La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Capitulo 30
—¡Un segundo! —grito, abrazando la toalla a mi cuerpo mientras corro del cuarto de baño a mi dormitorio, para ponerme mi vestido veraniego rosado, mi piel todavía húmeda de mi ducha. Echo un vistazo al reloj: las once de la mañana.
Mike está durmiendo, así que sé que no es él. Además, en general entra con su llave.
Me dirijo a la ventana, porque ni Brenna ni yo abrimos la puerta sin revisar.
En realidad, Brenna tiene prohibido abrir la puerta hasta nuevo aviso.
Una camioneta negra está estacionada afuera.
Contengo la respiración mientras abro la puerta.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Sueno como si hubiera estado corriendo, mi voz sin aliento.
Emmett sonríe. —¿No puedo sorprenderte?
—Por supuesto que sí. Pero pensé… —Mi boca se abre cuando finalmente noto la ausencia de las muletas y la nueva bota ortopédica que protege su pierna—. ¡Oh Dios mío! ¡Te lo quitaron! —Sabía que tenía su cita médica de ocho semanas esta mañana, pero ninguno de nosotros esperaba esto.
—El doc dijo que estaba listo.
No puedo evitar el chillido mientras me lanzo hacia él, mis brazos enrollándose alrededor de su cuello.
Esa risa encantadora saliendo de sus labios me calienta el pecho.
—Tómalo con calma. Aún me estoy acostumbrando a esto.
—Lo siento. Estoy muy feliz por ti. —Mi rostro se siente como si estuviera a punto de romperse por sonreír, incluso mientras pregunto— : Entonces ¿qué aspecto tenía tu pierna cuando te lo quitaron?
—Horrible. Marchita y con cicatrices. Te la mostraré más tarde. Ven aquí —susurra, bajando la cabeza para colocar un dulce beso en mis labios, rodeándome con sus brazos, lanzándome contra él.
Estuvo aquí ayer. Todavía puedo sentir donde estuvo, dentro de mí, y ansío más. —Hoy es el último día de clases de Brenna.
—Sí, creo que recuerdo que mencionó eso. —Ha estado desfilando alrededor de la casa durante la semana pasada, contando los días a todo pulmón.
—Eso significa que va a estar conmigo todo el tiempo.
Su aliento patina sobre mis labios. —Lo supuse.
—Así que… vas a entrar, ¿verdad?
Sonríe, sin perderse mi intención. —¿Para celebrar que me han puesto mi nuevo yeso?
—Claro, como quieras llamarlo.
Todo mi cuerpo se estremece con su risa profunda. —En realidad, pensé que podríamos salir antes de dejarte usarme por mi cuerpo.
—Oh, cállate.
—Ven, vamos. A no ser que… —Sus ojos van a la deriva sobre mí, a las cestas de ropa sucia que me encontraba a punto de arrastrar a la lavandería, ya tres días atrasados—. ¿Te atrapé en un mal momento?
—Sí. Quiero decir, no, no es un mal momento y sí, podemos ir.
Se estira para juguetear con un mechón de mi cabello mojado.
—Está bien… cuanto antes nos vayamos, más pronto podremos volver. —La emoción parpadea en sus ojos. Y tal vez, un toque de nerviosismo.
Cojo mis llaves, mi monedero y lo arrastro fuera.
El ayudante en Rawley, Tyler, silenciosamente saca las bolsas de basura al contenedor. Nunca me dice mucho, pero le ofrezco un saludo educado como de costumbre y luego me subo a la camioneta.
—Podría haber conducido. —Admiro el exuberante arbusto de lilas en la esquina, las ramas hundidas bajo el paso de las flores cónicas, todavía goteando de una lluvia temprana. Balsam está en plena floración.
—Quería darle a Don un día más antes de volver al volante. —Un poco más fuerte— Vas a extrañar llevarme para todos lados, ¿verdad, Don?
—Le da significado a mi vida —responde el rudo guardaespaldas en un tono apagado, aunque capturo sus ojos arrugados en el espejo retrovisor mientras bajamos por la calle tranquila.
—¿Tienes permiso para conducir con eso? —Inclino la cabeza hacia la nueva bota.
—No hay ninguna ley en contra. Aún voy a hacer que Don me lleve a Filadelfia para mis citas, pero si estoy por aquí, puedo conducir. No puedo esconder mi sonrisa. Está hablando como si planeara estar en Balsam. Mucho.
—Sabes, esta es una ciudad bonita.
—Lo es —concuerdo. Incluso con el cielo nublado, el sol luchando por abrirse paso para lo que el clima afirmaba que sería una "tarde soleada y caluros", es un viaje agradable. Un vistazo de agua azul me llama la atención—. Ese es el lago Jasper, allí más adelante. Donovan, ¿puedes tomar la siguiente a la izquierda?
—Sí, señora.
—¿Recuerdas esa calle de la que te hablé? Es la parte más bonita de Balsam.
—Claro. —Emmett asiente, asimilando la línea de majestuosas casas victorianas a ambos lados.
