NDA: ¡Agradezco a todas las personas que han seguido ésta historia! Estoy muy contento que éste proyecto sea de su agrado. No soy de poner muchas notas ya que quiero que de lleno se lea la historia e ir "directo", pero creí que sería de mal gusto hacer eso, no agradecer de éste modo a las personas que han mostrado su apoyo con el pasar de los capítulos.
Esto no hubiera sido posible sin ustedes. De verdad que estoy muy contento! Siento que escribo muchas veces gracias, pero es que es mi forma de demostrar mi felicidad. Gracias gracias gracias :3.
—Nunca despiertas tan temprano... ¿No pudiste dormir anoche?
Jerzain estaba muy centrado mirando el logotipo de la camisa de Juana con el unicornio exclamando "Vete al infierno", con un arcoiris detrás.
—No... en realidad no dormí toda la noche. No pegué ni una sola pestaña.
—¿De verdad? ¿Por qué?
Levi sentía un ambiente igualmente pesado, distinto. Era raro que Sergei ni Kimiko estuvieran presentes, tampoco Xian Liang.
—Antes de que tú llegaras hubo una discusión muy fuerte. Xian Liang y Sergei discutieron...
—¿Ah? Siempre lo hacen... seguro fue algo insignificante...
Jerzain no tomaba tanta importancia de ello. Se había acostumbrado a verlos gritarse a la cara y empujarse.
Juana estaba asustada por su actitud.
—Sergei golpeó en la cara a Xian. La golpeó tan fuerte que ella sangró... escupía sangre de la boca.
Cuando Hernández comentó ese dato específico, la mirada del criminal cambió. Rascó su cabello negro y lo peinó hacía atrás.
Acomodó sus anteojos.
Sonrió, pero no por gusto, sino porque no supo cómo reaccionar.
—Escuchamos al paramédico amenazarla... dijo que la mataría. Lo que supimos después fue que Darko le sacó la mierda a golpes a Sergei... Kimiko y el ruso salieron juntos... al parecer Kimiko golpeó a Darko con su maletín.
Juana le contó el cómo los eventos se desarrollaron y también de una gemela atendiendo al serbio.
—No te sorprendas si nadie habla...
Juana terminó su café. Se acercó al lavabo, subió a una silla y empezó a lavar la taza.
—Sabía que ésto pasaría...
El moreno se sentó sobre la mesa de la cocina.
—Sabía que... llegaríamos a éste punto...
—¿A qué te refieres?
La chica de anteojos preguntó. Había duda en su tono.
—Nos estamos dividiendo... ya somos pocos y no tenemos en quién confiar.
El sujeto de ojos grises mordía su labio por mero nervio.
—Hay algo que me ha estado molestando. He tenido éstos... sueños. Creo que son visiones.
—¿Cómo dices?
Juana estaba temblando.
—Verás, Jerzain... he tenido pesadillas. Lo veo todo bañado en fuego, veo gente haciendo cosas malas... cosas terribles...
—¿Qué más? Cuéntame.
Él posicionó su único brazo sobre la barra.
—Se siente real... siento el calor en contacto con mi piel, el cómo estoy agotada, agitada... veo sangre, huelo sangre. Es como una película apocalíptica, pero se siente real.
—Debe ser la situación. Eres una mujer con mucha imaginación... debe ser por eso.
—Espero sea así... y... por cierto.
Juana se sinceró.
—Lamento mucho lo que le pasó a Jean Paul. Sé que era tu novio y... si te sirve de consuelo, él te amó hasta el final. Tuvo tiempo de pensar en tí aún cuando ya no había...
—Es una herida todavía abierta. Me costará bastante sanarla... era un hombre bueno, con muchos sueños... pero estoy seguro que él está ahí, viéndome... protegiéndome.
Jerzain mantenía el optimismo.
—Gracias, Juana. Agradezco de todo corazón tus palabras.
Levi la abrazó. Ella sentía que se había acercado más a él.
—Deberías mostrarme algún día uno de tus dibujos. Estoy seguro que me encantarán.
La conversación fue amistosa entre ambos.
Cuando conversaban, entraron a la cafetería Ajax, Kimiko y Sergei.
