* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.
Capítulo 29
Bloqueo
— ¡Por pasar a las semifinales!
Exclamó nuestro líder lleno de dicha antes de brindar con nuestras bebidas. El martes, es decir, dos días después de habernos inscrito en el concurso de Riot, Saburota recibió una inesperada llamada a su móvil por parte del organizador del concurso, el cual le dio las excelentes noticias de que éramos de las diez afortunadas bandas que lograron ganar un lugar en el grupo de semifinalistas.
Era por esta razón que apenas nos informó sobre esto, ese mismo día después de salir de clases Taho y yo nos dirigimos a "Happy Food" para celebrar todos juntos y empezar a organizarnos para la guerra de bandas en donde participaríamos los semifinalistas.
— Sería mucho mejor si pudiéramos celebrar con alcohol. —Se quejó Shiranui observando con fastidio el smoothie de mango en su mano.
— Ah… Pero yo soy menor de edad, Shiranui-san—aclaró Taho con timidez— yo no puedo beber alcohol aún.
— ¿Quién dice que se necesita ser mayor de edad para empezar a beber alcohol?
Respondió Shiranui con una traviesa sonrisa, a lo cual Taho lo miró con asombro y tragó saliva nerviosamente. Saburota le dio un pequeño coscorrón a su mejor amigo mientras lo regañaba:
— Basta Shira… De todos los que estamos sentados en esta mesa, Taho-kun es el único que al parecer tiene un brillante futuro por delante, así que no seas una mala influencia para él.
— Que aburrido…—Continuó Shiranui sacando la lengua, bajó su vista con indiferencia y tomó algo de su plato—. Da igual, cuando menos las barritas de pescado están buenas.
Saburota rio en voz baja apreciándolo con ternura. Conforme más días pasaban, íbamos conociendo mejor a Shiranui, y a su vez, pude darme cuenta de una nueva faceta de Saburota que no mostraba mucho antes. Debajo de esa mascara de chico rebelde y mujeriego se ocultaba una persona cariñosa y protectora, al menos, siempre se mostraba de esta manera con su amigo de la infancia, y poco a poco comenzaba a hacer lo mismo con Taho y conmigo.
Las personalidades de nosotros cuatro eran muy diferentes, a pesar de esto, extrañamente había una buena química entre todos. Cuando Shiranui se unió a la banda de cierta manera pensé que solo íbamos a discutir o sería grosero, pero no fue así. Claro, era muy extraño y gruñón, aun así, no estaba siendo tan complicado convivir con él como supuse en un principio. Tal vez esto se debía a que los cuatro hablábamos el mismo idioma, ese hermoso idioma universal que no necesita de palabras para llegar al corazón, por supuesto me refiero al idioma de la música.
— Entonces, la guerra de bandas será de esta forma—comenzó a explicarnos nuestro líder con seriedad—: será el sábado en tres semanas más, cada banda tocará tres canciones de su autoría y los jueces del concurso decidirán en base a estas canciones y nuestra interpretación de esa noche quien pasará a la final. Supongo que es más que obvio que debemos elegir estas tres canciones con mucho cuidado.
— Ya que ahora manejamos un estilo más pesado, supongo que la decisión se limita a canciones que haya compuesto Shiranui-san—opinó Taho, ladeando su cabeza pensativo.
— Dado el mensaje de la canción, "Ray of sunlight" debe ser una de ellas—proseguí yo con seguridad.
— Estoy de acuerdo. —Apoyó Shiranui con la boca llena de comida. Se tomó unos segundos para tragar el bocado y continuar ensimismado—: Muy bien, déjenme revisar que otras canciones pueden ser buenas…
— Apoyó eso solo a la mitad. —Al escuchar estas extrañas palabras, volteamos a ver al baterista confundidos—. "Ray of sunlight" debe ser una de ellas sin duda, pero no podemos limitarnos solo a esas canciones frenéticas que tú compones.
