CAPÍTULO 37
Entra en el bar. Sé que es él, pero no lo miro. Se acerca al mostrador y yo levanto la mirada. Nos miramos y él se sorprende cuando sonrío. Esperaba su visita, sabía que no se rendiría tan fácilmente.
—Buenos días.
—Buenos días. —Su voz se siente a duras penas, lo cual no es típico en el. Me siento segura y descarada, así que decido provocarlo.
—¿Qué le preparo? —Pregunto comportándome como si no supiera quién es.
—Un Scotch, gracias. —Responde más confundido que nunca.
—¿No prefiere vodka? —Pregunto arqueando la ceja. Todavía aturdido niega con la cabeza mientras yo río para mis adentros. Esperaba que viniera a buscarme y lo ha hecho. Le paso un vaso lleno y apoyo la botella al lado.
—Por si acaso… —Susurro acercándome ligeramente. Me siento a buen recaudo, esta vez él está en mi territorio. Bebe un trago sin apartar la mirada. Observa mi vientre y yo tiemblo. Sabe lo del embarazo. No está aquí por mí, sino por el niño. El bar se vacía, permanecemos solos nosotros dos.
—¿Qué le trae por aquí? —Pregunto.
—Estaba buscando a una persona de vital importancia para mí. Cuánto me gustaría creerle…
—¿Y usted es de vital importancia para esa persona? —Pregunto seria. Niega la cabeza suspirando. Lo estoy martirizando, si bien estaba deseando verlo. Silencio, enmudece. Continúo trabajando como si no existiera. Lo miro de reojo mientras se masajea las sienes. Me entran ganas de llorar, está en el límite de la tolerancia. Venga, Sasuke, estoy esperando a que pierdas el control.
—Sakura, necesito hablar contigo. —Dice impaciente. Lo pienso dos veces y luego llego a la conclusión de que no estaría mal hablar. Ha venido hasta aquí para esto.
—Vamos a comer algo, así podrás contarme el Infierno de Dante. Me quito el delantal mientras bajo su mirada alterada. Habría apostado que me habría encontrado, es un hombre de mil recursos. Podría trasladarme incluso a Alaska, pero él me encontraría siempre. Después de todo lo que ha pasado, le he echado mucho en falta. He intentado salir adelante por todos los medios, de cambiar página, pero algo que crece dentro de mí me recuerda continuamente
que él es imborrable. No digo que me habría abalanzado sobre él, pero la idea se me ha pasado por la cabeza. Lo quiero, pero no acepto su mundo. Él no es malo. Es verdad, tiene ese aspecto arisco y esa cara con el letrero te parto en dos, pero nunca me haría daño. El hecho de que me haya buscado insistentemente me da que pensar.
Ahora solo queda descubrir el motivo de su presencia. Salgo del bar y permanezco embelesada. Lo veo apoyado en un coche negro con las gafas de sol puestas. Es hermoso, te quita la respiración. Pantalón blanco ajustado, chaqueta clásica azul que deja entrever la camisa blanca. Fascinante. Probablemente mis hormonas están revolucionadas. Ya basta. Concentrémonos. Tengo que dar lo mejor de mí. Necesito saber algunas cosas y me sirve concentración. Se acerca besándome en la mejilla.
—Te he echado de menos. —Me susurra con voz sensual. Sofocos. Tengo calor, estoy ardiendo. Vaya… Me impresiona más que antes. Me aparto ligeramente mientras se quita las gafas de sol. ¡Mierda!, ¡estoy acabada! Me mira, lo miro, ¿puedo besarlo? No, no puedo. Qué pena, es irresistible. Venga vamos, acaba con esto.
—¿Adónde me llevas? —Pregunto agachando la cabeza. Uhm, no sé cuánto resistiré, estoy indecisa si besarlo o darle unas cuantas bofetadas. Amor y odio.
—A un bonito lugar. —Responde abriéndome la puerta. Me siento, miro la carretera intentando con todas mis fuerzas no mirarlo. Indiferencia, Sakura, me repito una y otra vez. Cuando llegamos ante un restaurante encantador en la orilla del río, trato de bajar del coche, pero no lo consigo.
—¿Estás bien? —Pregunta. No lo estoy, estoy confundida. No consigo bajar del coche, mi cuerpo no se mueve. No consigo respirar.
—¿Por qué estás aquí, Sasuke? —Pregunto de buenas a primeras. Necesito bajar del coche. Trato de abrir la puerta, pero no lo consigo, está bloqueada.
—Estoy aquí por ti. Su voz es profunda. —Dijiste que debía marcharme… —Comento molesta.