—Entonces no se trataba de una alucinación...
Ajax pasó saliva y veía con horror a Jerzain.
—Tu brazo...
—¡Buenos días, chicos!
Saludó con su única mano. Tenía una actitud muy positiva a pesar de su apariencia y lo que ocurría.
—Haremos pagar al maldito... ¿Te hizo algo más? ¿Te duele?
Sergei mostró gran preocupación.
—Todo está bien, de verdad. En cualquier caso estoy seguro que puedo encontrar un buen reemplazo, quizá hasta hacerme una Mano Cuchilla o algo...
—Espero que el imbécil de Darko no se aprovechara de tí.
Sergei se acercó al frigorífico y sacó un galón de leche, unos plátanos y hojuelas, esta última de la alacena.
—Darko se comportó muy bien conmigo. ¿Por qué tienes moretones en tu cara?
Romanov creía óptimo no mirarlo a la cara. Le daba mucha vergüenza contestar.
—Xian Liang comenzó con sus estupideces otra vez.
Kimiko había tomado una posición hostil contra ella.
—¿Qué dijo?
Jerzain tenía una mala sensación.
—Bueno, se burló del deceso de José... y dijo que eras un estúpido.
Sergei tomó valor y recordó esas palabras dichas por la mujer china.
—¿Cómo?
—Xian dijo que tu actuar fue el de un idiota. Le dió gracia el que te dispararan... y creo que poco le importó lo que le ocurrió a Jean Paul. Ésa perra está loca.
—Ah...
Eso le dolió a Levi.
—En cuanto tenga la oportunidad la mataré.
Daba miedo la manera tan tranquila y sincera en que lo dijo. El cómo sus ojos se dilataron y esa sonrisa se formaron era de mal augurio.
—Ayer Sergei lo dijo por enojo... no estarás hablando en serio ¿Verdad?
Kimiko sintió un ligero escalofrío recorrer su espalda.
Levi no le contestó con palabras, sólo con una de sus características miradas carentes de emoción.
Y es que no había nada en él, sólo un par de ojos grises que desvelaban algo terrible.
—Sabes que si la matas te vamos a encontrar ¿Verdad?
Kimiko amenazó.
—¿Por qué debería temer?
Jerzain caminó y se mantuvo firme frente a ella.
—Porque con el hecho de matarla estarías rompiendo la promesa de Jean Paul. ¿Así le vas a pagar? Matando y siendo ejecutado...
—No se te ocurra volver a mencionarlo... no te atrevas.
—¡Lo haré las veces necesarias para hacerte recapacitar! Mátala, y yo misma haré todo lo que esté a mi disposición para que te ejecuten. Me importa un carajo que estés manco.
Esos segundos de silencio eran eternos.
—Nadie de ustedes entiende mi dolor.
Jerzain lloró. Abandonó la cocina ya que no se sentía requerido.
Sergei fue detrás de él.
—Nos estamos dividiendo... debemos tener un plan queramos o no.
Kimiko notó ese cambio repentino en su propia actitud.
—¿Cuál es el punto? No tenemos información clara sobre lo que ocurre ahí fuera, tampoco de nuestros pasados. Monoduck no para de darnos información difusa.
Ajax quería aportar.
—No tenemos nada... estamos en ceros y eso me molesta.
—Tranquilo, Astrólogo.
—No puedo estar tranquilo, Kimiko. Busqué en cada estantería de la biblioteca y sólo había libros estúpidos que no nos ayudan en nada.
—Estoy con Ajax. Lo único que "teníamos" de nuestro pasado eran las memorias USB que nos brindó Monoduck, pero las destruimos...
—¡Tranquilos ustedes dos! ¿No revisaron los archivos de los ordenadores? Los archivos internos.
Juana preguntó. Tenía cierta habilidad con algunos programas y herramientas de los ordenadores para ejecutar comandos especiales, o abrir ventanas diferentes.
—Todo estaba bloqueado con una contraseña. Estoy comenzando a hartarme de vivir aquí...
Kimiko estaba estresada desde temprano.
—No tengo hambre... voy a dormir.
Ella se retiró de la cocina mientras acariciaba su frente.