— ¿¡Y eso por qué!? —Alzó su voz el de dientes afilados mostrando una mirada desafiante—¿Acaso crees que mis canciones no son lo suficientemente buenas?
— Tus canciones son asombrosas, sabes que me fascinan. —Al observar la tierna sonrisa que asomó en los labios de Saburota, Shiranui suavizó su rostro—. Pero ahora mismo, necesitamos pensar como empresarios de una disquera.
— Necesitamos pensar como alguien que quiere ganar dinero.
Agregué con voz baja y resentida. Aunque no quise, el recuerdo del idiota de mi padre, el cual era un empresario que siempre pensaba como podía generar más dinero llegó a mi mente. Saburota asintió levemente antes de continuar:
— Así es. Si pretendemos hacerlo en grande, y ganarnos ese contrato con Riot debemos ser realistas. Por mucho que tengamos definido nuestro estilo y queramos ser fiel a él, no podemos hacerlo. Queremos ser profesionales y hacerles llegar nuestras canciones a muchas personas, pero los empresarios de Riot solo nos van a ver como sus medios para generarles más dinero.
«Es por esta razón que no solo podemos depender de las poderosas y singulares canciones de Shira, debemos ser capaces de adaptarnos a lo que los consumidores desean y a lo que la disquera demande, debemos adaptarnos a tocar también una música más suave y comercial.
— Prefiero estar muerto a hacer eso. —Susurró Shiranui con una voz envenenada.
— Entonces quédate sin el contrato de Riot. —Contestó Saburota con fastidio a lo cual Shiranui gruñó a lo bajo tensando su boca. El baterista soltó un bajo suspiro para proseguir con decepción—: Lo siento Shira, pero sabes que estoy en lo cierto.
— Si, si, tienes razón. —Shiranui se rascó la nuca con actitud derrotada—. Con una mierda, odio que tengas tan buen olfato para estas cosas. Entonces… ¿Qué sugieres?
— La segunda canción debe ser una más suave que se adapte a un estilo más comercial. De esa manera, le demostraremos a la disquera que no nos limitamos a un solo estilo. Sugiero una canción acústica con letra muy romántica.
Taho mostró una pequeña sonrisa de satisfacción, yo alcé mis cejas con interés mientras que Shiranui abrió sus ojos tan grandes como platos para después gritarle a Saburota mientras le mostraba el dedo de en medio:
— ¡Eso nunca! ¡No cuentes conmigo para eso! ¡Qué asco! ¡Nunca voy a componer una canción romántica!
— No es como que te esté pidiendo que lo hagas tú. —Se quejó Saburota entrecerrando sus ojos con molestia—. Sé muy bien que puedes cantarla, pero no se te da escribirla, eres un caso perdido. Para eso tenemos a nuestro prodigioso guitarrista. —Saburota se volteó hacia mí y apoyó su mano en mi hombro con cariño—: ¿Qué me dices, Kagemitsu? ¿Crees poder componer una balada romántica para el concurso? Toma en cuenta que ahora debes hacerlo adaptándola a la voz de Shiranui. Aunque tampoco te presiones tanto, Shira tiene una voz tan moldeable que, aunque sea difícil de creer, también logra cantar muy bien las baladas.
— Aunque es algo que prefiero evitar a toda costa. —Confesó Shiranui sacando la lengua. Por un fugaz momento, me pareció percibir que observó a Saburota con una mirada llena de dolor—. El amor es basura, solo te lastima.
Esto me dejó tan intrigado que me fue imposible responder de inmediato, aun así, me concentré en el tema y le respondí con seguridad a mi líder:
— Claro, cuenta conmigo, Líder-san. Puedo hacerlo sin duda.
— ¡Excelente! Contamos contigo, compón la canción más romántica y melosa que hayas compuesto nunca.
— ¡Mucha suerte, hermano! —Taho me mostró una enorme sonrisa, sus ojos brillaban con emoción—. Estoy seguro que podrás componer una canción muy hermosa.
— Por supuesto, será muy sencillo.
