Capítulo 30
Sí
Volvía los nervios, volvía la sensación de inseguridad y el asegurarse que todo en ella estaba perfecto, al llamar a la puerta de la casa de Quinn. Rachel se adecentaba, miraba su ropa, alisaba su pelo con las manos y aclaraba su garganta segundos antes de pulsar el timbre.
No había sido un buen día.
Apenas había dormido nada durante la noche, y al llegar la mañana, recibió la noticia de la ausencia de la rubia en clase de dibujo, por un pequeño malestar que seguía aquejándola y que, según Dave, no eran más que excusas para no madrugar.
Por suerte, se animó a enviarle un mensaje para preguntarle por su estado, y la respuesta cambió totalmente la perspectiva de su día.
Me encuentro mucho mejor. Si quieres, nos vemos esta tarde en mi casa, y empezamos el dibujo de los ojos. Contéstame para preparar todo. Besos.
Rachel lo tuvo claro. No iba a perderse esa oportunidad por nada del mundo. Dibujar el dichoso ojo era la mejor de las excusas para pasar otra de aquellas tardes en su jardín.
—Hola —musitó un tanto extrañada. Tras la puerta no era Quinn quien aparecía, sino una chica de enormes ojos verdes y el pelo oscuro— ¿Está Quinn?
—Sí. ¿Quién eres?
—Rachel, Rachel Berry —se presentó.
—Un segundo…—se giró— ¡Qu…—
—Ya…ya voy —interrumpió bajando las escaleras, evitando que su hermana alzase la voz para llamarla—. Hola Rachel —saludó al llegar a la puerta.
—Hola, ¿estás ocupada? Si quieres vuelvo más tarde y…
—No, no, pasa. Te estaba esperando —la invitó con una enorme sonrisa—. Ella es mi hermana, Frannie. Ella es Rachel.
—Si, ya me lo ha dicho —respondía Frannie cortante.
—Encantada de conocerte —Rachel lanzó la mano con algo de entusiasmo para saludar a la chica, pero ésta apenas la rozó con la suya.
—No vayáis a despertar a Scott —espetó tras el leve gesto.
—Tranquila, no haremos ruido —le respondió Quinn siendo consciente del desagrado con el que su hermana volvía a tratarla. No solo a ella, sino también a Rachel—. No lo tomes a mal, es así de estúpida con mis amigos. Bueno, en realidad es así de estúpida siempre —susurró tras ver como Frannie las dejaba a solas.
—No, no es muy amable, cierto.
—Ignórala. Y bien… ¿Qué tal?
—Bien, muy bien, pero soy yo la que te tiene que preguntar a ti. ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué no has ido al curso?
—Bueno, definitivamente no debí beberme la media botella de ron. Y tampoco he dormido demasiado esta noche, así que… Nada, esta mañana no tenía fuerzas para levantarme de la cama.
—Oh. Vaya, pero… ¿Te encuentras ya mejor? Quiero decir, si te encuentras mal o estás cansada lo dejamos…
—Estoy bien, Rachel —interrumpía justo en el instante en el que un leve quejido provenía del salón— Oh, me temo que se ha despertado —dijo invitándola a que le acompañase hasta el salón.
Rachel seguía incrédula los pasos de la rubia y poco a poco se iba percatando que el leve quejido era producido por el pequeño Scott, que dormía en una cuna situada en el salón.
—Hey pequeñín, ¿te hemos despertado? —cuestionó con dulzura al tiempo que alzaba al chico en brazos. Rachel se limitaba a observar la escena, sin poder evitar que un pequeño nudo se anclara en su garganta.
Ver a Quinn tratar con aquella dulzura a su sobrino, le hizo recordar lo mal que lo tuvo que pasar al entregar a Beth, y lo poco justa que fue su familia con ella.
—¡Frannie! —exclamó llamando la atención de su hermana, que no tardó en asomarse al salón.
—¿Se despertó?
—Sí, pero aún tiene sueño. Lo subo conmigo. ¿Ok?
Un breve movimiento de la cabeza fue suficiente para aceptar la propuesta de Quinn, y la rubia no dudó en tomar un peluche del interior de la cuna y acercarse a la Rachel, que, en silencio, seguía observándola
—Mira Scott, ella es Rachel. ¿Te acuerdas de ella? Anoche te dio las buenas noches —dijo divertida, provocando la sonrisa en la morena.
—Hola guapo —musitó la morena tratando de provocar la sonrisa en el chico, pero éste la ignoró por completo, y terminó posando la cabeza sobre el hombro de Quinn.
