N/A: ¡Hola a todos! Ha pasado un tiempo desde que actualicé esta historia. La verdad que había estado escribiendo otras historias o oneshots, pero ahora quiero realmente enfocarme en este fic hasta terminarlo y luego seguir con los demás. Por otra parte, como siempre, agradezco a todos los que siguen esta historia, escribiendo comentarios, indicándolo como favoritos o simplemente leyendo cada capítulo. En fin, ¡Espero que les guste!

Aclaración: Detective Conan ni sus personajes me pertenecen.


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Capitulo 14

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Ran tenía una intensa sensación desagradable de miedo siendo provocada al entender acerca del peligro presente y real en el cual se encontraba. Si fuera conciente en ese momento de su cuerpo, podría sentir cómo la sangre fluía hacia sus músculos mayores y el corazón bombeaba sangre a gran velocidad para llevar adrenalina a todas las células de su organismo. Incluso cuando se pone todo el esfuerzo contenido en el mundo para asegurar firmeza ante tan aterrador hombre, y aun sabiendo que tiene a todo un contingente policial resguardando el lugar y su integridad, todo gracias a los magníficos contactos de Sonoko, todavía percibía como todo su cuerpo temblaba ante la presencia del tal Gin. Los ojos de la karateca se agrandaron, sus pupilas se dilataron, su frente se arrugó y sus labios se estiraron horizontalmente.

Le habían dicho acerca de Gin pero jamás lo había visto con sus propios ojos. A simple vista, era un hombre delgado, con un largo cabello plateado, quien vestía desde su sombrero hasta los zapatos completamente de color negro. Pero bastaba con observar su mirada fría y sádica para entender que era un asesino despiadado. Su semblante era aterrador y su sonrisa sin sentimientos no le hacía más que pensar que no le temblaría la mano en disparar de esa brillante pistola en caso de no obtener lo que quería.

Esa pistola…Era sobre esa pistola en donde sus temblorosos ojos violáceos estaba fijada. Por supuesto, ella no tenía idea de armas, ni de los distintos modelos y funcionalidades, pero era tan obvio como que el agua moja que ese artefacto tenía la capacidad de acabar con ella y otras personas, entre ellas una persona que estaba casi segura que se encontraba ahí, en algún lugar.

Si era sincera, aun existía mucho dolor en su corazón, y deseaba no tener que ver la cara de Shinichi, o de Conan o de quien sea que verdaderamente es, en mucho tiempo, pero no podía sacar de su cabeza el hecho de que él la razón por la que personas de esa peligrosa organización criminal estaba aquí, buscándola. Y si ellos sabían que Shinichi estaba aquí, estos podrían acabar con él rápidamente por muy hábil que ella sabe que es. Y un soplo de angustia y vacío se apoderaba de su cuerpo con tan solo pensar en esa posibilidad.

Se preguntaba por qué rayos se seguía preocupando tanto por ese detective mentiroso y embustero, que jugó con ella por tantos años. Será tal vez porque no podía obviar que ahora él no se encuentra en condiciones favorables para enfrentar algo así, y eso, pese a todo, le preocupaba. No era un adulto con la misma fuerza y habilidad atlética. Podrían con él fácilmente. O quizás se debía simplemente porque, a pesar de los años, ella lo seguía queriendo.

Tenía a Gin a pocos metros de distancia, sintiendo con ello como todo el ambiente se teñida de su presencia. Aun así, una pequeña parte de ella no podía evitar que parte de sus pensamientos fueran acerca de él. De su deseo ferviente de que Shinichi se fuera del lugar, que no se entrometiera haciéndose el héroe por una sola vez. Que la dejara a ella hacer lo que tenía que hacer. Que demostrara confiar en ella aunque sea un solo poco, aunque sea solo por esta vez.

Era una sensación paradójica. Recordaba cuando era adolescente y le gustaba pensar en que Shinichi en el fondo se preocupaba de ella, y que podía confiar en que él, estuviera donde estuviese, estaba cuidándola. Ahora esos mismos pensamientos la enrabiaban, entendiendo que todo ello no hizo más que mirarla hacia abajo como una pequeña muñeca de porcelana. Siendo que ella es todo menos eso.

