Hermione sintió cómo se le helaba la sangre. Intentó mantenerse firme y no temblar. Lo fácil sería dejarlo pasar sin más… Pero eso sería lo fácil, no lo correcto ni lo responsable; ni tampoco lo mejor para la seguridad y la salud mental de Bellatrix. Por eso, le recordó –sabiendo que no era del todo verdad- que había prometido destruir el cuaderno una vez terminada la poción. Al instante la mortífaga replicó que en ningún momento aceptó, se escabulló con frases como "Ya veremos…" o "Aún queda mucho". Aunque tampoco eso era verdad: parecía evidente que la morena nunca tuvo intención de deshacerse de él. Pero no quedaba otra y la gryffindor no iba a ceder. Y se dio cuenta de que aún era peor:

-Dime que al menos has devuelto la varita.

La duelista negó con expresión despreocupada.

-No, es mía. Me gané su voluntad durante la guerra, me pertenece. Y es un pedazo de historia, sería de imbéciles abandonarla en un ataúd. Además, ya es hora de que la tenga una mujer.

Hermione cerró los ojos intentando controlar su respiración. Está bien, los problemas de uno en uno. La varita le inquietaba menos, al fin y al cabo Bellatrix era igual de letal con cualquier arma. Pero el cuaderno era otro asunto. De nuevo, se centró en mantener el tono firme sin sonar amenazante.

-Bellatrix, perteneció a Voldemort y nada bueno puede salir de ahí. Prometiste en tu contrato no tener relación nunca más con nada relativo a él.

-De acuerdo –respondió ella encogiéndose de hombros-. Entonces devuélveme la poción.

-Eso es diferente…

-¿Por qué? ¿Por qué es para ti y como eres buena persona te lo mereces? Eso es egoísta y lo sabes. El cuaderno es mío. Me lo legó a mí, ¡lo ocultó en la placa con mi nombre! Me pertenece. Me contaste que a vosotros Dumbledore os dejó cosas; pues a mí mi maestro también y no sería justo que me lo quitaran.

-¡Pero le mataste tú! –exclamó sin poder ocultar su desesperación- ¿Y lo que me contaste de cuando te empujó y te diste cuenta de que siempre te utilizó?

-Sí, te lo he explicado varias veces: le maté y eso equilibró la balanza, estamos en paz, puedo recordarle sin rencor. Me utilizó, sí, pero yo a él también. De no ser por Voldemort yo sería buena bruja, gracias a él soy la mejor. Soy una leyenda, apareceré en los libros de Historia, ¡soy una con la magia negra, nadie es más poderoso que yo!

-Lo eres, pero no todo en esta vida es poder, Bellatrix, tienes que darte cuenta.

-Ya lo sé. También está el amor. Y yo sé que pese a no tener alma, él me quería. Sirius me dijo una vez que amar es darle a una persona el poder para destruirte y confiar en que no lo hará; Voldemort me dio su horrocrux y la espada con la que podía destruirlo. Me confió su vida. Además, cuando creyó que la estúpida Weasley me había matado, gritó con furia e intentó vengarme. Pese a dividir su alma hasta lo imposible, aún le quedaba un mínimo porcentaje que invirtió en quererme a mí.

La bruja oscura parecía profundamente emocionada. Hermione se dio cuenta de que no había calibrado bien su relación con Voldemort. Su mente la había transfigurado hasta crear un afecto por parte del mago oscuro que jamás existió. Probablemente había muchos conjuros y pociones en aquel documento que le interesaban a la morena, pero era mucho más. Era un símbolo, era casi destruir el horrocrux que la ligaba a su antigua vida, a la oscuridad que siempre la envolvía. Hermione consideró cruel recordarle que para su maestro fue una mera herramienta. Así que se arriesgó con otro enfoque:

-¿Y por mí? Hazlo por mí, Bellatrix, entrégamelo. ¿Me quieres decir que todo lo que hemos vivido estos meses ha sido mentira? ¿Qué todo ha sido una actuación para salirte con la tuya?