—Mmm, me temo que ha sacado el mal despertar de los Fabray —añadió Quinn sin perder la gracia— Será mejor que intente dormirlo de nuevo. No perdona su siesta ¿Vamos?
—¿Dónde?
—A mi habitación. Hoy tenemos la clase allí.
—¿Por?
—Mi hermana está en el jardín con su marido y unos amigos. Es incómodo estar ahí con ellos.
—Ah…Ok.
—¿Te importa?
—No, no para nada. Donde tú digas estará bien.
—Ok, pues acompáñame. Lo tengo todo listo —Rachel asintió y esperó a que Quinn se adelantase para subir las escaleras—. Por cierto, veo que hoy te has olvidado del bikini.
—No, Dave me dijo que estabas enferma, así que hoy vengo con intenciones de no molestarte demasiado.
—Bien, entonces he de suponer que cuando vienes con el bikini, quieres diversión. Y cuando vienes con las gafas que te hacen interesante, pretendes aplicarte en el dibujo, ¿no?
Rubor. No lo pudo evitar. Lo había hecho queriendo. Se había colocado las gafas solo para aprovechar ese estado anímico que le había provocado el halago que le regaló la noche antes. Pero el simple hecho de recordárselo, logró sacar a relucir su tan típica inseguridad.
—Ya que voy a dibujar un ojo, que menos que vea bien. ¿No crees? —se excusó tras recomponerse.
—Cierto. Además, no me equivoqué cuando lo dije. Estás muy guapa —le dijo al tiempo que abría la puerta de la habitación y la invitaba a pasar. El pequeño Scott ya dormía de nuevo entre sus brazos.
—Creí que era "interesante", la palabra que dijiste.
—Las dos te vienen bien en este instante —le replicó sonriente—. Bienvenida a mi mundo —añadió tras ver como ya se colaban en la habitación, y Rachel no dudaba en mirar a su alrededor.
La cama, perfectamente hecha de un blanco inmaculado, un elegante tocador con decenas de perfumes sobre una mesa y un espejo sobre él. Un pequeño sofá en uno de los laterales, junto a las puertas de un armario del mismo blanco que la cama, y un escritorio junto a un ventanal con un asiento a sus pies, cubierto por varios cojines de un tono rosado.
Todo se mostraba armonioso en la habitación, dándole un aire elegante y clásico, acorde perfectamente con la rubia. Un caballete permanecía junto a la ventana.
—¿Te gusta? —preguntó al ver como Rachel no perdía detalle de nada.
—Sí, es muy…Quinn Fabray.
—Me alegro. Es lo que pretendo —respondía divertida— Oye, ¿me ayudas a apartar esos cojines? —añadió, y Rachel no dudó en aceptar su petición, apartando dos enormes cojines que permanecían en la cabecera de la cama—. Gracias —susurró al tiempo que dejaba al pequeño sobre la cama y lo acomodaba dejándolo completamente relajado, con un profundo sueño.
—¿No se va a despertar con nosotras aquí? —murmuró bajando la voz, sin apartar la mirada del pequeño.
—No, tranquila. Es un dormilón.
Volvía aquella sensación en la morena. No conseguía asimilar la dulzura con la que Quinn trataba a su sobrino y lo poco que pudo disfrutar de Beth. No había dudas, Quinn habría sido una gran madre pese a su juventud, y se veía perfectamente reflejado en como lo trataba.
—Ojalá pudiese dormir así, como él.
—Bueno, te he visto dormir, y lo haces muy parecido.
—¿Yo? ¿Qué dices? Si me despierto a cada rato.
—Normal, si te ataca un Bigfoot en mitad de la noche….
—Hey… Eso no es divertido —masculló procurando no alzar la voz, y Quinn terminó sonriendo.
—Vamos, ahí tienes tu caballete —le señaló hacia la ventana.
—¿Y el tuyo?
—Yo no lo voy a utilizar. Tengo un lugar perfecto para dibujar.
—¿Cuál?
—Tú siéntate y acomoda tus cosas. Voy a por algo que dejé en la cocina y ahora vuelvo. ¿Ok?
—Ok.
Rachel dudó unos segundos, pero al ver como Quinn abandonaba la habitación, optó por tomar asiento bajo la ventana y colocar el bloc de dibujo en el caballete, dispuesta para empezar aquel dibujo que comenzaba a preocuparle. No sin antes, hacer de nuevo un pequeño escrutinio de la habitación.
Quinn apenas tardó un par de minutos en regresar, y lo hizo de nuevo con una enorme sonrisa mientras portaba una de las cajas de galleta que Rachel iba a reconocer rápidamente.
