Como siempre, más vale tarde que nunca. (se me hizo tarde por una salida a compras víveres en tiempos de pandemia)

Capítulo anterior.

Horas más tarde, en el hospital.

Después de unas horas de haber superado otra racha de fiebre, Astrid despertó en un sobresalto. Al hacerlo, vio extrañada a su alrededor, ya no se encontraba en el cubículo pequeño y poco iluminado del área de maternidad, al contrario, estaba en otra habitación más iluminada, incluso con una ventana en donde se podía apreciar que estaba en un quinto o sexto piso.

La camilla incómoda en la que antes estaba había sido reemplazada por otra que sintió más confortable; luego se observó, seguía con el cabestrillo en su brazo derecho y en el izquierdo aún tenía el catéter conectado, por lo que dedujo que aún seguía hospitalizada; sin embargo, lo más curioso, es que todo a su alrededor estaba más silencioso, ya no escuchaba los chillidos de los recién nacidos ni a sus felices padres, que aunque fuera extraño, prefería no escucharlos.

¿Dónde estoy? —susurró inquieta.

Hola, Astrid…—escuchó de repente.

Al volverse hacia la voz, vio que se trataba de su ex enemigo, quien estaba acompañado por Stormfly y Alúmini, ambas viéndose muy sonrientes y aparentemente felices.

¿Te gusta tu nueva habitación?

Capítulo 28.

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Charla entre chicas.

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Lunes 21 de enero 2019.

Hospital de Berk.

Otro día en ese lugar, pensaba la nostálgica y durmiente Astrid, mientras escuchaba como, a unos metros de donde se encontraba, otro recién nacido había llegado al mundo.

Podía escucharlo todo. Desde los lamentosos gritos de labor de parto de esas mujeres que habían logrado llevar con éxito sus embarazos, hasta la llegada de esos recién nacidos para luego escuchar las exclamaciones de alivio y satisfacción de los padres de los cuales podía incluso sentir la alegría, la dicha y lo preocupados que habían estado durante esa difícil travesía.

Era insoportable de escuchar.

No porque odiara esos sonidos, sino porque cada vez que los escuchaba le recordaba lo que ella había perdido, su bebé, y no sólo eso, el recuerdo de sus otros dos hijos, sucesos que no tenían la menor idea de cómo habían sido, pero que, con la ayuda de Heather, se pudo hacer una idea.

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Día anterior.

Hiccup se había marchado sin dar explicaciones y Stormfly se había ido con él para ir a descansar. Fue sorpresivo para Astrid ver que quien sería su cuidadora en turno era Heather que, siendo tan amable como siempre, le dedicó su tiempo y también le llevó un poco de comida.

¿Te gustó lo que te preparé? —preguntó la jardinera gentilmente cuando vio que su amiga no podía comer más de la mitad de lo que le había llevado.

Sí, muchas gracias. —respondió débilmente y sin mucho ánimo.

¿Qué tal si duermes un poquito más?

La que reposaba asintió levemente y comenzó a removerse en la cama con cuidado para acomodarse, mientras que Heather le retiraba la bandeja con comida. Tomando el peluche para dormir abrazado de él, Astrid se preparó para cerrar los ojos cuando unos resonantes chillidos hicieron eco en casi toda aquella área.

"Mi amor, es una niña… ¡Una niña! Muchas gracias". —escuchó a un feliz padre al compás de los chillidos.

Luego todo un ajetreo, el personal médico parecía moverse rápido con el recién nacido, mientras que otros, aparentemente, se encargaban de la madre.

¡Wow! Otro bebé llegó a este mundo. —escuchó susurrar a Heather, quien también parecía estarse imaginando lo que sucedía fuera de su pequeño cuartito con sólo escuchar los sonidos.

Heather…

La soñadora jardinera entonces despertó de su ensoñación y con una mueca de preocupación se enfocó nuevamente en su amiga.

Ay lo siento, Astrid… ¿Quieres que te ayude en algo?

La hechicera asintió levemente.

Dime… ¿para qué soy buena?

Astrid cerró sus ojos para tomar aire y el valor para preguntar, algo que era difícil, ya que respirar a profundidad hacía que su inflamado vientre doliera, y el valor sentía que lo había perdido junto con su hijo.

Astrid… ¿Te sientes bien?

Esta en respuesta volvió a asentir levemente, abrió sus ojos y volvió su mirada a su amiga.

Heather… dices que me conoces desde hace unos años ¿verdad?

Eh sí, desde que Hiccup y tú se mudaron a su casa, déjame ver…—comenzó a hacer cuentas mentales. — Hace 7, casi 8 años.

Entonces… ¿tú estuviste presente o cerca cuando yo…

¿Tuviste a Zephyr y a Nuffink? —terminó Heather por ella.

Astrid se estremeció y volvió a cerrar los ojos para ahogar un grito y evitar respirar hondo para que no le dolieran nuevamente sus heridas.

Ay Astrid, tranquila. —le susurró Heather acariciando su cabello. —¿Quieres que te cuente lo que sé?

La hechicera asintió relajándose con el dulce y delicado trato de su amiga.

Bueno, de antemano tal vez quieras saber que tú ya estabas embarazada de Zephyr cuando se mudaron.

Astrid se sorprendió.

¿En serio?

Sí, aunque no se te notaba nada, apenas tenías un mes o dos. —sonrió esta. —Hiccup y tú eran tan frescos y libres, parecían dos adolescentes que se habían escapado de sus padres.

Eso le pareció lindo a Astrid, pues en su vida jamás se había sentido de esa manera, y no podía recordar como era siquiera eso.

Bueno, ustedes se mudaron, y ya sabes, o más bien no recuerdas, mi hermano, como todo un policía, según él, quiso que fuéramos y les diéramos la bienvenida. Así que fuimos a visitarlos y, no fue difícil el primer contacto, Hiccup y tú estaban en el exterior de la casa tratándose de tomar unas fotos.

Astrid tragó saliva, rememorando esas fotografías que había encontrado semanas atrás y que ahora desconocía dónde se encontraban.

En fin, yo les ayudé a tomárselas y ustedes me parecieron, como dije, una pareja muy bonita y amorosa.

Sin comentarios, nuevamente Astrid no supo qué decir ni qué pensar, simplemente no se podía ver así misma siendo así.

Y ese fue el primer contacto, y la verdad yo no me metía tanto en su vida, sino que fue Dagur el que se llevó bien con Hiccup, mientras que tú, comenzaste con tu negocio del invernadero, pero con el paso del tiempo necesitaste ayuda y fue cuando…

¿Cuándo comenzaste a trabajar conmigo?

Sí, y todo porque el metiche de Dagur le dijo a Hiccup que yo no conseguía trabajo y ya sabes, cosas así, y que tenía cierto conocimiento en lo que tú hacías y Hiccup pues le preocupaba que, tú embarazada, estuvieras trabajando, así que, sin más rodeos, fue cuando comencé a trabajar contigo. Nos llevamos muy bien de inmediato, y tú apenas tenías una barriguita chiquita. —recordó con ternura. —Si me preocupó que no creciera tanto, pero bueno, tú me dijiste que era normal, así que confié en ti.

¿Y… estuviste ahí cuando Zephyr nació?

Heather meditó.

La verdad… no, no fue así. —respondió con sinceridad. —Después de todo, cuando esas cosas pasan son los padres o familiares los que pueden estar cerca, en este caso, Hiccup fue el que te acompañó, y como Zephyr nació por la madrugada, ni me di por enterada hasta un día después.

Astrid bajó la cabeza con melancolía.

¡ah!… pero, si te ayuda…—exclamó Heather de inmediato. —Cuando te dieron de alta, sí me contaste que fue algo muy duro y doloroso… pero que estabas muy feliz, y todo esto me lo dijiste mientras cargabas a la pequeña Zephyr en tu regazo.

Una pequeña sonrisita se formó en el rostro de Astrid, algo era algo, y aunque no recordara nada de eso, sabía que podía confiar en las palabras de su amiga.

¿Y con Nuffink?

Oh… ese niño fue otra historia, en cuanto a tu embarazo, todo fue normal, ya sabes… malestares, vómitos, dormir, antojos y esas cosas, lo preocupante fue que a tres semanas antes del parto, comenzaste con las contracciones, nuevamente fue Hiccup quien te acompañó en todo momento, era día de descanso así que yo ni sabía, no fue hasta que Dagur se enteró y me enteró de lo sucedido y rápidamente fuimos al hospital para ver si podíamos apoyarlos en algo.

¿Qué sucedió?

Encontramos a Hiccup en la sala de espera y… dioses…—suspiró. —Parecía como si el mundo se le estuviera cayendo encima, tenía una cara de preocupación que… ¡ush! No sé cómo decírtelo… estaba mal, pero aun así nunca dejó de mecer la carriola en donde estaba Zephyr durmiendo.

Astrid sintió tristeza, al notar que, incluso hechizados, ella le causaba dolor a su ex enemigo.

Nos contó que Nuffink estaba en mala posición y que comenzó a perder oxígeno, por lo que tuvieron que intervenirte de emergencia y como no había alcanzado a dejar a Zephyr con alguien tampoco te estaba acompañando, pero estando Dagur y yo ahí, nos confió el cuidado de la pequeña Zephyr y fue contigo. Fueron unos angustiosos minutos, pero al final más o menos todos salió bien, Nuffink nació sano y a salvo, pero tú tuviste una hemorragia que casi te mata.

La hechicera tragó saliva.

Pero al final, te recuperaste y pudiste ver a tu bebé, eso sí, requeriste más cuidados a diferencia de cuando tuviste a Zephyr.

Ya veo…

Tal vez no son muchos detalles que te pueda dar, Astrid, pero espero que lo que te conté haya servido de algo.

No puedo recordar nada. —sinceró la hechicera. —Pero al menos me ayuda a no sentir tanto este vacío que de repente siento aquí. —dijo llevando su mano al pecho.

Heather sonrió levemente.

Vamos, duerme un poco…—le susurró, tomando la sábana para cubrirla con cuidado.

