle dentro de mí, caliente, duro, haciéndome indestructible con cada roce de nuestros cuerpos.

Somos dos almas estallando de felicidad en medio de la oscuridad por haberse encontrado, y eso es maravilloso.

Cambiamos de postura, me deja bajar la pierna sana pero la otra la mantiene en su cadera para evitar que me haga daño en el pie, incluso en un momento como este piensa en cuidarme.

Es el mejor hombre del mundo, y le quiero, le quiero con locura.

Mis manos se aferran a sus caderas al notar como el calor aumenta, -Daryl, más rápido,- le ruego notando como se aproxima mi orgasmo, en cuanto le digo eso aumenta la velocidad y su pulgar va a mi clítoris catapultándome al cielo como un meteoro. –joder, sí,- grito dejándome llevar.

Con mi respiración aún acelerada por el placer, él pega su cuerpo al mío tanto como puede, enredando con fuerza una de sus manos en mi cabello, y a pesar de que no puede verme, sé que me está mirando a los ojos con una intensidad que bien sería capaz de derretirme el corazón.

-Cass,- susurra casi con devoción mientras se corre sobre mi vientre, como si me viera mejor de lo que yo misma soy capaz de hacerlo y amase cada acierto y cada defecto de la persona en la que la vida y mis decisiones me han convertido.

Nos quedamos así, con las respiraciones pesadas cargando el ambiente de forma extraña pero acogedora.

Tras no sé cuánto tiempo, al notar que me ayuda a limpiarme para después vestirme me atrevo a preguntar, -¿todo bien?-

-Sí,- besa mi frente e intenta abrir la puerta.

-Hablo en serio, ¿ha pasado algo con Rick después de lo que hablamos esta mañana?-

-Cass, tú me quieres y eso es todo lo que me importa, pero no significa que me vaya a callar solo porque él no sepa hacerlo.-

Eso solo consigue dejarme aún más confusa de lo que ya lo estaba.

-Pero…- Coloca uno de sus dedos sobre mis labios.

-Necesitamos comer algo y descansar un poco, seguro que mañana tendremos cosas que hacer.-

-Está bien, lo dejaré pasar por esta vez, pero solo porque follas muy bien.- Le advierto juguetona.

-Siempre me salgo con la mía gracias a eso,- salimos del armario y me aparta el pelo para besarme la nuca. -¿No te habías dado cuenta?- Me pregunta con picardía. Es tan distinto conmigo cuando estamos solo nosotros sin gente alrededor.

-Cariño,- le miro sobre el hombro divertida, -porque te quiero te doy este consejo, no abuses de tu buena suerte.- Avanzamos en silencio al notar que en la sala del velatorio todos parecen estar plácidamente dormidos.

Una vez en la cocina compartimos una lata de piña, dándonos de comer con las manos, olvidándonos de los demás durante un rato para simplemente disfrutar de que estamos juntos y a salvo.

-Tenías razón,- me dice de repente sorprendiéndome.

-¿Sobre qué?- Me atrae hacia él y me siento sobre sus piernas.

-Sobre que significaba algo que nos hubiésemos encontrado.-

-Hombre de poca fe.- Le acaricio la curva de la mandíbula con mi pulgar.

-Puede que no sea un hombre de fe,- admite, -pero creo en ti y eso es todo lo que necesito.-

-Te amo.- Digo antes de besarle, solo un dulce roce de labios que despierta una tronada de dragones felices en mi corazón.

Un gesto inocente que a él le hace sonreír y que cuando termina nos deja hambrientos de más, llevándonos a un baile de bocas que vienen y van.

Cuando el cansancio me gana apoyo la cabeza en su hombro para poco a poco ser llevada por Daryl al mundo de Morfeo con suaves caricias en el pelo.

¿Cuándo el amor se siente en la piel quien necesita palabras que le den nombre?

..

Hola almas corsarias.

Momento hot en el armario a falta de ducha, aunque a estos dos les da igual una celda con colchón, que un pasillo vacío de la prisión, que un árbol en mitad del bosque, o sobre la jodida moto de Daryl.

Adoro el momento del unicornio en el que coge a Rainbow y es como me la pido os jodéis cabrones.

Los celos de Carol y Rick ahí están por el momento, asomando la cabeza.

En cuanto al #Ginarl me los como con patatas vuelta y vuelta, están creciendo en un mundo brutal pero se tienen el uno a la otra para enfrentarse a todo lo que se les eche encima, y las cosas como son, es bonito.

En el último capítulo gracias es fanfictió a Poty90 por comentar.

Igualmente gracias en por comentar y votar en el último capítulo a Debie_Daryl y are221099, me llenáis de ilusión.

Como siempre espero que el cap os haya gustado, besototes for all.