CAPÍTULO 30

La puerta del apartamento se cerró haciendo retumbar las paredes. Edward descargó parte de su furia en ese portazo. Estaba furioso, dolido, herido... Tenía tantos sentimientos agitando se en su interior que ni siquiera era capaz de ponerlos en orden.

Bella le había dejado, le expulsaba de su vida cuando deberían estar juntos para superar ese doloroso momento. Cuando lo que él quería era estar a su lado, cuidar de ella y hacerla feliz, pero al parecer ella no ansiaba lo mismo.

Pateó con furia una de las sillas del salón haciéndola caer.

—¡Maldita sea! Se quejó golpeando la mesa y apoyando sus manos sobre ella—. ¡Te equivocas, Bella! ¡Te he dado todo de mí, y tú me reprochas que sigo anclado en el pasado, pero no lo estoy!¡ No es así!

Alzó la vista y la fijó en la puerta que permanecía cerrada. Esa que nunca abría, esa en la que solo entraba la señora que dos veces en semana limpiaba su casa, esa... Que había pertenecido a Ness.

Levantó la cabeza y tomó aire para inspirarse fuerzas a sí mismo. Tenía que demostrarle a Bella que el pasado quedaba atrás, que estaba superado, pero sobre todo tenía que demostrárselo a sí mismo. Se acercó hasta la puerta y agarró la manija, la apretó fuertemente y la empujó hacia abajo haciendo sonar el clik que abría el baúl de sus recuerdos.

Entró cauteloso, como si temiese encontrar algo aterrador dentro. La estancia permanecía a oscuras. Buscó el aplique en la pared y lo presionó haciendo que la luz se encendiese. Fue en ese momento cuando lo supo: Bella tenía razón, no lo había superado.

Los recuerdos le inundaron como si de un tsunami se tratase arrastrando y devastado la poca calma que le quedaba.

Observó la cuna desarmada, apoyada en la pared cubierta con una manta, las paredes pintadas de rosa con tres conejos blancos al fondo, tomados de las manos y las cajas... Cajas llenas de sus cosas.

Se aproximó hasta la primera y la abrió, sacando una pequeña mantita amarilla. La recordaba… esa manta se la había tejido su madre. La aproximó hasta su rostro y hundió la cara en ella, buscando su aroma, intentando rememorar su olor.

De nuevo una oleada de nostalgia de apoderó de él: la recordó sonriendo, con su cara regordeta y sus rizos indomables, llamándole papá, dormida en su regazo, abrazando sus dedos con su pequeña manita. La había amado tanto.

Apartó su rostro de la manta y algo llamó su atención: era una foto de los tres en el hospital, el día del nacimiento de Ness. Fue en ese momento, cuando las lágrimas cayeron sobre el cristal del portarretratos, cuando fue consciente de que estaba llorando, de que su cuerpo estaba sacudiéndose por los sollozos por el dolor. Las había perdido a ambas, no sólo a Ness, sino también a Tania.

El final de su relación no había sido idílico, el amor que creyó sentir por ella se había ido desvaneciendo poco a poco, hasta sólo quedar cariño. Cariño y respeto por alguien con quien compartía su vida y que le había dado lo más grande para él: su hija. Pero ese cariño y ese respeto se volvió en odio tras su muerte, odio por cómo actuó la noche del accidente, odio por haber propiciado aquel fatídico desenlace. Por eso la había bloqueado de su mente. Esa era la razón por la cual solo pensaba en su pequeña, porque rememorar a Tanya era añadir más sal a la herida, llenarse aún más de rencor.

Bella tenía razón, en ese momento lo supo. Estaba anclado al pasado, no podía avanzar porque involuntariamente se aferraba al recuerdo de Ness para seguir viviendo, porque sin darse cuenta, el rencor hacia Tanya le amargaba haciendo que al final, esa amargura dañase a otras personas. Había herido a Bella, lo sabía.

No fue sólo su comportamiento con respecto al embarazo, si no desde el inicio. Siempre le ocultó una parte de sí mismo, no se entregó por completo cuando ella sí lo había hecho. Ese Edward no era él.

—¡Dios mío! —Sollozó. Ni siquiera se había alegrado por la noticia de que iba a ser padre. ¿En qué clase de hombre se había convertido?

Miró la foto de nuevo y recorrió con su dedo la carita de Ness.