Astrid asintió, tratando de dejarse llevar por el sueño de Odín, aunque el gusto no le duró mucho, pues de repente la llegada inesperada de los gemelos interrumpió su sueño.

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La visita de los gemelos había sido amena, la hicieron olvidar por un momento sus problemas con sus tonteras y chistes, en especial por parte de ese personaje Tuffnut, el cual muy seguro de que lo recordaba, le contó un par de anécdotas graciosas de su hermana, mientras que esta y Heather sólo se miraban disimuladamente y con desprecio, algo que no comprendió.

Sin embargo, cuando sus visitas se fueron, nuevamente los sonidos de los recién nacidos la ensordecieron, nuevamente llegó la nostalgia y ya no pudo conciliar del todo el sueño. Su cabeza la atormentaba conforme escuchaba a esos pequeños bebés y a sus padres, quienes felizmente los recibían, mientras que ella, sólo tenía la imagen de su pequeño hijo no nato dibujada en una pantalla en blanco y negro.

Nunca tendría la oportunidad de conocerlo.

"Astrid…"

"Astrid…"

Abrió los ojos, pero todo estaba borroso.

—Astrid… responde…

"Esa voz." Al enfocar, vio que se trataba de Stormfly la cual tenía un semblante muy preocupado, junto con ella estaba Heather, igualmente preocupada, del otro lado de la cama, estaba Atali.

—Comenzaste a tener fiebre por la madrugada, y aunque te suministraron medicamento esta no ha bajado. —contó Heather.

—Astrid, lo mejor es que tomes un baño…—sugirió Atali. —No te puedo dar más medicamento por el momento.

La cabeza le daba vueltas a la hechicera, apenas podía comprender lo que pasaba cuando fue obligada a bajar de la cama, no fue hasta ese momento que sintió lo entumido que tenía las piernas y los pies y el dolor que tenía en el vientre se intensificó cuando trató de caminar erguida, los pasos que tuvo que dar para llegar a la ducha fueron una tortura.

Minutos más tarde, el esfuerzo que había hecho y la ducha de agua helada que tomó, volvieron a hacer que cayera en un sueño profundo del cual ya no pudo despertarse.

Stormfly y Heather estuvieron al pendiente en todo momento de ella, y cuando finalmente se durmió, la jardinera se retiró a su hogar para descansar.

Estando Stormfly sola al cuidado de su ama, pudo percibir todo el escándalo que había a su alrededor, en especial a los recién nacidos llorando, algo que consideró no era bueno que su amiga estuviera escuchando, quería sacarla de ahí, pensaba que lo mejor para Astrid era que se recuperara en casa en donde habría más tranquilidad que en el hospital.

—La fiebre ya le bajó más. —comentó Atali cuando acudió a hacerle otra revisión. —De igual manera en un par de horas le suministraré un poco más de medicamento, una vez que coma.

—Disculpe, doctora. —llamó la seria Stormfly viendo cuidadosamente todo lo que le hacían a su ama.

—¿Sí?

—¿No podría dar a Astrid de alta?

—No puedo, porque sinceramente no la veo aún en buenas condiciones.

—Cosa que no creo que mejore si sigue aquí. —insinuó Stormfly señalando a su alrededor.

Sin embargo, Atali comprendió a la perfección lo que quiso decirle.

—Lo sé; sé que para alguien que acaba de perder un bebé no es bueno que este aquí, sin embargo, no es porque yo quiera, así el hospital lo designa.

—Pero… entonces… ¿no la puede mover a otro lugar dónde pueda estar más tranquila?

—Hay unas habitaciones VIP, pero esas son para los que cuentan con un seguro más costoso o pueden pagar los costos de hospitalización, y lo que tengo entendido es que Hiccup y Astrid tenían un problema con su seguro médico ordinario. ¿No es así?

Stormfly apretó puños y dientes, recordando ese insignificante detalle.

—Pero veré si la puedo mover a otro lugar, mas no prometo nada, ya que en esta clase de cosas no puedo intervenir tan fácilmente, y en cuanto a Astrid. —vio a su durmiente paciente. —Ya la hubiera dado de alta, pero está muy débil y me es muy extraño ya que normalmente una mujer, al menos físicamente, se recupera rápido de este trauma.

Stormfly bajó la cabeza con melancolía, sospechaba que eso era por causa del egni, su ama había gastado tanto que no le daba abasto para que su cuerpo se recuperara.

—Tengo que ver a otras pacientes, señorita. Si me disculpa. —se despidió Atali con una leve sonrisa y salió del cuartito.

La guía sólo resopló, tratando de pensar en lo que podría hacer por su ama mientras estuviera convaleciente en ese lugar. Pronto, el tiempo pasó y se hizo medio día. Astrid seguía dormida y Stormfly seguía pensativa, no fue hasta que la cortina de aquel cuartillo se removió, mostrando a un tranquilo Hiccup, y no sólo a él, también Alúmini, que al ver que se encontraban a solas salió de su bolsillo para reposar en la cama de Astrid.

—¿Cómo sigue?

—Tuvo fiebre por la madrugada y esta mañana, pero gracias a los dioses, ya le bajó.

El hechicero y la dragoncita Alúmini suspiraron con alivio.

—Hiccup, me comentó la doctora que no puede darla de alta por que la ve muy débil, y sinceramente no creo que sean sólo por sus heridas sino también…

—Por el egni, lo sé.

—Sí, y la verdad no creo que se recupere en este lugar, sólo escucha ese escándalo.

—Lo sé. —susurró Hiccup pendiente de todo el ruido de esas mujeres y recién nacidos.

—Me dijo Atali que revisaría si la podían mover a otro lugar que no fuera este, porque algo más privado sería más costoso y con los problemas que tienes…

—No te preocupes por eso, Stormfly, eso ya quedó arreglado.

—¿Cómo? — se extrañó la guía y más cuando tanto Hiccup, como Alúmini en su forma de dragona, esbozaron una sonrisita.

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Acto seguido, con sólo una orden de Atali, Astrid fue trasladada al área considerada VIP, y estaba tan dormida que ni cuenta se dio cuando fue cambiada de camilla.

—En serio te lo agradezco mucho, Hiccup. —quiso llorar Stormfly de la felicidad, cuando vio que por fin Astrid estaba en un lugar más confortable y silencioso al anterior.

—Creo que es lo menos que podía hacer, yo tampoco soportaba todos esos ruidos. —sinceró el hechicero.

—Calma. —lo apapachó Alúmini. —Es otro problema menos, ahora sólo falta que Astrid se recupere para que podamos volver todos a casa.

Mientras tanto, Stormfly seguía fascinada, se le había hecho increíble toda esa anécdota de las inversiones secretas de Hiccup, que gentilmente estaba ayudando a su amiga, pero aún así podía percibir en él un aire de tristeza, uno casi igual al de Astrid, pero que disimulaba bastante bien.

De repente, unos movimientos de la que yacía en la cama llamaron su atención. Dándole la oportunidad de despertar, las guías y Hiccup se mantuvieron cerca del umbral de la puerta en lo que ella procesaba su alrededor.

Cuando finalmente Astrid fijó su atención en ellos, el primero en dar un paso hacia adelante fue Hiccup.

—Hola Astrid… ¿te gusta tu nueva habitación?

—¿Qué es este lugar? —respondió esta, tratando de levantarse.

En ese momento tanto Stormfly como Alúmini dieron un paso hacia adelante, mas no fue necesaria su intervención ya que Hiccup se les adelantó y la ayudó a reincorporarse en la cama.

—Estás en otra área del hospital, una en donde estarás más tranquila. —explicó Hiccup con suma delicadeza.

—Ya no hay ruidos. —susurró Astrid aun adormilada.

—Sí, lo sé. Quería… o más bien queríamos que estuvieras en un lugar más tranquilo. ¿No es así, chicas? —preguntó este a sus compañeras.

Las guías asintieron al mismo tiempo.

—Astrid, Hiccup hizo esto por ti… para que estuvieras más calmada y te puedas recuperar lo más pronto posible. —comentó Stormfly desde su lugar.

Saber eso, hizo a Astrid sentir una repentina tristeza que no sabía de dónde provenía, simplemente comenzó a sentirse triste, más no dejó que se reflejara en su rostro por lo que desvió su mirada hacia la ventana para disimular que estaba admirando el exterior.

—Gracias. —susurró con la voz entrecortada.

—No… no hay de qué. —respondió igualmente Hiccup, creyendo que había sido suficiente de su visita. —Me tengo que ir con los niños y con Toothless que se quedó cuidándolos, Stormfly y Alúmini se van a quedar, se estarán turnando cada cierto tiempo para descansar. ¿Está bien?

Astrid volvió su mirada a él y esbozó a cómo pudo una sonrisita.

—Bien, entonces me retiro… chicas. —se despidió acercándose más a la puerta.

—Adiós, Hiccup... —se despidieron ambas guías al unísono, viendo el final de aquella conversación un poco amarga.

Sin embargo, no les dio mucha oportunidad de comentarlo pues en cuanto Hiccup se fue, llegó una enfermera a servir la comida para la paciente. Nuevamente Astrid comió sin ganas, pero a diferencia de las veces anteriores, ahora había terminado casi con su platillo, por lo que las guías pensaron que el cambio de lugar había dado resultados.

Después de la comida y otro coctel de medicamentos, Astrid se relajó y se quedó nuevamente dormida.

—La noto más tranquila que hace dos días. —comentó Alúmini.

—Sí, yo también y creo que mejor que hace unas horas, el cambio resultó bueno.

—Sí…

—Y todo gracias a Hiccup. —admitió Stormfly apenada. —Alúmini, lamento todas las cosas malas que alguna vez dije de él, estaba equivocada, después de todo… Hiccup sí es una buena persona. Y también te agradezco, por estarme ayudando en estos momentos con mi amiga.

—Descuida, yo también me disculpo por haber juzgado a Astrid erróneamente en muchas ocasiones, y me es un placer ayudarla, ayudar a la chica que me puso en parte un nombre.

—¿Cómo?

Alúmini rio discretamente.

—Sí, tal vez no lo sepas y Astrid ni siquiera lo recuerde porque era muy pequeña, pero ¿de dónde crees que salió "Furia Luminosa"?

