¡Hola lectores!

Me he atrasado un poco con algunas obligaciones, pero aquí esta el cap. Muchas gracias por los 7 reviews del capitulo anterior a Aida Koizumi, Inukag22, C. BENNINGTON, Candy01234, Sele17, Paty y Darkness1617, lo siento por dejarlos a medias jsdnf pero era necesario para mantener la tensión y la expectación.

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Capítulo 32 .- Me rindo ante ti.

(perspectiva de Kagome)

– Muchas gracias, de verdad, significa mucho para mí. – Se separó un poco, aun sujetándome por la cintura. No pude despegar mis ojos de su rostro mientras él tomaba uno de mis bucles entre sus dedos y lo peinaba con cuidado. Había extrañado tanto esto que de pronto ya no quise salir de allí. – Pero… el mejor regalo de todos es que tú estés aquí. – musitó. Vi sus ojos dorados mirarme con deseo y sus labios captaron toda mi atención, esos malditos labios que tantas veces había besado y que ahora me llamaban a hacerlo una vez más.

Bajó su rostro unos centímetros hasta el mío y la cercanía me estremeció. Pude sentir su aliento chocar contra mis labios. Mis ojos se entrecerraron por instinto y mis latidos aumentaron. Me quedé ahí esperando por su jugada hasta que sus labios se posaron en los míos.

Algunos segundos pasaron para que yo me convenciera de que lo que estaba ocurriendo no era un sueño. Sin embargo, la tibieza de su caricia era prueba suficiente de que era real. Mi mente se debatió entre si responderle o no, hasta que un suspiro murió en mi garganta y me hizo comprender que yo me daba por vencida. Acomodé una de mis manos en su mejilla, me paré en puntillas y me acerqué a él para ahondar más el beso sin pensar demasiado en las consecuencias.

Los latidos de su corazón me ensordecieron mientras yo entreabría mi boca para darle todos los permisos que él quisiera. Su lengua se enredó con la mía y aguanté un jadeo instintivo con todo el autocontrol que pude encontrar.

Sentí una de sus manos agarrar mi cabello mientras la otra se aferraba a mi cintura con rudeza, lo que encendió aún mas mi deseo. Me mantuve pegada a su cuerpo abrazándolo por el cuello y el roce de su torso con mis pechos por sobre la tela me hizo perder el aliento. De pronto una voz de conciencia gritó en mi mente que me detuviera y por voz de conciencia me refiero a Kouga. Yo debía tratar con indiferencia a Inuyasha y sin embargo aquí estaba, una vez mas en su habitación y con una tensión sexual que no era para nada controlable… Mi mejor amigo había tenido razón en todo.

– Espera... – musité con cero voluntad. Lo empujé levemente y me permití respirar - … Volvamos a la fiesta, quiero saludar a Sango y Miroku.

Era una excusa bastante torpe, pero ya me había comprobado a mí misma que estando a solas con él no podía controlarme. Él apoyó su frente contra la mía con su respiración entrecortada y me sonrió intentando frenar sus ganas de continuar.

– Bien, me parece una muy buena idea en el momento preciso.


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(Perspectiva de Inuyasha)

Kagome se separó de mí y caminó a la puerta para abrirla. Me sonrió antes de salir y yo me quedé ahí sin saber si debía ir tras ella o dejarla tranquila un rato. Probar sus labios una vez más y las reacciones que esa simple caricia había provocado en mi fueron suficiente prueba de que seguía indudablemente enamorado de ella.

Salí de la habitación y el bullicio volvió a llenar mis oídos. Parecía haber aún más gente de la que recordaba antes de encerrarme con Kag, estaba seguro de que no eran sólo 40 personas. No encontré ningún rostro conocido hasta que Mika apareció frente a mí.

– Te he buscado por todos lados, baila conmigo. – exclamó mientras se movía frente a mi intentando incentivarme.

Bien, no parecía una mala idea después de todo, aún la quería como amiga y me encargaría de que sólo fuera bailar y nada más. Le sonreí y me acerqué a ella al ritmo de la música. La miré fijo antes de hablar.

No intentarás nada comprometedor conmigo. – Mika me miró perpleja y asintió.

– Te he visto salir con Kagome de tu habitación.

– Si. – ya no tenía ganas de inventar excusas… si la verdad convencía a Mika de abandonar sus intentos por tener algo conmigo… entonces sería el hombre mas honesto del mundo.

Se pegó a mi cuando la música se hizo mas lenta y volvió a hablar.