—¡Lo siento!, ¡Siento no ser una buena persona! ¡Me debes estar odiando en este momento! ¡Pero te juro que volveré a ser el mismo, lo haré!

Bella tenía razón. Él le había ahogado con su dolor y ni siquiera se dio cuenta de cómo su comportamiento le hacía sufrir a ella. Pero todo iba a cambiar. Tenía que seguir adelante.

Si Bella no le quería en su vida en ese momento, tenía que aceptarlo, se lo debía. Pero eso no quería decir que en un futuro no pudiesen estar juntos. Ambos debían sanar, curarse y después... Después sería el destino quien decidiría.

Se secó las lágrimas y sacó el teléfono de su bolsillo marcando un número que llevaba años olvidado entre sus contactos.

—¿Edward? ¿Bella está bien?

—Papá... Ayúdame….

ὠὠὠ

—¿Estás segura de esto, Bella? —Le preguntó Jessica mientras le ayudaba a hacer la maleta.

—Completamente.

Pero puede que te estés precipitado. Sé que es una situación difícil por la que has pasado, pero si lo piensas unos días más...

—No hay nada que pensar. La decisión ya está tomada.

Había abandonado el hospital tres días atrás. El día siguiente a su atraco, tras conversar con el policía que fue a visitarla, pasó a revisarla el médico y al comprobar que todo estaba bien decidió darle el alta hospitalaria.

Efectivamente; físicamente estaba bien, pero emocionalmente... Después de su charla con Edward se encontraba deshecha.

Verlo allí la había destrozado. Saber que solamente había acudido a su lado cuando ya era demasiado tarde le dolió, le dolió mucho. Ella le necesitaba a su lado desde el principio, pero no estuvo y al final, todo el enfado y la desilusión de los días previos estallaron sin control cuando le vio.

Estaba harta, cansada de sus idas y venidas, de que se acercase un paso y al minuto retrocediese dos. Eran adultos, no adolescentes y como tales tenían que enfrentar los problemas y no huir de ellos.

No podía, no se encontraba con fuerzas para sostenerlo a él. No, cuando ni siquiera era capaz de recomponerse ella misma. Por eso había tomado esa decisión, por eso se alejaba de él. Si había actuado de manera correcta o no solo el tiempo lo diría.

—Lo entiendo, de verdad. Entiendo que hayas roto con Edward, pero... ¿Marcharte de Nueva York? Aquí está tu vida, Bella. La ciudad es muy grande para que podáis convivir los dos.

—No es sólo por él, también es por mí. Necesito alejarme de aquí. Estos meses han sido demasiado: lo de Jacob, lo de Edward... Necesito calmarme, alejarme de todo y pensar. Curar mis heridas y aquí no puedo hacerlo, porque todo me recuerda a él y lo ocurrido. —Confesó acariciando su vientre.

—Bella, eres joven. Podrás tener más bebés.

—¡Pero yo quería este, Jess! —Rompió a llorar—. Vale que al principio me sorprendió, pero… ¡Era mi hijo!, ¡Mío y de Edward! y pasada la sorpresa inicial... ¡Lo amé desde el momento que supe que estaba embarazada!

—Lo sé. La abrazó—, Pero tienes que ser fuerte.

—Lo intento, pero no puedo. Por eso debo marcharme.

—¿A Cold spring?

—Sí. Me irá bien estar una temporada allí. Es un pueblo tranquilo y podré estar con mis padres.

—¿Y el trabajo?

—Ya he hablado con Alice y aunque no está de acuerdo con mi decisión la entiende.

Había hablado el día anterior con ella. La decisión de marcharse la tomó en cuanto llegó al apartamento. No había querido llamar a sus padres informándoles de lo ocurrido para no asustarles, pero quería ir con ellos lo más pronto posible. Volver a la seguridad de su hogar.

Alice pensaba que se estaba equivocando y así se lo hizo saber, pero aceptó su decisión.

—Siento dejarte tirada, Alice. Agradezco enormemente la oportunidad que me has dado, pero no puedo estar aquí. Me estoy ahogando.

—No te preocupes por eso, encontraré a alguien rápido. Lo importante es que tú te recuperes. Odio que te marches porque te considero una amiga, y no me gusta que mis amigas estén lejos, pero si tu piensas que es lo mejor, lo acepto.