Pero no lo fue, no fue nada sencillo. Los días seguían pasando y la partitura estaba en blanco. Por más que me esforzaba, nada salía de mi mente, ninguna nota ni tampoco ninguna palabra. Anteriormente todo era tan sencillo, me bastaba pensar las cosas por varios minutos, incluso tal vez horas cuando mis manos de un momento a otro comenzaban a escribir y tocar como locas, pero en esa ocasión no fue así.
Para cuando pasaron tres días y las cosas seguían iguales comencé a sentir un enorme temor pues nunca había tenido un lapso tan largo de tiempo sin tener ideas para componer. Por primera vez me enfrenté a un mal que aquejaba a todos los artistas al cual muchos le temen: tenía un bloqueo creativo.
Era sábado temprano en la mañana, antes del mediodía. Después de desayunar algo tomé mi cuaderno de dibujo y decidí salir un rato para dedicarme a mi actividad favorita. Me despedí con cariño de Mio, la cual estaba sentada en el escritorio de su habitación absorta en sus estudios.
En realidad, también decidí salir de casa para darle su espacio y de esa manera no interrumpirla, estaba segura que un momento de soledad le haría bien. Afortunadamente después de lo de Hyakkimaru se mostraba mucho más animada de lo que pensé estaría en un principio. Ahora tenía tantas cosas de las cuales ocuparse que estaba segura ni siquiera tenía tiempo para entristecerse.
Mientras me dirigía al río que estaba cerca del complejo de departamentos, mi amado guitarrista llegó a mi mente irremediablemente. No lo había visto desde aquel domingo en que lo acompañé a la sala de estudios para ayudarlo a decidir sobre Shiranui. Solo nos habíamos mandado algunos mensajes por LINE de vez en cuando, incluso me hizo saltar de alegría cuando me dio la excelente noticia de que habían pasado a la ronda semifinal. Aun así, cuando me contó que estaba ocupado componiendo una canción para la guerra de bandas no quise interrumpirlo, por lo que me limité a esperar a que él me enviara mensajes.
Fue por esta razón que cuando llegué al río y lo vi sentado apaciblemente a la orilla de este con su cuaderno de canciones en las piernas y su guitarra acústica en sus brazos no lo dudé dos veces y me dirigí corriendo llena de alegría hacia él, sintiendo como mi corazón latía desbocado en mi pecho.
— ¡Hyakkimaru!
Lo llamé con una fuerte voz, al escucharme volteó con interés y mostró una dulce sonrisa.
— Hola pequeña Dororo, que gusto verte.
A pesar de que hizo un esfuerzo por saludarme con alegría, pude darme cuenta de inmediato por su mirada que en realidad estaba triste. A pesar de esto, decidí tantear el terreno antes de mencionarlo. Le volví a hablar ya con más calma mientras me sentaba a su lado:
— ¿Viniste a buscar algo de inspiración?
— Si, así es…
Tras decir esto con pesadez, su mirada reflejó una enorme inquietud y miedo. Dirigí mi vista con disimulo a su cuaderno y me sorprendió ver que la partitura estaba en blanco. La preocupación comenzó a pasearse por mi pecho, aun así, decidí hacerme la desentendida y esperar a que él me contara algo al respecto. Abrí mi cuaderno de dibujo, y comencé a conversar con una actitud despreocupada:
— ¿Qué tal va todo? ¿Ya tienen listas las tres canciones para el concurso?
— Por desgracia las cosas no van tan bien como quisiera. —Confesó con decepción, dirigió una mirada vacía hacia el rio y permaneció observándolo fijamente—. Ninguna idea sale de mi cabeza, aun no puedo componer la canción que Saburota me pidió.
