Disclaimer: Los personajes de este fanfic le pertenecen a J.K Rowling, lamentablemente.
Hola queridos lectores: Ha pasado un rato desde la ultima actualización, y es que comencé a ver GOT, después del primer capitulo ya no hubo vuelta atrás jeje. Este capitulo esta beteado por la fabulosa Yoe, muchas gracias linda. Un saludo especial para Ginny miau y cuqui luna, ¡gracias por comentar! Ojalá les siga gustando el fic. Les mando un abrazo.
Estaba pensando que tal vez estoy haciendo un poquito tóxicos a los chicos, espero que no...
oOoOo
Hamburguesa
—Ron… —dije en un susurro bajo y nervioso— esto es una mala idea.
—Shhh, no lo pienses tanto —contestó mi mejor amigo con una sonrisa traviesa, una de esas que solía reservar para cuando se proponía a hacer cosas que sabía que eran indebidas. Quería caer en la tentación, de verdad lo quería, pero mi cerebro me gritaba que aún tenía una oportunidad de huir y debía tomarla.
—Remus va a matarnos —me quejé acomodándome la gorra para intentar ocultar mi cabello. Si nos llegaban a descubrir, éramos hombres muertos, ambos lo sabíamos.
—La dieta dice carbohidratos —señaló el pelirrojo. Claro, con eso callaba su conciencia, con tecnicismos vacíos usados a su conveniencia.
—Sabes que no es esta clase de carbohi… —detuve mis palabras, Ron acababa de poner un caldero de chocolate bajo mi nariz, se me hizo agua la boca al instante, y estoy seguro que mis ojos brillaron de previa excitación.
—¿Entonces? —preguntó.
—Te odio —contesté tomando el dulce que me tendía.
Ron se empezó a reír sabiéndose ganador, había logrado tentarme para romper la estricta dieta que, se suponía, estábamos siguiendo. En teoría después del entrenamiento iríamos directo a nuestras casas, pero Honeydukes quedaba de paso por nuestro camino, y la dulcería parecía llamarnos como un canto de sirena con su música pop y sus vitrinas exponiendo coloridos dulces, además, nos acababan de pagar en el trabajo y podíamos darnos ese gusto. Cada vez que venía me sentía como Charlie en la fábrica de chocolates; la versión de Tim Burton, obvio. Sabía que debía evitar entrar a la tienda a toda costa, pero era una misión imposible desde el inicio. Mientras llenábamos nuestras cestas de compas con un montón de dulces, decidí retomar la conversación anterior con Ron.
—¿Qué me estabas diciendo hace rato? Algo sobre coincidencias.
—Pues que es una coincidencia que el mismo día de tu primera cita con Malfoy yo me le declarara a Hermione, por fin —dijo mi amigo metiendo un paquete de gomitas a su cesta.
—Pensé que lo habías hecho hace mucho tiempo.
—Comenzamos a salir desde aquella noche en la que Parkinson toco en La Casa de los Gritos, pero no lo habíamos hecho oficial hasta ahora.
—¡Felicidades Ron! Ahora estas con el amor de tu vida —exclame con una sonrisa sincera, estaba realmente feliz por él, y me alegraba poder sentirme así por fin.
—Es tan raro que ahora estemos juntos, espere un montón de tiempo para poder conquistarla.
—Lo sé, todavía me acuerdo cuando llegaste a contarme sobre ella.
Ron negó con la cabeza sin poder contener una sonrisa avergonzada.
—Ni me lo recuerdes, ¡Qué vergüenza!
—No fue para tanto.
No pude evitar ponerme a pensar en ese día, yo estaba saliendo del gimnasio después de la clase de educación física y él llegó de pronto, tomándome por el cuello con una bolsa de dulces en la mano, me arrastró a los jardines sin ninguna explicación para finalmente emocionado, me soltó de pronto un: "¡acabo de conocer al amor de mi vida!". Casi me caigo de la sorpresa, solo podía pensar "¿De dónde demonios vino eso?".