—Hey, ¿galletas? —cuestionó divertida.
—Claro, tenemos que alimentarnos.
—¿Alimentarnos con galletas? Me temo que eso no entra dentro de mi estructura de vida.
—¿Entonces no quieres? —bromeó al tiempo que se acomodaba en el asiento, quedando justo al lado de la morena.
—No he dicho eso —se excusó—. Que no lo considere alimento de primera necesidad, no significa que no muera por ellas —sonreía.
—Bueno, en ese caso. Las compartiré contigo.
—Gracias. Muy amable de tu parte —se burló arrebatándole justo la que ella ya se disponía a devorar.
—Ok. Ok… ¿Y bien? ¿Empiezas a dibujar?
—¿Y tú?
—Yo ya hice un boceto, así que voy a ver como lo haces tú —dijo alzando las piernas, buscando apoyo en el lateral de la ventana y teniendo una perfecta visión de la hoja de dibujo de Rachel, que aún permanecía en blanco.
—¿Ya lo hiciste? Enséñamelo, así tengo una idea de lo que hay que hacer.
No lo dudó. Quinn hizo acopio de su bloc de dibujo que descansaba junto a ella, en el suelo, y lo abrió, mostrándole el primer boceto del ojo.
—Vale, yo no tengo ni idea de cómo se hace eso.
—Pues Miller lo quiere. Así que ponte las pilas.
—Quinn, si aún no terminé el bodegón de las uvas y las manzanas…—se quejó llevándose un trozo de galleta a la boca— ¿Cómo voy a pintar un ojo? Necesito que me ayudes. Que me digas al menos como empezar…
—Ok. Lo primero que tienes que hacer es la silueta. Dibuja una almendra —le dijo y Rachel la observó completamente seria. Gesto que provocó un halo de confusión en la rubia—. ¿Qué?
—Te he dicho que no sé dibujar una uva y quieres que dibuje una almendra, ¿estás de broma?
Volvía sonreír. El gesto serio de Rachel se transformó en una frustración cómica que terminaba por hacer reír a Quinn.
—Ok…Ok. No me he explicado bien. No tienes que dibujar una almendra, solo haz una silueta, haz esto —le volvía a mostrar el boceto— ¿Ves? Solo esto —insistió señalándole las líneas que formaban el ojo—. No es tan difícil.
—Ok… Allá voy —espetó tras lanzar varias miradas hacia el dibujo y regresar a su hoja.
En el primer trazo, ya supieron que le iba a ser imposible. Fue un auténtico desastre que terminó provocando una risotada en Quinn, a pesar de tener que contenerla para no despertar a Scott, y el malestar exagerado en Rachel.
—No tiene gracia que te rías de mi escaso talento con el dibujo —refunfuñó.
—Tienes razón.
—¿Podrías echarme una mano? Al menos ayúdame a hacer la silueta, el resto lo relleno yo.
—Ok. Pero solo la silueta. Lo demás lo tienes que hacer tú.
—Sí. Yo, yo lo hago —balbuceó. Y lo hizo porque supo que tal vez no había sido la mejor de las ideas pedirle que le ayudase. Ni siquiera había terminado de hablar, cuando notó como Quinn abandonaba su posición, y se acercaba a ella por la espalda.
—Dame el carboncillo —susurró, y Rachel le entregó el pequeño trozo de carboncillo. Quinn comenzó a crear varios trazos en el papel con una soltura pasmosa, ante la sorprendida mirada de Rachel, que veía como aquello que se suponía era un desafío para sus manos, en las de Quinn parecía salir sin dificultad alguna.
—¿Cómo lo haces? ¿Cómo plasmas lo que quieres dibujar?
—Ya te lo he dicho —espetó volviéndole a entregar el carboncillo—. Solo hay que practicar y no tener miedo. Recuerda que solo es un papel.
—Ya…
—¿Tú eras capaz de llegar a las notas esas tan altas con tu voz cuando estabas en el colegio?
—No.
—¿Cómo lo has conseguido?
—Ensayando —respondía mientras regresaba al bloc, dispuesta a hacer algo más que sorprenderse.
—¿Ves? Lo has conseguido a base de practica y técnicas. Pues el dibujo es igual…
—Ya, Quinn, pero si no tienes imaginación para saber lo que quieres o tienes que dibujar, es complicado que lo sepas hacer.
—Por eso te he mostrado el boceto. No es necesario que lo imagines. Primero tienes que dibujar cosas que puedas ver en vivo, en físico, Un objeto, una fotografía, que se yo… Por eso Miller nos pone bodegones en el taller. Y una vez que hayas conseguido plasmar esas cosas, es cuando vas a empezar a usar tu imaginación. Tendrás mas soltura, y probablemente vayas creando cosas que ni siquiera necesites ver.