– Tu me gustas, me gustas mucho, es por eso que he reaccionado mal estos días a tu cercanía con ella, yo he estado aquí durante tres años contigo, apoyándote cuando lo necesitaste, ella acaba de llegar y ha logrado desplazarme.

– ¿Realmente quieres hablar de eso en este momento preciso? ¿en el medio de mi fiesta de cumpleaños y con la musica a todo volumen?

– Si, quiero saber que sientes, así puedo decidir si vale la pena intentar algo contigo o no. – La miré fijo y pude comprender a lo que se refería, estar ahí esperando por el amor de alguien en definitiva no era nada agradable. Suspiré.

– Puedo ofrecerte que hablemos cuando toda la gente se haya ido, no quiero hacerlo ahora.

– Bueno.

– Bien, yo te buscaré, mientras tanto… - exclamé mientras tomaba su mentón para que me mirara - Baila con otras personas aquí. - Ella asintió sonriendo y se alejó de mí no sin antes darme un beso en la mejilla.

Estuve buscando a Kag por algunos minutos, sin embargo la mezcla de aromas hacía más compleja mi misión. De pronto vi a una chica de rojo y con capa al otro extremo de la sala de estar, bailando con alguien que no conocía, a su lado estaba Miroku bailando con Sango, obviamente tenía que ser ella.

Miroku me vió acercarme y movió una de sus manos para hacerme señales de que fuera en su dirección.

– ¡Inuyasha!, ¿te has encontrado con Kag? – exclamó fingiendo no habernos visto entrar a la habitación.

– Si… vino de sorpresa – sonreí.

Sango me hizo un gesto para que mirara al lado. MI Kagome estaba bailando amistosamente con un chico que yo no conocía. Me acerqué a su lado.

– Hola. – fingí la mejor sonrisa que pude, actuar como un chico celoso no pegaba para la ocasión.

– Hola Inu, te presento a… Disculpa, ¿cómo te llamabas? – preguntó mirando al chico frente a ella.

– Daiki – el sujeto le sonrió y me miró a mí – por cierto ¡Feliz cumpleaños!

– Gracias, necesito hablar con Kag, ¿nos das unos segundos? – Lo pedí amablemente, intentando no ocupar mis manipulaciones.

– Por supuesto, nos vemos después. – exclamó mirando a la chica de rojo con cierto coqueteo, bien, en definitiva no se verían después.

Me acerqué a ella y me sonrió. Sentí el impulso de tomarla y bailar con su cuerpo pegado al mío… decidí seguirlo.

– Te me has perdido por bastante rato. – exclamé mientras la tomaba por la cintura mientras nos movíamos al ritmo de la música.

– Si, te vi bailar con Mika así que supuse que yo podía bailar también. – Bien, tenía un punto.

– Bueno, ahora estoy aquí, contigo. ¿Ves que no era difícil llevarnos bien? – exclamé.

– Estas cantando victoria demasiado pronto, apenas me has visto por tres días.

– Si nuestra amistad estuviera destinada a no existir… habría fallado desde un principio… Sin embargo. – la acerqué a mí y el calor de su cuerpo me hizo estremecer - Aquí estamos, bailando juntos.

– Como amigos. – Dio unas pequeñas palmaditas sobre mi hombro mientras decía las palabras.

– Aja, amigos. Entonces… ¿Qué te ha convencido de venir a verme? – pregunté con genuina curiosidad.

– Era infantil de mi parte no venir, puedo dejar las cosas en el pasado para intentar llevarme bien contigo, además entre quedarme en el hotel o venir a una fiesta…

– Tiene sentido. Gracias por ello.

De pronto la poca iluminación que existía desapareció por completo y la gente gritó entusiasta. Obvio, las mejores anécdotas ocurrían con las luces apagadas. Pude seguir viendo a Kagome frente a mi sólo por mi visión de youkai.

La música aumentó su volumen y los gritos extasiados de la gente también. Sin embargo, el tiempo pareció detenerse para mí. Kagome estaba pegada a mi pecho mirándome con atención mientras se aferraba con sus garras a mis brazos, ni siquiera pude sentir el dolor de las heridas, mi mente estaba enfocada en el hermoso rostro que cada vez se acercaba más a mí.

Bajé mi estatura para alcanzar la suya y enredé mis manos en sus cabellos para besarla, hambriento y deseoso de probar sus labios una vez más.

Pasar tres años completos sin sentir sus besos había sido un suplicio y ahora que presionaba mi boca contra la suya por segunda vez, después de tanto tiempo volví a sentirme en el cielo. Pude notar el sabor del whisky en ella, lo que me comprobaba que había bebido estos minutos sin mí. Kag entreabrió sus labios invitándome a pasar y yo no lo pensé dos veces. Mi lengua se enredó con la suya y esa simple caricia logro sacar un jadeo ronco de mi garganta.

