Yuri on ice no me pertenece es de Kubo, esta obra esta hecha por una fan para fans con el fin de entretener.
Capitulo 48. AYUDA QUE NO PEDÍ
El cielo se tornó de un color violeta hermoso, sonreí levemente a través de mis cansados ojitos. Estoy agotado. Por suerte anoche logré dormir un poco, sé que tengo mucho que lavar en el fregadero, no he barrido ni sacudido nada. Ojalá papá lo haga cuando se despierte. Aún tengo a Evi en mis brazos, ya la he acostado cuatro veces y en todas se despertó chillando.
Miré el reloj de mi mesa de noche, son a las 5:15 de la mañana. Como quisiera que mi bebé se duerma unas ocho horas seguidas. En cuanto mi cabeza tocó la almohada no volví a saber más hasta que alguien sacudió mi hombro.
—Yuuri— escuché aquella voz sensual en mis sueños. Viktor Nikiforov, aquel alfa hermoso, alto y de ojos azul celestes que me trae loco. Sonreí al escuchar su voz. Luego recordé que estoy en casa con mi bebé recién nacida y me levanté de golpe. — Tranquilo Yuuri, todo está bien.
Apenas abrí los ojos me encontré con un trozo de cielo, mirándome. ¿Por qué cada día que pasa Viktor se pone más guapo? Y yo despeinado, con lagañas en los ojos y rastros de baba en la boca.
—Yuuri, ya le cambié el pañal a Evi ¿Puedes alimentarla? Está a punto de romper a llorar— acarició mi hombro mientras mi alma regresaba a mi cuerpo. Miré la hora, siete y treinta. ¡Apenas dos horas de sueño! Con razón mi cuerpo no quiere reaccionar. Me obligué a sentarme y acomodé un poco mi enmarañado cabello que me cubría parte de la cara. Debo recortarlo porque a veces se me mete en los ojos.
— ¿Cómo entraste?— pregunté bostezando mientras me abría la bata. Evi arañaba mi pecho desesperada. Carambas, igual de impaciente que su padre. Le sonreí.
—Tu papá me dio llaves.
— ¿Qué?— le dije conteniendo un grito. Mi hija acababa de tomar mi pezón con demasiada fuerza. — ¿Por qué?— maldije por dentro, me dolía mucho. Mi otro pecho estaba empezando a pasar leche y Viktor estaba demasiado cerca. Quería que se fuera más lejos para que no me viera así.
—Para poder entrar a ayudarte.
—Ajá. Ayudarme. ¿O sea que puedes entrar aquí cuando quieras sin anunciarte?—pregunté sólo para comprobar que no parecía tener un ápice de remordimiento.
—Pienso anunciarme cada vez que venga. De hecho lo hice esta mañana, te llamé varias veces pero tienes el celular apagado. Le llamé a tu papá, él me dijo que escuchó llorar a Evi de madrugada.
—Sí. Dormí a las cinco y media más o menos— dije cambiando de posición a mi hija y se alimente de mi otro pecho. Volví a hacer un gesto de dolor.
— ¿Tienes alguna molestia?— preguntó mirándome.
—No, sólo que no me agrada despertarme y estés en todos lados— dije masticando mi enojo.
—Preguntaba si tenías una molestia física. Verás, cuando eres primerizo tus pezones...— no lo dejé terminar.
— ¡Ya! Sólo quiero volver a dormirme. Si vas a estar aquí cuando quieras, entonces... ¿Intenta pasar desapercibido sí?
—No es cuando quiera, sólo cuando tenga tiempo. Ahora mismo debo volver al hospital. Tengo turno hasta las seis de la tarde. ¿Puedo venir esta noche?
—Puedes. Pero no te quedarás aquí, limítate a las visitas en horarios adecuados Viktor. No quiero que entres y salgas por la noche ¿De acuerdo?
—Sé que vas a necesitar mi ayuda. Yuuri, necesitas dormir.
—Estoy bien— me defendí, ocultando mi pecho y colocando a Evi en mi hombro para quitarle los gases.
—Nos vemos entonces— se despidió.
