La reina de tus caprichos
Con suavidad, me ayudaste a recostarme sobre mi lado bueno- ¡Albert! –Me asusté– ¡Tu ojo! Lo tienes morado –Con la visión borrosa, no me había dado cuenta hasta entonces-. ¿Estás bien?
- Sí, tranquila. No es el primero que tengo y dudo que sea el último… -Reíste.
- A mí no me hace ninguna gracia ¿Cómo puedes reírte? –Sonreíste tiernamente y simplemente me besaste en la frente, rozando nuestras narices después.
- No te preocupes, ya me lo he curado. Ahora solo falta que baje la inflamación y los dos volveremos a estar como nuevos –Empecé a creer ciertamente que tus sonrisas también eran sanadoras, pues con cada una me sentía mejor-. Te amo, pequeña, y si para protegerte tengo que perder un poco de mí 'belleza natural' –Bromeaste con una mueca-, lo haré siempre que sea necesario… Solo procura que no sea demasiado seguido ¿Sí? –Guiñaste el ojo bueno, sacando la lengua, con lo que el efecto no fue precisamente el que buscabas. Resultabas grotescamente gracioso.
- ¡Albert! ¡Serás tonto! No me hagas reír, que me duele la cara…
- Eso te pasa por ser tan bonita… -Seguías riendo.
- No señor, eso me pasa por tener la cara medio rota –Intenté sonar indignada y no romper en carcajadas, porque realmente me dolía–. Y bien, ¿Me vas a contar de Glory? ¿Te enamoraste de ella? ¿Cómo fue que intimasteis si le gustan las mujeres? ¿No me digas que le gustan tanto hombres como mujeres? ¿Cuánto tiempo estuvisteis…?
- ¡Ey! ¡Ey! ¡Ey! ¡Frena un poco el interrogatorio! ¿No? –interrumpiste entre divertido y visiblemente sobrepasado-. ¡Buff! ¿De veras quieres saber todo eso? ¿Qué caso tiene?
- Bueno, tú también me acabas de preguntar sobre Terry ¿No?
- Me refería a la última carta que te envió… -¡Vaya! Lo había olvidado por completo… ¿Sería eso lo que parecías buscar todo el rato, cuando entraste en mi habitación, antes de discutir? Recordé que parecías buscar algo, antes de darme tus razones para posponer nuestra boda…- No me comentaste nada y si nos envió la invitación para ambos, quizás, … no sé, … la última vez que hablé con él, … fue un poco incómodo para ambos, pero me gustaría pensar que podremos conservar nuestra amistad…
- ¿La carta de Terry? –pregunté avergonzada por mi ya olvidada reacción– Pues lo cierto es que no llegué a leerla…Yo… Yo la rompí sin leerla…
- ¡Qué! Pero... ¿Por qué hiciste eso?
- Yo, esto, … Yo estaba muy enfadada contigo y…
- ¿Y? ¿Qué tiene que ver que te enfadaras conmigo con que rompieras la carta de Terry?
- Pues, es que… verás, … -Suspiré para tomar aire y fuerzas–. Yo me sentí tan desengañada, en general, de todos los hombres, que tampoco quería saber nada de él.
- ¿Qué? Pero, pero, … No lo entiendo…
- En las otras cartas, Terry… -Dudé en confesarte esta parte. Me había esforzado en no comentarte de sus anteriores epístolas-, Terry me decía que sus sentimientos por mí seguían igual, que nada había cambiado… y creí que en esta, tal vez, seguiría insistiendo. No tenía ganas de leer declaraciones que ya no tienen caso… Si contigo había acabado, no pensaba tampoco en salir corriendo a sus brazos para refugiarme -Pero ahora, en cierto modo, me arrepentía de haberla roto. Quizás en ella Terry nos comentara si se había enterado de nuestra boda. Pero el hecho de que las entradas coincidieran con la fecha, me hacía suponer dos alternativas: que no lo hubiera leído en los diarios, por estar demasiado volcado en su profesión, o que no lo aprobara, y de este modo nos mostrara su rechazo a asistir... Deseaba con toda el alma que no fuera esta última, pero algo en mi interior me decía que era lo más probable... Ahora, tras haber destruido la carta, quizás no llegara a saberlo nunca.