—¿Tienes intención de llevarme otra vez a Rusia para tenerme prisionera en tu castillo? —Pregunto. Sorprendido, niega con la cabeza rotundamente.
—No, no volveré a hacer nada en contra de tu voluntad. Estoy a punto de responder, pero él baja del coche. Lo miro mientras se acerca a mi puerta y la abre.
—No entiendo por qué estás aquí… —Murmuro bajando. Entramos en el restaurante, no miro a mi alrededor. Él me acompaña a la última mesa, la más apartada.
—Si esperas que vuelva a tu mundo, te equivocas. Me quedaré aquí y no hay más que hablar. Si me llevas a Rusia contra mi voluntad que sepas que prefiero quitarme la vida más bien que estar en medio de mafiosos. Agacho la cabeza susurrando la última palabra. Me he puesto muy nerviosa y alguien se está rebelando. Me da vueltas la cabeza. No ahora, mi corazón, no es el momento. Cojo el menú y me abanico con él. Aire. Me falta aire.
—¿Te encuentras bien? —Pregunta preocupado levantándose de sopetón.
—¡Quédate ahí, no te acerques! —Ordeno, pero no me escucha y se acerca igualmente. Coge el menú de mis manos y me abanica. Bebo un trago de agua porque tengo la garganta seca. Se agacha y apoya una mano en mi barriga.
—Te está volviendo loca, ¿eh? —Pregunta bromeando. Estoy sorprendida por su comportamiento. Estoy a punto de responder, pero me detengo. Debo contarle la verdad, no puedo esconderlo, por mucho que esté enfadada con él no puedo no contarle esta noticia. Le sonrío y él me acaricia el rostro dulcemente.
—Esperamos un niño, Sasuke. —Confieso. Me he quitado un peso enorme. Él me aprieta, me besa y no parece enfadado, es más, es feliz. Repentinamente a nuestro alrededor reina la oscuridad. Él se aleja, trato de retenerlo, pero se escapa. Grito, pero mi voz no se siente.
Abro los ojos de golpe. Respiro a duras penas. Ha sido solo un sueño. Él no está aquí. Apoyo las manos en el pecho mientras el corazón late con fuerza. Quisiera gritar a pleno pulmón. Era solo un sueño, pero parecía de verdad. Las lágrimas descienden mientras cubro mi rostro con el cojín. Quisiera tanto que fuera verdad, que supiera lo del niño.
Al final tengo que admitir que he esperado en vano a que me buscara durante dos meses, pero de él ni rastro. Simplemente se ha cansado de seguirme y ha decidido acabar con todo esto, no hay otra explicación. Aprieto la almohada en el pecho, muerdo la esquina y tiro con fuerza. Siento un dolor
insoportable y no sé cómo dejar de atormentarme. Echo en falta todo de él. En mi interior estoy gritando, pero se sienten solo los sollozos. No puedo seguir adelante así, no es bueno para el niño. Desde hace dos meses a esta parte, he tenido oportunidad de informarme acerca del embarazo y todo lo que ello conlleva.
Tía Penélope es muy atenta y cuando se enteró de mi estado, reaccionó mejor de lo que se esperaba. Hablamos largo y tendido de ello y al final me animó. No paro de repetirme que irá todo bien. No conseguía pasar los días en casa, y este es el motivo por el que he decidido encontrar un trabajo. A mi tía no le gustó mucho la idea, pero luego comprendió el porqué. No quiero depender de ella, quiero construirme un futuro y quisiera comenzar antes de que mi hijo nazca. Me siento en el borde de la cama y miro por la ventana.
Es medianoche y no consigo pegar ojo. Pienso constantemente en él, es lo único que hago desde que estoy aquí. Alex duerme conmigo en mis sueños y la situación no parece mejorar. Me levanto, y mientras atravieso la habitación, mi reflejo en el espejo llama la atención. Retrocedo y observo mi figura. No se ve mucho, así que decido encender la luz. Lo que veo no es bueno: una chica de rostro pálido, ojos enrojecidos, ojeras.
Pelo largo, despeinado y sin brillo. Un cuerpo minuto que parece desaparecer gradualmente. No me reconozco. ¿Dónde ha acabado mi verdadero yo? En el embarazo anterior todo era diferente, yo era feliz y físicamente me encontraba bien, y en cambio esta vez… Resoplo y me maldigo mientras agarro el pelo para hacerme una coleta.
¡Al diablo Sasuke Volkov! Tengo que recomponerme, espero un niño. Dios mío, no puedo continuar en este estado lamentable. Llego al armario y elijo la ropa para el día siguiente. Mañana por la mañana estaré impecable. Necesito un baño relajante, dormir algunas horas y mañana todo será diferente. Estoy intentando convencerme, pero una parte de mí sabe que dentro se ha roto algo que no se puede ajustar. La culpa solo la tiene una persona.