Llevé la mano que aún tenía posada en su cintura a la altura de su espalda baja y luego agarré su trasero por sobre la tela del disfraz, ella gimió en mi boca y se apretó más a mí. Bajé a su cuello aprovechando todo el tiempo que pude la oscuridad del lugar.

Sólo rocé con mis colmillos en la zona que recordaba haber marcado y ella se estremeció contra mi cuerpo. Al segundo siguiente la sentí halar de mi cabello hacia atrás, alejándome.

– Tienes prohibido morder esa zona. – exclamó con seriedad, vale, tenía sentido que no quisiera que la marca volviera a aparecer.

– ¿Puedo morder otras? – pregunté coqueto y ella me sonrió.

– No lo sé, podrías intentarlo. – quise interpretar su respuesta como una invitación sutil.

Pase mis garras por la piel de sus brazos sin llegar a dañarla, pero si para dejar al menos marcas rojizas. Me miró fijo y pude notar sus ojos cambiar a rojo incluso en la oscuridad.

– Sácame de aquí. – Su voz femenina y demandante al mismo tiempo logró encenderme más de lo que esperaba, con gusto lo haría.

Tomé su mano en la oscuridad y la guié a mi habitación entre toda la gente que seguía bailando.


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Cuando estuvimos dentro cerré la puerta tras de mi con llave y me acerqué para besarla otra vez hambriento.

Aki pareció despertar por unos instantes y fue suficiente estímulo para alejar a Kagome de mis brazos. Se agachó para acariciarlo y yo me enternecí con el gesto.

– Se quedó dormido otra vez, deberíamos intentar no despertarlo.– susurró y yo asentí. Ella se puso de pie y en un movimiento rápido y borroso se acercó a mí, acorralándome contra la pared. – Bien… nosotros estábamos en algo. – susurró y pude ver el reflejo de la luna que entraba por el ventanal iluminar levemente su rostro en toda la oscuridad de la habitación.

La vi sonreírme coqueta desde su altura mientras una de sus manos estaba apoyada en mi pecho. El latido de mi corazón chocaba con fuerza contra su palma. La agarré sin cuidado por la cadera para mantenerla cerca y la besé desesperado, ella me respondió efusiva mientras se ponía de puntillas para alcanzar mis labios.

Me sorprendió escuchar jadeos y gemidos roncos que salían de mi garganta entre besos, demostrando lo mucho que había extrañado todas esas sensaciones que sólo ella podía provocar en mí.

Me giré para dejarla contra la pared y tomé sus muslos para colocar sus piernas alrededor de mi cintura. Ella las entrelazó por mi espalda en una trampa de la que yo no quería escapar. Tomó mi rostro entre sus manos para mirarme fijo antes de lamer mis labios y con eso se llevó todo mi autocontrol.

Sentí mi visión arder y rocé mi entrepierna con la suya. Ella se agarró de mi cabello con fuerza y gimió bajo mientras cerraba los ojos, intentando no despertar al cachorro que dormía unos metros más allá. Volví a rozar y subí una de mis manos a su pecho izquierdo mientras ella abría sus ojos y el rojo volvía a aparecer.

Jaló mi cabello hacia un lado y mordió mi cuello en el lado contrario de la marca, el corte de sus colmillos en mi piel me hizo gruñir y arañar la pared bajo mis manos, sentí el papel tapiz rasgarse. Cuando estuvo satisfecha lamió para cerrar, se levantó y me sorprendió no encontrar rastros de sangre en su boca, había mejorado bastante en lo pulcra que podía ser con sus mordidas.

– Muérdeme. – ladeó su cabeza dejando visible su cuello por el lado derecho, preocupándose de mantenerme lejos de su marca. Dios, sus órdenes me volvían loco. Obediente por primera vez en muchos, muchos años me acerqué a su cuello con miedo de asustarla y que cambiara de opinión. Tenía frente a mi luego de mucho tiempo la opción de probar una vez más mi sangre favorita. La emoción me hizo hundir mis colmillos con rapidez y sin mucha delicadeza sobre su piel, pediría perdón por eso luego. Ella emitió un gritito ahogado mientras me mantenía cerca abrazándose a mí. Cada succión sacó jadeos de sus labios y aumentó los latidos de su corazón, que ensordecía mis oídos, como si bombeara más sangre a mi boca de forma voluntaria. Lamí con todo el amor que guardaba dentro de mi para ella y las heridas cerraron, di un último beso corto en el lugar y me levanté para mirarla fijo.

