No era la primera, ni la última vez que tanto el irken como el humano se desafiaban mutuamente en una batalla, a través de los años se había convertido en una tortuosa rutina, generalmente las disputas, gritos o provocaciones, casi siempre terminaban en absurdas peleas, a pesar del fatídico rigor por defender sus propios ideales, sueños o metas. Inconscientemente ambos atravesaban una molesta encrucijada que los guiaba a la impredecible variable de entenderse por medio de golpes, ciertamente sonaba como algo bastante complejo y masoquista, en cambio para ellos, lo creían estrictamente necesario. Sin embargo, teniendo presente la situación actual, debían adaptarse a las causas por la cuales luchar, ocultando sus falsas proezas para dar lugar a otra simple contienda, con el objetivo de engañar al espeluznante anfitrión, quien observaba burlón una futura masacre que se encargaría de evitar. Estos eran los pensamientos que rondaban en la mente del ex-invasor, desvío disimuladamente la vista a su némesis, notando unos sutiles gestos, demostrando que comprendió a la perfección el mensaje dado. El pequeño irken no puedo evitar suspirar aliviado, al parecer ese cabezón no era tan tonto como recordaba, una sonrisa se dibujó en sus labios... Si los acontecimientos fueran otros, estaría genuinamente feliz en retomar esas infantiles peleas con su enemigo.
Se preguntaran.. "¿En qué consistía su plan?". Simple: La extracción temporal de su pak.
Si, estaba consciente de cada uno de los peligros, y riesgos de lo que significaba deshacerse de su única fuente de vida, mucho más cuando las consecuencias eran claramente notorias en un corto lapso, sin duda, estaría exponiendo literalmente su vida, pero las opciones eran limitadas, ignorando las cuales podría salir gravemente herido, o también en las cuales el terrícola que tanto despreciaba, acabará muerto. Aunque la idea sonara realmente tentadora, no podía hacerlo, necesitaba la ayuda de su antiguo rival para obtener respuestas a las incógnitas que había detrás de la auténtica finalidad tras la exterminación de su raza. Iba a conseguirlo costara lo que costara, se lo debía a sus compañeros, a sus Altos y sobretodo se lo debía a sí mismo. ¿Tal vez formaba parte de una redención a largo plazo?. No lo sabía, tampoco estaba seguro de ello, pero necesitaba por conveniencia a Dib, incluso si significaba traicionar su moralidad, orgullo y principios, sabia que todo valdría la pena al final. Por otro lado, el amante de lo paranormal seguía esquivando con precisión los falsos ataques que le proporcionaba el alienígena, disimulando algunos para mantener la apariencia de una contienda "real". Todo marchaba a la perfección, resistiendo los múltiples golpes, rogando a una deidad desconocida que la sangre no fluyera de sus antiguas lesiones, suspiro para darse valor, y como pudo se aferró a las enormes patas metálicas que buscaban, en el mejor de los casos, rebanarlo, quedando frente a frente con el extraterrestre que al parecer seguía sin poder moverse.
- Tu miedo te domina. ¿Eh? -expreso con burla el ex-invasor- Quiero escuchar tus miserables súplicas antes de que te arranque tu enorme y horrible cabeza. -exigió con burla, apretando con fuerza el agarre.
- ¡No estoy cabezón, basura alienígena! -refuto conteniendo su odio, forcejeando un poco- Y no me puedes obligar, simplemente cerraré los ojos. -reprocho de manera infantil, sacando la lengua.
- Oh... Los abrirás.. -murmuró con suavidad, formando una sonrisa siniestra- En algún momento tendrás que respirar~
- No, yo... -balbuceo pensativo, recordando algo- Espera... ¿Qué tiene que ver los ojos con respirar? -cuestiono confuso, sintiendo como si ya hubiesen tenido esa conversación antes.
- ¡NO ME CUESTIONES! -grito molesto, apretando sus puños- ¡Soy Zim!