-También te quiero, Hermione, de la forma en la que puedo, te quiero. Pero desde el principio quedó claro que ninguna de las dos estamos dispuestas a cambiar: yo no pienso renunciar a la magia oscura, a lo que me hace ser quien soy; y tú jamás renegarías de tus principios y tu moral, no podrías tener la conciencia tranquila viviendo con una asesina que no se arrepiente. Sabíamos que esto era temporal, solo mientras durara el curso. Además, ni siquiera te fías de mí, lo noto en tus ojos (y haces bien porque serías necia si lo hicieras).

-¡Quizá porque no me das motivos! ¡Estás incumpliendo tu promesa al quedarte con algo que le perteneció! –exclamó Hermione con rabia- ¡Yo he luchado por ti!

-Sí, la estoy incumpliendo. Lo sé y te pido por favor que no me delates –confesó sin ambages-. Tú has luchado por la versión de mí que te gustaría tener, no por mi verdadero yo, por lo único que queda a estas alturas. Deseas salvar a la gente pero no todo el mundo tiene salvación.

-¿Y eso es malo? ¿Desear que te arrepientas de haber sido una persona deleznable y que seas tu mejor versión es malo?

-Igual para otros no, pero para mí sí –sentenció la morena-. ¿Qué pretendes, que pase toda mi vida arrepentida mientras tú me consuelas? Es lo que sucedería si sintiera remordimientos por todas las barbaridades que he hecho. No me quedaría nada, solo tú. Tú me tendrías a mí, sí, una versión inocente y flagelada, un cascarón vacío. Además tendrías tú trabajo, tus amigos, tu familia y toda la vida por delante. Yo no tendría nada, solo me quedaría vivir para hacerte feliz y compensar todo el daño que he hecho. Y sinceramente, prefiero morir que una vida así.

Por mucho que no quisiera aceptarlo, sabía que tenía razón: Bellatrix sin la magia negra y sin su lado cruel dejaría de ser ella. Sería una persona mejor, pero no ella. También era cierto que nadie podría vivir con el peso de tantos crímenes como acumulaba ella: la destruiría física y psicológicamente. Era una mujer impasible y sin moral porque no podía ser de otra forma. Así que con voz temblorosa y aguantando las lágrimas, Hermione murmuró:

-Elige: el cuaderno o yo.

Bellatrix tragó saliva. También ella parecía intranquila y atrapada en un huracán de sentimientos encontrados. Con poca serenidad respondió:

-No tiene porque ser así. Podemos hacer que funcione. Quizá no algo normal, no como el resto de personas… yo estoy demasiado rota para eso. Pero algo como lo que hemos tenido hasta ahora y…

-No –sentenció la castaña-, yo quiero algo de verdad, no las migajas. Ninguna de las dos merecemos una vida así. Tienes que renunciar a algo.

Hubo casi un minuto de silencio. Se miraron a los ojos pensando que la batalla más intensa de sus vidas estaba siendo aquella. Finalmente, la mortífaga, decidió:

- Está bien. Pero recuerda que eres tú la que está tomando la decisión. Espero de verdad que seas feliz, Hermione.

La mortífaga se giró y se dirigió a las puertas de salida abrazando el cuaderno. Hermione, intentando contener las lágrimas, se dio cuenta de que no podía dejarlo así. Bellatrix había elegido la oscuridad de la misma forma en que ella había elegido no unir su vida a la de una asesina supremacista. Pero el peligro de que poseyera el cuaderno era real y el mundo no lo merecía. La slytherin lo había conseguido con la excusa de recuperar a sus padres, no era justo que por su egoísmo el mundo sufriera un día las consecuencias. No quería denunciarla y que eso la llevara a Azkaban, pero tampoco podía dejarlo estar. Así que sacó su varita y exclamó: "¡Petrificus totalus!". La mortífaga se quedó congelada con el cuaderno pegado a su pecho. Hermione se acercó a ella.

-No te denunciaré. Pero no puedo permitir que te lo quedes, lo siento –reconoció mirándola-. ¡Accio cuaderno!