Intenté dormir a mi hija pero no quiso. Busqué el moisés que le había regalado Kenjirou y la llevé a la cocina conmigo. Había más platos sin lavar. Antes, cuando vivíamos sólo papá y yo no me molestaba lavar sus servicios, de hecho, creo que hice mucho para mal acostumbrar a mi padre. Ahora es un hombre inútil que no puede lavar ni la taza de su café. Y yo ya no soy el hijo con tiempo libre que puede hacerse cargo de todo. Voy a tener que hablarle para pedirle ayuda, no puedo con todo.
Lavé los platos, cubiertos, ollas y puse agua a hervir. Tenía muchísima hambre. Una buena taza de leche y pastelillos podrían bastar.
La despensa estaba vacía. No había carnes, pastas, ni conservas. Creo que alguien no hizo el abastecimiento y estuvo sobreviviendo con las reservas. ¿Pero cómo voy con Evi al súper?
Miré mi reloj, apenas son las nueve. Y mi estómago ruge como tigre. Sólo hay un huevo que quizás ya esté pasado y unas rebanadas de pan mohoso. Ni rastros de leche.
Ni modo, el primer día de Evi en el súper, suspiré.
Antes de salir le di de comer para que no me pida en la calle, pero cuando estaba sacándole los gases me vomitó en la camisa. Corrí a cambiármela y de paso me di cuenta que tengo toneladas de ropa para lavar. Tampoco hay detergente para adelantar el lavado. Otra cosa más para comprar.
El problema ahora es que no tengo coche, nunca pensé en comprarme uno, mi sueldo no es muy alto y la guardería no está lejos. Me toma 10 minutos en el bus. Solo que para tomar el servicio público son tres calles abajo. Puedo ir con mi hija en brazos... pero ¿Cómo regreso? Taxi será de vuelta.
Metí a Evi en el canguro que me dieron en el hospital, es muy práctico, lo uso todo el tiempo todavía para mantenerla caliente. Puse una cobija sobre ella tapando casi toda su cabeza y salí a la calle, decidido a hacer mis compras. Me miré en el cristal de la ventana de salida y casi doy un salto ¡Se me olvidó peinarme! Luego de cambiar la camisa se me volvió a revolver el cabello. Entré por el cepillo y me lo pasé rápido.
Todo bien. ¡Tú puedes Yuuri! Allá vamos.
Estaba bajando los escalones de la entrada cuando noté algo. Casi me echo a llorar.
Traigo puestas mis pantuflas.
Otro viaje hasta mi habitación pero tengo que sacarme a mi cachorrita porque sino no podré atar mis agujetas.
Minutos después ya estaba listo, peinado, con ropa limpia, zapatos y el bolso que contenía pañales y toallitas.
Caminé rápido porque ya iban a dar las once pero a los tres pasos sentí un dolor agudo en mi vientre bajo. Ahogué una palabrota. ¡Cesárea hija de fruta! Caminé más despacio hasta llegar a la puerta, la abrí...
—Yuuri— la señora Galya estaba parada a punto de tocar. Le sonreí como estúpido sin saber qué decirle.
—Bue... buenos días señora—saludé.
— ¿Pensabas salir?— preguntó.
—No, no... bueno en realidad quería ir a comprar algunas cosas. ¿Qué hace aquí?— pregunté.
—Necesito hablar contigo— sonrió al ver a Evi despierta. — ¿Puedo cargarla?— preguntó extendiendo una mano para tocarla. La invité a pasar, me quité el canguro y con cuidado se la entregué. Mi mente y mi estómago no paraban de protestar.
— ¿Qué se le ofrece?— pregunté cuando nos sentamos. Suspiró mirando a su nieta.
—Tiene los ojos de Viktor— murmuró antes de besar la frente de mi hija. –Y estas pelusitas pronto se caerán, ya quiero ver qué color de cabello va a tener— sonrió haciéndole caritas.
—Yo también quiero ver eso— suspiré con más miedo. Allí sí que el pueblo entero se va a dar cuenta.
—Yuuri, yo tengo muchas cosas que decirte. Lamento que el destino nos vuelva reunir en esta situación...