—Oh… Entiendo —susurró buscando la mirada de Quinn, que ya había regresado a su improvisado asiento en la ventana. Rachel no pudo contener la risa al observarla.
—¿Qué pasa? ¿Por qué te ríes? —preguntó confundida.
Rachel no pudo evitarlo. Quinn se había rozado en la nariz con la mano después de utilizar el carboncillo y una mancha tiznaba parte de ella y de su pómulo derecho.
—Tienes… Tienes un poco de carboncillo en tu nariz y en la mejilla.
—¿Qué? ¿Me he manchado? —trató de limpiarse. Pero fue peor. La tizne del carboncillo se extendió un poco más.
—Me temo que lo estás poniendo peor —volvía a resaltar con una enorme sonrisa.
Quinn se levantó rápidamente y se acercó al tocador, donde tomó asiento y se inspeccionó frente al espejo, lamentándose por las manchas que había terminado esparciendo sobre él. Tomó una pequeña toallita húmeda y comenzó a eliminarlas ante la atenta mirada de Rachel, que aun sonriente, observaba cada gesto de la rubia.
La fascinación que había logrado sentir por Quinn llegaba a desconcertarla. Bien es cierto que todo lo que había descubierto con ella, provocó gran parte de esos sentimientos. Pero seguía siendo Quinn Fabray, la misma chica del instituto por la que tantas veces terminó llorando en su habitación. Era ella la que la había ridiculizado constantemente, la que había peleado con ella por Finn, y ahora estaba allí, en su habitación, con toda su atención, ayudándola a intentar hacer algo que dudaba de conseguir hacer.
Le gustaba recibir aquella atención por parte de la rubia, le gustaba sentirse importante para ella y ver como se preocupaba por ayudarla. Tampoco olvidaba la excusa extraña ante el beso que aún rondaba por su mente.
¿Quién se lo iba a decir hacia escasas tres semanas? ¿Cómo imaginar que aquel desastroso día en el que no consiguió entrar en el curso de teatro, iba a traer todo aquello? Definitivamente, el destino siempre guardaba un as bajo la manga, y probablemente, lo que había surgido entre ellas era una de las mayores sorpresas que había, y que iba a recibir a lo largo de su vida.
Perdió toda noción de tiempo observándola a través del espejo, mientras aquellos pensamientos se agolpaban en su mente. Fue Quinn quien la sacó del trance al percatarse de la intensa mirada que le regalaba la morena.
—¿Todo bien? —preguntó tras eliminar las manchas de carboncillo y regresar a la ventana, tomando asiento junto a ella.
—Perfecto —susurró sin apartar la mirada de ella—. Estás perfecta.
Volvían los silencios entre ellas, acompañados por las miradas que no terminaban de ceder en ninguna de las dos.
—¿Cómo vas? —cuestionó ignorando el papel.
—Mal…—añadió.
Habían dejado de hablar para hacerlo en susurros que apenas se podían percibir si no estaban cerca la una de la otra.
—A ver…—Quinn desvió la mirada hacia el papel y descubrió como Rachel había intentado trazar la pupila del ojo— Hey, eso no está tan mal.
—¿No?
—No. Vamos, ahora intenta perfilar mejor esta línea —le indicó al tiempo que volvía a alzar sus piernas sobre el asiento, colocándolas detrás de la morena y acercando su cuerpo al de la chica.
—¿Me ayudas? —le mostró el carboncillo.
—Sí, pero sigue dibujando tú.
Quinn dejó que Rachel mantuviera el lápiz, y se limitó a tomar su mano, para guiarla con sutileza a trazar las líneas que le pedía.
Rachel volvía a dejarse llevar. No podía evitarlo. Quinn sujetaba su mano mientras le enseñaba por donde tenía que trazar la línea, pero su mente estaba en otro lugar, justo en la cercanía que ambas tenían.
La sentía junto a su espalda, con su rostro cerca de su hombro mientras su brazo rozaba parte de ella. La escuchaba respirar, notaba el calor que desprendía, y el lamento no tardó en llegar.
Se lamentaba porque sentía que no sabía si iba a poder mantenerse firme.
Todo estaba aclarado entre ellas. Eran amigas y nada más. El beso, aunque de manera extraña, también quedó claro entre las dos, sabiendo que todo había sido producto de la magia que les rodeaba en el lago.
