Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.
Palabras: 781.
29.- Ocaso
El último akuma revoloteó inocente entre Ladybug y Chat Noir. Hawk Moth se dejó caer de rodillas al suelo, vencido y agotado.
—Entréganos tu prodigio —ordenó Ladybug con una serenidad y seguridad que no sentía.
El villano la miró como si fuese incapaz de entender sus palabras. Ladybug tomó la mano de Chat, si sus sospechas eran ciertas, en cuanto se quitase el prodigio se verían frente a frente con Gabriel Agreste.
—No puedo, Ladybug.
—Entréganoslo —repitió Chat con tono inseguro.
—Si pierdo mi prodigio la perderé a ella para siempre.
Ladybug no sabía de qué estaba hablando, pero sonaba realmente angustiado. Siempre había pensado en Hawk Moth como algún tipo de monstruo retorcido, nunca se había parado a pensar en cuál era el motivo tras su obsesión hacia los prodigios de la creación y la destrucción.
—Estoy segura de que encontraremos un modo correcto de solucionar lo que sea que ocurra —declaró sin poder quitarse de la cabeza a Gabriel Agreste.
—No lo hay.
—Entréguenos el prodigio —volvió a pedir—. No puedo permitir que se lo quede.
—No nos obligues a quitártelo —añadió Chat.
Hawk Moth se llevó una mano temblorosa al prodigio y se lo quitó.
—Maldita sea —masculló Chat constatando que el hombre tras la máscara de villano era su padre—. Tenía tantas ganas de estar equivocado. Maldita sea.
»Plagg, garras dentro.
Ladybug esperó a que Gabriel reaccionase frente a su hijo, pero se quedó petrificado. No habían hablado de ello, sin embargo, Ladybug había tenido claro desde el principio que aquello pasaría y, aunque era peligroso revelar así su identidad, comprendía perfectamente su situación.
—Adrien...
—¿Cómo has podido, padre?
Gabriel Agreste le ofreció el prodigio a Ladybug, que se movió con cautela hasta tenerlo entre las manos.
—Creo que deberíais hablar —musitó la heroína—. Estaré cerca si me necesitas.
—Gracias, Ladybug —siseó Adrien con los ojos fijos en su padre.
Ladybug dejó dos azoteas de distancia para asegurarse de no oír nada. Llamó al maestro Fong y aguardó a su llegada. Gabriel Agreste no quedaría sin castigo, de eso sí que había hablado con Adrien, aunque no sabía qué le ocurriría. Deseó poder cambiar las cosas, que no tuviera que pasar por aquello, pero no había nada que pudiera hacer más allá de apoyarle.
El sol empezaba a caer cuando Chat Noir, cargado con Gabriel, brincó a su lado. El hombre se dejó llevar por el guardián, cabizbajo, sin dedicarle ni una última mirada a su hijo. Cuando el portal se cerró Chat se sentó sobre el tejado.
—Lo siento mucho, Adrien.
—¿Por qué? No es culpa tuya.
—Ya, es sólo qué...
Con un suspiro Adrien se quitó el prodigio ofreciéndoselo. Ladybug le miró sorprendida.
—¿Qué estás haciendo?
—He revelado mi identidad, he incumplido las normas —explicó él moviendo la mano animándole a tomarlo—. Estoy preparado para perderlo, incluso me he despedido de Plagg unas veinte veces.
—No quiero tu prodigio. No quiero a otro Chat Noir, Adrien.
—Pero Ladybug...
—El deber de una guardiana es saber quién posee uno de sus prodigios —contó con voz serena y la mirada fija en el sol poniente—. Determinar si es la persona adecuada para él, asegurarse de que portador y kwami se entienden...
Ladybug tomó el anillo y se lo puso en el dedo índice, el prodigio se adaptó al instante al tamaño de su dedo, Plagg se materializó mirando con tristeza a Adrien.
—Plagg, soy Ladybug, la guardiana de la caja de los prodigios —pronunció, a pesar de que el kwami lo sabía de sobras—. Sólo voy a darte una orden, así que espero que la obedezcas sin protestar.
—Sí, guardiana.
Adrien los observó con curiosidad, Plagg nunca obedecía a nadie.
—Quiero que me des tu opinión sincera sobre tu portador, Adrien Agreste.
Plagg le miró de reojo como si hablar de él fuese lo más difícil del mundo.
—Es idiota, cursi, bobo... pero es el mejor portador que he tenido nunca, guardiana.
—Gracias Plagg —musitó quitándose el anillo y tendiéndoselo al kwami—. Dale tu prodigio a quien quieras que sea tu portador.
Plagg asintió y voló hasta a Adrien con el anillo bien aferrado entre sus patitas.
—¿Quién va a cuidar de ti si te quedas sin prodigio?
—Plagg...
—Adrien —susurró Ladybug—. Creo que sería justo que te diga quien está debajo de este traje de heroína.
»Tikki, puntos dentro.
El destello rojo de la destransformación se confundió con la luz rojiza del ocaso. Adrien miró sorprendido a Marinette que se peinó el flequillo riendo nerviosa.
—Siento no ser una super chica, sólo soy la torpe de Marinette —declaró.
—Eres la perfecta Ladybug, no podría imaginar a nadie mejor.
Fin
Notas de la autora:
¡Hola! Vamos con el penúltimo, hoy un poco más largo de lo habitual. Quería escribir algo romántico, pero al final salió esto.