Para su sorpresa, el hechizo no solo no funcionó sino que Bellatrix ladeó la cabeza. No estaba inmovilizada, lo había fingido. Hermione tragó saliva asustada sin entender cómo podía haber fallado. Su compañera se lo explicó:

-No puedes atacarme con esa varita, ningún hechizo te funcionará contra mí. ¿Crees que te la devolví durante la guerra porque en el fondo sentía cariño por ti? Utilicé un maleficio que mi maestro me enseñó, ni siquiera Ollivander lo detectaría.

Las pocas piezas que quedaban sueltas encajaron en la mente de Hermione. El puzle se completó con el final del discurso de la slytherin:

-Soy una gran duelista porque sé adelantarme a los movimientos del enemigo. Me preguntabas si he fingido todos estos meses. No, he hecho lo que mejor se me da, lo que llevo haciendo toda mi vida: sobrevivir. Por esa razón aguanté la estricta educación de mis padres, por eso me uní a los mortífagos, por eso hice el pacto con Shacklebolt… Soy una superviviente y todo lo que hago está encaminado a ese único propósito.

Con cada frase la morena se había acercado más a la joven. Sus rostros casi se tocaban. Bellatrix la agarró de la muñeca con firmeza pero sin hacerle daño.

-Y ¿sabes qué, Hermione? Tú también lo eres. Te acercaste a mí porque podía protegerte, librarte de la deuda y devolverte a tus padres. Lo has conseguido. En eso sí nos parecemos. Pero solo en eso. Tú eres la princesa del bien y defensora de las causas justas y yo soy una supremacista de sangre que se excita cuando tortura alguien. Nos odiaríamos a nosotras mismas y jamás seríamos felices.

La contempló con cariño durante unos segundos. Después, la besó en la mejilla y le susurró al oído:

-Mi maestro se equivocó: la clave no es vivir para siempre, sino convivir con uno mismo… para siempre.

Soltó por fin la muñeca de la chica, se giró y cruzó las verjas de entrada. Hermione vio cómo desaparecía en medio del humo negro que destilaba la magia oscura. Ella sí que se sentía petrificada. Era verdad, Bellatrix tenía razón. Pero eso no hacía que doliera menos. Estuvo ahí parada varios minutos, de espaldas al castillo contemplando las verjas de salida. Siguiendo una intuición, se subió la manga de la blusa y contempló su muñeca: la cicatriz había desaparecido del todo. El último rastro de la mortífaga en su vida, la conexión más profunda que nunca tuvieron.

Deseó llorar pero no fue capaz. Levantó la vista y se dio cuenta de que en ese momento, la niebla se levantaba por primera vez en todo el curso. Bellatrix lo predijo meses atrás: fueron felices juntas mientras duró la niebla. En cuanto esta se desvaneció, la complicidad también las abandonó. Lo bueno es que sin bruma siempre es más sencillo encontrar el camino.

FIN


Nota:

Durante toda la historia estaba claro lo que iba a suceder, lo escribí de forma explícita (demasiado para mi gusto) en muchos capítulos para no engañar a nadie. Quería escribir un Bellamione más realista, como creo que sucedería en realidad.

La idea surgió cuando al publicar "Siempre fuiste tú" (Bella/Sirius) algunas personas me comentaron que tenía más sentido el romance con Hermione que con Sirius. En primer lugar, yo jamás le diría a nadie con quién debe shippear a sus personajes, ¡escribid lo que más os guste a vosotros, lo importante es que TÚ ames tu historia! Y en segundo lugar, me dejó muy loca que la gente vea más creíble (¿y sana?) una relación tipo nazi/judío que una entre primos Black con el mismo carácter, locura y traumas. Sé que la mayoría de esas críticas fueron solo porque es un ship hetero y me parece estupendo, pero escudarse bajo la falacia de "la-asesina-fanática-de-un-señor-que-le-dobla-la-edad y la-adolescente-a-la-que-torturó-e-informó-de-que-si-al-terminar-con-ella-seguía-viva-se-la-daría-a-Greyback-para-que-se-la-comiera pegan más" me pareció ridículo. A raíz de eso se me ocurrió terminar este Bellamione que tenía empezado de la forma en que yo considero que sucedería de verdad.

El jueves subiré el epílogo, ojalá os guste. Gracias eternas por vuestro apoyo y sobre todo por vuestros geniales comentarios, os adoro.