Capitulo 7.

Hinata tardó varios días en salir del hospital, ya que habían tratado las heridas más viejas también. "Probablemente te queden algunas cicatrices", le había dicho la enfermera Ino, que solía tratarla con dulzura. Su última noche se la pasó contestando preguntas del oficial Nara, luego de que el propio Neji le confirmó que eran de confianza. Aunque esas personas se mostraban amables, algo dentro suyo tampoco terminaba de confiar en Neji a pesar de que este siempre terminaba salvándole la vida.

- Debo ser sincero con usted, señorita Hyüga -Shikamaru se paró y comenzó a caminar por la habitación mientras buscaba las palabras para explicarle la situación política que había causado su fuga del país del Fuego.- La familia Uchiha tiene muchos aliados que han reprendido el gobierno de su padre... Han pedido que usted sea asesinada a cambio de una vasta recompensa, pero puede quedarse tranquila que en este hospital nadie sabe de su identidad; usted será anónima, ni siquiera la enfermera sabrá su nombre.

- Eso es muy considerado de su parte, oficial Nara -La voz de Neji la hizo alzar la vista, pues no se esperaba que él tomara parte; pensó que, simplemente, quería escuchar toda la historia.- Lo único que puedo decir es gracias.

El castaño solo cerró los ojos y se inclinó en una elegante reverencia, demostrando la familia de la que provenía y que maldecía. Hinata encontró interesante el contraste de su cabello oscuro contra su pálida piel. No pudo evitar sonrojarse, pues prestó atención a los rasgos de su rostro, marcando la virilidad y el atractivo de Neji. Sacudió la cabeza, mientras volvía la vista a Shikamaru, el cual se había dado cuenta del brillo que había en los ojos de la pelinegra al ver a su amigo.

- Neji, eso no es necesario -Dijo incómodo el oficial, rascando su nuca. Ambos se dedicaron una sonrisa, aunque fue casi imperceptible.- Solo cuídense mucho, ya no los molestaré.

Dicho esto, el pelinegro se marchó dejando la habitación en un silencio que incitaba a dormir. Ellos, por otra parte, parecía que no podrían dormir durante un rato. Aunque por un lado, el día había sido agotador, por otro, tenían una charla pendiente. Neji se acomodó en una silla, cruzando sus piernas y colocando sus manos entrelazadas en su nuca; mantuvo sus ojos cerrados durante unos largos minutos, en los que Hinata no había dejado de mirarlo, preguntándose porqué no podía dejar de verlo.

- He aceptado entrenarte... Pero antes debemos irnos de aquí -La voz del castaño la sacó de su ensoñación, a lo que se sonrojó y bajó la vista. El castaño abrió sus ojos y la observó, pasando por alto el color de las mejillas de la chica, se levantó y acercó la silla, para volver a sentarse.- A partir de ahora, las cosas serán difíciles, Hinata... La lucha por la supervivencia no es un juego, y menos ahora que dos grandes cazarrecompensas murieron en aquél incendio del que me salvaste. Debemos llegar a una aldea que amaba a tu padre, incluso fuera del país del Fuego.

- Ya ni siquiera recuerdo los tratados diplomáticos que mi padre tenía con las aldeas... Mi mente se ha vuelto una nebulosa con todo lo ocurrido -Suspiró y cerró sus ojos mientras apoyaba sus manos en el rostro. Estaba cansada, su mente era un jodido torbellino de momentos que no podía descifrar. Lo que menos podía ocurrírsele, eran los papeles que su padre solía tener.- Por momentos, me cuesta entender todo lo que ha ocurrido.

- Lo entiendo, créeme pero ahora no es momento de perderse en el recuerdo... Una vez que lleguemos a nuestro destino, podremos tener el tiempo para hacer tu duelo, ¿Te parece un buen plan? -Neji, en un instante, había tomado sus manos para quitarselas del rostro. Aunque parecía no tener más lágrimas, los ojos de la pelinegra brillaron con esperanza, algo que sorprendió un poco al castaño.- Al amanecer debemos irnos... El tiempo juega en nuestra contra.

El sol apenas estaba alzándose en el horizonte y ellos estaban abandonando la aldea. La enfermera Ino les había deseado mucha suerte la noche anterior, mientras les entregaba un pequeño botiquín: "Es lo necesario para un viaje como el suyo; espero no tengan que utilizarlo", fueron sus palabras al despedirse. Gracias a ella, había conseguido una ropa nueva y limpia: una chaqueta violeta con las mangas blancas, una musculosa de red que usó debajo de una camiseta negra, unos pantalones azules y unas sandalias abiertas pero que le resultaron super cómodas.

Mientras caminaban, Neji comenzó a explicarle como debía correr. Sus manos se alzaban para admirar el vasto paisaje que se expandía a su alrededor; sus pulmones se llenaban de un aire fresco y vigorizante, sumándole energías. Desde la noche anterior, su mente mantuvo la calma; los pensamientos fluían lentamente, dándole tiempo, aunque no quería recordar, solo mantenía la concentración en el presente.

- Debes entender que todo a nuestro alrededor también es parte de ti. Aunque ya no estaremos aquí, la aldea de la Lluvia no tiene un paisaje distinto a este, así que todo lo que aprendas, podrás usarlo allí también.

Cerca del mediodía llegaron a un río el cual, según Neji, marcaba el final de la aldea que ahora abandonaban. Mientras él pesaba, le ordenó que intentara prender la fogata. Le costó, pues toda la leña que había encontrado estaba un poco húmeda, pero luego de un rato pudo hacerlo. Notó como sus manos tenían arañazos, gracias al roce de la madera, lo que solo le generó una gran sonrisa al momento que el castaño se acercó con tres peces en la mano, los cuales prepararon sobre el fuego que producía sonidos relajantes.

- ¿Por qué te fuiste, Neji? ¿Cuál fue el gran mal que causó el clan en tu vida para que decidieras darle la espalda?

Aunque esta pregunta fue inocente, Hinata no tuvo noción del dolor que causó en los recuerdos de su primo. "Ni siquiera tuvo el coraje de contar como ocurrieron las cosas", fue lo único que lograba pensar sin perder la compostura: ella no tenía la culpa. Su tío, Hiashi, nunca había contado la verdad de la muerte de su hermano, jamás asumió la culpa de meterlo en aquél desastre. En ese momento dudaba de su propia tranquilidad, pues sentía que sus manos temblaban sin control, a pesar de que solo era su percepción. No sabía si confiar en ella, o solo ignorar esa pregunta. Suspiró, mientras sacaba lo único que podía darle tranquilidad en ese momento: un cigarro.

- Te contaré la jodida verdad... Pero no quiero ni siquiera una pregunta al respecto -Sentenció para luego encender el cigarro con ayuda de la fogata. Hinata lo miraba expectante, intrigada y con miedo, pues no sabía si conocer la verdad le daría algún indicio de porqué habían ocurrido tantas desgracias a su alrededor.-