Allí no había magia, no había lago, ni luna, ni fuegos artificiales. Solo estaba ella y el pequeño Scott dormido sobre la cama, pero daba igual. Algo volvía a removerse en su interior, y no creía tener fuerzas para poder controlarlo.
—¿Ves? Ahora sigue tú. Marca las líneas de la pupila y luego traza los parpados.
Ni parpados, ni pupilas ni nada. Rachel no escuchaba absolutamente nada, solo sentía como su cuerpo iba dejándose caer lentamente hasta chocar con el pecho de la rubia, que notó el movimiento de la chica segundos antes de soltar su mano.
—Rachel, estás…—susurró. Apenas le dio tiempo a preguntar nada más cuando vio como la morena se giraba y perdía la mirada sobre sus labios.
Quinn no supo qué hacer. Apenas fueron unos segundos, pero sentía como el tiempo se ralentizaba a su alrededor. Realmente no quería creer lo que estaba a punto de suceder, y tuvo la suficiente frialdad como para retirarse un tanto.
—¿Sabes…sabes que Dave ya no está con Mel? —espetó tratando de desviar la atención del momento. Rachel reaccionó tras escuchar la frase, siendo consciente de lo que había sucedido, y como Quinn supo esquivar con destreza la situación.
—Oh, vaya… No, no lo sabía.
—Ya ves —se separó un tanto inquieta—. Al parecer solo quería sexo.
—Bien…
—¿Bien?
—Sí, quiero decir que al menos si llega a funcionar nuestro plan, no le habríamos hecho daño.
—Tienes razón.
—Ajam…—Rachel retomaba el dibujo, completamente aturdida.
—¿Me…me has intentado besar? —preguntó automáticamente desconcertándola por completo. Rachel volvía a buscarla con la mirada, tratando de asegurarse de que lo que había oído era real, y no una ilusión de ella— Quiero, quiero decir que te has acercado y… ¿Me ibas a besar?
—Yo…yo…
—¡Quinn!
La voz del chico se oía tras la puerta segundos antes de abrirse.
—Hey…Rachel —se sorprendió al descubrirla junto a la rubia.
—Shhh —reaccionó Quinn que rápidamente se levantó para increpar al chico— Cállate Dave, Scott está dormido.
—Ups…lo siento —murmuró—. No sabía que estaba aquí.
—¿No te han enseñado a llamar a la puerta?
—Sí, pero no sabía que estuvieses ocupada —sonrió sin darle importancia al hecho—. ¿Qué tal, Rachel? ¿Qué hacéis?
—Dibujar.
Un leve quejido proveniente del pequeño terminó por enfadar más a Quinn, que veía como se despertaba por culpa de la interrupción de Dave, sin contar como había destruido aquel momento entre la morena y ella, en el que estaba segura, iba a haber algo más que palabras.
—¿Estáis con los ojos? A ver…Uhh te queda mucho aún —bromeó tras acercarse curioso al bloc—. A eso le falta mucho para parecer un ojo.
—Dave, o te callas o te marchas. Scott quiere dormir —susurró al tiempo que se sentaba en la cama, y comenzaba a acariciar al pequeño, tratando de tranquilizarlo.
—Va…va, lo siento.
—¿Qué quieres?
—Nada, acabo de llegar de Kite y he visto que Frannie estaba en la piscina, le he preguntado donde estabas y me dijo que aquí. Venía a hacerte compañía, pero ya veo que no es necesario —explicó sonriente al tiempo que se sentaba junto a Rachel, y le robaba una de las galletas que permanecían en el pequeño asiento bajo la ventana.
—¿No tienes nada que hacer?
—No, al menos que te quieras venir conmigo a Chicago.
—¿Chicago? ¿Te vas a Chicago? —cuestionó Rachel recuperando la voz.
—No, eso es lo que quiere él, pero yo no pienso ir a un festival de esos.
—¿Festival?
—Un festival de música indie. Lo mejor del país. Y la aburrida de mi prima no quiere venir —añadió el chico.
—¿Por?
—No se me ha perdido nada ahí —respondió Quinn sin siquiera mirarla. Mientras volvía a lograr que Scott cerrase los ojos en calma.
—Pero un festival de música siempre es un buen plan.
—¿Ves? —intervino de nuevo Dave tras la respuesta de Rachel— Ella tiene razón. Imagínate, cinco escenarios, conciertos todas las tardes y noches. Acampadas con cientos de personas de todo el país…
—Suena muy Woodstock.
—Sí, solo que esto es más indie, más alternativo.
—Y yo tengo que estar ahí, ¿verdad? —masculló Quinn mirándolos de soslayo— Y así aprovecho y me hago tatuajes, me pongo piercings…
—Eso estaría bien, quizás también te cambiaba el color de pelo —replicó Dave.