Volvió su cara temblorosa hacia la de Gin, quien por su segura presencia y su arrogante gestualidad facial, podía intuir que él era capaz de olfatear su miedo incluso cuando ella trabajaba tan duro para mostrarse con fiereza ante él.

No hubo mayores presentaciones. Él se sentía en total superioridad y sentido de dominio sobre aquella inocente y escuálida muchacha, a quien le mostro sus irregulares dientes luego de esbozar una sonrisa macabra.

—Hemos hecho uno curioso descubrimiento—dijo por fin, disfrutando de la escena, divirtiéndose al notar que ella intentaba mantener una posición de defensa, como si ésta creyera que podía hacer algo en contra de él. —Me imagino que ya lo sabes, ¿no es así, niña actriz?

Ran mintió, pese a lo mucho que le cuesta mentir. Respondió que no tenía ni idea de lo que estaba hablando.

K-U-D-O—pronunció aquel aterrador hombre de larga cabellera plateada. —S-H-I-N-I-C-H-I—completó, acercándose a ella y dejando más a la vista la pistola con la cual pensaba matarla luego que soltara la lengua. Por supuesto, ella no podía seguir con vida luego de esta pequeña visita que le daba aviso de la existencia de la organización. —¿Ahora sabes por qué estoy aquí, no? Dime, dónde está ese detective aficionado.

Ella volvió a negar la solicitud, alegando que no le conocía de ningún lado. Interiormente, rogaba con gran vehemencia que Shinichi no intentara hacer nada.

Pese a su respuesta, el casi imperceptible sonrojo que se posó sobre las pálidas mejillas de Ran al escuchar su nombre la delató frente al perspicaz miembro de la organización.

Gin ahora la apuntó definitivamente con el arma directo a su sien, no maquillando sus intenciones. —Ese mocoso lleva mucho tiempo gratis en este mundo, pero a ti, tal vez, podría no matarte de inmediato si no sigues siendo tan idiota y me dices dónde está escondido él y Sherry—dijo con una sonrisa sin humor, mientras deslizaba bruscamente y sin tapujos el arma por su delicado cuello hasta llegar al escote, lo que hizo que Ran sintiera escalofríos.

La actriz karateca dio un pequeño pequeño salto hacia atrás, y negó con la cabeza conocer al tal Shinichi Kudo, ni que supiera dónde está.

—Última vez que te lo digo—dijo Gin que voz gruesa, sin dejar de apuntar a Ran ni un solo instante. —Se que conoces a ese mocoso, y estoy seguro de que debes tener una idea de donde está, entonces colabora si no quieres morir en este instante.

Pero ella se quedó impoluta, con los pies firmes sobre el suelo y la boca sellada como si tuviera alambre de púas atándola. Ran no delataría a Shinichi ni a nadie en frente de un miembro de aquella organización criminal. Sería como si se los entregara como animales para ser llevados al matadero. Jamás diría nada para que otras personas fueran perseguidas y asesinadas. Prefería mejor morir antes que eso.

Pese a ello, podía tener cierta tranquilidad al saber que había todo un contingente policial vigilando la escena. Cualquier cosa que sucediera, ellos entrarían en acción e intentarían derrocarlo. Por lo demás, ella había estado estudiando durante estos días complicadas posiciones de ataque y defensa para estos escenarios. Había recordado que Shinichi le había comentado, hace ya muchos años, que existía la manera de esquivar una bala, y Ran creía que eso le defenderse en primera instancia y daría bastante tiempo a la policía actuara. Por eso, estos días los había utilizado en averiguar la manera de hacerlo con viejas amigas karatecas y expertas en artes marciales.

Por supuesto, no sabía que tantas posibilidades habían de que resultara, en especial contra ese hombre que, según le dijo Shinichi, es tan peligroso, pero valía la pena intentarlo, aunque sea para ganar tiempo, tal como se lo habían solicitado las personas de la policía.

¿Era ella un anzuelo? Al parecer sí. Iban a utilizarla para encontrar y capturar por fin a ese Gin, sabiendo ahora en donde podrían saber donde encontrarlo. Y si era sincera, le gustaba pensar que ella pudiese servir en algo para atrapar a un criminal peligroso que tanto daño ha hecho a otras personas.

Ran tensó los músculos de la cara y el cuerpo entero, y sus mejillas mudaron a un color de intenso escarlata.

—No tengo idea de donde está, ya lo dije—respondió finalmente, entendiendo lo que se podía venir.