- ¿Y a dónde querías ir con la maleta que tenías preparada, entonces? -Rompiste mis elucubraciones.
- No sé. Lejos, lo suficiente como para que nadie me reconociera, para poder empezar desde cero y encontrarme a mí misma.
- Creía que ya te habías encontrado cuando decidiste hacerte enfermera.
- Bueno sí, pero… Ha habido tantos cambios en mi vida en tan poco tiempo, que sentí que quizás me había dejado llevar un poco por inercia… Casi me he pasado toda la vida enamorada de alguien –Acabé más avergonzada aún. Ahora me sentía como una boba, que se la había pasado buscando a su caballero andante, sin más objetivos en la vida. Podía entender la manía que me había tenido Flammy, por eso mismo la admiraría siempre. Ella, ciertamente, había centrado un objetivo en ella misma. Yo no lo tenía tan claro en aquel entonces.
- ¿Y ahora cómo te sientes? –Parecías preocupado por la revelación- ¿No estás segura de lo nuestro? ¿Crees que quizás forcé la situación?
- ¿Eh? No, no he querido decir eso. Es solo que conseguí hacerme enfermera, pero al final, lo que más me empujó a ello, fue mi intención de ayudarte a recuperar la memoria… Y cuando dijiste lo de la boda, yo, yo me replanteé muchas cosas. Debía hacer las cosas por mí misma. Por eso, cuando anulaste nuestro compromiso para evitar que viniera contigo, me había dispuesto realmente a venir a Europa en busca de Stear. Ya no por amor a ti, sino porque si me quedaba en América, no había otro objetivo que tuviera tanto peso. Siempre había pensado en volver al Hogar de Pony, a ayudar a mis madres o crear mi propio Hogar. Pero cuando paso un tiempo allí, vuelvo a sentir que necesito vivir más, conocer a otra gente y poderla ayudar, del mismo modo que yo siempre he encontrado alguna mano amiga, allí a donde he ido.
- Entiendo… Pero ¿De veras, no sientes que te haya forzado? No me gustaría que un día descubrieras que, realmente, no estás con el hombre que desearías o que sientas que me lo debías. Todo lo que he hecho ha sido porque yo he querido. Quiero que entiendas y tengas muy presente que no me debes nada. Tú también me ayudaste mucho y sin ti, seguramente, aún estaría perdido –Volviste a acariciarme con dulzura, consiguiendo que el corazón latiera con más fuerza, al sentir que aún era posible amarte más ¿Podría llegar a ser más afortunada?
Y en ese momento sentí un miedo atroz a que algún día pudiéramos perder esto o a que, realmente, te pasara algo a nuestra llegada a Europa o durante nuestra búsqueda. Mi muerte no me asustaba tanto, sin embargo, la tuya, me aterrorizaba. Estaba perdida. Realmente me había vuelto dependiente de ti, pero también sabía que tenía la suficiente fuerza para ser yo misma, llegado el caso. Aquella discusión fue una de las mejores cosas que nos pudo haber pasado, porque ahora sabía, tenía la absoluta certeza, de que me entregaba a ti porque yo quería y, además, me sentía completa, … Incluso con medio cuerpo hecho una piltrafa después de la paliza recibida. Contigo a mi lado, sentía que crecía como persona y que era capaz de casi cualquier hazaña.
- Albert, no quiero que dudes. Ya te dije en su día. Terry es un capítulo acabado de mi vida. Pero creo que volví a enamorarme de ti mucho antes de darme cuenta siquiera. Cuando desapareciste de nuestro apartamento Magnolia, me desesperé, no lo entendía… Hacía poco que me habías pedido que lo compartiéramos todo, penas y alegrías, y tú desapareciste, dejándome sola ¡Con una nota y dinero por las molestias!... Y confesándome que habías recuperado tu memoria, dándome a entender que nos reencontraríamos. Pero, si era así, ¿Qué razón había para que desaparecieras? ¡Aquel apartamento se me cayó encima! Todo, absolutamente todo, me recordaba a ti. Llegaba a nuestra casa y me parecía verte aparecer tras las cortinas de la cocina, preparando algún guiso, sonriéndome, bromeando, escuchándome con Puppé, paseando juntos… Ya no eras mi paciente ¿Pero qué importaba? Entonces, entonces me estanqué. Pensé que, realmente para ti, no era más que aquella niña que un día rescataste y, sin saber el motivo, aquello me dolió tanto como la muerte de Anthony o la ruptura con Terry. El mundo volvió a tornarse gris. Por eso, cuando volví a encontrarte y descubrí que eras el bisabuelo William, no me atreví a decirte nada y traté de convencerme de que, lo que teníamos, era una gran amistad y que jamás me verías como una mujer… ¿Qué caso tenía torturarme persiguiendo un sueño inalcanzable?