—Negro —soltó Rachel.
—No, mejor Azul…
—Que poco me conocéis —masculló Quinn, tras ver como el pequeño volvía a dormir—. A mí me queda bien el rosa.
—Mmm. No te veo con el pelo rosa, sería extraño —añadió Rachel sin dejar de mirarla. Tratando de visualizarla tal y como se había descrito. Llena de tatuajes, con piercings y el pelo alborotado de color rosa.
—Piénsatelo Quinn, te prometo que nos lo vamos a pasar bien.
—Olvídalo. Y ahora vete, Rachel y yo tenemos cosas que hacer.
—Ok. Ok… —se levantó ante la amenaza de la rubia— No hace falta que seas tan borde. Si queréis estar a solas, solo tienes que decirlo, pero no creo que sea normal que haya un menor en la habitación mientras vosotras…
—No seas imbécil —lo interrumpió molesta—. Vamos, márchate —le ordenó viendo como el chico apenas podía contener la risa. Gesto que hizo reaccionar a Rachel.
—Oye Dave —susurró asegurándose de que su voz no volvía a interrumpir el sueño de Scott— ¿Aún sigues creyendo que Quinn y yo somos pareja?
—¿Qué?
Quinn la miró incrédula.
—Sabes que todo era una broma, ¿no?
—¿Una broma? Dirás una apuesta.
—No, la apuesta era cosa vuestra. Pero lo nuestro era una broma, una pequeña venganza por lo que dijiste de nosotras.
—¿Qué dije?
—Le dijiste a Mel que estábamos juntas.
—¿Tú también lo sabes? ¿Pero esta chica no sabe guardar secretos o qué? —se lamentó.
—Te lo dije. Te pasaste con esa estupidez —masculló Quinn tomando de nuevo asiento en la ventana.
—Solo quería dejarle claro que tú y yo no éramos novios —se excusó Dave.
—A mí me dijiste que eras su primo —interrumpió la morena.
—Porque tú no me ibas a creer. Además, ¿qué sentido tiene que os hicierais pasar por pareja? Solo estabais confirmando mi mentira.
—Teníamos que hacer creer a Mel que tenías razón, que podía confiar en nosotras —respondió Quinn recuperando la sonrisa.
—¿Para qué? ¿Qué estupidez es esa?
—Es la única forma de que ella nos creyese cuando le dijimos que eras gay.
—¿Qué?
—Lo que oyes…
—¿Me estáis jodiendo? ¿Le dijisteis eso? No me lo puedo creer. Ahora entiendo por qué me preguntaba por los chicos de Kite, y…y cuando me dijiste que no me lanzara —miró a la rubia que a duras penas podía contener la carcajada—Eres…sois…idiotas.
—Tienes lo que mereces, por mentir para ligar —respondía al insulto.
—Pues no os ha servido de nada, porque a Mel le he demostrado que no soy gay.
—Pues mejor para ti.
—¿Qué ganabais vosotras con eso? ¿Os ha merecido la pena?
—Sin duda —respondió Quinn rápidamente—. Han sido las mejores vacaciones de mi vida.
—Ya, claro…Pensándolo bien, vosotras también habéis tenido diversión —masculló con su habitual tono—. Os habéis aprovechado de la situación, para daros una alegría y…
—Basta Dave —interrumpió Quinn—. Lárgate.
—¿A qué te refieres? —cuestionó la morena ignorando la orden de Quinn.
—Bueno, vosotras también os lo habéis pasado bien en esa tienda, ¿no? Al menos la mentira sirvió para algo.
—Sigo sin entenderte…—respondía tratando de ocultar la sonrisa.
—Vamos Rachel, Mel me dijo que vosotras dos estabais teniendo algo más que palabras y besos hace un par de noches.
—¿Mel nos espió? —preguntó disimuladamente.
Quinn la observaba en silencio. No sabía a donde quería llegar con aquella cuestión.
—Eh…si, bueno…No es que os espiáramos, es que…—trató de excusarse.
—¿Nos espiasteis? ¿Los dos? —intervino Quinn uniéndose el juego— ¿Estás loco? ¿Quién eres para mirar a dos chicas en una tienda? —añadió fingiendo malestar.
—Hey…hey, yo…yo vi nada, fue Mel la que os vio. Yo me negué.
—¿Y por qué nos espiasteis? —intervino de nuevo Rachel— ¿Qué motivo teníais para hacer algo así?
—Trataba de convencerla de que no erais pareja, pero me sorprendió cuando me dijo que estabais haciendo el amor.