— Ya veo…
Supuse eso cuando vi la partitura en blanco. Hyakkimaru continuó con su semblante vacío, se esforzaba por ocultarlo, aun así, me pareció percibir que en verdad se sentía frustrado por que habían pasado ya varios días desde entonces y la inspiración simplemente no le llegaba. A pesar de sentirme preocupada y nerviosa por él, me di cuenta que ahora que más necesitaba apoyo de alguien iba a dárselo. Por esta razón, y por el enorme amor que le tenía me esforcé por mostrarme tranquila ante él, por lo cual continué con seguridad:
— No te preocupes por eso, el tener bloqueos creativos es más común de lo que crees. Todos hemos pasado por eso al menos una vez, así que no debes angustiarte. Estoy segura que de un momento a otro serás capaz de dejarlo atrás y compondrás una hermosa canción.
— Muchas gracias.
Respondió no muy convencido forzando una sonrisa. Regresándole una radiante sonrisa me levanté al tiempo que sacudía el césped de mis jeans.
— Bueno, me voy para dejar que te concentres. Mucha suerte, Hyakkimaru.
— ¡No, espera!
Ni bien había dado dos pasos cuando mi cuerpo se estremeció al sentir que me tomaba de la muñeca para evitar que siguiera avanzando. Me volví con cierta inseguridad, percibiendo mis orejas calientes. Sin soltar su agarre, Hyakkimaru me suplicó con desesperación:
— No te vayas, por favor. De cierta manera… tu compañía me tranquiliza…
Sentí a las mariposas pasearse por mi estómago tras escuchar sus palabras, haciendo un esfuerzo casi sobre humano por no sonar nerviosa, le respondí bajando la vista:
— Pero, no quiero distraerte…
— No lo haces. —Insistió moviendo su cabeza ligeramente de lado a lado—¿puedes quedarte conmigo?
Abrí ligeramente mi boca a causa de la sorpresa. Por supuesto no tenía que pedírmelo dos veces, yo iría hasta el fin del mundo por él si fuera necesario. Observándolo con ternura me volví a sentar en el suelo, aún me sujetaba de la muñeca.
— Muy bien, me sentaré aquí a tu lado y me quedaré dibujando en silencio para no desconcentrarte.
— Si, muchas gracias.
Mirándome conmovido y con una ligera sonrisa me soltó con delicadeza para después bajar su vista con determinación y concentrarse nuevamente en la partitura. Cerré los ojos soltando un silencioso suspiro en un intento por liberar la tensión en mi cuerpo y tratar de tranquilizar a mi corazón el cual latía a toda prisa.
Comencé a dibujar una ilustración de un castillo del cual había leído en una novela hace poco para matar el tiempo mientras le hacía compañía. La incertidumbre se hacía sentir sobre nosotros conforme los minutos pasaban y Hyakkimaru seguía sin escribir nada en la partitura.
Comenzó a morder la punta de su lápiz en un ademan nervioso. De cuando en cuando colocaba el lápiz sobre la hoja, pero solo se quedaba ahí. Después tomaba la guitarra entre sus brazos pareciendo por fin haber pensado en una nota, pero no tocaba ni una sola cuerda. Este patrón se repitió varias veces, por desgracia, ninguna idea parecía llegar a su cabeza.
— "¿Qué va a pasar si Hyakkimaru no logra escribir esa canción?"
Pensé sintiendo a la preocupación reflejarse como un nudo molesto en mi estómago. Mientras seguía ideando una manera de ayudarlo, Hyakkimaru llegó al límite de su estrés. Alzó su voz con desesperación al tiempo que se sujetaba con fuerza la cabeza:
— ¡Nada! ¡No hay nada! ¡Ninguna idea sale de mi cabeza! —Tomó el lápiz con fuerza para comenzar a rayonear lleno de desesperación la hoja de su cuaderno—¡No puedo escribir esta canción! ¡Un músico que no es capaz de componer es inútil, no sirve!
— ¡Basta, ya basta, Hyakkimaru! —Rápidamente me acerqué a él, tomé sus manos con fuerza para detenerlo—¡No hagas esto! ¡No sigas maltratando así tu cuaderno! ¡Tu guitarra se pondrá triste!