Me acerqué para besarla otra vez y el sabor metálico me llenó de éxtasis, como había extrañado esto. Compartir sangre con alguien mas no estaba dentro de las opciones cuando ella había estado lejos, era demasiado íntimo y no me nacía con nadie más. Sólo había bebido sangre de Mika para alimentarme.

– Te necesito. – jadeé entre besos – No puedes imaginar la falta que me has hecho.

– Me tienes aquí. Tómame.

Listo, eso era todo lo que necesitaba escuchar. Aún con ella en brazos sujetada a mi nos moví a la cama, su cuerpo bajo el mío me hizo sentir en casa. Recorrí con besos cortos desde su clavícula a su abdomen incluso por sobre la tela de su disfraz, la textura del cuero contra mis labios era bastante excitante. Me levanté por unos segundos para quitar mi capa y la admiré bajo mi cuerpo.

El pelo de Kag estaba repartido sobre la cama dándole un aspecto irreal, la capa de terciopelo rojo que llevaba amarrada a su cuello y que ahora se extendía sobre el colchón le daba un aspecto tentador y peligroso al mismo tiempo. Su disfraz le había venido perfecto para la ocasión.

Tiró los mechones que enmarcaban mi rostro hacia ella, intentando mantenerme cerca.

– Te ves hermosa – la escuché reír sensual mientras daba besos en mis brazos por sobre la tela.

– Muchas gracias.

Besé parte de su escote y sus jadeos me volvieron loco.

– he extrañado mucho esto…

– ¿El qué?

– Disfrutar de tus sonidos – le sonreí y llevé una de mis manos a su pecho izquierdo para envolverlo con mi palma. Cuando apreté levemente sobre la tela la sentí estremecerse bajo mi cuerpo – Así que no te aguantes ninguno de ellos. – Hice fricción entre mi entrepierna y la suya y ella gimió un poco más alto. Dios, necesitaba sacar todos los sonidos posibles de su garganta. – Gastaré horas poniéndome al día con cada centímetro de tu cuerpo. – Mi voz sonó más ronca de lo que esperaba. Ella me sonrió y se acercó a mi cuello para lamerlo.

– No puedes hacer eso, hay una fiesta para ti allí afuera ¿recuerdas?

– Fiesta que terminará en un par de horas con todos ebrios y sin recordar por qué habían venido en primer lugar, la gente se marchará sin extrañar mi presencia.

– Mika anda por ahí afuera.

– No me importa. - exclamé seguro.

En un movimiento rápido se puso encima de mí y apoyó sus manos en mi pecho.

– Necesitamos poner… ciertas condiciones antes de que te deje avanzar más. – exclamó mientras movía una de sus manos delineando con sus garras parte de mis músculos sobre la camisa y se sentaba justo sobre mi miembro completamente consciente de que eso me volvía loco.

– Las que tú quieras. – Enterró una de sus garras sobre mi bíceps y la deslizó hacia abajo, la tela hizo un sonido leve mientras se rasgaba. El dolor por el rasguño profundo fue sorprendentemente placentero hasta que mi piel regeneró. Me sentí sadomasoquista cuando me encontré a mí mismo aguantando un gemido.

– Esto no pondrá incómodas las cosas entre nosotros… - musitó.

– Por supuesto que no.

– Y no daremos oportunidad a los sentimientos de arruinarlo… – La miré atento asintiendo mientras intentaba que mi gesto fuera convincente. Yo la amaba tanto como en el pasado, pero ella no tenía por qué saberlo. – …Podemos ser amigos ¿no?

– El sexo refuerza la amistad. – le sonreí.

– Exacto. – se acercó a mí y lamió mis labios de forma sensual mientras con una de sus manos agarraba mi miembro por sobre el pantalón. – Sólo sexo…

– Sólo sexo. – volvió a apretar suave por sobre la tela y gemí ronco.

– Ah… y nada de mordidas, o al menos no sobre lo que queda de marca, no si queremos evitar que vuelva a aparecer, ¿trato?

– Trato. Tengo algunas condiciones también. – exclamé apretando mis manos sobre sus caderas y cargándola sobre mi para aumentar el roce, ella jadeó.

– …Dime.

– Tienes que estar dispuesta a experimentar conmigo.

– Siempre estoy dispuesta. – me sonrió y yo me derretí.