—¡Te odio con todas mis fuerzas, Sasuke Volkov! —Murmuro mientras preparo la bañera.
SASUKE
El tiempo se detiene. Llega la hora del ajuste de cuentas. Vladan y yo nos intercambiamos una mirada fugaz. Apoyo la espalda en mi coche y observo la escena. Llevan al hombre encapuchado al centro del almacén abandonando a las puertas de Kiev. He espero este momento durante cuatro meses. Cada día lejos de ella me ha hecho más irascible y más cruel.
—Ya khochu, chotby on privyazan k stulu. —Ordena Vladan llevando puestos los guantes de piel negra. Por primera vez veo a un hombre como Vladan en acción, veamos si es verdad lo que se dice de él. Enciendo el cigarro e inspiro profundamente. ¡Mierda! Hacía años que no fumaba, y sin embargo, después de la despedida de Sakura, he retomado las viejas costumbres.
Normalmente para descargar la tensión tengo otros métodos, pero quiero demasiado a esa muchacha como para equivocarme más aún. He prometido que seré un hombre mejor, pero para serlo tendré que resolver el último de mis problemas. Cuando le atan, le quitan las vendas de los ojos. Percatándose de quien está en frente niega con la cabeza y suelta una carcajada. Tengo que mantener la calma, no puedo matarlo ahora. Vladan se acerca al hombre, levanta su mentón y lo mira con crueldad.
—¿Qué te causa tanta gracia, Pavlov? El hombre responde apretando la mandíbula y escupiéndole en la cara. —Idi k chertu. Tiene agallas, hay que reconocerlo. Vladan saca un pañuelo blanco de tela y se limpia el rostro con calma. Permanece con indiferencia y con compostura, como un gran señor. Me cruzo de brazos y miro a Pavlov. Espera que llegue mi turno y arreglamos cuentas.
—Te he ofrecido todas mis riquezas, y sin embargo, querías matar a mi hija. Envuelve la mano alrededor del cuello del hombre y aprieta.
—¿Por qué no podemos comportarnos como hombres de negocios y poner fin a nuestra guerra? —Pregunta un instante antes de liberar el agarre. El hombre respira a duras penas, pero no se altera.
—Ese cabrón y tú habéis matado a mi hija. No existen riquezas que puedan enterrar mi dolor. No me detendré hasta que no vea también a tu hija bajo tierra, Vladan. Tiro el cigarro al suelo maldiciendo. Se acabaron las tonterías. Me acerco y golpeo al hombre con un puño violento.
—¡Tú no la tocarás! —Grito en su cara. —No he matado a tu hija, yo la quería, joder.
Me mira a los ojos y se inclina hacia adelante tratando de darme un cabezazo, pero consigo moverme un instante antes de que me toque.
—¿Cómo puedes estar aquí con el asesino de la mujer que dices que querías? Tú nunca querrás a nadie más que a ti mismo, Volkov, esa es la verdad. A ti no te importa nadie porque eres una bestia sin corazón. La rabia aumenta y mantener el control es difícil, pero lo intento igualmente.
—Quería a tu hija lo suficiente como para querer matar a la hija de Vladan, pero cuando la conocí, me enamoré de ella y me di cuenta de lo horribles que somos. Todo lo que hacemos está mal, pero no nos gusta admitirlo. Preferimos el poder, el dinero y no importa las muertes que ocasionemos.
Me ofreciste muchos trabajos, Pavlov, y cuando conocí a tu hija, estabas deseando que nos uniéramos en matrimonio para crear una alianza. A ti solo te importa el poder y el dinero, y estoy aquí para decirte que puedes tener todo lo que Vladan y yo tenemos, pero a cambio debes olvidarte de Sakura. Abre los ojos incrédulo.
—¿Todo esto por una niña?, ¿qué tiene de especial? —Pregunta irritado.
—La quiero. —Respondo orgulloso y decidido.
—Eres débil, tendría que haberme dado cuenta. —Comenta mientras ríe con tristeza.
—No soy débil, solo soy un hombre dispuesto a mejorar por amor, Pavlov. Amor… —Susurro a su oído.
—Una palabra desconocida para hombres como nosotros, ¿verdad? —Eres un cabrón, Volkov, y te pudrirás en el Infierno. —Grita. Se mueve en la silla e intenta liberarse por todos los medios. —La única persona que puede mandarme al infierno es ella. Nadie más.
— Digo. —Se acabó, estoy cansado de perder el tiempo. ¿Pavlov aceptas nuestra propuesta o no? —Pregunta Vladan impaciente. El hombre no responde, nos observa y mira a su alrededor. Sabe que es una trampa, no es estúpido.