Al escuchar esta última frase se detuvo, me volteó a ver lentamente dedicándome una mirada llena de confusión.
— ¿Triste?
— Si…—Continué con tristeza, apretando sus manos contra las mías suavemente—Tu guitarra se sentirá triste al ver la manera en la que estás maltratando el cuaderno en el cual has escrito tantas y tantas canciones que luego interpretas en ella.
Hyakkimaru no parecía entender el significado de mis palabras, aun así, su mirada se suavizó conforme observaba con atención el cuaderno en sus piernas. Tenía tachas y rayas por doquier, la hoja ahora estaba doblada y rota de una orilla. Dándome cuenta que estaba más tranquilo, comencé a explicarle con una voz suave y dulce:
— Mis padres me inculcaron el gusto por cualquier clase de arte desde que era muy pequeña, es por esta razón que desarrollé el gusto por el dibujo desde que tenía unos seis años. En cierta ocasión, recuerdo que me sentí sumamente frustrada pues un dibujo no me salía como yo quería. Fue tanto mi enojo que tomé con furia mis crayolas y comencé a rayar con fuerza todas las hojas de mi cuaderno, lo hice con tanta furia que incluso algunas comenzaron a romperse.
«Recuerdo muy bien las palabras que mamá me dijo cuándo me detuvo: "Dororo, no sigas maltratando tu cuaderno de esa forma ¿no crees que tus crayolas se sentirán tristes al ver como rompes sin piedad este preciado cuaderno en el cual plasmas todas tus ideas y creas estos hermosos dibujos?"
«¿Sabes? Sentí una enorme culpa al escuchar eso… Estaba destruyendo uno de los instrumentos por medio de los cuales me expresaba y hacía lo que más amaba, lo peor de todo, fue usar mis preciadas crayolas para hacerlo, por supuesto que ellas se iban a sentir tristes. Sé que suena algo tonto, pero si lo piensas detenidamente, las palabras de mamá tenían mucha lógica.
«En tu caso es igual, Hyakkimaru. Tú utilizas tu cuaderno de canciones y tu guitarra para expresarte, son tus instrumentos por medio de los cuales nos haces llegar esas canciones tan hermosas y asombrosas. Entiendo cómo te sientes, pero por favor no lo hagas, no hagas que tu guitarra se sienta más triste.
Para mi sorpresa, se soltó de mi agarre para después tomar con cuidado su guitarra acústica la cual reposaba en el césped a su lado, y en un acto que me enterneció de sobre manera, se la llevó al pecho abrazándola con cariño.
— Lo siento mucho, discúlpame… No quise hacerte sentir triste... —Susurró con voz temblorosa—. Es solo que me siento tan desesperado ahora… Tú lo eres todo para mí ¿Qué voy a hacer si ya no soy capaz de volver a componer una canción de nuevo?
Mi corazón se estrujó de dolor al ver esa tan hermosa pero triste escena a la vez. Podía comprender su desesperación, si por alguna extraña razón ya no me llegara la inspiración para dibujar, también me sentiría como morir en vida. Además, sus compañeros de banda contaban con él, el ganar el concurso dependía en su totalidad de esa canción, eso solo aumentaba la presión.
— "Presión. —Me llegó una idea de pronto a la mente—¡Eso es!" Hyakkimaru… ¿has estado intentado componer esa canción sin descanso?
— Si…—Respondió en voz baja—. Desde que llego de la escuela me encierro en mi habitación, me siento junto con mi cuaderno y mi guitarra, pero simplemente nada pasa.
— ¡Es por eso que nada pasa! ¡Te estás presionando demasiado! —Dije con rudeza, cruzándome de brazos—. Que no tengas nada de inspiración es un grito de auxilio de tu cabeza para que la dejes descansar.
— ¿Cómo es eso? —Preguntó enarcando sus cejas con confusión.
— Es lógico que por todo lo que ha pasado últimamente, eso te haya estresado tanto al punto de que tu cerebro se niegue a cooperar contigo. Necesitas un descanso urgentemente y distraerte, sino simplemente todo seguirá igual.