Stormfly ahogó un grito cuando su compañera de vigía señaló con su mirada a la que dormía de costado en su cama.

—pero… a ver… esto me interesa… ¿cómo fue eso?

—¿Recuerdas el santuario?

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El santuario de dragones, hogar inicial y final (en muchos casos) de todo guía espiritual que vivía en el mundo oculto; ubicada en el pleno centro de la ciudad a un costado del palacio de justicia, aquel lugar era completamente diferente al mundo moderno que había en su exterior ya que gozaba de amplios bosques y agua fresca y era el lugar de residencia del gran Salvajibestia.

Aquel lugar, se podía decir que estaba dividida en dos secciones, uno de ellos era "Fodsel", el lugar donde se daban los nacimientos de los nuevos guías, los cuales residían ahí hasta que se encontraran con su amo y el otro era "Vanaheim", el lugar de descanso para aquellos guías que habían cumplido con sus misiones y cuyos amos habían partido al Valhala, pues un hecho que era cierto en el mundo oculto, es que el guía tendía a morir casi después que su amo.

Sin embargo, existían las excepciones y una de esas eran los guías de los no natos, los cuales al no haber siquiera conocido a quienes serían sus amos, les tocaba vivir casi como un dragón ordinario, sin ninguna meta y bajo la custodia de los Landvik, casa a la cual pertenecía Valka, la madre de Hiccup.

Corría principios del año 1992, cuando se dieron los hechos.

La dragoncita Alúmini apenas se daba por enterada de que su amo nunca vendría por ella, puesto que esta no había alcanzado a nacer. Así que sólo le tocó ver como otros guías que, apenas reconocía de entre el montón, eran recogidos por energéticos niños.

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—¿Entonces te tocó ver a Astrid cuando fue a recogerme? —preguntó Stormfly precavidamente.

—Sí, y me causó curiosidad por dos cosas. La primera era porque estaba acompañada por una señora que solía visitar a la madre de Hiccup y en segundo, porque Astrid, a diferencia de los demás niños era muy seria, no saltaba ni gritaba por la emoción.

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Hola Valka… ¡Cuánto tiempo! —saludó alegremente Brianda, quitándose la capucha que la cubría.

Pensé que no vendrías, amiga, que no te dejarían venir. —saludó Valka con un abrazo.

Sus guías espirituales en cuanto se vieron también saltaron de sus hombros para saludarse con aleteos. Valka tenía a un dragón denominado como "corta tormentas" llamado Brinca Nube, Brianda tenía uno del tipo "Canto Mortal" al que había llamado Garf, los cuales se conocían desde hacer tiempo al igual que sus amas.

Y casi ni me dejan, desde que tú te casaste con… bueno… ya sabes… me prohibieron estar en contacto contigo, sin embargo, el primer contacto de un hechicero con su guía en este lugar es por mandatos del rey Drago y el rey de los dragones así que no pueden hacer nada contra eso. —contó la de cabello negro.

Sí, comprendo. —bajó la castaña la cabeza, notando entonces a quien acompañaba a su amiga. —Oh… ¿es ella?

Sí, es mi pequeña Astrid. —presentó Brianda. —Vamos, mi amor, preséntate cómo te enseñé.

Buenas tardes, señorita Landvik. Mi nombre es Astrid. —saludó la menor respetuosamente.

Oh… es tan linda. —Se enterneció la guardiana con tan buenos modales. — Aunque bueno, pequeña, ya no soy Landvik, más bien…

Valka…—la detuvo Brianda haciendo una negación con su cabeza.

Ay, por favor, Brianda…

Valka. —suplicó su amiga con la mirada.

La mujer se rindió, sin embargo, deseaba hablar seriamente con su amiga.

Astrid, los niños juegan a encontrar a su guía, de seguro la tuya ya sabe que llegaste y quiere que la encuentres. ¿Por qué no juegas?

La pequeña niña rubia asintió obediente, pero a pesar de ser un juego, comenzó a buscar lentamente y a su ritmo y sin hacer mucho escandalo como otros niños que Alúmini había visto.

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—Recuerdo ese juego, y sí, Astrid parecía un pequeño ser sin emociones, pero eso es culpa de su estricta familia, pero lo que sí nunca noté fue lo de la señora Brianda con la guardiana del santuario.

—Sí, a mí me tocó verla en dos o tres ocasiones antes de que fuera con Astrid, y siempre se quedaba hablando mucho tiempo con ella.

—Oh… ¿y recuerdas de que hablaron en aquella ocasión?

—No muy bien, pero al menos lo que recuerdo es que esas dos ya no volvieron a verse después de esa visita.

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Brianda, se me hace inaudito que pienses que el sólo mencionar que soy una Haddock pueda perjudicar a tu hija o algo por el estilo. —reclamó la guardiana molesta. —¡Soy tu amiga! Y el haberme casado con Stoick no cambia nada de eso.

Lo sé Valka, pero ¡ush! Ni siquiera sabes lo que batallé para que me dejaran venir, querían mandar a alguien por la guía de Astrid y si podían evitarte mejor, a los Hofferson no les agradó que los Landvik se dejaran comprar por los Haddock.

Pero… pero ¡¿Qué tonterías dices?! Yo me casé por amor, ¡me enamoré de mi esposo! ¡No como tú!

Con tal acusación, Brianda quedó boquiabierta y por supuesto muy ofendida.

¡Eso no es cierto! Yo también me casé enamorada.

¡Claro! ¡Pero porque no tuviste más remedio, te impusieron a la fuerza a ese Hofferson hasta que ya no tuviste alternativa y lo aceptaste porque no ibas a tener más opciones!

Eso no es cierto, yo amo a mi esposo y a las hijas que he concebido con él.

Valka miró de reojo a la pequeña, la cual buscaba lentamente entre las hierbas a su guía.

Admito que es una linda niña, sacó los rasgos más característicos de su padre y curioso que casi nace el mismo día que mi hijo. ¿No crees?

Sí, parece que "nos pusimos de acuerdo" ¿no?

Valka entendió la indirecta, lo cierto era que ella casi había sido obligada a concebir en un día en específico que el patriarca de los Haddock impuso y por el comentario de su amiga supuso que a ella le había pasado lo mismo.

Valka, la verdad no quiero pelear, recuerda que lo prometimos, un día antes de que te casaras con Stoick Haddock. Que pasara lo que pasara siempre seríamos amigas.

Valka recordó el suceso con melancolía, pues al contraer nupcias ganó un esposo, pero perdió a una amiga de muchos años.

Yo tampoco quiero pelear, pero ¡tampoco me lo pones fácil! —reclamó.

Brianda se sobresaltó.

¿A qué te refieres?

Tú eres la que pones barreras, ya no vienes como antes de que te casaras, siento que esa familia te controla demasiado. ¿eso es lo que tú quieres?

Amiga, soy madre de dos niñas, es obvio que no puedo hacer lo que yo quiera. Y por supuesto, admito que también trato de darle a los Hofferson por su lado, y lo hago más que nada por mi esposo. ¿Tú no lo haces?

Ahora fue Valka la sorprendida, pues a su perspectiva, nada había cambiado con ella aun estando casada y con un hijo; podía expresarse libremente ante Stoick, aunque a su suegro no le gustara, seguir trabajando en sus labores de guardiana sin que Eero, Stoick y… ¿su pequeño hijo se lo impidieran? Comenzó a reflexionar con seriedad.

Valka… ¿qué haces aquí? —cuestionó Brianda al notar su incertidumbre. —¿Por qué no estás en casa cuidando de tu hijo? o ¿por qué no tienes a tu hijo aquí? Recuerdo que antes me decías que cuando tuvieras uno, le enseñarías todo sobre el santuario y los dragones.

La pregunta se escuchó como un reclamo, y ciertamente Valka se sintió juzgada, como si fuera una mala madre.

Mi hijo está en perfectas condiciones, no necesita estar debajo de las faldas de su madre todo el tiempo. Es un Haddock después de todo.

Brianda sonrió de lado y resopló.

Te acabas de escuchar como toda una Haddock.

Y tú me acabas de juzgar como toda una Hofferson, si por mi fuera, les cerraría las puertas del santuario a esa familia, puesto que dicen que ni a sus guías tratan bien.

No es así. —defendió Brianda decepcionada.

Tal vez tú no, ni tus hijas, que no tienen la culpa de esta estúpida rivalidad, pero tu esposo y ese viejo al que llamas suegro tengo mis dudas.

Suficiente, creo que lo mejor es que me vaya…

Tal vez sea lo mejor.

Garf…—llamó Brianda a su guía, el cual sólo había permanecido sentado en una roca junto con Brinca Nube durante esa pelea. —Ayuda a Astrid a encontrar a su guía, por favor.

El dragoncito asintió y se preparó para volar cuando…

¡Furia Nocturna! —escucharon ambas mujeres y guías de repente.

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—Astrid… ¿te encontró?

—Sí. —rio Alúmini.

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Cuando Valka y Brianda vieron lo que Astrid señalaba, ambas dejaron su pelea de lado para ir con la niña.

Mira mami, un furia nocturna…—volvió a señalar la niña a la pequeña dragona que se erizó con su presencia.

Bueno… yo no le veo nada de nocturna. —opinó Brianda impresionada, ya que nunca había visto esa especie de guía en tal color.

Es una nueva especie. —explicó Valka a la pequeña. —Aún no hemos decidido como se llamarán los guías que sean iguales a ella.

¿Qué tal furia Blanca? —sugirió Brianda.No mejor no, suena horrible.

Valka rio.

Pero no es el peor, cuando le conté a mi hijo, el sugirió furia brillante…

Ay, es más horrible ese.

Lo sé.

¡Luminosa! ¡Furia Luminosa! —exclamó Astrid de repente al ver el brillo más intensificado en la asustada dragona.

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—Oh… que tierna… ¿Y qué más pasó?

—Nada, me asusté y me fui volando, y a Astrid como que también no le importó y siguió buscándote.

—¿Y de las señoras Haddock y Hofferson?

Alúmini negó con su cabeza.

