Ningún personaje me pertenece, son propiedad de Lucasfilm.


La casa estaba sumida en obscuridad y silencio. Hacía horas que Rey había dejado de escuchar las pisadas estrepitosas de Han o la ligera risita de su madre.

Ella sabía que era el momento. Dejando de lado su celular, y su entretenida conversación con Rose, se puso de pie y caminó hasta la puerta de su habitación, colocó su oreja en la fría madera sólo para comprobar lo obvio; Su madre y Han ya debían estar dormidos.

Coloco, casi por costumbre, el seguro de su puerta.

Un hormigueo muy familiar le recorrió la columna y le erizó cada vello del brazo.

Ya no se cuestionaba sobre la falta de moral en lo que ella y Ben estaban haciendo. Si existía un infierno, ella estaba casi segura que se lo habían ganado a pulso.

Ahora su cuerpo se volvió codicioso, soñaba despierta con él, con sus besos, con sus caricias. Añoraba que entrara la noche sólo para pasar una hora de su día al lado de él.

Al abrir la puerta del baño, no había necesidad de palabras. Ben ya estaba ahí, esperando por ella.

Pero esta vez, renegada se quedó de pie en su habitación, simplemente observando al chico del otro lado del pequeño cuarto.

—¿Todo está bien? — Murmuró Ben mientras ingresaba a la habitación de la joven Rey.

—Perfecto…— Ronroneó Rey sobre sus labios antes de fundirse de lleno en ellos.

Amaba la forma en que se sentían los labios de Ben, ligeramente carnosos, algo gruesos y profundos. Le encantaba que siempre debía subirse sobre la punta de sus pies para poder alcanzarlo. Y la forma en que él la sostenía por la cintura con fuerza.

Pequeños gemidos se escapaban de la garganta de la chica mientras permitía envolverse por completo en la cálida sensación de estar al lado de Ben.

De un momento a otro el beso, que siempre comenzaba como algo muy inocente, perdió por completo su sentido. Ben deslizó su lengua en la piel de los labios sabor fresa de Rey.

Ella sólo pudo sentir como el universo completo cambiaba de forma cuando Ben la sujetó por la cadera y la recargó con excesiva fuerza sobre la puerta de la habitación.

Sus besos, aún demandantes, abandonaron los labios de Rey y se depositaron sobre su garganta. Un gemido se detuvo en la ágil mano del chico que tapó la boca de Rey a tiempo.

—Shhhh… No querrás que nos descubran. — Mencionó él, juguetón en voz baja.

Rey negó con su cabeza al mismo tiempo que las manos de Ben bajaban de sus mejillas a su cuello y cadenciosamente se depositaron en su pecho.

—Te necesito…— Suplicó Rey en un débil gemido.

—No sabría que hacer…— Los ojos preocupados de Ben recorrieron desde el pecho hasta los ojos brillosos de Rey.

—Yo tampoco. Y aun así lo quiero.

—Si algo te incomoda, debes decirme.

Con su mano sujetó la parte baja del camisón que Rey utilizaba esa noche para dormir y con cuidado lo subió hasta la altura de su cadera. La respiración y el ritmo cardíaco de ella estaban entrecortados, ansiando por ese momento en especial. El calor la recorría y se concentraba en un solo punto sobre su entrepierna. Justo el lugar que Ben rozó ligeramente con la yema de sus dedos. Involuntariamente las manos de Rey se contrajeron sobre la espalda del chico. Intentando ocultar su rostro en la comisura entre el hombro y el cuello de Ben.

Él dibujaba pequeños y delicados círculos en la piel sensible de ella. Al tiempo que Rey cerraba sus ojos y se perdía en la sensación, ahogando su placer mordiendo, sin mucha fuerza, la clavícula expuesta de Ben.

Un fuerte palpitar envolvía su centro, su cuerpo liberaba sensaciones que no podía canalizar, sólo sabía que necesitaba mucho más. Y, con un valor brindado por el calor del momento, tomó la mano de Ben para mostrarle la forma en que ella se había tocado la noche anterior mientras pensaba en él.

Su cadera reaccionó al instante, frotándose con demanda sobre las caricias que Ben depositaba en ella. Pero, repentinamente, sus movimientos se vieron detenidos. En un acto de puro instinto uno de los dedos de Ben de sumergió dentro de ella, llegando un poco más lejos de lo que ella misma había logrado. Encontrando puntos que ni ella había explorado aún. Lento y rítmico se movía dentro de la chica. Una de sus piernas se envolvió sobre Ben, quería que llegara más allá, quería sentir mucho más de él. Lo que sintió no le hizo crédito a su imaginación. La fuerte rigidez del chico presionaba sobre su vientre.

Rey abrió rápidamente sus ojos para encontrar la mirada apenada de Ben sobre ella. Pero esto no debía avergonzarla, ella lo sabía, ella lo quería. Sus manos vacilaron un rato alrededor de los pantalones de Ben, pero al final deslizó su mano debajo de la presilla y sintió, por primera vez en su vida, la erección de hombre en sus manos.

Temía bajar la mirada, así que simplemente volvió a recargar su cabeza en el hombro del chico mientras con su mano frotaba de atrás hacia adelante. Ben se contraía y temblaba ante el contacto. Alcanzó a gemir ligeramente el nombre de Rey, entre uno de los muchos sonidos guturales que se asomaban por su garganta.

Las manos de Ben pasaron a la espalda de la chica, temiendo caerse si no se sostenía de algo.

Él conocía bien la sensación que le recorría el cuerpo, mentiría si dijese que nunca se tocó pensando en ella. Rey aceleró el ritmo de sus movimientos, un poco ansiosa y un poco emocionada por ver hasta dónde podía llegar.

Ben sólo pudo cerrar con fuerza sus ojos mientras bajaba sus manos para tomar a Rey y hacerla parar.

Sus respiraciones estaban sincronizadas, intentando recuperar el aliento que no habían notado que perdieron. Ben reacomodó la ropa interior de Rey y bajó de nuevo su camisón.

Ambos corazones latían con desenfrene. Ambos querían más. Pero sabía que no era momento.

No en una casa tan llena de personas.