—Te traeré aquí en las fiestas para que puedas ver las luces. Es como algo sacado de una tarjeta de navidad. Es mi momento favorito. — Pero sinceramente, no existe temporada en la que este lugar no luzca espectacular. Los robles forman un dosel sobre los extensos céspedes delanteros de los viejos caseríos. No importa si es un largo, caluroso y perezoso día de verano o un gélido invierno, Jasper Lane es encantador para cualquiera, visitante o no. Sonrío— Y esa es la Casa de Pan de Jengibre, aquí arriba, a la derecha.
—¿Esta casa?
—Si.
—Oye, estaciónate, Don.
Donovan se detiene, permitiéndonos vislumbrar el alto cerco que cubre la calzada pavimentada del camino de entrada. Suspiro mientras asimilo los tres pisos de grandeza victoriana. —Deben haberla pintado en la primavera. —El revestimiento amarillo y los detalles blancos se chocan contra las tejas de ébano, también nuevos por el aspecto de los mismos.
—Es una casa linda. —La mirada pensativa de Emmett la recorre— Se ve exactamente como la que dibujaste.
—¿Lo recuerdas?
—Recuerdo todo sobre esa noche. —Su risa se desvanece casi al mismo tiempo que mis mejillas empiezan a ruborizarse, esperando que Donovan no comprenda su significado.
—Deberías ver el interior. ¿Esa vez que tuvieron la casa abierta? No quería irme.
Emmett frunce el ceño, como si una idea se estuviera formando.
—Bueno, vamos a verla, entonces.
—¿Qué?
—Vamos a ver el interior.
Sacudo la cabeza, riendo. —Ahora alguien vive allí.
—¿Quién?
—No lo sé. Alguien rico.
Sonríe. —Perfecto. La gente rica me ama. Vamos a presentarnos.
¿Don?
Donovan da reversa a la camioneta y entra en el camino.
—Oh Dios mío. ¿Hablas en serio?
—Claro que sí. Casi me quemo en un auto. Después de eso, no tengo miedo a llamar a una puerta. En realidad, me sorprende que tú lo tengas.
—Sí, pero…
Se acerca para apretar mi rodilla. —Si quieres ver el interior de esa casa, voy a hacerlo realidad.
—¡No van a dejarnos entrar a su casa! Además, no hay nadie allí.
—Estoy adivinando. Hay un garaje triple independiente a un lado, que podría ser para sus autos.
Apunta con su cabeza hacia las parcelas empapadas en el camino. —Esas son marcas de neumáticos.
—¡Aun así!
—No te preocupes, hago esto todo el tiempo.
—¿Te apareces en casas de gente extraña todo el tiempo?
Se ríe entre dientes. —Confía en mí. No creerías lo que la gente acepta. Además, eres una celebridad local. ¿Qué es lo peor que pueden decir?
—Pero… ¡no podemos hacer esto!
Emmett hace una pausa, con la mano en la manija de la puerta.
—¿Por qué no?
—No lo sé. —No tengo una buena razón además de que es loco y presuntuoso.
Abre su puerta de un empujón y sale, ese brillo travieso en su mirada. —Vamos.
Sacudo la cabeza. Este es un lado de Emmett que nunca vi. —¿Hace mucho esto?
Donovan sonríe pero no dice nada.
Emmett abre mi puerta y se queda allí, esperando, con la mano extendida.
—No puedo creer que me hagas hacer esto —digo, deslizándome.
—¿No quieres enseñármelo?
—Bueno, sí, pero…
—Vamos, entonces. —Tira de mi mano, sus dedos entrelazados con los míos haciendo vibrar todo mi cuerpo—. Lo haremos juntos.
Caigo en un paso lento con él mientras tomamos el camino hacia el majestuoso pórtico, ya que sus pasos con la nueva bota son tentativos. —Vas a hablar todo el tiempo. No voy a decir ni una sola palabra —le advierto.
Eso no parece molestar a Emmett, ya que agarra la aldaba y golpea la puerta de roble macizo, y yo aprieto los muslos, con un repentino arrebato de nervios que me hace sentir que tengo que orinar.
—Ehhh… —Frunce el ceño, colocando sus manos alrededor de sus ojos y apoyándose en uno de los paneles de cristal ubicados a ambos lados de la puerta.
Miro a las casas vecinas para ver si alguien está observando. Este parece la clase de vecindario donde la gente se cuida unos a otros. Por suerte, para nosotros, las casas están demasiado separadas entre sí y una línea de arbustos y de árboles de hojas perennes nos separan de la más cercana, bloqueando la visión del pórtico. —Deberíamos irnos. Esto es invasión. ¿Podemos irnos? —Tan ansiosa como estoy, me siento un poco decepcionada. Parte de mí debe haber esperado que está idea loca de Emmett funcionara.
—Sí. Supongo. —Suspira—. En otra oportunidad.
Me muevo para dirigir el camino escalones abajo. Me detengo al oír la puerta abrirse con un crujido.
Me doy la vuelta justo cuando Emmett cruza la puerta delantera, una llave ubicada en la cerradura.
He aquí un nuevo capitulo, que lo disfruten.
30/33
No puedo creer que falte tan poco para terminar esta historia. Ya estoy pensando que historia adaptare después.