– Y esta vez tomaremos precauciones anticonceptivas. - Podía amarla mucho, pero yo no estaba dispuesto a tener un bebé por ahora.

– Tomo pastillas desde hace años, de hecho, ya las tomaba cuando nosotros estábamos juntos, ¿no se te hizo raro que no quedara embarazada después de tanto sexo? – yo me reí.

– La verdad no, pero tiene sentido. – ella acompañó mi risa con la suya. – con eso será suficiente entonces.

– ¿Ninguna otra petición señor Taisho?

– Seremos honestos con lo que nos gusta y lo que no en la cama, y si uno de los dos quiere algo, tiene que pedirlo.

– Vale, tiene sentido. Genial. – Me sonrió y se acercó a mi para volver a besarme.

Me giré rápido sin separarme de su boca y cuando estuvo bajo mi cuerpo mordí otra vez su piel, esta vez la de su pecho izquierdo, en la zona que quedaba al descubierto. Se aferró a mí mientras enterraba sus garras en mi espalda.

– ¿Te cuesta aun controlar tus garras? – pregunté mientras lamía para cerrar los cortes.

– Si. Suelo rasguñarme a mí misma bastante seguido cuando me ducho o cuando lavo mi cara, estaría llena de cicatrices a estas alturas si mi piel no regenerara con rapidez. – fingió un puchero – Lo siento.

– No… me encanta, sólo me preocupa estar volviéndome un poco sadomasoquista. – ella se rió y se levantó levemente hacia mí para volver a besarme.

Desaté la capa de su cuello y moví mis manos por su espalda intentando buscar algún cierre que desabrochara el body, Kag tomó una de ellas y la puso por uno de los costados.

– Lo que estás buscando está aquí. – yo sonreí mientras bajaba el cierre y deslizaba los tirantes de sus hombros.

cada centímetro de piel que aparecía ante mi aumentaba los latidos de mi corazón, había extrañado tanto esto y de algún modo no me había dado cuenta hasta ahora. Un sujetador rojo cubría sus pechos y lo desabroché con la experiencia que había acumulado durante años. seguían siendo tan perfectos como los recordaba. Extendí mis manos para tocarlos y pude notar lo suave y cálida que era su piel. Cuando los masajeé con delicadeza y se desbordaron en mi agarre sentí mis ojos arder. Kagome me miró fijo y sus ojos cambiaron a rojo en el mismo instante que jugué con uno de sus rosados pezones con mis garras.

Me separé por unos segundos para deshacerme de mi camisa y cuando cumplí mi objetivo la abracé a mi cuerpo. Gimió bajito cuando di besos cortos desde su clavícula a su pecho derecho y envolví el pezón con mi boca. Las caricias con mi lengua aumentaron cada vez más el volumen de sus quejidos de placer y tuve el impulso de morder la piel alrededor del botón. Cómo había extrañado morder su piel… Cómo había extrañado el sabor de su sangre.

Kagome se aferró a mi enterrando sus garras nuevamente en mi piel, con un leve gritito que escapó de sus labios cuando enterré mis colmillos, cuando se arqueó hacia mi incitándome a seguir con mi trabajo supe que el dolor punzante inicial había sido reemplazado por placer. Cada succión arrancó jadeos de su garganta y yo me sentí en el cielo con el sabor… No había sangre en el mundo que se asemejara al sabor de Kag… Me identifiqué como un adicto volviendo a caer en su droga preferida.

– Más… - ese fue el único monosílabo que su boca emitió y yo sonreí.

– Gatita… esto está recién empezando, por supuesto que habrá más.

Me di el tiempo de lamer cada rincón de su piel y dejar al menos 10 mordiscos a lo largo de su cuerpo, repartiéndolos en abdomen alto y bajo, cadera, cintura, muslos y pechos. Ver las marcas rojizas en su nívea piel y sentirla estremecer mientras gemía bajo mi agarre sólo aumentó más mi erección, después de todo, su placer era mi placer. Desabroché mis pantalones como pude sin alejarme de ella. La vi abrir los ojos y mirarme con deseo.

– Es mi turno. – musitó mientras me sonreía mostrando sus colmillos y tomaba mi mano, incitándome a recostarme otra vez.

Cuando se puso sobre mí, la vi acercarse a mi abdomen y lamer con deliberada lentitud un camino desde mi ombligo a mi oblicuo derecho, a estas alturas mi miembro latía demandando atención. Me mordió en el abdomen justo después de sonreírme y no paró de mirarme con sus ojos rojos mientras succionaba mi sangre. Subió para morderme en mi pecho y yo gemí ronco cuando su calor abrasador me quemó por dentro. Agarré su rostro entre mis manos y la miré por unos segundos. Su mirada demoniaca y mi sangre goteando y extendiéndose desde su comisura hasta su pecho sólo me hizo amarla aún más. Kagome era perfecta, lo había sido como hanyou y lo era como youkai. La besé con desesperación mientras la acomodaba sobre mí.