Resulta que Ron se encontró a Hermione por primera vez en La Casa de las Plumas, él estaba buscando un libro para la clase de literatura, pero se distrajo hojeando After, "me dio curiosidad porque estaban hablando mucho de la película, ¿ok?". Se excusó mi amigo cuando me empecé a reír de su elección. Hermione entró por la puerta principal envuelta en un corto vestido floreado y su largo cabello castaño flotó en el aire, cuando se apresuró a entrar al local directo a la sección de ciencias sociales, por las prisas ambos tropezaron como consecuencia a Ron se le cayó el libro al suelo, la castaña levantó el ejemplar disculpándose por el descuido de su parte, no sin antes lanzarle una mirada burlona a mi amigo después de ver el título. "Entonces vi sus enormes ojos de color chocolate y fue cuando supe que me había enamorado", me contó Ron con voz soñadora, para ese entonces estaba casi seguro de que me tomaba el pelo, aquella historia parecía sacada de una comedia romántica, no me creía que fuera posible que alguien pudiera vivir algo tan cliché en la vida real, pero aparentemente así había pasado.
Hermione le regresó el libro a Ron y siguió su camino, el pelirrojo dejó el ejemplar en el estante y se apresuró a seguir a la chica para intentar hacerle la plática o pedir su número, pero entonces se tropezó con sus propios pies, al intentar sostenerse tiró una pila de libros que cayeron sobre él en medio de un gran estrepito; todos voltearon a verlo y algunos se empezaron a reír de la escena, mi mejor amigo en lugar de quedarse, recoger los libros y pedir disculpas, salió huyendo de ahí totalmente avergonzado. Luego de eso me insistió para que le ayudara a buscar a su chica soñada, yo no quería hacerlo, por supuesto, tenía la esperanza de que no la volviéramos a ver porque en ese entonces quería a Ron solo para mí, lamentablemente, días después la vimos en la cafetería Heaven and Hell cuando Sirius nos llevó a comer hamburguesas en ese lugar, parecía que el destino estaba en mi contra desde el inicio. Desde entonces fuimos a comer ahí por lo menos una vez por semana.
—Por cierto, Hermione insistió en que le contara sobre la primera vez que la vi, no sé de dónde saco eso —dijo Ron como quien no quiere la cosa, interrumpiendo mis pensamientos.
—¡Uy! —exclamé evitando su mirada, se me había olvidado que casi le cuento a la castaña esa historia por despecho—. ¿Y se lo contaste?
—Sí, al parecer no recordaba mi cara, aunque si recuerda a un chico pelirrojo huyendo de la librería ese día, dice que me encontró divertido —contestó encogiéndose de hombros.
—¿Lo ves? Tan solo le hubieras pedido su número cuando la encontramos en la cafetería —dije.
—De haberlo hecho, ahora no estarías saliendo con Malfoy.
En eso tenía razón, no podía negarlo, gracias a él y su historia de amor, yo había obtenido la mía. Estábamos por doblar el pasillo cuando Ron se detuvo de pronto, por lo que choqué mi nariz contra su espalda.
—Ron, ¿Qué rayos…?
—¿Ese no es tu novio? —preguntó señalando al frente.
Miré en la dirección a la que apuntaba, en efecto, era Draco quien inspeccionaba la vitrina de chocolates, fruncí el ceño cuando vi a su acompañante que tenía una mano en la espalda baja de mi novio, mientras que con la otra mano le señalaba una trufa de coco, camine hasta ellos lo más tranquilo que pude, aunque en el fondo mi sangre estaba a punto de hervir, Ron me acompañó mirándome atentamente, pero sin hacer el menor comentario.
—¡Hey! —saludé al llegar junto a los chicos, quienes voltearon a verme en cuanto me escucharon.
Malfoy me sonrió de inmediato. El rubio tomó mi mano derecha y la acercó a su rostro, por un momento pensé que iba a besarla y retuve el aliento, pero en lugar de eso solo la olfateó un poco y luego la soltó con un gesto complacido.
—No hueles a tabaco, eso está bien —dijo.
