—¡Corre! Si seguimos así, tampoco llegaremos al segundo bloque —apuré a Adora.
—¡Lo sé!—. Llegamos a tiempo, gracias a Dios. Apenas ingresamos a la universidad, sonó la campana para el segundo bloque. Con un simple saludo, nos despedimos y cada quien fue a su departamento de estudio correspondiente.
Apenas ingresé, Glimmer me saludó. La saludé con la mano en respuesta y fui a sentarme a su lado.
—¿Por qué tanta tardanza? ¿Estabas enferma? —comentó preocupada—. Adora comentó que se iba temprano porque Entrapta le había pedido que te cuide, pero cuando no llegó para el primer bloque me preocupé de que algo grave te había sucedido, idiota—. Golpeó mi brazo, queriendo utilizar fuerza, pero no mucha. Sonreí en respuesta.
—Pues, me había quedado dormida, Adora me preparó las cosas y me costó levantarme, así que quedamos en que llegaríamos para el segundo bloque—. Ella sólo asintió en respuesta, para que comencemos la clase de contaduría. De vez en cuando, sentía su mirada sospechosa sobre mí, pero decidí ignorarla.
Saliendo de la misma, me crucé con Adora. Conversamos como si nada hubiera pasado. Al rato, pude escuchar a su celular sonar.
—¿Hola? —atendió—. ¿Hoy? De acuerdo... Sí, no te preocupes, no hay problema. ¿A qué hora comienza tu turno?—. Chequeó el reloj en su muñeca—. Está bien, estaré allí unos 15 minutos antes, ¿puedes?... Bien, nos vemos.
—¿Quién era? —pregunté curiosa.
—Era perfuma. Me dijo que necesitaba a alguien que cubra su turno temprano hoy en la caja registradora. Al parecer, las demás no podían por situaciones personales, así que debería cubrirla hasta que llegue mi turno a la tarde.
—¿Faltarás al tercer bloque?
—Así parece —resopló, chequeando su celular—. Debo estar allí en media hora, para que me explique cómo funciona y qué debo hacer en casos de tarjeta y de qué tipo... ya sabes —asentí, comprendiendo. Luego recapacité que dijo que iba a estar 15 minutos antes de lo que debería.
—¿Puedes aprender a manejar una caja registradora en 15 minutos?—. La miré sorprendida. Ella carcajeó en respuesta.
—Puedo aprender a manejar un camión en 20 minutos. Creo que 15 minutos es mucho, pero no me fío. Por eso dije que estaría allí antes. Hablando de eso, debería irme. Tengo 15 minutos de aquí a Pandarise & Smothies, así que me voy—. Se acercó para saludarme, pero se tildó a medio camino, sin saber cómo despedirse. Reí, burlándome de sus repentinas dudas de nuestra relación en público. Le regalé mi mejilla, donde ella plantó un pequeño beso y se fue. Habría regalado mis labios, pero, si lo hacía, tendría que hacerlo también con mis otras amigas para justificarlo, y no nos gustaría a ninguna de las dos.
Seguí mi camino al comedor, sentándome, si otro remedio, en la mesa donde e equipo de fútbol se encontraba, junto a Rogelio.
Como siempre, el mencionado me dirigió una mirada nerviosa, como si se disculpase de que deba hacer eso, pero sólo sonreí en respuesta. Luego de muchos años de amistad, nos podemos comunicar sólo con nuestras miradas y gestos, y a veces incorporamos lectura de labios, aunque es más complicado.
—¿Todo bien, bombón? —preguntó, mientras tomaba asiento en su regazo. Asentí, acompañado de un sonido de afirmación, mientras rodeaba su cuello con uno de mis brazos para mantenerme.
—Sí que tienes suerte, compa —dijo uno de los del equipo—. Mira el pedazo de mina que te conseguiste. Hija de famosos, millonaria...—. Sólo pude reír con el resto, pero no de la misma cosa. Ellos estaban de acuerdo sobre mí, mientras que yo me reía de los gestos de Rogelio por tocar el tema. Seguro en su cabeza debe estar pensando "es lo que menos quiero en la vida, una mujer así".
Dirigí mi mirada hacia la mesa donde nuestro grupo de amigos se suele sentar. Me encontré con un Kyle solitario. Cierto, Lonnie y Scorpia volvían esta noche del viaje...
Saludé a Rogelio con un MUY pequeño roce de labios, y me dirigí hacia la mesa donde Kyle se encontraba.
—¿Está rico el almuerzo? —pregunté, sentándome frente a él y colocando mi bandeja en la mesa.
—Estaría más rico si no fuera de aquí... Y si no estuviera solo —mencionó, con un toque de dolor en su voz.
—No sabes cuánto lamento que tengas que pasar por esto. Más aún luego de haber pasado bastante tiempo en público... Debes sentirte como la mierda misma —declaré, honesta.
—No hay mejor manera de describirlo —se rió—. Si la mierda tuviera emociones, supongo que me sentiría igual que ella...—. Tomó un sorbo de su gaseosa—. ¿Y tu novia?
—¿Eh?—. Lo miré, incrédula.—¿Novia? Yo no tengo...—dejé de hablar cuando vi su mirada. Odiaba que nos conozcamos tan bien. Tenía una ceja levantada y seguía con la pajilla e su boca—. Bien, tú ganas. Se acaba de ir a trabajar. Por favor no se lo menciones a nadie.
—¿A quién se lo diría? Más allá de Lonnie, no tengo muchos amigos. Y, créeme, que no les interesaría saber sobre una persona que no conocen—. Asentí, comprendiendo el punto.
—Aún así, no le digas a Lonnie. Ella puede hablar con Scorpia, y Scorpia no es muy buena guardando secretos...
—Ya, entendí. No diré nada. Aunque, también estoy involucrado en el tema y lo escondo bastante bien, ¿sabes?
—Tienes razón —contesté, algo aliviada, con una leve sonrisa en mi rostro.
Una vez más, el sentimiento de que algo andaba mal, vino a mi sistema. Miré a mis alrededores, notando como la mesa donde mis amigos y los de Adora estarían, estaba vacía. Algo estaba pasando, o estaba por pasar.