– ¿Qué quieres Kag?

– Te quiero a ti, ahora.

– Donde me quieres. – mi voz sonó ronca y gutural.

– Dentro de mi – susurró contra mis labios – Por favor. – Lamió mi boca y saboree el sabor metálico que dejó.

La sujeté por las caderas y me acomodé en su entrada. Cuando la penetré intenté controlarme y hacerlo con delicadeza. Sus paredes me envolvieron cálidas y estrechas. Jadeé cuando noté lo apretada que estaba y el roce me hizo delirar mientras más avanzaba. Cuando estuve completamente dentro esperé a que se acostumbrara a ello antes de comenzar a moverme.

– No sé si yo me he estrechado o tú has crecido, pero lo he sentido diferente a como lo recordaba. – susurró intentando hablar entre respiraciones entrecortadas.

– Quizás sólo hace falta un poco de práctica. – susurré y luego mordí su labio inferior, la besé lento y di un pequeño beso corto en su nariz, ella sonrió. – Tú me dices cuando sigo.

– Ahora. – exclamó.

– ¿Segura?

Kagome no me respondió con palabras, si no con acciones. Me besó lento e introdujo su lengua en mi boca para enredarla con la mía al mismo tiempo que comenzó a moverse arriba y abajo con calma. Pronto sus gemidos comenzaron a llenar la habitación y supe que se había acostumbrado. La agarré del trasero y aumenté la velocidad de mis embestidas mientras no podía parar de jadear, de pronto ya no tenía idea de como había soportado tres años sin sentirla. Tuve el impulso de decirle cuanto la había extrañado y cuanto la amaba, pero me obligué a reprimirlo.

La abracé a mi cuerpo y ella mordió mi bíceps aprovechando la cercanía. Bajé mi mano a su entrepierna y me dediqué a masajear aquella zona erógena central para comprobar su reacción.

Sus gemidos se hicieron más largos y profundos y supe que estaba cerca del orgasmo. Me acerqué a su pecho derecho para envolverlo con mi boca y juguetear con mi lengua y en algunos segundos la sentí estrecharse aún más a mi alrededor.

– Me voy – la voz apenas sonó entendible entre sus jadeos.

Me moví un poco más rápido para intentar llegar con ella. La sentí gritar y aferrarse a mi pecho con sus garras. Un gruñido involuntario más profundo de lo que esperaba salió de mi garganta justo cuando me derramé en su interior y mis ojos ardieron en rojo. Se desplomó sobre mí y la sujeté contra mi cuerpo intentando contenerla en sus espasmos mientras ella y yo disfrutábamos las sensaciones que tanto habíamos necesitado.

Así nos quedamos por varios minutos hasta que noté su respiración y latidos acompasados sobre mi pecho.

– ¿Gatita? – me moví para tomar su mentón con una de mis manos y mirarla con más detalle. Sólo en ese instante comprobé que estaba profundamente dormida. Sonreí y la abracé con más fuerza. Aprovecharía este momento tanto como la vida me lo permitiera. Pronto sentí mis parpados pesados y el sueño envolverme bajo su cuerpo.


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Desperté desorientado en la oscuridad con Kagome aún sobre mí. Podía sentir el eco de la música aún allí afuera, así que supuse que no era tan tarde aún.

– Kag – susurré moviéndola un poco, ella gruñó bajito y se acomodó más sobre mi – Necesito que despiertes, recuerda que el departamento está lleno de gente aún.

La vi abrir sus ojos con rapidez y sentarse sobre mí, la lejanía de su pecho tibio me hizo estremecer por unos segundos.

Se puse de pie a un lado de la cama y buscó su ropa interior y su disfraz. La vi completamente vestida un par de minutos después mientras intentaba peinar su cabello con los dedos.

– Si fuera tu… cambiaría mi camisa. – susurró mientras miraba en mi dirección. Miré mi ropa sobre la cama y vi la prenda llena de pequeños cortes que sus garras habían dejado – Prometo comprarte una nueva. – Me reí antes de contestar.

– Bueno, he disfrutado bastante, si romper la camisa era necesario para ello valió completamente la pena.

Me miró divertida mientras amarraba la capa a su cuello.

– Bien, ¿cómo luzco?