—No, no estábamos haciendo el amor —balbuceó Quinn.
—¿Cómo qué no? Mel me lo dijo, os vio por la trampilla de la tienda.
—No hicimos nada, solo disimulábamos porque sabíamos que ibais a estar ahí, idiota —soltó logrando que el gesto del chico volviera a descomponerse.
—¿Qué? ¿Lo sabíais? ¿Y por qué me has preguntado? —miró a Rachel que ya había comenzado a reír.
—Quería saber que excusa nos dabas para no quedar como un depravado.
—No tiene gracia. Además, acabáis de confirmarme que sois unas aburridas a más no poder.
—¿Qué?
—Mamá.
La voz del pequeño interrumpió la conversación. El chico se había despertado, y asustado buscaba a su madre. Fue Dave quien decidió acercarse y tomarlo entre los brazos.
—Déjalo, ahora lo llevo con Frannie.
—No, me lo llevo yo. No quiero estar más tiempo con unas aburridas.
—¿Por qué dices que somos aburridas?
—Solo dos aburridas como vosotras preferís disimular que tenéis sexo en vez de tenerlo. Debe ser algo habitual en Lima. Sois patéticas.
La sentencia enmudeció a ambas, que completamente incrédulas veían como el chico se dirigía hacia la puerta, y abandonaba la habitación con Scott entre sus brazos, tras haber soltado aquella bomba.
Quinn se removía inquieta. Se aseguró de cerrar la puerta tras la salida del chico, pero lo hizo solo para ganar tiempo antes de encontrarse con la morena.
Rachel se mostraba pensativa. Lejos de ruborizarse por lo que había dicho Dave, se cuestionaba si aquello podría haberse llevado a cabo entre ellas.
—¿Tú crees que tiene razón? —preguntó provocando más nervios en Quinn, que optó por sentarse a los pies de su cama.
—No le hagas caso, es un imbécil.
—No te estoy preguntado eso, te pregunto si tú crees que eso sería lo normal.
—¿Me estás preguntado si deberíamos de… ya sabes?
—¿Lo habrías hecho?
—No —fue rotunda.
—¿No?
—No Rachel, no voy acostándome con la gente a la primera oportunidad que se presenta.
—Va…
—¿Tú lo habrías hecho?
—¿Yo? No, no…no sé.
—¿No sabes?
—No, quiero decir. Si se dan una serie de circunstancias…
—Rachel —interrumpía— ¿Me estás diciendo que estabas dispuesta a tener tu primera vez en una ocasión en la que se supone que estabas fingiendo? ¿No decías que no estabas preparada?
—No es lo mismo Quinn, no es lo mismo una chica que un chico.
—¿Qué? ¿Cómo que no es lo mismo? Hacer el amor es hacer el amor, da igual que sea una chica o un chico.
—Pero, no necesitas la misma preparación.
—No me puedo creer lo que me estás diciendo —masculló sorprendida—. Rachel, es un paso importante, no puedes pensar así. Es el hecho de dar ese paso, no lo que tienes o vayas a hacer.
—No, no me entiendes. Yo sé que hacer el amor es lo mismo si es con un chico que con una chica. Hasta ahí llego, aunque la practica sea distinta, la teoría es lo mismo. Pero, con un chico hay menos confianza. Ellos, ellos no conocen el cuerpo de la chica como otra chica puede conocerlo. No sé si me entiendes. Supongo que todo es más sencillo con alguien que sabe perfectamente lo que está bien o no.
—Pero…Cuando estás con un chico es porque tienes confianza. Ellos también saben lo que hay que hacer.
—Sí, pero sigo pensando que no es lo mismo. No sé, yo el amor entre dos chicas lo veo como algo extremadamente dulce, honesto…No, no hay caretas, no hay máscaras, es una complicidad distinta.
—¿Cómo sabes tanto? —interrumpió curiosa.
—No es que lo sepa, es lo que creo que es. Como yo me lo imagino.
—Entonces, ¿tú no tendrías inconveniente en hacerlo por primera vez con una chica?
—No, para nada…Siempre y cuando exista amor, claro está.
—Me acabas de decir que no habrías tenido inconveniente en hacerlo la otra noche.
—No, no…He dicho que no lo sabía. Que depende de las circunstancias.
—¿Lo habrías hecho conmigo?
—Claro que…—se detuvo. Rachel descubrió la mirada inquieta de la rubia y fue consciente de lo que estaba a punto de decir con total y absoluta rotundidad.
—¿Claro que qué? —se impacientó.
