La última semana de curso se hacía una exhibición para los padres de los alumnos. Instauraron esa costumbre después de la guerra, para mostrar transparencia tras el tiempo en que Voldemort controló la escuela. Los mejores en cada asignatura realizaban pequeñas actuaciones: transformar un animal en un objeto, elaborar pociones con efectos especiales e incluso hacer cantar a una mandrágora. Ese año la mayor expectación estaba puesta en la exhibición de duelo; por eso, la habían programado la última.

El Gran Comedor fue despejado de mesas y sillas y se colocó un escenario central. Se sirvieron cocteles para los asistentes y la orquesta de Hogwarts interpretó diferentes piezas. Casi ningún familiar quiso perdérselo: habían habilitado el expreso de Hogwarts para quienes no quisieran aparecerse o usar un traslador. A pesar de lo grande que era la sala, se llenó en seguida. Hermione estaba algo nerviosa, deseaba que sus alumnos lo hicieran bien. Estaba tranquilizándose cuando alguien comentó:

-Mione, no me pienso perder tu debut como jefa de pista.

-¡Harry! –exclamó la chica abrazándolo con alegría- ¡Has venido!

-No solo él –murmuró Ron apareciendo tras su amigo-. Siento lo que pasó, Hermione. Tenías razón: funcionamos mejor como amigos.

-Gracias, Ron –respondió la chica realmente feliz de verlos-, yo también siento cómo actué. Os he echado de menos.

Estuvieron poniéndose al día de sus trabajos y Hermione les comunicó las buenas noticias: al año que viene trabajaría con ellos en el Ministerio. Cuando les contó que era gracias a Bellatrix, la sorpresa no pudo ser mayor. Aunque ya sabían lo del cuaderno y la poción porque se lo contó a Harry, con ese nuevo dato sí que no sabían qué pensar de la mortífaga. Era un tema que preferían obviar. Y lo hicieron hasta que apareció otro viejo conocido.

-Eh… ¿Me puedo quedar con vosotros? Mi madre me ha obligado a venir pero sospecho que es para buscarme esposa… y me estoy escabullendo.

Hermione abrió los ojos sorprendida y los dos chicos lo miraron frunciendo el ceño. Pero como habían decidido dejar sus riñas escolares en el pasado, asintieron y le hicieron un hueco.

-Por cierto, Hermione, mi tía me acaba de decir que esta noche estará ya la poción.

-Ah, ¡gracias, Draco! –respondió la chica sin poder ocultar la sonrisa- Os dejo aquí, tengo que asegurarme de que mis alumnos no dejan mi fama por los suelos.

Los tres magos le desearon suerte e intentaron no sentirse muy incómodos entre ellos. Por suerte no dio tiempo: McGonagall informó de que iba a comenzar la exhibición. Los alumnos de Encantamientos fueron los primeros. Bajo la supervisión de Mirelle, realizaron hechizos levitadores hasta que terminaron todos flotando en el aire en una sorprendente armonía. Recibieron varias ovaciones y aplausos. Después hubo una exhibición de vuelo que salió bastante bien a pesar de ser en el interior. En Transformaciones convirtieron varios animales en objetos de oficina y después revirtieron los encantamientos. Fue realmente admirable, la chica dorada recibió una ronda de aplausos y todo el Gran Comedor coreó su nombre. Aunque nadie tan alto como Harry y Ron, que vieron que su amiga casi lloraba de emoción: dejaba su puesto por todo lo alto.

La muestra de Herbología en la que los alumnos mostraron varias plantas exóticas y contaron cómo las habían criado resultó muy colorida. Lo mismo la de Pociones, en la que los estudiantes más aventajados crearon un elixir vigorizante en directo. Salvo pequeños fallos, todas las actuaciones fueron intachables. Entonces, llegó lo que la mayoría esperaban.

-Ahora –informó McGonagall-, los alumnos mostraran lo que han aprendido en Defensa contra las Artes Oscuras con Madame Black. Seguidamente, tendrá lugar la muestra de duelo.

Hubo aplausos, unos dudosos y otros demasiado efusivos, y murmullos en cada rincón. Pero en cuanto Bellatrix salió al escenario, enmudecieron. La bruja estaba espectacular, como siempre, con un vestido de terciopelo verde oscuro y sus botas de combate. La melena ondulada flotaba tras ella y su sonrisa de seguridad resultaba casi amenazante. Quienes no la habían visto desde la guerra no daban crédito ante semejante cambio físico.

-Joder, está hasta buena… –murmuró Ron.