– Perfecta como siempre. Aunque tienes rastros de sangre seca desde tu boca hasta tu escote, puedes lavarte en el baño.

Los tres toques en la puerta nos hicieron mirar a ambos con pánico en su dirección.

– ¿Inuyasha? Soy yo, Sango… han llegado nuevos regalos para ti y no sé donde dejarlos, ¿puedes abrir la puerta? – Mierda.

– Amor, deja los regalos en la cocina, no molestes al cumpleañero. – escuché a Miroku a su lado.

– Me esconderé en el baño. – susurró Kag mientras caminaba de puntillas al lugar.

Busqué otra camisa blanca en mi closet e intenté abrochar mis pantalones mientras los toques se hacían más insistentes.

– Ya vooooy – con mi grito Aki despertó – Ups lo siento pequeño. – De todas formas, no me cabía en la cabeza como no había despertado antes con los gemidos de Kag.

Abrí la puerta y Sango me miró enojada con al menos diez bolsas de regalo entre sus brazos. Tomé algunas para ayudarla. Miroku me miraba a su lado con una sonrisa cómplice.

– No pude detenerla, te he fallado. – exclamó mi mejor amigo.

– Lo siento, me había quedado dormido.

– ¿Dormido en tu propia fiesta? Si que eres buen anfitrión. – Sango entró en la habitación y dejó las bolsas junto con las otras en el suelo. – ¿Has visto a Kag?, la perdí hace bastante rato.

– No, estuve bailando con ella antes de venirme a dormir aquí; no la he visto desde entonces. – Aki se acercó a la puerta del baño moviendo su cola y rasguñándola. Mierda, maldito cachorro soplón.

– ¿Quién está en el baño?

– Nadie.

– Aki te ha delatado… Si has traído a una chica aquí con Kag merodeando afuera tienes que ser muy idiota.

Se acercó a la puerta y tocó con fuerza.

– ¡No hay nadie allí! – le grité.

– ¡No soy idiota!

La puerta se abrió y Kag sonrió del otro lado, esta vez con su rostro completamente limpio.

– Eres muy buena amiga, pero no tienes que preocuparte de más. – Sango se quedó de pie sin comprender demasiado. Miró en dirección a la cama y sólo en ese momento notó lo desordenado que estaba el cobertor y las sábanas.

– Mierda… he interrumpido algo importante.

– Ya habíamos terminado, no te sientas culpable. – le sonreí y Kagome tosió un poco incómoda. Aki se paró en dos patas para pedirle que lo tomara.

– No puedo creer que el cachorro te adore apenas conociéndote… Lo siento Kag, sabes que soy impulsiva.

– No hay problema, agradezco que te preocupes por mí. – Kag le guiñó un ojo y sango sonrió.

– Bien, yo me llevaré a mi inoportuna esposa, permiso y continúen en lo suyo. – Miroku arrastró a Sango fuera de la habitación y cerró la puerta.

El silencio llenó el lugar, Kagome y yo nos miramos y explotamos en risa.

– Con amigos como esos… – exclamó Kag y luego miró al cachorro – Me has delatado pequeño traidor. – Aki lamió su mejilla y movió su cola en brazos.

– Me encargaré de dejar a Aki lejos la próxima vez. – musité entretenido estirando los brazos hacia ella para tomar al cachorro.

– ¿La próxima vez?

– Ah… ¿no habrá más oportunidades de afianzar la amistad entre los dos? – Kagome se rió frente a mí y el sonido me hizo sentir feliz.

– Ya veremos. Por ahora tengo que irme, mi hotel tiene horario restringido los fines de semana y puedo entrar hasta las doce de la noche, si no tendría que esperar al amanecer.

– Quédate aquí… conmigo.

– No lo creo, si queremos que esto funcione sin confundir las cosas es mala idea. Además, tu trabajas mañana. – Medité sus palabras por unos instantes… yo me moría de ganas por volver a dormir abrazado a su cuerpo, pero si quería mantenerla cerca sin espantarla era mejor que siguiera sus reglas.

– Hmm, toda la razón.

– Bien, espero que te guste tu regalo, que lo uses mucho y que Aki no destruya el peluche – me miró sonriendo y yo me derretí.

– Lo mantendré lejos de él. De todas formas, puedo ir a dejarte, me queda a pocas cuadras caminando, no quiero que te pase nada y puedo volver aquí luego a seguir un par de horas más con mis invitados.

No esperé que aceptara mi propuesta por lo que cuando asintió y me miró fijo no supe si lo estaba imaginando o era real.