- Estoy perfectamente consciente de quién eres, Zim.. -suspiro con pesadez, totalmente fatigado- Ríndete antes de que..-
Repentinamente detuvo sus palabras, al sentir que era elevando y arrojado con fuerza hacia arriba, chocando justamente contra la dureza del techo, causando que un auge de dolor se instalará en su espalda, maldijo una y mil veces al causante de todas sus desgracias, quien solo se entretenía gozando del espectáculo, bajando de vez en cuando la mirada a un celular o algún aparato similar. Se estaba tentando en aterrizar sobre el castaño para darle la golpiza de su vida, pero necesitaba resistir ante esos impulsos, ya obtendría una excelente venganza luego de que escaparan. Equilibró su cuerpo el suficiente tiempo para caer justo en la espalda de su enemigo, este inesperado contacto físico hizo que simultáneamente tanto el extraterrestre como el chico gótico sintieran un fuerte electrochoque, removiendo aquellos sentimientos reprimidos que no dejaron florecer. Esta sensación sólo duró unos instantes, hasta que el humano cayó de nuevo a la realidad, arrancando con desesperación el pak, y por ende causó que el mecanismo ofensivo se desactivara, e inevitablemente produjo que el cuerpo del alíen cayera.
Aún sumergido en un relevante shock, el de gabardina negra nunca noto cuando sostenía entre sus brazos al pequeño irken, abrazándolo de una manera protectora, acompañado de un genuino egoísmo al no querer romper nunca en su vida ese contacto. Lo acurruco suavemente en su pecho, mientras caían, impactando en el suelo, haciendo que ambos quedarán inconscientes al instante, por el impacto. Tales acciones sorprendieron al de ojeras, haciendo que este mismo aplaudiera con sumo sarcasmo, no se esperaba ese extraño desenlace, pero realmente no le importaba, le resultaba divertido ser entretenido para su ilustre deleite. Actualmente su objetivo estaba hecho: Obtener información clave, y relevante para su investigación. Un logro que consiguió sin mayores precedentes, catalogando este sórdido "secuestro" como una farsa, recolectando pruebas de sus hallazgos, inmortalizandolos en vídeos, fotos y archivos, para enviárselos a los diferentes miembros de la organización de los "Ojos hinchados", incluso guardando una copia por si iba con el gobierno. Pronto se avecinaría una reunión, en la cual no debía faltar, ya que sería el protagonista.
- ¿Defensor de la Tierra?¿TU? ¡Ha! -cuestionó con cinismo el castaño, acompañado de una mirada sombría- Que aburrido, no importa lo que hagas con tu vida.. Eres un espectáculo lamentable, Dib. -espéculo pensativo, moviendo su mano- Es patético fingir ser alguien que no eres, incluso es egoísta desear que tu vida fuera como lo fue antes.
Suspiró profundamente, todo estaba envuelto en una grata quietud, la tensión del momento se había esfumado, a la vez que el de gabardina azul estaba perdido en sus memorias, recreando difusas imágenes que inundaban su ajetreada y dócil mente.
- ¿Sabes? El cambio a veces es cruel e inevitable. -despeinó suavemente su alborotado cabello, recordando a alguien- Te aborrezco, con solo verte me desesperas, y lo peor es que me recuerdas... A mi mismo.. -murmuró frustrado, bajando la mirada- La humanidad necesita ser erradicada, para eso preciso a Zim. -explicó mirando con ternura al irken- Es tarde para que puedas amarlo, porque es mio ahora. -sentenció con una macabra sonrisa- Dib tal vez en otras circunstancias me hubiera llevado de maravilla contigo.