— Pero… No puedo descansar ahora, necesito escribir esa canción. —Reprochó endureciendo su mirada.
— ¡Nada de peros! —Le di un coscorrón a su cabeza, a lo cual solo pudo cerrar los ojos ofendido—Vas a dejar todo eso ahora mismo, y tú y yo vamos a pasear un rato para que puedas distraerte y dejar descansar tu cerebro.
— Dororo, eso no…
— ¿Confías en mí, o no?
Nuestras miradas se enfrentaron en un duelo silencioso. Le mantuve un semblante duro y determinado, mientras que él se mostraba indeciso e incrédulo. Sabía lo testaruda que era, al darse cuenta que era imposible ganarme cerró los ojos a la par que soltaba un pesado suspiro.
— Está bien, vamos…
— ¡Bien! —Respondí satisfecha—¡Ya verás cómo esto te ayuda! ¡Estoy segura que así será!
Dororo, ese día que pasamos juntos es algo que jamás podré olvidar. Guardo esos dulces momentos en mi corazón como uno de mis recuerdos más preciados. Decidimos ir a un parque cercano para como sugeriste, pasear un rato y que de esa manera pudiera distraerme. Mientras caminábamos observando el hermoso paisaje a nuestro alrededor me contabas miles y miles de anécdotas de tu vida diaria ¿lo hacías acaso en un intento para mantener mi mente ocupada en otras cosas? Estoy seguro que así era.
Dororo ¿Cómo lo logras? Siempre me haces sentir tan fascinado y prendado de ti por cualquier cosa que digas o hagas. Desde que eras esa alegre y dulce jovencita de catorce años lo has hecho.
Así fueran cosas tan carentes de importancia como saludar alegremente a los perros que veías pasear en el parque junto a sus dueños. Tomar un diente de león en el suelo para soplarlo y perderte observando embelesada como esos suaves pétalos salían volando libremente por el cielo. Comer un enorme helado de chocolate y fruncir tu pequeña nariz debido a lo mucho que amabas los postres. Todas esas cosas cotidianas eran tan simples, aun así, tenían un gran impacto en mi corazón. Cada ligera acción tuya me dejaba maravillado y lograba colarse hasta lo más profundo en mi alma, haciéndome comprender lo valiosa e indispensable que ya eras en mi vida.
Tomabas mi mano con fuerza y me hacías correr de un lado a otro en el parque. Todo a tu alrededor llamaba tu atención, tus ojos chocolate brillaban llenos de alegría, ocasionando a mi corazón enternecer. Para ese entonces ambos nos tomábamos de la mano ya con tanta naturalidad que me parecía asombroso a la par que extraño, pues era un acto que a ninguno de los dos parecía molestarnos ni nos hacía sentir incomodos.
El tacto de tu pequeña y cálida mano aferrándose con fuerza a la mía me tranquilizaba y relajaba, de cierta manera se sentía como algo sumamente familiar, sentía que ese era justo el lugar y momento donde yo debía estar.
Después de un rato de correr y caminar sin parar, por fin pareciste cansarte. Al ver como en un estanque cercano hay diversos peces y patos, llena de entusiasmo decidiste ir a comprar algo de pan para darles de comer. Mientras partías el pan y me dabas algunos pedazos para que yo también pudiera participar en esta actividad, continuaste conversando alegremente conmigo.
— ¿Mio va a graduarse antes de tiempo?
— Así es. —Respondiste llena de orgullo mientras te agachabas para acariciar la cabeza de un pequeño pato que se acercó a la orilla del estanque—. Si Mio nee logra ganar la beca para estudiar en París, ella deberá comenzar con sus estudios en los primeros días de enero. Ya que el ciclo escolar termina hasta marzo, ella llegó a un acuerdo con el director de la preparatoria para presentar sus exámenes finales y lograr graduarse de preparatoria antes de irse a París para participar en la final por la beca. Va a presentarlos el viernes de la semana entrante ya que al día siguiente se irá a París junto a mi tío.