– Bien, vamos. – abrí la puerta de la habitación y le di el paso para que saliera.


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(Perspectiva de Kagome)

Me despedí de Miroku y Sango, esta ultima se deshizo en disculpas y yo intenté convencerla de que no se martirizara tanto. Mika apareció justo frente a la puerta cuando estábamos por salir del apartamento.

– Hola – me sonrió y volvió a mirar a Inu - ¿Te vas?

– Voy a dejarla a su hotel y vuelvo.

– Pero puedes pedirle un uber… o puede irse caminando. – me miró con recelo por unos instantes. – Es irónico que tu y yo tengamos disfraces relacionados ¿no?, aunque claramente lo de diablo te queda, me has alejado de Inuyasha.

Noté como las palabras se enredaban en su lengua y pude comprender que el alcohol la estaba haciendo hablar de más.

– Estás ebria, no discutiré contigo en ese estado. – Ella me miró con odio cuando intenté dar un paso a la salida.

– Ebria o sobria, lo que he dicho sigue siendo verdad. – Se acercó desafiante a mi e Inuyasha se puso entre las dos, dejándome protegida tras su espalda. Ella acercó sus manos intentando agarrarme.

– No tienes idea de con quien te estás metiendo Mika y por eso te haré una advertencia – le sonreí y corrí a Inuyasha hacia un lado para hablarle de frente – Mantente lejos de mí.

– Mantente lejos de Inuyasha y yo dejaré de molestarte. Todo estaba perfecto antes de que llegaras aquí.

– Yo haré lo que se me de la jodida gana mientras esté en Tokio.

Vi a Mika prepararse para atacarme e Inuyasha la agarró por los brazos.

– Hey, hey, esta es mi fiesta, ¿puedes intentar no arruinarla con una pelea innecesaria? – Volvió a intentar agarrarme y él la miró fijo – Basta, por favor detente.

Mika pestañeó y le sonrió, cuando volvió a mirarme ya no vi el odio reflejado en sus ojos.

Avancé a paso rápido para salir y pedir el ascensor mientras Inuyasha se quedaba atrás. Unos segundos después me alcanzó.

– Lo siento por eso.

– Está bien, puedo comprenderla un poco, yo solía ser igual cuando estábamos juntos.

– Si, pero ella y yo no estamos juntos. – Lo escuché hablar sin mirarle mientras me concentraba en apretar repetidas veces el botón del ascensor pensando que de ese modo llegaría más rápido. – Hey Kag, ¿puedes mirarme cuando te hablo?

Tomó mi mentón con delicadeza sin forzarme a girar mi rostro. Suspiré derrotada y lo miré.

– Mika no es nada mío, te lo juro, si tuve sexo con ella, pero antes de que volvieras, la he mantenido al margen desde que estás aquí.

– No tienes que darme explicaciones. – Intenté sonreír, por un momento me sentí tonta, yo no tenía derecho a reclamar nada, yo había terminado con él. – Las cosas entre los dos estaban y siguen rotas, lo que ha pasado hace un rato ha sido sólo físico, tu y yo lo sabemos.

Inuyasha me miró con una expresión neutra en su rostro, aunque sus ojos se veían un poco dolidos.

– Tienes razón – musitó por fin luego de unos instantes, lo vi enderezarse y mirarme hacia abajo. – De todas formas, me encargaré de que Mika no vuelva a molestarte.

– Gracias por ello – La puerta del ascensor se abrió y entré, asumiendo que el plan de ir a dejarme acababa de destruirse. – Nos vemos.

La puerta comenzó a cerrarse y lo vi detenerla con el pie, la puerta volvió a abrir.

– Entiendo que ya no quieras mi compañía de vuelta al hotel, pero iré de todas formas contigo, no dejaré que una discusión estúpida me evite protegerte.

– Bien. – exclamé y ambos nos mantuvimos de pie a cierta distancia esperando que el ascensor cerrara sus puertas y bajara. Me detuve por unos segundos a pensar en que todo el plan que Kouga había armado para mi acababa de fallar, porque yo no había podido controlarme... de todas formas había valido la pena.


Eso ha sido todo por hoy cariños míos uwu. Atinaron en creer que Mika arruinaría las cosas de alguna u otra forma, aunque... no ha podido impedir lo más importante ujuuuuju. ¿Que opinan de esta relación amistosa y sensual entre los protagonistas? ¿Cual de los dos creen que será el primero en confundir las cosas?

Actualizaré durante el fin de semana, Abrazos virtuales y espero sus reviews que me llenan de energía!

Frani.