—Como te dije, ya nunca más volví a ver a esa señora… sólo…—bajó la cabeza con melancolía.

—¿Qué?

—Un par de años después, me pareció ver a ese dragón que la acompañaba ese día, ese dragón canto mortal.

Stormfly ahogó un grito.

—Garf…

—Lo vi volando hacia Vanaheim y después de eso nunca más lo volví a ver.

Stormfly no comentó más, sabía exactamente lo que había pasado con el guía que había sido compañero de la madre de Astrid, ese guía que había sido su mentor y amigo durante los años en que la Sra. Brianda vivió.

—Entonces… —suspiró tratando de sonar animada. —Astrid le puso finalmente nombre a la especie a la que perteneces, pero ¿de dónde salió Alúmini? ¿Ese te lo puso Hiccup? y por cierto… ¿Cuándo conociste a Toothless? ¿Te enamoraste de él a primera vista?

—Wow, tranquila… son muchas preguntas. —dijo la sonrojada Alúmini. —Pero respondiendo casi a todos los cuestionamientos, sí, fue Hiccup el que me llamó Alúmini, y sí me enamoré a primera vista de él. ¿Cuándo lo conocí? Pues… me creerías que fue cuando Hiccup tenía 15 años si no mal recuerdo.

—Oh… yo pensé que había sido mucho antes.

—No, para nada… Toothless ni siquiera nació en el santuario, la señora Valka me contó tiempo después que ella mantuvo el huevo de Toothless cerca de ella durante y después del embarazo para que la conexión entre Hiccup y él fuera mucho más grande.

—No sabía que podían hacer eso.

—Yo supongo que lo hizo porque podía, era la guardiana después de todo. En fin, cuando yo conocí a Toothless y a Hiccup ciertamente este último era un chico solitario, acababa de recuperarse del trauma de lo de su pierna. —susurró precavidamente, asegurándose que la que estaba en la cama siguiera dormida.

—Mmm… entiendo. ¿Y qué pasó? ¿cómo se dio todo?

—Bueno, para empezar, Hiccup estaba muy resentido y se la pasaba… despotricando. —susurró en secreto. —En contra de…—señaló a la de la cama. —Y no sólo de ella, se molestaba por cualquier cosa, fue entonces que Valka y creo que también su padre, se preocuparon demasiado, por eso lo mandaron a trabajar al santuario para ver si así encontraba un poco de paz.

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Año 2003.

Habían pasado un par de meses desde el día de la exhibición.

Después del trauma, Hiccup pasó por un periodo de recuperación de alrededor de tres meses; lo cual inevitablemente lo recluyó de varias cosas y sucesos, por ejemplo: la ceremonia de graduación de la academia, (de la cual por obvias razones no obtuvo los honores que su familia esperaba) la oportunidad de ingresar a tiempo a la siguiente etapa de nivel de estudios y por supuesto la libertad de andar de un lugar a otro.

La rehabilitación no fue sencilla, en cuanto su curandero se lo permitió, tuvo que aprender a caminar prácticamente de nuevo, lo que ocasionaba que se molestara cuando fallaba, caía o sentía que no podía y, en su ira, se desquitaba con cualquier otra persona fuera hombre o mujer, en especial si estos tenían rasgos iguales a los de los Hofferson.

Preocupado con que aquella ira forjara el carácter de su hijo, Stoick le propuso a Valka que le permitiera a Hiccup trabajar con ella. La guardiana del santuario aceptó de inmediato la propuesta ya que, desde el divorcio, no había tenido la oportunidad de convivir demasiado con su hijo, mas no fue fácil pues la reciente herida de su hijo abrió otras heridas, y aunque Hiccup, nunca se lo dijo de frente, Valka sabía que estaba resentido con ella.

Hijo, después de rellenar los comederos de los dragones, ¿quieres ir a la casa de tu abuelo Bork a comer?

No, ma, no tengo hambre. —respondió el adolescente Hiccup sin siquiera darle la cara a su madre. —Creo que daré una vuelta más por los alrededores con Toothless, antes de regresar a casa de mi papá.

Valka no supo que más decir, lo que comúnmente le pasaba cuando se sentía rechazada; un sentimiento que no podía quitarse del todo ya que conocía la causa. Ella también lo había alejado, incluso antes del divorcio.

Está bien, yo iré, como quiera si en dado caso cambias de parecer te estaré esperando, tu abuelito Bork también, tiene muchas ganas de verte.

Luego voy a verlo a él. —mencionó Hiccup con indiferencia.

Para Valka ese "Luego voy a verlo" fue un "iré a verlo cuando tú no estés" por lo que ya no insistió más, sólo se dio media vuelta y se dirigió a la salida del santuario completamente decepcionada, pues ya habían pasado un par de semanas y su hijo seguía con la misma actitud.

Yéndose Valka del santuario, Hiccup miró sobre su hombro para cerciorarse de que realmente se hubiera ido, luego resopló.

Vaya, pensé que nunca se iría. —comentó con fastidio, un actitud que Toothless, quien siempre estaba cerca de él, le reprendió.

"Hiccup, es tu madre"

Sí, lo sé… Toothless, vamos a caminar. —Lo ignoró este, comenzando a alejarse del área de los comederos.

Toothless resopló, pero aun así siguió a su amo de cerca, debido a que Hiccup aún tenía problemas para caminar, los pasos de su pierna izquierda eran más bien un cojeo que dolía con cada pisada y que lo hacían esbozar muecas de dolor.

Sin embargo, aun así, el resentido hechicero no paró su andar y siguió de frente. Pronto la maleza del bosque del santuario se fue haciendo más frondosa, lo cual le dificultaba más el poder caminar. Toothless, con todo su fulgor color azul, trató de evitar que hiciera locuras, pero Hiccup siguió y siguió, hasta que de repente pasó: su prótesis de madera se quedó atorada entre el lodo, lo que hizo que se le desprendiera.

Hiccup cayó inevitablemente de frente y quedó cubierto de porquería del bosque.

¿Por qué? —comenzó a gruñir de la frustración, tomando el lodo entre sus puños como si quisiera matarlo.

Toothless tomó su distancia, pues vio que algo se aproximaba, algo que ahora le pasaba a su amo con frecuencia después de la exhibición: una rabieta.

¡MALDITA PROTÉSIS!¡PEDAZO DE PORQUERÍA, NO SIRVES PARA NADA! —gritó el furioso Hiccup, tomando su falsa pierna de madera para luego arrojarla lejos de él.

"Calma, calma" —se acercó prudentemente Toothless, pues Hiccup parecía resoplar y emanar fuego y eso podía ocasionar un incendio.

¡Perdón, ya me calmé, ya me calmé! —dijo este entre resoplidos, evitando que se le acercara también demasiado. —¿Puedes buscar esa porquería para ya irnos? Quiero volver a casa.

"Es lo mejor" —concordó el preocupado Toothless entre su fulgor y voló hacia donde había salido disparada la pobre prótesis.

Mientras tanto, Hiccup se tuvo que quedar en su sitio, despotricando con un tono de voz más bajo.

Maldita Hofferson… jamás te perdonaré… maldita seas tú y toda tu maldita familia.

Mientras tanto, Toothless, en su misión de buscar la prótesis pronto llegó a un claro del bosque, que estaba a sólo un par de metros de donde se encontraba el afligido Hiccup, ahí la maleza estaba igual de frondosa que en la parte oculta, por lo que optó por usar su olfato para localizar el peculiar olor a madera del protésico de su amigo; sin embargo, cuando pudo detectar aquel olor, curiosamente también detectó otro que le resultó ser más "Dulce".

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—Ay… y ¿ahí fue cuando te encontró? —preguntó Stormfly emocionada.

—Sí, y fue tan… ahhh…—suspiró la albina.

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¿Qué había sido eso? La dragoncita albina estaba descansando pacíficamente entre la maleza cuando sintió un golpe en su cabeza. El tremendo golpazo le aturdió por un momento todos los sentidos; sin embargo, cuando fue capaz de reaccionar, su instinto le avisó que había alguien más en ese lugar con ella, y ella siendo, un tanto salvaje, pretendió huir, cuando de repente ese alguien entre las hierbas asomó su cabeza.

Ojos reptiles verdes con azules se encontraron, y fue hipnotizante para ambos.

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—Ay, sí… nos quedamos viendo como un par de idiotas. —contó Alúmini. —es lo más bonito que había sentido y que he sentido desde que estoy con él.

—Y luego… ¿qué más pasó?

Alúmini resopló.

—Luego pasó… Hiccup.

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¡oye Toothless! Ya te tardaste ¿estás bien? —preguntó el cansado Hiccup que, yendo de brinquitos con un solo pie, llegó al claro.

Con su llamado, los hipnotizados furias recobraron la compostura e inmediatamente se volvieron al recién llegado.

¡Wow!... ¿Eres una furia…? —balbuceó el sorprendido adolescente recordando que en años pasados su madre le había contado sobre aquel peculiar dragón, más no recordaba como lo había llamado; sin embargo, pronto dejó de pensar en aquello al divisar su prótesis a un lado de ella, y no sólo eso, también que aquella dragona tenía un chichón en su cabeza —Ay dioses, lo siento tanto.

La dragona albina entonces vio hacia su otro lado, dándose cuenta de que aquel muchacho veía el trozo de madera, lo que le dio a entender que él se lo había arrojado, por lo que muy molesta, salió huyendo para evitar que le hiciera más daño.

El pobre Toothless, confundido, trató de seguirla, pero con un llamado de Hiccup, quedó dividido entre su amigo y el amor.

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—Oh… entonces ¿Hiccup no te agradó?

—Para nada, el muy tonto me había golpeado la cabeza con su prótesis, era lo único que podía pensar. —recordó Alúmini molesta.

—Pero entonces…

Alúmini dio otro suspiro.

—Bien, pues eso cambió después, porque, aunque Hiccup me molestara, yo no podía dejar a Toothless. —recordó ensoñada. —Ni él a mí.

—Ok, pero ¿entonces como terminaron todos juntos?

—Bueno, ciertamente yo quería alejar a Toothless de Hiccup, que fuera un dragón sin amo como yo, en cambio Hiccup. —rio.