—Yo no tengo nada que decirle— contesté. —Si me arrepintiera de lo que hice sería como pensar que mi hija fue un error y no es el caso— dije usando las mismas palabras que su hijo me había dicho días atrás.
—Lamentablemente yo sí me arrepiento de algunas y por eso estoy aquí. No vengo a reclamarte nada, al contrario. Siento que en gran parte fui la culpable de la separación de ustedes. Yo sé que debí hablar con Viktor, explicarle que te pedí que lo alejaras para que acepte la beca. Nunca supe si fingiste engañarlo o sí fue real— suspiró.
—Eso fue un malentendido— agaché la cabeza. —Intenté alejar a Viktor por todos los medios quizás por eso cuando él me vio con mi mejor amigo pensó lo peor. Fue una lástima que no quisiera escucharme.
—Se lo dije anoche— la miré sorprendido. —Sí, todo este tiempo nunca le hablé del pedido que te hicimos Sergei y yo. En parte porque él no quería hablar de ti. Desde que se fue de Hasetsu se encerró en su obsesión por sus estudios y eso lo mantenía en pie. Pasó el tiempo y pensamos que lo había superado. Hasta este otoño que nos sorprendió a todos con la noticia de que iba a volver aquí.
—Le aseguro que no tuve nada que ver en eso.
—Viktor nos explicó. Aunque, yo sí creo que tienes que ver. Quizás no estás en sus recuerdos pero si en su subconsciente. Fue tu recuerdo lo que lo trajo de vuelta, hace tiempo que él está inestable, lo veo. Viktor no es de los que hacen las cosas por impulso, se ha convertido en un hombre muy responsable.
—Señora, con todo respeto y no me lo tome a mal ¿A qué ha venido? Es que tengo que ir de compras, lavar la ropa, alimentar a mi hija...
—Entiendo, sé que tienes mucho que hacer y a eso venía. Quiero ayudarte, ya que no aceptas la colaboración de Viktor ¿Aceptarías la mía?— preguntó.
—No es que no acepte pero... No lo quiero aquí a todas horas y menos de noche, está bien que visite a su hija en un horario regular si eso lo hace feliz. Además pronto se irán...
—Viktor no se va a ir.
—Cuando se case, espero que se vaya muy lejos— miré al piso conteniendo un suspiro pues la sola imagen de Viktor en un altar con Anya hacía que mi estómago proteste. Y ya estoy muerto de hambre. —Y... y ustedes también— la miré intentando no mostrarme muy duro. En realidad no es por ellos sino porque me recuerdan a Viktor.
—Entonces ¿Aceptas mi ayuda?— sonrió sin tomar en cuenta mis palabras anteriores.
—Sí. Verá, necesito provisiones, ir a comprar, lavar la ropa, limpiar la casa y Evi no me deja dormir en las noches, quiere que la tengan en brazos...
—Entonces yo la cuido, encárgate de lo tuyo y si nos aceptas podemos...
— ¿Podemos?
—Mila, Yurio y yo. Puedo estar aquí unas horas en las mañanas y Mila en las tardes. Yurio viajó con su esposo a Nagasaki pero apenas llegue lo vas a tener también aquí queriendo ayudarte. No molestaremos, no tienes que prepararnos nada de comer, sólo vendremos y estaremos en la habitación de Evi, cuidándola, cambiando sus pañales, nos haremos cargo de su ropa...
—La ropa la lavo yo, por lo demás, está bien porque no sé cómo hacerlo solo— sonreí. —Estaba saliendo al comprar con las pantuflas hace un rato— sonreí.
—Está bien, si quieres puedes ir, me quedo con Evi— sonrió mirándola.
—Deje que le dé el pecho para que no llore— dije antes de tomar a mi hija y alimentarla. —Y por favor señora, si quiere que yo esté a gusto, no toque mis demás quehaceres. Sólo encárguese de Evi y no salga de la casa, por nada del mundo— le advertí con miedo. Me iba a separar de mi pequeña por una hora al menos, la dejaría con la madre de Viktor en quien por alguna razón aún confío. Me da temor sí pero yo la he visto ser madre, recuerdo sus atenciones, su carácter alegre.
