Tren


Las ventanas vibraban con el movimiento del tren, era de noche y fuera llovía. Las gotas chocaban contra el cristal y se deslizaban por el dibujando caminos inacabables.

Roy fruncía el ceño cuando se concentraba, inclinaba la cabeza y el flequillo le cubría los ojos.

Suspiró para reprimir el impulso de pasar los dedos por su pelo y así poder ver sus ojos. Esos ojos oscuros, que eran incapaces de ocultar las emociones.

– ¿ Ocurre algo, Teniente? — preguntó sin mirarla.

— Nada, señor — contestó con tranquilidad.

— Suspiraba — contestó mirándola de reojo.

— Tiene usted un oído muy fino — replicó tratando de contener una sonrisa.

Roy esbozó una sonrisa apenas perceptible sin apartar la vista del periódico.

A Roy le gustaba estar informado, siempre buscaba la vuelta de tuerca en todo lo que leía, lo que quería contar el gobierno y lo que pasaba en realidad.

Dobló el periódico y lo dejó sobre su regazo. Roy miró por la ventana, su reflejo parecía brillar bajo las luces del tren.

Era increíblemente guapo, no podía dejar de pensarlo, cada día, cada momento. Y olía tan bien, incluso en aquella distancia. Que no era mucha, pero a ella le parecía un mundo.

— Tardaremos un par de horas en llegar a Central — murmuró sin dejar de mirar por la ventana. — Ha sido un día largo.

Y su voz era como una nana, suave, tranquilizadora, con una pizca de soberbia y mucha dulzura.

— Debería tratar de dormir un rato, — replicó mientras se colocaba la chaqueta sobre las rodillas, tratando de evitar las arrugas.

— Está bien, Teniente — contestó él.

Y sin mediar palabra, delante de todo el mundo, donde cualquiera podía verlos, apoyó la cabeza en su hombro y cerró los ojos.

Ella llenó sus pulmones de aire aterrada, no podían permitirse aquel lujo, era una imprudencia, una estupidez, su pulso se aceleró y podía sentir las gotas frías de sudor corriendo por su espalda.

Trató de decir algo pero las palabras se le atacaban en la garganta, porque en realidad deseaba estar así, deseaba tenerlo ahí, cerca, junto a ella, con ella, en ella.

Y no podían, no podrían nunca.

— Te quiero — murmuró muy suave, tan suave que creyó que se lo había imaginado.

— Coronel...no— dijo al fin haciendo acopio de toda la valentía que podía reunir cuando se trataba de él, de ellos.

— Riza — la interrumpió en un suspiro conteniendo la risa. — Todo el mundo duerme. Nadie reparará en dos soldados cansados que se quedan dormidos.

El sonido de su voz se derramó en sus oídos.

Y todo pareció más fácil, como siempre, él siempre hacía todo más facil, o todo lo parecía.

Su jefe, su amante, su amigo, su hombre, Roy, su pasado, su presente y su futuro.

— No podemos ser tan irresponsables — murmuró dejándose caer sobre él con delicadeza al tiempo que cerraba los ojos.

— No, no podemos — respondió con seriedad. — Pero...alguna vez...en algún momento...merecemos lo que queremos. Aunque solo sea un segundo. Que haga que todo valga la pena.

— Maldito embaucador... Yo también te quiero.

Carraspeó con fuerza y se acomodó en el asiento.

— Bien, pensaba que no lo dirías — farfulló mientras bostezaba. — Buenas noches.

— Buenas noches.


Hola!!!

Hacía mucho tiempo que no escribía y hoy he visto un fan art que me ha inspirado, lástima que no lo encuentro a la autora para poder citarla.

Muchas gracias por leerme.

Un beso enorme!