—¿Qué es tan gracioso?

—Trató de ayudar a Toothless a conquistarme. —recordó con simpatía. —E hicieron de todo para llamar mi atención.

—¿Cómo qué?

—Asesorado por Hiccup: Toothless hizo bailes de cortejo raros, en serio, muy raros y desconcertantes, hacía que me molestara cuando descansaba, cuando comía, en fin, casi todo el tiempo; Hiccup incluso construyó un "nidito del amor" en medio del bosque. Está de más decir que los dos no tenían ni la menor idea de cómo tratar a una chica o hembra, eran un completo desastre haciendo un equipo de conquista; sin embargo, fueron esos detalles los que me hicieron ver que Hiccup no era tan malo como yo pensaba y que reafirmaron mi idea de que Toothless era mi ideal. Pronto llegó un momento en que, sin culpa alguna, Toothless podía pasar todo el tiempo conmigo, mientras que a Hiccup se le vio más tranquilo trabajando con los dragones del santuario.

—¿Y con su madre?

Alúmini negó con su cabeza.

—Eso no cambió mucho a mi perspectiva, aunque no te puedo asegurar nada debido a que todo esto que te digo siempre lo vi desde lejos.

—¿Cómo? No entiendo.

—Sí, como te decía yo empaticé con Hiccup, pero manteniendo mi distancia, parte de lo que aconteció para que yo me hiciera su guía adoptiva sucedió después de que él cumplió 16 años.

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Año 2004

Ya no podré venir al santuario, mamá. —avisó Hiccup inesperadamente un día.

¿Qué? ¿Por qué? —cuestionó Valka desconcertada.

Por fin pude conseguir, con la ayuda de papá, un lugar en la escuela de preparación pre- especialidad, necesito esos créditos extras para después poder conseguir un lugar en la escuela de especializaciones; si quiero encargarme de los negocios de los Haddock, tengo que hacerlo.

Oh, ya veo, es cierto, necesitas seguir con tu educación. —comprendió Valka cabizbaja.

Necesito alcanzar a los demás de mi generación, haré como pueda materias extras para alcanzarlos. —comentó Hiccup siendo un poco más frívolo.

A pesar de los meses que habían pasado, la relación madre e hijo no había mejorado mucho, lo poco que habían logrado congeniar fue en parte al trabajo que tenían que hacer como equipo, cuando Valka enseñaba a su hijo sobre el trato, alimentación y cuidado de los dragones de diferentes edades y Hiccup aplicó los conocimientos que había adquirido en las anteriores etapas como la siembra, cosecha de alimentos, hasta ese punto habían llegado sus afectos.

Sin embargo, ¿has pensado que pasará con Toothless? —cuestionó Valka.

Hiccup resopló, viendo como a lo lejos, su guía parecía estarle diciendo las nuevas a su pareja.

No tengo la menor idea qué hacer con esa situación… mmm, ma… cómo guardiana… ¿qué es lo que tú harías? ¿Dejarías tus deberes o dejarías el amor?

Valka dudó en responder aquella indirecta pregunta.

Que tonta pregunta. —se respondió Hiccup así mismos por sus adentros. —Ambos lo sabemos. Creo que dejaré que Toothless decida, es lo mejor. —concluyó cabizbajo.

Hiccup…—susurró Valka un poco dolida, sin embargo, no estaba dispuesta a que la historia se repitiera con el guía. —Espérame un momento aquí.

El desconcertado Hiccup pensó que su madre se quedaría callada como de costumbre cuando lanzaba sus indirectas; sin embargo, ahora no había pasado, en lugar del silencio, Valka caminó hacia donde estaban Toothless y Alúmini revoloteando.

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—Oh… ¿entonces fue la guardiana quien te lo pidió? —preguntó Stormfly asombrada.

—Sí, le pidió a Toothless que regresara con Hiccup, mientras que, a mí, me pidió hablar a solas, fue cuando lo hizo.

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Pequeña furia luminosa, sé que estás encantada con el guía de mi querido hijo y te comprendo, alguna vez estuve así por alguien. —contó Valka nostálgicamente, teniendo a la furia luminosa posada en la palma de su mano. —Sin embargo, mi hijo aún tiene un largo camino que recorrer, no ha culminado con su maduración y necesita a su guía a su lado para que este pueda madurar también.

La dragoncita albina, bajó la cabeza en señal de que también comprendía parte de ese deber.

No quisiera que ellos se separaran, ni que tú te separaras de Toothless.

"¿Entonces?" se iluminó la albina, aunque no podía ser claramente entendida por la falta de conexión de guía y amo que nunca había tenido, pero Valka al convivir con demasiados dragones guías podía comprender con sólo ver sus expresiones.

Si te pidiera que acompañaras a mi hijo en su travesía ¿lo harías?

La furia dejó caer su mandíbula.

Te aseguro que es bueno, el mejor de los hijos, aunque ahora esté un poco desviado de su camino. Creo que podrías ser buena guía para él, hacer equipo con Toothless para llevarlo por el buen camino, ayudarlo a hacer un hombre respetable, responsable y maduro. Y por supuesto, estarías con Toothless en todo momento y también crecerías más que al hacerlo en solitario —sonrió.

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—No pude resistirme a esa oportunidad, porque, pese a todo, así como Astrid llevará consigo el recuerdo de ese bebé en su corazón, yo tengo en el mío a ese ser que nunca pude conocer. —siguió relatando Alúmini nostálgicamente.

—Entiendo, por eso aceptaste de inmediato.

—Sí, fue cuando realmente comenzó todo para mí, además de estar con Toothless, tuve un nuevo propósito, el de ayudar a Hiccup.

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Después de cerrar un pacto secreto, Valka junto a Alúmini volvieron a donde Hiccup y Toothless estaban, apenas llegando con ellos, vio que ambos estaban llorosos, los dos parecían estarse despidiendo como seres que nunca se volverían a ver de nuevo.

¿Qué pasa hijo?

Hiccup se sorbió las mucosidades.

Le dije a Toothless que se podía quedar aquí, con su dragoncita. —chilló este infantilmente y Toothless lo imitó con el mismo estilo.

Valka y la albina se miraron entre sí, y la dragoncita vio porque la guardiana le dijo que su pareja también necesitaba madurar más, si en ese momento parecía un pequeño bebé.

Pero… ¿quién dijo que se tenían que separar? —cuestionó Valka aguantándose la risa.

Pues… —señaló Hiccup a la albina, que seguía tranquilamente en la palma de la guardiana. —Oh… ¿te permite tocarla?

"Apenas se da cuenta" Pensó la albina para sus adentros, y sin más preámbulos, se acercó al llorón muchacho y quedándose frente a él, esperó a que este imitara la pose de su madre.

Después de unos largos y sorprendentes segundos, Hiccup pareció captar el mensaje y abrió su mano, donde la albina pudo posarse para luego lamerse las escamas, como si le dijera "tardaste mucho".

Ok… ¿qué está pasando? —preguntó confundido.

Toothless estaba igual que Hiccup, de lo que llevaba conociendo a su querida albina, jamás había visto que se dejara tocar por los humanos.

Hijo, la furia luminosa quiere acompañarte a ti y a Toothless en tu camino. —sonrió Valka. —Ser… algo así como una guía adoptiva para ti.

¡¿Qué?! ¿Eso se puede?

Nunca había pasado, pero no creo que afecte a nadie.

Oh… entonces… ¿quieres acompañarnos? —cuestionó Hiccup personalmente a la dragoncita.

Esta movió su cabecita de arriba abajo, dando a entender con eso un gran "Sí".

¡Oh, wow! Muchas gracias, Toothless… después de todo no tenemos por qué separarnos. —brincó el joven hechicero de la felicidad, acto que también celebró Toothless.

Cuando el festejo terminó, Hiccup preguntó:

Y dragoncita… ¿cómo te llamas?

La albina no pudo responder y sólo se volvió a Valka para ver si ella sabía esa respuesta.

Bueno, no tiene nombre… en todos estos años sólo la he llamado… eh… furia luminosa. —recordó nostálgica.

La dragona también se acordó cuando aquella peculiar niña la llamó de esa manera.

Uhm, pero si no mal recuerdo ese es sólo el nombre de su especie, me refiero a un nombre personal, si no lo tienes… ¿qué tal si te nombro… Brillantina?

La dragona se asqueó de inmediato.

¿Blanquita?

Negativo.

¿Pastita?

Negativo

Nieve.

Negativo.

¡Ush! Entonces ¿cómo?

Negativo.

No cómo como nombre, me refiero a ¿cómo quieres que te llame?

Creo que ha pasado demasiado tiempo aquí que ella ya prefiere que sólo la llamen furia luminosa. —opinó Valka.

Afirmativo.

Pero… está como que muy largo… ¿qué tal un diminutivo? ¿Luminosita?

Negativo.

¿Furiorcita?

Negativo.

Eh… furiaaaluminosa…—comenzó a balbucear el hechicero en un intento por encontrar otro diminutivo. —Urialuminosa…rialumino…alumino

Las orejitas de la dragona se sacudieron con el último diminutivo.

¿Alumino? —repitió Hiccup notando también que al parecer le había gustado.

Sin embargo, la dragona hizo una mueca de que no le gustaba tanto.

Sí, suena como para un niño… ¡oh!... ¿qué tal Alúmini? Suena mejor como para una chica.

La dragoncita quedó fascinada y de inmediato asintió felizmente, al igual que Toothless, que personalmente hubiera preferido "Paste" para ser algo así como "Toothpaste", pero igual le agradó el que finalmente se le quedó.

Formado el nuevo equipo, Hiccup dejó el trabajo del santuario para seguir su propio camino, con su madre, finalmente sólo quedó una relación cordial entre ambos, pero que luego fue haciéndose más distanciada por todo lo sucedido posteriormente.

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—Vaya, que historia; y ahora que recuerdo, es cierto, cuando Astrid y yo nos volvimos a topar con Hiccup y Toothless, casi un año después de la exhibición, tú ya estabas con ellos.