Por un momento Gin se mostró molesto por perder el tiempo viniendo hasta aquí y no conseguir la información que quería, pero luego pareció no aproblemarse y decidió sacar algo de entretención de su presa. Sonrió maliciosamente y se preparó para apretar el gatillo del arma, sin pensar más que en jugar con los sentimientos de la pobre mujer antes de volarle la cabeza.

—¿Así que no vas a hablar?—dijo Gin, exponiéndole en primera fila sus dientes, como si buscara absorber su tranquilidad en la órbita de su presencia imponente y manteniendo la todopoderosa sensación que sentía sobre la delgada y menuda chica, quien parecía intentar de envalentonarse inútilmente, porque él sabía que podía romperle con facilidad su frágil cuello. —¿No me digas que crees que puedes hacer algo en contra de mi?—se bufó, haciendo referencia a la posición de ataque en la que Ran se dirigía hacia a él.

Los ojos de Ran temblaron frente a su figura, temiendo a que esa terrorífica persona hubiese previsto sus movimientos. De todas maneras, ella intentó concentrar su mente en lo que debía hacer, tal como lo había hecho en decenas de complicadas competencias de karate, aun cuando sabía que esta escena no era medianamente comparable, y fijó con la mayor fuerza mental sus ojos sobre la amenazante arma de aquel hombre que tanto se divertía con ella.

—Bueno,—prosiguió Gin apuntando aun más cerca a Ran con aquella pistola. Ella mantenía su nerviosa mirada sobre aquel frío fierro que llamaba a la muerte, pensando en como moverse lo suficiente como para poder tener los espacios mínimos necesarios para hacer los movimientos que deseaba realizar. —Si no vas a hablar, supongo que ya no necesitarás ese rostro...

Gin movió los dedos de su mano a través del gatillo del arma y la dirigió directamente hacia el rostro de Ran con una sonrisa macabra, como si disfrutara asesinar a personas tanto como un niño visitando una juguetería.

En el mismo momento en que la karateca movió sus pies del piso para actuar cómo mejor sabía hacer, paralelamente se sintieron múltiples murmullos y movimientos a su al rededor, como si la casa fuese un panal de abejas, y las abejas estuvieran despertándose de su siesta y empezar a revolotear sus alas por doquier, casi como si pudiera sentir vibrar las paredes.

Ran supuso que debía ser la policía, oculta en alguna parte, decidiendo entrar en acción ante el inminente peligro en el que ella se encontraba. Pero su instinto karateca le dijo al oído que no debía confiarse nada más que en la buena ejecución de sus movimientos para esquivar el ataque. Sabía que estaba demasiado cerca del imponente y terrorífico hombre de larga cabellera plateada, por que si estaba lo suficientemente concentrada, como solía estar acostumbrada en la competición de alto rendimiento, podría hacer los movimientos que había estado practicando.

Pero todo sucedió con tal rapidez ante sus ojos que miles de escenas pasaron ante ella, como en cámara rápida, algunas de ellas las cuales todavía no eran procesadas en su cabeza.

Ran consiguió moverse. Sabía que lo había hecho bien, ya que había logrado evitar aquella bala. Pero extrañamente el proyectil no había tenido un destino visible. No veía ningún agujero en la pared o algún mueble o artefacto de la casa roto o destruido.

Pero de pronto, con total horror, vio como brillante sangre roja saltaba frente a sus ojos, y manchaban parte de sus manos temblorosas. Sangre que evidentemente no era de ella, ya que estaba segura que nada había impactado sobre su piel. Era claramente la de alguien más.

El sonido de decenas pies corriendo de un lado a otro por el suelo tapizado de madera de la casa atravesaban de un lado de otro de sus oídos, y acto seguido cientos de entruendos de balas atravesaron la habitación. Gin sonrió ante el espectáculo y participó felizmente del festival de proyectiles, olvidándose por un momento de su presa.

Pero Ran solo tenía su atención en identificar intensamente, entre todo el tumulto, al origen de la sangre estampada sobre ella, y con gran conmoción notó a sus pies a Shinichi, en su ya habitual cuerpo de Conan, tirado en el suelo, apretándose fuertemente una feroz herida palpitante ubicada en su estómago.