—Tal vez deberíamos mantenernos separados... es posible que otro asesinato ocurra. Las cosas sólo han empeorado... y no creo que haya un final feliz para ésto.
Sergei aconsejó a Juana y Ajax.
—Nos estamos volviendo locos. Será mejor para ustedes que... vigilen sus espaldas.
El paramédico abandonó toda esperanza y se retiró de la cocina también.
Juana podía percibir esa aura negativa en todos.
Estaba deprimida.
Se levantó de su asiento y se alejó sin decir nada, ni siquiera se despidió de Ajax.
Las horas eran insufribles para los estudiantes restantes.
Algunos no salían de su habitaciones, pues tenían demasiado miedo porque creían que los matarían.
Los planes de juntar a todos no eran nada más que una idea tirada a la basura. Nadie quería compartir de su tiempo con nadie porque sabían que algo malo sucedería, sólo con ver lo que planearon Eliza y Darko junto con las consecuencias era necesario para deprimirse más.
No había razones para salir que no fueran para comer, agarrar cosas del frigorífico y llevarlas a la habitación.
Empezaba a sentirse la falta de compañeros. A la vista de Kelly los pasillos eran eternos, con un silencio total y tan abrumador que podía escucharse la respiración o los latidos del corazón.
Kimiko veía las cámaras que estaban en las habitaciones. Le daba asco saber que eso quizá era disfrutado por el maníaco que los llevó a ése infierno.
—¡Espero lo estés disfrutando, hijo de perra!
Kimiko apuntó con su tercer dedo al lente de la cámara.
Los días siguientes eran caos.
Habían discusiones seguidas, la lavandería estaba repleta de ropa que nadie quería lavar.
La cocina estaba hecha un asco, con varios platos sucios que se acumulaban unos sobre otros.
Había aburrimiento en general.
No había mucho que hacer. Los libros de la biblioteca no ofrecían nada nuevo, los ordenadores eran inútiles, vacíos sin datos que pudieran ayudarles.
Habían decidido ser apáticos y dejar que las cosas siguieran así para evitar más decesos.
Si la mente maestra quería desesperación, la obtendría, pero no del modo que quería.
Las notas de Kimiko pronto alcanzaron el día número cuarenta y cinco.
Un mes completo y unas semanas desde el inicio de esa pesadilla.
A veces sus entradas consistían en un "Hoy dormí todo el día".
Cierto día a los alumnos les mandaron un mensaje a través del chat grupal. Monoduck le pedía a cada uno presentarse al cuarto piso, ahí habría una maravillosa sorpresa que podría ayudarlos a despejarse.
Se había acostumbrado a que cada nueva sección era otro motivo para matar.
Cuando Kimiko vió a sus compañeros estuvo sorprendida.
Los varones tenían vello facial descuidado, además de verse pálidos.
Y las mujeres tenían grandes ojeras y no paraban de quejarse por la intensidad de la luz.
No se saludaron. Estaban divididos al punto de no verse a la cara.
Con pereza caminaron al cuarto piso, mismo que ahora podía ser transitado. Habían las mismas aulas vacías y algunas puertas bloqueadas con seguro.
—Para subir sus ánimos he decidido felicitarlos por llegar tan lejos. ¡Sean bienvenidos a La Azotea!
Monoduck abrió la puerta y reveló un gran espacio donde habían varios cultivos de jardinería, alambrado eléctrico y algo que dió esperanza a los demás: Una vista al exterior.
—¡¿HAY ALGUIEN AHÍ?! ¡AUXILIO!
Xian Liang gritó lo más fuerte que pudo.
Quería que alguien, no importaba quién, alguien se asomara a través de los edificios para acudir a su rescate.
Pero nadie vino.
—Pueden gritar todo lo que quieran... hacer el escándalo más grande... nadie vendrá a rescatarlos.
El sólo hecho de ver el exterior le dió esperanza a los alumnos restantes.
—Esto... es justo lo que pensé.
Ajax veía el cielo, era de noche y las luces iluminaban la azotea. Miró al cielo contento, ahora habían estrellas.
Estaba tan feliz de poder apreciarlas con tanto deleite.
Y anhelo.
Parecía que se había resignado a algo cuando dió ese suspiro, uno tan extraño, no sabían si era aceptación o miedo.