—Sí, y la verdad yo tampoco reconocí a Astrid como esa niñita que me había puesto un nombre, sólo pude ver a una persona que era muy agresiva con Hiccup.

—Bueno, él tampoco era un pedacito de cielo, era muy engreído, cretino y con el paso del tiempo eso fue empeorando.

—No te voy a contradecir, Stormfly, porque es la verdad y empeoró más cuando…

—¿Cuándo…?

Alúmini suspiró.

—Cuando se enamoró.

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En la escuela de preparación pre- especialidad, llámese, preparatoria, los nuevos alumnos de ingreso se preparaban para ir a clases, para infortunio de Hiccup, en el primer día de escuela le había tocado ver a su rival, aquella mujer que le había destrozado parte del cuerpo y de su vida, y de la cual había escuchado rumores que también había tardado en sanar.

Pero ¿sanar en qué? Hiccup la vio muy sana y completa, sólo vio que había crecido un poco en tan solo un año, y su cabello, ese que una vez había cortado en el preescolar lo llevaba más largo que incluso cubría parte de su rostro, lo cual la hacía ver como toda una bruja.

Tú, aquí. —saludó ella con desdén, viendo los resultados de su último ataque.

Sí, y sí no te gusta, puedes largarte… y también si no te molesta, ¿Podrías verme a la cara? La gente pensará que me estás viendo el paquete. —dijo con burla.

Vaya, el vocabulario de Haddock ha crecido. —se burló Astrid encarándolo. —Pero… ¿habrá pasado lo mismo con su paquetito?

¡¿Por qué no vienes y lo averiguas, estúpida?! —respondió este con agresividad.

Típico de los "hombres". —resopló. —Le insultas al amigo y se alteran todos.

Típico de un Hofferson, que ve que alguien es mejor que él y no le queda de otra más que limitarse a atacar con insultos.

Astrid bufó.

¿Qué quieres decir?

Sabes a lo que me refiero, sé lo que te hizo mi Inferno…— dijo con sonora burla. —Y ahora qué sé muy bien lo que puede hacer, puedo decir con toda seguridad que es mejor a tu hacha esa como sea que la llamaste.

No me provoques, Haddock. —advirtió Astrid entre dientes. —Porque con gusto te arranco el otro pie y ambos brazos.

No te tengo miedo. —se acercó Hiccup amenazadoramente a ella, mostrándole de cerca, lo "mucho" que había crecido en estatura, ya la había superado en un año.

Ante el posible conflicto que se aproximaba, los guías de ambos intervinieron para separarlos. Fue entonces que Stormfly notó que ahora él llevaba dos guías, mientras que, Alúmini, reprobó a su protegido adoptivo, pero también reprobó la actitud de esa chica.

No te metas en mi camino. —advirtió Astrid, dándole un empujón en el brazo, cuando optó por retirarse. —¡Imbécil!

Ush… tú Hofferson… —gruñó Hiccup, aunque no con el mismo sentimiento de antes, ya que después de haberla confrontado, veía que ya podía serle frente con más seguridad.

Sin embargo, eso no lo hizo salvarse de un buen regaño por parte de Toothless y de Alúmini, a la cual apenas estaba aprendiendo a entender; sin embargo, en medio de aquel regaño, de repente se escucharon unos aplausos.

Los desconcertados dragones regañones, se volvieron hacia lo que había detrás de su amo, y vieron que del pasillo que estaba cerca de ellos, salió una hermosa y extravagante joven de cabello negro con mechas color fuego.

¡Wow! Hiccup Haddock… eso estuvo increíble. —dijo la sonriente chica mientras le aplaudía.

Hiccup, al girarse, inmediatamente se sonrojó, la chica que le aplaudía le pareció inmediatamente atractiva y ni qué decir de su cuerpo el cual lucía una pequeña falda y con una blusita de tirantes escotada, la cual dejaba ver lo bien proporcionada que estaba.

Eh… ah…Disculpa, ¿te conozco? —preguntó torpemente y apenado.

La chica puso una mueca de tristeza.

Oww… ¿En serio Hiccup?... ¿No te acuerdas ni un poquito de mí? —cuestionó la chica, juntando sus brazos, lo que hizo que se le resaltara más el busto.

Hiccup balbuceó sin poder responder, y tratando de mirarla a los ojos.

Sin tu ayuda, no hubiera podido pasar la materia de botánica mágica, en el séptimo año. —ayudó la "tímida" chica.

¿Qué... ¡Espera! ¡¿Raizel?! ¿Raizel Lin?

Sí, tontito… ay… que gusto. —lo abrazó para saludarlo como se debía.

Hiccup sintió el cuerpo hervir.

Pero… es que… ¿En qué momento pasó esto? —la señaló por completo cuando por fin se separaron.

¿Qué? ¿Crees que he crecido? ¿Qué estoy bonita? —dijo la halagada chica, esperando agrandar su vanidoso ego.

Mientras tanto con los guías, Alúmini veía asqueada la escena, mientras que Toothless, apenado, se tapaba los ojos con sus patitas, y Bling Bling, el guía de ella revoloteaba feliz.

Sí… no voy a mentir…—dijo Hiccup con una sonrisita. —En… séptimo año… hicimos buen equipo, luego… ya no te volví a ver.

Mis padres me cambiaron de escuela. —contó la entristecida Raizel. —Y fue tan rápido que ni me dio oportunidad de despedirme de mis compañeros, pero ahora, de nuevo te encuentro y créeme que me hace feliz verte de nuevo.

Sí… a mi… también… eh… ¿vas en segundo?

Si, tú en primero ¿verdad?

Hiccup resopló.

Sí, me enteré de lo que la presumida de Astrid te hizo. —señaló con desdén hacia donde la chica rubia se había ido. —Lo siento mucho.

No tanto como lo que yo le hice a ella. —alardeó Hiccup.

Sí, pobre niña, pero… pff… creo que se lo merecía por engreída y tú, créeme, creo que perder tu pierna te dio más estilo.

Oh… ¿en serio? —se sonrojó Hiccup.

¡Por supuesto! Tú siempre has sido muy atractivo.

Hiccup enrojeció más, nunca en su vida una chica le había dicho tal cosa.

En fin, tengo que ir a clase, pero espero verte de nuevo. —se despidió la energética Raizel, dándole un besito en la mejilla.

Sí, adiós…—susurró Hiccup idiotizado con tremenda mujer.

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—Ush… esa bruja como se atrevió hablar mal de Astrid. —gruñó Stormfly después de escuchar lo que había pasado después de que Astrid y ella se marcharon.

—Ella tampoco me agradó mucho que digamos. —reflexionó Alúmini cabizbaja. —Porque hizo que Hiccup cambiara demasiado.

Stormfly dejó de gruñir para enfocarse en su compañera.

—¿por qué?

—Hiccup… cómo te digo, era del tipo de chico que cuando se enamora quiere invitar a su chica a pasear, a ver proyecciones, a bailar, del tipo que compra flores y dulces; pero como se enamoró de esa mujer tuvo que adaptarse a sus estándares.

—Vaya, entonces la preparatoria fue más interesante de lo que pensaba, lástima que Astrid no pudo seguir en esa escuela porque su familia optó porque estudiara en casa y comenzara a trabajar en lo de los cantos.

—Sí, se perdió la oportunidad de ver a Hiccup tratando de llamar la atención de esa mujer.

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Con mucho esfuerzo y dedicación, Hiccup logró avanzar en materias para alcanzar a su generación, lo que no sólo le otorgó uno de los títulos a mejor estudiante, sino que también le permitió estar en el mismo salón que su amor platónico: Raizel.

Aquella mujer que, desde que lo había interceptado en el pasillo, lo tenía loquito y que lo veía como un buen amigo, para su buena suerte. No obstante, la belleza de Raizel, hacía que otros chicos también cayeran rendidos a sus pies y por supuesto toda esa atención le era de su agrado.

Mmm… ¿cómo podría hacerle para acercarme más a ella? —se preguntaba el pensativo Hiccup, viendo como desde lo lejos, Raizel tenía la atención de varios hombres que la acompañaban a ella y a sus amigas durante el almuerzo, el cual tomaban amenamente bajó la sombra de un árbol.

A escondidas, vio como su "princesa" jugaba y bromeaba con los demás chicos, en su mayoría sacudiéndoles el cabello, mientras que aquellos pervertidos aprovechaban para poner sus manos en sus piernas o espalda.

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—Verlo tan afligido por esa mujer, hizo que Toothless se motivara para ayudarlo, pero…—resopló. —cuando lo empezó a aconsejar, supe que sería un completo fiasco.

—¿Por qué? —trató Stormfly de contener la risita.

Alúmini rio.

—Porque pretendía aconsejarle lo mismo que aplicó conmigo. —rodó los ojos.

—¿Los bailes raros y eso?

—¡Sí! —exclamó la albina divertida.

—Ay no puedo creerlo. —se golpeó Stormfly la frente. —Ya me lo imagino…

Jugando, la guía nadder comenzó a sacudir brazos y piernas en su asiento.

—No, no, era… así. —se levantó Alúmini para mostrarle un baile raro y robótico que Toothless había hecho, hasta con gruñidos lo imitó, lo que hizo que Stormfly estallara en risas; sin embargo, como Astrid seguía dormida se contuvo y también la luminosa.

—En fin, cuando vi lo que pretendían, me vi en la necesidad de intervenir un poquito.

—¿Qué hiciste?

—Fue algo sencillo, Hiccup sólo necesitaba un poco de autoestima.

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El animoso Toothless, quería que su amo fuera con aquella hembra y le mostrara sus mejores pasos de cortejo, y Hiccup, quien estiraba su largo flequillo, por un momento lo consideró, ya que desde tiempo atrás tenía ganas de invitar a Raizel a bailar; sin embargo, la competencia era fuerte, los chicos que estaban con su chica eran bien parecidos, él se sentía un tonto a un lado de ellos.

Fue entonces que Alúmini, notó aquella inseguridad y no sólo eso, el cómo se jalaba el cabello y del otro lado como esa chica jugaba con el cabello de los chicos, fue cuando pensó en algo.

Brillando luminosamente, tomó con su hocico la manga de su amo adoptivo para hacer que lo siguiera.