Harry le dio un codazo y Draco un empujón: "¡Eh! Habla con más respeto, que es mi tía". El pelirrojo le miró con odio pero no replicó porque aceptó que defendiera a su familia. Olvidaron sus diferencias y centraron la vista en el escenario.

Bellatrix había elegido a ocho alumnos, dos de cada casa. Cuatro de ellos empezaron ejecutando un patronus con absoluta facilidad. Mientras los espectros flotaban en el aire, los otros cuatro crearon una copia exacta de los animales en fuego. Todos los presentes profirieron un grito de sorpresa. Cada figura medía unos tres metros y el parecido entre los espectros y las criaturas ígneas era absoluto. Seguidamente, lazaron varios hechizos de agua para demostrar que el fuego no se apagaba. Resultaba absolutamente hermoso y subyugante.

-¡¿Qué hechizo es ese?! –exclamó Harry cuando un tigre de fuego galopó sobre sus cabezas- ¡No lo he visto en mi vida!

-Es una variación de fiendfyre. La inventó mi tía –comentó Draco con orgullo.

El resto de la exhibición no bajó de nivel: cada conjuro era más sorprendente que el anterior. La mortífaga no intervino, se quedó en un lateral para asegurarse de que todo iba bien. Cedió el protagonismo a sus alumnos que desde luego demostraron que habían tenido a la mejor profesora de Defensa de la historia de Hogwarts. Lo mismo sucedió con la exhibición de duelo: la destreza y los conocimientos que mostraron sus estudiantes fue sorprendente. Y para alivio de varios, nadie salió herido.

Al terminar, los chicos saludaron con una reverencia y Bellatrix hizo un leve gesto con la mano. La ovación que recibió hizo retumbar las cristaleras del castillo y se prolongó durante casi cinco minutos. Solo terminó porque el padre presidente del Comité de Padres y Madres de Alumnos tomó la palabra. Agradeció la exhibición y comentó que los alumnos habían estado excepcionales, pero que todos deseaban ver a la duelista más famosa en acción. Bellatrix dudó un poco, no parecía hacerle gracia tener que trabajar más. Pero se encogió de hombros y volvió a subir al escenario.

-¿Algún voluntario? –preguntó mirando a las más de tres mil personas que había ahí congregadas.

Hermione no dudó de quién iba a cometer la estupidez. Unos pocos levantaron la mano presurosos, pero la mayoría no se atrevieron: la lugarteniente de Voldemort imponía demasiado. No obstante, eso no impidió que Harry James Potter alzara la voz sobre la multitud y se ofreciera. A su alrededor, todos los que reconocieron al Chico que Sobrevivió, le hicieron un pasillo como dando por hecho que sería el elegido. La mortífaga lo contempló con una sonrisa torcida y con un gesto de cabeza le indicó que subiera. "Por favor, que al menos no grite algo como que va a vengar a su padrino" pensó la chica. Vio que la directora se quedaba en un lateral dispuesta a frenarlos al mínimo problema.

Harry subió al escenario y Bellatrix sacó su varita. Realizaron el saludo inicial y comenzó el duelo. Se miraron durante varios segundos esperando a que el otro atacara. Aburrida, la mortífaga lanzó un desmaius más para abrir la veda que con intención de acertar. Harry lo esquivó y contraatacó. Lanzó varias ráfagas de hechizos y la morena simplemente se defendió. Hermione sabía que era una de sus técnicas favoritas: descubrir la táctica de su rival y atacar después. Disfrutaba de la anticipación, de cada paso del duelo. No obstante, la sabelotodo estaba muy orgullosa de su amigo: se notaba que había mejorado mucho en sus años con auror. Y eso que ya era el mejor en su etapa escolar. Pero no lo suficiente para su oponente, que comentó con una sonrisa:

-Vamos, Potter, ¡tú sabes hacerlo mejor!

Era la frase que Sirius dedicó a su prima justo antes de morir; Harry lo sabía y Hermione lo sabía. Y la odiaron por eso. La técnica del chico se volvió más agresiva y a la mortífaga le costó desviar algunos hechizos. Cuando el moreno casi la atrapó con un incarcerous, Bellatrix decidió que era el momento de atacar. Como habían hecho sus alumnos utilizó todo tipo de hechizos creativos que muchos no conocían: con uno el suelo intentó apresar a Harry, con otro su propia varita se volvió contra él y con un tercero cada hechizo que lanzaba el chico producía únicamente una bandada de mariposas. Fue precioso de ver y el joven consiguió defenderse bastante bien. Pero terminó tan agotado de esquivar amenazas que era evidente que poco duelo quedaba.