—No descansaré hasta que no tenga a tu hija, Vladan. Deberías saber que la sangre se lava con más sangre, hermano. ¿Qué?, ¿son hermanos? Retrocedo perdido y observo a los dos hombres desconcertado.
—Cierra esa boca. Nosotros no somos hermanos, solo crecimos en el mismo orfanato. —Protesta Vladan, notablemente molesto. —Realizamos una promesa con sangre, Vladan, y tú me has traicionado. Has
traicionado a la única persona que te quería de verdad. Vladan extrae una pistola calibre 45 y la apunta a la frente de Pavlov. Siempre ha sido una guerra entre ellos dos en la que yo me he encontrado en medio. Inconscientemente siempre les he seguido el juego. Un juego sangriento. —Hiciste que la única persona que quería escapara. Le asustaste diciéndole quiénes éramos cuando te diste cuenta que yo quería dejar todo por ella.
Destruiste lo único que apreciaba. El grito de Vladan es desgarrador, es casi impensable asociar tal comportamiento a su persona, siempre está tranquilo y mantiene la compostura. —Esperaba un hijo. Te había perforado el cerebro, parecías un pollo sin cabeza. Necesitabas que alguien te guiara y tomé la decisión correcta. La eché porque tú estabas mandando al traste todos nuestros negocios. ¡Mierda! Sabía que la madre de Sakura estaba embarazada. No creo que todavía Vladan examine la posibilidad de dejar su patrimonio al hombre que causó su infelicidad
—Volkov, creo que ha llegado el momento de que te marches. —La voz de Vladan está rota. Se vuelve hacia mí. —No hagas mis mismos errores. Hazla feliz y deja a las espaldas quién eres. Sé un hombre mejor porque mi hija se merece lo mejor. —Dice. Miro a los dos hombres y entiendo que mi presencia está de más. Ya han decidido cómo acabará. Hoy no habrá ningún ganador. Me pongo las gafas de sol y me encamino hacia el coche.
—Yuri, coge a los hombres y volved al castillo. —Ordeno antes de subir al coche. Salgo del almacén y decido que ha llegado el momento de llevar a cabo mi plan. Cuatro jodidos meses preparándome para que todo salga según lo previsto. He decidido que Sasuke Volkov debe morir. Pero antes de que esto pase, tengo que hacer algo como el hombre que soy. Encontrar a Sakura y darle finalmente lo que se merece. Necesito a Monforte. Es la única persona de la que me puedo fiar en este momento. Es un buen amigo. Tecleo su número y espero a que responda.
—¡Sasuke, qué honor! Hace tiempo que no hablamos, amigo mío. —Exclama en un ruso asqueroso. Niego con la cabeza riendo.
—Tony, necesito tu ayuda. —Digo dándome cuenta de que ni siquiera lo he saludado.
—¿Tú me necesitas? —Pregunta con sarcasmo. Es un amigo, pero me cuesta entender su humorismo. Digamos la verdad, no estoy hecho para perder el tiempo.
—Necesito encontrar a una persona y me sirven tus fuentes. —Explico. Cojo la carretera principal y voy en dirección a Moscú.
—¿Es una persona que forma parte de nuestra familia? —Pregunta con curiosidad. —No. Es una persona muy importante para mí. —Explico resoplando. No me gusta que se entrometan en mis asuntos. Preferiría no explicar nada y tener lo que quiero.
—¿È na fimmina? —Pregunta en dialecto siciliano. ¿Cómo olvidar que es de origen siciliano? Cuando habla así de vez en cuando no le entiendo. Pero dejémoslo pasar.
—¿Puedo contar contigo? Es algo urgente.
—Insisto. —Necesito solo nombre y apellido, y una foto. Ti fazzu aviri tuttu chiuddu chi voi. —Responde. Otra vez. ¿Pero no le entra en la cabeza que no entiendo una mierda de siciliano? Tal vez lo sabe y se divierte tomándome el pelo.
—Sakura Haruno, la foto te la mando inmediatamente. Tony, encuéntrala, es de vital importancia. No creo haberme mostrado nunca tan vulnerable, pero necesito encontrarla.
—Así será, amigo mío. Te llamo en cuenta descubra dónde se encuentra tu hermosura. —Comenta disfrutando de la situación. Quisiera responder, pero no estoy de humor, solo quiero encontrarla, es lo único que me importa en este momento. Mientras tanto tengo que encargarme de otro tema importante que tengo que resolver con la máxima urgencia.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Ya khochu, chtoby on privyazan k stulu: quiero que esté atado a la silla.
Idi k chertu: ve al diablo