La conversación tuvo lugar por teléfono, ni siquiera tuvo fuerzas para decírselo a la cara. Odiaba las despedidas y no se encontraba emocionalmente estable para poder llevarlas a cabo. Ya le estaba costando un enorme esfuerzo hacerlo con Jess, pero vivía con ella, no podía evitarlo.

—Si quieres puedo seguir pagando mi parte del alquiler, Jess.

—No te preocupes por eso. Además, estarás sin trabajo.

—Pero tengo unos ahorros con los que puedo ir tirando...

—No. Ya he vivido sola antes, además... Mike puede ayudarme.

—¿Mike?

—Sí, bueno él... hace unos días hablamos de dar un paso más, vivir juntos... Puede que sea muy rápido, pero es que estamos tan bien. No sé, lo mismo podemos intentarlo.

—Me alegro, Jess.

—Pero no quiero que suene a que estoy deseando que te marches. ¡No es así! Eso lo hablamos antes de saber que tú...

—Jess, tranquila, no pasa nada. Además, si tienes que vivir con alguien ¿Quién mejor que con tu novio?

—Pero... ¿Y cuando vuelvas? Vas a volver, ¿Verdad? —Preguntó abrazándola.

—Eso espero, pero no sé cuándo y ni me parecería justo impedir que Mike se mude contigo sin saber lo que voy a hacer. Cuando vuelva... Ya veré que hago. Hay muchos pisos en Nueva York.

—Voy a echarte de menos, lo sabes, ¿Verdad?

—Y yo a ti. Eres mi mejor amiga. No sé qué habría sido de mi sin ti. —Confesó Bella agarrando sus manos y sintiendo como su vista se volvía vidriosa.

Al día siguiente abandonó la ciudad conduciendo su coche, con varias cajas donde guardaba sus pertenecías y una maleta donde además de ropa lleva una enorme cantidad de recuerdos y un corazón roto.

Pensó en Edward y un par de lágrimas surcaron su rostro.

Aunque ella le había echado de su vida, no podía dejar de pensar en él. Le amaba y no sabía si dejaría de hacerlo algún día, pero ellos no se querían bien. Su amor era dañino, sobre todo para ella. Sentía que se había convertido en un salvavidas para Edward, algo a lo que aferrarse, y eso no estaba bien.

En una pareja debe primar el amor y la confianza, no el miedo y la inseguridad. Él tenía que avanzar, aceptar que su hija y Tanya no volverían para poder vivir de nuevo, y entonces sólo entonces podría ser feliz, con o sin ella.

Realizó todo el trayecto llorando, recordando todos los momentos vividos junto a él, sus besos, sus caricias, sus miradas, sus noches de amor...

Cuando se dio cuenta estaba aparcando frente a la puerta de la casa de sus padres. Se miró en el espejo e intentó recomponer su rostro, aunque era imposible borrar los restos del llanto pues sus ojos permanecían hinchados y enrojecidos.

Bajó del coche y llegó hasta la puerta donde llamó al timbre. En unos segundos su padre apareció frente a ella completamente sorprendido al verla allí.

—¿Bella? ¡Hija, que sorpresa! ¿Qué haces aquí?

—Papá... —Habló sin poder evitar que su voz se rompiese haciéndola llorar de nuevo.

—Cariño... ¿Estás bien?

—Abrázame, por favor, papá. Solo abrázame. —Pidió aferrándose a su cintura como cuando era pequeña.

Charlie Swan obedeció a su hija y la estrechó entre sus brazos, acariciando su espalda y sintiendo como él llanto se apoderaba de ella como si de una niña pequeña se tratase. Algo no iba bien.

—No te preocupes, cielo. —La consoló besando su frente—. Estás en casa, todo irá bien.

¡Hola! ¿Qué tal todo?

Pues…parece que Edward a abierto los ojos demasiado tarde. Ahora los caminos de ambos se separan y deben curar sus heridas, pero…¿Volverán a cruzarse?

Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews. Espero ansiosa vuestros comentarios.

Nos leemos en el grupo de Facebook de Élite fanfiction y sus martes de adelantos y cada viernes en un nuevo capítulo, aunque ya quedan poquitos. ¡Siete y el epílogo! ¿Preparadas para la recta final?

Saludos

Nos seguimos leyendo.