— Entiendo… Mio en verdad es admirable. —Opiné en voz baja observando como diversos peces se acercaban a los pedazos de pan que había arrojado al estanque.
— ¡L-lo siento mucho! —Exclamaste avergonzada cubriendo tu boca con tus manos—Debes sentirte triste al escuchar sobre Mio, y yo te estoy contando sobre esto ahora, soy una tonta…
— Está bien, no te preocupes. —Por raro que pareciera, fui capaz de mostrarte una pequeña sonrisa—. Me da gusto saber que está bien, así como saber cómo va todo respecto a la beca.
— Mio nee está muy concentrada en eso y se está esforzando mucho, ella se ve feliz.
— Me alegra saberlo.
Te respondí con sinceridad, a lo cual me observaste interesada suavizando tus facciones. A pesar de que una parte de mi corazón aún se sentía triste y herido, fue para mí una grata sorpresa enterarme de que Mio se encontraba bien. Mis reacciones ante tus palabras fueron genuinas y honestas, tal parecía que el dolor tras la traición de Mio no me lastimó tanto como yo pensé lo iba a hacer en un principio.
Permanecimos unos cuantos minutos en silencio continuando alimentando a los animales en el estanque. Sintiendo a mi corazón pesado y esforzándome por juntar la fuerza necesaria, me animé a hablar de un tema difícil contigo:
— Gracias por hacerme compañía el día de hoy.
— Ni lo menciones. —Respondiste tranquilamente sin siquiera voltear a verme.
— Sé que tienes muchas otras cosas que hacer como para estar perdiendo tu tiempo conmigo. Estoy seguro que incluso desearías estar con otra persona.
Tras escuchar esto frunciste tus delgadas cejas con confusión y posteriormente te volviste a verme. Con una voz realmente insegura me preguntaste:
— ¿Y ahora por qué hablas tan extraño? ¿Con otra persona? ¿A quién te refieres?
— Es obvio que estoy hablando de mi hermano.
Me esforcé por hacer el dolor a un lado y te respondí aparentando estar tranquilo. Esperé nerviosamente tu reacción, como resultado solo obtuve a tus ojos mostrándose mucho más grandes de lo que ya eran pues abriste tus parpados con sorpresa. Al percibir que cerraste tus manos en puño pude intuir que en verdad era un tema difícil a tratar para ti.
— ¿Por qué estaría ahora con Tahomaru? —Te animaste finalmente a responder con una voz apenas audible.
— Porque es tu novio.
Por más que lo intenté no pude evitar que mi voz se escuchara herida, a final de cuentas, al parecer era más débil de lo que pretendía aparentar. Tras segundos que más bien me parecieron una eternidad, tu voz por fin volvió a escucharse:
— Tahomaru y yo no somos novios…—Me aclaraste con timidez—. Solo somos buenos amigos, eso es todo…
Abrí mis ojos de par en par, conteniendo el aliento. Sabía que era egoísta de mi parte ser invadido por la alegría al conocer esa verdad que estaba seguro iba a hacer, o tal vez ya estaba haciendo a mi hermano menor tan infeliz, pero Dororo, no pude evitarlo. Sentí un enorme alivio y dicha en mi corazón al saber que entre ustedes dos no había nada, al saber que tu hermoso y valioso corazón seguía siendo libre.
Tal parece que desde entonces siempre fui más egoísta de lo que yo pensaba. Aunque probablemente, tarde que temprano, inevitablemente todos lo terminamos siendo cuando está involucrada de por medio la persona a quien más amamos.
— ¿Por qué pensaste eso?
Tu voz no concordaba con tu aspecto. Hiciste esa pregunta con una voz sumamente indiferente, a pesar de eso, tus ojos reflejaron un enorme dolor. Ignorando que la sola mención de mi hermano menor te ponía en ese estado tan perturbado, respondí mirando fijamente al estanque:
— Ustedes dos se veían tan cercanos últimamente, lucían muy felices juntos, por eso lo pensé…
— Solo somos buenos amigos.