¿Qué pasa Alúmini?

La dragona revoloteó y le pidió que la siguiera. Tanto Toothless como Hiccup no supieron que pretendía, mas todo quedó claro cuando llegaron a su destino.

Esto es... —balbuceó el sorprendido Hiccup viendo la barbería a donde lo había guiado la albina.

Para que se diera prisa, Alúmini lo empujó al interior de aquel local, donde fue atendido por un hombre que, entendiendo la necesidad de su cliente, le hizo un corte más moderno y que, a perspectiva de los guías, lo hizo ver más atractivo.

El efecto fue casi de inmediato, con aquel radical cambio, Hiccup se sintió más seguro y no sólo eso, las mujeres comenzaron a notarlo más, por los corredores de los pasillos podía escuchar que era atractivo para las chicas y que su protésico le daba mucho estilo, además de saber que era portador de una poderosa arma le dio un plus a su creciente popularidad; sin embargo, al joven hechicero no le importaban las demás chicas, él sólo quería a una: Raizel.

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—Vaya, eso del cabello me recordó que le pasó algo similar a Astrid. —comentó la nostálgica Stormfly.

—¿Cómo?

—Sí, Astrid nunca fue muy femenina en algunos aspectos, después de lo que pasó en la exhibición, parecía esconderse entre su cabello, los rumores decían que los prospectos que trataba de conseguirle su abuelo rechazaban las propuestas pues creían que Astrid era muy fea.

—Que estúpidos, pero si ella es preciosa. —opinó Alúmini sin poder creerlo.

—Sí, pero estaba escondida, así que un día, harto de la imagen que portaba, su padre la obligó a cortarse el cabello.

—Oh, pobre Astrid.

—Sí, de mala gana dejó que su hermana se lo cortara, gracias a los dioses, Camicazi sólo le hizo un corte en el flequillo y le cortó un poco las puntas, pero créeme, descubrir el rostro oculto de Astrid fue suficiente para que los hombres comenzaran a encimársele como perros en celo.

—¿Y ella nunca se ha enamorado?

—No, con la familia que tiene ni oportunidad tenía, porque siempre la tenían estudiando o trabajando, y para colmo ellos le impusieron después con quien se casaría.

—Ya veo, creo que es muy difícil ser una Hofferson.

—Ser una mujer Hofferson. —aclaró Stormfly molesta consigo misma. —Pero, en fin, ¿este Hiccup logró conquistar a esa chica?

Alúmini lo pensó.

—No sé cómo responder a eso, porque no creo que la respuesta sea un sí, pero…

—Pero ¿qué?

Otro resoplido salió de la dragona humana.

—Como te había dicho, Hiccup cambió mucho para llamar su atención. Pronto los planes inocentes para que la invitara a salir cambiaron, y no por causa de Hiccup, si no por esa mujer.

Stormfly no entendió.

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Estaba casi todo listo, Hiccup había recobrado la autoestima, tenía el respeto de sus superiores, era el mejor en clases tanto teóricas como de combate, en resumidas cuentas, era un candidato perfecto para la hermosa Raizel, sólo faltaba una última cosa para que todo fuera perfecto, solicitar una audiencia a su amor secreto para después proponerle formalmente que fuera su novia y sí se podía hasta su mano en matrimonio.

Para ello había esperado hasta la fiesta de graduación de la preparatoria, después de otros intensos tres años de escolaridad, Hiccup ahora con 18 años cumplidos, sabía lo que quería en su vida y eso era a la hermosa mujer que deslumbraba con su vestido rojo de graduación, el cual tenía muy bien ceñido a su cuerpo.

Así que, en medio de la fiesta de graduación, a la cual, por cierto, era sólo para los graduados, Hiccup se las ingenió para apartar a Raizel de todos sus prospectos, tal como lo había practicado con Toothless y Alúmini los cuales tuvieron que quedarse en casa. Así que, en el estacionamiento de donde se estaba llevando la fiesta tuvo que proponérselo.

Raizel, hemos sido amigos… por… no sé… ¡mucho tiempo! —dijo nervioso mientras sostenía las manos de la chica.

Sí, Hiccup… quién lo pensaría. —concordó esta entusiasmada. —Y me alegra seguir siendo tu amiga.

Ah… bueno Raizel, sobre eso… yo…

Los nervios comenzaron a hacer estragos en el graduado hechicero.

Yo quisiera, yo… Raizel… yo me preguntaba si…

¿Qué? —incitó la ingenua chica.

Quisiera saber si… ¡¿QUISIERA SABER SI TE GUSTARIA SER MI NOVIA?! —gritó enrojecido.

oh… Hiccup. —susurró Raizel con una mueca de angustia.

Espera, antes de que respondas, quiero decirte que eres la chica más bella con la que me he encontrado en esta vida, quiero que tú y yo seamos… ¡no sé! que estemos siempre juntos.

Ay, Hiccup…. es una tierna propuesta.

Entonces… —sonrió el aludido emocionado.

Pero, eso no es para mí. —admitió Raizel con una leve sonrisa. —Tú eres un chico muy lindo, que de seguro espera ir con su chica a ver proyecciones, a pasear, a comer a bailar o cosas así ¿O me equivoco?

Hiccup se sobresaltó levemente.

Eh… no, claro que no… yo no soy así. —mintió enrojecido.

Raizel sabía que mentía, por lo que sólo esbozó una pequeña sonrisita.

A mi me gustan otra clase de cosas y bueno, eso del noviazgo no va conmigo, yo por el momento prefiero conocer a otras personas, prefiero conocer a toda clase de hombres, si sabes a lo que me refiero. —insinuó.

Hiccup entendió claramente; sin embargo, no era del tipo que juzgaba, pero si del tipo de hombre que peleaba por lo que quería.

Es que… bueno, yo quería o más bien ansiaba, poder compartir todo contigo, que… tú fueras mi primer todo.

Raizel rio ante la ternura que le causaba su "amigo".

¿Te refieres a…?

¡Ah, no, no! Yo más bien me refería…—trató de explicar enrojecido. —Bueno, ¿A quién engaño? Obvio que esperaba eso y más, pero bueno, ya me quedó claro así que…

Hiccup… —se acercó Raizel coquetamente hacia él. —¿Quieres que yo sea tu primera vez?

El hechicero comenzó a tener taquicardia conforme aquella sexy mujer se le acercaba.

Sí.

Aquella silaba bastó para que Raizel terminara con la distancia entre ellos para robarle a Hiccup su primer beso y también algo más. Habiendo un mutuo y discreto acuerdo, la joven hechicera se llevó a Hiccup de la fiesta hacia un lugar que bien conocía. En la habitación de un motel del barrio bajo del mundo oculto, el inexperto Hiccup conoció por primera vez a una mujer, conoció el placer, pero no conoció el amor; sin embargo, compartir la cama con su ideal le bastó por el momento y se empecinó con el tiempo en que pronto ella cambiaría de parecer y se enamoraría tal como él lo estaba de ella.

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—Sí me desilusioné cuando Hiccup llegó casi al anochecer del día siguiente, y nos contó sin pena alguna lo que había sucedido con esa mujer, creo que a partir de ahí se obsesionó, ya que no volvió a ser el mismo, sólo pensaba en la manera de cómo atraerla, dándole siempre por su lado para ver si de alguna manera la convencía de quedarse con él.

—¿Y ustedes que hicieron o trataron de hacer?

—Toothless y yo, después de lo sucedido, tratamos de convencerlo de que esa mujer no era para él, pero Hiccup optó por ignorarnos con respecto a ese tema y comenzó a tomar los consejos de uno de los vástagos de la familia Grimborn, con el que empezó a hacer una fuerte amistad. Viendo las cosas como estaban, a Toothless y a mí, no nos quedó más que ser cómplices de esa extraña relación que se resumía a encuentros casuales en un motel, pensamos que sería algo pasajero, pero no fue así, lo que sí hizo que de repente las cosas cambiaran aún más fue cuando esa mujer anunció que se casaría, Hiccup quedó devastado, pero siguió intentando convencerla hasta que bueno… desapareció del mundo oculto.

—Oh… wow, que cosas, la verdad no sé qué pensar, me da un poco de lástima Hiccup, pero esa chica nunca le prometió nada, creo que siempre fue sincera con él.

—Sí, lo sé, pero a mi no me gustaba que le siguiera la corriente a Hiccup, ¿Por qué no sólo lo rechazaba y ya? —espetó Alúmini molesta. —Desde mi punto de vista, sólo lo utilizaba para divertirse.

—Ay… los humanos son tan raros. —suspiró Stormfly. —Pero, mejor no opino al respecto, porque la verdad no sé muy bien sobre esas cosas.

—Stormfly, no le digas a nadie que te conté esto. —pidió Alúmini.

La guía nadder entonces vio hacia la cama, donde Astrid aun seguía dormida de costado, dándoles la espalda.

—Descuida, no se lo diré a nadie. —susurró.

—He dicho tantas indiscreciones y ni me cercioré de que Astrid no estuviera escuchando.

—Tranquila, sigue dormida.

—Uff, lo bueno. —suspiró Alúmini aliviada. —Creo que iré a beber un poco de agua.

—Te acompaño, quisiera estirar un poco las piernas. —dijo Stormfly flexionando los brazos.

—De acuerdo.

Ambas guías salieron de la habitación para tomarse unos minutos después de aquella plática entre chicas, asegurándose primeramente de que la paciente, la cual seguía con sus ojos cerrados, no necesitara nada. Viendo que esta seguía dormida, salieron del cómodo cuarto de hospital sin percatarse que, al salir, la que se suponía que descansaba abrió sus ojos mostrando que estaba muy despierta.

Astrid había despertado en una parte del relato, en específico, cuando Alúmini comenzó a narrar los sucesos suscitados con Raizel, su excompañera de la academia, la mujer que el padre de sus hijos amaba, la mujer que ella dejó inconsciente cuando se enteró de los enredos que tenía con Hiccup.

—Si no me hubiera burlado de él. —recordó con melancolía. —Si no hubiera intentado chantajearlo.