La mortífaga alzó su varita y con un rayo de luz roja, Harry salió despedido y terminó en el suelo aturdido y sin varita. Tanto a él como a Hermione les extrañó que tras el despliegue de magia que había hecho, terminara con un simple hechizo aturdidor. Les costó unos segundos recordar en qué momento habían visto esa misma luz salir de la varita de Bellatrix: cuando Sirius cayó al velo. Confirmaron así que su intención no fue matarlo sino aturdirlo. El público aulló y estalló en aplausos. La directora volvió a escena:

-Muy bien, enhorabuena a todos –aplaudió McGonagall comenzado el discurso de despedida.

Tras ella, Bellatrix le ofreció la mano a Harry. El chico la miró con expresión severa durante largos segundos. Pero finalmente aceptó. Hermione no supo si lo hizo porque a ella la había ayudado con su deuda y sus padres, por la reciente revelación sobre Sirius o por no quedar mal ante tanta gente. La mortífaga le levantó del suelo con rapidez y le susurró algo al oído. El fogonazo del flash del cámara de Rita Skeeter inmortalizó el momento. La sabelotodo adivinó que al día siguiente la portada del Profeta aseguraría que Harry Potter estaba a favor de dejar libre a Bellatrix. Le dio un poco de rabia: la slytherin siempre conseguía lo que se proponía. No supo si a Harry le importó porque aún seguía aturdido. Su amigo se colocó a su lado y la morena se fue al otro lateral junto a Mirelle.

-¡Has estado genial, Harry! –le felicitó Hermione.

-No lo suficiente.

-Mató a Voldemort, era complicado… -comentó la chica y sin poder contener la curiosidad preguntó- ¿Qué te ha dicho al terminar?

-Que me parezco más a él que a mi padre.

-¿A Sirius?

-Supongo, Mione, no creo que se refiera a Filch -respondió el chico con sorna.

Su amiga puso los ojos en blanco pero se lo dejó pasar. El discurso de agradecimiento de la directora finalizó comentando que se iba a servir un piscolabis para seguir disfrutando. De inmediato aparecieron varios elfos con diferentes manjares. Hermione y Harry fueron en busca de Ron y Draco pero solo encontraron al segundo. Le preguntaron por el pelirrojo y les comentó con sorna que estaba engullendo todo lo que los elfos sacaban. Sí, sonaba a Ron.

Pasaron un buen rato recordando los viejos tiempos y poniéndose al día sobre el resto de compañeros. O lo intentaron, porque cada dos minutos algún alumno aparecía para pedirle un autógrafo a Harry. A la chica dorada la tenían de profesora, así que su amigo era la novedad. En una de esas, Hermione buscó a Bellatrix para felicitarla por la actuación.

La mortífaga estaba hablando con Shacklebolt que no había querido perderse la exhibición. El ministro le estaba confirmando que ya era una mujer libre: al día siguiente terminaba el colegio y podría marcharse a donde quisiera. No obstante insistía en que se planteara trabajar de innombrable. En cuanto vio a Hermione, el exjefe de aurores le aseguró que estaban encantados de que ella ya formase parte del Ministerio. Aprovechando que unos alumnos querían hablar con ella, Bellatrix se escabulló. No obstante, el ministro y la gryffindor dejaron de hablar para observar con discreción. Ver a la lugarteniente de Voldemort conversando con los alumnos seguía resultando sorprendente. Un slytherin de último curso fue el que tomó la palabra:

-Madame Black… Nos preguntábamos si podremos ir a visitarla algún día a su mansión.

-Por supuesto que no, cincuenta y tres, tengo un dragón protegiendo el terreno, ni se os ocurra acercaros –comentó con firmeza.

Hermione dedujo entonces a dónde había ido el ironbelly ucraniano que liberaron en Gringotts. El estudiante sonrió, ya contaba con esa respuesta. No se rindió. Le dio las gracias por todo lo que había hecho por ellos y lo que les había enseñado y murmuró:

-Aunque solo ha sido un año ha sido muy importante para nosotros, así que hemos hecho algo para recodarla…

El slytherin se subió la manga de la camisa. En su muñeca se veía el número 53 tatuado con la caligrafía de Bellatrix. Varios alumnos más imitaron el gesto: cada uno llevaba el número que ella les asignó a principio de curso. A mortífaga los miró horrorizada:

-¿¡Pero estáis locos!? –exclamó con incredulidad- ¿¡Sabéis que los tatuajes mágicos no se van nunca!?