Observó por última vez los inertes cuerpos que yacían en el suelo, encaminándose tranquilamente hacia la salida, tecleando algunas palabras en su móvil con la intención de comunicarse con alguien en particular. Los preparativos de su plan estaban cobrando forma, motivandolo fuertemente a continuar, convenciéndose de que el extraterrestre hiciese lo que hiciese no podría librarse de su control o manipulación, eso más que un hecho, era una realidad.. Deduciendo que su tonto hermano estaría bastante ocupado intentando ayudar a su némesis, manteniendo a ambos lo suficientemente lejos, y distraídos hasta que el momento idóneo llegase.
La vida era su tablero de ajedrez, los peones iba a obedecer sus reglas, pero claro existía la variante interna, la cual no aseguraba el control absoluto, solo era una exótica tentación, pero se encargaría de voltear la balanza a su favor las veces que fueran necesarias.. Aunque a veces la perfección se tornaba... Aburrida.
- Espero que estés a la altura para enfrentarme debidamente, cabezón.
[...]
[...]
[...]
El dolor era el fuerte y persistente catalizador que le permitió abandonar el perturbador estado de muerte interna, en el que fue forzosamente sometido. Un terrible malestar recorrió la mayor parte de su cuerpo, debido a la reciente caída, apenas lograba mover débilmente sus extremidades, sus brazos estaban marcados por diversos golpes y moretones, que fácilmente resaltaban en su pálida piel con ese color característico en una gama de morado y azulado. Así bajando hasta su abdomen donde sentía la sangre desplazarse debajo de sus prendas, mientras que sostenía un frágil peso con la ayuda de sus agotadas piernas, intentando acomodarse en una posición más llevadera, buscando mantener ese estado de inconsciencia en ese pretencioso y ruidoso ser que en estas últimas semanas estuvo sufriendo un calvario en vida.
¿Cómo lo sabía?. Sencillo, no era ninguna novedad que el arrepentimiento fuera un elemento interno que se dedicaba a atormentarlo de vez en cuando. Desde su llegada sólo había traído problemas, preocupación y pesar a la vida del ex-invasor, tal vez si él no hubiera cedido a su capricho de visitar su hogar, los sucesos serían totalmente diferentes. No mentiría, se negaba a estar de acuerdo en dejar al irken con el maniático de ojeras, antes muerto a que ellos dos estuvieran juntos. Aun siendo consciente de que era una escoria como persona, por primera vez usaría eso como excusa, para tener total libertad de volver a ser egoísta, obsesivo y manipulador con su viejo rival, y así obtener su perdón, no sería fácil, pero se iba a arriesgar. Estaba cansado, pero decidido... Las cosas de ahora en adelante iban a cambiar. Mantuvo sus ideas genocidas aun lado, sinceramente cada vez más se convencía que liquidar al castaño sería un excelente ideal, pero el impulso de torturarlo hasta hacerlo agonizar sonaba mucho mejor en esos momentos. Dio un largo suspiro, olvidándose momentáneamente de todo ese suplicio que le brindaba esas viejas heridas, las cuales invadían su adolorido cuerpo. Como pudo tomó al alienígena entre sus brazos, sosteniéndolo con una extraordinaria fuerza, para acto seguido, ponerse en pie, intentando no despertar o dejar caer el entumecido cuerpo de su rival.
Cortos eran los pasos que albergaba miedo en plena oscuridad, su visión era limitada, a la vez que su mente divagaba en lo que se supone que debería de hacer, por ahora su objetivo era llegar hasta su cuarto, y descansar en la comodidad de su cama, pero teniendo en cuenta el trayecto, lo hacía sumamente tedioso, por no decir exageradamente largo, e incluso el sufrimiento físico que debía cargar, era demasiado. La escena que estaba viviendo era irónica, casi como un castigo divino, básicamente el karma se encargó de golpearlo en toda la cara, no importaba cuanto tiempo estuviera arrepentido, o entender sus propias equivocaciones, no servía de nada a la hora de paga. Observó nuevamente al de piel verde, mostraba un auge de tristeza en su rostro, apenas consiguió salir con vida de esa situación, pero con ayuda del irken, una tremenda culpa lo subsidio al ver los múltiples golpes, heridas y sangre rosada bajar por sus brazos, verlo de esa forma tan deplorable e indefensa, solo trajo lamentaciones junto a una necesidad de cuidarlo.