—Quinn…
—Mierda —se lamentó al escuchar la voz de su hermana tras la puerta, interrumpiendo la mejor confesión que iba a escuchar en su vida.
—Mamá ha llamado, necesita que vayas a recogerla al club.
—¿Yo?
—Sí tú, ¿quién si no?
—Estoy haciendo cosas, ¿por qué no va Dave?
—¿Por qué Dave no es su hijo? Vamos, no tardes —espetó de malhumor.
—No te preocupes, Quinn —interrumpió al ver la escena—. Yo…yo también pensaba irme pronto. Voy a salir a cenar con mis padres y debo estar pronto en casa.
—¿Tú eres la hija de los gays? —cuestionó Frannie.
—Eh…sí —respondía confusa.
—No te metas donde no te llaman —masculló Quinn acercándose a la puerta, e invitándola a que volviera a dejarlas a solas. El gesto que le regaló a Rachel al descubrir quien era, también terminó afectándole a ella.
—No, yo no me meto en tus asuntos —replicó Frannie—. Vamos, mamá te espera.
Quinn aguardó a que su hermana se marchara para dirigirse a Rachel, que ya había cerrado su bloc de dibujo y se levantaba de su asiento.
—No le hagas caso, es una estúpida.
—No te preocupes Quinn, estoy acostumbrada a que me pregunten —esbozó una leve sonrisa.
—Lo sé, pero me avergüenza que alguien de mi familia piense así. Va, en realidad toda mi familia tiene esos pensamientos.
—No te preocupes, de veras —se acercó a la rubia—. No me ofenden.
—¿Seguro?
—Seguro —dejó un pequeño roce sobre el brazo de la chica, tratando de hacerle ver que todo estaba bien—. Sé que no todas las Fabray piensan igual —dijo, y Quinn sonrió tímidamente.
—Siento que te tengas que ir ya.
—No te preocupes, mira…—abrió el bloc mostrándole el dibujo— He avanzado mucho mientras Dave nos molestaba.
—Cierto, incluso has dibujado la silueta de la pupila —espetó señalando el dibujo.
—Ajam… Tengo que conseguirlo. Voy a hacer ese dibujo como que me llamo Rachel Barbra Berry
—Así me gusta. Con decisión…—le sonrió.
—Eso siempre. ¿Vamos? No quiero que hagas esperar a tu madre.
—Claro. Vamos…
Rachel abandonaba la habitación seguida por Quinn, que no dudó en acompañarla hasta la entrada.
—Oye, si te surge alguna duda sobre el dibujo, solo tienes que llamarme o escribirme.
—Ok…Pero no creo que vaya a dibujar más hoy.
—Bueno, la oferta es a tiempo ilimitado. Da igual cuando sea —le dijo tras abrir la puerta y ver como Rachel ya salía hasta el porche.
—Lo tendré en cuenta…
—¿Vas a venir mañana?
—Eh…no, no lo sé. Probablemente esté ocupada —se excusó siendo consciente de que era el día en el que iba a volver a ver a Finn.
—Ok. Pues si vas a venir, avísame por la mañana. ¿Ok?
—Claro, claro. Yo te aviso.
—Bien…Pues será mejor que te deje o va a venir de nuevo la endemoniada de mi hermana.
—Ok. Cuídate, Quinn —le dijo regalándole una sonrisa repleta de complicidad.
—Tú también —le respondió cuando Rachel ya abandonaba el pequeño porche de entrada, y dirigía sus pasos hacia el coche, que había aparcado a escasos metros de su puerta. Pero algo la detuvo, algo que debía rondar por su mente, y que, a juzgar por cómo se mantuvo durante algunos segundos paralizada, sabía que debía soltar. Quinn lo supo al ver como detenía sus pasos, y volvía a buscarla con la mirada tras un breve silencio— ¿Se te olvida algo? —le preguntó curiosa y Rachel sonrió asintiendo— ¿Los lápices? ¿Las galletas? ¿Quieres más galletas?
—No. Lo que se me olvida es una respuesta —dijo provocando la confusión en la rubia, que aguardó impaciente a que continuase—. Sí, Quinn. La respuesta es un sí rotundo —soltó con una gran sonrisa mientras recuperaba el trayecto hacia el coche.
—No entiendo, ¿a qué te refieres? —la cuestionó desde la distancia, pero Rachel se limitó a regalarle una última mirada antes de colarse en el coche, y una sonrisa que había logrado que todo a su alrededor temblara. O tal vez eran sus piernas— Oh dios…—susurró al descifrar su mirada, justo antes de que el motor de su coche comenzara a rugir, y la perdiese de vista a través de la solitaria calle—. Oh, dios…