-En eso confiamos –respondió una sonriente ravenclaw.

-Está bieeen –suspiró la morena-. Podéis venir una vez al año. Pero si decido refundar los mortífagos, tendréis que uniros a mí.

-Será un honor, emperatriz del mal –sentenció un gryffindor de primero.

Bellatrix sonrió y sacudió la cabeza, probablemente pensando que al final la más cuerda iba a ser ella. Shackelbolt y Hemrione se miraron maravillados del cariño que le tenían a la slytherin. Sin duda se había esforzado mucho más de lo que reconocía. En ese momento, se acercó Chloe, la hufflepuff a la que Bellatrix consoló porque su padre estaba en Azkaban. Le dijo que tenían un detalle para ella por haberlos ayudado más que sus propios tutores. Le tendió un estuche de cuero. La duelista lo aceptó con reticencia. Era un puñal con el mango en forma de serpiente y sus iniciales grabadas. Lo contempló sin saber qué decir.

-Por si necesita deshacerse de algún elfo doméstico o lo que sea... –comentó otra slytherin- Hemos firmado en esa tarjeta todos los que hemos colaborado, como le gustaron nuestros comentarios a su evaluación a principio de curso...

Era una tarjeta mágica que se desplegaba en varios dobleces (al estilo del Mapa del Merodeador). Sin ponerse a contar, era fácil calcular que al menos la mitad del colegio –quinientos alumnos- habían escrito dedicatorias y firmando con el número que les asignó. Bellatrix parpadeó varias veces y al final suspiró:

-Muy bien… Vendréis a mi mansión una vez al mes. Si vais a matar por mí tengo que asegurarme de que no olvidáis lo que os he enseñado.

Unos rieron y otros aceptaron emocionados. En lo que coincidieron todos fue en darse un abrazo colectivo por el que la mortífaga (pese a su repudio del contacto humano) no protestó. Hermione no daba crédito. Bellatrix les advirtió a principio de curso que sería la mejor profesora y había cumplido. "Maldita expresidiaria sexy que me ha superado…" pensó la chica. Pero aún así sonrió. Era la prueba de que esa mujer ya no era una asesina desalmada.

Después de aquello ya nada en la fiesta resultó sorprendente. Tras la comida, sus amigos se marcharon, pero quedaron en verse al día siguiente cuando ella tuviera vacaciones. En realidad podría haberse ido con ellos esa misma tarde –algunos profesores ya se habían marchado-, pero ahora que por fin había llegado el momento, le dolía. Le dolía separarse del lugar que tantos años fue su hogar. Así que por la tarde se sentó a orillas del lago para contemplar el paisaje. En esas estaba cuando apareció Bellatrix. Sostenía en su mano un frasco con una sustancia blanca y brillante.

-Ya está –murmuró-, con esto tus padres recuperarán la memoria. Como sé que no te fías, podemos hacer la prueba: haz que olvide a mamá o a quien sea y le doy un trago para que veas que funciona.

La chica estuvo tentada a aceptar, pero el ofrecimiento era prueba suficiente de que no hacía falta. Cogió la poción con manos temblorosas y la contempló emocionada. Después besó a Bellatrix con absoluta gratitud, nunca se había sentido tan feliz. Estuvieron un rato bromeando y riendo sentadas junto al lago. La morena la informó que se marchaba ya, por fin era una mujer libre. Kreacher ya había llevado el equipaje a la Mansión Black. Tras varias súplicas, el viejo elfo abandonaba las cocinas de Hogwarts y se mudaba a vivir con su sangre pura favorita.

-Quédate un rato –pidió la gryffindor.

Bellatrix dudó por tener que postergar su huida, pero se sentó junto a ella. Apenas hablaron, simplemente observaron cómo el sol empezaba a esconderse tras las torres del castillo. Hermione miró la estampa con añoranza y murmuró:

-Ahora sí que ya está, se ha acabado nuestra etapa en Hogwarts.

-Llevo décadas esperando este momento –masculló la bruja que no sentía melancolía alguna.

-Adiós a los trabajos, los estudios, la guerra, Voldemort… -murmuró la chica ignorándola- Destruimos el cuaderno y ya está, todo habrá terminado.

Bellatrix se tensó al instante. La miró frunciendo el ceño y sacó de su falda el cuaderno de piel de serpiente. Lo acarició con cariño, con veneración enfermiza, como a un amante querido. Con voz firme sentenció: "No pienso destruirlo".