- Y yo esperando que me dijeras lo contrario –Reíste de nuevo–. Yo muriéndome por dentro, esperando que me explicaras que no habías vuelto con Terry, en Rockstown, porque habías descubierto, quizás, otros sentimientos hacía mí y que eso era lo que te había impulsado a volver sola Chicago…
- Y así era –Reí-, realmente así era. Yo fui solamente a Rockstown siguiendo tu pista… ¡Vaya! Nos comportamos como un par de tontos, ¿No es así?
- Eso parece ¡Cuánto tiempo perdido! Ahora, a lo mejor ya tendríamos correteando un pequeño William, si hubiéramos reaccionado antes –Bromeaste.
- ¡Albert! ¡Aún era muy joven para ser madre! –Golpeé ligeramente tu hombro, pero después me quedé observándote en silencio, meditando sobre lo que acabas de confesar. Realmente tú eras mayor que yo y era normal que ya tuvieras esa prioridad- ¿De verdad desearías tanto un hijo?
- Uno no, me gustaría tener un montón de pequeñajos, con tus rizos, tus ojos y con chisposas caritas cubiertas de pecas -dijiste mientras señalabas cada uno de mis rasgos con tu índice-. Todos correteando, jugando y riendo, rodeados de naturaleza, en Lakewood o cualquier otro lugar apartado donde establezcamos nuestro hogar… También podríamos vivir en Inglaterra o en Escocia ¿Sabes? Tenemos varias propiedades de mis antepasados allí… Me dijiste que te había gustado cuando estuviste de vacaciones con los chicos ¿Verdad?
- Sí, es un lugar muy bello. Me recuerda a la riqueza del paisaje de Lakewood. Pero a mí, en cambio, me gustaría que salieran con tus ojos, porque esa mirada es la que me ha dado aliento la mayor parte de mi vida. Siempre que me sentía mal, recordaba los ojos y la sonrisa de mi Príncipe –Acaricié tu corta barba con la mano, comprobando que ya no pinchaba. Los pelos se notaban gruesos pero suaves, resultando sorprendentemente agradable-. Ya no pinchas –Agregué fascinada.
- Te lo dije. Tan solo es cuando salen. Entonces parezco una lija ¡Ja ja ja! Pero cuando crece, solo es más pelo…
- Como un leoncito -"¡Qué tonta!", fue lo primero que me vino a la cabeza al imaginarte de nuevo con una larga barba-. Bueno, al menos ahora ya sé que no tengo nada que temer… -Recordé cómo me asustaste de niña.
- ¿De veras? –Travieso, me volteaste ligeramente para mordisquear por sorpresa mi cuello.
- ¡Ay! No, no, para… ¡Me haces cosquillas! Pero todavía me duele el cuerpo si me muevo –Te frené, muy a mi pesar.
- Lo siento, no recordaba, pero es que me tientas…
- ¡Tonto!... ¡Oye! Y a todo esto, ya has vuelto otra vez a cambiarme el tema ¡Desde luego! Ahora entiendo por qué se te dan bien los negocios. Seguro que les haces lo mismo a los inversores y los llevas por donde tú quieres.
- No te creas, los hombres con los que trato también son muy audaces y hay que tener en cuenta muchas cosas, más allá del objetivo principal que se…
- ¡Albert! ¡Que te veo! No vuelvas a irte por las ramas. Cuéntame ya sobre tú y Glory, por favor.
Continuará...