Así, pude al fin salir antes del mediodía, tengo sueño, estoy cansado y quiero un largo baño. No me viene mal un poco de ayuda extra aunque algo me dice que tendré que pagar con algunos disgustos por aceptar.
Hice mis compras en tiempo record, esta pequeña separación me causó un accidente en mi camisa. Me da vergüenza estar mojando mi ropa por la leche que segrego. Fui a la zona de farmacia a adquirir algo que me ayude.
—Estos protectores le vendrán bien— aconsejó la dependienta, una señora mayor que ya pintaba canas. —Quizás también necesite pezoneras de silicona...— intentó venderme más cosas.
—No gracias— dije tan amable como pude y salí de allí. No tengo problemas con mi leche, quizás sólo me duele cuando Evi jala muy fuerte.
Regresé a casa empapado. Aún mis protectores estaban empaquetados pensé que con los pañuelitos iba a ser suficiente.
Al entrar me di con la sorpresa que el señor Sergei estaba allí. ¿Ahora cómo voy a cambiarme con ellos dos en la habitación? Además tengo muchas cosas que hacer. Lo saludé rápidamente antes de ir a encargarme de mis deberes.
Por dentro refunfuñaba, me di un baño rápido en la habitación de papá y me cambié la ropa, piqué algunas verduras, calenté agua para hervirlas, adelanté el lavado cuando escuché que Evi lloraba.
—Yuuri, tiene hambre— dijo la señora preocupada.
—Aún no han pasado dos horas— miré el reloj. Ya casi eran las dos de la tarde.
—Creo que debe comer cuando tenga hambre— sugirió el abuelo. Les sonreí sin ganas y me senté a darle su alimento a mi hija. Es muy incómodo hacerlo con ellos cerca, quizás no sea buena idea tener tanta gente en casa.
Cuando se fueron por fin pude sentarme a comer algo, aún tenía mucho que lavar pero ya estaba agotado. Evi se estaba quedando dormida así que aproveché para echarme a su lado en nuestra cama. Pero apenas mi cabeza hizo contacto con la almohada el timbre sonó. Si es otro ruso lo echaré sin remordimiento.
Salí a ver, era Seung-Gil . Le sonreí antes de hacerlo pasar.
—Hola Yuuri, pasaba por aquí ¿Me dejas ayudarte?— preguntó.
—Seung, estoy bien— dije intentando sonreír.
—Sí, esas ojeras me dicen que estás muy bien. Anda, échate una siesta y deja al tío coreano hacerse cargo— me sonrió. Caminamos a mi habitación.
—Quiero dormir un poco— pedí.
—Descansa, si Evi se despierta la atenderé hasta que quiera alimentarse. Rayos Yuuri, tienes mucha ropa que lavar— dijo mirando el cesto rosa.
—Apenas he metido un poco de ropa mía a la lavadora...
—¿De qué año es tu lavadora?— preguntó. Lo miré confundido.
—Pues... la compró mi mamá cuando yo entré al...
—Ni se te ocurra meter esta delicada ropa a tu lavadora vieja— me gruñó. —Ropa delicada de bebé recién nacido se lava a mano con jabón y agua tibia. O dile a Nikiforov que compre una nueva con ciclo de lavado ultra suave— murmuró llevándose el cesto de ropa. No estoy para discutirle a Seung-Gil, así que por esta vez lo dejaré ser el tío consentidor.
Apenas pude descansar una hora a lo mucho, el llanto de mi bebé me despertó. Seung la tenía en brazos y la paseaba por la habitación, sin embargo ya no era suficiente.
—Lo siento Yuuri, está hambrienta, creí que me comería— dijo mi amigo con aquella expresión severa con la que suele bromear. Sonreí, me dispuse a alimentarla y allí estaba otra vez ese dolor en el pezón derecho.
Lo confieso, no puedo solo pero seguiré intentando, tengo ayuda que no pedí, bastantes ganas de cuidar de mi hija, muchísimo sueño y un pezón agrietado.