—¿Pasa algo, Ajax?
Jerzain preguntó. Él había notado el actuar del joven Colonomos.
—Sacrificio... con que así debe terminar.
—¿Uh?
Antes de que diera explicaciones, Ajax se retiró. Ésto fue de preocupación para el iraní quien fue a buscarlo.
—Una noche estrellada... ¿Así se ven?
Darko estaba genuinamente contento. El aire frío y la brisa recorrer su espalda eran agradables.
—Son lo más lindo que vas a ver.
Juana se introdujo a la conversación.
—Solía subirme a las azoteas de mi casa para verlas más de cerca. Me parecían lindas... algunas brillaban más rápido que otras.
Juana estaba inspirada.
—¿Ven ése grupo de estrellas? Son tan raras.
Kelly señaló a un conjunto específico, las contaron y eran dieciséis estrellas, pero sólo seis estaban brillando con más intensidad que las otras.
—Yo creo en que la vida es un conjunto de símbolos y significados ocultos... quizá el cielo nos diga que sólo seis saldremos vivos de ésto...
Fue una de las teorías de Sergei.
—Tus cuentos son una idiotez. Y si así fuera, me encargaría de formar parte de esas seis estrellas.
Xian estaba enojada por el comentario del ruso. Abandonó la azotea porque no se sentía a gusto.
—Estoy harta de vivir así... apenas han pasado cuatro días desde el último Juicio y miren cómo hemos dejado el primer piso.
Nelly se sentía apenada.
—Venga, chica. Ésto nos pasa a todos, deprimirnos un poco...
Darko quería ver el lado bueno del asunto.
Una corriente de aire los abrazó a todos.
—Nuestros amigos nos dicen "Hola"... quisiera que fuera así...
Kelly se sentía muy a gusto. Interpretaba así esa súbita brisa.
—Creo que deberíamos empezar a vivir sin nuestro pasado.
Darko se sentó en una de las bancas de la azotea. Suspiró.
—¿No es por ésto por lo que nos hemos estado matando? Recuerdos que no sabemos si son verdad o mentira... estoy harto.
—Concuerdo con el ateo.
Sergei se sentó a su lado.
—Agnóstico, Sergei, agnóstico. Después de todo lo que he vivido en ésta casa de locos... y tras replantearme mi vida y... abrirme... he decidido dejar entrar esa "Fe" o quizás "Esperanza" como la llaman...
—¿Ah, sí? Es... genial. ¿Entonces has dejado que la razón entre a tí?
Nelly cruzó sus brazos. Le era increíble escucharlo decir eso.
—Claro, gemela. Hay cosas que no podré comprender de la vida... y Jerzain me abrió los ojos. Debo dejar ésta actitud de mierda si quiero salir de aquí.
—Creo que me agrada lo que dices. Eres un buen hombre.
Ella acurrucó su cabeza sobre su hombro.
—Estás tan calentito...
—¡No se diga más!
Él la tomó de las manos y la llevó a los primeros pisos.
—Voy con ella... no quiero dejarla sola.
—¡Totalmente! Pobre... ella está en peligro con Darko.
Sergei se burló.
—¡Es Darko quien estará en peligro! No conoces a mi hermana...
La gemela lo dijo de tal modo que causó gracia, pues hasta ella se rió.
—¡Rescata a Darko entonces!
Kimiko motivó.
Kelly abandonó la azotea.
Los minutos pasaron. Ellos estaban compartiendo un buen momento juntos. Juana dijo que en cuanto salieran, inmortalizaría a todos con un dibujo, decía que sería el mejor que haría hasta el momento.
Al conversar notaron que dos compañeros habían vuelto: Ajax y Jerzain.
—¿Vienen con nosotros a pasarla bien?
Sergei preguntó. Ambos se notaban tranquilos.
—Claro.
Jerzain bostezó, estaba cansado.
—Creo que lavaré los platos...
—¡Te acompaño!
Kimiko quería cooperar. Era buen momento para terminar con la apatía.
Justo cuando se fueron, Ajax también se retiró diciendo que iba a dormir.
Juana y Sergei quedaron solos, querían apreciar un momento más las estrellas.