—Mantengo mis promesas, espero que mantengas las tuyas —contesté sugerente. Nos sonreímos con complicidad. Por lo que Ron carraspeó incómodo.
El joven de cabello castaño, en cambio, me miro con una mueca desdeñosa en los labios. Busqué en mis recuerdos intentado dar con aquellos rasgos aristocráticos, estaba seguro de haberlos visto antes, solo debía buscar entre mis recuerdos; fue entonces cuando lo recordé, aquel chico era Theodore Nott, un integrante de la banda de Pansy, lo había visto tocar con ella en La Casa de los Gritos.
—¿Quiénes son ellos, Draco? —preguntó el acompañante del rubio.
—Pansy los presentó aquel día en La Casa de los Gritos, son Harry Potter y Ronald Weasley.
—¡Ah, sí! Son tus empleados, ¿no? —exclamó Nott despectivamente.
—No son mis empleados, Theo, trabajamos juntos —comentó Draco rodando los ojos.
—Claro —dijo el joven con desinterés, luego añadió—: Mejor llevemos los de cereza, a Narcisa le gustan más.
—De acuerdo, ve a cómpralos y te alcanzo en un segundo —aceptó el rubio.
Nott se alejó de nosotros después de darnos un asentimiento a Ron y a mí a modo de despedida, ambos le dijimos adiós con la mano sin mucho ánimo.
—¿Van a tu casa? —pregunté, intentando que no sonara mal, aunque por dentro quería romperle el cuello al idiota de Nott.
—Sí, mañana tenemos examen de etimologías grecolatinas y me va a ayudar a repasar algunas cosas, se quedará a dormir.
—¡Ah! —dije no muy contento de escuchar eso, mis tripas habían comenzado a retorcerse horriblemente, por lo que mi estómago amenazaba con dolerme en cualquier momento.
—¿Ustedes que van a hacer? ¿planean llenar una piñata? —preguntó Draco al ver nuestras cestas repletas de dulces.
Le sonreí auténticamente por primera vez.
—No, esto es para todo el año.
—Ajá —respondió subiendo las cejas, él sabía que no me durarían más de dos días.
—Además, tener algo en la boca ayuda para la ansiedad de fumar —dije.
Draco levantó una ceja y sonrió juguetón.
—Conque tener algo en la boca, ¿eh?
—Me voy a adelantar, te espero afuera, Harry —farfulló Ron yéndose de ahí con rapidez.
—Huyó —dijo riendo Draco jovial, era muy obvio lo mucho que le gustaba molestar a Ron.
Negué con la cabeza, divertido, me acerqué a mi novio para darle un corto beso en los labios.
—¡Draco! ¡Apúrate! —gritó Nott desde la puerta.
Nos separamos y miramos en su dirección, Theodore tenía los brazos cruzados y una mueca impaciente en el rostro. El rubio suspiró.
—Mejor me voy, te veo mañana en el trabajo, Harry —se despidió Draco.
—Hasta mañana.
Los vi marcharse por la puerta, Nott le pasó un brazo por los hombros justo como lo hacía Ron conmigo, ahora entendía los celos de Draco, tenía muchas ganas de golpear a ese tal Theodore. Resoplé caminando a la caja para pagar mis dulces, cuando salí del establecimiento, Ron me esperaba dentro de la camioneta. Mi padre había accedido a prestármela por todo el mes para poder llegar a tiempo a mis entrenamientos y volver a casa a salvo. El año anterior, cuando Ron recientemente había adquirido su permiso de conducir, fue el encargado de llevarnos hasta Hogwarts en el pequeño Ford Anglia azul de su padre, pero luego de un desastroso accidente, en el que el vehículo termino estampado contra un árbol, Arthur se mostraba muy reacio a prestarnos el auto de nuevo.
Comimos algunos dulces y charlamos un rato antes de volver a casa, pero mi mente no dejaba de pensar en el chico que se quedaría a pasar la noche con mi novio, por lo que me esforcé todo el tiempo en parecer natural, mientras mis celos no hacían más que aumentar.