"¡Shi-Shinichi!" pensó con desesperación mientras se agachaba para sostenerlo en sus brazos, aguantando las lágrimas dentro de sus ojos.

Con esto, Ran pareció olvidar por completo lo que estaba sucediendo a su alrededor, enfocando toda su atención al aparente niño que yacía en el suelo, con los ojos apretados en un intento de contener el fuerte dolor. Y con ello, todos los resquicios de rencor que había estado sintiendo hacia él debido a su cruel y largo engaño se esfumaron sin darse cuenta, quizás al comprender que éste se había interpuesto entre ella y Gin para evitar que le disparasen en su afán de protegerla, pese a que ella tenía un plan.

En este momento ya no le importaba que él no hubiese confiado en ella. Ahora obviaba todo lo que había hecho y todo lo que le había dolido.

—Shinichi—dijo ella con voz temblorosa, mientras lo cogía fuertemente entre sus brazos y lo sacudía para mantenerlo despierto. Con el corazón en la mano, ella temía que la herida provocaba por el arma de Gin fuera demasiado grave. —¡Shinichi!

Él tenía los ojos abiertos a pesar de la profunda herida sobre su estómago, cuya mirada se enfocaba alternantemente entre ella y la escena que se desarrollaba a su alrededor. Ella temía que pese a todo, él tercamente quisiera participar en su necesidad de no verse vencido, pero él solo se limitó a mover un poco su brazo cubrirla levemente, como si con eso quisiera protegerla de la balas.

Ran frunció el ceño. —Eres un idiota, ¿por qué hiciste eso?—dijo ella con tono agitado, mientras lo tomaba en sus brazos y lo levantaba con la firme intención de sacarlo del lugar como sea, aunque tuviese que esquivar cientos de balas para llegar a la puerta de salida y llevarlo al hospital más cercano. La herida se veía muy mal y dado a su tamaño reducido, no era ningún problema para ella llevarlo consigo. Aunque claro, debido a la su fuerza karateca, incluso si estuviera en su cuerpo normal como Shinichi, tampoco habría sido difícil cargarlo, aunque hubiese sido un poco extraño.

—Tr...tranquila, y...yo estoy bien—respondió con un hilo de voz, casi en un suspiro. Ran sabía que eso no era cierto y le molestaba que lo negara. Estaba asustada a que esa herida acabara definitivamente con él, y se agitaba interiormente con tan solo pensar en que no pudiese soportar la gravedad de la herida. Más aun cuando todo esto se debió por su afán de querer protegerla.

Sentía la necesidad de llorar para liberar toda esta tensión, pero abocó toda su energía en llenarse de fuerza y mentalizarse en salir con él de aquí, como sea, y llevarlo al hospital más cercano. Por eso, agarró con firmeza a Shinichi, en su cuerpo de Conan, y corrió con él en sus brazos a través de la habitación y esquivó, ya sea por su agilidad o por mera suerte, las balas que amenazaban con impactar inconvenientemente en contra de ellos.

Shinichi expandió los ojos, temiendo que la temeraria acción de Ran pudiese provocar que una bala mortal rozara el cuerpo de la chica.

—¡¿Qu...qué ha...haces?!

—No hables—dijo Ran seriamente, mientras corría con el ceño fruncido por la concentración. —Confía en mi por una vez.

El detective encogido se agarró instintivamente a las ropas de ella, más preocupado de que ella no saliera herida de esta travesía, pero antes de que pudiese llegar a la puerta, y entre incesante estruendo a su alrededor, elevó por un micro segundo la mirada hacia ella, desde su posición solo visible su mentón y levemente sus gestos de concentración. Alcanzó a pensar que su cara de veía graciosa y adorable, cuando todo se volvió absolutamente negro.

Ran, quien jamás había dejado de tener su mirada ansiosa sobre su amigo de la infancia encogido, expandió los ojos dentro de sus córneas y sintió como su pecho se apretaba tras notar que había cerrado sus ojos. —¿Shi-Shinichi...?

—¡SHINICHI!

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N/A: Este capítulo fue intenso. ¿Qué creen que pasará con Shinichi? ¿Qué sucederá con todos los demás? Agradecería mucho si me dejan sus comentarios u opiniones :D Intentaré no demorarme tanto en actualizar, aunque no puedo prometer fechas.

Como siempre, ¡muchas gracias por leer!