Iba a matar a Louie. Sacrificaría su humanidad, si fuera necesario, nada más importaba. NADIE tocaría otra vez a SU irken.
- D-Dib.. Dete..nte.. D..ue..le...
Un suave murmullo se escapó de los labios del de piel verde, causando que instantáneamente el amante de lo paranormal se paralizará en medio de las escaleras, involuntariamente arropo el cuerpo de su rival con sumo cuidado, en un gesto de protección absoluta, con ese miedo interno de que alguien ajeno viniera y lo alejara de su lado, no entendía cómo no se dio cuenta antes de ese fortuito amor que floreció entre ambos. Movió ligeramente su enorme cabeza, ignorando parcialmente sus complejos sentimientos, el suplicio lo trajo nuevamente a la realidad, siguió caminando, pero esta vez apurando el paso. Escuchaba atentamente los tiernos balbuceos del extraterrestre, el humano dedujo que era debido al dolor, motivandolo fuertemente a llegar a su cuarto. Jamás en su corta vida, volvería a burlarse de algo tan banal como era la fuerza de voluntad, estaba prácticamente destrozado, aun así, con todo el esfuerzo posible consiguió acostar en su cama al ser espacial, encerrándose en su cuarto, en otras circunstancias aprovecharía el momento de tener algo de "intimidad", pero no era el momento, en algún punto sabía que eso sucedería, o al menos haría todo lo posible para ello.
La reacción natural que optó por tomar fue agarrar el pequeño botiquín que estaba guardado en su armario, con el cual una vez en sus manos, empezó a limpiar, desinfectar y vendar las múltiples heridas que poseía el extraterrestre, siempre respetando y manteniendo un contacto pulcro, sumamente delicado, aunque sabía a la perfección que gracias a la regeneración corporal de Zim, iba a curarse rápido.. Nunca dejaría de asombrarse por la fabulosa genética irken.
- Ah.. -suspiro fatigado, retirando el algodón de sus manos- Si tan solo me dejaras abrirte, y hacerte una necropsia...
- T-Te extrañe mucho..
- ¿Eh, Zim? -hablo en voz baja, conteniendo su sorpresa- ¿Acaso ..?
- Y te odie mucho. -continuo entre susurros, cerrando con fuerza sus ojos- O quise hacerlo para que no me lastimaras..
- Hey, chico espacial.. -intentó dirigirse al contrario con amabilidad- Yo..
- ¿P-Por que todo termino así? -se cuestionó adormecido, soltando unas gruesas lágrimas- Todos en Irk tenían razón.. Soy inservible, inútil y defectuoso..
- ¡No es cierto! -negó con rapidez el de lentes- ¡Tu..!
- ¿Tanto me has odiado para no haberme eliminado?
Un fuerte rubor en sus mejillas era una clara señal de que su cordura iba en descenso... Su corazón se encargaba de recordarle que estaba vivo, mientras que sus latidos resonaban constantemente, indicando que a pesar de su estado denigrante, necesitaba acallar por un instante las bien fundamentadas inseguridades que atormentaban al pequeño irken. Siendo guiado por el instinto egoísta que caracterizaba tan bien a la humanidad, se posicionó cuidadosamente arriba de su némesis, sin tocarlo, mientras se acercaba lentamente a su rostro, sintiendo su débil respiración... Deleitándose con el expresivo rostro que denotaba una extraña clase de agonía, limpio con ternura las lágrimas del contrario, para acto seguido, depositar un corto beso en sus labios, provocando que ahora el terrícola se le escaparan unas pocas lágrimas de sus ojos, siendo presa de un legítimo sentimiento de dolor, arrepentimiento y tristeza.
- Te equivocas en todo Zim, yo te amo.