Repetiste alzando tu vista al cielo, lo hiciste con tanta desesperación que era casi como si no pudieras creer lo que me decías, como si quisieras convencerte a ti misma de esa afirmación. Por mi parte, no fui capaz de decirte la verdad, no me atreví a confesarte que días atrás te vi tomada de su mano. No tenía caso hacerlo, decidí confiar ciegamente en ti, si lo hiciste en esa ocasión, tus razones tuviste para hacerlo, eso fue lo que me empeñé en creer.
— ¿Y qué tal? —Preguntaste mucho más tranquila mientras tirabas los últimos pedazos del pan al estanque—¿Te sientes más animado y relajado ahora?
— Si, mi mente está más despejada.
— ¡Qué bueno!
— Estar contigo siempre me tranquiliza… Me gusta estar a tu lado, pequeña Dororo.
Al escuchar mi confesión volviste tu rosto completamente asombrada. Cuando nuestras miradas se encontraron, me esforcé en mostrarte la sonrisa más sincera y dulce que pude hacer, esto solo aumentó el tierno rosado que ya adornaba tus redondas mejillas.
Nunca, desde que eras una adolescente, has sido capaz de aceptar un cumplido. Te ponen mortalmente nerviosa y simplemente no sabes cómo reaccionar, con los años eso no cambió en ti. Fue por eso que, aunque ya sabía lo que me esperaba no me importó, quería hacerte saber lo bien que me sentaba estar contigo.
— ¡Hyakkimaru tonto! ¡No digas esas cosas tan vergonzosas!
Me soltaste un puñetazo en mi brazo lo que ocasionó que cerrara los ojos y riera en voz baja. Al escucharme inflaste tus mejillas entre avergonzada y molesta, ese tipo de reacciones solo te hacían ver más linda. Como para tratar de dejar ese vergonzoso momento atrás, me preguntaste tratando de aparentar calma:
— Ahora que estás más tranquilo… ¿hay alguna novedad? ¿Ya sientes la inspiración fluir?
La risa desapareció en cuanto escuché eso. La alegría quedó atrás para dar paso a una sensación de vacío pasearse por mi pecho al darme cuenta que todo seguía igual. Mi cerebro parecía empeñado en no querer cooperar conmigo y hacerme sufrir.
— No…—Respondí con tristeza—. No hay ninguna nota, ni tampoco ninguna palabra… Aun no hay nada.
Te mostraste cabizbaja por un momento, sin embargo, apenas pasan unos segundos tus ojos brillaron con determinación mientras tu vista volvía al frente. Sujetaste tu barbilla y susurraste en voz baja para ti misma, estabas perdida en tus reflexiones:
— Si esto no funcionó entonces… ¿qué más se puede hacer? ¿Tal vez…? ¿O quizás…? ¡Ya lo tengo, Hyakkimaru! —No te respondí, me limité a mirarte con interés— ¡Ya sé a dónde más podemos ir, estoy segura que esto te ayudará a inspirarte! ¡Vamos!
Dejé que tomaras mi mano y me guiaras sin oponer resistencia alguna. Para ese entonces ya confiaba ciegamente en ti, sabía que siempre buscarías mi bienestar. Por supuesto el problema de aun no tener ni una sola idea para la canción que debía componer me seguía preocupando de sobre manera, pero cuando menos me daba cuenta tu alegría me contagiaba y me tranquilizaba al instante.
Tú me dabas la fuerza para seguir adelante, sabía que si permanecía a tu lado todo saldría bien. Irónicamente, mi mayor fuente de inspiración estuvo frente a mí todo el tiempo, aun así, era difícil poder darme cuenta de eso debido a todos los problemas y la presión que traía arrastrando conmigo. Dororo, tú eras mi mayor fuente de inspiración, ese día estaba a punto de descubrirlo.
Continuará