Desde donde lo viera, Astrid consideró que ella seguía siendo la única culpable de lo sucedido ese día, cuando se enfrentaron a la extraña bruja en el edificio, y, reflexionando, se dio cuenta de que no sólo le había arruinado a su ex enemigo la vida cuando le cortó la pierna, también se la arruinó al apartarlo de quien él amaba, sí bien esa mujer no le hacía caso, el desaparecer abrió una brecha de un "hubiera", uno en el que ella pensó que si Hiccup no hubiera desaparecido esa mujer, Raizel, habría roto su compromiso para quedarse con él.

Pero ahora era demasiado tarde, y todo por su culpa.

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15 días después.

Después de una larga hospitalización, a Astrid por fin se le dio de alta. Conforme pasaron los días, el egni que había perdido comenzó a restaurarse dentro de ella, lo cual conllevó a que su cuerpo comenzara también a sanar más rápido. En cuanto a ánimos, hablaba un poco más; sin embargo, la tristeza la seguía embargando, mas trataba de no demostrarlo.

Con respecto a lo legal, cuando estuvo en mejores condiciones, un inspector, diferente a Dagur, acudió a interrogarla sobre lo sucedido, estando ya asesorada mintió con la versión que Dagur y Hiccup se habían inventado, y así su falso esposo quedó libre de toda sospecha.

A sus pequeños, sólo los había contactado por teléfono, mas eran conversaciones breves, pues de sólo escucharlos nuevamente comenzaba a sentir nostalgia, algo que esperaba se le quitara cuando llegara el momento de verlos de nuevo.

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—el cabestrillo se lo quitaré en dos semanas más Hiccup, ve que se haga masajes o ayúdale si puedes para que su brazo no se entuma demasiado, también asegúrate de que tome sus vitaminas. ¿de acuerdo?

—Sí, dra. Atali. —captó Hiccup tomando la receta, así como los medicamentos.

—Esto ya se lo dije a Astrid, pero de igual manera te repito a ti estas instrucciones, ya que, por experiencia, lo siguiente puede ser lo más difícil.

—¿Lo siguiente?

—Astrid sigue en duelo, el trauma post-aborto puede traer consecuencias psicológicas, en términos más sencillos: depresión.

Hiccup bajó la cabeza, conocía muy bien esa sensación.

—Tú también puedes llegar a presentarlo. —comentó Atali al verlo silencioso.

—Ah no, claro que no, y eh… descuide… veré que esté bien.

—Sí, de cualquier manera, Hiccup, si ambos necesitan un poco de apoyo, hay un excelente área de psiquiatría en el hospital que atiende este tipo de casos.

—Gracias, doctora, lo tomaré en cuenta.

—otra cosa, Hiccup, por recomendación no vayan a tener relaciones, al menos no en los próximos treinta días.

El hechicero inmediatamente enrojeció como un tomatillo y comenzó a balbucear inconscientemente.

—¿Qué? —se extrañó Atali, la reacción del esposo de su paciente le pareció como la de un muchacho que no quería que sus padres se enteraran de que tenía relaciones con su novia.

—Ah, no, nada… cuente con eso, no habrá nada de nada. —rio el nervioso Hiccup, pensando para sus adentros que con su ex enemiga lo que menos podría haber era eso. —¿Ya es todo, doctora? ¿nos podemos ir?

Atali sonrió y le concedió la salida, Hiccup, aún nervioso, salió del consultorio dando risitas, una vez fuera fue hacia la recepción, donde Stormfly, Alúmini y Astrid esperaban, esta última sentada en una silla de ruedas.

—¿Están listas?

Ambas guías asintieron con una gran sonrisa, mientras que la hechicera parecía tener su vista perdida en un punto interesante del suelo.

—¿Astrid?

Al llamado de su compañero, Astrid levantó la mirada y asintió levemente.

Ayudada por una enfermera, Astrid y su falsa familia salieron del hospital, en donde lo primero que notó la hechicera fue que la camioneta de la familia estaba estacionada frente a ellos.

—¡Astrid, Astrid! —se escucharon de repente unos eufóricos gritos dentro del auto.

Posteriormente, la puerta lateral del auto se abrió de golpe, mostrando a un sonriente Toothless, así como a dos frenéticos niños que salieron presurosos del auto, ambos llevando un pequeño ramito de flores con ellos.

La hechicera sintió que el corazón casi se le detenía, no esperaba verlos tan pronto y menos en ese lugar.

—Quisieron venir a recibirte. —le dijo la feliz Stormfly, motivando a los niños para que se le acercaran.

—¡Astrid, te extrañamos mucho! —chilló Zephyr de la felicidad y le ofreció entre lloriqueos su ramo de flores.

—Yo también, te fuiste muchos días. —lloró Nuffink con unas inmensas ganas de subirse al regazo de su "falsa madre", pero como vio que no podía sólo recargó su cabeza en sus piernas.

—Yo… también los extrañé. —dijo Astrid con la voz temblorosa y aguantándose las ganas de llorar frente a ellos, no soportaba verlos triste y todo por su causa.

—Vamos niños, llevemos a Astrid a casa. —invitó Hiccup a los niños.

Estos rápidamente le siguieron la corriente y como buenos niños educados, se pusieron a la par de su padre, en espera de su madre.

Era el momento de irse, ayudada por Stormfly, Astrid se levantó de la silla de ruedas, llevando en su brazo libre los ramitos que le habían dado los niños. Cuando dio el primer paso, contempló que era momento de volver a la realidad, al dar el segundo paso, vio que aún tenía a dos niños que lo necesitaban y con un tercer paso, volvió a acordarse de su tercer hijo, ese al que nunca conocería.

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Tal como lo había imaginado, las cosas no serían tan sencillas.

Después de llegar a la casa y encontrarse con que se había organizado una "reunión" de bienvenida para ella donde hasta hubo regalos; Astrid volvió abrumarse de nuevo, la gente desfilando frente a ella (Tuffnut, Ruffnut, Snotlout, Fishlegs, Dagur, Mala y Heather) todos abrazándola y preguntando sobre su estado la alteró a tal grado que dicha reunión, organizada por Stormfly por petición de los niños, se terminó más rápido de lo esperado.

—Lo siento mucho, no tienen que terminar con la reunión, yo sólo quiero estar aquí, sola. —se disculpó Astrid cuando fue llevada por Hiccup y Stormfly a su habitación.

—Perdón Astrid, no pensé bien. —dijo la angustiada guía.

—No, tú no tienes la culpa de nada… no me molesta, es sólo que…

—¿Qué? —preguntó Hiccup, sentado en la orilla de la cama, junto con ella.

—Todos estaban tan felices de verme. —susurró Astrid, con una expresión de confusión en su rostro.

—Claro, porque, aunque no los recuerdes bien, los que estaban en la reunión son tus amigos y te quieren.

—pero estaban felices de verme. —repitió Astrid confundida. —Se alegraban de que hubiera salido del hospital.

—Todos estamos felices, porque estás devuelta en casa Astrid. —trató de ayudar Hiccup.

—Pero… están felices y me felicitan como si hubiera hecho algo bueno, cuando no fue así, cuando fue porque…—cubrió con su mano la boca al no poder siquiera seguir.

Stormfly se angustió con esa nueva actitud de parte de Astrid, mientras que Hiccup, sólo se mordió los labios, aguantándose el dolor que le causaba verla así, pues él, aunque no lo pareciera, también llegaba a sentirse como ella.

—ay, lo siento mucho. —se disculpó Astrid nuevamente, encorvándose en la cama. —Sólo estoy diciendo estupideces, tal vez sólo necesito descansar más.

Stormfly Hiccup se miraron preocupados.

—Está bien, Astrid, duerme un poco… te llamaré para la hora de la cena. ¿Está bien? —dijo Hiccup cubriéndola con una manta.

Astrid sólo se estremeció, sintiendo confundido sus sentimientos que, en ese momento, le decían que no se merecía tanta atención por parte de Stormfly y menos de Hiccup, por como lo había tratado siempre.

Cuando Hiccup y Stormfly por fin la dejaron sola, dejó escapar su dolor, ese dolor que no sabía si algún día se le iría.

— "contrólate, Astrid" —se auto regañaba conforme las lágrimas se le salían. —"Los niños te necesitan cuerda", "No seas como mamá" "No puedes…"—se decía mientras recordaba tristes experiencias.

Proponérselo parecía fácil, pero aplicarlo sería lo difícil.

Continuará.

NA: si no calculo mal, el siguiente capítulo será el final de la temporada 1. Prepárense, porque, según yo, será muy emotivo.

Agradecimientos especiales:

Hafter: muchas gracias, espero te siga gustando. Gracia por comentar. Saludos.

2Sonic1808: Digamos que el hechizo hizo como si hubieran estado enamorados desde siempre, todo lo demás seguía igual. Saludos.

Nina: su maldad salió en algo bueno, se lo merece el viejo por malvado. Saludos.

Maylu: jaja y lo que falta, espero te haya gustado este capítulo con hotcakes indirecto entre Hiccup y la OC. Saludos.

Vivi: Pues ya llegó el momento, pero por el momento las cosas no estarán bien.

K fanneurtex: jajaja eso es clara muestra de que el Karma pega, XD, pero al menos lo económico está bien, sigue lo personal. Saludos.

Amai do: en el próximo capítulo se insinuará digamos un nuevo trabajo para Hiccup, que ya sabes muy bien cuál será XD. Saludos.

Sandy 97: Hola, con respecto a sus vidas tanto las pasadas como con las actuales, es evidente que tendrán que decidir en cual quedarse, pero eso será en la siguiente temporada, ya lo verás. Saludos.

Dark Hime: vas a ver cómo poco a poco se irá armando todo, porque como siempre he dicho hay muchas cosas entre líneas, con respecto a lo de Nuffink, eso si es irrelevante, sólo quería poner a un niño pequeño que por obvias razones quiere estar a un lado de su madre, o en este caso de Astrid, por todo el afecto que esta le ha demostrado. Saludos.

A los seguidores, anónimos y favoritos, nos seguimos leyendo, cuídense mucho.

25 de mayo 2020

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